domingo 8 de noviembre de 2009

Don Sabino habla del Presidente Suárez


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El País publica hoy una entrevista póstuma a Don Sabino concedida con motivo de un reportaje sobre el Presidente Suárez que se emitirá próximamente.

El General Fernández Campo habla de la decepción de los militares por la legalización del Partido Comunista, sin que fueran informados y contraveniendo la promesa de que no lo legalizaría. También habla de como transcurrieron las horas en Zarzuela durante la noche del 23-F y su papel junto al Rey.

A su muerte no dejó memorias, aunque sí un gran recuerdo y algunos testimonios muy valiosos. Su viuda todavía está leyendo telegramas y cartas de condolencia. "Ayer abrí el de Zapatero, precioso texto...", explicaba el pasado jueves. Sabino Fernández Campo (1918 - 2009) fue un hombre clave en el control del intento de golpe de estado del 23-F. En privado había dado detalles de aquel dramático día que se filtraron y desembocaron en papel escrito. Pero poco antes de morir lo hizo ante una cámara de televisión. Aceptó grabar una larga entrevista para un documental sobre la figura de Adolfo Suárez que aparecerá en pocas semanas. Ésta es la transcripción de una parte de la conversación mantenida con el periodista Manuel Campo Vidal. Fue como un pequeño testamento de gran valor a falta de memorias.

Pregunta. ¿Estaba Suárez informado antes de dimitir de que había movimientos militares? Recordemos que un mes después se produjo el 23-F, el intento de golpe de estado. ¿Intentó con su dimisión frenar ese golpe?

Respuesta. El caso es que meditando sobre lo que pasó, al repasar su discurso de dimisión, hay un párrafo muy significativo que dice que su presencia en el Gobierno no quiere que signifique una interrupción, un lapsus, en el desenvolvimiento democrático de España y que debe apartarse para impedirlo. Es decir, que ahí se puede interpretar que él sabía algo de eso. Verdaderamente el malestar era exagerado porque se consideraba que hubo un desprecio -debo de decirlo, yo era militar también- cuando se legalizó por sorpresa el Partido Comunista.

P. Él se había reunido con los militares en septiembre del año 76, ocho meses antes de la legalización del PCE para explicarles la reforma. ¿Cómo discurrió aquella reunión?

R. A Alfonso Osorio, que era ministro de la Presidencia, y a Andrés Reguera, que era el ministro mío, de Información y Turismo, yo les sugerí: "¿Qué tal si Adolfo reúne a los altos jefes militares y les explica su plan, para hacerles ver que es necesario cambiar, con toda prudencia? Y que les pida su ayuda para mantener la tranquilidad y el orden". Les pareció muy bien conociendo a Adolfo, que tenía una gran habilidad para hablar con la gente y convencerla de lo que fuera, porque era muy hábil en eso, muy simpático, muy agradable. Adolfo tuvo esa reunión con los tres ministros militares que había entonces y con los capitanes generales y almirantes de departamento marítimo. Acudieron con cierta reserva, con cierto recelo, "¿qué nos va a decir este muchacho, qué nos va a contar? Si él viene del Movimiento y ahora está destrozándolo todo". Había una prevención lógica en personas que llevaban tiempo viviendo un sistema y una situación. Pero salió todo estupendamente: les convenció, les pidió el favor de que le ayudaran, salieron diciendo que había que ayudarle... el entusiasmo fue enorme. Salieron dando vivas a Suárez y a su familia. Eso bien se supo.

P. Pero no contaban con la legalización del PCE más adelante...

R. Creo que el error estuvo, no en el reconocimiento del Partido Comunista, sino en la forma de hacerlo por sorpresa. En aquella reunión taxativamente dijo: "Se van a reconocer los partidos políticos pero de ninguna manera se va a reconocer al Partido Comunista". Entonces, salieron todos encantados porque la guerra había sido contra el comunismo y demás. Hubo unanimidad.

P. ¿Dónde estaba usted en aquel momento tan delicado, la Semana Santa de 1977, cuando se legalizó el PCE?

R. Yo estaba todavía en Información y Turismo. Me llama el ministro Reguera, que estaba fuera de Madrid, y me envía a una reunión con Rodolfo Martín Villa. Allí me dijo: "Desde la Dirección General de Prensa, preparar la forma de decir que mañana sale el reconocimiento del Partido Comunista". Para mí fue una sorpresa y dije: "¿Pero se ha dicho a los militares que no se cumple aquella promesa?". Él se quedó un poco parado. Me dijo que esperara; se marchó a hablar con alguien y al volver afirmó: "Está todo arreglado, no te preocupes". Pero no estaba arreglado. No sé qué pasó, el caso es que alguien aconsejó que, o se hacía de esa manera, por sorpresa, o podía haber dificultades.

