jueves, 9 de julio de 2020

Para defender la democracia, proteger al Rey Felipe VI

Justino Sinova
El Español
 
El autor desmiente que los valores republicanos sean los propios y exclusivos de la democracia, une a la Monarquía el destino de las libertades en España y lamenta las campañas contra la Corona.

Cuando estos días Felipe VI y Letizia se acercan a la gente, en un plan de comunicación y presencia preparado en La Zarzuela, suelen surgir de entre los espectadores dos vítores: un tradicional "Viva el Rey" y un añadido "Viva España". Es una novedad que no ha pasado inadvertida, y que es producto de esa intuición popular que aflora espontáneos afectos y temores.

En este caso, lo significativo no es lo primero, los afectos, las cortesías que los Reyes suelen recibir en las calles, sino lo segundo, los temores, las desazones provocadas por inauditos aspectos de la gestión política, que la gente percibe y traduce apelando al nombre de la nación. Es una intuición certera lo de unir Rey y España, que se traduce en la necesidad de conjurar un riesgo y afianzar la normalidad.

Felipe VI y España equivalen a jefe del Estado y democracia, porque la democracia española descansa en la Jefatura del Estado desempeñada por el monarca y depende de la continuidad de la Monarquía. No se escandalicen quienes sienten la república como sinónimo de libertad, porque las formas de gobierno son accidentales. Hay repúblicas que actúan como dictaduras: China, Cuba, Venezuela… Hay Monarquías que ejercen como democracias: Gran Bretaña, Suecia, Noruega… y España.

Uno de los simulacros que más se repite entre nosotros es que necesitamos la república para asegurar la libertad de la gente, cuando un simple repaso a nuestra historia evidencia el fracaso de las dos experiencias republicanas y, en especial, los déficits democráticos de la segunda, la de 1931.

Hay obsesión por blandir el enunciado "valores republicanos" como compendio de las libertades y los derechos fundamentales propios de la democracia. En el caso español es un concepto que significa lo contrario pues la II República se dotó de una Constitución votada por la izquierda, rechazada por la derecha y anulada en la práctica al agregarle la llamada ley de Defensa que incluía unas medidas de represión política incompatibles con un sistema de libertades.

Esos valores mal llamados republicanos son los contenidos en la Constitución de consenso de 1978 impulsada por la Corona, que protege todos los derechos y libertades propios de las más consumadas democracias. Es una precisión histórica y cabal que la actual Monarquía española ampara un sistema más justo, más liberal y más humano que el de la II República.

Por eso, defender la democracia en España requiere empezar por proteger la Monarquía, operación nada fácil ahora que los enemigos del Rey se han infiltrado en los más altos escenarios políticos. El verbo infiltrar ha gustado siempre mucho a los comunistas porque define uno de sus principales ardides, el de penetrar en las instituciones, lo que algunos llaman entrismo sin éxito lingüístico -la RAE no ha llegado a aceptarlo- pero sí estratégico.

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viernes, 19 de junio de 2020

Un Rey ejemplar en tiempos duros

Editorial de El Mundo

"Una Monarquía renovada para un tiempo nuevo". Es lo que prometió Felipe VI cuando hace hoy seis años fue proclamado Rey por las Cortes tras un modélico relevo al frente de la Corona que significó un verdadero pacto de Estado entre las principales fuerzas políticas de nuestro país: PP y PSOE. Entonces el Parlamento aún no estaba tan fragmentado. Se encontraba al frente del Gobierno Mariano Rajoy, quien hoy subraya en nuestras páginas que aquella operación supuso la renovación del pacto constitucional, con el mismo espíritu que había alumbrado la Transición que dio paso a nuestro actual régimen de libertades. El Rey Juan Carlos, que había pilotado con tanto acierto aquel complicado proceso, abdicaba y daba paso a su hijo en un momento en el que la Corona necesitaba un nuevo empuje, recuperar prestigio y avanzar en transparencia y ejemplaridad. Y todo manteniendo su papel fundamental en el vértice de nuestro sistema institucional. Porque la Monarquía no es una institución ornamental. Es, por un lado, símbolo de la continuidad y de la unidad nacional que garantiza a todos los españoles sus derechos constitucionales, y a la vez es el árbitro imprescindible que asegura el correcto funcionamiento de las instituciones.

Esa doble función la está cumpliendo sin tacha Don Felipe, con la rectitud y neutralidad que se le exige. En sus seis años de reinado ha impulsado profundos cambios en la Corona para cumplir la promesa de su proclamación, incluidas la remodelación de la Familia Real y la aplicación de estrictas normas de transparencia. Está al frente, sin duda, de una "Monarquía renovada". Y en un «tiempo nuevo» y muy convulso, en el que Felipe VI se ha enfrentado a desafíos graves: el primer año de bloqueo político, un proceso golpista en Cataluña -para cuya desarticulación fue decisiva su intervención, algo que no le perdonan los independentistas- o la actual pandemia. En estas duras circunstancias, el Rey ha ejercido su rol con acierto notable y gran prudencia.

La Monarquía se ve zarandeada también por distintos escándalos que implican a Don Juan Carlos. Cabe subrayar la enérgica reacción del actual Rey, para quien no caben "conductas no ejemplares". Pero solo a un necio se le escapará que la campaña de acoso contra la Corona, que incluye el bastardo intento de hacer pagar al hijo los errores del padre, busca dinamitar nuestro actual marco constitucional. Porque el Monarca es el aval de su permanencia. Y no sería tan inquietante ese plan si sus promotores no se sentaran hoy en el Consejo de Ministros.

Felipe VI, seis años Rey

Monográfico de ABC para conmemorar el sexto aniversario de la proclamación del Rey.

Felipe VI se vuelca en reparar la imagen de España en el exterior

El Mundo

Aquel 19 de junio de 2014, en el Congreso y las calles de Madrid los hombros de unos chocaban con los de otros. Besos, saludos, abrazos, gritos, euforia y cero distancia social. Este viernes, seis años después, esa muchedumbre permanece desplazada por una realidad de mascarillas y distanciamiento social.

Felipe VI, en el sexto aniversario de su coronación, afronta su tercera crisis desde que accedió al trono: la reputacional por la investigación sobre los negocios de Don Juan Carlos, el desafío independentista de Cataluña y el coronavirus.

La noche en la que España entraba en estado de alarma, Felipe VI repudió a su padre. Le retiró su asignación pública y renunció a su herencia -gesto simbólico- tras destaparse nuevas investigaciones periodísticas que lo vinculaban a fondos opacos y que, incluso, relacionaban al propio Felipe VI como posible beneficiario.

Un hecho inédito del que pasó página volcándose en dar un giro a la imagen de la Corona: contactos, reuniones, cercanía... con todos los sectores afectados e implicados en la lucha contra el coronavirus.

GARAMENDI: "MODERACIÓN INSTITUCIONAL"

Pero más allá de la puesta en escena comunicativa, la figura del monarca emerge en la trastienda, en las reuniones y llamadas cuyo contenido no trasciende completamente, para asumir un papel crucial a la hora de restaurar la imagen de España, deteriorada en el extranjero a consecuencia del impacto de la pandemia.

Así lo atestiguan las personas que han estado en contacto con el Rey durante la pandemia, al que conceden un rol determinante para impulsar la reactivación y generar de nuevo confianza en el mercado internacional.

"El papel del Rey durante la pandemia ha sido fundamental, ya que contar con una institución estable y que trasciende lo político como la Monarquía española ha contribuido a aportar moderación e institucionalidad en un momento de tanta dificultad", considera Antonio Garamendi, presidente de la CEOE.

