jueves, 31 de diciembre de 2020

España, con su Rey

Daniel Berzosa 
El debate de hoy

"En un año que —al menos, desde el 14 de marzo— tendría que haber sido de todos a una, Fuenteovejuna, y, lamentablemente, no ha ocurrido en la dirigencia política del país, la Corona, el Rey, Don Felipe VI ha mantenido el norte en todo momento, predicando con el ejemplo. Tanto de su misión constitucional o política, como de su misión histórica o institucional, como de su misión personal o concreto desarrollo de las dos anteriores."

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domingo, 27 de diciembre de 2020

Todo un Rey

Carmen Remírez de Ganuza 
Vanitatis

 ¿Y dicen que no dijo nada? Que un rey ponga la moral por encima de la familia y lo exprese de manera explícita no solo no es nada, sino que es mucho más de lo que cabría esperar de un miembro de una dinastía. Infinitamente más de lo que ningún monarca, salpicado en su Casa por la sombra de la corrupción a lo largo de la historia, haya aceptado pensar siquiera.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Con todos y para todos

Daniel Capó
El Subjetivo

"El Rey nos ha hablado no con el abecedario de la política, tildado de oportunismo, sino con el lenguaje de la paternidad, esa convicción firme de que -a pesar de todo- también esto pasará."

viernes, 25 de diciembre de 2020

El Rey, una garantía para España

Editorial ABC

Con su tradicional mensaje de Nochebuena a todos los españoles, Su Majestad el Rey dio un impecable ejemplo de defensa de la Constitución como garante de «nuestro modo de entender la vida, de nuestra visión de la sociedad, de la dignidad del ser humano y, por supuesto, de nuestros derechos y libertades en democracia». La reivindicación de la Constitución, no como un texto heredado en trámites de caducidad, sino como el fundamento vigente y más sólido de nuestra convivencia frente a quienes se han propuesto derruirla, fue uno de los mensajes más relevantes de Don Felipe, quien además hizo hincapié en que «todos tenemos el deber de respetarla». Fueron sin duda palabras de concordia en unos momentos en los que el independentismo y el populismo de extrema izquierda mantienen su ofensiva contra la Carta Magna, con intentos constantes de derogar muchos de sus postulados esenciales por la vía de los hechos consumados.

No es hora de dar por superada la Constitución, sino de realzarla como solución útil y próspera para muchos de los males que aquejan a nuestra sociedad y frente a quienes alientan la fractura social, la división política y la polarización ideológica de los españoles. De hecho, Don Felipe recordó, invocando un «gran esfuerzo nacional» para la recuperación de España tras la trágica pandemia que nos ha marcado para siempre, que la Constitución es la clave de los avances y progresos conseguidos en democracia, y que a su vez, estos son «el resultado del reencuentro y el pacto entre los españoles después de un largo periodo de enfrentamientos y divisiones». La unidad en los valores democráticos frente a quienes alientan la división, el respeto a la pluralidad sin imponer criterios excluyentes y sectarios, o la capacidad de dialogar para alcanzar acuerdos políticos, son determinantes. Son principios que, como sostuvo Don Felipe, no pueden perder «nunca vigencia por el paso de los años». Por eso, el revisionismo constante que algunos partidos impulsan desde el revanchismo no deberían tener cabida en la España de concordia que reafirmó el Rey con nitidez.

Respetar nuestros principios democráticos y cumplir con las leyes vigentes, en lugar de desobedecerlas -una conducta arquetípica del separatismo-, debe complementarse además con la preservación de los valores éticos inherentes a todos los poderes públicos e instituciones, incluida desde luego la Corona. En este contexto, Don Felipe volvió a trazar una nítida línea roja frente a los comportamientos poco ejemplares ocurridos en su propia familia, en especial con la figura del Rey emérito, Don Juan Carlos, quien por primera vez en democracia estuvo ausente de España en una Nochebuena. En 2014, con motivo de su proclamación ante las Cortes, Don Felipe ya subrayó su indiscutible compromiso y respeto por los principios morales y éticos que los ciudadanos exigen de quienes integran los poderes públicos, desde la Jefatura del Estado hasta el último funcionario. Lo mismo hizo el pasado 15 de marzo, cuando se desmarcó taxativamente de las conductas abusivas y poco ejemplares que diversas investigaciones atribuían a su padre.

El Rey no solo no rehuyó esta espinosa cuestión, que sin duda le afecta como hijo, sino que tuvo la valentía de volver a marcar distancias: esos principios «nos obligan a todos sin excepciones y están por encima de cualquier consideración, de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares». El Rey fue concluyente, lo cual es digno de elogio, en la protección de la Corona por encima de las personas insertas en comportamientos irregulares. Por eso incidió en el «espíritu renovador» que inspira su reinado desde el primer momento. Habrá partidos -esos que han iniciado una cruzada de acoso y derribo a la Monarquía desde el seno del propio Gobierno, y que jamás respetan la presunción de inocencia para nadie que no sean sus militantes- a los que no les parezcan suficientemente contundentes las palabras de Don Felipe. Pero sí lo son. Nadie con un mínimo de objetividad podrá sostener que Don Felipe ha declinado sus responsabilidades como Jefe del Estado aun a costa de sufrir fricciones familiares muy dolorosas.

