lunes, 31 de enero de 2011

«Es hora de reparar la injusticia histórica a Don Juan de Borbón»

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ABC

Perseguido y calumniado en la época de Franco, y silenciado después en la Transición, el padre del Rey sigue siendo un desconocido para la mayoría de los españoles, a pesar de que jugó un papel fundamental en la restauración de la Monarquía como elemento de reconciliación y democracia. «Es hora de ayudar a reparar tan tremenda injusticia histórica», afirma Pedro Carvajal, hijo de Francisco Carvajal, conde de Fontanar, consejero e íntimo colaborador de Don Juan.

Testigo desde niño de su historia, a través de sus padres y del círculo más próximo al Conde de Barcelona, Carvajal acaba de publicar la biografía más cercana del padre del Rey, «La travesía de Don Juan» (Temas de hoy), cuyo título es la metáfora de «la azarosa vida de un marino que llegó a buen puerto, aunque no fuera ese el puerto que esperaba». Lo que distingue este libro de las otras biografías del Conde de Barcelona es que ayuda a descubrir el lado más humano del padre del Rey con testimonios y anécdotas inéditas. Pero esta obra es también un homenaje a aquel grupo de monárquicos que acompañaron a Don Juan en su travesía, unidos por el deseo de llevar la reconciliación y la democracia a España.

«El exilio les purificó»

El libro se gana la credibilidad del lector desde las primeras páginas. Empieza con un análisis crítico y honesto del Reinado de Alfonso XIII y un relato detallado del ambiente palaciego y cortesano de principios del siglo XX, alejado de las preocupaciones de los españoles y en el que se despreciaba a los intelectuales. «Quien malcriaba a Alfonso XIII era su tía la Infanta Isabel, la Chata. Cuando su madre, la Reina María Cristina, le iba a regañar, ella le decía: "Tu, hijo, haz lo que quieras que para eso eres Rey de España"», cuenta Carvajal. Por varias circunstancias, como la influencia de la Reina Victoria Eugenia y su etapa en la Marina inglesa, «Don Juan salió limpio de esas historias, pero además el exilio purificó a la Familia Real. Hubo un antes y un después. Cambió radicalmente», afirma el autor.

La biografía relata con detalle el despertar de la vocación marina en Don Juan, de la que no había precedentes en la familia. Cómo le sorprendió la proclamación de la República en la Escuela Naval de San Fernando, de donde tuvo que salir por sus propios medios. Su etapa en la Marina inglesa, el exilio en la Roma de Mussolini, en Lausana y en Portugal; la austeridad de «Villa Giralda», la traición de los Aliados en plena Guerra Fría, la intervención de Don Juan el 23-F, con sus llamadas al Rey desde Estoril, y la enorme generosidad que llevó al Conde de Barcelona a sacrificarse para salvar la Dinastía. Parte de los hechos que se relatan han sido cotejados con Doña Pilar, hermana del Rey, testigo de muchos de los acontecimientos que se describen.

Según Carvajal, Don Juan «ya tuvo conciencia de que Franco le había hurtado la Corona cuando, en la entrevista en el Azor, acepta que su hijo viniera a estudiar a España. También lo sabía la Reina Victoria Eugenia, quien en 1948 dijo: "Juanito ha sido muy generoso, pero puede que con ello se haya jugado la Corona"».

El libro relata «momentos muy duros entre Don Juan y Don Juan Carlos» y lo hace con tanto detalle que resulta «totalmente comprensible la actitud de ambos». Cuenta Carvajal que «hay un momento en que Don Juan Carlos le dice a su padre, con toda la razón: "Papá: o yo, o ni tú ni yo". Y Don Juan ya sabía que era así».

Para Carvajal, «su figura es un elemento clave para entender la Transición. Si no hubiera existido Don Juan ni sus monárquicos, los juanistas —que querían una Monarquía constitucional frente a la dictadura—, todo habría sido diferente, incluido el Rey. Si Don Juan Carlos es un profundo demócrata, lo es gracias al ambiente que recibió en su casa desde niño. Pero lo más importante de esta historia es que la Corona estuvo a la altura de las circunstancias y sirvió para la reconciliación a los españoles y el regreso de la democracia», subraya.

La presentación de «La travesía de Don Juan», que pretende ser también un homenaje a su figura, se celebrará el próximo viernes a las 12 horas en un curioso lugar: el Cuartel General de la Armada (Juan de Mena, 7) de Madrid y en ella intervendrá, entre otros, Jaime Carvajal, compañero de estudios y amigo de Don Juan Carlos.

Dispuesto a reinar, pero sin prisa

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ABC

Sin prisa por ser Rey, pero dispuesto a asumir con toda responsabilidad la Jefatura del Estado cuando llegue el momento. Una sucesión que todos desean lo más lejana posible por el afecto a Don Juan Carlos, pero que se abordará en su día con la normalidad propia de la Institución monárquica, que tiene garantizada la continuidad de la Jefatura del Estado.

Así es como afronta el Príncipe de Asturias su 43 cumpleaños. Una fecha especialmente importante porque hoy también se cumplen 25 años de su mayoría de edad y de la jura de la Constitución ante las Cortes Generales del Reino. Cinco lustros en los que Don Felipe se ha estado preparando para reinar y en los que también ha ido marcando un rumbo y ha mostrado su forma de hacer las cosas.

Con motivo de este aniversario, la Casa de Su Majestad el Rey convocó a principios de esta semana a un grupo de periodistas. A la reunión en el Palacio de La Zarzuela se acercó el Príncipe de Asturias, quien compartió algunas reflexiones con los informadores sobre su situación institucional y personal, 25 años después de haber asumido ese compromiso.

El Rey quiere normalidad

A Don Felipe se le ve satisfecho con la labor que realiza como Heredero de la Corona, lo que, unido a su formación, le ha aportado unos cimientos muy sólidos para asumir la Jefatura del Estado con toda responsabilidad cuando lo marque el destino. Una cuestión que el Rey también quiere que se aborde con normalidad y previsibilidad.

En la reunión, los portavoces del Palacio de La Zarzuela aseguraron en varias ocasiones que no hay ninguna aceleración del proceso de relevo ni ninguna operación de abdicación en marcha. Ni siquiera, impaciencia, insistieron, pues el Príncipe está muy satisfecho con la labor que está realizando. Como prueba de que no hay ningún proceso de sucesión, recordaron las palabras que dirigió el Rey en su último mensaje de Navidad: «Sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero también mi pasión». Además, reiteraron que Don Juan Carlos superó con éxito hace meses el problema de salud por el que fue operado de un pulmón el pasado 8 de mayo.

Pilar de la Monarquía

En cualquier caso, consideran que es positivo recordar en este aniversario que el Heredero de la Corona está dispuesto y a la orden para asumir esa responsabilidad cuando llegue la hora. Si hace 25 años Don Felipe dio un paso más en la continuidad dinástica con su juramento de acatamiento a la Constitución y fidelidad al Rey, ahora el Príncipe reitera su disposición a ceñirse la Corona cuando llegue el momento. Lo cierto es que, hasta ahora, apenas se ha hablado con naturalidad de la sucesión, porque con frecuencia va unida a un hecho doloroso. Sin embargo, se trata de un pilar básico de la Monarquía, que aporta estabilidad y continuidad de forma automática y evita el vacío en la Jefatura del Estado.

