sábado, 17 de noviembre de 2007

El juez recuerda a «El Jueves»: «No existe el derecho al insulto»

N. VILLANUEVA. MADRID.
ABC
 
Los dibujantes de la revista «El Jueves» traspasaron la «delgada línea» que separa la sátira para situarse en el «puro insulto y el vilipendio innecesario». Así se pronuncia la sentencia del juez central de lo Penal de la Audiencia Nacional que condena a Guillermo Torres y Manel Fontdevila a una multa de 3.000 euros por un delito de injurias al Heredero de la Corona, un fallo que ya fue anunciado «in voce» por el juez José María Vázquez Honrubia al finalizar el juicio celebrado contra los dos humoristas el pasado martes.
En una consideración poco habitual en una sentencia, el juez concluye los Fundamentos de Derecho con el mensaje de que «mantiene la esperanza de que una atenta lectura de esta resolución por parte de los acusados les permita discernir entre la sátira, hasta la más dura, y la pura injuria (...), que no podrá ampararse en derechos constitucionales, pues no existe el derecho al insulto».
Vázquez Honrubia sostiene que en la caricatura en la que Don Felipe y Doña Letizia realizan el acto sexual, «no estamos exclusivamente ante un ataque al honor o imagen del Príncipe Heredero -en el que los derechos fundamentales como ciudadano podrían ponderarse con la libertad de expresión-, sino que la cuestión hay que enfocarla en la especial protección que el Poder Legislativo ha considerado necesario para preservar a la Corona de ataques como los enjuiciados (...)». En este sentido, el juez sostiene que es una «falacia que el Estado Constitucional deba permanecer impasible e inerme porque se considere gratuitamente que el ejercicio de los derechos fundamentales tiene un carácter absoluto e ilimitado».
Torres y Fontdevila, «de común acuerdo», se excedieron en el ejercicio de la libertad de expresión, y no es creíble que, como alegaron, su intención no fuera la de injuriar al Heredero de la Corona. «Carece de toda lógica, común y jurídica, que se diga criticar o satirizar la promesa gubernamental del subsidio de natalidad (los 2.500 euros anunciados por Zapatero) y se utilice para ello» a Don Felipe «en la situación y con el texto que consta («esto es lo más parecido a trabajar que he hecho nunca»)».
Para el juez, existe un «ánimo palmario de escarnio y desprecio» para una persona, además, «que forma parte de aquéllas especialmente protegidas por el legislador».
Asimismo, Vázquez Honrubia diferencia esta caricatura de las aportadas por la defensa como prueba de descargo en «Tocando los Borbones», pues, a su juicio, las de aquel libro sí se pueden enmarcar en la sátira, no en el insulto.

La visita de los Príncipes a China

ABC
 
NO es necesario recordar las dimensiones de un país como China para comprender que el gigante asiático se está convirtiéndose en uno de los actores políticos, económicos y culturales más determinantes del mundo actual. Con España, las relaciones comerciales no sólo son escasas si se tienen en cuenta posibilidades que aún no se han explorado, sino que están claramente desequilibradas a favor de Pekín. La visita que ayer concluyeron los Príncipes de Asturias a China es el mejor ejemplo de cómo la institución que representan, la Monarquía, puede jugar un papel valiosísimo para la promoción de nuestra economía, la lengua, la cultura y los productos comerciales españoles en un mundo moderno y globalizado; y específicamente los Príncipes, como representantes de la parte más joven, dinámica y moderna de la sociedad española.
Ante el mundo, la sociedad china es prácticamente un papel en blanco, dispuesto a recibir la influencia de las distintas sociedades y culturas que luchan para alcanzar mayores niveles de influencia. En el caso del idioma inglés, ya sabemos que se convertirá en una lengua muy familiar para los chinos, pero también parece evidente que -igual que sucede con su presencia en Estados Unidos- la penetración del español en aquel país habrá de ser también una palanca para multiplicar su importancia en el mundo, con todo lo que ello representa de retornos económicos y políticos. ¿Qué otro estamento podría ayudar a difundir mejor nuestra cultura en una sociedad tan compleja?
De cara a la celebración en Pekín de los Juegos Olímpicos de 2008, España necesita promover su imagen de país dinámico, moderno y democrático. Los empresarios que han acompañado a los Príncipes en este viaje saben mejor que nadie que contar con esa presencia puede contribuir de forma determinante a difundir sus productos, a abrir puertas o a suscitar el interés por el turismo hacia España. Muchos recordarán el caso anecdótico del jamón como un producto específico que a su vez se ha convertido en uno de los símbolos de la gastronomía española. El esfuerzo de los empresarios del sector debe encontrar su recompensa, pero cuando a un producto se le asocia la imagen de todo un país, siempre hay muchos otros sectores productivos a los que arrastra, tarde o temprano.
España tiene algunos símbolos que son reconocidos universalmente, y muchos otros que son mal conocidos o incluso desconocidos. Hay países como Francia o Italia que nos llevan décadas de diferencia, a pesar de que no tengan méritos mayores que España para ello. Nosotros contamos con importantes herramientas para competir en un mundo globalizado y es necesario ponerlas al servicio del progreso de nuestro país. El trabajo de los Príncipes de Asturias puede que no haya sido muy vistoso desde España, pero resulta vital para nuestro futuro.