La Monarquía parlamentaria es la auténtica garantía de que nuestro sistema político diseñado en la Transición siga siendo válido para España. Y más aún en estos momentos de zozobra e incertidumbre ciudadana, con una profunda recesión económica en marcha, con muchos empresarios castigados por la pandemia o directamente en la ruina, y sobre todo con cientos de miles de personas echando de menos a tantos seres queridos arrastrados por el coronavirus a la muerte. El emotivo recuerdo para todos ellos, y para todos los colectivos sanitarios que han luchado, y lo siguen haciendo aun a costa de su propia salud, demuestra que Don Felipe es el Rey que merecemos tener porque su compromiso con España, y con nuestro futuro, es irreversible. Es hora de que España, con su Rey al frente, se quiera a sí misma y deje de hacerse daño.

Discurso de Navidad del Rey: “Los principios éticos están por encima de consideraciones familiares”

El País 


Los principios morales y éticos "obligan a todos sin excepciones" y "están por encima de cualquier consideración, incluso de las personales o familiares", ha dicho en su discurso de Nochebuena el Rey, en una alusión velada a las sospechas de corrupción que pesan sobre su padre, Juan Carlos I. Fueron solo 87 palabras al final de un discurso de 1.697, el mensaje navideño más largo de los siete que Felipe VI ha pronunciado hasta ahora. La mayor parte de su intervención la dedicó a transmitir ánimo a la sociedad ante el sufrimiento causado por la pandemia y a llamar a un "gran esfuerzo nacional" para superar sus consecuencias.


"Ya en 2014, en mi proclamación ante las Cortes Generales, me refería a los principios morales y éticos que los ciudadanos reclaman de nuestras conductas", ha señalado Felipe VI. "Unos principios que nos obligan a todos sin excepción; y que están por encima de cualquier consideración de la naturaleza que sea, incluso de las personales o familiares", añadió.


Las palabras que ha empleado para referirse a su padre, sin mencionarlo, han sido muy medidas. No ha dicho que "la Justicia es igual para todos", como hizo el propio Juan Carlos I en 2011, en alusión a su yerno Iñaki Urdangarin, implicado en el caso Nóos. Hacerlo habría supuesto reconocer que el rey emérito tiene problemas con la justicia y, de momento, la Fiscalía del Supremo no ha presentado denuncia por los tres asuntos que está investigando.


El Rey ha preferido hablar de "principios éticos" porque, aunque fuera exonerado penalmente, Juan Carlos I ha presentado ante Hacienda una propuesta de regularización de casi 700.000 euros; lo que supone reconocer que cometió fraude fiscal.


Desde que, el 15 de marzo, la Casa Real anunció que Felipe VI retiraba a su padre la asignación económica oficial y renunciaba a cualquier herencia que pudiera corresponderle de sus bienes en el extranjero, el Rey no se había referido en público a la situación de Juan Carlos I, instalado en Abu Dabi desde que salió de España el 3 de agosto. Eso había generado la expectativa de que lo hiciera en su discurso navideño.


Finalmente, el Monarca optó por reivindicar los principios éticos que, dijo, le guían desde su discurso de proclamación, el 19 de junio de 2014, cuando subrayó que la Corona "debe observar una conducta íntegra, honesta y transparente". Y agregó que estos principios están por encima de cualquier consideración de tipo personal o familiar. "Así lo he entendido siempre, en coherencia con mis convicciones, con la forma de entender mis responsabilidades como jefe del Estado y con el espíritu renovador que inspira mi reinado desde el primer día", añadió. Al vincular "la conducta íntegra, honesta y transparente" con el "espíritu renovador" de su reinado, cabe deducir que no siempre fue así.


Frente al lenguaje eufemístico empleado para referirse a la situación de su padre, el Rey ha usado un tono directo y emotivo al abordar los efectos de la pandemia. Ha aludido a las medidas sanitarias que han impedido reunirse a muchas familias estas Navidades, al "vacío imposible de llenar" dejado por los fallecidos, a quienes siguen luchando contra la enfermedad y sus secuelas, a los que viven "la angustia del desempleo" o la tristeza por haber perdido su negocio. "2020 ha sido un año muy duro", ha afirmado, asumiendo que muchos caigan en "el desánimo o la desconfianza". Aunque "la situación es grave", ha pedido afrontar el futuro con determinación: "Ni el virus ni la crisis económica nos van a doblegar [...] Con esfuerzo, unión y solidaridad, España saldrá adelante", ha enfatizado.


Tras asegurar que la superación de la crisis vendrá de la mano de la ciencia, con vacunas —las primeras se administrarán en España el domingo— y tratamientos eficaces, ha subrayado que "la responsabilidad individual sigue siendo imprescindible" y ha pedido "no bajar la guardia".


El Rey ha advertido del riesgo de que la crisis económica causada por la covid-19 "derive en una crisis social", señaló que los jóvenes "no pueden ser los perdedores" y ha instado a "proteger a los más vulnerables y luchar contra las desigualdades que la pandemia ha creado o agravado".


Ante la dimensión de los retos, "enormes pero no insalvables", ha pedido "un gran esfuerzo colectivo [...], un esfuerzo nacional" para superarlos. España, ha dicho, "se ha sentido más unida que nunca en su lucha y resistencia" ante la pandemia; y, aunque hay "aspectos que necesitan ser mejorados y reforzados", ha demostrado ser "una sociedad fuerte con un Estado sólido", como han ejemplificado las Fuerzas Armadas, Cuerpos de Seguridad, Protección Civil, Emergencias y otros servicios públicos.


Europa y la Constitución

El Rey ha elogiado el "compromiso firme" de la UE "con la sostenibilidad y recuperación económica", a través del programa de reconstrucción, que para España supondrá hasta 140.000 millones en ayudas europeas, lo que ofrece "una oportunidad de avanzar y progresar".