Precisamente, la intervención quirúrgica practicada el año pasado al Rey y su posterior convalecencia llevó a Don Felipe a asumir actos a los que Don Juan Carlos no pudo asistir. Fue algo excepcional, breve y transitorio, pero que puso de manifiesto la capacidad de la Institución para resolver esa situación de forma tranquila, sin sobresaltos ni alteraciones.

Esta efeméride también ha servido a la Casa del Rey para mirar hacia atrás y hacer balance de la preparación que ha recibido Don Felipe como futuro Rey. En Zarzuela consideran que el Príncipe recibió una formación adecuada para la función que está llamado a realizar y que acertaron en su enfoque quienes la diseñaron, junto con el Rey, tanto en el terreno académico como militar.

Una educación que, por un lado, es la más específica que jamás haya recibido un Monarca español y, por otro, está en sintonía con la que han recibido los jóvenes de su generación. Además de conseguir el equilibrio entre la formación académica y la militar, su preparación fue completada con cursos en instituciones europeas y visitas de trabajo a casi todas las instituciones públicas de relevancia.

Ahora también se considera un acierto la decisión que se adoptó hace quince años, en 1996, cuando Don Felipe finalizó los estudios y se integró plenamente en la función pública al servicio de los intereses de España. De esta forma se dotó de contenido la actividad del Heredero de la Corona cuya función no está descrita en la Constitución. La Carta Magna apenas dice nada de las funciones propias del Príncipe de Asturias. Únicamente el artículo 59.2 prevé que el Heredero podrá ejercer la regencia en caso de inhabilitación del Rey reconocida por las Cortes Generales.

Sin precedentes

Aunque sus circunstancias eran muy distintas de las de sus antecesores, tampoco existían precedentes recientes en los que inspirarse, pues Alfonso XIII nació Rey y tanto Don Juan como Don Juan Carlos vivieron una situación peculiar como Herederos de la Corona española. Cuando se debatía sobre su futuro, Don Felipe ya tenía una idea muy clara que en seguida empezó a llevar a la práctica: «Ser Heredero no significa estar a la espera. Ser Heredero es prepararse para ser Rey», afirmaba. Y así lo ha venido haciendo el Príncipe desde que terminó su formación.

Desde 1996, ha realizado más de 200 viajes al exterior; entre ellos ha asistido a la toma de posesión de 57 jefes de Estado iberoamericanos, ha recibido a cerca de 20.000 personas y ha pronunciado más de 900 discursos. Además, ha mantenido contacto con 95 jefes de Estado que han visitado España y con los de la mayoría de los países a los que él ha viajado.

Un valioso bagaje

Esta labor como Heredero de la Corona le ha llevado a acumular unos contactos y un bagaje que se consideran una experiencia muy valiosa y que le han convertido en un extraordinario embajador de los intereses de España y en promotor de los valores positivos y culturales de nuestro país, señalan en Zarzuela. En otras palabras, el Príncipe es un eficaz instrumento de la política exterior de España.

Cada año, Don Felipe realiza una media de 320 actos oficiales, una velocidad de crucero que tiene previsto mantener a corto plazo, aunque en los últimos tiempos ha incorporado algunas actividades nuevas, como las audiencias militares, que complementan a las que concede el Rey. También han ganado profundidad algunos de sus discursos, como los que pronuncia en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias y en algunos actos de la Fundación Príncipe de Girona. Además de estas dos instituciones, Don Felipe es presidente de honor de la Fundación Codespa, del Real Instituto Elcano y de la Asociación de Periodistas Europeos.

A pesar de mantener este ritmo de actividad, en algunos sectores sigue extendida la idea de que el Príncipe no es suficientemente conocido por la opinión pública. Sin embargo, en Zarzuela se considera que Don Felipe no tiene que estar presente diariamente en los medios de comunicación, como les ocurre a los políticos. El Príncipe está convencido de que mantener su ritmo de trabajo es el camino para llegar en las mejores condiciones al momento de la sucesión.
Personas muy próximas a Don Felipe subrayan que el Príncipe siempre ha cumplido el papel constitucional que le corresponde a la Corona. Nunca ha suscitado polémicas ni conflictos, jamás ha roto la neutralidad política ni ha invadido competencias y siempre ha colaborado con el Rey.

Volcado en sus hijas

Un capítulo trascendental en la vida del Heredero de la Corona fue su matrimonio con Doña Letizia y el nacimiento de sus dos hijas, las Infantas Leonor y Sofía. Desde el punto de vista institucional la llegada al mundo de las dos niñas supuso la continuidad de la Dinastía. Pero también permitió descubrir nuevas facetas personales del Príncipe de Asturias. Don Felipe se ha revelado como un hombre profundamente preocupado por la formación de sus hijas, cuya educación desea que se aproxime a la de los demás niños. También ha insistido en la defensa de la privacidad de las Infantas y en su deseo de pasar con ellas el mayor tiempo posible.

Hasta ahora, el Príncipe se ha referido en muy pocas ocasiones al día en en el que sea proclamado Rey, pero lo que sí ha adelantado es una «vocación de continuidad» rotunda y firme con el modelo de Monarquía de Don Juan Carlos y Doña Sofía, «aunque las circunstancias serán diferentes y también las personas», dice. Don Felipe aplicará su propio estilo y personalidad, pero su deseo es que la Corona siga siendo «una institución útil al servicio de España y respetada y querida por todos los españoles».

domingo, 16 de enero de 2011

Juan Carlos, el hombre de la mirada triste

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¿Cómo fue la relación entre don Juan y don Juan Carlos antes de saber quién de los dos sería posiblemente el rey de España? ¿Generó conflicto entre ellos? ¿Qué peso tuvo Franco en la educación de don Juan Carlos? ¿Cómo se tomó la decisión de que fuese don Juan Carlos rey y no don Juan? ¿Abdicó don Juan, hijo y padre de reyes, voluntariamente? El periodista Abel Hernández aporta un rayo de luz a la relación entre Don Juan y el actual Rey de España en Don Juan y Juanito, un libro que tiene la llave de la España que nunca fue y que pudo ser.

Pregunta: ¿Qué hay de cierto y de mito en la relación de don Juan Carlos con su padre?

Respuesta: Hay de verdad que hubo mucho conflictos. Franco había eliminado a don Juan como candidato al trono, y éste no esperaba que su hijo participara en la exclusión. Fue un trago muy duro para los dos. Don Juan sentía que su hijo le traicionaba entre comillas, que se llevaba mejor con Franco que con él…pero nunca se rompió la relación entre ellos, a diferencia de lo que a veces se comenta. En 1966, el Rey doña Sofía habían sido invitados a una importante reunión en Estoril a la que declinaron en el último momento acudir. Don Juan montó en cólera y dijo cosas horribles, pero María de las Mercedes siempre fue el hilo conductor en la relación entre ambos. Don Juan soñaba con España, pero Juan Carlos la vivía.