jueves, 15 de noviembre de 2007

Y el Rey dijo basta

PEDRO GONZÁLEZ TREVIJANO.
LA contundente intervención del Rey de España al caudillista autócrata venezolano en la sesión de clausura de la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno en Santiago de Chile, «¿por qué no te callas?», así como su abandono temporal del plenario, ante las bravatas intimidantes contra las empresas españolas en América del segundón nicaragüense, permiten al menos dos reflexiones. La primera, la habilitación constitucional y la pertinencia política de tal expresión y conducta por el Monarca. Y, la segunda, la dimensión de nuestra política exterior.
En cuanto a la acción del Jefe del Estado, ésta se encuentra justificada por razones constitucionales y políticas. Las constitucionales, ya que, aunque es al Gobierno a quien se asigna en una Monarquía parlamentaria la «dirección de la política exterior» (artículo 97), tampoco se puede desconocer la previsión establecida explícitamente en la Constitución a favor del Monarca. Un precepto que atribuye al Rey una competencia relevante en la esfera de las relaciones internacionales. En este sentido, el artículo 56.1 de nuestra Carta Magna señala que «El Rey es el Jefe del Estado... asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica». Una competencia, por lo demás, que forma parte del tradicional acervo de facultades vinculadas en el Derecho Internacional a las funciones de un Jefe de Estado. Lo que explica que la Constitución recoja expresamente también su habilitación para acreditar a los embajadores y otros representantes diplomáticos (ius legationis), el consentimiento del Estado para obligarse mediante la suscripción de tratados internacionales y su participación, tras la previa autorización de las Cortes Generales, para declarar la guerra y hacer la paz (artículo 63).
Y algo, por cierto, muy destacado. En una Monarquía parlamentaria, todos y cada uno de los actos del Monarca tienen que estar refrendados, esto es, alguien tiene que asumir necesariamente la responsabilidad política de sus declaraciones y conductas. La Constitución lo afirma con claridad, toda vez que -dice el artículo 56.3- «La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad». Una responsabilidad que se articula -siguiendo lo dispuesto en el artículo 64- a través de lo que se denomina el refrendo tácito; un refrendo asumido en esta ocasión por el presidente del Gobierno, en tanto que cabeza del Poder Ejecutivo en la mentada Cumbre. En resumidas cuentas, la acción del Jefe de Estado disfruta de cobertura constitucional, al tiempo que se haya respaldada, a los efectos de su responsabilidad política, por la presencia del presidente del Gobierno y del ministro de Asuntos Exteriores.
Pero además, el proceder del Rey de España viene justificado, y aquí abandonamos ya las argumentaciones más constitucionales, es decir, las de perfil propiamente jurídico, por razones políticas. Dicho de otra forma, la conducta del Monarca viene amparada por consideraciones de pertinencia. Aquí hay, de nuevo, una apoyatura de carácter constitucional. Nos referimos al citado artículo 56.1 de la Constitución, que prescribe que «El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia...». Siendo esta naturaleza, de orden precisamente simbólica, como elemento aglutinante e integrador de la Nación y del Estado y portador de significaciones materiales e inmateriales, la que acredita su hacer en defensa de los intereses nacionales. Un papel que la Corona despliega con eficacia y solvencia incuestionables.
Podría argumentarse, es cierto, que no suscitándose dudas sobre su justificación constitucional y política, sin embargo su reacción hubiera sido desafortunada en la práctica. Algo que podría suceder por dos causas. En primer lugar, por no haberse respetado los parámetros de la corrección que han de presidir las relaciones internacionales. Y, en segundo término, por no haberse constado a posteriori la sintonía entre las expresiones y la acción del Jefe del Estado y las expectativas de la ciudadanía. Pues bien, no hay tampoco dudas sobre la satisfacción de ambas exigencias.
De un lado -nadie lo discute- la reacción del Rey no es la cotidiana en las relaciones entre mandatarios, y al Rey le habrá pesado; pero tampoco lo es, y es la causa provocadora, la perorata amenazante y reiterada de alguien que estaría siempre mejor callado. Ordenar callar, y además hacerlo sin exabruptos, a quien no tiene nada que decir o lo hace insultando impenitentemente a un ex presidente del Gobierno de España, no quebranta las reglas de la correttezza costituzionale. ¡Faltaría más! Como tampoco es tan excepcional -les invito a revisar las reuniones internacionales desde la Paz de Westfalia de 1648- abandonar temporalmente las sesiones, cuando se vierten juicios denigratorios contra los intereses nacionales. Y, de otro lado, la espontánea y mayoritaria adhesión por parte del pueblo español no admite dudas. Como acredita una encuesta realizada al efecto, entre el 80 y el 90 por ciento de la ciudadanía respalda lo dicho y hecho. Don Fernando Álvarez de Toledo, el Gran Duque de Alba -les recomiendo la lectura del reeditado libro de William. S. Maltby sobre el personaje- criticaba el desafecto real y la distancia del Rey Felipe II con su pueblo en los siguientes términos: «Los reyes no tienen los sentimientos y la ternura en el lugar donde nosotros los tenemos». Pues bien, si tales palabras podrían predicarse quizás del Rey Prudente, no lo son, desde luego, del actual Rey de España. En pocas ocasiones, un Rey habrá asumido con mayor sintonía, y habrá representado mejor los sentimientos del suyo.
Afirmado esto, deseo hacer también ciertas reflexiones, en cambio menos positivas, sobre nuestra política internacional. Una política endeble que no se encuentra a la altura de este país. No puedo ocultarles la envidia cuando observo la acción exterior de otros Estados con los que me gustaría homologarme. Países, como Reino Unido o Francia, que disfrutan de una acción exterior con mayúsculas. Una política que se fija a largo plazo en defensa de sus intereses nacionales, y que no está sometida a los quebrantos caprichosos de cada gobierno de uno u otro signo. Aquí, en cambio, no existe una política de Estado. La situación vivida expresa, sin paliativos, por no hablar del suceso reciente en Marruecos o el Chad, su debilidad y escaso peso. ¿Se imaginan ustedes a la Queen Elizabeth de Inglaterra escuchando semejantes ofensas en el ámbito de su querida Commonwealth? ¿Creen qué es posible asistir a una reprimenda parecida al Président Sarkozy por parte de sus antiguas colonias en África? Yo, sinceramente, no. ¿Saben por qué? Porque disfrutan de una seria política de Estado y porque, en consecuencia, sus déspotas iletrados, que también los tienen, no se hubieran atrevido.
Y dos cosas más. Primera, hay que saber diferenciar quiénes tienen que ser nuestros aliados fiables y de referencia, y por tanto a quiénes han de llegar los generosísimos fondos de la cooperación internacional española. Hay que mirar a los principios, pero no se pueden ignorar nuestros intereses. Y, segunda, las referenciadas Cumbres no son hoy el mejor foro para la defensa de nuestros intereses. O sea que, de mantenerlas, ha de procederse a una reestructuración en profundidad, y en todo caso a una mejor preparación. Ya lo decía el juicio inmisericorde de Charles Maurras: «Una política se juzga por sus resultados». Y éstos están, desgraciadamente, a la vista. Así que, por favor, a ver si entre todos, partidos de un espectro y de otro, ¡definimos de una vez! una política exterior consensuada a la altura del país. Sus ciudadanos lo reclamamos.
Mientras tanto, el Rey sigue siendo, como apunté una vez, el mejor Embajador de España. Y ello, porque como esgrimiera Bismarck, «la Política no es una ciencia, como muchos señores profesores se imaginan, sino un arte». A las pruebas reales me remito.
 

De la felicidad de las princesas

Màrius Carol
La Vanguardia
 
El Rey siempre se ha mostrado especialmente protector con la infanta Elena, porque sabía que, tras su carácter informal y divertido, había una persona frágil y sensible. Basta recordar la indignación del Monarca cuando vio el vídeo del programa Persones humanes de TV3, que presentaba Miquel Calzada, Mikimoto,donde se hacían bromas poco afortunadas de Elena de Borbón. Cuentan que el Rey lanzó con rabia por una de las ventanas de la Zarzuela la cinta, a modo de objeto volante. Por eso, el día de su boda en Sevilla con Jaime de Marichalar, mientras entraba por la puerta de Campanillas de la catedral de Sevilla, acompañando a su primogénita, se le veía especialmente emocionado. Luego, durante el banquete, agradecería los desvelos de las Reina con sus hijos ante los invitados de los Reales Alcázares. Él sabía que Elena había requerido más atención por su carácter, y viéndola enamorada y feliz, se le humedecieron los ojos y se le atragantó la voz.

 

En este sentido, es fácil imaginarse que cuando la Infanta ha comunicado a sus progenitores la decisión de separarse de su esposo, el Rey, que venía de unos días cargados de emociones públicas (la visita a Ceuta y Melilla o el incidente con Chávez), habrá experimentado una sincera tristeza a modo de sensación privada. En cualquier caso, el distanciamiento de la pareja era la crónica de un final anunciado, tras meses de rumores y de vidas independientes. Ahora, la preocupación de la familia real es cómo afectará a la infanta Elena la insoportable levedad de la prensa rosa y la creciente crueldad de la televisión amarilla. Una persona como ella deberá pasar un calvario que pondrá a prueba su personalidad. La única suerte es que la Zarzuela resulta un entorno protegido de los paparazzi, pues alejarse del país no es garantía de nada cuando las indiscreciones tienen precio y las traiciones cotizan al alza. Ella debe acordarse de que en su viaje de luna de miel, tras una desaparición propia de Hudini (al parecer salieron del recinto de los Reales Alcázares en una furgoneta del catering que les dejó a pie de avión jordano que les sacó del país con destino a Oriente), fueron localizados en una insignificante isla del Pacífico, donde iban acompañados de dos escoltas. Uno de ellos confesó en privado que no daba crédito a cómo podían haberlos encontrado y aún le parecía más desconcertante cómo les habían fotografiado en traje de baño sin apercibirse de ello en un paraje deshabitado.