Y ha reiterado su compromiso con la Constitución, a la que, ha dicho, "todos tenemos el deber de respetar", ya que "es el fundamento de nuestra convivencia social y política; y representa, en nuestra historia, un éxito de y para la democracia y la libertad".


Frente a la polarización política, Felipe VI ha recordado que los avances de los últimos años "son el resultado del reencuentro y el pacto entre los españoles después de un largo periodo de enfrentamientos y divisiones". "Los valores democráticos, el respeto a la pluralidad y las diferencias y la capacidad de dialogar y alcanzar acuerdos son principios que no pierden nunca vigencia", ha señalado. "Con esfuerzo, unión y solidaridad, España saldrá adelante. Con todos y para todos. Y, como Rey, estaré con todos y para todos", ha subrayado, dejando clara su voluntad de ser Rey de todos los españoles y no solo de una parte.

martes, 22 de diciembre de 2020

Normalizar a la Corona en Cataluña

ABC

Sus Majestades los Reyes acudieron ayer a Barcelona para hacer entrega del Premio Cervantes al escritor catalán Joan Margarit, galardonado con la máxima distinción de nuestras letras en 2019, aunque lamentablemente la pandemia impidió la pasada primavera la tradicional celebración de un acto tan representativo. El momento escogido ha sido ahora, con el desplazamiento de Don Felipe y Doña Letizia a la Ciudad Condal, acompañados por el ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes. Fue, según la versión oficial, un acto íntimo y de carácter privado celebrado en un hotel barcelonés con la exclusiva presencia de los familiares del escritor premiado. Sin embargo, sorprende que la entrega de un galardón de esta entidad no figurase previamente en agenda pública alguna, y que solo fuese conocido por la opinión pública cuando ya se había celebrado. Llueve sobre mojado cuando se trata de una visita de Don Felipe a Cataluña, y aunque es comprensible la aspiración de todos los poderes públicos por rebajar al máximo el tono de crispación que siempre agita el separatismo para arremeter contra la Corona, lo cierto es que no puede normalizarse que el desplazamiento del Jefe del Estado a una parte del territorio español deje de ser algo natural y lógico. Antes o después, el Gobierno tendrá que asumir el riesgo de que se interprete que Pedro Sánchez prefiere esconder al Rey antes de generar un conflicto con sus socios independentistas. Porque Cataluña es a todos los efectos una comunidad autónoma más.

Hace unos meses el Gobierno optó por vetar al Rey para que no acudiese a Barcelona a entregar los despachos de los nuevos jueces en la Escuela Judicial. En aquel momento Don Felipe se excusó con el propio presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, porque era evidente que fue el ministro de Justicia quien había considerado no idónea la presencia del Rey. En aquel momento, el Gobierno invocó de modo absurdo cuestiones de seguridad, como si el Estado no tuviese mecanismos de sobra para garantizar la asistencia del Rey a un acto oficial en condiciones de absoluta normalidad. Se trataba de pagar el enésimo peaje al independentismo, con el que Sánchez empezaba a negociar su apoyo a los Presupuestos Generales. Además, en aquellos momentos estaba a punto de dictarse la sentencia que finalmente inhabilitó a Joaquim Torra como presidente de la Generalitat, y el Ejecutivo empleó un criterio de oportunidad política para no irritar al secesionismo, con sus líderes en prisión por sedición. Sin embargo, flaco favor hace La Moncloa a la Casa Real con el ninguneo constante al que someten al Jefe del Estado. Más aún, cuando desde el propio Gobierno los ministros de Podemos se jactan abiertamente de estar preparando la proclamación de otra república en España.

La defensa que hace Sánchez del Rey es insuficiente. Lo ocurrido ayer, alegando que se trataba de un acto íntimo porque no se quería abrumar al escritor, de avanzada edad, demuestra que priman los intereses políticos del Gobierno sobre cualquier guión institucional. Y eso ensombreció el acto más relevante para nuestra literatura, y también para la reivindicación del español como lengua universal. Cuando Margarit fue premiado, ni siquiera se sabía que el Ministerio de Educación iba a ceder ante el nacionalismo revocando la condición del español como lengua vehicular en las aulas. Hoy todo cuadra porque el Gobierno de Sánchez no da puntada sin hilo. Lo ocurrido ayer va más allá de estrictas razones de prudencia. Se semiocultó de manera consciente un acto en el que una vez más el Gobierno actuó de modo impropio con la Corona.

domingo, 22 de noviembre de 2020

Una Monarquía de todos por la democracia

El Mundo 


Una Monarquía que "integra a todos los españoles" para asegurar "el efectivo ejercicio de todas sus libertades". Son las dos ideas centrales de la alocución que pronunció hace hoy 45 años Juan Carlos I en su proclamación como Rey de EspañaFranco había muerto dos días antes. Y el monarca asumió su responsabilidad con un discurso largamente preparado, muy medido como exigían las circunstancias históricas, pero en el que estaban ya todas las claves del proyecto político que en apenas unos meses pilotaría para conducir a nuestro país desde la dictadura a una democracia plena y del todo homologable a las del entorno. "Todo dependerá del primer discurso", le había repetido al todavía Príncipe Torcuato Fernández-Miranda, su mentor. Y, en efecto, sus palabras debían servir tanto para calmar a los inquietos sectores de poder del viejo régimen como para trasladar un mensaje inequívoco de renovación y esperanza al conjunto de la ciudadanía y a todos los expectantes grupos de oposición.

