sábado, 17 de noviembre de 2007
El juez recuerda a «El Jueves»: «No existe el derecho al insulto»
La visita de los Príncipes a China
jueves, 15 de noviembre de 2007
Y el Rey dijo basta
De la felicidad de las princesas
En este sentido, es fácil imaginarse que cuando la Infanta ha comunicado a sus progenitores la decisión de separarse de su esposo, el Rey, que venía de unos días cargados de emociones públicas (la visita a Ceuta y Melilla o el incidente con Chávez), habrá experimentado una sincera tristeza a modo de sensación privada. En cualquier caso, el distanciamiento de la pareja era la crónica de un final anunciado, tras meses de rumores y de vidas independientes. Ahora, la preocupación de la familia real es cómo afectará a la infanta Elena la insoportable levedad de la prensa rosa y la creciente crueldad de la televisión amarilla. Una persona como ella deberá pasar un calvario que pondrá a prueba su personalidad. La única suerte es que la Zarzuela resulta un entorno protegido de los paparazzi, pues alejarse del país no es garantía de nada cuando las indiscreciones tienen precio y las traiciones cotizan al alza. Ella debe acordarse de que en su viaje de luna de miel, tras una desaparición propia de Hudini (al parecer salieron del recinto de los Reales Alcázares en una furgoneta del catering que les dejó a pie de avión jordano que les sacó del país con destino a Oriente), fueron localizados en una insignificante isla del Pacífico, donde iban acompañados de dos escoltas. Uno de ellos confesó en privado que no daba crédito a cómo podían haberlos encontrado y aún le parecía más desconcertante cómo les habían fotografiado en traje de baño sin apercibirse de ello en un paraje deshabitado.
Los motivos de la separación pertenecen al ámbito de la intimidad de la pareja, aunque no faltarán las especulaciones. En cualquier caso, hay un antes y un después del 21 de diciembre del 2001, un sábado en que Jaime de Marichalar sufrió un infarto cerebral que le dejaría secuelas en su movilidad de la parte derecha. Aquel hombre de casi dos metros, que presumía de personaje elegante sin importarle lucir en ocasiones atuendos un tanto extravagantes, se veía a sí mismo como una persona que sufría por la crueldad de las cámaras al enfocarle. Le cambió el carácter, buscó refugio en amigos de la farándula y no siguió el proceso de recuperación asignado. El Rey habló con el médico Valentí Fuster, prestigioso especialista de corazón del Mount Sinai, quien le propuso que expertos en fisioterapia de este hospital le trataran. Don Juan Carlos sugirió a los duques de Lugo que pasaran una temporada en Nueva York. De esta manera, alejaba a su yerno de un entorno poco favorable, mantenía la familia unida y facilitaba su recuperación, a pesar de que se habían perdido unos meses preciosos.
Pero no ha podido ser y al final la realidad se ha impuesto. Los fundamentalistas de la institución clamarán desde sus tribunas bien remuneradas que los miembros de las familias reales no se divorcian. Pero hace tiempo que las monarquías europeas han hecho acopio de realismo para afrontar situaciones nuevas en un mundo cambiante. De hecho, otro viejo principio no escrito que establecía que debían casarse entre ellos (algo que la genética desaconseja) no ha sido tenido en cuenta por ninguno de los herederos. La expresión sangre azul se refiere a las venas que transparentaban las epidermias blancas de la realeza antigua en contraposición a las pieles castigadas por el sol y el trabajo de la plebe. Hoy, los monarcas saben que su legitimidad es constitucional y que la soberanía reside en el pueblo.
Un diario de Madrid tituló Princesa de cuento de hadas la biografía de Elena de Borbón, con ocasión de su boda en Sevilla. Es evidente que no son momentos de cuentos de hadas, sino tiempos complejos, donde a las princesas les cuesta ser felices casi tanto como a cualquiera de nosotros.
La función del Rey
Erosionar la Corona significa debilitar el Estado
JUAN-JOSÉ López Burniol
Es cierto que, en los últimos meses, la familia real --y, en concreto, el Rey-- aparecen excesivamente en los medios de comunicación como protagonistas de noticias conflictivas o inhabituales: fotografías quemadas, secuestro de publicaciones, visitas contestadas por nuestro vecino del sur, interpelaciones fuertes de tono, etcétera. La espuma mediática ha subido rápidamente. En esta sociedad hiperinformada, los medios de comunicación se retroalimentan y crean ambientes que pueden pasar por reales, cuando no lo son de hecho. Así sucede en este supuesto. De hacer caso a periódicos, televisiones y radios, podría pensarse que la Monarquía ha entrado en una senda peligrosa que puede conducirla fácilmente al despeñadero. Pero nada de esto es cierto. La Monarquía --encarnada hoy en la figura del Rey-- está profundamente arraigada en la sociedad española, por lo menos en lo que Dionisio Ridruejo denominaba el macizo del país o --no recuerdo bien-- el macizo de la raza.
La razón de esta adhesión es compleja. El Rey contribuyó al éxito de la transición --que, dígase lo que se diga, fue un logro excepcional--; hizo posible la neutralización del golpe del 23 de febrero; ha dotado a España de una representación internacional homologable y más que digna, y ha observado, juntamente con su familia, un comportamiento sustancialmente discreto, que --¡no seamos hipócritas!-- en nada desmerece del tono medio de las familias españolas de estatus equiparable.
Pero, sobre todo, la institución monárquica encarna mejor que ninguna otra, en esta compleja hora de España, la unidad del Estado. De ahí que el rol de la Monarquía sea hoy insustituible; y de ahí también que se haya convertido en objeto predilecto de erosión y escarnio por parte de aquellos que consideran --y aciertan al pensar así-- que todo cuanto hagan en descrédito del Rey acentúa la debilidad del Estado. Afirmar esto no implica admitir que el Rey tenga patente de corso y deba quedar exento de crítica. Critíquesele cuanto se quiera; pero que quede también constancia de que muchas de estas críticas tiran por elevación. Si alguien lo duda, que pierda un momento en comprobar cómo estas interesadas descalificaciones van por zonas. En unas abundan más y en otras, menos. Queda para el discreto lector la elaboración del censo.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
La quinta ruptura matrimonial en la historia de la Familia Real española
L D (EFE) El primer caso de ruptura de un matrimonio real tuvo lugar en 1900, cuando la infanta Eulalia, hija de Isabel II y de Francisco de Asís, se divorció de su primo hermano Antonio María de Orleans, hijo de los Duques de Montpensier, causando un escándalo para la época.
Ya en 1933, el primogénito de Alfonso XIII, Don Alfonso de Borbón y Battemberg, se divorció de Doña Edelmira Sampedro-Ocejo y Robato, a pesar de que el matrimonio le había supuesto apartarse de la línea sucesoria.
Ese mismo año Don Alfonso de Borbón y Battemberg contrajo un nuevo matrimonio, esta vez con Doña Marta Rocarfor, y Altazarra, pero se volvió a divorciar poco antes de su muerte, en 1938.
Por último, en 1939 el Infante Jaime, hermano del Conde de Barcelona, Don Juan de Borbón, padre del Rey, se separó de su esposa, Emmanuela Dampierre.
Desde entonces la Familia Real española no se había visto envuelta en ninguna otra ruptura matrimonial hasta hoy, cuando los Duques de Lugo han anunciado una "separación temporal" tras doce años de vida en común. En las monarquías europeas tampoco son novedosas las separaciones de los matrimonios reales.