P. Pero esas dificultades se hubieran producido...

R. No las hubiera habido. Eso respondo, porque yo hablé con muchos de ellos o con casi todos porque los conocía por haber estado en el ministerio muchos años. La desilusión fue enorme. Más que ofensa, lo consideraron desprecio. Es decir, reunir a todas las cabezas más importantes de las fuerzas de Tierra, Mar y Aire, hacerles una promesa seria y luego que se enteren por la prensa de que no se ha cumplido, lo consideraron un desprecio, una tomadura de pelo por lo menos. Y de ahí vinieron muchas cosas, no sé hasta dónde, pero yo creo que muchas.

P. Pero, ¿realmente ellos hubieran aceptado en otras circunstancias la legalización del Partido Comunista?

R. Si los vuelve a llamar, conociendo a Adolfo, a pesar de haber hecho esa promesa, y les dice: "Tengo que hacer una rectificación. Lo he meditado mucho y lo de reconocer al Partido Comunista va a ser indispensable para que la democracia sea plena y para conocer las posibilidades electorales de ese partido. Mantener ese grupo en la clandestinidad sería mucho peor. Mejor tenerlos controlados, con unos estatutos...". Los convence. Estoy completamente seguro. Fue una pena. Le aconsejaron, no sé exactamente quién, que, o se hace por sorpresa o no se hace, porque se van a oponer. Pero la sorpresa se consideró eso, un desprecio. Ahí comienza un malestar que se fue arrastrando. Los que estaban conformes con esa transformación empezaron a no estarlo tanto y creo que se fue transmitiendo ese malestar que pudo dar lugar, entre otros motivos, a un acontecimiento tan extraño y tan penoso como el golpe del 23 de febrero. Creo que no se hubiera llegado al 23-F sin ese malestar militar al que se unían muchas otras cosas.

P. ¿Qué otras cosas? El terrorismo...

R. Sí y la sorpresa de un cambio radical para unos señores que estaban acostumbrados a un sistema y de repente se abren las puertas a una democracia que se había considerado siempre peligrosa. Pero los hubiera convencido, porque Adolfo tenía unas condiciones para eso extraordinarias. Para eso y para muchas otras cosas. Yo lo admiro mucho y siento muchísimo la situación en la que ahora está porque es verdaderamente penosa. Pregunto al hijo, pero... Incluso un día habíamos preparado que yo fuera a almorzar con Adolfo y luego me dijo que no, porque no iba a saber quién era yo, y que lo íbamos a pasar mal todos. Le tengo un cariño enorme, admiración y agradecimiento. Pero creo que ahí estuvo mal aconsejado. Mal aconsejado porque cuando yo me entrevisté con Rodolfo Martín Villa, él fue a hablar con alguien que le dijo que estaba todo solucionado. Y se equivocó.

P. ¿Y no sabe con quién habló Martin Villa?

R. No. Yo me imagino que con un militar porque, claro, en aquel tema la opinión de un militar era muy importante. No lo sé y no se pueden hacer especulaciones porque a mí no me lo dijo Rodolfo Martín Villa.

P. ¡Qué suerte que estaba usted en la Zarzuela la noche la tarde del 23-F!

R. No, suerte no. Se hizo... vamos, el Rey es el que lo hizo todo. El Rey fue el que llamó a todos los capitanes generales. Algunos acataron inmediatamente las órdenes. El capitán general de Valencia, Milans del Bosch, también retiró los carros que había sacado a la calle. En fin, el Rey lo hizo todo, pero hubo que hacerlo.

P. De aquella noche del 23-F viene aquella frase que se le atribuye a usted desde Zarzuela: "El general Armada ni está, ni se le espera". ¿Fue exactamente así?

R. No es que yo buscara una frase histórica para grabarla en letras de bronce. Era la verdad. A mí, la conversación con el general Juste, de la Acorazada Brunete, me había hecho pensar que la presencia de Armada en Zarzuela era una cosa convenida entre ellos. Es decir, cuando eso se produzca, cuando Armada esté ahí, es que las cosas están en forma. Por eso la insistencia de Armada en ir a Zarzuela, pero yo ya empecé a aconsejar al Rey para hacer lo imposible para que Armada no subiera a Zarzuela. Porque no hay que olvidar que la organización de los golpistas fue bastante mala, por cierto, porque hasta las cosas malas hay que hacerlas bien.