Este 45º aniversario coincide con un momento de zozobra en la Casa del Rey por los escándalos de naturaleza económica que señalan a Don Juan Carlos y que nada tienen que ver con el actual titular de la institución, su hijo Felipe VI. Pero coincide también con una feroz y oportunista campaña contra la Corona por parte de la izquierda radical en el Gobierno y de partidos independentistas. Pretenden así en realidad tumbar la Constitución del 78 y el actual sistema político, incluido el principio fundamental de que la soberanía nacional es indivisible y reside en el pueblo español. Con tal fin, asistimos a un preocupante revisionismo y falseamiento de nuestra historia. Por ello es tan importante combatir las falacias con las razones de los hechos incontestables. En el caso de Juan Carlos I, está bien acreditado que mucho antes de que muriera el dictador su hoja de ruta estaba clara: conducir al país hacia un sistema de libertades como las de cualquier democracia europea. La Transición, que arrancó con aquel discurso clave del 22-N, fue modélica. Y los españoles hemos disfrutado gracias a la Constitución del 78 del mayor periodo de prosperidad. Hoy se podrán lamentar conductas nada ejemplares de Don Juan Carlos que ensombrecen su figura, pero en modo alguno se le puede negar su importantísimo legado y su papel central en la consecución de la democracia.

domingo, 18 de octubre de 2020

El Rey exige a las instituciones que se pongan «al servicio de los ciudadanos»

El Rey ha exigido a todas las instituciones, en sutil alusión a los tres poderes del Estado -Gobierno, Parlamento y poder judicial-, aunque también se incluyó a sí mismo, que estén «siempre, y ahora más que nunca, al lado y al servicio de los ciudadanos» y ha reclamado «un gran esfuerzo nacional de entendimiento y concordia» para afrontar la pandemia y la situación económica. Además, ha hecho una defensa de la «España democrática» y de la Constitución, como garantía de convivencia, dignidad y libertad. Y ha rendido homenaje a los muertos y, especialmente, a los sanitarios muertos por el Covid.

Don Felipe ha hecho este llamamiento este viernes, durante la entrega de los premios Princesa de Asturias, que se ha celebrado en el Salón Covadonga del Hotel La Reconquista de Oviedo. A la ceremonia casi íntima apenas han asistido cuarenta personas, frente a las 1.300 que acudían en las anteriores ediciones al Teatro Campoamor, antes de que la pandemia del Covid obligara a trastocar todo. De esas cuarenta personas, cinco eran miembros de la Familia Real -los Reyes, la Heredera de la Corona, la Infanta Sofía y la Reina Sofía-, veinte eran premiados y el resto, autoridades y responsables de la Fundación Princesa de Asturias. Entre ellos, los presidentes del Congreso, Senado y CGPJ y Tribunal Supremo, la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, y el líder de la oposición, Pablo Casado.

Esta vez no hubo público, ni invitados ni saludos ni recepciones ni fabada compartida ni arroz con leche, para prevenir contagios de Covid. Y las bandas de gaitas, que normalmente inundan la ciudad con su música, se restringieron al mínimo durante la ceremonia. Pero el Rey pudo utilizar la tribuna de los premios Princesa de Asturias para hacer un llamamiento a todas las instituciones y exigirlas «sentido del deber», «rectitud» y «responsabilidad», en lugar de batallar destructivamente entre ellas.

Esfuerzo de entendimiento

«Ahora, cuando tantas personas se han enfrentado y se siguen enfrentando a situaciones tan graves y complejas por la pandemia; cuando muchos ciudadanos sienten una gran incertidumbre y preocupación por su situación económica, es necesario que todos hagamos un gran esfuerzo colectivo, un gran esfuerzo nacional, de entendimiento y de concordia», advirtió el Rey.

Es más, Don Felipe elogió la actitud del pueblo español al que puso como ejemplo ante las instituciones. «Durante esta crisis la inmensa mayoría del pueblo español está dando pruebas inequívocas de resistencia y entereza -manifestó-. Su ejemplo no puede ser un esfuerzo estéril ni caer en el olvido. Y ese ejemplo nos exige a todas las instituciones estar siempre -y ahora más que nunca- al lado y al servicio de los ciudadanos; requiere conducirnos con sentido del deber, con la mayor responsabilidad, y con la máxima integridad y rectitud, para que el interés nacional prevalezca y los intereses generales de los españoles sean nuestro norte y guía».

La «España democrática»

Don Felipe también defendió los principios y valores de la Constitución de 1978: «La España democrática fue lo que dio sentido a la razón de ser de nuestra Fundación -relató-. Desde su nacimiento, hace ahora 40 años, nuestra Fundación ha trabajado sin descanso, cultivando siempre sus profundas raíces en el saber, el pensamiento, en el amor a la ciencia y la cultura, en la solidaridad; y ha ido creciendo gracias a la permanente savia que, al igual que nuestra sociedad, ha recibido de nuestra Constitución: un compromiso histórico que garantiza día a día nuestra convivencia democrática, la dignidad del ser humano, y sus derechos y deberes como ciudadano en libertad. Un compromiso permanente, en suma, con nuestros principios y valores constitucionales».

Los tacones de la Heredera

Antes de que el Rey tomara la palabra, lo hizo la Princesa de Asturias. Afortunadamente, la Heredera de la Corona pudo debutar el año pasado en el Teatro Campoamor, con una ceremonia en pleno esplendor, aunque esta edición mantuvo la solemnidad habitual. La Princesa, que el próximo 31 cumplirá quince años, lució, por primera vez en público, unos zapatos de tacón alto y fino y un vestido con más aire juvenil que infantil, un claro símbolo de que la Heredera se va haciendo mayor.