P: ¿Le llegó a perdonar Don Juan esa especie de traición por parte de su hijo a la que se refiere?

R: Sí. Me consta, por los diferentes testimonios a los que he acudido para documentarme, entre los que se encuentra el de la infanta Pilar, que estaba muy orgulloso de su hijo. Al final, se dio cuenta de que aquella situación que tanto dolor le había ocasionado se resolvió de la mejor forma que se pudo hacer, aunque tuviera que abdicar a favor de su hijo. Además, murió feliz al comprobar que su Juanito cumplió con su proyecto político: dejar fuera de la Monarquía el Movimiento y convertirse en el rey de todos los españoles. Y además ser querido por su práctica totalidad.

P: Esta teoría se reforzaría  con aquellas imágenes de Don Juan Carlos en las que aparece llorando en el entierro de su padre

R: Aquel momento fue muy intenso. El Rey lloraba, entiendo yo, porque se le acumulaba todo lo vivido: el enorme sacrificio que había hecho para esto separándose de su familia a los 10 años, la ausencia de su padre, de su madre, la muerte de su hermano... A pesar de que don Juan llegó a utilizarle como un instrumento político en la pugna con Franco, como pelota de pimpón entre Estoril y el Pardo. No hay personaje más dramático que él en el siglo XX. No llegó a entrar en la Tierra Prometida.

P: ¿Con quién se llevaba mejor el Rey? ¿Con su padre o con su madre?

R: Desde el punto de vista humano, con su madre. La primera persona a la que llama tras su nombramiento es a María de las Mercedes antes que a Don Juan. Cuando no podía hablar con él se ponía a llorar.

P: Pilar Eyre afirma en su libro María La Brava que la madre del Rey se refugió en el alcohol cuando murió en circunstancias trágicas su hijo Alfonso, ¿es cierto?

R: Yo creo que sufrió una gran depresión a raíz de este suceso, que se desarrolló un Jueves Santo de una forma tremenda. Siempre se sintió culpable por haberles dejado jugar con la pistola. Además, este acontecimiento coincide con la muerte de su madre y la menopausia. Yo pienso que a raíz de esto, según testimonios cercanos, el Rey ha tenido una mirada muy triste y nostálgica toda la vida. Es imposible borrar algo así.

P: ¿Cuál era la verdadera relación de Don Juan Carlos con Franco?

R: Aquí tuvo mucho que ver la reina Sofía a quien conoció en 1960 en las Olimpiadas. Le dijo que se tenía que llevar bien con él, porque era quien tenía la llave hacia la Monarquía. Hasta el punto de que en aquella reunión de 1966 en la que don Juan se enfadó mucho con el Rey, ella le convenció para que mintiese a su padre y fueran a ver a Franco a El Pardo, que les vigilaba de cerca. Por eso creo que el papel de la Reina es muy importante. Ella había vivido una situación similar con la salida de su hermano Constantino del poder en Grecia y sabía qué pasos se debían seguir y cuáles no.

P: ¿Qué papel desempeña doña Sofía en este proceso?

R: El de una mujer conservadora, pero muy realista. No se le ha hecho justicia, pero ella se negó a irse a vivir a Estoril como pretendía don Juan, por eso a Franco le gustaba tanto la Princesa. Hay mujer como Amparo Illana que han contribuido de una forma absoluta al devenir de nuestro país.

P: ¿Don Juan Carlos también ha tenido muchos conflictos con su hijo?

R: Claro, como en todas las familias. Lo que no quita el afecto entre padre e hijo. La diferencia es que el Príncipe se lo tendrá que trabajar como hizo su padre para ser querido y respetado por los españoles, un pueblo que no brilla por sus ideales sobre la Monarquía. He hablado alguna vez con el Príncipe y sé que está técnicamente mejor preparado que su padre. Es un hombre fiable, gracias, en parte, a la influencia de su madre. No veo riesgo grave de que, cuando pase algo, no logre convertirse en el rey de España.

P: ¿Qué pensaría don Juan de la situación actual de la Monarquía y de la boda del príncipe Felipe y Letizia?

R: Da la impresión que tanto él como don Juan Carlos hubiesen preferido otra solución a la boda con Letizia, periodista y divorciada. Creo que no habrá rechazo, salvo que en la familia haya graves peligros internos que puedan influir negativamente en la Jefatura de Estado.

viernes, 7 de enero de 2011

La Pascua Militar

José Antich
La Vanguardia

Como es tradición, la celebración de la Pascua Militar en el Palacio Real sirvió para marcar la reanudación del curso político y el fin de las vacaciones navideñas. En este caso, además, el acontecimiento que presiden los Reyes ha venido precedido de las palabras de don Juan Carlos durante su mensaje de Navidad, y que ya han merecido más de una reflexión, en las que reiteraba su voluntad de continuar "cumpliendo siempre con ilusión" sus funciones constitucionales "al servicio de España". "Es mi deber, pero también es mi pasión", agregó el Monarca en tal ocasión. Ha valido la pena el interés mediático que han merecido las palabras de don Juan Carlos, pese a que desde que asumió la jefatura del Estado, en 1975, ha ejercido el cargo con dedicación y pasión. Más tarde, al encuadrarse sus funciones en la Constitución de 1978 y quedar definido en el artículo 1.3 que la forma política del Estado español es la monarquía constitucional, su papel institucionalizador y moderador ha resultado evidente cada vez que ha sido necesario. En momentos como los actuales, en que España tiene en demasiadas ocasiones una visión cainita que impide grandes acuerdos, el Rey juega con la habilidad y la astucia que le proporcionan la edad y la experiencia en su papel primordial. El paso de los años nos ha permitido conocer su actuación determinante en asuntos como el 23-F de 1981, las relaciones exteriores y, de una manera fundamental, su labor con Estados Unidos, Marruecos, Latinoamérica o las monarquías del golfo Pérsico, o bien su determinación ante los diferentes presidentes del Gobierno. En estos momentos de crisis económica, además, el Rey ejerce un papel cohesionador y estimulante. De ahí la admiración y el respeto que le profesa de una manera muy amplia la sociedad española.

Discurso del Rey

sábado, 1 de enero de 2011

El rumbo de la monarquía: del carisma de Don Juan Carlos a la institucionalización

José Antonio Zarzalejos
El Confidencial

Los pasajes más significativos del mensaje navideño del Rey, escasamente glosado editorialmente por los medios de comunicación, fueron, sin duda, los que aludían a su voluntad de seguir "cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España" porque para Don Juan Carlos esa misión "es  mi deber, pero es también mi pasión", y la mención expresa al Príncipe de Asturias por su "activo apoyo".

A lo largo del pasado año hemos observado por primera vez a un Don Juan Carlos intervenido quirúrgicamente en un pulmón de una tumoración benigna pero no inocua de la que ha experimentado una recuperación lenta y trabajosa. Hemos pasado de un Rey dinámico, dicharachero y sonriente, a un monarca al que se le nota la pesadez de los años en su forma de moverse y de comportarse. En definitiva, hemos percibido a un Jefe del Estado cansado tanto por la convalecencia como por la consciencia de que el tiempo no transcurre en balde y, con el país en marasmo, hay que abordar la definitiva institucionalización de la monarquía para que navegue en la historia próxima de España sin necesidad de titulares excepcionales.