P. ¿Qué otras cosas hicieron mal?

R. Pues el mismo Tejero entró diciendo en el Congreso "en nombre del Rey". Llamé a Tejero y le dije: "¿Qué haces ahí?". "Yo no recibo órdenes más que del capitán general de Valencia". Digo: "Sí, pero has entrado diciendo 'en nombre del Rey'. No vuelvas a utilizar ese nombre porque no estás autorizado". Se quedó un poco sorprendido. Luego yo creo que sí había un afán de implicar, de hacer creer que se hacía con consentimiento, o por lo menos con conocimiento, del Rey.

P. Dice Javier Cercas en el libro Anatomía de un instante que el Elefante Blanco era el general Armada.

R. Pues es probable. Ahí claro, sería muy largo detenerse en todo esto, pero había un plan primitivo que no tenía nada que ver con lo que sucedió. El general Armada, que seguía teniendo mucha relación con Zarzuela y con el Rey, un día mandó -me lo mandó a mí para que se lo hiciera llegar al Rey- un plan que decía que estaba hecho por un constitucionalista importante español, donde se hablaba de que, dada la situación difícil en que se encontraba Adolfo y el Gobierno, lo que convendría era hacer un gobierno de concentración. Daba incluso las normas. Sería un gobierno con personas de todos los partidos, de todos, porque el propio Felipe iba a ser vicepresidente, pero luego el presidente era una persona neutral, no política. Podía ser, decía, un general, un catedrático, un historiador. Realmente estaba previsto para el propio Armada.

P. Y ese proyecto, ¿tenía alguna viabilidad?

R. Eso no tenía forma porque, ¿qué es lo que se pretendía? ¿Que el Rey se presentara en el Congreso a decir que no cambiara el Gobierno? Eso era imposible. El hacerlo por las buenas... yo no encuentro forma de hacerlo. Y, además, lo que se jugaba el Rey... porque si el Rey hace una propuesta de ese tipo y no le hacen caso, pues queda completamente sin autoridad. No, eso no se hizo pero se mezcló con el asalto al Congreso por parte de Tejero. Y lo que iba a ser una propuesta pacífica, que no podía hacer más que el Rey y que por lo tanto era muy arriesgada, se convirtió en un golpe que ya derivó en la necesidad de salvar a los diputados que estaban en el Congreso. Y le puedo asegurar, firmemente, que se dio el discurso en cuanto se pudo, no esperando a nada. Quiero decir que desde el primer momento ya estaba decidida la postura del Rey, como es lógico.

P. Sabe bien que aquel retraso del discurso de don Juan Carlos dio pie a algunos a pensar que el Rey, antes de hablar, quería ver como acababa todo aquello...

R. Yo puedo asegurar rotundamente que desde el primer momento se había hecho ya el discurso, porque yo lo hice con el Rey. Cuando llamé para que mandaran una cámara -ahora hay cámaras, pero entonces tenía que venir de televisión- hablé con Fernando Castedo, el director general [de RTVE], y noté que no se expresaba bien. Yo le dije: "Mira, el Rey quiere lanzar un mensaje y ya lo tenemos hecho y tienes que mandar una cámara". "Sí, claro, pero es que...". En fin, empezó a demostrar que había dificultades. Ya deduje: "Pero, ¿es que tienes a alguien ahí?" Y dijo: "Sí". Claro, había una compañía, un regimiento de Transmisiones que había ocupado Prado del Rey. En vista de eso, el jefe de la Casa, don Nicolás Cotoner, el Marqués de Mondéjar, que era amigo del coronel al que pertenecía esa unidad, le llamó y le dijo: "Retira eso". Eso llevó tiempo. Después salió la cámara y tardó en llegar. Luego el Rey se fue a vestir de capitán general porque con todo ese apuro estaba con chándal. Hubo que devolver la cinta con todas las dificultades, que no sabíamos si la Zarzuela estaba rodeada. Es decir: no hay ningún interés y ninguna intención deliberada en que no se diera hasta la hora que se dio. Fue en cuanto se pudo dar. Luego se ha dicho que es que el Rey no daba el mensaje esperando cómo discurrían los acontecimientos en el Congreso con Armada... no. La verdad es que materialmente no se pudo hacer antes. El Rey reaccionó de una manera muy clara y muy rotunda y habló con todos los capitanes generales, aparte de dar el discurso en cuanto pudo.

P. General: muchas personas se sorprenden de que militares como usted o Manuel Gutiérrez Mellado, o antes Díez-Alegría, que venían de la dictadura, tuvieran tan claro que había que llegar a la democracia. ¿Quién les elegía a ustedes para puestos clave?

R. Eso no lo sé pero bueno, yo creo que, en definitiva, el Rey. Si yo fui a la Casa Real fue por el Rey. Pero antes de eso, pues no lo sé. De todas maneras, el general Díez-Alegría... le admiro mucho. Le admiré y creo que hizo una gran labor. No todo el mundo lo creía.