La más sonada fue el divorcio de la princesa Diana del príncipe de Gales, aunque también los dos hermanos de Carlos de Inglaterra, Andrés y Ana, y los príncipes de Dinamarca, Joaquín y Alexandra, hicieron públicas sus desavenencias conyugales
Un año intenso para la Familia Real
- Las muchas noticias hicieron que el Gobierno mostrara su apoyo a la Corona
- El Rey recordó que 'la Monarquía parlamentaria sustenta nuestra Constitución'
- El 69% de los españoles cree que la Monarquía parlamentaria es el sistema ideal
MADRID.- La Familia Real ha vivido un año en el que las buenas noticias, como el nacimiento de la segunda hija de los Príncipes de Asturias, la Infanta Sofía, y las no tan agradables, como la quema de fotos del Monarca, la han convertido, más que nunca, en protagonista de la actualidad.
El 29 de abril nació la pequeña Sofía, con la que la sucesión a la Corona quedaba doblemente asegurada. Una buena noticia que suavizaba en cierta manera el dolor de su madre, la Princesa de Asturias, que dos meses y medio antes había perdido a su hermana menor Érika.
Cuando el 14 de junio los Reyes presidieron en las Cortes el XXX aniversario de las primeras elecciones democráticas, nada hacía presagiar que apenas un mes después la Familia Real se convertiría en el centro de todas las miradas .
En pleno verano el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ordenó el secuestro de la revista 'El Jueves' por incluir en su portada una viñeta vejatoria de los Príncipes de Asturias.
Pero entonces aparecieron unas fotos de la Reina en bañador y la Princesa en bikini tomando el sol y charlando las dos en el yate Fortuna, que distendieron el ambiente.
El senador del PNV Iñaki Anasagasti no desaprovechó el momento y se sumó a los más críticos para tachar a la Familia Real en su blog de "pandilla de vagos", unas palabras que el PSOE y el PP le instaron a rectificar al tiempo que elogiaron el trabajo de la institución.
Llegó septiembre y con él un viaje del Rey a Girona, para presidir la Noche del Empresario, visita que una 300 independentistas aprovecharon para quemar fotos del Monarca, lo que fue considerado como injurias al Jefe del Estado. La Audiencia Nacional encausó a algunos implicados, lo que provocó que las protestas se sucedieran durante algún tiempo.
En favor de la Corona
Esta sucesión de noticias en torno a la Familia Real hicieron que desde el Gobierno y los principales partidos e instituciones se hicieran declaraciones públicas en favor de la Corona y sus miembros.
En la apertura del curso universitario en Oviedo, el 1 de octubre, el Rey recordó que "la Monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución" ha determinado "el más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España", gracias a valores como la convivencia, el entendimiento y el respeto mutuos, la tolerancia y la libertad.
Ese mismo mes, una encuesta realizada por Metroscopia para la Fundación Toledo mostraba que el 69% de los españoles cree que la monarquía parlamentaria es el sistema político ideal para España, frente a un 22% que preferiría una república y que la Corona es la institución más valorada en todos los tramos de edad y en todas las clases sociales, con una nota media para su actuación de 6,5.
La recepción que los Reyes ofrecieron en el Palacio Real el 12 de octubre, con motivo de la Fiesta Nacional, se convirtió en cierta manera en un acto de desagravio, con mayor asistencia de invitados que en años anteriores y sobre todo con algunas bastante inusuales como la de presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, Alfonso Guerra.
A la semana siguiente el Rey volvió a ser noticia con cinco palabras que han dado la vuelta al mundo: "¿Por qué no te callas?" , que dirigió al presidente venezolano, Hugo Chávez, en el último plenario de la XVII Cumbre Iberoamericana, el sábado pasado.
La mayor parte de la población española se ha puesto de parte de Don Juan Carlos, que adoptó un gesto sin precedentes, después de que el líder bolivariano insultara reiteradamente al ex-presidente José María Aznar e interrumpiera permanentemente al actual jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero.
Hoy, la Casa del Rey ha admitido que los Duques de Lugo, la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, han dejado de vivir juntos temporalmente , constatación de un rumor que corría desde hace meses por todas las redacciones.
martes, 13 de noviembre de 2007
Los Duques de Lugo se separan
ELMUNDO.ES
MADRID.- La Casa Real ha anunciado que los Duques de Lugo, la Infanta Elena de Borbón y Jaime de Marichalar, se separan 12 años después de contraer matrimonio. La pareja tiene dos hijos en común, Felipe Juan Froilán, de nueve años, y Victoria Federica, de seis.
Fuentes del Palacio de la Zarzuela explicaron a Efe que ambos han convenido el "cese temporal de su convivencia matrimonial".
El 18 de marzo de 1995 se celebró en la Catedral de Sevilla el enlace matrimonial de la Infanta Elena, primogénita de los Reyes de España, con Don Jaime de Marichalar, hijo de los Condes de Ripalda, un acontecimiento que despertó gran interés en España, al ser la primera boda real en mucho tiempo. Tras el enlace, Don Juan Carlos concedió a la pareja el título de Duques de Lugo.
Aunque en los últimos tiempos la atención de los medios sobre ellos era menor, los Duques de Lugo han sido objeto predilecto de la prensa rosa. Los rumores de separación de la pareja han sido abundantes desde que se casaron, sobre todo en 2002, cuando la pareja decidió irse a vivir a Nueva York durante una temporada.
La salud de Jaime de Marichalar ha pasado por momentos delicados desde que el 22 de diciembre de 2001 sufriera una isquemia cerebral mientras practicaba deporte con la bicicleta estática en su casa. Seis meses después de ese incidente tuvo que volver a ser ingresado en un hospital de Madrid tras sufrir una nueva crisis y durante mucho tiempo padeció graves problemas de movilidad en su cuerpo, de los cuales se ha ido recuperando poco a poco.
Nada más casarse, la pareja instaló inicialmente su residencia en París, pero poco después se trasladó a España. En la actualidad tenían fijada su residencia en el centro de Madrid, en un dúplex alquilado de 250 metros cuadrados, en el distinguido barrio de Salamanca.
Palabra de Rey
Pilar Cambra
Expansión
Acepto plenamente su imprescindible necesidad y admiro las virtudes humanas -en ciertas circunstancias, virtudes que rayan en el heroísmo- de quienes la tienen por noble oficio y como tal lo practican... En suma: a la Diplomacia y a los diplomáticos debemos que innumerable sangre no haya llegado a muchos ríos y que, con los paños calientes de sus habilidades, hayan curado los forúnculos de la violencia, los conflictos armados, las disputas enconadas y los enfrentamientos seculares. La Diplomacia y los diplomáticos han salvados muchas, muchas, muchas vidas humanas.
Pero -de carácter impulsivo y apasionado como soy-, a veces no me basta la Diplomacia... Me parece meliflua, flemática, linfática y modorra... Especialmente cuando lo está en juego es el honor... "Honor": ¡qué mohosa antigualla para muchos!, ¡qué concepto tan vacío y tan inútil para tantos!, ¡qué modo tan reprobable de retroceder hasta tiempos oscuros felizmente superados!...
Y, sin embargo, ayer, yo sentí que el Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, me entregaba algo tan imaterial como necesario, tan precioso como injustamente despreciado: una porción del honor que, como persona, ciudadana y española, me estaba arrebatando la cháchara faltona, insultante y pomposa del caudillo venezonalo Hugo Chávez...