"De cara a la reconstrucción, nadie duda de que España tiene por delante el reto de explicar fuera de nuestras fronteras que el país está preparado para retomar la actividad y recibir desde inversiones a turistas. Para ello, el magnífico papel de Don Felipe VI como embajador seguro servirá para acelerar y consolidar ese proceso", añade Garamendi.

"Su figura es importante para generar unidad ante un esfuerzo común donde hay que aunar fuerzas y esfuerzos públicos y privados", apunta Pablo López Gil, director general del Foro de Marcas Renombradas Españolas, una alianza estratégica público-privada de las principales empresas españolas.

LÓPEZ GIL: "EMBAJADOR DE LA IMAGEN DE ESPAÑA"

"La figura del Rey es importante hacia dentro, pero también hacia el exterior. Es importante en este momento recuperar la confianza a nivel internacional para atraer turismo, inversiones, talento... Su figura siempre ha sido fundamental desde una perspectiva institucional y política, y también desde el punto de vista económico y empresarial. Es uno de los principales embajadores de la imagen de España y de sus intereses económicos y empresariales", ahonda López Gil.

Ese trabajo de revertir una deteriorada proyección exterior del país es clave a corto plazo. Máxime cuando España vuelve a la nueva normalidad la próxima semana y abre fronteras el domingo. "Es un gran defensor de la marca España en todo el mundo. Sus mensajes han sido claros y efectivos, una colaboración de extrema utilidad", resalta Carlos Garrido, presidente de la Confederación Española de Agencias de Viajes (CEAV).

"Cualquier iniciativa contará siempre con el respaldo, apoyo y afecto de la Corona, firmemente comprometida y entregada a la proyección de España hacia el exterior y a la defensa de los intereses generales", dijo este juevesFelipe VI en el acto de presentación de la campaña Spain for Sure. Más contundente fue hace unos días cuando hizo un claro llamamiento al turismo internacional: "España es un destino turístico seguro y de calidad".

Esa labor de proyección internacional de España, de restañar el daño provocado por el impacto de la tragedia, ha transitado toda la actividad de Felipe VI durante la pandemia. Ha protagonizado más de 19 audiencias, 84 videoconferencias, 141 llamadas telefónicas... para conocer de primera mano el impacto y la labor de todos los sectores: sanitario, económico, social.

CONTACTOS EN EL EXTRANJERO

Y, sobre todo, ha dialogado con 12 jefes de Estado de América, Asia, Europa y el Área Mediterránea -el presidente de EEUU; el emperador de Japón; la reina de Inglaterra y el príncipe Carlos; el rey de Marruecos; el rey de Jordania; y los presidentes de las repúblicas de Portugal, Alemania, Austria, Israel, Túnez y Georgia-.

A estas llamadas se suman también los contactos con los máximos dirigentes de organizaciones multinacionales: António Guterres, secretario general de Naciones Unidas; Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud; Rebeca Greenspan, secretaria general Iberoamericana; y Zurab Pololikhasvili, secretario general de la Organización Mundial del Turismo.

"Su Majestad ha demostrado su compromiso ineludible con la defensa de nuestras instituciones, la estabilidad y el desarrollo económico y social de España, especialmente en los momentos más difíciles. Su papel será clave para forjar los consensos necesarios para cohesionar y movilizar a los españoles en un proyecto compartido e ilusionante de recuperación económica y social", expone el presidente del Círculo de Empresarios, John de Zulueta.

Quienes han conversado con el Rey destacan la cercanía mostrada y el conocimiento de la materia correspondiente, "hasta de problemas puntuales de subsectores". "En medio de esta crisis sanitaria, el Rey nos llamó, se preocupó por el sector ovino y nos escuchó", cuenta José Antonio Asensio, gerente del Consorcio de Promoción del Ovino. 

La Corona y la democracia en España

Tomás Salas

ABC


El paso de un sistema político autoritario a una democracia no se da en España, como en otros países, en forma de ruptura, sino de reforma legal. Aquella famosa fórmula atribuida a Fernández Miranda, «de la ley a la ley», resume bien el espíritu de este cambio histórico. En efecto, las Leyes Fundamentales dan paso a la Ley para la Reforma Política y, de ahí, al actual statu quo. No hubo ruptura. Ni siquiera hubo unas Cortes Constituyentes que hicieran un debate abierto sobre la Constitución, como sí lo hubo en la II República que, por otra parte, tampoco fue un modelo de rigorismo legalista. A veces me he preguntado si hombres como Fernández Miranda, Fernández de la Mora o

 López Rodó, los que impulsaron el paso a la Monarquía y lo que se llamó la «institucionalizacion del Régimen» (establecer unas instituciones y leyes que le dieran al sistema una solidez y continuidad más allá del personalismo) querían una democracia como la que hay hoy en España. Me parece que no. Aquel largo proceso se resume en el título de las memorias de López Rodó: «La larga marcha hacia la Monarquía». Lo que todos estos hombres buscaban -incluido Carrero, el máximo valedor de todos ellos- era la restauración de la Monarquía en España. La democracia podía ser la parte adjetiva, pero la parte sustantiva de este cambio era la Corona.

Y llegó está restauración: algo, más que difícil, casi milagroso. Algo a contrapelo de la tendencia universal hacia la república. Basta mirar un mapa político en el siglo XVIII y otro a principios del siglo XX; y comprobar cuántas cabezas coronadas han quedado en el transcurso de un par de siglos. La Corona en España (que los hombres como Carrero concebían como tradicional, católica y orgánica) hereda a las leyes del Régimen (la Ley de Sucesión es de 1947, no se trató de una ocurrencia de última hora), de donde proceden, y, evidentemente, las competencias de la Jefatura del Estado.

Finalmente, se desarrolló un proceso vertiginoso que llevó a España a un modelo de democracia occidental. Este proceso, legal y políticamente, no podía surgir de otro lugar que de la Corona, que acumula los poderes casi absolutos de la Jefatura del Estado. Fue voluntad de Don Juan Carlos I abrir el camino que conocemos como Transición: nombramiento de Suárez, Ley de Reforma Política, acercamiento a las izquierdas (incluyendo los comunistas) y a los nacionalistas, etcétera. Se hace una política de gestos que es sumamente significativa. En 1978 los jóvenes Reyes visitan Argentina y se reúnen con la colonia de emigrados en Buenos Aires; a la primera persona que saludan (puede buscarse fácilmente en la red esta foto histórica) es a la viuda de Manuel Azaña, de la que reciben un emocionado abrazo (seguro que hay muchos españoles jóvenes que no conocen esta foto y que, seguramente, desconocen quién fue Azaña).

Se puede argumentar que hubo condicionamientos y presiones tanto internas como internacionales; sin duda que las hubo y que fueron muy importantes. Se puede argumentar que los niveles de desarrollo en España en 1975 exigen ya un cambio político. Todo esto es cierto, porque los hecho políticos ocurren en un contexto histórico y social, no en un tubo de ensayo. Todo esto es cierto, pero...

Pero la voluntad política partió formalmente de la Corona y de la persona que la encarnaba. Muchos dirán que el sistema monárquico en España no tiene otra legitimación que estar recogido en la Constitución del 78 y aprobada en referéndum. Yo pienso que la realidad es el proceso contrario: la Constitución y el sistema democrático derivan de la Corona y, de forma menos inmediata, de la Ley de Sucesión que, paradójicamente, la misma Constitución deroga. La correa de transmisión de la antigua a la nueva ley fue esta vetusta institución, renacida en España en los años 70, de forma atípica y casi milagrosa y cuyo futuro se presenta incierto -aunque apasionante.

domingo, 14 de junio de 2020

La ejemplaridad del Rey en medio de una tormenta perfecta

Almudena Martínez-Fornés

ABC


Don Felipe cumplirá el próximo viernes seis años como Rey, y lo hará bajo un estado de alarma y en unas circunstancias políticas, económicas, sociales, sanitarias y personales muy excepcionales. El aniversario llega en medio de una tormenta perfecta, agitada por el deseo de algunos ministros del Gobierno de acabar con la Monarquía y el sistema democrático de 1978, algo que varios de ellos ya han insinuado en público y que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha querido desmentir.