P. ¿Quién fue el mentor de Sabino Fernández Campo?

R. Pues la verdad es que nadie. La situación. En fin, no sé. El ambiente, el instinto que aquello no podía seguir, que había que cambiar, que había que ir con prudencia a una transformación política.

P. Antonio Garrigues Walker nos dice en este documental sobre Adolfo Suárez: "España es que no sabe dar bien las gracias. Las da tarde y mal".

R. Es posible, porque el agradecimiento a Suárez tenía que ser enorme. Enorme. Para mí hubo ese fallo, pero claro, ahora es muy fácil analizar lo que son los fallos. Pero entonces estábamos metidos en plena vorágine y no era fácil discriminar lo que iba a tener malas consecuencias o las tendría buenas. En general, Suárez lo hizo todo magníficamente y con una gran habilidad y tenía una gran simpatía y un gran afán de servir a España. Así que yo le admiro mucho y siento horrores la situación en que se encuentra. El hombre ha tenido tan mala suerte familiar y después, esta enfermedad que es tan penosa... Yo lo siento tanto... porque quiero mucho a Adolfo, le admiro muchísimo, tuve con él mucha relación. Fundamentalmente esa confianza que tuvo en exponerme a mí antes que iba a dimitir y las razones por las que dimitía.

jueves 29 de octubre de 2009

La Familia Real rinde un último homenaje a Sabino Fernández Campo


Madrid, 28 oct (EFE).- La Familia Real al completo ha rendido esta tarde un último homenaje al que fuera colaborador directo de Don Juan Carlos durante dieciséis años, Sabino Fernández Campo, con el funeral celebrado esta tarde por su alma en la capilla real del Palacio de El Pardo.

El arzobispo castrense emérito, José Manuel Estepa, ha oficiado la ceremonia religiosa, celebrada por deseo de Don Juan Carlos en la intimidad, con la asistencia de la familia del conde de Latores, el personal de la Casa del Rey y los colaboradores de Fernández Campo mientras trabajó en el palacio de la Zarzuela entre 1977 y 1993.

En la capilla del Pardo, los Reyes, los Príncipes de Asturias, las Infantas Elena y Cristina e Iñaki Urdangarín han seguido la ceremonia desde el lado del Evangelio, y detrás de ellos los altos cargos de la Casa del Rey: su jefe, Alberto Aza, su secretario general Ricardo Díaz Hochleitner, y el jefe del Cuarto Militar, teniente general Carlos victoria de Ayala.

María Teresa Álvarez, viuda de Fernández Campo, ha estado acompañada por los hijos del Conde, que perdió a otro llamado como él en un accidente de tráfico en 1994, sus nietos y otros familiares.

Nada más llegar a la capilla la Familia Real ha dado el pésame a la viuda y los hijos de Sabino Fernández Campo, en cuyo funeral ha estado también el anterior jefe de la Casa del Rey, Fernando de Almansa, entre otros.

Al finalizar el oficio religioso los Reyes han querido saludar a la familia de Fernández Campo y a las más de cien personas que han asistido al funeral.

Fernández Campo falleció en la madrugada del pasado lunes, a los 91 años en la clínica Ruber Internacional, donde fue ingresado el 12 de Octubre a consecuencia de una infección intestinal.

La Reina fue a visitarle y Don Juan Carlos llamó por teléfono en numerosas ocasiones para interesarse por su estado.

El mismo día del fallecimiento, el lunes 26 de octubre, los Reyes se acercaron por la tarde hasta el tanatorio de la Paz, donde se encontraba la capilla ardiente, para dar el pésame a la familia. Por la mañana estuvieron las Infantas y a última hora de la jornada los Príncipes de Asturias que ese día estuvieron en Barcelona por motivos de trabajo.

Ayer se celebró en la catedral de Oviedo, su ciudad natal, el funeral por su alma y después sus restos fueron trasladados hasta el cementerio de El Salvador, en San Esteban de las Cruces, acto que se desarrolló en la intimidad familiar y sin la presencia de autoridades.

El Rey le nombró consejero privado vitalicio cuando dejó la jefatura de la Casa del Rey en 1993.

Vivió junto al Monarca los momentos más importantes de la transición y se le recuerda especialmente por su papel el 23 de febrero de 1981, cuando el intento de golpe de Estado.

Tanto entonces como después, hasta su muerte, su vida se caracterizó por su fidelidad a la Corona y por su discreción.

martes 27 de octubre de 2009

Palabras de Don Sabino



Son unánimes las palabras de elogio dedicadas a Don Sabino por parte de personas de todos los sectores de la sociedad.

A continuación reproduzco algunas de las frases que han publicado los periódicos que dan buena idea de la personalidad de Don Sabino.