Cuando, ayer, en la Cumbre Iberoamericana que se celebraba en Chile, el Rey de España asomó la cabeza entre el Presidente de Gobierno, el señor Rodríguez Zapatero -que intentaba, inútilmente, poner freno a la venenosa verborrea del señor Chávez- y nuestro Ministro de Asuntos Exteriores, el señor Moratinos -que callaba- y le lanzó a don Hugo ese "¿Por qué no te callas?" justa y justificadamente indignado, me sentí bien, excelentemente bien...
¿Una intervención "poco diplomática", la del Rey?, ¿inoportuna?, ¿extemporánea?... Una intervención que le salió a Don Juan Carlos del corazón... Y, por lo tanto, una intervención sincera. Alejada, si se quiere, de las florituras y las "mentiras piadosas" de la Diplomacia, pero una intervención sincera... El Rey estuvo "calderoniano": defendió el honor de su Reino y de todos sus súbditos con un borbónico arranque digno de los héroes de don Pedro Calderón de la Barca... Aquellos hombres de un Siglo tan "pasado", tan antiguo, tan poco correcto... Un Siglo de Oro.
El Rey está 'triste pero seguro de que hizo lo debido porque se estaba atacando a España'
MADRID.- "El Rey saltó porque creyó que se estaba atacando a España y a sus representantes", afirman fuentes autorizadas de la Casa Real, que reconocen que Don Juan Carlos está "triste" por lo sucedido en la Cumbre Iberoamericana, pero también "convencido de que hizo lo que debía". El Monarca español es el decano de los asistentes a estos encuentros.
El Rey es el único que ha estado presente en las 17 ediciones de las cumbres iberoamericanas, primero junto a Felipe González, después con José María Aznar y ahora con José Luis Rodríguez Zapatero; conoce a todos los mandatarios latinoamericanos y, hasta la fecha, su figura siempre ha sido objeto del máximo respeto. Para él, señalan desde su Casa, el encontronazo que mantuvo junto al presidente del Gobierno con el líder venezolano, Hugo Chávez, ha supuesto un disgusto.
El Monarca español conoce bien la región, sabe de sus peculiaridades y siempre ha demostrado su destreza incluso frente a los mandatarios más levantiscos y ello da la medida del grado de enojo que le produjo la actitud del presidente de Venezuela.
Las mismas fuentes también explican que el Monarca se "hartó" de la actitud de Chávez cuando éste intentó reiteradamente interrumpir al presidente Zapatero, en el uso de la palabra. Para Don Juan Carlos, la insistencia del mandatario venezolano se dirigía no contra la persona del jefe del Gobierno, sino contra lo que representa. Por eso, añaden, el Rey intentó poner orden y lo hizo "espontáneamente y con indignación".
El gesto del Monarca habría quedado ahí y ya era más que explícito; sin embargo, cuando tomó la palabra el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, y abundó en los ataques a España, haciendo referencias directas "a sus empresarios y a sus embajadores", Don Juan Carlos optó por dar un nuevo paso.
"Tú sigue aquí, pero yo me voy para que se note que protestamos", le dijo al presidente del Gobierno, según altos funcionarios presentes en el acto. Y abandonó el salón plenario ante la atribulada mirada de la presidenta chilena, Michelle Bachelet.
Reconducir la crisis
El lunes, desde el Ministerio de Exteriores se intentaba reconducir la crisis con Venezuela y, sobre todo, se trataba de "seguir las instrucciones" que el Rey dio con su ejemplo, aseguran portavoces autorizados del Palacio de Santa Cruz.
En definitiva, lo que se pretende es, a través de las gestiones del nuevo embajador de España en Caracas, Dámaso de Larios, que Chávez "guarde silencio" y no eche más leña al fuego porque, de lo contrario, advierten, "el Gobierno responderá en defensa del Rey".
Don Juan Carlos está al corriente de todos los detalles de la estrategia española. En la tarde del lunes, el jefe del Estado recibió al presidente del Gobierno en audiencia en el Palacio de La Zarzuela. Se trataba de la habitual entrevista que mantienen ambos semanalmente y que, de ordinario, suele celebrarse los martes. En esta ocasión, la cita se ha adelantado un día porque este martes, a media tarde, el presidente asiste a la presentación de un libro del que es protagonista.
Se descarta llamar a consultas al embajador
En cualquier caso, en el encuentro ambos abordaron la situación que se generó en la Cumbre Iberoamericana y la respuesta que debe dar la diplomacia española. Moncloa y Zarzuela coinciden en que lo apropiado es intentar rebajar la tensión y que las aguas vuelvan a su cauce.
En consecuencia, Exteriores, "por el momento", descarta dar el paso de llamar a consultas al embajador español. Sin embargo, la medida diplomática de protesta podría llegar a producirse si en Caracas no entienden que la mejor manera de preservar los intereses comunes es "callar", como apuntó Don Juan Carlos.
Por ahora, uno de los mensajes que se ha trasladado con claridad meridiana al presidente venezolano es el de que en el sistema constitucional español el Rey no dirige la política exterior. Con ello se pretende hacer entender a Chávez que sus acusaciones sobre la connivencia del Monarca en el presunto apoyo al intento de golpe que se produjo en Venezuela en 2002 son "inadmisibles".
En el Ministerio están convencidos de que el presidente venezolano comprenderá lo que Madrid dice porque, aseguran, él es consciente de que los intereses bilaterales en juego son demasiado importantes. Entre tanto, insisten en que, una vez más, apostarán, frente a las exigencias del Partido Popular, por ejercer "la diplomacia callada".
domingo, 11 de noviembre de 2007
El Rey en su sitio
martes, 6 de noviembre de 2007
El Rey Juan Carlos alaba 'los sentimientos de lealtad a la Corona' de los melillenses

MELILLA.- Tras un multitudinario recibimiento, el Rey Juan Carlos ha alabado "los sentimientos de lealtad a la Corona" de los melillenses y su espíritu "de integración y convivencia".
En su segundo día de visita oficial a las ciudades autónomas, los Reyes fueron recibidos por miles de melillenses enfervorizados al grito de: "Viva España".
Durante su discurso, el Rey ha mostrado su agradecimiento por "este muy caluroso e inolvidable recibimiento" y ha declarado que tenía contraído el "compromiso" de visitar Melilla como jefe del Estado, a lo que se unía un "profundo deseo".
En su primera visita a la Ciudad Autónoma desde que accedió al trono hace 32 años, Don Juan Carlos reconoció que "no podía dejar más tiempo" sin visitar Melilla, a la que calificó como "ciudad moderna y que mira al futuro".
Por ello, trasladó a los melillenses su afecto y "mayor cercanía" y subrayó "con satisfacción" cómo "la inconfundible personalidad histórica y la riqueza cultural" de la ciudad "se ha sabido enriquecer con un armónico espíritu de integración y convivencia".
El presidente de la ciudad autónoma, Juan José Imbroda, hiló un discurso en el que reivindicó la españolidad de Melilla "que se incorporó a la Corona de Castilla antes de que lo hiciera Navarra".
Imbroda también lanzó reproches hacia el país vecino por sus protestas ante la visita de los Reyes y afirmó "sentirse dolido por las incomprensiones o las sinrazones interesadas que nos llegan de las orillas amigas". Por este motivo, el presidente autonómico pidió "respeto mutuo" y que se "entierren los viejos tópicos".