Nunca, hasta ahora, había habido un gobierno formado por socialistas y comunistas, ni en Monarquía ni en las Repúblicas. Sin embargo, la Legislatura arrancó con aparente normalidad. Sánchez y sus 22 ministros prometieron «lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución», y el día de la Apertura Solemne, el pasado 3 de febrero, todos sus miembros, incluidos los republicanos, se sumaron en el Parlamento a uno de los aplausos más largos que ha recibido el Rey, de casi cuatro minutos de duración.


Un par de meses después, empezaron las insinuaciones de ministros como Pablo Iglesias o Alberto Garzón, criticando la formación militar del Rey o haciendo apología de la República, a las que siguieron las de Juan Carlos Campo, que llegó a hablar el pasado miércoles en tres ocasiones de «crisis constituyente» en el Congreso de los Diputados. Estos comentarios se sumaron a la hostilidad que los socios separatistas del Gobierno venían mostrando hacia la Corona como símbolo de la unidad del Estado.


Mientras que los independentistas catalanes ven en Don Felipe al hombre que acabó con su ensoñación secesionista de 2017, y no se lo perdonan, los separatistas de Bildu ven también en el Rey a quien siempre ha estado del lado de las víctimas del terrorismo que ellos siguen sin condenar. De hecho, Don Felipe y Doña Letizia quisieron que el primer acto de su reinado fuera precisamente con todas las víctimas del terrorismo.

A las críticas se añade una larga cadena de plantones y ninguneos por parte del jefe del Ejecutivo y al intento de silenciar al Rey en la etapa más grave de la democracia, con más de 40.000 muertos, según el Instituto Nacional de Estadística, por la pandemia del Covid-19, y en medio de una ruina económica y un pesimismo generalizado.


Un hecho llamativo es que Sánchez nunca ha defendido al Rey de las críticas recibidas por parte de sus socios, ha llegado tarde a citas con Don Felipe en varias ocasiones y le ha sustituido en actos propios de jefes de Estado, como fue la Cumbre del Cambio Climático. Además, no asistió al debut de la Princesa de Asturias en Oviedo, como hizo Leopoldo Calvo-Sotelo cuando se estrenó el Heredero de la Corona en 1981. Y tampoco acompañó a la Familia Real en Barcelona, durante la primera visita oficial de la Heredera de la Corona a Cataluña en medio de protestas separatistas.

Los partidarios de derrocar el actual sistema son conscientes de que Don Felipe es un Rey difícil de atacar, pues en su caso se une a un comportamiento institucional impecable, la autoexigencia -hecha pública el día de su proclamación- de mantener «una conducta íntegra, honesta y transparente». Y porque en los seis años de su reinado ha adoptado numerosas medidas para convertir a la Casa del Rey en una de las instituciones más transparentes de España. Entre ellas, la prohibición de que los miembros de la Familia Real puedan trabajar en empresas públicas o privadas, la adopción de un régimen jurídico para los regalos, cuyo valor no puede superar los usos de cortesía; un exigente código de conducta para los empleados de la Casa del Rey y el sometimiento voluntario de las cuentas a una auditoría pública.


Además, Don Felipe no ha perdido ocasión para renovar ese compromiso con la honestidad: «Es preciso que las acciones del Rey se guíen por la ejemplaridad y la dignidad, por la integridad, la capacidad de sacrificio y la entrega sin reservas a España», insistió hace un año, en la celebración del quinto aniversario de su reinado.

En cambio, los opositores a la Monarquía creen haber encontrado un balón de oxígeno en las supuestas cuentasde Don Juan Carlos en el exterior, asunto con el que pretenden desprestigiar a la Corona y allanar su camino hacia la demolición del sistema, a pesar de que ha propiciado la mejor etapa de la historia de España.


Sin embargo, en el terreno de la ejemplaridad, Don Felipe juega en casa. A diferencia de los políticos, que tienden a tapar las irregularidades de sus compañeros de filas, el Rey ya ha demostrado que a él no le tiembla la mano cuando tiene que elegir entre el afecto familiar y la ejemplaridad de la Corona. Lo hizo en 2011, aún siendo Príncipe de Asturias, cuando marcó distancias con su cuñado, Iñaki Urdangarin; lo volvió a hacer en 2015, cuando revocó el Ducado de Palma de Mallorca, concedido a su hermana, la Infanta Cristina, y lo repitió el pasado 15 de marzo, cuando hizo pública la ruptura con su padre.

Don Felipe impuso su condición de Rey a la de hijo y, una vez más, tomó unas medidas muy dolorosas pero necesarias para preservar la autoridad moral de la Institución que encarna: la renuncia en su nombre y en el de su hija, la Princesa de Asturias, a cualquier herencia que no fuera transparente y ejemplar, y la retirada de la asignación anual a su padre.


Estas decisiones habían sido formalizadas hace un año ante notario, y el Rey tuvo que hacerlas públicas el pasado 15 de marzo, justo al día siguiente de que empezara el estado de alarma por la pandemia. Ese fin de semana habían arreciado las presiones y el intento de chantaje de los abogados de Corinna Larsen, que se encuentra acorralada judicialmente y trataba de implicar al Rey en una oscura operación. Su plan consistió en filtrar a la prensa que Don Felipe era beneficiario de dos fundaciones con cuentas en el exterior, algo que, si se hizo, fue sin su conocimiento ni consentimiento, según declaró el Rey ante notario.

Fue hace un año, por tanto, cuando se produjo la ruptura entre el Rey y su padre, que acabó retirándose dos meses después de la vida pública. Desde entonces, solo han coincidido en público en el funeral de la Infanta Doña Pilar, que falleció el pasado mes de enero. Nada ha trascendido sobre la relación personal entre padre e hijo, pero ambos saben que, por encima de los afectos familiares, está la pervivencia de la Institución. Una vez más, se ha impuesto en la familia el sentido dinástico.


El caso de Don Juan Carlos ha vuelto a resurgir esta semana, cuando la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, decidió trasladarlo al Tribunal Supremo, dada su condición de aforado. En principio, el pago que se investiga, de cien millones de dólares procedente del Reino de Arabia Saudí, se produjo supuestamente en agosto de 2008, por lo que un posible delito habría prescrito. Pero, además, las investigaciones solo podrán afectar a la actividad posterior a su abdicación, que se hizo efectiva el 18 de junio de 2014. Encuentren o no posibles infracciones, lo que está claro es que la investigación de la Fiscalía contribuirá a dañar la imagen de Don Juan Carlos y, por extensión, la de la Corona.

Además, con el fin de explotar al máximo esta oportunidad de erosionar a la Monarquía, Unidas Podemos presentó el pasado jueves en el Congreso de los Diputados una petición para crear una comisión de investigación sobre «las relaciones diplomáticas y comerciales entre España y Arabia Saudí y su vínculo con instituciones y empresas españolas y sus efectos sobre el erario público». Obviamente, el nombre de la comisión es un eufemismo para eludir los controles y poder abrir un debate sobre Don Juan Carlos y la Monarquía.