Al Rey siempre le dijo lo que pensaba. Le gustara o no. Incluso llegó a advertirle del riesgo que implicaban algunas amistades aunque en ello le fuera el cargo. "Si siempre le aplaudiera no sería leal", llegó a afirmar. El ex jefe de la casa del Rey era un hombre discreto, pero no silencioso.

"Siempre que me preguntan, opino. A mí España me interesará siempre. ¿Por qué voy a tener que callarme? ¿Por haber estado 17 años al lado del Rey?".

Sin embargo, el general no era un hombre silencioso. Le gustaba expresar sus opiniones a las claras, dejando traslucir sus profundas convicciones morales y católicas, su sentido de la unidad nacional y también sus temores.

Y es que su carrera pareció girar en torno a un concepto tan valioso como intangible: el silencio. "No está necesariamente reñido con la crítica. Yo no quiero presumir de silencio, de callarme porque no puedo decir las cosas gravísimas que sé. Pero el silencio es importante, hay muchas cosas que no interesa decir. He llegado a una edad de máxima prudencia, de no querer ofender a nadie y de pedir perdón y perdonar a los demás", decía en una entrevista concedida tras sobrepasar la barrera de los 80 años.

"Mi papel ha sido siempre secundario, se ha caracterizado por estar siempre al lado de alguien, nunca por encima. Ser secundario es no querer nunca ocupar el puesto principal, sino aconsejar bien y estar siempre al servicio", dijo de sí mismo.

"Todo el mérito es del Rey. Yo sólo tuve la suerte de estar al lado de él, suerte de la que no quiero vanagloriarme. Soy muy compañero de mis compañeros y fue muy triste que gente querida del Ejército se equivocara, lo lamenté muchísimo", decía, humilde.
El hombre que acuñó la famosa frase «ni está ni se le espera» durante muchos años no quiso hablar ni siquiera de la noche del 23-F. En otra entrevista a ABC aseguraba: «Mi papel se redujo a estar al lado del Rey, atender los teléfonos cuando Su Majestad no podía, por la gran cantidad de llamadas que se produjeron, y mantener hasta el final, de acuerdo con las instrucciones del Monarca, una decisión que se tomó desde el primer momento...»

El 22 de enero de 1990 fue nombrado jefe de la Casa de Su Majestad el Rey, sustituyendo a Nicolás Cotoner, Marqués de Mondéjar. En el ejercicio de este cargo, el 30 de abril de 1992, fue nombrado conde de Latores, con Grandeza de España, por su "larga y brillante trayectoria de servicios destacados, militares y civiles, al Estado", según el real decreto publicado en el BOE de 6 de mayo de 1992.

Para él, la lealtad era «decir siempre lo que sientes y estar dispuesto a dejar tu puesto si lo que dices no gusta». «La lealtad estriba muchas veces en la más absoluta sinceridad», decía. Él mismo se definía como «un Pepito Grillo al que en ocasiones (el Rey) tiene ganas de tirarle un mazo a la cabeza». Decía que había aprendido en el Ejército unos valores morales y éticos que trataba de aplicar en todas las situaciones.

Cuando Rosa María Echevarría le hizo una entrevista para ABC hace seis años sobre un libro que acababa de publicar —«Escritos morales y políticos»—, de repente le espetó: «Ahora bien, a mí lo que me gusta es escribir mis memorias». Ante la sorpresa incrédula de la periodista, agregó: «Ha oído usted perfectamente. Es un ejercicio muy saludable que se lo recomiendo a todo el mundo... No sabe lo que disfruto con tantos recuerdos, con tantos sucesos... Y cuando ya los he escrito, los rompo en pedacitos para que nadie caiga en la tentación de ir a buscarlos en la basura... No se imagina todo lo que han ofrecido por ellas...».

Pocos años antes su rechazo a escribir las memorias era mucho más firme: «Es una tentación que siempre atrae, pero en la que jamás caeré». «Lo que puedan ofrecerme los editores no lo necesito. Estoy bien así». «Me dan mucha pena las personas que escriben libros para poner verdes a quienes en su día halagaron». «Eso es despreciable y yo nunca lo haría».

Fernández Campo se declaraba «profundamente religioso» y creía que ello le hacía «poco inclinado a las manifestaciones externas exageradas u ostentosas». Con sus habituales juegos de palabras, decía que tenía «mucha esperanza de salvarme; pero tal vez me pueda salvar el pensamiento de que no merezco salvarme». Asturiano hasta la médula, imaginaba el Cielo como «un lugar lleno de prados verdes y cielos con neblina». Adoraba su tierra, pero no fue él, sino el Rey, quien escogió el nombre de Latores para acompañar al título de conde que le concedió Don Juan Carlos.