Melilla ha estado paralizada durante varias horas y la ciudad se ha vestido por completo de rojo y gualda para recibir a los Reyes en la que es la primera visita real en los últimos 80 años.
Miles de melillenses se han echado a la calle y se han dado cita en una plaza de España, donde han ondeado más de 20.000 banderas al paso de Don Juan Carlos y Doña Sofía.
La ciudad ha estrechado sus apenas 14 kilómetros cuadrados y sus habitantes, musulmanes, cristianos, judíos o hindúes, se han unido para gritar al unísono "Viva España, Vivan los Reyes".
Desde primera hora de la mañana, las inmediaciones del Palacio de la Asamblea, donde se ha desarrollado el acto central de la visita, se han convertido en un ir y venir de personas, entre ellas María del Carmen Pons, una ciudadana que lleva a gala haber sido "la primera" en llegar y colocarse debajo del balcón desde donde los Reyes han saludado a la ciudadanía.
Esta joven melillense, que ha acudido a la cita con los reyes vestida con una camiseta roja y amarilla, asegura que no ha dormido en toda la noche y que da las 05:30 horas salió a la calle para participar en "un acontecimiento sin precedentes".
Un antes y un después
La alegría también se ha reflejado en la cara de otro melillense, Abdelkader Al-Lal, de 32 años, los mismos que el Rey ha cumplido de reinado, y que comentaba que para él la visita va a suponer "un antes y un después" para la tierra que le ha visto nacer.
Pasadas las doce y diez de la mañana, la Plaza de España se ha convertido en un clamor, justo en el momento en el que han entrado los coches oficiales, pero el mayor estruendo ha sido cuando los ciudadanos allí congregados han visto por fin a los Reyes.
Dos pantallas gigantes han servido para que los ciudadanos hayan podido seguir al detalle todo lo que ha ido ocurriendo en el interior del Palacio de la Asamblea, en cuyo balcón lucen los estandartes con los escudos de España y de Melilla.
Ante una gran presencia policial, que ha sido reforzada de manera considerable, los melillenses expresaban de una y mil maneras lo que sentían en ese momento.
"Melilla os quiere, Melilla os adora, que sepa todo el mundo que Melilla es española", gritaba Ana Hernández, famosa cantaora de flamenco de la ciudad, mientras de cerca, otros cientos de ciudadanos la seguían con frases como "Sí, sí, sí, los Reyes están aquí".
Colegios, comercios, bancos y mercados, hoy todo el mundo ha cerrado las puertas de sus negocios, incluidas también las Administraciones autonómica y central, en definitiva, una ciudad paralizada que se ha vestido con los colores de la bandera de España.
lunes, 5 de noviembre de 2007
El Rey expresa su 'gran emoción y alegría' al cumplir 'un compromiso pendiente'
CEUTA.- Miles de personas, 30.000 de las 70.000 que tiene Ceuta, con la bandera española en sus manos y coreando vítores a los Reyes y frases tales como "Ceuta es España" recibieron a las 12.00 horas de la mañana en la Plaza de África a Don Juan Carlos y Doña Sofía en su primera visita a la ciudad autónoma en sus 32 años de reinado.
Juan Carlos I ha expresado su "gran emoción y alegría" al visitar la "luminosa" ciudad de Ceuta, y ha señalado que este viaje se trataba de "un compromiso pendiente". "No quería dejar pasar más tiempo sin venir para expresar nuestro afecto", ha subrayado el monarca.
El Rey no ha querido comentar las críticas de Marruecos a la visita, aunque en su discurso destacó la "sincera amistad" que une a España "con sus vecinos".
Antes, ante la sede de la Comandancia General, desde la que se divisan las aguas del Estrecho, el presidente del Gobierno de Ceuta, Juan Jesús Vivas; el delegado del Gobierno, Jenaro García-Arreciado, y el comandante general de la plaza, general de división Enrique Vidal del Oño, han dado la bienvenida oficial a los Reyes, que han llegado acompañados por la ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado.
Nada más poner pie en tierras ceutíes, Don Juan Carlos y Doña Sofía escucharon los acordes del Himno Nacional y seguidamente el Rey pasÓ revista a una compañía de honores, formada por una sección de Regulares, de la Legión y de Caballería, mientras se escuchaba la marcha 'El viejo almirante' y desde el muelle de España cinco piezas de artillería disparaban las 21 salvas de ordenanza.
Nunca como hoy la plaza de África había reunido a tantos ciudadanos y con tan distinto colorido. Españoles, mujeres que se cubrían la cabeza con el velo islámico y subsaharianos que han entrado irregularmente en España en los últimos meses y que, a la espera de entrar en la Península, no dudaban en hacer ondear con sus manos la bandera de España.
Tras el baño de multitudes, los monarcas han entrado al Palacio de la Asamblea y han saludado desde el balcón. En la plaza de África se ha instalado una pantalla gigante para que todo el mundo pueda seguir el encuentro. Después han comenzado los discursos.
El presidente de Ceuta, agradecido
El primero en hablar ha sido el presidente de la comunidad autonóma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, quien ha agradecido la visita de los Reyes, calificándola de un "acontecimiento histórico que los ceutíes nunca vamos a olvidar". Una visita que para Vivas ha sido capaz de "unir y hacer más fuerte" a los ciudadanos.
Vivas también ha querido mostrar el sentimiento de orgullo y afecto que tanto él "como todos los ceutíes" sienten por sus majestades, y ha calificado al Rey como "Un Jefe de Estado, modelo de equilibrio y cercanía. La figura más importante de España.
En cuanto a la polémica generada con Marruecos ante el histórico viaje, Vivas ha restado importancia y ha afirmado que "los Reyes han cruzado el Estrecho pero no han salido de España". También ha hecho hincapié en la entrega del bastón de mando de la comunidad a su majestad don Juan Carlos. "Es el mejor alcalde que podíamos tener", destacó.