A pesar de estos hechos inquietantes, las relaciones entre La Zarzuela y La Moncloa siguen siendo aparentemente fluidas, al menos al máximo nivel: Pedro Sánchez continúa despachando semanalmente con el Rey, aunque durante la pandemia lo ha hecho por vía telemática; los ministros acompañan a Don Felipe y le informan de los asuntos de Estado con la normalidad habitual, aunque la mayoría acuden sin papeles a las reuniones, como si fueran de visita, y en las intervenciones oficiales del Jefe del Estado no se aprecia, hasta ahora, un cambio impuesto en sus discursos.


Visitas a Comunidades autónomas


Aunque soplen vientos adversos, Don Felipe y Doña Letizia han continuado con su labor institucional, adaptada a las nuevas circunstancias. Y en estos tres meses de confinamiento y alarma, a golpe de teléfono, de videoconferencia y de reuniones reducidas, han conseguido contactar con prácticamente todos los sectores de la sociedad española: casi 300 entidades y más de mil personas. La actividad de los Reyes ha tenido poca repercusión en los medios de comunicación, de manera que ha sido necesario un mayor esfuerzo para tratar de llegar al mayor número de ciudadanos.


A medida que se ha ido suavizando el confinamiento, Don Felipe y Doña Letizia han ido ampliando su presencia exterior y, en cuanto las circunstancias lo permitan, empezarán una gira por Comunidades. De hecho, la semana del 22 de junio tienen previsto viajar a Canarias, donde su presencia puede producir un «efecto llamada» a la tan necesaria llegada de turistas. Y el 1 de julio el Rey viajará a la frontera de Portugal, a la altura de Badajoz, para reabrirla en un acto oficial junto al presidente del país vecino, Marcelo Rebelo de Sousa, en presencia de los dos jefes de Gobierno, Sánchez y António Costa. También quieren ir a Cantabria.

Las aguas están tan revueltas que no solo los republicanos están mirando a La Zarzuela. En las redes sociales circulan desde hace semanas peticiones de particulares para que el Rey intervenga en política, como si el Jefe del Estado tuviera competencias para corregir los resultados de las urnas o de las votaciones parlamentarias. Y si algo está claro es que Don Felipe es «un Rey constitucional», como dijo él mismo el día de su proclamación, por lo que no cometerá el error de entrar en política. Muestra de este estado de ánimo es el hecho de que una asociación pro guardia civil viera un tricornio en la solapa de Don Felipe, y lo interpretara como un gesto de apoyo al Instituto Armado tras las polémicas destituciones del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, cuando lo que el Rey llevaba en la chaqueta era el botón de la Orden de Carlos III.

En este clima de alta tensión, Don Felipe cumplirá seis años de un reinado especialmente difícil, en el que ha tenido que afrontar un bloqueo político de once meses de duración, un vacío legal en la Constitución ante la ausencia de un candidato con apoyos a la Presidencia del Gobierno, atentados terroristas en Barcelona y Cambrils, un referéndum separatista ilegal, cuatro elecciones generales, ocho rondas de consultas para proponer un presidente, un cambio de gobierno sobrevenido por una moción de censura, un Ejecutivo integrado por socialistas, republicanos y comunistas, y una pandemia que ha dejado más de 40.000 muertos y una ruina económica.


En seis años, Don Felipe ha conocido a casi medio centenar de ministros y a decenas de líderes de partidos, algunos de los cuales han desaparecido con la misma fugacidad con la que surgieron. Y todo ha transcurrido con la incansable refriega política como banda sonora del reinado de un Rey empeñado en defender una España «en la que cabemos todos». Un Rey que no se cansa de advertir que «España no puede ser de unos contra otros», que «debe ser de todos y para todos» y que «la imposición de una idea o un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles solo nos ha conducido en nuestra historia a la decadencia».


Democracia y libertad


Si algo ha definido a Don Felipe como Rey en estos primeros seis años de reinado ha sido su defensa de la democracia y la libertad. Eso es lo que hizo el 3 de octubre de 2017, cuando cortó en seco la ensoñación separatista y excluyente catalana, que había cruzado la línea roja de la ley. En aquel momento, ninguno de los tres partidos constitucionales -PP, PSOE y Ciudadanos- era favorable a aplicar el artículo 155 de la Constitución, y el Gobierno de Mariano Rajoy no quería asumir en solitario su aplicación.

En seis minutos de discurso, Don Felipe cortó el delirio separatista, borró la sensación de vacío de poder y dejó claro a la comunidad internacional que España seguía considerando a Cataluña parte de su territorio. Además, su mensaje devolvió el ánimo y la esperanza a muchos españoles, y a muchos catalanes que cinco días después desbordaron por primera vez las calles de Barcelona con banderas españolas y demostraron que hay otra Cataluña posible.


El mensaje de Cuba


Esa misma defensa de la democracia y la libertad volvió a hacerla en La Habana el pasado noviembre, cuando se convirtió en el primer Rey de España que realizaba una visita de Estado a Cuba. Enviado por el Gobierno de Sánchez, antes de la coalición con Podemos, Don Felipe no pudo reunirse con la oposición, pero el Rey habló ante el dictador Miguel Díaz-Canel como ningún otro mandatario había hecho antes en la isla: «Los españoles hemos aprendido que es en democracia como mejor se representan y se defienden los derechos humanos, la libertad y la dignidad de las personas, y los intereses de nuestros ciudadanos», le dijo al dictador. «La fortaleza que la democracia otorga a sus instituciones es la que permite el progreso y el bienestar de los pueblos». «Los cambios en un país no pueden ser impuestos». Un mensaje que no solo es aplicable a Cuba.

La Corona, acosada; Sánchez, pasivo

Editorial ABC

En la semana del sexto aniversario del acceso de Felipe VI a la jefatura del Estado, la situación de la Corona española vive la insólita situación de que el propio Gobierno de la Nación es la principal fuente de los ataques que recibe. El antimonarquismo de los dos socios principales de PSOE, es decir, Unidas Podemos y ERC, no solo es un hecho notorio para todos los ciudadanos, sino un elemento aglutinador de las fuerzas de extrema izquierda y separatistas. El derrocamiento del Rey es un objetivo programático común que anima un concreto plan de derogación del orden constitucional, ante lo cual Pedro Sánchez asiste como un Nerón ante la Roma incendiada, dejando hacer, que es tanto como animar. Para la extrema izquierda, la Corona representa la vigencia en España de una democracia parlamentaria de base liberal, un sistema que estos comunistas de viejísimo cuño, como Iglesias, Montero o Echenique, no aceptan porque son incapaces de asumir una organización política basada en la libertad individual. Para los separatistas, la Corona es, como dice la Constitución, el símbolo de la unidad y permanencia del Estado que quieren desmembrar. Los antisistema están, ahora, en el sistema, de la mano de Sánchez y con el aquietamiento de partidos que, como Cs, habían nacido para evitarlos y marginarlos del Gobierno de España.