A lo largo de su vida, recibió muchísimos homenajes, tantos, que él mismo decía: «Creo que me han reconocido demasiado. Sería feliz si la vida no me castigara más». Pero el homenaje más significativo fue el que se le rindió al cumplir 89 años por su servicio a España y a la Corona. El Rey le envió un mensaje lleno de cariño que el propio Sabino leyó ante las 600 personas que se reunieron en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid: «Ante el éxito, la alegría, el dolor, la contrariedad, el esfuerzo o el riesgo —le decía el Rey—, encontré siempre en ti la integridad del buen militar capaz de asumir siempre su responsabilidad de concluir la superación de las dificultades con un templado “sin novedad”».

Para Sabino Fernández, la Constitución estaba por encima del Rey y era ligándose a ella cómo la Corona podía tener futuro. Con toda claridad y rotundidad lo expresó en su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, pronunciado en junio de 1994, cuando, proponiendo una relectura de El príncipe de Maquiavelo, afirmó: «No siempre el fin justifica los medios, ni siquiera atendiendo a esa suprema razón de Estado, si los medios no son lícitos y, mucho menos, si tampoco lo es el fin».

Sabino Fernández ha mantenido su silencio hasta el final, así como su negativa a publicar unas memorias siguiendo el dictado de su admirado Cervantes: «No todas las cosas que suceden son buenas para contarlas (...) Acciones hay que por grandes deben callarse y otras que por bajas no deben decirse».

"Su profunda humanidad le ha convertido en un referente moral indiscutible para todos los españoles de hoy", afirmó el obispo de Oviedo, a la vez que recordó que "por encima de todo fue un creyente, un profundo creyente". Al respecto, citó algunas de las declaraciones públicas de Sabino Fernández Campo, entre las que destacó: "He servido a la Corona con total entrega y lealtad, aunque para mí el único Rey es Dios y sólo ante él me arrodillo".

Sabino Fernández Campo, 'De Cerca'


lunes 26 de octubre de 2009

Don Sabino in memoriam

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Ha fallecido Don Sabino Fernández Campo. Para describir a este personaje los medios de comunicación le dedican palabras como lealtad, prudencia, servicio, honestidad. De todas ellas dio ejemplo durante toda su trayectoria al servicio de la Casa del Rey. Primero como Secretario General (1977-1990) y posteriormente como Jefe (1990-1993).

Los obituarios publicados en los periódicos destacan especialmente su función, aunque en la sombra, determinante, durante el intento de golpe de Estado del 23-F. Sus consejos al Rey en aquella fatídica noche y su famosa frase “ni está ni se le espera” en referencia a la presencia de Alfonso Armada, del que luego se supo su implicación en el intento de golpe de Estado, contribuyeron a su fracaso. Ignacio Camacho explica con detalle en ABC su labor en esa jornada histórica.

De todos los comentarios que he leído en la prensa sólo he leído uno en el que se cita, aunque de pasadas, el motivo de su cese como Jefe de la Casa del Rey. Es justo explicarlo, en honor a Don Sabino y porque ser leal significa decir la verdad, por incómoda que sea. La salida de Fernández Campo de La Zarzuela se debió a las influencias palaciegas de Mario Conde. Don Sabino desaconsejó al Rey su relación cada vez más cercana con el banquero, palabras que por lo visto no fueron escuchadas y significaron la salida de Fernández Campo de Palacio. El tiempo le daría la razón y en una de las pocas veces que Don Sabino pensó en sí mismo se le atribuye la siguiente frase "Sí, en su día soporté la urdimbre que me destituyó de La Zarzuela, y me demostró que soy fuerte. Fue injusto, pero Dios es muy generoso y a veces pone las cosas en su sitio. Estoy muy satisfecho de haber sufrido.”

Tuve el honor de conocer a Don Sabino en unas jornadas organizadas por la Fundación Institucional Española en el año 2000, coincidiendo con el XXV aniversario de la Proclamación del Rey, y como colaborador de la Fundación pude departir unos minutos con él. Recuerdo perfectamente su trato amable y hasta cordial a pesar de ser yo un simple estudiante de Derecho.

El politólogo inglés del siglo XIX Walter Bagehot escribió que la función de la Corona se podía resumir en: "to advise, to encourage and to be informed" (aconsejar, animar y ser consultado) al poder político. Sin duda, acciones que antes Don Sabino cumplió con su Rey.

En el homenaje que se le tributó en su 89 aniversario, Don Juan Carlos le escribió: «Ante el éxito, la alegría, el dolor, la contrariedad, el esfuerzo o el riesgo, encontré siempre en ti la integridad del buen militar capaz de asumir siempre su responsabilidad de concluir la superación de las dificultades con un templado “sin novedad”».