 

Los motivos de la separación pertenecen al ámbito de la intimidad de la pareja, aunque no faltarán las especulaciones. En cualquier caso, hay un antes y un después del 21 de diciembre del 2001, un sábado en que Jaime de Marichalar sufrió un infarto cerebral que le dejaría secuelas en su movilidad de la parte derecha. Aquel hombre de casi dos metros, que presumía de personaje elegante sin importarle lucir en ocasiones atuendos un tanto extravagantes, se veía a sí mismo como una persona que sufría por la crueldad de las cámaras al enfocarle. Le cambió el carácter, buscó refugio en amigos de la farándula y no siguió el proceso de recuperación asignado. El Rey habló con el médico Valentí Fuster, prestigioso especialista de corazón del Mount Sinai, quien le propuso que expertos en fisioterapia de este hospital le trataran. Don Juan Carlos sugirió a los duques de Lugo que pasaran una temporada en Nueva York. De esta manera, alejaba a su yerno de un entorno poco favorable, mantenía la familia unida y facilitaba su recuperación, a pesar de que se habían perdido unos meses preciosos.

 

Pero no ha podido ser y al final la realidad se ha impuesto. Los fundamentalistas de la institución clamarán desde sus tribunas bien remuneradas que los miembros de las familias reales no se divorcian. Pero hace tiempo que las monarquías europeas han hecho acopio de realismo para afrontar situaciones nuevas en un mundo cambiante. De hecho, otro viejo principio no escrito que establecía que debían casarse entre ellos (algo que la genética desaconseja) no ha sido tenido en cuenta por ninguno de los herederos. La expresión sangre azul se refiere a las venas que transparentaban las epidermias blancas de la realeza antigua en contraposición a las pieles castigadas por el sol y el trabajo de la plebe. Hoy, los monarcas saben que su legitimidad es constitucional y que la soberanía reside en el pueblo.

 

Un diario de Madrid tituló Princesa de cuento de hadas la biografía de Elena de Borbón, con ocasión de su boda en Sevilla. Es evidente que no son momentos de cuentos de hadas, sino tiempos complejos, donde a las princesas les cuesta ser felices casi tanto como a cualquiera de nosotros.

La función del Rey

Erosionar la Corona significa debilitar el Estado

JUAN-JOSÉ López Burniol

Es cierto que, en los últimos meses, la familia real --y, en concreto, el Rey-- aparecen excesivamente en los medios de comunicación como protagonistas de noticias conflictivas o inhabituales: fotografías quemadas, secuestro de publicaciones, visitas contestadas por nuestro vecino del sur, interpelaciones fuertes de tono, etcétera. La espuma mediática ha subido rápidamente. En esta sociedad hiperinformada, los medios de comunicación se retroalimentan y crean ambientes que pueden pasar por reales, cuando no lo son de hecho. Así sucede en este supuesto. De hacer caso a periódicos, televisiones y radios, podría pensarse que la Monarquía ha entrado en una senda peligrosa que puede conducirla fácilmente al despeñadero. Pero nada de esto es cierto. La Monarquía --encarnada hoy en la figura del Rey-- está profundamente arraigada en la sociedad española, por lo menos en lo que Dionisio Ridruejo denominaba el macizo del país o --no recuerdo bien-- el macizo de la raza.
La razón de esta adhesión es compleja. El Rey contribuyó al éxito de la transición --que, dígase lo que se diga, fue un logro excepcional--; hizo posible la neutralización del golpe del 23 de febrero; ha dotado a España de una representación internacional homologable y más que digna, y ha observado, juntamente con su familia, un comportamiento sustancialmente discreto, que --¡no seamos hipócritas!-- en nada desmerece del tono medio de las familias españolas de estatus equiparable.
Pero, sobre todo, la institución monárquica encarna mejor que ninguna otra, en esta compleja hora de España, la unidad del Estado. De ahí que el rol de la Monarquía sea hoy insustituible; y de ahí también que se haya convertido en objeto predilecto de erosión y escarnio por parte de aquellos que consideran --y aciertan al pensar así-- que todo cuanto hagan en descrédito del Rey acentúa la debilidad del Estado. Afirmar esto no implica admitir que el Rey tenga patente de corso y deba quedar exento de crítica. Critíquesele cuanto se quiera; pero que quede también constancia de que muchas de estas críticas tiran por elevación. Si alguien lo duda, que pierda un momento en comprobar cómo estas interesadas descalificaciones van por zonas. En unas abundan más y en otras, menos. Queda para el discreto lector la elaboración del censo.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

La quinta ruptura matrimonial en la historia de la Familia Real española

L D (EFE) El primer caso de ruptura de un matrimonio real tuvo lugar en 1900, cuando la infanta Eulalia, hija de Isabel II y de Francisco de Asís, se divorció de su primo hermano Antonio María de Orleans, hijo de los Duques de Montpensier, causando un escándalo para la época.

Ya en 1933, el primogénito de Alfonso XIII, Don Alfonso de Borbón y Battemberg, se divorció de Doña Edelmira Sampedro-Ocejo y Robato, a pesar de que el matrimonio le había supuesto apartarse de la línea sucesoria.

Ese mismo año Don Alfonso de Borbón y Battemberg contrajo un nuevo matrimonio, esta vez con Doña Marta Rocarfor, y Altazarra, pero se volvió a divorciar poco antes de su muerte, en 1938.

Por último, en 1939 el Infante Jaime, hermano del Conde de Barcelona, Don Juan de Borbón, padre del Rey, se separó de su esposa, Emmanuela Dampierre.

Desde entonces la Familia Real española no se había visto envuelta en ninguna otra ruptura matrimonial hasta hoy, cuando los Duques de Lugo han anunciado una "separación temporal" tras doce años de vida en común. En las monarquías europeas tampoco son novedosas las separaciones de los matrimonios reales.

La más sonada fue el divorcio de la princesa Diana del príncipe de Gales, aunque también los dos hermanos de Carlos de Inglaterra, Andrés y Ana, y los príncipes de Dinamarca, Joaquín y Alexandra, hicieron públicas sus desavenencias conyugales

Un año intenso para la Familia Real

La Familia Real este verano en el Palacio de Miravent. (Foto: Bernardo Paz)

  • Las muchas noticias hicieron que el Gobierno mostrara su apoyo a la Corona
  • El Rey recordó que 'la Monarquía parlamentaria sustenta nuestra Constitución'
  • El 69% de los españoles cree que la Monarquía parlamentaria es el sistema ideal
 
CARMEN TABAR (EFE)

MADRID.- La Familia Real ha vivido un año en el que las buenas noticias, como el nacimiento de la segunda hija de los Príncipes de Asturias, la Infanta Sofía, y las no tan agradables, como la quema de fotos del Monarca, la han convertido, más que nunca, en protagonista de la actualidad.

El 29 de abril nació la pequeña Sofía, con la que la sucesión a la Corona quedaba doblemente asegurada. Una buena noticia que suavizaba en cierta manera el dolor de su madre, la Princesa de Asturias, que dos meses y medio antes había perdido a su hermana menor Érika.

Cuando el 14 de junio los Reyes presidieron en las Cortes el XXX aniversario de las primeras elecciones democráticas, nada hacía presagiar que apenas un mes después la Familia Real se convertiría en el centro de todas las miradas .

En pleno verano el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo ordenó el secuestro de la revista 'El Jueves' por incluir en su portada una viñeta vejatoria de los Príncipes de Asturias.

Pero entonces aparecieron unas fotos de la Reina en bañador y la Princesa en bikini tomando el sol y charlando las dos en el yate Fortuna, que distendieron el ambiente.

El senador del PNV Iñaki Anasagasti no desaprovechó el momento y se sumó a los más críticos para tachar a la Familia Real en su blog de "pandilla de vagos", unas palabras que el PSOE y el PP le instaron a rectificar al tiempo que elogiaron el trabajo de la institución.

Llegó septiembre y con él un viaje del Rey a Girona, para presidir la Noche del Empresario, visita que una 300 independentistas aprovecharon para quemar fotos del Monarca, lo que fue considerado como injurias al Jefe del Estado. La Audiencia Nacional encausó a algunos implicados, lo que provocó que las protestas se sucedieran durante algún tiempo.