Los silencios de Sánchez ante los ataques de sus ministros comunistas al Rey no son un gesto de prudencia, ni una forma de marcar distancias frente a ellos, sino una omisión calculada y expresiva de su deslealtad con la Jefatura del Estado. La ejemplaridad que está demostrando Don Felipe, un Rey extraordinario como avala su infatigable trabajo durante toda esta pandemia para estar cerca de los españoles, no bastan. La Corona precisa el apoyo expreso del Gobierno. Pero como heredero del frentismo que implantó Rodríguez Zapatero en el PSOE, en 2003, con el Pacto del Tinel y el revisionismo histórico, Sánchez consiente la escalada antimonárquica porque, en el fondo y en la forma, comparte la repelencia de la extrema izquierda hacia el pacto constitucional de 1978. Por eso, mantiene de vicepresidente a un activista del montón que justifica caceroladas contra la Monarquía, firma acuerdos nocturnos con los custodios de ETA y alimenta constantemente su relación con Esquerra Republicana. La aparatosa, inútil e ilegal decisión de Delgado de encargar a un fiscal del Supremo que investigue a Don Juan Carlos -a quien solo puede investigar un magistrado de la Sala Segunda- ha sido la última incorporación al programa coral que desarrolla la izquierda para dañar el último bastión de la concordia constitucional, que es la Corona. El cambio de régimen es el programa cada día menos oculto y avanza a paso firme a lomos de una progresiva desconstitucionalización de la vida pública.

viernes, 15 de mayo de 2020

El Rey: "Hay que generar esperanza, pero no podemos bajar la guardia"

Almudena Martínez-Fornés
ABC

"Hay que generar esperanza, sí, tenemos que tener una ilusión por que esto termine y pronto, pero no podemos relajarnos ni bajar la guardia". Este es el mensaje que el Rey ha transmitido este jueves desde el Centro Nacional de Emergencias, donde ha destacado el valor de "los testimonios de todas las personas que han visto de cerca" los efectos del Covid. "Los que estáis trabajando diariamente en la emergencia sabéis bien de lo que hablamos", ha afirmado.

Don Felipe ha visitado este jueves el Centro Nacional de Seguimiento y Coordinación de Emergencias (Cenem), en Madrid, y desde allí ha mantenido una videoconferencia con los responsables de protección civil de toda España, a quienes ha envíado un mensaje de "ánimo, gratitud y reconocimiento".

"Podemos ver un horizonte con un poquito más de luz, ya hay zonas de España en fase 1, pero no podemos olvidar que sigue habiendo una situación de emergencia, que personas siguen perdiendo la vida, que sigue habiendo un riesgo de contagio importante", ha añadido.

Durante la visita, el Rey ha estado acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; la subsecretaria del Ministerio del Interior, Isabel Goicoechea, y el director general de Protección Civil, Leonardo Marcos. Y en la reunión participaron los 19 representantes de los centros del 112, de la Unidad Militar de Emergencias (UME), de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Cruz Roja Española y del Departamento de Seguridad Nacional (DSN).

Desde una sala de multiconferencias se ha realizado una conexión con los 19 directores generales de Protección Civil, que coordinan las emergencias en las 17 Comunidades Autónomas y en las dos Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla, además del jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), el general Luis Manuel Martínez Meijide; el director general del Departamento de Seguridad Nacional (DSN), Miguel Ángel Ballesteros; el secretario general de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Carlos Daniel Casares; y el presidente de Cruz Roja Española, Javier Senent. Desde que se declaró el estado de alarma, Protección Civil se encuentra bajo el mando del ministro del Interior.

El 112 de todos los 112 de España

Posteriormente, el Rey ha visitado la Sala de Operaciones del CENEM, que es el 112 de los 112 de España. Allí ha conocido en detalle el funcionamiento del centro que controla todas las emergencias en España y ha recibido las explicaciones de los responsables operativos: subdirector general de Prevención, Planificación y Emergencias, Jefa de Sala y coordinador, así como de los operadores y técnicos que están hoy en el seguimiento de las emergencias, reflejadas en la multipantalla de la Sala de Operaciones.

El CENEM se constituye en Centro de Coordinación Operativa en las emergencias de interés nacional, que son aquellas que por su especial gravedad son dirigidas por el ministro del Interior.

sábado, 9 de mayo de 2020

Isabel II emula a su padre 75 años después para recordar el fin de la II Guerra Mundial


"Hoy damos gracias a Dios por un gran acontecimiento. Hablando desde la ciudad más antigua del Imperio británico, castigada por la guerra, pero ni un solo momento abatida o desalentada, hablando desde Londres, os pido que os unáis a mí en este acto de acción de gracias. Alemania, que arrastró a la guerra a Europa entera, ha sido finalmente vencida". Con estas contundentes frases el rey Jorge VI inició, el 8 de mayo de 1945, el discurso con el que anunció el final de la Segunda Guerra Mundial que había comenzado seis años antes. Lo hizo en la radio. 75 años después le tocaba el turno a su hija Isabel II, actual reina de Inglaterra, eso sí, a través de la televisión y de las redes sociales, a fin de conmemorar esta fecha tan significativa.

Se dirigía a la nación en plena crisis sanitaria por el coronavirus, cuando gran parte del mundo se encuentra confinado a fin de evitar que la pandemia siga propagándose. Era la segunda vez que lo hacía en un mes, aunque por motivos ciertamente distintos. Mientras que a principios de abril habló a los ciudadanos británicos para transmitirles un mensaje de esperanza y agradecer a los trabajadores esenciales todo su esfuerzo, en esta ocasión Isabel II trasladaba mentalmente a la nación 75 años atrás, en una suerte de homenaje dedicado no solo a los combatientes del conflicto bélico, sino también a su progenitor.


viernes, 24 de abril de 2020

Carta abierta al Rey de España

Rosa Díez

La ex diputada pide amparo a Felipe VI frente a quienes intentan destruir la democracia  

Majestad,
En este momento solo tengo un carné, el más preciado de todos los que he tenido: el de ciudadana del Reino de España.
Soy hija de socialistas republicanos, ambos militantes de las Juventudes Socialistas en Santander (así se llamaba Cantabria) cuando estalló la Guerra Civil.
Mi padre fue apresado unos meses antes de acabar la guerra y estuvo confinado en un campo de concentración hasta que finalizó, momento en el que fue trasladado a la cárcel de Larrínaga (Bilbao), donde pasó largos años de prisión tras conmutarle la pena de muerte a la que había sido condenado.
Mi madre lo siguió cuando fue trasladado a la cárcel de Larrínaga. Y paró en un pueblo a 15 kilómetros de Bilbao en el que encontró trabajo en una fábrica que hacía sacos de yute. Allí esperó a que saliera mi padre de la cárcel, allí se quedaron a vivir, allí nacimos mis dos hermanos y yo, allí están enterrados mis padres, allí hemos criado a nuestros hijos.
Mi padre nos habló mucho a mis dos hermanos mayores y a mí de la guerra, de lo que pasaron, de lo que sufrieron, de lo que perdieron... Aprendimos con él la importancia de la amistad, de la protección entre distintos; aprendimos que hay gente buena y mala en todos los lugares, en todos los bandos. Mi padre nunca quiso ganar la guerra con efectos retroactivos; él nos contaba su historia, siempre lo decía, para que ésta no se repitiera en nosotros, sus hijos.
Como le decía, mi padre era socialista y republicano. Se enroló desde el primer momento -a pesar de que acababa de casarse- para defender la República. Pero no fue al frente a defender la República sólo, ni principalmente, porque él era republicano sino porque la República era el orden legalmente constituido y defender la República era, por tanto, defender la democracia.
Sin que las situaciones sean ni mucho menos homologables, usted sabe que durante muchos años ha habido muchos españoles que en el País Vasco han arriesgado su seguridad y hasta su vida -sobre todo nuestros escudos, que venían de otros lugares de España para protegernos- para proteger esa Constitución que en 1978 nos hizo ciudadanos a todos los españoles y proclamó que la forma política del Estado español es la Monarquía Parlamentaria.
Nunca le preguntamos a quien caminaba a nuestro lado frente al totalitarismo etarra si era de derechas o de izquierdas, si era liberal o radical, si era monárquico o republicano. Éramos todos ciudadanos, defendíamos nuestros derechos, nuestras libertades, las que la Constitución proclama y las que la leyes han de tutelar de forma efectiva.
Le escribo esta carta porque quiero pedir la protección del jefe del Estado en un momento en el que observo que hay personas dispuestas a aprovechar esta grave situación que atraviesa España para cuestionar lo más sagrado que recoge nuestra Constitución: la libertad y la igualdad, en todos sus extremos y de todos los españoles.
Le escribo esta carta porque quiero llamar su atención sobre el riesgo de que el sistema del 78 sea una víctima más de la pandemia; no será con menos democracia, con menos libertades, anulando la separación de poderes, con menos igualdad... como saldremos de la triple crisis en la que está inmersa España.
Le escribo esta carta porque soy hija de un republicano del que aprendí que lo primero es la democracia y después todo lo demás; le escribo para decirle que aunque las circunstancias son otras, mi compromiso de defender el orden constitucional y la democracia -puesto en práctica durante muchos años en tierra hostil- no ha cambiado ni un ápice. Le escribo esta carta porque quiero pedirle que no escatime esfuerzos dentro de sus competencias constitucionales para defender el orden constitucional. Y, finalmente, le escribo para asegurarle que no entiendo otra manera de defender la ciudadanía y la Constitución que mostrar lealtad a la figura del jefe del Estado, o sea, a usted. Es la que yo le expreso.
Sin otro particular, reciba un cordial saludo.