La especial idoneidad de Don Juan Carlos

La Corona, institución que encarna la Jefatura del Estado, con unas muy concretas funciones constitucionales,  tiene desde 1975 un titular dotado de atributos políticos y personales que le procuran una perfecta idoneidad para las responsabilidades que ejerce. Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, nieto y bisnieto de reyes e hijo del Conde de Barcelona -mal llamado por la cortesanía Juan III para zaherir al vástago que recibió el mandato del franquismo, revalidado luego por la Constitución de 1978- ha sido y sigue siendo un rey carismático, es decir, atesora una especial capacidad para atraer y hasta fascinar, que así define el diccionario de la RAE el carisma. Ese carisma reside en el depósito de sapiencia dinástica que acumula, pero también y quizá sobre todo, en un comportamiento patriótico que los ciudadanos calibran muy bien al otorgar a la monarquía una alta valoración. Hasta en los célebres papeles de Wikileaks se hace referencia al Rey como un hombre que siempre se situará con los intereses de España. Más allá del 23-F y de su decisiva intervención y mucho más acá de las publicaciones -unas verosímiles y las más, fantasiosas- que atribuyen al Jefe del Estado conductas privadas o públicas cuestionables, Don Juan Carlos ha obtenido el respeto general. Y como muestra vale un botón: los medios de comunicación -hasta los más críticos con la Monarquía y su titular-evitan, salvo excepciones, hacerse  eco de la riada de rumores,  maledicencias y medias verdades acerca del Rey y de su entorno.

Don Juan Carlos ha cometido, sin duda, algunos errores. Pero son tantos y tan importantes sus aciertos -y en particular, el mantenimiento de la instancia que representa en el ámbito de sus funciones constitucionales- que el carisma del Rey se acrecienta a medida que se le observa más débil y más cansado. Consciente -porque el monarca es un hombre lúcido- de que esa sensación se extiende en la opinión pública, ha querido subrayar que sigue al frente de su encargo constitucional no sólo en cumplimiento de un deber sino porque hacerlo es para él "una pasión". Ese sentimiento pasional del Jefe del Estado es más necesario que nunca porque la institución que encarna se dirige a una profunda transformación que ha de cuajar en el Príncipe de Asturias que carece de los atributos carismáticos de su padre aunque atesore ventajas sin comparación histórica: es el heredero de la Corona más preparado en todos los sentidos, con experiencia política, con un acervo de contactos internacionales de primer orden y, como hemos podido observar, entregado por completo a la misión constitucional que le espera. Pero Don Felipe no tendrá -afortunadamente- un 23-F para legitimarse; ni habrá sido el monarca de la restauración, ni del impulso a la democracia después de cuarenta años de franquismo, ni el hombre experimentado que transitó por una infancia difícil y una juventud convulsa, ni el Príncipe que se casó por razones de Estado sino sentimentales y emocionales, ni, en fin, el heredero que podrá sustituir los vacíos constitucionales que afectan a la monarquía como lo ha hecho y lo hace su padre a base de buen sentido e instinto. No porque no los tenga, sino porque en el futuro la sociedad española se adherirá de forma mayoritaria a la monarquía, pero no a la carismática sino la institucionalizada.

La abdicación está descartada

Algo se ha hecho en ese sentido. La Corona ha ganado en verticalidad -se concentra en los Reyes y en los Príncipes de Asturias, extrayendo del foco a las infantas y familiares colaterales-, sus intervenciones políticas están más medidas y profesionalizadas y la Casa del Rey, como estructura de apoyo a la Jefatura del Estado, aun disponiendo de más recorrido, ofrece al Rey y al Príncipe una cobertura cada vez más atinada. Sin embargo, la imposibilidad política actual de modificar la Constitución (artículo 57) para suprimir la prevalencia en la sucesión del varón sobre la mujer -¿qué ocurriría si los Príncipes de Asturias tuvieran un hijo?- y la ausencia de una Ley Orgánica, también prevista en la Carta Magna, que regule todos los aspectos que afectan a la sucesión, son vacíos graves. Además, deben consolidarse usos y costumbres -como sucede en otras monarquías europeas- que aquí aún se mueven en el terreno del voluntarismo: cómo se engarzan los pronunciamientos del Rey con la política del Gobierno constitucional; hasta qué punto el monarca dispone de auctoritasefectiva -no hablamos de potestas- en designaciones y nombramientos más allá de los que le corresponden en el ámbito de su Casa; cual es la manera en que  el Rey y el Príncipe han de utilizar los idiomas cooficiales en España y tantas otras cuestiones que van conformando un corpus que confiere entidad constitucional y consuetudinaria a la Monarquía.

Los avatares por los que han transitado algunos miembros de la Familia Real en su vida privada y miembros de la familia del Rey -conceptos distintos el primero y el segundo- en referencia a actividades profesionales, alguna excesiva sobreexposición mediática de la Princesa de Asturias en soportes informativos que disminuyen su dimensión institucional en la medida en que su figura queda vinculada a aspectos banales, son circunstancias que han de corregirse. Porque siendo menores sirven para que desde fundamentalismos de derecha -que reclaman al Rey intervenciones que serían inconstitucionales- o de izquierda -que hacen gala de un republicanismo nostálgico y radical-, se rentabilicen contra el Rey y la institución.

 Mientras Don Juan Carlos reine -y a tenor de lo que afirmó el Rey, confirmó la Reina en un reciente libro y dadas las circunstancias por las que atraviesa el país, la abdicación está descartada- se mantiene un pacto o una convención implícita basada en el carisma y los méritos del monarca. Cuando falte, esa protección voluntariamente asumida por muchas instancias políticas, sociales y mediáticas dejará de existir. Por eso, impulsar la plena institucionalización de la Corona que ha de sustituir en el futuro el reinado carismático de Don Juan Carlos, es más necesario que nunca.

 Es urgente, porque aunque el Rey siga siéndolo pasionalmente y cuente con el "activo apoyo" del Príncipe de Asturias, el tiempo transcurre con un Gobierno -el actual- que no ha trabajado lo exigible la proyección de la Jefatura del Estado y no  ha evitado al monarca desgastes innecesarios. Porque ¿desde hace cuántos meses no se produce un visita de Estado a España o de los Reyes a otros Países?, ¿hay precedente de que el Rey no sea acompañado por el presidente del Gobierno a la última cumbre iberoamericana? ¿De cuando el Rey ha de salir en defensa del presidente del Gobierno exigiendo silencio en público a otro jefe de Estado como ocurrió con Chávez?