Los Reyes inician hoy su visita a Ceuta y Melilla entre fuertes críticas de Marruecos
AGENCIAS CEUTA | MELILLA.- Los Reyes, que viajan hoy por primera vez a Ceuta y mañana a Melilla, completan con estas visitas el mapa de España, cuando están a punto de cumplirse sus 32 años de reinado. La polémica les acompañará durante la travesía, ya que el viaje ha sido tildado de "provocación inadmisible" por Rabat, que en respuesta ha llamado a consultas -paso previo a la ruptura de relaciones diplomáticas- a su embajador en España, Omar Azziman, y ha suspendido la convocatoria de reuniones bilaterales de alto nivel. A pesar de la reacción del reino alauí, el Gobierno sigue confiado en que la visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía no altere las "muy buenas" relaciones que existen con Marruecos. El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha afirmado que esta sintonía permitirá superar las "sensibilidades" que ha despertado la visita. Varios cientos de personas se han manifestado en víspera del viaje de los monarcas en las inmediaciones deel consulado de España en Tetuán. Además, parlamentarios marroquíes han convocado otra protesta frente a la Embajada española en Rabat, coincidiendo con el inicio de la visita. José Luis Rodríguez Zapatero fue el primer jefe de Gobierno desde la etapa de Adolfo Suárez que viajó a las ciudades autónomas en enero de 2006, desplazamiento que también provocó el enfado de Rabat, pero en menor intensidad que en el momento actual. Aniversario de la 'Marcha Verde' Marruecos ha criticado que la visita de los Reyes a Melilla el día 6 coincida con el aniversario de la Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental, con la que el reino alauí presionó hace 32 años a España para anexionarse ese territorio. Rabat también ha mostrado su desacuerdo con que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón se declarara la semana pasada competente para investigar el genocidio de cientos de saharauis que pudieron cometer altos cargos de Marruecos durante los años 70, 80 y 90. Por su parte, los presidentes de Ceuta, Juan Jesús Vivas, y de Melilla, Juan José Imbroda, ambos del PP, han resaltado públicamente la importancia que tiene para sus ciudades la visita real, calificada de "histórica", y que cuenta también con el respaldo de la oposición. La ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado, acompañará a los Reyes en este viaje que comenzará en ambas ciudades a las 12.00 de la mañana. Seis horas en cada ciudad Las dos principales plazas de esas ciudades españolas, la de África en Ceuta y la de España en Melilla, serán el centro neurálgico de la estancia de los Reyes en esas ciudades, engalanadas para la ocasión. El Rey recibirá las llaves de oro de la ciudad, en dos solemnes actos que se celebrarán en sus respectivas Asambleas, ante las que Don Juan Carlos hablará. Pero antes los Reyes serán recibidos con los máximos honores, en dos ciudades que se integraron en el Reino de España hace más de cuatro siglos, y casi cinco antes de que naciera el estado de Marruecos como país independiente, en 1956. Durante las seis horas que, aproximadamente, estarán Don Juan Carlos y Doña Sofía en cada una de esas dos ciudades españolas tendrán tiempo suficiente para palpar el sentir de sus gentes. Primero en la calle y después en los respectivos almuerzos que compartirán con los distintos sectores sociales de cada localidad. Los ministros de Asuntos Exteriores de España y Marruecos, Taieb Fassi Fihri, coincidirán en la conferencia Euromediterránea, que se celebra este lunes en Lisboa. Fuentes diplomáticas españolas consultadas por Efe eludieron precisar si se va a intentar promover un encuentro entre ambos jefes de la diplomacia. Don Juan Carlos y Doña Sofía estuvieron en Ceuta y Melilla hace 37 años, en 1970, cuando eran Príncipes, para presidir el 50º aniversario de la creación de la Legión, y cuando el futuro de la Corona española era aún incierto.
martes, 2 de octubre de 2007
El Rey sale en defensa de la Monarquía y desencadena un aluvión de apoyos

Su Majestad el Rey lanzó ayer un mensaje inequívoco de defensa del marco constitucional puesto en cuestión en las últimas semanas tanto por el desafío secesionista de Ibarretxe y las algaradas separatistas en Cataluña como por el involucionismo de algunos medios de comunicación, es decir, por una pinza de radicalismo a izquierda y derecha.
Don Juan Carlos, en el discurso que dirigió a la comuidad universitaria con motivo de la solemne inauguración del Curso Académico 2007-2008, celebrada en esta ocasión en Oviedo, destacó que «los valores de la convivencia democrática, del entendimiento y del respeto mutuo, de la tolerancia y de la libertad» han determinado «el más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España, en el marco del modelo de Monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución».
Acebes y Blanco
Las adhesiones a las palabras del Rey no se hicieron esperar desde diferentes ámbitos políticos, económicos y sociales, como reflejo de la capacidad integradora de la Monarquía instituida por la Constitución de 1978. Estos apoyos llegaron en cascada, tras los titubeos de estas semanas. Así, el secretario general del PP, Ángel Acebes, subrayó, en su habitual rueda de prensa de los lunes, su «absoluto acuerdo» con lo afirmado por Don Juan Carlos, ya que la Corona ha propiciado «uno de los periodos de paz, libertad y convivencia en democracia más fructíferos de toda la historia de España».
También desde la calle Ferraz José Blanco coincidió con ese análisis al manifestar su «absoluto acuerdo» con lo dicho por el Monarca. Además, trascendió que José Luis Rodríguez Zapatero había manifestado previamente en el seno de la reunión semanal de la Ejecutiva Federal del Partido que no hay motivo de preocupación porque «el Rey está muy fuerte». Blanco se quejó de que, para algunos, «cuando alguien ataca al jefe del Estado desde los medios de comunicación es libertad de expresión y cuando lo hace un grupo de personas minoritario es un ataque a la Jefatura del Estado». Por eso pidió «a todos» respeto a la figura del Rey que, añadió, «cuenta con el aprecio del conjunto de los españoles y el máximo respeto del PSOE».
Al tiempo, la patronal catalana Fomento del Trabajo emitió (como la CEOE hace unos días) un comunicado de respaldo al Rey en el que manifiesta su «repulsa ante los últimos actos contra la Monarquía» y pidió «respeto por las instituciones públicas». Fomento del Trabajo, un puntal de la sociedad civil catalana, se queja también de «los desastrosos efectos» que actos «tan deplorables» como la quema de fotos de Don Juan Carlos tienen en «las pautas de convivencia» de la sociedad española. Igualmente, expresa su gratitud a la Corona al recordar que «el Rey y toda la Familia Real han estado con Cataluña y con España en la recuperación de sus libertades. Han caminado juntos en las tres últimas décadas de bienestar y pueden seguir haciéndolo juntos en el futuro. No tenemos ninguna duda».
«No todo vale»
Argumentan después que «no todo vale en una sociedad que tiene sus leyes, sus símbolos y que deben ser respetados. Si no se respetan las instituciones públicas y sus expresiones se ataca la base del sistema político, que nace de un pacto constitucional refrendado por el cuerpo electoral». Por último, califican a los alborotadores que han protagonizado incidentes en estos últimos días como «un grupo minoritario y no representativo».
Desde la Comunidad Valenciana el presidente Francisco Camps mostró su total adhesión y apoyo a la Corona, al tiempo que pedía a los jóvenes, en un acto de Nuevas Generaciones, que «defiendan a la Monarquía, a la bandera y a España, porque queremos a España». Camps se mostró asimismo «conmocionado y aturdido por el ataque que esta sufriendo la bandera».
También el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica, exigió «respeto a la democracia y a los hombres que, como el Rey, la han hecho posible». Múgica apostó por pasar del «juancarlismo» (en alusión «a los que no se consideran monárquicos, pero sí juancarlista») a la defensa de la Corona «como elemento sustancial para la estabilidad democrática de España».
En esta línea, el Gobierno de Melilla anunció ayer que remitirá a la Casa del Rey un escrito para manifestar «el apoyo y la lealtad» de la Ciudad Autónoma a la figura del Jefe del Estado ante el «cúmulo de despropósitos» que se han sucedido contra los Reyes. Así lo decidió el Consejo de Gobierno, según informó el portavoz del Ejecutivo melillense, Daniel Conesa, quien añadió que «entendemos que el papel del Rey en estos 30 años de democracia ha sido crucial». Conesa alertó de que la situación «está llegando al ataque personal y directo» y al cuestionamiento de la Constitución de 1978. En parecidos términos se pronunció el Gobierno de Ceuta.
Incluso, el líder de CiU, Artur Mas, reconoció ayer que la Monarquía ha sido un «factor de estabilidad» en las últimas décadas en España, si bien introdujo en su discurso la tradicional cuota reivindicativa de sus propios intereses al opinar que «ha habidomuchos otros factores de estabilidad muy importantes», como «por ejemplo -dijo- el nacionalismo catalán mayoritario».