Lectura del Quijote

La Princesa de Asturias y su hermana, la Infanta Sofía, han participado este jueves en la lectura del Quijote que organiza el Círculo de Bellas Artes, que en esta ocasión ha sido virtual.  

Mensaje de la Princesa Leonor y la Infanta Sofía por la crisis del covid-19

La Casa Real ha hecho público un vídeo de la Princesa de Asturias y de la Infanta Sofía en el que las hijas del Rey Felipe VI y de la Reina Letizia recuerdan a los niños que están sufriendo el confinamiento, dan las gracias a todas las personas que están ayudando a luchar contra la pandemia y desean que este problema pase pronto. 


jueves, 16 de abril de 2020

Los Reyes felicitan a Margarita II de Dinamarca en su 80 cumpleaños

Rafael Muñoz
RTVE 

La reina Margarita no imaginó que celebraría su 80 cumpleaños encerrada en su palacio. Este año, debido a la pandemia del coronavirus, no saldrá al balcón a saludar pero no le faltará el cariño de su pueblo porque se espera que los daneses salgan a sus balcones para cantarle. Más cambios. La reina recibe flores cada cumpleaños pero ahora ha pedido a la gente que se las envíe un ramo a los muchos conciudadanos mayores que tienen dificultades en este momento. Además, en la web de la casa real se ha habilitado un espacio para que quien quiera envie una felicitación, ya sea un saludo, un dibujo o una fotografía.  

Hoy ha recibido muchas felicitaciones, la mayoría virtuales, pero entre ellas destaca una en especial, la que le han enviado los miembros de las casas reales de Europa. En el vídeo, compartido en la cuenta de Youtube de la casa real danesa, vemos, entre otros a los reyes de Suecia, Noruega, Holanda y España. ¡Y todos la llaman Daisy! El mismo apodo que tenía su abuela, Margarita de Connaught.


jueves, 9 de abril de 2020

Isabel II lanza un mensaje de esperanza: 'Unidos y decididos, lo superaremos'


Desde que dio comienzo la crisis sanitaria, Isabel II se instaló en el castillo de Windsor junto a su marido, el duque de Edimburgo. Esta fortaleza ha servido ahora como escenario para la grabación de un histórico discurso de cuatro minutos y medio de duración en el que la reina ha abordado la situación que vive actualmente el Reino Unido a causa del coronavirus. Desde la White Drawing Room -estancia en la que podían grabar manteniendo la distancia de seguridad- y vestida de verde, el color de la esperanza, la monarca ha agradecido el esfuerzo de todos los sanitarios y otros trabajadores esenciales, ha reconocido la dificultar de los tiempos que vivimos y ha invitado a los ciudadanos a mantener "la disciplina, el buen humor y el compañerismo que caracterizan a este país".  

sábado, 28 de marzo de 2020

El Rey reinventa su oficio


ABC
Almudena Martínez-Fornés


En siglos pasados, cuando se desataba una epidemia, los Reyes salían a recorrer las salas abarrotadas de los hospitales para llevar consuelo y ánimo a los enfermos. A veces, incluso, lo hacían a escondidas del Gobierno y de sus propios médicos, como hizo Alfonso XII en 1885, cuando escapó a Aranjuez, ya enfermo de tuberculosis, en plena epidemia de cólera y, a su regreso a Madrid, fue recibido como un héroe.

Pero ahora, en plena epidemia de coronavirus, el Rey no puede visitar a los enfermos ni animar en persona a los ejércitos blancos y verdes que combaten en esta guerra. Por no poder, ni siquiera puede honrar a los muertos, que ya son muchos más que los de cualquier tragedia vivida a lo largo de la democracia.

Y es que el confinamiento en Palacio es el mayor enemigo de un Rey. Por eso, Don Felipe ha tenido que reinventar su oficio y adaptarlo a los nuevos tiempos, a golpe de tecnología. La Zarzuela ha sustituido en gran parte las reuniones de trabajo y las audiencias por conversaciones telefónicas e, incluso, por videconferencias, como la que Don Felipe mantuvo ayer con los responsables máximos de Mercamadrid para abordar el suministro de alimentos en plena crisis del coronavirus. Aunque el Rey ya ha recurrido a este método en varias ocasiones para dirigirse a las tropas destacadas en el exterior, la de ayer fue la primera vez en que lo hizo desde su despacho, obligado por las recomendaciones sanitarias.

Pero el Rey también se reunió ayer con el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, en La Zarzuela, y después abrió una ronda de contactos telefónicos con los agentes sociales -CEOE, Cepyme, Asociación de Trabajadores Autónomos, UGT y CC.OO.- para abordar los graves efectos de la epidemia en el tejido social. A todos ellos les transmitió un mensaje de «ánimo, fortaleza y unidad» para vencer al coronavirus. Y a los sectores productivos les agradeció que permitan la continuidad del funcionamiento básico del país. Mientras, la Reina habló con la Confederación de Salud Mental y con la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Y ambos consiguieron romper el muro del confinamiento.

jueves, 26 de marzo de 2020

El Rey, en Ifema: «Este hospital es símbolo de lo que somos capaces de hacer cuando trabajamos juntos»

ABC
Almudena Martínez-Fornés

Su Majestad el Rey ha visitado en la mañana de este jueves el hospital de emergencia levantado en el recinto ferial de Ifema de Madrid para atender a los enfermos de coronavirus. La visita, de algo más de una hora de duración, se ha hecho de forma muy discreta y no fue anunciada con antelación a los medios de comunicación.

Con mascarilla y guantes, Don Felipe ha recorrido las instalaciones, excepto las que ya están ocupadas por pacientes, y ha asistido a una reunión informativa sobre la puesta en marcha de este centro sanitario en un tiempo récord. Durante la visita, el Rey ha dirigido unas palabras a quienes lo han hecho posible y les ha dicho que «representáis de una manera nítida el esfuerzo titánico que se está haciendo en muchos lugares de España» para luchar contra esta epidemia.

Este hospital, dijo, «es un auténtico símbolo de lo que somos capaces de hacer cuando trabajamos juntos por un fin común». Destacó que se ha levantado «en un tiempo récord, porque el Gobierno, la Comunidad autónoma, el Ayuntamiento de Madrid, Ifema, las empresas de proveedores, las Fuerzas Armadas y los servicios de emergencia... han sido capaces de unirse y de trabajar codo con codo».

España ha demostrado, dijo, que «cuando todos trabajamos juntos, por un objetivo común, somos capaces de vencer y superar las dificultades por graves y serias que sean» y añadió que las actuales «quizá sean las más graves de nuestro tiempo».