Al presentarse hoy en el Cielo, en recuerdo de toda su trayectoria pública, podrá decir, con igual sencillez y honestidad: “Señor, misión cumplida”.

Enlaces a biografía, reportajes y entrevistas publicados en ABC

viernes 23 de octubre de 2009

Palabras emotivas del Príncipe dedicadas a Sabino Fernández Campo

En el discurso de entrega de la XXIX edición de los Premios Príncipe de Asturias, Don Felipe ha enviado el "saludo más cariñoso y lleno de gratitud" a Sabino Fernández Campo. Es el reconocimiento del Heredero de la Corona hacia el hombre que con máxima lealtad y ejemplo a servido a la Causa de la Monarquía y a España, hasta el sacrificio personal. En estos momentos en que se encuentra ingresado en un hospital por una afección intestinal, es un buen motivo para renovar el agradecimiento por su ejemplar labor, primero como Secretario General y Jefe de la Casa del Rey de 1977 a 1993.

No sólo Don Juan Carlos, que siempre pudo contar con el consejo serio y prudente de Don Sabino sino que España le debe mucho gracias a su callado trabajo, no sólo por su actuación responsable durante la noche del 23-F sino en muchos otros momentos que no han trascendido a la opinión pública.

Las imágenes de la gala de entrega de los Príncipe de Asturias




Fragmento de la I Edición de los Premios en la que Don Felipe intervenía en público por primera vez.

Príncipe Felipe: «Los mayores logros nacen de las más grandes dificultades»


El Príncipe de Asturias entregó los premios que llevan su nombre y llamó a «trabajar codo con codo y hombro con hombro, con espíritu constructivo» en la lucha contra el paro

«Los mayores logros nacen de las más grandes dificultades»

MANUEL DE LA FUENTE
ABC

Hierven en el lar, a fuego lento, a fuego secular, las fabes en el puchero. Tierra son, tierra somos, y en tierra nos convertiremos. Hierven en el Teatro Campoamor de Oviedo las palabras y las promesas, las preocupaciones presentes, las esperanzas futuras, avivado el fuego de la cultura y de la ciencia, del deporte y la concordia, por la presencia en la vieja y casi siempre lloviznosa Vetusta de algunas de las personas que hacen que este viejo mundo no se pare, y mire otra vez hacia el futuro, aunque el presente nos muestre sus colmillos últimamente muy afilados. Hierve el alma de los ovetenses que esperan a su Príncipe, Don Felipe, a su princesa de ensueño, Doña Letizia, les esperan con la ilusión de cada año, aunque en la cabeza les hiervan las hipotecas y en la piel les crezca el sarpullido de la crisis. No estamos en Houston, pero tenemos un problema. Muchos. Más de cuatro millones.

En Oviedo, en el Campoamor, el Príncipe también echa pie a tierra y en la parte central de su discurso, tras recordar a Sabino Fernández Campo, la palabra es demanda, pero también es consuelo: «El paro hiere nuestra dignidad, es nuestra principal preocupación. Exige que los Estados faciliten a quienes se encuentran en esa situación la necesaria protección social, al tiempo que poner en marcha todos los medios precisos para que los desempleados puedan reincorporarse cuanto antes a la vida laboral. Necesitamos nuevas bases para crecer y generar empleo».

Con él y nuestros Reyes a la cabeza, hay que mirar hacia adelante, porque nuestra historia nos ha enseñado, siguió Don Felipe, «que las mayores esperanzas y también los mayores logros nacen de las más grandes dificultades. España ha demostrado con creces en las últimas décadas cómo superar de forma ejemplar múltiples retos y tengo plena confianza en la capacidad que tenemos los españoles para construir un futuro más sólido y equitativo, de prosperidad y bienestar».

Por supuesto eso exige, como subrayó el Príncipe de Asturias, «llevar a cabo una reflexión colectiva, sincera y profunda, sobre nuestros desafíos y prioridades, nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Apoyémonos en los valores imperecederos del esfuerzo y el sacrificio, la tolerancia y el respeto mutuo; el saber y la cultura; el compromiso solidario». Y aquí no valen personalismos, ni localismos, tal como subrayó Su Alteza Real: «Trabajemos cohesionados, codo con codo y hombro con hombro, con espíritu constructivo, con confianza e ilusión. Y forjaremos así una esperanzadora voluntad compartida en la que prevalezca la generosidad, el sentido de la responsabilidad y por encima de todo, el interés general. Es lo que los españoles demandan y lo que juntos, sin duda, conseguiremos».