En el seno del PSC la defensa de la Monarquía adquirió una derivada oportunista cuando, en rueda de prensa, el portavoz de la franquicia catalana del PSOE, Miquel Iceta, lanzó al aire que el Rey «tiene razón» en su apuesta por formar a los jóvenes desde la «tolerancia y la libertad», y dijo que la nueva asignatura Educación para la Ciudadanía servirá para que aprendan el necesario «respeto» a las leyes y los símbolos.
Los socios de Zapatero
Todas estas reacciones se unen a las que en los últimos días han intentado atajar la oleada de ofensas al Rey, procedente tanto de sectores secesionistas que sostienen al actual Gobierno de Zapatero (singularmente, ERC) como desde algunos medios de comunicación, en el otro lado de esa «pinza» extremista, en los que se ha llegado a pedir la abdicación del Monarca.
Entretanto, el Gobierno de la Nación se ha instalado en la tibieza en su respuesta a la «quema catalana» y al hecho de que los Mossos d´Esquadra, al dictado del tripartito, no estén practicando ni una detención cuando los vándalos reducen a pavesas efigies del Rey. Sin recurrir a la contundencia, se limita a calificar esos delitos como «hechos minoritarios y aislados» y se remite a la actuación de los Tribunales.
El Heredero de la Corona
QUIZÁ convenga aclarar de entrada que estos párrafos distan mucho de los comentarios que pueden originar los recientes actos contra la actual Monarquía habidos en distintos lugares de Cataluña. Supongo, desde la distancia, que han debido ser minoritarios y no tener mucha importancia. Y que, por ello, gobiernos (en plural) y fuerzas políticas han optado por mirar hacia otro lado o a traer a colación esos tan «bondadosos» derechos constitucionales que no parecen tener límite alguno. Es el actual presidente de la vecina Francia el que debe ser «un fascista encubierto» cuando se atreve a hacer lo que está haciendo. A fin de cuentas, las fotos sometidas a quema son las de una persona que ostenta el título de Rey de España, tiene la obligación de velar por la unidad del Estado (Art. 56) y, como «cosa de menor cuantía», ejerce el mando supremo de las Fuerzas Armadas (Art. 62). Total, como cualquier consejero de Agricultura de cualquier Comunidad Autónoma.
Ocurre, por demás, que son las fotos de quien este país debe, en gran medida, tanto el establecimiento de la concordia entre todos (¡qué olvidadizos los impulsores de la nefasta Memoria Histórica!) según su famoso discurso al acceder a la Jefatura del Estado, cuanto el de la misma democracia. Yo supongo que, entre nuestros constituyentes, recientemente laureados en un solemne acto al que, al parecer, no mereció ser invitado un tal Sabino Fernández Campo, entre esos constituyentes, digo, habría monárquicos por tradición, monárquicos por sentimiento y hasta «monárquicos por agradecimiento». Presumo entre estos últimos al profesor catalán a la sazón diputado por el Partido Comunista, Jordi Solé. He aquí sus palabras en la sesión del 11 de mayo de 1978: «Hoy lo que divide a los ciudadanos de este país, fundamentalmente, no es la línea divisoria entre monárquicos y republicanos, sino entre partidarios de la democracia y enemigos de la democracia». Somos muchos los españoles que recordamos y agradecemos, tanto lo entonces ocurrido como lo que se repite poco después en un aciago 23-F. Este legado es el que, por absoluta ingratitud, ha sido fruto de las llamas. Y es que, como tendencia hispánica secular, las palabras de elogio han ido siempre detrás de las esquelas mortuorias. Casi nunca, antes.
Pues bien, una de las ventajas del régimen monárquico es la tranquilidad que ofrece al ciudadano a través del principio sucesorio que le es consustancial. Y ello con la figura del Heredero de la Corona. Aquí es donde, en realidad, querían llegar estos párrafos. Y me parece que, para cualquier español seguidor del actual curso político, en la persona que actualmente está llamado a la herencia, tras cumplir en su día el procedimiento constitucional, concurren dos aspectos imposibles de negar. Por un lado, su notable preparación cultural y académica. La licenciatura en dos carreras universitarias en la Universidad Autónoma de Madrid, el curso de preuniversitario en Estados Unidos y un valioso master en Georgetown (USA) por donde han pasado notorias personalidades del mundo político norteamericano, perfecto conocimiento de varios idiomas, asistencia a cursos internacionales, etcétera. En este campo, quizá lo único que se le podía pedir es el grado de doctor en alguna Universidad española. Pero hay que darle tiempo. El segundo aspecto hace referencia a la muy larga serie de actividades políticas que viene realizando tanto en nuestro país como en el extranjero. Está sabiendo ser, como su padre, un buen embajador de España. A veces, incluso, para remediar torpezas de otros. Tomas de posesión en Hispanoamérica, Congresos, Misiones especiales, actos deportivos, Certámenes culturales. El actual Príncipe de Asturias siempre ha estado y, sobre todo, ha sabido estar.
Ocurre, empero, que, precisamente por este buen número de actividades, nadie puede impedir que algún día ocurra algún problema y surja alguna duda. Y si para atinar con la debida respuestas acudimos a la Constitución, nuestra sorpresa es grande. En muy pocas ocasiones se alude a una figura de tanto relieve: al concederle la dignidad de Príncipe de Asturias (Art. 57,2), al impedirle matrimonio contra la expresa prohibición del Rey y de las Cortes Generales (Art. 57,4), al llamarle a la Regencia en caso de inhabilitación del Rey (Art. 59,2) y al requerirle el mismo juramento que al Rey, cuando alcanza la mayoría de edad y ante las Cortes Generales (Art. 61,2). Es muy probable que los Constituyentes tuvieran sus ojos puestos mucho más en lo cercano, el Rey, que en quien, probablemente, tardaría tiempo en reinar.
Pero hasta que ese momento llega, ¿a quién representa el Príncipe en los solemnes actos de la toma de posesión de un presidente extranjero? ¿Al Reino de España, a la Corona o al Rey? ¿Puede el Rey tener «representantes»? Si el Rey necesita siempre, en sus actos, del sabido refrendo del Gobierno (Art. 64), ¿ocurre igual siempre con el Príncipe? Si en un acto castrense se produce algún tipo de colisión entre el Príncipe (actualmente con grado de Comandante) y un Teniente General en activo, ¿quién debe obedecer a quién? ¿Cuál o cuáles de las atribuciones expresamente citadas para el Rey en el Art. 62 puede delegarse temporalmente en el Príncipe? ¿Alguna o ninguna? En suma y volviendo a la duda, ¿puede el Rey tener representantes?
Suenan deseos de algún tipo de reforma constitucional. Personalmente, no creo que estemos ante ello. No veo el general consenso para acometerla, sobre todo por los riesgos que tienen que correr los gobiernos-partidos que a tal menester se lancen. Confesaré, igualmente, que me asusta no poco que «se abra el melón», por decirlo en expresión popular. Una vez abierto, ¿hasta dónde se puede llegar? Las recientes reformas de los Estatutos y la problemática surgida, debiera hacernos pensar. Muy probablemente se acabaría en otra cosa: en una nueva Constitución. Y a lo peor hasta ya no habría la figura del Heredero de la Corona.