 Muchos ciudadanos perciben -percibimos- que el Rey merece, tanto en su indisimulado cansancio como en su pasional entrega, una seguridad institucional para la monarquía que los vaivenes de nuestra construcción constitucional no le han deparado todavía en la medida que aconseja la estabilidad de la institución y de la propia forma de Estado. Y esa situación añade un riesgo más a los muchos que no acechan.

viernes, 31 de diciembre de 2010

La reina Isabel II se convierte en bisabuela

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El Palacio de Buckingham ha confirmado que la reina Isabel II se ha convertido en bisabuela a los 84 años gracias al nacimiento de una niña, hija del nieto de la soberana británica, Peter Philipps y de su esposa Autumn.

"La Reina, el Duque de Edimburgo, la Princesa Anne, el capitán Mark Phillips y la familia de Autumn han sido informados y están encantados con la noticia. El nombre del bebé será confirmada en el momento oportuno", reza el comunicado.

La joven canadiense tuvo al bebé, que ocupa el duodécimo lugar en la línea sucesoria, este miércoles en el Gloucestershire Royal Hospital y Peter estuvo presente durante el parto.

El nacimiento de la pequeña biznieta de la reina Isabel II ha convertido en tía a Zara, la hermana de Peter Phillips, el único hijo de la Princesa Real, la princesa Ana, y su primer marido Mark Phillips.

Dos bodas reales en 2011

La semana pasada, Zara fue la protagonista de la Casa Real británico al hacerse público su compromiso con el jugador de rugby, Mike Tindall.

Será el segundo compromiso real que viva Gran Bretaña en 2011, ya que el príncipe Guillermo, el hijo mayor del heredero a la Corona, el príncipe Carlos, se casará con su novia Kate Middleton en abril.

Peter Phillips y Autumn, que fueron objeto de una gran polémica por la venta de los derechos de su boda a la revista Hello por casi 600.000 euros, viven en Hong Kong, donde Peter trabaja para el Royal Bank of Scotland.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pasión de Rey

POR PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO
ABC

Del discurso de Navidad de Don Juan Carlos, me quedo con la expresa, animosa y comprometida declaración de voluntad: «… asegurar que sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero es también mi pasión». Una referencia que ha traído a mi memoria las bellísimas palabras de Bertrand Rusell, cuando manifestaba en su Autobiography: «Tres pasiones simples pero extremadamente poderosas han gobernado mi vida: el anhelo de amor, el deseo de saber y una compasión abrumadora ante el sufrimiento de la Humanidad». Unas razones, las del renombrado filósofo inglés, a las que el Monarca ha sumado, desde el específico carácter de la Corona y su particularísimo status, una consideración añadida: la pasión de Rey. Un rico, absorbente y vitalicio entusiasmo, encauzado por el saber hacer, la contrastada experiencia y el obligado marco constitucional. Un histórico officium regis construido sobre el exigente hacer y actuar diario. Rex eris, si recte facies; rey eres —decía la máxima política— si actúas rectamente. Un oficio regio que requiere para su desempeño, como todas las obras humanas que se precien, de pasión. Ya lo adelantaba Honoré de Balzac en La Comédie humaine: «La pasión constituye todo lo humano. Sin ella, la religión, la novela, el arte serían inútiles». Pasión, en el caso del Rey, ¡en la mejor gestión de la Res publica! Al tiempo que la persuasiva alocución navideña nos confirma nuevamente la lógica interna de toda monarquía: las abdicaciones y renuncias son excepcionales y anómalas, forman parte de las «patologías institucionales».

La monarquía parlamentaria supone en esta España constitucional tres cosas. Primera: la Monarquía resuelve, como ninguna forma de gobierno, la compleja cuestión de la transmisión del poder político, inevitablemente problemática al producirse en el vértice de la organización jurídico-política del Estado; esto es, aquella que se da entre órganos constitucionales situados —Rey, Congreso de los Diputados, Senado, Gobierno, Tribunal Constitucional y Consejo General del Poder Judicial— en relaciones de estricta paridad y coordinación jerárquicas. Por más que la Jefatura del Estado goce de una superior dignidad formal. Lo afirmaba Karl Friedrich en su obra Gobierno constitucional y democracia: «El constitucionalismo representa un complejo sistema para organizar adecuadamente la transmisión del poder supremo». Este es el último sentido de la distinguida mención del Monarca a don Felipe de Borbón. Una referencia que no es, pues viene realizándose intencionadamente desde hace años, improvisada ni secundaria: «He contado… con el afecto de los españoles y con el activo apoyo del Príncipe de Asturias». Don Juan Carlos ha explicitado, desde su condición de cabeza de la Corona y padre de Don Felipe, el mandato de la Constitución de 1978: «El Príncipe heredero, desde su nacimiento o desde que se produzca el hecho que origine el llamamiento, tendrá la dignidad de Príncipe de Asturias y los demás títulos… vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona» (artículo 57. 2).

Segunda: en una monarquía parlamentaria el Rey, y así lo ha refrendado Don Juan Carlos durante su reinado, disfruta de un Poder Moderador nacido de la Constitución. En esta halla aquel su principal legitimidad —la legitimidad racional normativa acuñada por Max Weber— y su legalidad de obrar. Nada de caducos principios monárquicos ni de ancestrales soberanías compartidas, incompatibles con los regímenes democráticos. Así se dispone sin ambages en el texto constitucional: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado» (artículo 2.2); «Los ciudadanos y los poderes públicos —incluido el Monarca— están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico» (artículo 9.1); y «El Rey… ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes» (artículo 56.1). Una realidad que Don Juan Carlos ha recordado asimismo, al invocar reflexivamente en su discurso el destacado papel de «nuestras instituciones en el marco de convivencia y estabilidad que asegura nuestra Constitución».

Y tercera: el Rey carece de Poderes Ejecutivos —encomendados al Gobierno («El Gobierno dirige —dice el artículo 97 CE— la política interior y exterior del Estado…»)—, Legislativos —asignados al Parlamento— («Las Cortes Generales representan —señala el artículo 66 1 y 2 CE— al pueblo español… ejercen la potestad legislativa, aprueban sus Presupuestos, controlan la acción del Gobierno…») y Judiciales («La Justicia emana del pueblo —se apunta en el artículo 116.1 CE— y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del Poder Judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley»)—. El Monarca disfruta así de auctoritas, pero carece de potestas; es decir, el Monarca «reina, pero no gobierna». Don Juan Carlos ejerce de esta suerte un Poder Moderador, un Pouvoir neutre —recordando a Benjamin Constant— tan pertinente en los sistemas constitucionales, en los que la Jefatura del Estado se encuentra audessus de la mêlée, al margen de la refriega política cotidiana entre partidos. Este es el significado de la Carta Magna de 1978, cuando prescribe: «El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones…» (artículo 56.1 CE).

