sábado, 25 de octubre de 2014

Don Felipe: «Queremos una España alejada de la división y de la discordia»

Don Felipe: «Queremos una España alejada de la división y de la discordia»

ABC

El Rey no podía ocultar ayer su emoción. Treinta y tres años después, regresaba al mismo escenario en el que, cuando tenía trece, pronunció el primer discurso de su vida. Ahora lo hacía por primera vez como Rey para entregar los últimos premios Príncipe de Asturias, pero también para transmitir como Jefe del Estado unos mensajes muy claros y positivos a la España que le ha tocado reinar, desencantada por los casos de corrupción y amenazada por el separatismo.

Junto a él, Doña Letizia, vestida de azul, que también regresaba como Reina al Teatro Campoamor en cuyo escenario había llegado a actuar alguna vez, siendo una niña, con la escuela de ballet a la que acudía. Y frente a ellos, Doña Sofía, vestida de gris, que fue recibida con un largo aplauso y ovación con todo el público de pie. Doña Sofía asistía en esta ocasión, igual que en las anteriores, únicamente como madre, como madre del Rey. Mientras la aplaudían, nada más llegar, Don Felipe y Doña Letizia aguardaban en la puerta del salón para no interrumpir el homenaje. Después, mientras hablaba, el Monarca fue interrumpido hasta en cinco ocasiones con aplausos, pero la ovación más larga y con el público en pie surgió cuando hizo referencia a su regreso como Rey y llegó a aguarle los ojos.

Referencias morales

«Es necesario un impulso moral colectivo», afirmó. Un impulso «con el que se puede y se debe hacer de España una nación ilusionada, llena de vida y de pensamiento, llena de ideas que merezcan la confianza de los ciudadanos». «La sociedad necesita referencias morales a las que admirar y respetar; principios éticos que reconocer y observar; valores cívicos que preservar y fomentar», añadió. Y se mostró convencido de que «a partir de esas convicciones alejaremos el pesimismo, la desconfianza y el desencanto de muchos ciudadanos que demuestran, admirablemente, una capacidad de esfuerzo y de sacrificio digna de todo respeto».

Del mensaje de regeneración moral, el Rey pasó a hacer una llamada a la convivencia -«Queremos también una España alejada de la división y de la discordia»- y al cumplimiento de la ley por parte de todos: ciudadanos e instituciones. «Nuestra democracia, desde hace ya más de 35 años, no es fruto de la improvisación, sino de la voluntad decidida del pueblo español de constituir España en un Estado social y Democrático de Derecho, inspirado en los principios de libertad e igualdad, de justicia y pluralismo; y en el que todos, ciudadanos e instituciones, estamos sometidos, por igual, al mandato de la Ley» (aplausos).

Garantía de convivencia

En palabras del Rey, «respetar y observar ese marco constitucional y democrático es la garantía de nuestra convivencia en libertad. Es la garantía necesaria para que todos los españoles puedan ejercer sus derechos, para que las instituciones y los ciudadanos cumplan con sus deberes y asuman sus responsabilidades, y para que funcione ordenadamente nuestra vida colectiva. Pero debemos también cuidar y favorecer nuestra vida en común». En su discurso, el Rey evitó usar la palabra unidad, tan mañida que ha perdido fuerza e incluso ha generado rechazo en determinados sectores, y prefirió utilizar otras expresiones más atractivas.

También llamó el Rey a respetar la historia en estos tiempos en los que circulan tantas versiones, algunas tergiversadas, sobre hechos del pasado: «Miremos a nuestra historia con serenidad, objetividad y sabiduría -dijo-. Reconozcamos sus luces y sus sombras, y aprendamos de todas ellas para no cometer -para no repetir- los errores del pasado». En este sentido, recordó que «el caudal de progreso que hemos conseguido con el empuje de todos, especialmente en las últimas décadas, jamás lo había alcanzado España en tantos ámbitos», y animó a sentirnos «orgullosos de lo mucho y bueno que juntos hemos hecho».

«Pero no sólo compartimos historia», matizó Don Felipe. «Compartimos intereses y valores comunes; tenemos una misma voluntad de pertenecer a Europa, de ser Europa. Y sobre todo, compartimos sentimientos. Los españoles ya no somos rivales los unos de los otros. Somos protagonistas de un mismo camino» (aplausos).

El Rey se mostró convencido de que «la comprensión, la consideración, el afecto y el respeto mutuos son sentimientos arraigados en el corazón de los españoles y compartidos de norte a sur y de este a oeste de nuestro territorio. Y todos esos sentimientos, ni los debemos olvidar nunca, ni mucho menos perder. Al contrario, los tenemos que preservar y alimentar».

En su intervención, solo hizo una breve referencia a la crisis económica, en la que llamó a valorar el «enorme sacrificio y esfuerzo por parte de muchos españoles» para superarla. En cambio, dedicó buena parte del mismo a transmitir la necesidad de afrontar el futuro desde una posición sólida: «Debemos afrontar nuestro futuro con la fortaleza que nos exige un mundo distinto al que hemos conocido; un mundo que camina hacia una mayor integración y no al contrario». «Trabajemos pues cada uno con su propia personalidad, en un proyecto integrador, sentido y compartido por todos», animó.

Don Felipe habló de sus padres, Don Juan Carlos y Doña Sofía, y de sus hijas: «Se comprenderá con cuánto cuidado y dedicación la Reina y yo educamos a nuestras hijas, Leonor, Princesa de Asturias y la Infanta Sofía, para que también crezca en ellas un compromiso como el nuestro por esta noble causa y todo lo que representa», afirmó en referencia al espíritu de la fundación. Y cuando citó a Doña Sofía -«cuyo apoyo no nos ha faltado nunca»-, el público dirigió otra ovación a la Reina madre.

Un orgullo para España

Por primera vez, Don Felipe hizo ayer una referencia al ébola en público, y la hizo para elogiar «las historias ejemplares de entrega, de generosidad y de profesionalidad protagonizadas por médicos, sanitarios y científicos, por religiosos, cooperantes y militares». «Gracias a todos ellos y, particularmente, a nuestros compatriotas, por hacernos confiar en su competencia y capacidad; son -sois- todo un orgullo para España» (más aplausos).

El Rey terminó su discurso con una cita de Vicente Ferrer: «Hacer el bien sirve para llenar una vida. Hacer el bien a los demás, señoras y señores, sirve para darle sentido a una vida. Muchas gracias». Y en ese momento, el público se puso de pie y le brindó un largo aplauso de un minuto de duración, mientras Don Felipe hacía gestos con las manos para que cesaran. Tras el himno de Asturias, interpretado por la banda de gaitas Ciudad de Oviedo, el Rey cerró el acto con la tradicional convocatoria de los galardones para el próximo año, pero en esta ocasión, había una novedad y Don Felipe se equivocó: «Quedan convocados, por primera vez, los premios Príncipe de Asturias... Princesa de Asturias», corrigió sobre la marcha. Doña Letizia, a su lado, le hizo un comentario sobre la equivocación y el Rey respondió: «La falta de costumbre...».

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