Tampoco me parece que sea absolutamente necesario una especie de «Estatuto del Heredero de la Corona», como alguien con buena fe ha sugerido. Creo que el país tiene problemas más acuciantes y que, además, volverían a surgir nuevos problemas. El mismo Derecho Constitucional Comparado (¡el que hace tiempo nuestros «expertos» abandonaron absurdamente sin entender, como recordara un gran maestro, que es la mejor forma de tampoco comprender el nuestro!) no nos ayuda casi nada en este menester. A mi entender, una muy breve Ley Orgánica que aclarase algunas de las dudas expuestas, sería suficiente.
Y mientras llega, al actual Príncipe Heredero lo que sí le pediría con urgencia, es que, de alguna forma, ejercite lo antes posible algún tipo de mando militar. Creo que sería algo bien visto por el Ejército, dado que, en su día, ha de tener el mando supremo de sus componentes. Y con la misma urgencia, que convoque, de forma continuada y con papel y lápiz en la mano, a los diferentes sectores de la sociedad (Universidad, Sanidad, Juventud, Comercio, Periodismo, etc., etc.), oiga con sosiego sus problemas y piense en soluciones. No se trata de una Corte. Ni de autoridades regionales. Se trata de «estar al día» en lo que afecta a la España real. A la que, a buen seguro, quiere servir con todas sus fuerzas
Monárquicos de la secreta
PUES el Rey no estará solo, pero lo parece. Muy acompañado no se le ve cuando él mismo tiene que recordar las décadas de estabilidad que ha traído la Corona. Se ve que no le consuelan mucho las preces de monseñor Cañizares, ni los apoyos entusiastas del ministro de Defensa o del secretario de la UGT, ni las llamaditas afectuosas de esos próceres contritos que dejan recado privado en la Zarzuela, como si fuera de mal gusto alzar la voz en cualquier foro público o en un papel. Se nota que le confortan poco esas críticas tan leales que atraviesan el corazón de pura lealtad. O que no acaba de sentirse respaldado con tanto cariño tan sincero que quienes se lo profesan no consideran de buen gusto hacerlo en voz alta para no parecer cortesanos. Porque los sentimientos, Majestad, se llevan en el alma y no hay que estar haciendo todo el rato ostentación de lo evidente. Ni acercarse más de lo justo no vaya a ser que salpique el barro de la cacería.
Nunca se habían visto en España tantos monárquicos secretos. Todos desasosegados por la escalada del republicanismo independentista, todos inquietos por el auge del deporte de quemar fotos, todos incómodos por el radicalismo verbal de los exaltados de la derecha, todos alarmados por los tiros dialécticos que suenan en las tapias del fragor cainita, todos escandalizados por la casquería cotilla del mercado de las insidias... y todos callados. Unos para no perder votos entre esa izquierda levantisca y catorceabrileña que siempre asoma en nuestra trágica memoria colectiva; otros, para no indisponerse con los que firman los contratos públicos; los de más allá, para no señalarse demasiado y perder el puestecillo en las listas del partido o en la burocracia autonómica; los de más acá, para que no les echen cicuta en el desayuno o les muerdan el anillo cuando lo dan a besar. Callados, silentes, mudos. Pero preocupados sí están. No hay más que ver con cuánta solemnidad lo comentan por lo bajinis, tan responsables en su susurro de meditaciones patrióticas, tan agitados en su conciencia cívica por esta funesta manía de cuestionar las cosas serias, tan desalentados ante el rumbo de los acontecimientos. Dónde vamos a llegar con este fuego cruzado.
Y ellos, por si acaso, se agachan para que no les alcance de refilón la metralla. Se agachan hasta reptar con su dignidad por el suelo de los principios. Para no echar más leña al fuego, dicen, como si el fuego no asomase ya en las noches de hogueras mediterráneas ni en las mañanas de sumarísimas ejecuciones retóricas. Para no enconar las cosas, como si poner en solfa la cúpula del Estado fuera un pasatiempo inocente de pueblo maduro. El Rey sabe que no está solo, aclaran, no hace falta sacar pecho en su defensa.
Pues menos mal que lo sabe, porque oírlo, no lo oye de labios de tan selecta compañía. Lo sabrá porque, después de tanto tiempo reinando, habrá aprendido a conocer de sobra a su pueblo.
La Monarquía y sus enemigos
Don Juan Carlos dijo ayer en Oviedo que la Monarquía parlamentaria ha ofrecido a todos los españoles un largo periodo de estabilidad y prosperidad. Es significativo que Don Juan Carlos tenga que salir en su propia defensa. Frente a la «pinza» de los extremistas de uno y otro signo, la inmensa mayoría social es consciente de la deuda que todos tenemos contraída con la Corona. A pesar de algunos silencios lamentables, crece el número de voces sensatas que ponen de manifiesto el sentimiento colectivo. Los partidos han mirado para otro lado durante algún tiempo, aunque ahora ya se escuchan las pertinentes expresiones de apoyo. Los empresarios, a través de la CEOE, y los sindicatos, como es el caso de UGT, han sabido estar a la altura de las circunstancias. Los obispos han dicho ya lo que mucha gente estaba deseando que dijeran. Frente a la extraña pasividad inicial del portavoz de la Conferencia Episcopal, tanto monseñor Cañizares como monseñor Blázquez, dos prelados a los que se atribuyen sensibilidades diferentes, han pronunciado palabras inequívocas. El presidente de los obispos afirma expresamente que su cercanía a la Familia Real no se limita al ámbito personal, sino que alcanza a la propia institución. Se trata, por tanto, de una descalificación en toda regla hacia el locutor que se permite comentarios despectivos y propaga falacias intolerables ante la pasividad de los responsables de la emisora episcopal.
Lo más repugnante en todo este asunto es la utilización insidiosa de las víctimas del terrorismo, mediante la incalificable afirmación del comunicador en cuestión de que el Monarca está alejado de ellas. La carta abierta publicada hace unos días en ABC es un testimonio concluyente por parte de quienes han sufrido de verdad el daño irreparable que provoca la violencia criminal. Algunos fanáticos o ignorantes, alentados por la malevolencia intencionada de unos pocos, pretenden pasar factura al Rey por su liderazgo moral y político en la Transición. Otros, que se consideran más sutiles, hacen un gesto a medias entre el ridículo y el chantaje, al declararse «protectores» de la Corona siempre que el Monarca haga lo que ellos le manden. Incluso pretenden envolver ese «amarillismo» populista a través de coartadas como la de situar en puestos que carecen de poder efectivo a personas procedentes del mundo académico y cuya imagen pública está vinculada con la Monarquía. Es, en definitiva,una trampa tras otra, siempre al servicio de proyectos de lucro económico y ambiciones personales con la intención de cumplir expectativas insatisfechas en otros tiempos. Cuando se superan ciertas barreras éticas, todo vale, incluso poner en cuestión los cimientos del Estado democrático, propagando teorías falsas sobre el mayor atentado de la historia de España y dando juego a personajes turbios que no merecen ninguna credibilidad.