La primogénita de los Reyes leyó con perfección, haciendo pausas y sin equivocarse, y aprovechó su intervención para hacer un llamamiento a la responsabilidad de los jóvenes en plena pandemia para que eviten contagiar el virus a los mayores. «Si hay algo que mi hermana, Sofía, y yo hemos aprendido es el sentido de la responsabilidad. Nuestros padres nos lo han enseñado siempre», afirmó. «Y creo que los jóvenes de mi generación también son conscientes de ello. Un sentido de la responsabilidad que pasa por no olvidarnos nunca de las personas que nos rodean, que nos quieren y a quienes queremos (y, en ese momento, miró hacia la tribuna en la que estaba sentada su abuela, Doña Sofía)».

Y a los galardonados con el premio que lleva su nombre, les dijo: «Hemos comprobado la importancia de la solidaridad gracias a personas que, como las premiadas, son un ejemplo de cómo enfrentarse a las dificultades. Con vuestro extraordinario trabajo y talento, nos marcáis el camino».

Aunque este año había disculpa para nos asistir, por la pandemia, al final veinte premiados se desplazaron a Oviedo para recoger personalmente los galardones. Ellos fueron Carlos Sainz (premio de los Deportes), Andrea Morricone, en representación de su padre, Ennio (premio de las Artes) fallecido el pasado julio; Emmanuel Candès (premio Investigación Científica y Técnica); Cristina Fuentes La Roche y María Sheila Cremaschi, directoras de Hay Festival of Literature & Arts (premio de Comunicación y Humanidades), y los quince profesionales que representaron a los sanitarios españoles que luchan contra el Covid.

En nombre de todos ellos, intervinieron Carlos Sainz y el doctor José Eugenio Guerrero Sanz, jefe de la UCI del Hospital Gregorio Marañón y del Grupo Hospitalario Privado HM. Además, Andrea Morricone dirigió un conjunto de cuerda que, en honor de su padre, interpretó «Deborah`s Theme», uno de los temas principales de «Érase una vez América». Y los premiados que no pudieron desplazarse a Oviedo enviaron vídeos con mensajes que se emitieron durante la ceremonia.

«Nunca fuimos héroes»

Sainz agradeció el compromiso «esencial» de la Familia Real con el deporte en España, y el doctor Guerrero arrancó las lágrimas de emoción de algunos de los presentes -entre ellos, la madre y la hija de sendos profesionales fallecidos por la pandemia-, mientras intentaba convencer, sin éxito, de que los sanitarios no fueron héroes. «Nunca fuimos héroes, pero hicimos nuestro trabajo lo mejor que supimos y pudimos, conscientes de que compartíamos un destino común con toda la sociedad y que en la lucha contra el virus no era posible esperar milagros, solo valía el trabajo, la dedicación y el esfuerzo». «No fuimos héroes. O quizá lo fuimos todos -añadió-. Porque frente a una pandemia que nos obligaba al distanciamiento, supimos romper la barrera y hallar un punto de encuentro y a las ocho de la tarde, cada día, salíamos a aplaudir a la vida». Pero después el Rey zanjó la cuestión: «Nosotros sabemos que están yendo mucho más allá: que curan, investigan, ayudan, acompañan, consuelan... Sí creemos que tienen una actitud heroica... y con ella nos devuelven la esperanza».

Discurso de Doña Leonor en los Premios Princesa de Asturias

Ha pasado un año desde que participé por primera vez en esta ceremonia y no voy a olvidar ese 18 de octubre de 2019. Por su significado y por todo el cariño que recibí. Estoy muy agradecida por ello. También hoy es emocionante para mí estar aquí de nuevo. Es el 40 aniversario de la Fundación y mi compromiso con ella, con los premiados y con Asturias crece firme y sólido.

Un año después, todo ha cambiado mucho. Nuestra entrega de premios no puede celebrarse como siempre, como lo viví yo misma y como me la han contado mis padres tantas veces. Me gustaría reconocer el esfuerzo de todos los que han hecho posible que hoy estemos aquí. Por supuesto, mi admiración y respeto son también para los premiados, a quienes hoy honramos. Tenemos mucho que aprender de vosotros.

La pandemia que vivimos en España y en el resto del mundo ha alterado nuestra vida en muchos sentidos. Mi recuerdo más respetuoso es siempre para las personas que han fallecido a causa de la Covid-19 y para sus familias. Y también para quienes padecen ahora mismo la enfermedad.

Tengo casi quince años. Sigo muy de cerca, como muchos niños y jóvenes de mi edad, lo que sucede en nuestro país. Y después de haber estado meses sin ir al colegio, la vuelta a clase nos demostró que tenemos que adaptarnos a estas nuevas circunstancias, siempre con la esperanza de que todo mejore.

Pero si hay algo que mi hermana Sofía y yo hemos aprendido es el sentido de la responsabilidad. Nuestros padres nos lo han enseñado siempre. Y creo que los jóvenes de mi generación también son conscientes de ello. Un sentido de la responsabilidad que pasa por no olvidarnos nunca de las personas que nos rodean, que nos quieren y a quienes queremos.

Y también hemos comprobado la importancia de la solidaridad gracias a personas que, como las premiadas, son un ejemplo de cómo enfrentarse a las dificultades. Con vuestro extraordinario trabajo y talento, nos marcáis el camino.

Cuando en momentos como estos intentamos ser responsables y solidarios, nos aseguramos un futuro mejor. Por eso nuestros premios nos transmiten esperanza, porque son un reconocimiento para quienes, con su dedicación, trabajan sin descanso para lograr, entre todos, el progreso y el bienestar de toda la sociedad.

