ABC
Almudena Martínez-Fornés
sábado, 28 de marzo de 2020
El Rey reinventa su oficio
jueves, 26 de marzo de 2020
El Rey, en Ifema: «Este hospital es símbolo de lo que somos capaces de hacer cuando trabajamos juntos»
miércoles, 25 de marzo de 2020
El Rey transmite un mensaje de «ánimo, fortaleza y unidad» a empresas, autónomos y sindicatos
sábado, 21 de marzo de 2020
La legitimidad de la Monarquía
miércoles, 18 de marzo de 2020
Discurso del Rey por el coronavirus
Esta noche, el Rey se ha dirigido a la nación para explicar a los españoles la evolución de la pandemia del coronavirus. Es la segunda vez que, con caracter excepcional, Felipe VI da un discurso. La primera vez fue el 3 de octubre de 2017, tras la celebración del referéndum ilegal del 1-O.
Una crisis sin precedentes
Aliento para quienes están afectados
Gracias a los sanitarios
Unidad
Quédate en casa
Un gran pueblo
Venceremos
miércoles, 19 de junio de 2019
V Aniversario Proclamación del Rey Don Felipe VI
martes, 18 de junio de 2019
Un rey de España en Windsor
Si 1992 fue un año para el optimismo español, en Gran Bretaña iba a quedar -son palabras de Isabel II- como un «annus horribilis»: cuando un país celebraba la Exposición Universal y los Juegos Olímpicos, el otro sufría el Miércoles N egro de la libra esterlina o el descrédito sin vuelta atrás del partido en el poder. Para afirmar que no recordaría el 92 «con placer rebosante», la Reina tenía, sin embargo, motivos más inmediatos que el abandono del sistema cambiario europeo: los matrimonios de sus hijos y su hermana estaban rotos o por romperse, los escándalos se sucedían, la familia zozobraba. Un día de noviembre vino el último trallazo sentimental: se declaraba un incendio en el castillo de Windsor, lugar de la legitimidad y de la memoria, importante para los reyes de Inglaterra desde los tiempos -hace casi mil años- de Guillermo el Conquistador. Allí lloró su pena Jorge III, allí se desató el dandismo de Jorge IV, allí permaneció intacto, por orden de la reina Victoria, el cuarto azul en el que murió su consorte Alberto.
En fin, cuando la dinastía tuvo que cambiar de nombre, en el momento germanófobo de la Gran Guerra, nadie soñó con Buckingham o Sandringham o Balmoral: tenía que ser Windsor. Pero si Windsor ha sido el palacio de las ocasiones de pompa y circunstancia, de las fiestas, de las bodas en la capilla de San Jorge, para la Reina tiene una cercanía muy propia: es el lugar donde pasó los bombardeos alemanes durante la guerra; donde ha enterrado a sus padres y ha casado a sus nietos. Es también la casa de los afectos, por tanto. Y allí recibe hoy a Felipe VI, el Rey de España. Desde los tiempos de Catalina de Aragón, tan querida aún por los británicos, o de un Felipe II que se esforzó en chapurrear el inglés y beber la cerveza local, estas visitas ni son rutina ni dejan de tener su sentido y su emoción. De nuevo es así: si de afectos hablamos, la Orden de la Jarretera es el mayor de todos los honores que puede conceder la Reina de Inglaterra.