Mientras tanto, desde un medio de comunicación, la cadena Cope y en concreto desde el programa matinal que presenta el locutor Federico Jiménez Losantos, se pedía la abdicación del Rey .

En favor de la Corona

Esta sucesión de noticias en torno a la Familia Real hicieron que desde el Gobierno y los principales partidos e instituciones se hicieran declaraciones públicas en favor de la Corona y sus miembros.

En la apertura del curso universitario en Oviedo, el 1 de octubre, el Rey recordó que "la Monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución" ha determinado "el más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España", gracias a valores como la convivencia, el entendimiento y el respeto mutuos, la tolerancia y la libertad.

Ese mismo mes, una encuesta realizada por Metroscopia para la Fundación Toledo mostraba que el 69% de los españoles cree que la monarquía parlamentaria es el sistema político ideal para España, frente a un 22% que preferiría una república y que la Corona es la institución más valorada en todos los tramos de edad y en todas las clases sociales, con una nota media para su actuación de 6,5.

La recepción que los Reyes ofrecieron en el Palacio Real el 12 de octubre, con motivo de la Fiesta Nacional, se convirtió en cierta manera en un acto de desagravio, con mayor asistencia de invitados que en años anteriores y sobre todo con algunas bastante inusuales como la de presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, Alfonso Guerra.

Los Reyes se resarcieron de todo lo que había pasado hasta entonces con el increíble y multitudinario recibimiento que tuvieron cuando los pasados 5 y 6 de noviembre visitaron, por primera vez en los 32 años de reinado, las ciudades españolas en el norte de África, Ceuta y Melilla .

A la semana siguiente el Rey volvió a ser noticia con cinco palabras que han dado la vuelta al mundo: "¿Por qué no te callas?" , que dirigió al presidente venezolano, Hugo Chávez, en el último plenario de la XVII Cumbre Iberoamericana, el sábado pasado.

La mayor parte de la población española se ha puesto de parte de Don Juan Carlos, que adoptó un gesto sin precedentes, después de que el líder bolivariano insultara reiteradamente al ex-presidente José María Aznar e interrumpiera permanentemente al actual jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero.

Hoy, la Casa del Rey ha admitido que los Duques de Lugo, la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, han dejado de vivir juntos temporalmente , constatación de un rumor que corría desde hace meses por todas las redacciones.

martes, 13 de noviembre de 2007

Los Duques de Lugo se separan

Los Duques de Lugo. (Foto: Kike Para)
 


ELMUNDO.ES

MADRID.- La Casa Real ha anunciado que los Duques de Lugo, la Infanta Elena de Borbón y Jaime de Marichalar, se separan 12 años después de contraer matrimonio. La pareja tiene dos hijos en común, Felipe Juan Froilán, de nueve años, y Victoria Federica, de seis.

Fuentes del Palacio de la Zarzuela explicaron a Efe que ambos han convenido el "cese temporal de su convivencia matrimonial".

El 18 de marzo de 1995 se celebró en la Catedral de Sevilla el enlace matrimonial de la Infanta Elena, primogénita de los Reyes de España, con Don Jaime de Marichalar, hijo de los Condes de Ripalda, un acontecimiento que despertó gran interés en España, al ser la primera boda real en mucho tiempo. Tras el enlace, Don Juan Carlos concedió a la pareja el título de Duques de Lugo.

Aunque en los últimos tiempos la atención de los medios sobre ellos era menor, los Duques de Lugo han sido objeto predilecto de la prensa rosa. Los rumores de separación de la pareja han sido abundantes desde que se casaron, sobre todo en 2002, cuando la pareja decidió irse a vivir a Nueva York durante una temporada.

La salud de Jaime de Marichalar ha pasado por momentos delicados desde que el 22 de diciembre de 2001 sufriera una isquemia cerebral mientras practicaba deporte con la bicicleta estática en su casa. Seis meses después de ese incidente tuvo que volver a ser ingresado en un hospital de Madrid tras sufrir una nueva crisis y durante mucho tiempo padeció graves problemas de movilidad en su cuerpo, de los cuales se ha ido recuperando poco a poco.

Nada más casarse, la pareja instaló inicialmente su residencia en París, pero poco después se trasladó a España. En la actualidad tenían fijada su residencia en el centro de Madrid, en un dúplex alquilado de 250 metros cuadrados, en el distinguido barrio de Salamanca.

Palabra de Rey

Pilar Cambra
Expansión

Acepto plenamente su imprescindible necesidad y admiro las virtudes humanas -en ciertas circunstancias, virtudes que rayan en el heroísmo- de quienes la tienen por noble oficio y como tal lo practican... En suma: a la Diplomacia y a los diplomáticos debemos que innumerable sangre no haya llegado a muchos ríos y que, con los paños calientes de sus habilidades, hayan curado los forúnculos de la violencia, los conflictos armados, las disputas enconadas y los enfrentamientos seculares. La Diplomacia y los diplomáticos han salvados muchas, muchas, muchas vidas humanas.

Pero -de carácter impulsivo y apasionado como soy-, a veces no me basta la Diplomacia... Me parece meliflua, flemática, linfática y modorra... Especialmente cuando lo está en juego es el honor... "Honor": ¡qué mohosa antigualla para muchos!, ¡qué concepto tan vacío y tan inútil para tantos!, ¡qué modo tan reprobable de retroceder hasta tiempos oscuros felizmente superados!...

Y, sin embargo, ayer, yo sentí que el Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, me entregaba algo tan imaterial como necesario, tan precioso como injustamente despreciado: una porción del honor que, como persona, ciudadana y española, me estaba arrebatando la cháchara faltona, insultante y pomposa del caudillo venezonalo Hugo Chávez...

Cuando, ayer, en la Cumbre Iberoamericana que se celebraba en Chile, el Rey de España asomó la cabeza entre el Presidente de Gobierno, el señor Rodríguez Zapatero -que intentaba, inútilmente, poner freno a la venenosa verborrea del señor Chávez- y nuestro Ministro de Asuntos Exteriores, el señor Moratinos -que callaba- y le lanzó a don Hugo ese "¿Por qué no te callas?" justa y justificadamente indignado, me sentí bien, excelentemente bien...

¿Una intervención "poco diplomática", la del Rey?, ¿inoportuna?, ¿extemporánea?... Una intervención que le salió a Don Juan Carlos del corazón... Y, por lo tanto, una intervención sincera. Alejada, si se quiere, de las florituras y las "mentiras piadosas" de la Diplomacia, pero una intervención sincera... El Rey estuvo "calderoniano": defendió el honor de su Reino y de todos sus súbditos con un borbónico arranque digno de los héroes de don Pedro Calderón de la Barca... Aquellos hombres de un Siglo tan "pasado", tan antiguo, tan poco correcto... Un Siglo de Oro.

El Rey está 'triste pero seguro de que hizo lo debido porque se estaba atacando a España'

Zapatero y Don Juan Carlos, momentos antes del rifirrafe con Chávez en la cumbre. (Foto: REUTERS) Vea más fotos y vídeos
 
MARISA CRUZ
El Mundo

MADRID.- "El Rey saltó porque creyó que se estaba atacando a España y a sus representantes", afirman fuentes autorizadas de la Casa Real, que reconocen que Don Juan Carlos está "triste" por lo sucedido en la Cumbre Iberoamericana, pero también "convencido de que hizo lo que debía". El Monarca español es el decano de los asistentes a estos encuentros.

El Rey es el único que ha estado presente en las 17 ediciones de las cumbres iberoamericanas, primero junto a Felipe González, después con José María Aznar y ahora con José Luis Rodríguez Zapatero; conoce a todos los mandatarios latinoamericanos y, hasta la fecha, su figura siempre ha sido objeto del máximo respeto. Para él, señalan desde su Casa, el encontronazo que mantuvo junto al presidente del Gobierno con el líder venezolano, Hugo Chávez, ha supuesto un disgusto.