Poderes, pues, sí, y además constitucionales por naturaleza, pero de arbitraje y moderación, mientras actúa como integrador símbolo de unidad y permanencia del Estado, de enorme relevancia hoy, dada la intensa descentralización del Estado de las Autonomías. Estos son sus títulos para su recurrente llamada a la unidad: «Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias… sabiendo que juntos llegaremos siempre más lejos.» Y la necesidad, apuntada acto seguido por el Rey, de rearmarnos moralmente en favor de una regeneración individual como ciudadanos y colectiva como pueblo: «Necesitamos unidad, responsabilidad y solidaridad. Estos son los mejores aliados para vencer dificultades y alimentar nuestras esperanzas. Es preciso fomentar el ejercicio de grandes valores y virtudes como la voluntad de superación, el rigor, el sacrificio y la honradez».
Tenía razón Roland Barthes, el semiólogo francés, al afirmar en sus Mythologies que «lo que el público reclama es la imagen de la pasión, no la pasión misma». Pasión de Rey, pasión por el trabajo bien hecho. Pero una pasión que no requiere de sobresaltos, azaramientos ni precipitaciones, sino todo lo contrario: equilibrio, sensatez y moderación. Un poco de pasión —decía bien Stendhal en Vida de Henri Brulard— aumenta el ingenio, mucho lo apaga». Don Juan Carlos, como antes el Premier británico, Benjamín Disraeli, atestigua pues que «el hombre es verdaderamente grande tan solo cuando actúa apasionadamente». A mí, Don Juan Carlos me ha persuadido. Quizá porque, como decía La Rochefoucauld en sus Maximes, «las pasiones son los únicos oradores que persuaden siempre». Sobre todo, diría yo, cuando la pasión se pone en la forja de una convivencia más libre, más justa y más solidaria. La pasión de todos, la pasión de una Nación. La pasión de su Rey.

PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO, RECTOR DE LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS

Mensaje de Navidad de Su Majestad el Rey

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¡Buenas noches! Quiero que mis primeras palabras sean para transmitir de corazón a todos los españoles mis mejores deseos de paz, prosperidad y felicidad en estas Fiestas Navideñas y para el Año Nuevo 2011.

Llegamos al final de un año difícil y complejo, marcado por una crisis económica, en España y en otros países, más larga e intensa de lo esperado. En nuestro caso ha puesto de manifiesto desequilibrios y deficiencias estructurales que hemos de resolver juntos con eficacia y prontitud.

Lo más doloroso es que ha golpeado a tantos hombres y mujeres que han sufrido -en su propia carne o en sus familias- la pérdida de empleos. Los parados concentran nuestras preocupaciones; son una prioridad insoslayable. La sociedad española no puede dejar que, especialmente, tantos jóvenes carezcan por más tiempo de un trabajo.

Pienso asimismo en quienes han tenido que cerrar comercios, talleres o negocios. En todas las personas que han asumido grandes sacrificios y esfuerzos a lo largo de este año: trabajadores asalariados, autónomos, profesionales, empresarios, pensionistas o funcionarios. Todos ellos merecen nuestro más amplio respaldo. Sus múltiples desvelos diarios y los de millones de familias, cuentan con nuestra mayor gratitud pues contribuyen al bien de todos.

La crisis ha requerido la adopción de importantes decisiones por parte de nuestros poderes e instituciones públicas a todos los niveles. A escala europea ha exigido concertar nuevas iniciativas. Pese a ciertos signos alentadores, todavía no se ha logrado una plena estabilización y recuperación internacional.

Es preciso seguir adelante con empeño, ganar la batalla al paro con decisión, constancia y firmeza; mejorar en productividad y competitividad, en educación e innovación; y volver a situar a nuestra economía con visión de futuro en el pelotón de cabeza, manteniendo nuestra protección y cohesión social.

Sin un crecimiento adecuado no crearemos empleo. Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit. Se trata de modernizar nuestro modelo productivo y de generar mayor confianza para reactivar nuestra economía, proyectando al mundo nuevos ejemplos de vitalidad y de impulso como sociedad.

Pudimos salir con éxito de anteriores crisis económicas. Disponemos de las condiciones y de los instrumentos necesarios para lograrlo de nuevo.

Somos una gran Nación, orgullosa de su pluralidad y diversidad, integrada en la Unión Europea con la que estamos comprometidos y por la que siempre hemos apostado. Un país de personas laboriosas y creativas, con una juventud espléndida, un inmenso y variado patrimonio cultural, modernas infraestructuras y muchas empresas punteras a escala internacional. La misma España que ha sido capaz de progresar y de superar con éxito muchas pruebas.

No hemos llegado hasta aquí para dejarnos vencer por las dificultades, para renunciar a nuestras ambiciones de construir un país cada vez mejor.

Debemos desterrar el desánimo, levantar la cabeza, aunar esfuerzos y continuar la faena, conscientes de lo que somos, de lo que ya tenemos y de lo que podemos avanzar.

Los nuevos tiempos requieren grandes compromisos por parte de todos. Si queremos ganar el futuro, debemos mirar más allá, estimular ilusiones y fortalecer capacidades, sabiendo que juntos llegaremos siempre más lejos.

Por todo ello, para salir de la crisis y asegurar nuevos horizontes de prosperidad y de bienestar, necesitamos unidad, responsabilidad y solidaridad. Estos son los mejores aliados para vencer dificultades y alimentar nuestras esperanzas. Los mismos que han guiado a otros países.

Creo que la actual situación ha puesto de relieve lo evidente: de cómo le vaya a España depende cómo le vaya a cada uno de los españoles. Por eso, no caben actitudes individuales ni colectivas de indiferencia o de egoísmo, que a la postre nos dañan a todos.

Nada que valga la pena se consigue sin renuncias y sin entrega. Es preciso fomentar el ejercicio de grandes valores y virtudes como la voluntad de superación, el rigor, el sacrificio y la honradez. Valores y virtudes cuya ausencia no es ajena al origen de la crisis, y que son consustanciales a toda sociedad justa y equitativa.

En definitiva, debemos unir nuestras fuerzas para alcanzar nuevos logros colectivos, con confianza en nosotros mismos y en nuestro país, contando con la acción de nuestras instituciones en el marco de convivencia y estabilidad que asegura nuestra Constitución.

Todos, empezando por nuestros partidos políticos y agentes económicos y sociales, somos importantes para conjugar voluntades en esta dirección, con generosidad, sentido de Estado y pensando en el interés general.

Quiero reiterar esta noche que el terrorismo solo suscita condena y repudio en cuantos defendemos la libertad y la democracia. No nos debe faltar determinación para acabar con esta lacra. Honremos y arropemos con todo nuestro cariño y solidaridad a las víctimas de la violencia terrorista y a sus familias.

Por otro lado, continuemos prestando la máxima atención a los excluidos y marginados, trabajando por la igualdad de oportunidades y en apoyo de los discapacitados. Redoblemos asimismo esfuerzos para combatir las drogas y terminar con la inaceptable violencia de género. Y por supuesto, cuidemos más nuestro entorno natural.

Nos jugamos mucho a diario en el mundo complejo y competitivo en que vivimos. Por eso tenemos que defender el papel y los intereses de España en el plano internacional y mantener nuestros compromisos con la paz y el desarrollo de muchas naciones necesitadas. En este marco dirijo mi gratitud y afecto, a los miembros de nuestras Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad desplazados en otros países, que han sufrido la pérdida de compañeros que permanecen en nuestro recuerdo.

Pero el año 2010 nos deja también alegrías, realizaciones y esperanzas, incluidos numerosos triunfos inolvidables en la historia de nuestro deporte. ¡Estoy convencido de que 2011 nos aportará nuevos éxitos y avances en muchos campos!