Don Felipe recordó a los profesionales que están «trabajando en unas condiciones muy difíciles», pero también a los afectados y a las personas que han perdido seres queridos y están «pasándolo muy mal».

Agregó que este hospital de emergencia «nos anima» porque «es un verdadero orgullo para todos» y «pasará a la historia» como una imagen que «todos recordaremos pasados los años». «Lo guardaremos en nuestra memoria como un verdadero ejemplo de esfuerzo, sacrificio y de superación», afirmó.

«Este lugar es fuente de esperanza -añadió-, no solo para los enfermos, que aquí serán bien atendidos; no solo para los centros hospitalarios de Madrid, que se verán aliviados en su batalla diaria tan intensa y heroica, sino para la moral de toda España en nuestra voluntad común de vencer al virus, de superar su mayor impacto y de recuperar cuanto antes, y aún más unidos, nuestros proyectos de vida, nuestra economía y nuestro bienestar».

Don Felipe ha estado acompañado por los ministros de Defensa, Margarita Robles; de Sanidad, Salvador Illa; el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida; el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Enrique Ruiz Escudero; el director general de Ifema, Eduardo López-Puertas, y representantes de las unidades militares que participan en el montaje del centro.

En la reunión informativa han participado también el director médico del nuevo centro, Antonio Zapatero; el director logístico del hospital de Ifema, Juan José Pérez, y por videoconferencia el presidente del Comité Ejecutivo de Ifema, Clemente González Soler.

La primera fase de este hospital, que incluía 1396 camas, fue levantada en apenas 18 horas por la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid con ayuda de la Unidad Militar de Emergencias (UME), con el fin de descongestionar los grandes centros sanitarios de la región, que quedaron muy pronto colapsados por la propagación del coronavirus. El hospital está proyectado para disponer de una capacidad de 5.500 camas y de UCI, lo que le convertirá en el centro sanitario más grande de España.

miércoles, 25 de marzo de 2020

El Rey transmite un mensaje de «ánimo, fortaleza y unidad» a empresas, autónomos y sindicatos

ABC
Almudena Martínez-Fornés

El Rey ha hecho este miércoles una ronda de contactos con los agentes sociales -empresas, sindicatos y autónomos- para abordar los graves efectos que está provocando la epidemia de coronavirus en el tejido social.

Don Felipe ha transmitido a todos ellos un mensaje de "ánimo, fortaleza y unidad" para vencer al coronavirus, y a los sectores productivos les ha agradecido que permitan la continuidad del funcionamiento básico del país.

Además, el Rey mantendrá esta tarde una videoconferencia con los máximos responsables de Mercamadrid, plataforma logística de distribución que es un referente mundial y una pieza pieza de garantía en el engranaje de la cadena alimentaria en España.

En concreto, Don Felipe ha hablado con los presidentes de la CEOE, Antonio Garamendi; de Cepyme, Gerardo Cueva, y de la Asociación de Trabajadores Autónomos, Lorenzo Amor, así como con los secretarios generales de UGT, Pepe Álvarez, y de Comisiones Obreras, Unai Sordo.

Los agentes sociales han transmitido al Rey los motivos de preocupación de los trabajadores, asalariados y autónomos, así como de las empresas, pequeñas y grandes. Los sindicatos y las organizaciones patronales también han informado a Don Felipe de sus propuestas para minimizar los efectos socioeconómicos de la crisis.

Según publicó Lorenzo Amor en su cuenta de Twitter, el Rey también compartió la preocupación de los trabajadores autónomos: «Agradezco la llamada que acabo de recibir de S.M. Felipe VI. Me ha compartido su preocupación y su ánimo a los autónomos ante la situación que estamos viviendo provocada por el estado de alarma y el covid-19. He trasladado al Rey las principales inquietudes de los autónomos".

Los Reyes están manteniendo parte de su actividad habitual en plena epidemia de coronavirus, aunque hayan tenido que adaptarla a la nueva situación. Este miércoles, el Rey también se ha reunido en el Palacio de La Zarzuela con el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, con quien ha analizado la situación generada por el coronavirus, como viene haciendo con los miembros del Comité Técnico de Gestión de la epidemia, además de mantener contacto permanente con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, según informó el Palacio de La Zarzuela. En el vídeo facilitado por la Casa del Rey, se puede oír a Don Felipe preguntar a Ábalos cómo se encontraban en su «entorno familiar», a los que el ministro responde: «Bien, bien, bien, todos confinados».

Por su parte, la Reina ha llamado a los representantes de las personas con trastornos mentales y con adicciones, quienes le han contado sus problemas en esta situación de confinamiento y crisis sanitaria, así como la falta de equipos de protección para los voluntarios.

Doña Letizia ha hablado con el presidente de la Confederación de Salud Mental España, Nel González Zapico, quien le ha trasladado su preocupación por los efectos añadidos de esta crisis sanitaria, que supone un retroceso sobre la Salud Mental y la atención de los enfermos. Por ello, han distribuido una guía para personas con trastornos y sus familias y han puesto en marcha la campaña #SaludMentalVsCovid19.

«Gracias por tu labor»

También han expuesto a la Reina las dificultades que tienen los voluntarios presenciales por la falta de equipos de protección. Con el fin de reconocer su labor en estas circunstancias, han anunciado que lanzarán otra campaña con el lema «Gracias por tu valor«.

El presidente de la FAD, Ignacio Bayón, informó a la Reina de las nuevas iniciativas puestas en marcha para combatir las noticias falsas, ayudando a los jóvenes a detectarlas, y para afrontar el gran impacto que tendrá la crisis en las relaciones generacionales.

La FAD, que ha reforzado la difusión del teléfono 900161515, ofrece ayuda sobre cómo abordar el confinamiento con los menores en casa, orientación sobre conductas de riesgo (consumo de drogas, apuestas online...) y apoyo al bienestar emocional de los jóvenes que lo necesiten.

sábado, 21 de marzo de 2020

La legitimidad de la Monarquía

Manuel Aragón, catedrático emérito de Derecho Constitucional y magistrado emérito del Tribunal Constitucional.
El País

La legitimidad de origen de la monarquía, como forma política en la que un rey es el jefe del Estado, proviene del regular acceso hereditario a la Corona. Esa característica es genuina e indisociable de la monarquía. Sin embargo, en la monarquía parlamentaria, que es la única fórmula que hace compatibles monarquía y democracia, esa legitimad dinástica, que tiene sus virtudes en cuanto a la estabilidad estatal, va acompañada, necesariamente, de otra legitimidad de origen, de tipo indirectamente democrático: la que se deriva de estar prevista en una Constitución emanada de la voluntad popular, que ha descargado de poderes autónomos al rey y únicamente le ha confiado una función de auctoritas de carácter simbólico y moderador amparada en su obligada neutralidad política y su exclusivo servicio a los intereses generales. Pero ni a la monarquía ni a ninguna otra forma política le basta con la legitimidad de origen, ya que necesita también de la legitimidad de ejercicio, basada en la creencia generalizada de que los poderes públicos cumplen correcta y útilmente sus funciones constitucionales. 