El Monarca español conoce bien la región, sabe de sus peculiaridades y siempre ha demostrado su destreza incluso frente a los mandatarios más levantiscos y ello da la medida del grado de enojo que le produjo la actitud del presidente de Venezuela.

Las mismas fuentes también explican que el Monarca se "hartó" de la actitud de Chávez cuando éste intentó reiteradamente interrumpir al presidente Zapatero, en el uso de la palabra. Para Don Juan Carlos, la insistencia del mandatario venezolano se dirigía no contra la persona del jefe del Gobierno, sino contra lo que representa. Por eso, añaden, el Rey intentó poner orden y lo hizo "espontáneamente y con indignación".

El gesto del Monarca habría quedado ahí y ya era más que explícito; sin embargo, cuando tomó la palabra el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, y abundó en los ataques a España, haciendo referencias directas "a sus empresarios y a sus embajadores", Don Juan Carlos optó por dar un nuevo paso.

"Tú sigue aquí, pero yo me voy para que se note que protestamos", le dijo al presidente del Gobierno, según altos funcionarios presentes en el acto. Y abandonó el salón plenario ante la atribulada mirada de la presidenta chilena, Michelle Bachelet.
 
Reconducir la crisis

El lunes, desde el Ministerio de Exteriores se intentaba reconducir la crisis con Venezuela y, sobre todo, se trataba de "seguir las instrucciones" que el Rey dio con su ejemplo, aseguran portavoces autorizados del Palacio de Santa Cruz.

En definitiva, lo que se pretende es, a través de las gestiones del nuevo embajador de España en Caracas, Dámaso de Larios, que Chávez "guarde silencio" y no eche más leña al fuego porque, de lo contrario, advierten, "el Gobierno responderá en defensa del Rey".

Don Juan Carlos está al corriente de todos los detalles de la estrategia española. En la tarde del lunes, el jefe del Estado recibió al presidente del Gobierno en audiencia en el Palacio de La Zarzuela. Se trataba de la habitual entrevista que mantienen ambos semanalmente y que, de ordinario, suele celebrarse los martes. En esta ocasión, la cita se ha adelantado un día porque este martes, a media tarde, el presidente asiste a la presentación de un libro del que es protagonista.
Se descarta llamar a consultas al embajador

En cualquier caso, en el encuentro ambos abordaron la situación que se generó en la Cumbre Iberoamericana y la respuesta que debe dar la diplomacia española. Moncloa y Zarzuela coinciden en que lo apropiado es intentar rebajar la tensión y que las aguas vuelvan a su cauce.

En consecuencia, Exteriores, "por el momento", descarta dar el paso de llamar a consultas al embajador español. Sin embargo, la medida diplomática de protesta podría llegar a producirse si en Caracas no entienden que la mejor manera de preservar los intereses comunes es "callar", como apuntó Don Juan Carlos.

Por ahora, uno de los mensajes que se ha trasladado con claridad meridiana al presidente venezolano es el de que en el sistema constitucional español el Rey no dirige la política exterior. Con ello se pretende hacer entender a Chávez que sus acusaciones sobre la connivencia del Monarca en el presunto apoyo al intento de golpe que se produjo en Venezuela en 2002 son "inadmisibles".

En el Ministerio están convencidos de que el presidente venezolano comprenderá lo que Madrid dice porque, aseguran, él es consciente de que los intereses bilaterales en juego son demasiado importantes. Entre tanto, insisten en que, una vez más, apostarán, frente a las exigencias del Partido Popular, por ejercer "la diplomacia callada".

domingo, 11 de noviembre de 2007

El Rey en su sitio

IGNACIO CAMACHO
ABC
 
HAY momentos de la vida española en los que, cuando todos se ausentan, cuando nadie está en su sitio, cuando lo que debería funcionar no funciona, aparece el Rey. Con su autoridad moral y su jerarquía histórica manda, templa y para. Para un cuartelazo de unos militares sonacas, templa el desconsuelo de las víctimas del terrorismo o el diapasón crispado de una política fratricida, y manda callar a un gorila botarate que está insultando a un expresidente de España. Cuando el Gobierno se pierde o se achica en un mundo que su inepcia vuelve cada vez más ancho y ajeno, allí está el Rey. Cuando se necesita una mediación silenciosa o un arbitraje discreto que acolche un conflicto institucional, allí está el Rey. Cuando urge una gestión para que se ponga al teléfono alguien que no se lo descuelga a Zapatero, allí está el Rey. Cuando el Estado necesita una figura de prestigio que le otorgue la solvencia perdida en una política de vuelo pequeño y triste, allí surge el Rey como «ultima ratio» para sostener el respeto, el honor y la autoestima de una nación zarandeada.
Pero por más orgullo que esto produzca, por más serenidad que el quite real aporte a una mermada acción de Estado, por más ascendiente que la Corona se gane entre una ciudadanía que la valora muy por encima de la clase dirigente, las cosas no deberían ser así. La defensa de los intereses de España corresponde al Gobierno de España. La protección de la dignidad de los españoles es una responsabilidad del Gobierno que los españoles hemos elegido. Y si un golpista bananero insulta a una personalidad española, o si un grupito de dictadorzuelos mal reciclados descargan su matonismo chantajista sobre los intereses de las empresas españolas en América, o si un racimo de demagogos populistas se ciscan en el nombre de España para granjearse las simpatías de una chusma exaltada, el que tiene que poner pie en pared es el Gobierno de España. El que tiene que mandarlos callar es el presidente del Gobierno de España, al que se le llena la boca hablando del Gobierno de España, pero que se pone estupendo con el talante y las buenas maneras y los rodeos balbucientes de tolerancia, diálogo y buen rollito cuando se trata de defender al anterior presidente del Gobierno de España.
Y claro, pues queda el Rey. Para levantar el dedo y decir «tú te callas». Para irse de una mesa en la que un puñado de fantoches con guerrera, a los que nuestra diplomacia acostumbra a tratar con una humillante deferencia, ofende la honorabilidad de una nación democrática, de sus empresarios y de sus dirigentes públicos. Para erigirse en referencia de respeto. Para poner al país, con un par, en el sitio en el que no lo sabe situar su Gobierno.
Y ahora que vengan los tiquismiquis ventajistas o los fanáticos victimistas a sugerir que no pinta nada, a prenderle fuego a su retrato o a protestar de que no lo hemos elegido. Que sí lo elegimos: fue refrendado en la Constitución vigente. Ése no es el problema. El problema consiste en que a los que de verdad hemos votado para representarnos no saben estar a la altura que les corresponde.

martes, 6 de noviembre de 2007

El Rey Juan Carlos alaba 'los sentimientos de lealtad a la Corona' de los melillenses

Los Reyes trasladan su afecto a los melillenses y la ciudad se vuelca con los monarcas

MELILLA.- Tras un multitudinario recibimiento, el Rey Juan Carlos ha alabado "los sentimientos de lealtad a la Corona" de los melillenses y su espíritu "de integración y convivencia".

En su segundo día de visita oficial a las ciudades autónomas, los Reyes fueron recibidos por miles de melillenses enfervorizados al grito de: "Viva España".

Durante su discurso, el Rey ha mostrado su agradecimiento por "este muy caluroso e inolvidable recibimiento" y ha declarado que tenía contraído el "compromiso" de visitar Melilla como jefe del Estado, a lo que se unía un "profundo deseo".

En su primera visita a la Ciudad Autónoma desde que accedió al trono hace 32 años, Don Juan Carlos reconoció que "no podía dejar más tiempo" sin visitar Melilla, a la que calificó como "ciudad moderna y que mira al futuro".