Vivimos un momento de máxima gravedad para el futuro de la España constitucional, a pesar de que cuenta con el apoyo de una inmensa mayoría de los ciudadanos. Ibarretxe lanza un desafío al Estado. ETA expresa criterios que coinciden en términos objetivos con los propósitos del PNV. Desde Cataluña, crecen las presiones para que se acepte como sea un Estatuto inconstitucional, bajo la amenaza de males mayores. El Gobierno reacciona de forma tibia y está sólo atento a sus intereses electorales. El PP mantiene con solidez los principios esenciales, pero recibe fuertes presiones mediáticas que no siempre es capaz de reconducir. En este contexto, a pocos meses de las elecciones, la campaña contra el Rey es mucho más que una anécdota para convertirse en un grave peligro para la solidez del sistema. Hay muchas formas de debilitar a la Monarquía, unas más aparentes y otras, a la larga, más peligrosas. Entre ellas, la pretensión de convertir a la Corona en apéndice de ambiciones inconfesables. El problema es que el Rey no está al servicio de personas o de grupos organizados, ni lo va a estar nunca, aunque para ello tenga que soportar injurias y mentiras. ABC cumple con su obligación cuando denuncia la «pinza» que practican los extremistas de uno y de otro signo. Es evidente que los hechos dan la razón a este periódico, que por lo demás no necesita reiterar proclamaciones retóricas de fidelidad a España y a la Monarquía. Más de cien años de historia son un aval suficiente al respecto.
lunes, 1 de octubre de 2007
Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración del Curso Académico Universitario 2007-2008

En esta solemne apertura de Curso quiero, ante todo, reiterar mi mayor reconocimiento y gratitud a la Universidad española por su brillante trayectoria centenaria, por el prestigio acumulado y el esfuerzo volcado en su misión académica, en su vocación investigadora, y en su afán modernizador del conjunto de la sociedad española.
Un esfuerzo que se refleja en su dinámico presente de servicio a los hombres y mujeres de España, a nuestra ciencia y cultura, a nuestra libertad y a nuestro bienestar.
Una labor que reclama un renovado estímulo y respaldo a sus claustros de profesores, a sus equipos de investigación, a su personal administrativo y de servicios, y a sus alumnos, conscientes de que en la Universidad, en su fuerza y vitalidad, reside la mejor garantía de futuro para todos.
Estímulo y respaldo, sobre todo, para que prosigan con eficiencia en su empeño por alcanzar nuevas cotas de excelencia y por superar los retos de cada momento.
Agradecemos muy sinceramente la amable acogida que nos han brindado las distintas autoridades presentes, en particular las de la Universidad de Oviedo que representa al conjunto de las Universidades españolas en este Acto.
Hoy siento un especial orgullo y esperanza al inaugurar, junto a la Reina, el Curso Universitario para toda España en esta muy querida ciudad de Oviedo.
Orgullo por lo que el Principado de Asturias representa para toda España, por el carácter recio, hospitalario y laborioso de los asturianos, por la solera y dinamismo con que Oviedo se presenta al mundo, y por lo que esta prestigiosa Universidad nos ha aportado y nos aporta.
Esperanza, al mismo tiempo, por las múltiples ilusiones, nuevos proyectos y renovados ideales, que siempre encontramos en quienes integráis la Comunidad Universitaria española.
Nos alegra muy especialmente que este Acto tenga lugar en la Universidad de Oviedo cuando se inicia un importante Curso Académico, marcado por la celebración del Cuarto Centenario de su creación.
Una efeméride por la que queremos felicitar con todo afecto a esta Universidad, fundada por el Arzobispo Valdés Salas, a la que mucho debemos por su fecunda aportación a la más sólida tradición de la Universidad española.
Verdadera cantera de ilustres personalidades, de grandes humanistas y juristas, científicos y profesionales, que han sabido enriquecer nuestra cultura y alentar nuestros mejores afanes de superación.
Como tal, esta Universidad contribuyó a la regeneración cultural española en el tránsito del siglo XIX al siglo XX, gracias al empuje de aquellos destacados intelectuales aglutinados en torno al llamado "Grupo de Oviedo".
A ella también debemos el impulso modernizador, derivado de iniciativas como la Extensión Universitaria, fundada en su seno en 1908.
Aquellos innovadores y sabios profesores demostraron su profunda convicción y compromiso con el papel fundamental que la educación desempeña en el progreso y desarrollo de los pueblos.
Un papel que no ha hecho sino acrecentarse en este mundo en que vivimos, caracterizado por la globalización, el rápido avance del conocimiento, y la implantación de las tecnologías de la información y la comunicación.
Generar, preservar y transmitir el conocimiento, constituyen los tres vértices esenciales de la Institución Universitaria.
Asegurar la formación intelectual y científica de los estudiantes, hacer de ellos profesionales responsables y competentes, así como promover la tarea investigadora, siguen siendo las misiones básicas que nuestra sociedad espera de su Universidad.
Como elemento generador de capital humano y dinamizador de la I+D+i, la Universidad es un factor decisivo para el florecimiento intelectual de la sociedad, para el crecimiento de toda economía abierta, moderna y competitiva.
Pero, también, lo es para formar jóvenes comprometidos con los valores de la convivencia democrática, del entendimiento y del respeto mutuo, de la tolerancia y de la libertad.
Valores que han determinado el más largo período de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España, en el marco del modelo de Monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución.
En suma, la Universidad no puede entenderse al margen de su innata proyección social, de su papel crucial en la formación integral de personas capaces de impulsar la España del mañana, en armónica y fructífera vida en común.
Por ello, para encarar con éxito nuestro futuro, debemos hacer de la educación una prioridad esencial, apostar por su extensión y desarrollo.
Hacer de ella un instrumento capaz de lograr la mejor integración de ciencia y humanismo, de acción y reflexión, al servicio de la promoción personal y del progreso colectivo.
Hoy la Universidad redobla sus esfuerzos, no sólo para alcanzar nuevos logros científicos, culturales, económicos y sociales, sino para estimular sus actividades de cooperación internacional, de integración y de solidaridad.
También trabaja con tesón para favorecer el conocimiento de otras lenguas y culturas, así como de nuestro entorno internacional, especialmente europeo, del que depende nuestro bienestar cotidiano cada día más.
En este sentido, España y su Universidad están comprometidas con la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior. Un espacio de competencia, pero también de movilidad y oportunidades.
El Curso Universitario 2007-2008, que ahora comienza, será fundamental para afianzar la mejor participación española en ese gran proyecto universitario europeo.
Un proyecto cuyo éxito requiere mucha coordinación y esfuerzo, contando con la implicación de toda la Comunidad Universitaria Española: docentes e investigadores, estudiantes, y personal de administración y de servicios.
Reitero el profundo tributo de admiración, respeto y gratitud que la Corona debe a la Universidad española en nombre de todos nuestros ciudadanos.
Mi elogio a la muy valiosa y sacrificada labor de sus profesores e investigadores, cuyo esfuerzo diario explica el alto nivel científico y docente de sus Aulas, así como la excelente preparación de miles de nuevos profesionales.
Mi aliento y estímulo se dirigen, asimismo, a todos los alumnos que afrontan este nuevo Curso, cargados de nuevas ilusiones y de la firme voluntad de aprovechar las oportunidades que les abre su formación universitaria.
Al inicio de este Curso Académico, deposito las mayores esperanzas en el conjunto de las Universidades españolas para avanzar unidos en la construcción de una España siempre mejor.
Declaro inaugurado el Curso Académico Universitario 2007-2008.
Habla el Rey: «La Monarquía Constitucional ha propiciado el periodo más largo de estabilidad»
El Rey destacó hoy que "la monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución" ha determinado "el más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España".
Don Juan Carlos, que presidió la apertura del curso universitario en Oviedo, pidió que se forme a los jóvenes en "convivencia democrática, entendimiento y respeto mutuos, tolerancia y libertad" porque son esos los valores que han hecho posible este periodo de estabilidad democrática.