viernes, 23 de marzo de 2007

El papel institucional de la Corona

ABC

AYER se tributó en Madrid un merecido homenaje a Sabino Fernández Campo, a quien su Majestad el Rey otorgó en su día el título de Conde de Latores en reconocimiento a sus destacados servicios a la Casa Real. Muchos protagonistas de la Transición democrática se sumaron a un acto que permite recordar, una vez más, el papel determinante de Don Juan Carlos en el éxito de la España constitucional y su ejemplar cumplimiento de las funciones que atribuye a la Corona el Título II de la Constitución. En efecto, el Rey es Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, árbitro y moderador del funcionamiento regular de las instituciones y máximo representante de nuestra Nación en las relaciones internacionales. Cada una de estas funciones ha sido ejercida con singular capacidad para hacer presente y operante la idea de una «monarquía de todos» como base para la estabilidad institucional. El arraigo de la forma monárquica de gobierno en la historia y en la sociedad ofrece así su mejor referencia en una presencia continua y oportuna de la Corona en todos los ámbitos de la vida española. Don Juan Carlos desempeña las tareas que incumben al Rey en la monarquía parlamentaria con una especial gravedad y mesura que han sido reconocidas de forma unánime. Los valores y principios que sustentan la arquitectura constitucional tienen en el Monarca, en el Príncipe y en toda la Familia Real a los primeros y principales de sus valedores. No hace falta que ello se exprese en intervenciones públicas que afecten al libre juego del pluralismo político en una coyuntura determinada.

Estas reflexiones, válidas con carácter general a partir de 1978, son particularmente oportunas en las circunstancias actuales. La figura del Rey y el respeto que se ha ganado a través de un ejercicio modélico de la más alta magistratura del Estado ofrecen a la opinión pública la sensación de que los pilares que sustentan el sistema constitucional siguen firmes, a pesar de algunas ofensivas interesadas. La forma de actuar de la Corona ha funcionado hasta ahora a plena satisfacción y no hay razón alguna para introducir modificaciones en su esquema de funcionamiento. El Rey está perfectamente informado, transmite cuando debe sus criterios institucionales y hace llegar a los ciudadanos las líneas maestras acerca de su visión de España. Es deber de todos los actores del sistema político preservar y fortalecer la naturaleza institucional que la Corona desarrolla en favor de todos los españoles.

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