Por ello, trasladó a los melillenses su afecto y "mayor cercanía" y subrayó "con satisfacción" cómo "la inconfundible personalidad histórica y la riqueza cultural" de la ciudad "se ha sabido enriquecer con un armónico espíritu de integración y convivencia".

El presidente de la ciudad autónoma, Juan José Imbroda, hiló un discurso en el que reivindicó la españolidad de Melilla "que se incorporó a la Corona de Castilla antes de que lo hiciera Navarra".

Imbroda también lanzó reproches hacia el país vecino por sus protestas ante la visita de los Reyes y afirmó "sentirse dolido por las incomprensiones o las sinrazones interesadas que nos llegan de las orillas amigas". Por este motivo, el presidente autonómico pidió "respeto mutuo" y que se "entierren los viejos tópicos".

Melilla ha estado paralizada durante varias horas y la ciudad se ha vestido por completo de rojo y gualda para recibir a los Reyes en la que es la primera visita real en los últimos 80 años.

Miles de melillenses se han echado a la calle y se han dado cita en una plaza de España, donde han ondeado más de 20.000 banderas al paso de Don Juan Carlos y Doña Sofía.

La ciudad ha estrechado sus apenas 14 kilómetros cuadrados y sus habitantes, musulmanes, cristianos, judíos o hindúes, se han unido para gritar al unísono "Viva España, Vivan los Reyes".

Desde primera hora de la mañana, las inmediaciones del Palacio de la Asamblea, donde se ha desarrollado el acto central de la visita, se han convertido en un ir y venir de personas, entre ellas María del Carmen Pons, una ciudadana que lleva a gala haber sido "la primera" en llegar y colocarse debajo del balcón desde donde los Reyes han saludado a la ciudadanía.

Esta joven melillense, que ha acudido a la cita con los reyes vestida con una camiseta roja y amarilla, asegura que no ha dormido en toda la noche y que da las 05:30 horas salió a la calle para participar en "un acontecimiento sin precedentes".
Un antes y un después

La alegría también se ha reflejado en la cara de otro melillense, Abdelkader Al-Lal, de 32 años, los mismos que el Rey ha cumplido de reinado, y que comentaba que para él la visita va a suponer "un antes y un después" para la tierra que le ha visto nacer.

Pasadas las doce y diez de la mañana, la Plaza de España se ha convertido en un clamor, justo en el momento en el que han entrado los coches oficiales, pero el mayor estruendo ha sido cuando los ciudadanos allí congregados han visto por fin a los Reyes.

Dos pantallas gigantes han servido para que los ciudadanos hayan podido seguir al detalle todo lo que ha ido ocurriendo en el interior del Palacio de la Asamblea, en cuyo balcón lucen los estandartes con los escudos de España y de Melilla.

Ante una gran presencia policial, que ha sido reforzada de manera considerable, los melillenses expresaban de una y mil maneras lo que sentían en ese momento.

"Melilla os quiere, Melilla os adora, que sepa todo el mundo que Melilla es española", gritaba Ana Hernández, famosa cantaora de flamenco de la ciudad, mientras de cerca, otros cientos de ciudadanos la seguían con frases como "Sí, sí, sí, los Reyes están aquí".

Colegios, comercios, bancos y mercados, hoy todo el mundo ha cerrado las puertas de sus negocios, incluidas también las Administraciones autonómica y central, en definitiva, una ciudad paralizada que se ha vestido con los colores de la bandera de España.

lunes, 5 de noviembre de 2007

El Rey expresa su 'gran emoción y alegría' al cumplir 'un compromiso pendiente'

 
EFE

CEUTA.- Miles de personas, 30.000 de las 70.000 que tiene Ceuta, con la bandera española en sus manos y coreando vítores a los Reyes y frases tales como "Ceuta es España" recibieron a las 12.00 horas de la mañana en la Plaza de África a Don Juan Carlos y Doña Sofía en su primera visita a la ciudad autónoma en sus 32 años de reinado.

Juan Carlos I ha expresado su "gran emoción y alegría" al visitar la "luminosa" ciudad de Ceuta, y ha señalado que este viaje se trataba de "un compromiso pendiente". "No quería dejar pasar más tiempo sin venir para expresar nuestro afecto", ha subrayado el monarca.

El Rey no ha querido comentar las críticas de Marruecos a la visita, aunque en su discurso destacó la "sincera amistad" que une a España "con sus vecinos".

Antes, ante la sede de la Comandancia General, desde la que se divisan las aguas del Estrecho, el presidente del Gobierno de Ceuta, Juan Jesús Vivas; el delegado del Gobierno, Jenaro García-Arreciado, y el comandante general de la plaza, general de división Enrique Vidal del Oño, han dado la bienvenida oficial a los Reyes, que han llegado acompañados por la ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado.

Nada más poner pie en tierras ceutíes, Don Juan Carlos y Doña Sofía escucharon los acordes del Himno Nacional y seguidamente el Rey pasÓ revista a una compañía de honores, formada por una sección de Regulares, de la Legión y de Caballería, mientras se escuchaba la marcha 'El viejo almirante' y desde el muelle de España cinco piezas de artillería disparaban las 21 salvas de ordenanza.

Nunca como hoy la plaza de África había reunido a tantos ciudadanos y con tan distinto colorido. Españoles, mujeres que se cubrían la cabeza con el velo islámico y subsaharianos que han entrado irregularmente en España en los últimos meses y que, a la espera de entrar en la Península, no dudaban en hacer ondear con sus manos la bandera de España.

Tras el baño de multitudes, los monarcas han entrado al Palacio de la Asamblea y han saludado desde el balcón. En la plaza de África se ha instalado una pantalla gigante para que todo el mundo pueda seguir el encuentro. Después han comenzado los discursos.
El presidente de Ceuta, agradecido

El primero en hablar ha sido el presidente de la comunidad autonóma de Ceuta, Juan Jesús Vivas, quien ha agradecido la visita de los Reyes, calificándola de un "acontecimiento histórico que los ceutíes nunca vamos a olvidar". Una visita que para Vivas ha sido capaz de "unir y hacer más fuerte" a los ciudadanos.

Vivas también ha querido mostrar el sentimiento de orgullo y afecto que tanto él "como todos los ceutíes" sienten por sus majestades, y ha calificado al Rey como "Un Jefe de Estado, modelo de equilibrio y cercanía. La figura más importante de España.

En cuanto a la polémica generada con Marruecos ante el histórico viaje, Vivas ha restado importancia y ha afirmado que "los Reyes han cruzado el Estrecho pero no han salido de España". También ha hecho hincapié en la entrega del bastón de mando de la comunidad a su majestad don Juan Carlos. "Es el mejor alcalde que podíamos tener", destacó.

Los Reyes inician hoy su visita a Ceuta y Melilla entre fuertes críticas de Marruecos

AGENCIAS

CEUTA | MELILLA.- Los Reyes, que viajan hoy por primera vez a Ceuta y mañana a Melilla, completan con estas visitas el mapa de España, cuando están a punto de cumplirse sus 32 años de reinado.

La polémica les acompañará durante la travesía, ya que el viaje ha sido tildado de "provocación inadmisible" por Rabat, que en respuesta ha llamado a consultas -paso previo a la ruptura de relaciones diplomáticas- a su embajador en España, Omar Azziman, y ha suspendido la convocatoria de reuniones bilaterales de alto nivel.

A pesar de la reacción del reino alauí, el Gobierno sigue confiado en que la visita de Don Juan Carlos y Doña Sofía no altere las "muy buenas" relaciones que existen con Marruecos. El ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha afirmado que esta sintonía permitirá superar las "sensibilidades" que ha despertado la visita.

Varios cientos de personas se han manifestado en víspera del viaje de los monarcas en las inmediaciones deel consulado de España en Tetuán. Además, parlamentarios marroquíes han convocado otra protesta frente a la Embajada española en Rabat, coincidiendo con el inicio de la visita.