Muchas gracias.

Discurso del Rey en los Premios Princesa de Asturias

Quizá es este un momento en el que, de forma más necesaria, precisamos valor y esperanza. Esta ceremonia, las circunstancias en las que se celebra, la experiencia de los últimos meses, son la prueba de que nada ha sido fácil. La prueba de que hemos estado y seguimos estando sometidos -la Humanidad entera- a una presión y una tensión muy duras.

Esta crisis sanitaria ha puesto a prueba las capacidades de los Estados; ha mostrado sus debilidades y carencias como también sus fortalezas; e igualmente la trascendencia de los altos valores que deben regir la vida democrática; la importancia que, para todos, sin distinción alguna, tienen la solidaridad, la unión, en definitiva, el afecto. El valor de estrechar la mano, de un abrazo, de una caricia… Un afecto que entre todos hemos cultivado a lo largo del tiempo y que nos enlaza y nos atraviesa, dándonos vida.

El año pasado nuestra premiada de Investigación Científica y Técnica, la argentina Sandra Myrna Díaz, dedicó su premio precisamente "a todos los frágiles -nos dijo-, de cuyo amoroso batallar depende hoy y dependerá en el futuro la persistencia del tapiz de la vida".

Frente a tanta pérdida, tanta incertidumbre y tanto pesar, han renacido en nosotros también otros sentimientos y actitudes positivas que quizá en demasiadas ocasiones parecían adormecidos. Y por eso decía que más que nunca necesitamos valor y esperanza.

Con estas armas en nuestra mano, ese "amoroso batallar" que quería Sandra Myrna será -estoy convencido- más fácil. Porque de esa colaboración mutua depende, más que nunca, nuestro hoy y nuestro futuro; el de nuestro país, el de nuestra Europa y el del Mundo entero.

Hoy esa esperanza está representada por nuestros premiados, aunque no todos, tristemente, han podido viajar a Asturias, como era su deseo, y el nuestro. Ellos siguen trabajando, esforzándose. Siguen luchando día a día, desde sus distintas responsabilidades, avanzando en el camino del progreso, y del bienestar y la dignidad colectivos. Por eso hoy, movidos por su ejemplo, todos tenemos que pensar en seguir adelante, sin dejar que nos invada el desánimo. Dejando, al contrario, que nuestra vida se construya desde el compromiso. Dejando que nuestro día a día se llene de generosidad, de ayuda. Que sea la firme voluntad de construir -entre todos- lo que nos impulse y nos lleve hacia ese futuro que anhelamos.

El Premio de la Concordia 2020 ha sido concedido a los miles de sanitarios españoles que luchan, que lucháis, en primera línea contra la COVID-19. Decenas de miles de personas, en realidad, mujeres y hombres que están pagando un alto precio por su entrega y su coraje. Insisten, una y otra vez, en que no son héroes, que tan solo hacen lo que es su obligación.

Pero nosotros sabemos que están yendo mucho más allá, que curan, investigan, ayudan, acompañan, consuelan…; que cuidan y se desviven –literalmente- por los enfermos. Y sabemos que trabajan en muchas ocasiones con medios insuficientes, tratando en todo momento de mitigar el sufrimiento de quienes, desgraciadamente, no superan la enfermedad. Les agradecemos la rectitud de su comportamiento, su sacrificio, la forma en la que ponen en juego todo su conocimiento, su experiencia e incluso sus propias vidas. Por eso nosotros sí creemos que tienen, que tenéis, una actitud heroica, valiente; y con ella nos devuelven la esperanza.

Hoy, además, recordamos a los miles de personas que han perdido la vida, y con especial emoción aquí a todos los profesionales de la sanidad que han fallecido, a sus familias y allegados. Ellos son la imagen misma de la dignidad humana y representan lo mejor de nuestra sociedad; el corazón de un país que en los peores momentos debe mantenerse unido y ser capaz de enfrentarse a los más graves problemas con responsabilidad, sentido del deber y civismo.

Entre tantas ausencias definitivas que hoy nos duelen, una que a todos sorprendió y que aquí esta noche particularmente nos entristece es la del compositor italiano Ennio Morricone, que recibió este año, con el estadounidense John Williams, el Premio de las Artes. Morricone había expresado la ilusión que le hacía viajar a Asturias para asistir a este acto y aunque sentimos mucho su muerte y que no haya podido cumplir su deseo, le honramos emocionados en presencia aquí de su hijo Andrea. Grazie.

El poder evocador de las inolvidables bandas sonoras escritas por Morricone y Williams -cada una, en su estilo, todo un mundo de belleza-; y la fuerza y emoción con las que individualizan e identifican a tantas películas que jalonan gran parte de la historia del cine, son el resultado de su inmensa genialidad. También lo son de su gran amor por la música, que con expresivas palabras dejó para siempre impreso Morricone en nuestros corazones poco antes de fallecer, al transmitirnos que componía sobre todo para comunicarse, para compartir con todas las personas una experiencia única.

Y Williams, que sabemos que hoy siente de manera especial la ausencia de Morricone, ha compartido con nosotros esa confianza en la música como un arte que nos acerca, que une distancias, que nos proporciona consuelo, que alivia el sufrimiento. Por todo ello, les agradecemos hoy su humildad y grandeza.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara y el Hay Festival of Literature & Arts han recibido el Premio de Comunicación y Humanidades. Ambos acontecimientos literarios impulsan, protegen y promocionan la literatura, ayudando así a que esta ocupe un lugar destacado en la vida cultural en el mundo.