Con sus vistosos desfiles por San Jorge y un uniforme de tanta bizarría como incomodidad -hasta la propia Isabel II llegó a quejarse-, los ceremoniales de la Jarretera parecen hablarnos de esa «fuerza natural» que, según el anglófilo Morand, entronca a los británicos con su pasado. Nuestro Moratín, en el XIX, no deja de pasmarse de las sofisticaciones que alcanza en las islas «la ciencia del blasón». Más allá de estos «jeroglíficos góticos», cuando Isabel II y Felipe VI se encuentren, no estará de más repasar aquella vieja frase de Walter Bagehot, gran politólogo victoriano, según la cual la monarquía endulza la política con la justa adición de acontecimientos hermosos. Las liturgias de la Jarretera serán, en efecto, una de esas ocasiones en que la Corona no se mantiene «escondida como un misterio», sino que se pasea «como un desfile». En su discurso sobre el «annus horribilis», Isabel II supo que la institución monárquica «no debe pensarse libre del escrutinio de los que la apoyan, y menos aún de los que no lo hacen». Dicho de otro modo, ha de asegurar ese «valor incalculable» que, en términos de representación y reputación, confiere al Estado el «uso digno» de la Corona. Ahí, el posado conjunto en Windsor no constituye tan sólo un potente mensaje para ambos países en términos de imagen. La propia diferencia de edad -Isabel II llevaba tres lustros de reinado al nacer Felipe VI- abona esa magia inteligible que, incluso en tiempos poco dados a la deferencia, aún parece conservar la monarquía. Ese es un rasgo con calado en las opiniones públicas, y responsable de un fenómeno «que suele escapar a los estudiosos de la filosofía política»: el «afecto» que une a tantas personas con los reyes. En pleno proceso del Brexit, el «encantamiento místico» que observa Bagehot en la Corona volverá a ser operativo a la hora de simbolizar el encuentro de dos pueblos. Como adivinó el eminente victoriano, si la monarquía es «la luz por encima de la política», es -entre otras cosas- porque a veces llega donde la política habitual no es capaz de llegar.
A cinco años de su proclamación y dos de su visita de Estado, en plena coyuntura de Brexit, ¿qué Reino Unido se encuentra Felipe VI? Alegra pensar que, seguramente, un Reino Unido más hispanófilo que nunca. Así podemos comprobarlo en los Institutos Cervantes de Mánchester, Leeds y Londres, cuya biblioteca fue inaugurada por la Reina Sofía. Tras la gran retrospectiva de Murillo, la National Gallery dedica a Sorolla la mayor exposición -inaugurada a su vez por la Reina Letizia- de la temporada; Kelsey Grammer acaba de terminar su cabalgada con El hombre de la Mancha en Covent Garden. Nuestros mejores restauradores saben triunfar en una plaza tan exigente como es la inglesa, y con nuestros restauradores viene nuestro producto de la mano. La subfacultad de español de Oxford, como contaba hace pocas semanas ABC Cultural, cumple cincuenta años, y hasta el British Council, repetidamente, ha calificado al español de «lengua del futuro» para los británicos.
Lo español y el español, sin embargo, importa decirlo, no son sólo una moda. Han pasado quinientos años desde el viaje de Elcano, cuando -por citar la frase, tan hermosa, de Belisario Betancur- «la tierra fue redonda primero en español». En un país acostumbrado a pensar el mundo como es el Reino Unido, el interés por la Hispanoesfera es un interés natural: como las naciones de habla inglesa, constituye también un polo global, con 750 millones de personas que, hacia el año 2050, estarán creando, investigando y comerciando en español. Las casas reales tienen entre sí sus tradiciones, cortesías y relaciones de familia. Pero tras ese «encantamiento místico» de la visita, lo que importa señalar es que esta es una realidad que se intuye en la calle, se computa en las torres administrativas de Whitehall y, desde luego, se conoce a la perfección entre Buckingham y Windsor.
lunes, 17 de junio de 2019
El Rey, investido caballero de la Orden de la Jarretera

La Reina de Inglaterra ha investido este lunes al Rey de España caballero de la Orden de la Jarretera en una ceremonia de pompa y circunstancia que se ha celebrado en el Castillo de Windsor y la Capilla de San Jorge en la que también ha sido investido el Rey de los Países Bajos y que ha reunido a la mayoría de los miembros de la Familia Real británica. En un semisoleado día británico, Don Felipe recibió los atributos de la Jarretera, una orden tan antigua y prestigiosa como el Toisón de Oro español. La primera parte de la ceremonia se ha celebrado a puerta cerrada y la Casa del Rey no ha podido confirmar si Don Felipe ha recibido, entre los demás atributos de la orden, la singular liga que simboliza esta condecoración. Tan singular es este símbolo que en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial hay un retrato de Felipe II con la famosa liga de la Jarretera.