«La humildad siempre antecede a la gloria»En este camino, sabedores de que «las obras buenas nunca acaban», como sabiamente nos advirtió Unamuno (recordó Don Felipe) y con «nuestra creencia en que la cultura es fiel reflejo de la formación intelectual, estética y moral del ser humano» nos acompañan arquitectos de los sueños como Norman Foster (creador de «una arquitectura poética y moderna, libre y transparente», destacó el Príncipe de Asturias); nos quedan organizaciones nacidas del consenso mundial, como la OMS, «en la que descansa una parte tan importante de la salud pública de todos los pueblos de la Tierra»; y paladines de la vida natural («Gracias a ti, David Attenborough, cada día somos más conscientes de la necesidad de preservar el medio ambiente»); tenemos a quienes nos muestren el camino del futuro como la Universidad Nacional Autónoma de México y su pasión «por el conocimiento y el amor a la enseñanza en libertad»; nos quedan por mandar muchos mails y sms que digan que hay esperanza, pásalo, para no sentirnos prehistóricamente solos, nos quedan Martin Cooper y Raymond Tomlinson, padres de «la comunicación fluida y en libertad»; nos queda la voz incorruptible de Kadaré, y su «canto incesante a la tolerancia y a la libertad»; y sabemos de gente, como Yelena Isinbayeva que nos recuerda que el hombre puede volar, «cuando se tiene una voluntad férrea y un valeroso espíritu de superación». Y tenemos el ejemplo de ciudades como Berlín que «hoy celebra aquella fuerza imparable, hecha de esperanza y de valor, de perdón y de concordia, que consiguió abatir el Muro». Nos queda con el corazón en un puño, pero repleto de fe y de esperanza recordar, como hizo Don Felipe «aquel proverbio bíblico de que la humildad siempre antecede a la gloria». Que así sea, y Oviedo y España lo sigan viendo.

Crónica oficial de la Casa Real

Discurso de SAR el Príncipe de Asturias

Álbum fotográfico

Reportaje sobre la inauguración del Metro de Madrid


1919: inauguración del Metro
Alfonso XIII inaugura el Metro / ABC

ABC publica un interesante reportaje sobre el 90 aniversario de la inauguración del Metro de Madrid. En el enlace de la noticia podemos ver fotos de Alfonso XIII (no XII como indica el pie de foto en la web) y de las reinas María Cristina y Victoria Eugenia (madre y esposa, respectivamente, de Alfonso XIII) saliendo del que entonces se conocía como tranvía.

lunes 12 de octubre de 2009

Actos del 12 de octubre



Un año más, en conmemoración del día de la Fiesta Nacional, el Rey ha presidido el desfile de las Fuerzas Armadas.

También como años anteriores, el Presidente del Gobierno ha recibido el fuerte abucheo del público asistente, con silbidos y gritos de dimisión.

Fotografías destacadas

Ofrenda floral en Zaragoza a la Virgen del Pilar

domingo 11 de octubre de 2009

Entrevista a la Duquesa de Alba

ABC publica hoy una entrevista con la Duquesa de Alba en la que habla de sus gustos personales y su amor por el arte. Revela que Picasso quiso pintarla como hiciera Goya con su antepasada.

Cayetana Fitz-James Stuart es la XVIII Duquesa de Alba y es la persona del mundo que ostenta más títulos nobiliarios además de poseer una de las colecciones de arte más importantes.

En este enlace se relacionan las decenas de títulos que corresponden a la Casa de Alba.

Destacamos algunas de las preguntas de la entrevista:

—¿Continúa siendo religiosa y monárquica hasta la médula?

—Hasta la médula... y más (se ríe). Y no cambiaré. Encuentro al Rey fantástico. Es muy cariñoso, se ha ganado la popularidad a pulso. Conoce su deber. Hay pocos como él. La Reina es perfecta. No se puede tener una Reina mejor. No se le puede criticar lo más mínimo. Espero que siga la Monarquía, porque España siempre ha sido monárquica, excepto en las dos Repúblicas, que fueron un fracaso. Tuvieron que traer a Alfonso XII, que entró a caballo con aclamaciones. Y, tras la segunda, llegó la Guerra Civil. Eso lo recuerdo de niña y no quisiera repetirlo.

—¿Y cómo ve a los Príncipes de Asturias?

—Lo están haciendo muy bien. No se les puede criticar en nada. Cuando llegue su momento habrá que darles un margen de confianza. Doña Letizia, por no haber vivido ese mundo, es extraordinario cómo lo hace. En toda Europa se han casado los príncipes con chicas que no son de la realeza. Empezando por Fabiola. Y lo hacen muy bien todas. Lo suyo es que fuera alguien de sangre real, pero, como ha cambiado todo, hay que adaptarse y ayudarles.