He contado siempre, y muy especialmente este año, con el afecto de los españoles y con el activo apoyo del Príncipe de Asturias. Al expresar mi agradecimiento quiero, una vez más, asegurar que sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero es también mi pasión.

Quiero terminar reiterando mi plena confianza en España y en nuestros ciudadanos. Confianza en nuestra capacidad y fortaleza para dejar a nuestros hijos y nietos un país cada vez mejor, con mayor prosperidad en cada pueblo, ciudad y Comunidad Autónoma. En suma, plena confianza en que seguiremos progresando.

¡Muy feliz Navidad y Año Nuevo 2011, en nombre propio y de mi Familia, a todos los españoles y a cuantos extranjeros viven con nosotros!

Buenas noches.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Los nietos de los Reyes, protagonistas de las felicitaciones navideñas

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Imagen de la felicitación de los Príncipes de Asturias. Casa de Su Majestad el Rey.

Don Juan Carlos y Doña Sofía han elegido una fotografía del Palacio Real para felicitar este año la Navidad, en tanto que los Príncipes de Asturias han preferido hacerlo con una fotografía de sus dos hijas, Sofía y Leonor.

La Infanta Elena ha optado por una imagen fotográfica en la que aparece junto con sus dos hijos en la Plaza del Obradoiro, en Santiago de Compostela, y con atuendo de peregrinos, mientras que la Infanta Cristina felicita las fiestas con una fotografía, tomada en verano, de sus cuatro hijos apoyados en el tronco de un árbol.

La Casa del Rey ha colgado esta mañana en su página web las cuatro felicitaciones, una vez que ya ha comenzado el envío de estas tarjetas a los representantes de los distintos sectores sociales, como es tradicional.

Una fotografía del Palacio Real de Madrid iluminado es la tarjeta elegida por los Reyes, que han optado por este emblemático edificio después de que otros años hayan felicitado las fiestas navideñas con alguna imagen del Palacio de la Zarzuela.

En el interior de la tarjeta, los Reyes firman debajo el texto impreso "Felices Pascuas y Año Nuevo", al que han añadido escrito a mano el año 2011.

Mientras, los Príncipes han querido desear unas felices fiestas con una fotografía de sus dos hijas, que han posado muy sonrientes.

Es la de los Príncipes la única tarjeta escrita totalmente a mano y en ella puede leerse, con letra de Don Felipe: "Con nuestros mejores deseos para una Feliz Navidad y que el Año Nuevo 2011 sea próspero y esperanzador para todos".

La tarjeta está firmada por ambos e incluye también los nombres de las Infantas Sofía y Leonor, escritos por su madre.

Peregrinos en Santiago

Ante la catedral de Santiago de Compostela posó la Infanta Elena con sus dos hijos durante las vacaciones de Semana Santa después de haber realizado un tramo del Camino de Santiago.

Un acompañante tomó la fotografía que ha elegido la Infanta para felicitar la Navidad y en la que los tres aparecen con los típicos signos de los peregrinos, entre ellos el bordón y la vieira.

Bajo la impresión "Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo", también escrito en francés e inglés, la Infanta desea unas felices fiestas "con todo nuestro afecto" y firma la tarjeta junto a las rúbricas de sus hijos.

Fue la propia Infanta Cristina la que este verano tomó en Palma de Mallorca la foto de sus cuatro hijos y con la que ha querido desear "con mucho afecto" unas "Felices Pascuas y Año Nuevo 2011" en español e inglés y con una tarjeta que firman de su puño y letra ella, su marido y sus vástagos: Irene, Miguel, Pablo y Juan.

El año pasado los Reyes escogieron las figuras centrales del "Belén del Príncipe", encargado por Carlos III para su hijo a finales del XVIII, mientras que los Príncipes felicitaron las fiestas navideñas con una fotografía en la que aparecían ambos junto con sus dos hijas.

Feliciones en la web de la Casa Real

domingo, 12 de diciembre de 2010

Se cumplen 50 años de la boda entre el rey Balduino y Fabiola de Mora y Aragón

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Beatriz Navarro
La Vanguardia

Hace casi 50 años nació una reina española: Fabiola de los belgas. Ocurrió a la una menos cuarto de la tarde del 15 de diciembre de 1960, jueves, cuando la joven Fabiola de Mora y Aragón (Madrid, 1928) casose en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas con Balduino, rey de los belgas (1930-1993). Él era, hasta ese día, el más cotizado de los solteros europeos. Hizo falta que llegara ella, una piadosa aristócrata madrileña, para perder su otro sambenito, el de "rey triste".

Por expreso deseo de Fabiola, la casa real belga (que por segundo año consecutivo ha visto rebajado su presupuesto) no ha previsto ningún acto para recordar el 50.º aniversario de la boda y su coronación como reina de los belgas (no de Bélgica, según dice la Constitución), título que ha mantenido tras morir Balduino mientras veraneaba en Motril. Fabiola, la reina viuda, vive rodeada de recuerdos de sus años en común en el castillo de Stuyvenberg y quiere que sea un acontecimiento "estrictamente privado".

No obstante, es probable que el miércoles reciba muestras de cariño por parte de los belgas, ya que asistirá al concierto de Navidad que los reyes Alberto y Paola ofrecen cada año a las personas que han hecho posibles sus actos oficiales. Aunque sus actividades públicas se han reducido drásticamente en los últimos años, los belgas no la olvidan. Recibe miles de cartas al año (algunas, cierto, con amenazas de muerte). No sorprendió a los belgas que su nueva reina fuera extranjera (ninguna hasta ahora ha nacido en el país). A través del contacto con la gente y su pronto empeño por aprender neerlandés, Fabiola se fundió enseguida con su nuevo pueblo.

El más absoluto misterio sigue rodeando al momento en que la española conoció a Balduino, rey a su pesar desde los 20 años, debido al rechazo popular a la figura de su padre, Leopoldo III. "Es algo que algún día contaremos a nuestros hijos. Es nuestro secreto", dijo Balduino poco después de casarse. El enigma persiste, porque los hijos nunca llegaron. Se sabía –porque hubo anuncios oficiales– que Fabiola había estado cuatro veces encinta, pero hubo más. "Perdí cinco niños, pero he aprendido a vivir con ello. No me he convertido en una persona resentida", comentó hace unos años en una cena de gala.

En cuanto al momento en que la pareja real se conoció, muchos expertos belgas dan credibilidad a la versión del cardenal Joseph Suenens. En una obra publicada tras la muerte de Balduino, se arroga el papel de mediador y descubridor de Fabiola mediante un viaje iniciado por una monja irlandesa a partir de una revelación. Se apoya Suenens en cartas manuscritas del rey, pero estas no se refieren a las circunstancias concretas de su encuentro.

Fermín Urbiola, autor de la biografía Nacida para reina (Espasa), se inclina por creer que se produjo en una fiesta organizada en Lausana por la reina Victoria Eugenia, muy amiga de los matrimonios de conveniencia, con el objetivo de que la infanta Pilar conociera al rey belga. Fabiola acudió como acompañante, pero fue en ella, la amiga seria, en quien Balduino se fijó.