La ceremonia, que empezó a las doce del mediodía, transcurrió en dos actos. Primero se celebró la investidura en el Salón del Trono del Castillo de Windsor, donde la Reina presidió el capítulo de la orden como Soberana de la misma. Isabel II, vestida con la larga capa de la Jarretera y cubierta con el sombrero de terciopelo negro con pluma de avestruz, presidió una ceremonia en la que los caballeros y las damas de la orden y el resto de los invitados se sentaron en los laterales del salón formando dos largas filas. Los asientos más próximos a Isabel II los ocuparon los Reyes Felipe y Guillermo Alejandro.
Durante la ceremonia, el Monarca español, que lucía un chaqué, fue llamado a colocarse ante la Reina para recibir los atributos de la Jarretera. Según la leyenda, el origen de esta condecoración, creada en 1348 para reconocer el valor y la lealtad, se debe a que el Rey Eduardo III estaba bailando con la condesa de Salisbury, cuando a esta dama se le cayó una liga azul y, para evitar que ella se avergonzara, el Monarca la recogió del suelo y se la puso. Por ello, el lema de la orden es: «Honi Soi Qui Mal y Pense» (averguéncese quien tenga un mal pensamiento).
martes, 1 de enero de 2019
Sólo ante el peligro
Eduardo Álvarez
lunes, 31 de diciembre de 2018
Decíamos ayer...
Estamos donde estábamos. Ayer, como hoy, el objetivo primordial del blog y de la página web Fororeal.net es servir a la Corona con la máxima lealtad.
Reinar en tiempos revueltos
El videojuego de FB6
Felipe VI, garante de la libertad y la concordia
Felipe VI, personaje del año
Hace unos años, en una conversación con periodistas cuando todavía era Príncipe de Asturias, el actual Monarca reflexionaba así al ser preguntado por el 23-F: "Prefiero no necesitar ese tipo de reválidas". Quién le iba a decir que tendría que afrontar en el inicio de su reinado su particular 23-F en forma de desafío independentista. Un reto que ha encarado en soledad, sin apenas respaldo por parte del Gobierno. Él mismo lo definió hace unos meses como "la más grave crisis que hemos debido afrontar en nuestra historia reciente". Y ante ella, Felipe VI ha sido quien ha vertebrado el compromiso mayoritario de la sociedad con la Constitución y en defensa del Estado de Derecho. Diálogo sí, pero siempre bajo una premisa: "Las reglas que son de todos deben ser respetadas por todos".
martes, 25 de diciembre de 2018
Discurso de Navidad del Rey
El Rey pide "consensos" para "asegurar en todo momento" la "frágil convivencia"
Frente a los peligros de una ruptura de la convivencia, «reconciliación, concordia, diálogo, entendimiento, integración y solidaridad» son los pilares sobre los que el Rey asienta «la base de nuestra libertad y progreso».
Felipe VI evidencia su preocupación por el distanciamiento y las heridas que está provocando el discurso político en la convivencia en estos últimos años. De hecho, no duda en definirla como «frágil», para acto seguido recordar que es «el mayor patrimonio que tenemos los españoles» y que es «imprescindible asegurarla en todo momento». Y, como ha realizado a lo largo de este 2018, blande la Constitución y el Estado de Derecho como guía para defender y asegurar: «Las reglas que son de todos» deben ser «respetadas por todos».
En esta Navidad de 2018, Felipe VI ha querido transmitir a los españoles un mensaje conciliador, con una apuesta por el diálogo y los consensos como herramientas para solucionar los problemas. Para destensionar y canalizar la convivencia, en democracia y libertad, como valor esencial a preservar. Un mensaje que coincide con el enconamiento del desafío independentista, con imágenes de enfrentamientos o tensión en las calles y con un Congreso donde la dialéctica bronca ha ganado enteros.