Es una característica genuina de la monarquía parlamentaria que su legitimidad de ejercicio tiene más peso que la de origen, pues sin aquella, esta vería muy mermada su eficacia, por la sencilla razón de que, hoy, la monarquía parlamentaria descansa, sobre todo, en su utilidad. En el fondo, esto ya se contenía en la vieja máxima isidoriana: rex eris si recte facies. Ese obrar rectamente, dado el carácter personalísimo de la institución monárquica, se extiende en una doble dimensión: pública y privada, pues no abarca solo el deber institucional de cumplir exactamente las funciones constitucionalmente atribuidas, sino también el deber personal de dar un ejemplo constante de honradez. No cabe descartar que un buen rey en el plano institucional pueda haber dado un mal ejemplo en su vida personal y que, al hacerle objeto de un juicio histórico, deben separarse ambas facetas, ya que los defectos personales del rey no privan, por sí solos, de valor al correcto ejercicio de sus funciones públicas si así las hubiera desempeñado, ni, en todo caso, invalidan las ventajas institucionales de la monarquía parlamentaria como sistema. Pero también es cierto que, si el defecto personal del rey fuese patente y generalmente conocido, podría impedir, muy probablemente, que el correcto ejercicio institucional desplegase capacidad legitimadora. O dicho más claramente, podría hacer muy difícil que la monarquía sobreviviera.

Las anteriores consideraciones, de índole teórica, deben servirnos en la práctica para juzgar adecuadamente el reciente comunicado de la Casa del Rey referido a las relaciones entre Felipe VI y su padre, el rey Juan Carlos. Este comunicado puede suscitar cuestiones que son menores, en mi opinión, tales como los efectos jurídicos de la renuncia a la herencia que pudiera corresponderle a nuestro Rey (me parece claro que en el plano constitucional, al margen del Derecho Civil, hay que entender esa renuncia, sin duda, como un compromiso firme e irrevocable) o si debió hacerse público el problema que ahora se denuncia cuando se conoció hace un año (entonces creo que, personal e institucionalmente, se hizo lo que se debía, que ahora no queda desmentido, sino ratificado). Lo importante de ese comunicado no son, pues, esos detalles, sino su forma y contenido: el modo firme, tajante, sin paliativos, con que nuestro Rey ha reaccionado, por muy doloroso que, personalmente, le haya resultado hacerlo, reiterando públicamente un compromiso ético asumido desde el momento de su acceso al trono. Como en el propio comunicado se recuerda, don Felipe ya anunció en su discurso de proclamación ante las Cortes Generales que su conducta como Rey estaría caracterizada por la honestidad institucional y personal.

Aquellas palabras, fieles a la convicción de que es absolutamente necesaria la legitimidad de ejercicio en la monarquía parlamentaria, no tienen desperdicio, y conviene transcribirlas, pues son la clave del reciente comunicado, esto es, de lo que, con toda seguridad, nuestro Rey haría cuando la conducta de cualquiera de los miembros de su familia no se atuviese a esos valores: "La Corona debe (…) velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente, como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social. Porque, solo de esa manera, se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones. Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren —y la ejemplaridad presida— nuestra vida pública. Y el Rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no solo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos".

Es difícil decirlo mejor: por encima de la familia, de los afectos personales, de los sentimientos filiales, está el exacto cumplimiento del deber y la irrenunciable ética pública que han de acompañar a la Corona y a sus titulares; así lo exigen los tiempos, pero también la idea, permanente en una monarquía parlamentaria, de que sin legitimidad de ejercicio la monarquía no puede subsistir. Pocos, creo, han comprendido mejor que Felipe VI lo que la monarquía parlamentaria significa. Los españoles tenemos la inmensa suerte de contar con un buen Rey, con un Rey auténticamente constitucional, no solo por haber accedido al trono y reinar de acuerdo con lo previsto en la Constitución, y por tener una sólida formación constitucional, sino además por su absoluta identificación con los valores que nuestra Constitución exige a la conducta de todos los cargos públicos.

Por ello los ciudadanos podemos confiar en la capacidad de advertir y animar de nuestro Rey cuando la Constitución se pone en peligro, como hizo en su mensaje del 3 de octubre de 2017, o cuando se ponen en peligro el Estado y la misma sociedad, como está ocurriendo con la pandemia actual del coronavirus, de cuyo desarrollo y de cuyas medidas públicas para afrontarla ha estado informado el Rey desde el primer momento, participando, dentro de la naturaleza de sus funciones, en la responsabilidad estatal irrenunciable ante esta situación. Por ello, una vez adoptadas por las autoridades competentes las urgentes medidas necesarias, nuestro Rey ha vuelto, el pasado día 18, a dirigirse a la nación animando a los ciudadanos a confiar en sí mismos y en las instituciones, y garantizando que los poderes públicos están actuando y lo seguirán haciendo con toda la fuerza necesaria para combatir con éxito esta gravísima crisis sanitaria, social y económica. Estoy seguro de que esa alocución ha tenido un gran efecto, porque la intachable legitimidad de ejercicio que, como Rey, viene demostrando, lo hacen acreedor de la confianza ciudadana.

En España, el Rey no es, como algunos dicen, por ignorancia o malicia, un "mero adorno constitucional", sino una pieza fundamental del Estado que incluso (en frase clásica referida a la monarquía parlamentaria) "hace más de lo que parece hacer", aunque no tenga competencia, por sí solo, para adoptar decisiones políticas. Estas les corresponde adoptarlas a los órganos democráticos, y en la actual crisis al Gobierno de la nación, cuyas decisiones han de ser obedecidas por todos los españoles y todas las autoridades. Pero, sin duda, la auctoritas del Monarca fortalecerá la necesaria acción del Estado para que los españoles salgamos, cuanto antes, de la terrible crisis que nos atenaza.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Discurso del Rey por el coronavirus



Esta noche, el Rey se ha dirigido a la nación para explicar a los españoles la evolución de la pandemia del coronavirus. Es la segunda vez que, con caracter excepcional, Felipe VI da un discurso. La primera vez fue el 3 de octubre de 2017, tras la celebración del referéndum ilegal del 1-O.
Estas son las frases más destacadas del discurso del Rey.

Una crisis sin precedentes

«Estamos haciendo frente a una crisis nueva y distinta, sin precedentes, muy seria y grave, que pone en riesgo nuestra salud en cada rincón de España. Pero también, y de forma muy traumática, altera y condiciona nuestras costumbres [...] También es una crisis que estamos combatiendo y que vamos a vencer».

Aliento para quienes están afectados

«Lo primero que quiero hacer es enviar todo mi cariño y afecto, junto a la Reina y nuestras hijas, a tantas familias en toda España que desgraciadamente han sufrido la pérdida de alguno de sus seres queridos».

Gracias a los sanitarios

«Sabíamos que tenemos un gran sistema sanitario y unos profesionales extraordinarios; a ellos quiero dirigirme ahora: tenéis nuestra mayor admiración y respeto, nuestro total apoyo».


«Nunca os podremos agradecer bastante lo que estás haciendo por vuestro país. No os puede sorprender que desde las casas de toda España se oiga un aplauso emocionante y sentido. Un aplauso sincero y justo, que estoy seguro que os reconforta y anima».

Unidad

«Debemos unirnos en torno a un mismo objetivo: superar esta grave situación. Y tenemos que hacerlo juntos; entre todos; con serenidad y confianza, pero también con decisión».

Quédate en casa

«Ahora tenemos que resistir, que aguantar y tenemos que adaptar nuestros modos de vida [...] Todos debemos contribuir a ese esfuerzo colectivo coon nuestras actitudes y nuestras acciones, por pequeñas que sean».

Un gran pueblo

«Esta es una crisis temporal. Un paréntesis en nuestras vidas. Volveremos a la normalidad [...] Recuperaremos la normalidad de nuestra convivencia, la vida en nuestras calles, en nuestros pueblos y ciudades; la economía, los puestos de trabajo, nuestras empresas... España recuperará su pulso, su vitalidad, su fuerza [...] Hemos pasado por situaciones muy difíciles, muy graves; pero, como las anteriores, esta también la superaremos. Porque España es un gran país. Un gran pueblo que no se rinde».

Venceremos

«Este virus no nos vencerá. Al contrario. Nos va a hacer más fuertes como sociedad».