El poder de la palabra escrita, la indudable influencia que los libros y la literatura tienen en la formación cultural, y el necesario apoyo que los escritores de todo el mundo encuentran gracias a la FIL y al Hay Festival son solo algunas de sus virtudes. Están, además, la visión firme, sostenida en el tiempo y con creciente prestigio, de una forma de cultura en la que la literatura, los escritores, editores y lectores conforman un todo fundamental y básico. También la música y esa capacidad de comunicación de la que antes hablaba.

Ambos acontecimientos son, así pues, expresión de la trascendencia que tiene el intercambio cultural, el diálogo entre culturas, el disfrute de distintas formas de expresión artística y el fomento y protección de la literatura.

El Premio de Ciencias Sociales reconoce al economista Dani Rodrik, cuya tesis del trilema ha tenido un enorme impacto en el estudio del crecimiento y análisis económico, el desarrollo y la política. El Profesor Rodrik ha analizado la imperiosa necesidad que tenemos de luchar contra la desigualdad y de cooperar con los países más desfavorecidos; al tiempo que nos proporciona herramientas para tratar de comprender por qué -según su criterio- no es posible combinar plenamente la globalización con la democracia y la soberanía de los Estados.

La búsqueda de soluciones y la construcción de una sociedad más equitativa son dos de los pilares sobre los que se asienta el inspirador trabajo de Rodrik, muy necesario para tratar de resolver algunos de los más acuciantes problemas de la política económica mundial.

Sus reflexiones e investigaciones nos acercan un poco más a ese mundo que deseamos y nos enfrentan a las injusticias y desequilibrios económicos. Son ideas que cobran aún más relevancia hoy ante las consecuencias tan desfavorables que la pandemia está produciendo en las economías de tantos países.

Carlos Sainz, nuestro Premio de los Deportes, ha demostrado sobradamente su valía a lo largo de su excepcional carrera deportiva. Todos sabemos que es uno de los mejores pilotos de rallies del mundo, uno de los que más títulos mundiales ha obtenido, el primer español que ha ganado el Dakar en la categoría de coches… Así podríamos seguir destacando todos sus méritos, que ha compartido siempre con los aficionados y personas que han seguido con emoción y alegría sus triunfos a lo largo de los años y que lo han apoyado y animado siempre, en cualquier circunstancia.

Carlos ha trabajado duro desde muy pronto, con tenacidad y con hambre por competir y ganar; pero también con inteligencia, espíritu de equipo, sencillez y caballerosidad. Virtudes que lo convierten en un deportista único, en un ejemplo para todos los que amamos el deporte y vibramos y vivimos con orgullo todos sus triunfos. Lo han convertido, en definitiva, en un deportista que admiramos y queremos de manera incondicional. Carlos Sainz aún compite… y gana, pero su nombre se encuadra desde hace ya mucho tiempo en esa lista que deseamos nunca se cierre de los deportistas españoles legendarios.

La escritora Anne Carson ha recibido el Premio de las Letras. La cultura clásica, las humanidades, el mundo grecolatino, la historia, forman parte indisoluble de su estilo, marcado por una devoción por el conocimiento y una capacidad de observación realmente admirables. Nos ha dicho: "Escribo sobre lo que tengo que escribir". Una forma extremadamente humilde de expresar la magia, la hondura y la belleza de una obra que se abre al mundo para tratar de explicarlo desde el sentimiento, la emoción y la pasión.

Como escribió su admirada Virginia Woolf, "la belleza debe romperse a diario para permanecer hermosa". Así escribe Anne Carson, adentrándose con cada verso, con cada frase, en la realidad y transformándola en algo más real aún, más profundamente verdadero; permaneciendo fiel a sí misma, sin abdicar jamás de una literatura hipnótica, intensa, vanguardista, sorprendente y siempre, cargada de una indescriptible belleza.

El Premio de Investigación Científica y Técnica ha sido concedido a Yves Meyer, Ingrid Daubechies, Terence Tao y Emmanuel Candès, cuatro profesores e investigadores que han contribuido de manera trascendental al desarrollo de las teorías y técnicas matemáticas para el procesamiento de datos. Y han logrado situar a esta disciplina como eje fundamental en el desarrollo de la era digital.

Más allá de las dificultades técnicas y teóricas que entrañan sus trabajos, al acercarnos a su obra entendemos que gracias a ella se han conseguido avances fundamentales. Gracias a las ondículas de Meyer y Daubechies, y a las técnicas de percepción comprimida y de reconstrucción eficiente de Tao y Candès, muchos claroscuros de la ciencia se han hecho más accesibles: desde los trabajos en la inmensidad del Universo del Hubble hasta las imágenes mínimas de nuestro cuerpo en una resonancia magnética. Gracias, en definitiva, a las matemáticas, a su trascendencia transversal −como ha afirmado el jurado− para todas las ramas de la ciencia.

El Premio de Cooperación Internacional ha sido concedido a Gavi, the Vaccine Alliance. La ciencia, los científicos y sus investigaciones, la medicina, los medicamentos y la salud están mucho más presentes en nuestro día a día, debido a la pandemia que sufrimos. Nos hemos acostumbrado en estos últimos meses a escuchar y utilizar continuamente palabras como virus, enzima, inmunidad, anticuerpos, que antes nos resultaban más ajenas. Y hemos comprobado de manera indudable -y con dureza- la vital importancia que la investigación y el conocimiento científicos tienen para nuestro bienestar, e incluso para nuestra supervivencia.