La convivencia, eje central del discurso
El Rey, en esta ocasión, ha querido evitar ambigüedades o segundas lecturas. Por eso, en su mensaje define qué es o debe ser la convivencia:«Se basa en la consideración y en el respeto a las personas, a las ideas y a los derechos de los demás; que requiere que cuidemos y reforcemos los profundos vínculos que nos unen y que siempre nos deben unir a todos; que es incompatible con el rencor y el resentimiento, porque estas actitudes forman parte de nuestra peor historia y no debemos permitir que renazcan; una convivencia en la que la superación de los grandes problemas y de las injusticias nunca puede nacer de la división, ni mucho menos del enfrentamiento, sino del acuerdo y de la unión ante los desafíos y las dificultades».
En su discurso más corto de los últimos años (10:50 minutos, frente a, por ejemplo, los 13:18 de 2016), Felipe VI emplea la convivencia como concepto río que estructura su discurso. Es la palabra más empleada: siete veces. Si en ocasiones anteriores, sectores de la política y la sociedad, principalmente los nacionalistas y Podemos, han afeado la falta de una apelación directa al diálogo, en esta ocasión desde Zarzuela se ha explicitado y reiterado este principio como valor esencial, siempre al amparo de la Constitución. De hecho, insistió en «hacer todo lo que esté en nuestras manos» para que sus «principios no se pierdan ni se olviden».
Felipe VI se ha convertido en el foco de una campaña de acoso y ataque por parte de los independentistas y Podemos, que simbolizan en él su propósito de romper el régimen del 78 o hacer caer el actual modelo de Estado. Prueba de ello es que en la tarde de ayer, y antes incluso de escuchar las palabras del Monarca, activistas y militantes de Podemos impulsaron una campaña en las redes sociales con la etiqueta #ElReyNoTeHabla para explicitar por qué, a su juicio «no nos representa».
En su propósito de transmitir un mensaje conciliador, de entendimiento, Felipe VI pide que en la construcción del «gran proyecto de modernización de España» «nadie se quede atrás». Un mensaje a nacionalistas, pero también a los jóvenes, la otra idea eje del discurso del Rey. «Todos podemos hacer mucho por el bien común, y superarnos cada día; animando a quien lo precisa -sin que nadie quede atrás-, y sumando todas nuestras fuerzas en el deseo de una España siempre mejor, porque los españoles lo merecemos».
El ejemplo de la Transición
Como ejemplo del espíritu que Felipe VI predica, al igual que hiciera en el acto solemne del 40 aniversario de la Constitución, apela a la Transición, sus logros y sus legados: «La reconciliación y la concordia; el diálogo y el entendimiento; la integración y la solidaridad» son, recuerda el Monarca, «los ideales que animaron y unieron a los españoles durante la Transición y que han sido el fundamento, la base de nuestra libertad y de nuestro progreso de estos últimos 40 años».
Y en este contexto, lanza un mensaje a los políticos: «Fue la voluntad de los españoles de entenderse y la de los líderes políticos, económicos y sociales de llegar a acuerdos, a pesar de estar muy distanciados por sus ideas y sentimientos».
Como se ha señalado antes, en su mensaje, el Rey hace especial hincapié en los jóvenes, en la búsqueda de su complicidad para el futuro más inmediato. «Queréis vivir y convivir, pero tenéis problemas serios», expone Felipe VI. «Os tenemos que ayudar: a que podáis construir un proyecto de vida personal y profesional», es su invitación, instándoles «a seguir construyendo día a día un país mejor, más creativo, más dinámico, y siempre en vanguardia, contando con vosotros, con vuestra energía».
En Zarzuela son conscientes de que la Corona no conecta con los jóvenes, donde predomina la desafección y la censura. Felipe VI trata de tender puentes, vías de entendimiento:«Como sociedad tenemos una deuda pendiente con los jóvenes. Somos responsables de su futuro».