José Luis Rodríguez Zapatero fue el primer jefe de Gobierno desde la etapa de Adolfo Suárez que viajó a las ciudades autónomas en enero de 2006, desplazamiento que también provocó el enfado de Rabat, pero en menor intensidad que en el momento actual.

Aniversario de la 'Marcha Verde'

Marruecos ha criticado que la visita de los Reyes a Melilla el día 6 coincida con el aniversario de la Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental, con la que el reino alauí presionó hace 32 años a España para anexionarse ese territorio.

Rabat también ha mostrado su desacuerdo con que el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón se declarara la semana pasada competente para investigar el genocidio de cientos de saharauis que pudieron cometer altos cargos de Marruecos durante los años 70, 80 y 90.

Por su parte, los presidentes de Ceuta, Juan Jesús Vivas, y de Melilla, Juan José Imbroda, ambos del PP, han resaltado públicamente la importancia que tiene para sus ciudades la visita real, calificada de "histórica", y que cuenta también con el respaldo de la oposición. La ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado, acompañará a los Reyes en este viaje que comenzará en ambas ciudades a las 12.00 de la mañana.

Seis horas en cada ciudad

Las dos principales plazas de esas ciudades españolas, la de África en Ceuta y la de España en Melilla, serán el centro neurálgico de la estancia de los Reyes en esas ciudades, engalanadas para la ocasión. El Rey recibirá las llaves de oro de la ciudad, en dos solemnes actos que se celebrarán en sus respectivas Asambleas, ante las que Don Juan Carlos hablará.

Pero antes los Reyes serán recibidos con los máximos honores, en dos ciudades que se integraron en el Reino de España hace más de cuatro siglos, y casi cinco antes de que naciera el estado de Marruecos como país independiente, en 1956.

Durante las seis horas que, aproximadamente, estarán Don Juan Carlos y Doña Sofía en cada una de esas dos ciudades españolas tendrán tiempo suficiente para palpar el sentir de sus gentes. Primero en la calle y después en los respectivos almuerzos que compartirán con los distintos sectores sociales de cada localidad.

Los ministros de Asuntos Exteriores de España y Marruecos, Taieb Fassi Fihri, coincidirán en la conferencia Euromediterránea, que se celebra este lunes en Lisboa. Fuentes diplomáticas españolas consultadas por Efe eludieron precisar si se va a intentar promover un encuentro entre ambos jefes de la diplomacia.

Don Juan Carlos y Doña Sofía estuvieron en Ceuta y Melilla hace 37 años, en 1970, cuando eran Príncipes, para presidir el 50º aniversario de la creación de la Legión, y cuando el futuro de la Corona española era aún incierto.

martes, 2 de octubre de 2007

El Rey sale en defensa de la Monarquía y desencadena un aluvión de apoyos

El Heredero de la Corona

Monárquicos de la secreta

La Monarquía y sus enemigos

NO es casualidad que la Monarquía se haya convertido en los últimos tiempos en objetivo a batir. Un sistema constitucional está configurado por un conjunto de decisiones políticas que forman una estructura compleja. En nuestro caso, la soberanía nacional, el Estado social y democrático de Derecho, los principios de unidad y autonomía y, por supuesto, la Monarquía parlamentaria, pilares de la Constitución vigente, se sostienen unos a otros y resultan inconcebibles como elementos aislados. Por eso los enemigos de la España constitucional han puesto a Don Juan Carlos en el punto de mira. Se trata de provocar una ruptura del modelo que ha supuesto un éxito histórico al permitir que, esta vez para siempre, España ocupe el lugar que merece entre las grandes naciones democráticas. Hay ataques que proceden de la izquierda radical, si bien el número limitado de quienes exhiben banderas y gritan consignas republicanas sitúa este fenómeno en una dimensión limitada. Más grave es el silencio, la ambigüedad o incluso el aliento que les otorgan gentes perfectamente instaladas en el sistema y que deben sus puestos a las libertades que garantiza la Corona. Peor todavía es la deslealtad disfrazada de adhesión racional. Algunos se permiten poner notas a Don Juan Carlos, como si fuera un joven alumno, en nombre de la intolerable soberbia de quien se atribuye la facultad de decidir sobre el bien y el mal. En política todo está inventado. Desde la Grecia clásica, esta actitud se llama demagogia. El populismo es la forma contemporánea de un fenómeno que halaga las pasiones frente a la razón. Con ese fin, resulta sencillo utilizar a antiguos radicales de extrema izquierda que han dado el salto a la extrema derecha y se permiten, en nombre de sí mismos, pedir -ayer otra vez- la abdicación del Monarca. Por lo demás, no ofende quien quiere sino quien puede. Desde este punto de vista, ABC sólo puede esbozar una sonrisa distante cuando otro diario habla de «aldeanismo» o «provincianismo». Las comparaciones son odiosas, y algunos deberían evitarlas por su propio bien.

Don Juan Carlos dijo ayer en Oviedo que la Monarquía parlamentaria ha ofrecido a todos los españoles un largo periodo de estabilidad y prosperidad. Es significativo que Don Juan Carlos tenga que salir en su propia defensa. Frente a la «pinza» de los extremistas de uno y otro signo, la inmensa mayoría social es consciente de la deuda que todos tenemos contraída con la Corona. A pesar de algunos silencios lamentables, crece el número de voces sensatas que ponen de manifiesto el sentimiento colectivo. Los partidos han mirado para otro lado durante algún tiempo, aunque ahora ya se escuchan las pertinentes expresiones de apoyo. Los empresarios, a través de la CEOE, y los sindicatos, como es el caso de UGT, han sabido estar a la altura de las circunstancias. Los obispos han dicho ya lo que mucha gente estaba deseando que dijeran. Frente a la extraña pasividad inicial del portavoz de la Conferencia Episcopal, tanto monseñor Cañizares como monseñor Blázquez, dos prelados a los que se atribuyen sensibilidades diferentes, han pronunciado palabras inequívocas. El presidente de los obispos afirma expresamente que su cercanía a la Familia Real no se limita al ámbito personal, sino que alcanza a la propia institución. Se trata, por tanto, de una descalificación en toda regla hacia el locutor que se permite comentarios despectivos y propaga falacias intolerables ante la pasividad de los responsables de la emisora episcopal.

Lo más repugnante en todo este asunto es la utilización insidiosa de las víctimas del terrorismo, mediante la incalificable afirmación del comunicador en cuestión de que el Monarca está alejado de ellas. La carta abierta publicada hace unos días en ABC es un testimonio concluyente por parte de quienes han sufrido de verdad el daño irreparable que provoca la violencia criminal. Algunos fanáticos o ignorantes, alentados por la malevolencia intencionada de unos pocos, pretenden pasar factura al Rey por su liderazgo moral y político en la Transición. Otros, que se consideran más sutiles, hacen un gesto a medias entre el ridículo y el chantaje, al declararse «protectores» de la Corona siempre que el Monarca haga lo que ellos le manden. Incluso pretenden envolver ese «amarillismo» populista a través de coartadas como la de situar en puestos que carecen de poder efectivo a personas procedentes del mundo académico y cuya imagen pública está vinculada con la Monarquía. Es, en definitiva,una trampa tras otra, siempre al servicio de proyectos de lucro económico y ambiciones personales con la intención de cumplir expectativas insatisfechas en otros tiempos. Cuando se superan ciertas barreras éticas, todo vale, incluso poner en cuestión los cimientos del Estado democrático, propagando teorías falsas sobre el mayor atentado de la historia de España y dando juego a personajes turbios que no merecen ninguna credibilidad.