También nos ha hecho pensar de nuevo sobre el dolor tan injusto que tantas personas en el mundo sufren al no tener acceso a todos esos beneficios, simplemente por haber nacido y vivir en lugares menos favorecidos. Para tratar de resolver este desequilibrio la alianza Gavi trabaja sin descanso. Millones de niñas y niños pueden así defenderse de enfermedades que incluso llegan a ser, gracias a las vacunas, erradicadas.

El encomiable trabajo cooperativo, y solidario de Gavi constituye un ejemplo de cómo, juntando y sumando esfuerzos, voluntades y medios, es posible trabajar por un mundo más justo. Y es nuestro deber moral exigir y apoyar el máximo rigor científico y su transparencia, para así reforzar la más amplia confianza en ese campo tan determinante para la salud y el desarrollo equilibrado y justo de la humanidad.

Señoras y Señores,

Permítanme ahora -antes de compartir alguna reflexión final- que recuerde con emoción a nuestro querido Plácido Arango, una gran persona y un gran amigo. Fue un extraordinario Presidente de la Fundación, de sólida cultura, gran inteligencia, sentido del humor, y profunda educación. Plácido tenía una capacidad para acompañar y aconsejar realmente admirables. Y estoy seguro, de que, en estos momentos, nos estaría dando un gran ejemplo de ánimo a todos para seguir adelante.

Plácido Arango impulsó y formó parte de nuestro patronato desde el principio y, al recordarlo, quiero agradecer la constante y enorme generosidad de todos nuestros Patronos, sin cuyo compromiso nuestro proyecto no sería una realidad.

Y lamentamos también la pérdida muy reciente de dos ilustres premiados:

La de "Quino" (Joaquín Salvador Lavado), a quien en el año 2014 le entregamos el Premio de Comunicación y Humanidades. Y en el corazón de Oviedo, sentada en un banco del Campo de San Francisco, quedará para siempre inmortalizado su recuerdo gracias a Mafalda, que contempla sonriente y entrañable a quienes se acercan a ella.

Y también sentimos la de Joseph Pérez, el gran hispanista franco-español, que recibió el Premio de Ciencias Sociales en esa misma edición. Como afirmé entonces, "la historia española, en sus manos, es una versión auténtica de lo que nos define y nos construye como pueblo, de lo que nos explica y da sentido a nuestra razón de ser".

La España democrática fue lo que dio sentido a la razón de ser de nuestra Fundación. Desde su nacimiento -hace ahora 40 años en este salón Covadonga donde nos encontramos-, nuestra Fundación ha trabajado sin descanso, cultivando siempre sus profundas raíces en el saber, el pensamiento, en el amor a la ciencia y la cultura, en la solidaridad; y ha ido creciendo gracias a la permanente savia que, al igual que nuestra sociedad, ha recibido de nuestra Constitución: un compromiso histórico que garantiza día a día nuestra convivencia democrática, la dignidad del ser humano, y sus derechos y deberes como ciudadano en libertad. Un compromiso permanente, en suma, con nuestros principios y valores constitucionales.

Durante todo ese tiempo, el escenario que nos ha arropado ha sido el Campoamor; un teatro cálido y acogedor, testigo de momentos inolvidables. Hoy el teatro permanece cerrado mientras celebramos este acto; pero también sabemos firmemente que volveremos, que "nuestras ceremonias de entrega" seguirán celebrándose allí donde tantas veces -desde 1981- hemos sentido una profunda emoción; donde tanto hemos aprendido de palabras, de sentimientos y de obras llenas de humanidad, excelencia y ejemplaridad.

Señoras y señores,

En mi mensaje a los españoles del pasado mes de marzo, dije que "Hay momentos en la Historia de los pueblos en los que la realidad nos pone a prueba de una manera difícil, dolorosa y a veces extrema".

Ahora, cuando tantas personas se han enfrentado y se siguen enfrentando a situaciones tan graves y complejas por la pandemia; cuando muchos ciudadanos sienten una gran incertidumbre y preocupación por su situación económica, es necesario que todos hagamos un gran esfuerzo colectivo, un gran esfuerzo nacional, de entendimiento y de concordia; y que mostremos toda nuestra energía, todo el talento de nuestra sociedad, toda la capacidad del Estado, y una voluntad y actitud inquebrantables y decididas de superación.

Durante esta crisis la inmensa mayoría del pueblo español está dando pruebas inequívocas de resistencia y entereza. Su ejemplo no puede ser un esfuerzo estéril ni caer en el olvido. Y ese ejemplo nos exige a todas las Instituciones estar siempre -y ahora más que nunca- al lado y al servicio de los ciudadanos; requiere conducirnos con sentido del deber, con la mayor responsabilidad, y con la máxima integridad y rectitud, para que el interés nacional prevalezca y los intereses generales de los españoles sean nuestro norte y guía.

Es así como la sociedad y las Instituciones que la representan se reconocen, se justifican y se comprometen con el mejor porvenir de nuestra Nación.

En el año del centenario de Benito Pérez Galdós, recordemos sus palabras siempre lúcidas: La historia, escribió, "está en el vivir lento y casi siempre doloroso de la sociedad, en lo que hacen todos y en lo que hace cada uno". Es cierto, este tiempo nuestro de incertidumbre es, quizá más que nunca, un tiempo de todos y de cada uno de nosotros. Sigamos recorriendo nuestra historia por los caminos de encuentro con la razón, el respeto y la palabra que definen la esencia y el compromiso de la Fundación con nuestra España democrática. Y que juntos celebremos el valor de la vida.

Muchas gracias.