Vivimos un momento de máxima gravedad para el futuro de la España constitucional, a pesar de que cuenta con el apoyo de una inmensa mayoría de los ciudadanos. Ibarretxe lanza un desafío al Estado. ETA expresa criterios que coinciden en términos objetivos con los propósitos del PNV. Desde Cataluña, crecen las presiones para que se acepte como sea un Estatuto inconstitucional, bajo la amenaza de males mayores. El Gobierno reacciona de forma tibia y está sólo atento a sus intereses electorales. El PP mantiene con solidez los principios esenciales, pero recibe fuertes presiones mediáticas que no siempre es capaz de reconducir. En este contexto, a pocos meses de las elecciones, la campaña contra el Rey es mucho más que una anécdota para convertirse en un grave peligro para la solidez del sistema. Hay muchas formas de debilitar a la Monarquía, unas más aparentes y otras, a la larga, más peligrosas. Entre ellas, la pretensión de convertir a la Corona en apéndice de ambiciones inconfesables. El problema es que el Rey no está al servicio de personas o de grupos organizados, ni lo va a estar nunca, aunque para ello tenga que soportar injurias y mentiras. ABC cumple con su obligación cuando denuncia la «pinza» que practican los extremistas de uno y de otro signo. Es evidente que los hechos dan la razón a este periódico, que por lo demás no necesita reiterar proclamaciones retóricas de fidelidad a España y a la Monarquía. Más de cien años de historia son un aval suficiente al respecto.

lunes, 1 de octubre de 2007

Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración del Curso Académico Universitario 2007-2008

 
Oviedo, 1 de octubre de 2007

En esta solemne apertura de Curso quiero, ante todo, reiterar mi mayor reconocimiento y gratitud a la Universidad española por su brillante trayectoria centenaria, por el prestigio acumulado y el esfuerzo volcado en su misión académica, en su vocación investigadora, y en su afán modernizador del conjunto de la sociedad española.

Un esfuerzo que se refleja en su dinámico presente de servicio a los hombres y mujeres de España, a nuestra ciencia y cultura, a nuestra libertad y a nuestro bienestar.

Una labor que reclama un renovado estímulo y respaldo a sus claustros de profesores, a sus equipos de investigación, a su personal administrativo y de servicios, y a sus alumnos, conscientes de que en la Universidad, en su fuerza y vitalidad, reside la mejor garantía de futuro para todos.

Estímulo y respaldo, sobre todo, para que prosigan con eficiencia en su empeño por alcanzar nuevas cotas de excelencia y por superar los retos de cada momento.

Agradecemos muy sinceramente la amable acogida que nos han brindado las distintas autoridades presentes, en particular las de la Universidad de Oviedo que representa al conjunto de las Universidades españolas en este Acto.

Hoy siento un especial orgullo y esperanza al inaugurar, junto a la Reina, el Curso Universitario para toda España en esta muy querida ciudad de Oviedo.

Orgullo por lo que el Principado de Asturias representa para toda España, por el carácter recio, hospitalario y laborioso de los asturianos, por la solera y dinamismo con que Oviedo se presenta al mundo, y por lo que esta prestigiosa Universidad nos ha aportado y nos aporta.

Esperanza, al mismo tiempo, por las múltiples ilusiones, nuevos proyectos y renovados ideales, que siempre encontramos en quienes integráis la Comunidad Universitaria española.

Nos alegra muy especialmente que este Acto tenga lugar en la Universidad de Oviedo cuando se inicia un importante Curso Académico, marcado por la celebración del Cuarto Centenario de su creación.

Una efeméride por la que queremos felicitar con todo afecto a esta Universidad, fundada por el Arzobispo Valdés Salas, a la que mucho debemos por su fecunda aportación a la más sólida tradición de la Universidad española.

Verdadera cantera de ilustres personalidades, de grandes humanistas y juristas, científicos y profesionales, que han sabido enriquecer nuestra cultura y alentar nuestros mejores afanes de superación.

Como tal, esta Universidad contribuyó a la regeneración cultural española en el tránsito del siglo XIX al siglo XX, gracias al empuje de aquellos destacados intelectuales aglutinados en torno al llamado "Grupo de Oviedo".

A ella también debemos el impulso modernizador, derivado de iniciativas como la Extensión Universitaria, fundada en su seno en 1908.

Aquellos innovadores y sabios profesores demostraron su profunda convicción y compromiso con el papel fundamental que la educación desempeña en el progreso y desarrollo de los pueblos.

Un papel que no ha hecho sino acrecentarse en este mundo en que vivimos, caracterizado por la globalización, el rápido avance del conocimiento, y la implantación de las tecnologías de la información y la comunicación.

Generar, preservar y transmitir el conocimiento, constituyen los tres vértices esenciales de la Institución Universitaria.

Asegurar la formación intelectual y científica de los estudiantes, hacer de ellos profesionales responsables y competentes, así como promover la tarea investigadora, siguen siendo las misiones básicas que nuestra sociedad espera de su Universidad.

Como elemento generador de capital humano y dinamizador de la I+D+i, la Universidad es un factor decisivo para el florecimiento intelectual de la sociedad, para el crecimiento de toda economía abierta, moderna y competitiva.

Pero, también, lo es para formar jóvenes comprometidos con los valores de la convivencia democrática, del entendimiento y del respeto mutuo, de la tolerancia y de la libertad.

Valores que han determinado el más largo período de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España, en el marco del modelo de Monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución.

En suma, la Universidad no puede entenderse al margen de su innata proyección social, de su papel crucial en la formación integral de personas capaces de impulsar la España del mañana, en armónica y fructífera vida en común.

Por ello, para encarar con éxito nuestro futuro, debemos hacer de la educación una prioridad esencial, apostar por su extensión y desarrollo.

Hacer de ella un instrumento capaz de lograr la mejor integración de ciencia y humanismo, de acción y reflexión, al servicio de la promoción personal y del progreso colectivo.

Hoy la Universidad redobla sus esfuerzos, no sólo para alcanzar nuevos logros científicos, culturales, económicos y sociales, sino para estimular sus actividades de cooperación internacional, de integración y de solidaridad.

También trabaja con tesón para favorecer el conocimiento de otras lenguas y culturas, así como de nuestro entorno internacional, especialmente europeo, del que depende nuestro bienestar cotidiano cada día más.

En este sentido, España y su Universidad están comprometidas con la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior. Un espacio de competencia, pero también de movilidad y oportunidades.

El Curso Universitario 2007-2008, que ahora comienza, será fundamental para afianzar la mejor participación española en ese gran proyecto universitario europeo.

Un proyecto cuyo éxito requiere mucha coordinación y esfuerzo, contando con la implicación de toda la Comunidad Universitaria Española: docentes e investigadores, estudiantes, y personal de administración y de servicios.

Reitero el profundo tributo de admiración, respeto y gratitud que la Corona debe a la Universidad española en nombre de todos nuestros ciudadanos.

Mi elogio a la muy valiosa y sacrificada labor de sus profesores e investigadores, cuyo esfuerzo diario explica el alto nivel científico y docente de sus Aulas, así como la excelente preparación de miles de nuevos profesionales.

Mi aliento y estímulo se dirigen, asimismo, a todos los alumnos que afrontan este nuevo Curso, cargados de nuevas ilusiones y de la firme voluntad de aprovechar las oportunidades que les abre su formación universitaria.

Al inicio de este Curso Académico, deposito las mayores esperanzas en el conjunto de las Universidades españolas para avanzar unidos en la construcción de una España siempre mejor.

Declaro inaugurado el Curso Académico Universitario 2007-2008.

Habla el Rey: «La Monarquía Constitucional ha propiciado el periodo más largo de estabilidad»

OVIEDO. EFE 

El Rey destacó hoy que "la monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución" ha determinado "el más largo periodo de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España".
Don Juan Carlos, que presidió la apertura del curso universitario en Oviedo, pidió que se forme a los jóvenes en "convivencia democrática, entendimiento y respeto mutuos, tolerancia y libertad" porque son esos los valores que han hecho posible este periodo de estabilidad democrática.