Al margen de cómo se gestara, la suya "fue una unión perfecta", ha dicho Wilfried Martens, primer ministro durante casi 12 años y probablemente el político que mejor conoció al rey. Él recibió su carta anunciando que no podría firmar la ley del aborto aprobada por el Parlamento. Los partidos dieron con una solución tan imaginativa como eficaz: Balduino abdicaría por unas horas y el Consejo de Ministros asumiría la regencia para sancionar la ley.

Mucho se ha hablado sobre la influencia de Fabiola en esta decisión, pero Martens la desmiente: tan fuertes eran los convencimientos morales y religiosos de uno como de otro. De los dos se pensó que acabarían en un convento o monasterio. Cuentan que la fe de Fabiola (se cree que se ha adherido a Renovación Carismática Católica, un movimiento laico vivencial, minoritario, avalado por Roma) la ha ayudado enormemente a superar su separación de Balduino. Y es que así vive su muerte: una separación temporal que encaró vestida de blanco durante un funeral convertido en ceremonia de gloria y resurrección.

Fabiola le prometió no abandonar el país aunque él muriera. Y así lo ha hecho, aunque sin olvidarse de España y sin descuidar la estrecha relación que mantiene con sus sobrinos. Hace poco se la vio en visita privada en Extremadura. Y en un cine de Bruselas, comentando con un acompañante en español la película De hombres y de dioses.

En los últimos años los belgas han conocido a una Fabiola distinta, más alegre y espontánea; en realidad, como sus conocidos dicen que siempre fue en privado. Sorprendió a todos hace unos años marcándose unos pasos de baile en una recepción. Y bailando a ritmo de rock durante un concierto en la fiesta del rey. Inolvidable también, su gesto durante la fiesta nacional belga del 2009, cuando se sacó una manzana del bolso. Era su manera de reírse del anónimo que amenaza con matarla con una ballesta (de ahí el guiño a Guillermo Tell).

Guillermo y Kate Middleton hacen públicas las fotos oficiales de su compromiso

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EFE

Clarence House, la residencia oficial del príncipe Carlos de Inglaterra, ha hecho hoy públicas las dos fotos oficiales del compromiso del príncipe Guillermo y Kate Middleton. Las imágenes son obra de Mario Testino, fotógrafo favorito de Diana de Gales y que ha sido elegido expresamente por la pareja para realizar este trabajo.

En un comunicado, Clarence House recuerda que Testino ya tomó las fotos oficiales de Guillermo cuando este cumplió 21 años. "El príncipe Guillermo ha trabajado con Mario Testino en muchas ocasiones antes y por eso la pareja decidió que él era la mejor elección para un retrato tan importante (el del compromiso)", asegura el comunicado.

Las dos fotografías muestran a Guillermo y Kate en actitudes diferentes, una más formal y la otra más distendida, y en ambas se puede apreciar lo que Testino vio cuando sacó las instantáneas, que "rebosan felicidad".

Posado informal

En la imagen más informal, la pareja aparece sonriendo. El príncipe rodea a Kate con sus brazos y esta pone su mano izquierda --en la que luce el anillo de compromiso-- sobre el pecho de él. Ambos llevan tejanos y camisa blanca. La foto, muy luminosa, se tomó junto a una ventana de la sala Cornualles del palacio de Saint James, en Londres.

En la foto más formal, Guillermo --segundo en la línea de sucesión al trono británico-- y su prometida aparecen de pie muy juntos, él con la mano suavemente posada en la cintura de ella y ella reposando la suya en el brazo de él, los dos sonriendo. Guillermo viste traje azul, camisa blanca y corbata morada y Kate lleva un sencillo y elegante vestido blanco y, en su mano izquierda, el anillo de compromiso. Esta fotografía, en plano americano, está tomada en la Cámara del Consejo del palacio.

Testino ha asegurado que la pareja estuvo muy contenta durante la sesión, que tuvo lugar el 25 de noviembre, más de una semana después de que anunciaran su boda en Londres en abril del 2011. "Estoy muy contento de que me pidieran cubrir este momento histórico que todo el mundo ha estado esperando", ha señalado el fotógrafo peruano.

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La princesa sensata

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Rafael Ramos
Magazine

Se conocieron en la universidad, empezaron a salir y vivieron un tiempo juntos. Tras una breve ruptura, decidieron volver, y acaban de comprometerse. Él es el príncipe Guillermo, hijo de Carlos y Diana. Ella, Kate Middleton, una chica que se muestra segura de sí misma y dispuesta a afrontar un futuro con poco espacio para la privacidad y constantes comparaciones con la figura de la malograda lady Di. Se casarán el próximo 29 de abril en Westminster.

Como la chica sensata que todo el mundo dice que es, Catherine Elizabeth Middleton –probablemente, la futura reina Catalina– debería colgar en la puerta del chaletito del norte de Gales donde pasará sus primeros años de casada un cartel que dijera: "Cualquier parecido con Diana es mera coincidencia". Porque en un país aficionado a los cuentos de hadas y con una poderosísima prensa del corazón, las comparaciones con la difunta reina de corazones ya han empezado. 

En realidad, Kate es en muchos sentidos la antítesis de Diana, aquella virgen ingenua encerrada en una torre de cristal a quien la reina Isabel II buscó para su primogénito en la década de los ochenta, y que no tenía la más remota idea de en qué lío –y en qué familia– se metía. Pero eran otros tiempos. Desde entonces han pasado muchas cosas, y la casa de los Windsor se ha modernizado como consecuencia de una sucesión de  escándalos que hicieron tambalear sus cimientos y sembraron dudas sobre su supervivencia. 

La monarca está incluso en Facebook. En realidad, lo más extraordinario de la relación entre Guillermo y Kate –ambos de 28 años, sólo se llevan cinco meses de diferencia– es lo normal que ha sido, como la de cualquier pareja de la clase media. Se conocieron en la universidad, empezaron a salir, vivieron juntos, él se resistía a comprometerse, ella dijo basta y cortó la relación, ambos se lo pasaron bien por su cuenta durante un par de meses, el novio exploró el mercado y al final decidió que no sólo de las juergas de soltero vive el hombre, y en el fondo difícilmente iba a encontrar una chica más apropiada. El mundo del amor está lleno de historias y compromisos similares.

Lo que en cambio sí resulta revolucionario –en un país alérgico a las revoluciones– es que una plebeya, típica hija de las clases medias británicas, se vaya a convertir en princesa seguro, y tal vez incluso en reina (una ecuación complicada con muchos factores, como cuánto vivirá su suegra, cuándo ascenderá Carlos al trono, o si acaso pasará directamente el relevo a Guillermo, un motivo de constante especulación). Dice la leyenda, divulgada por sus amigos del exclusivo colegio de Marlborough, que ya de adolescente Kate Middleton tenía en su dormitorio un póster de Guillermo en vez del de un actor de cine, un rockero o un futbolista, y que lo encontraba tan apuesto y con tanta clase que todos los demás muchachos languidecían en comparación y le parecían demasiado rudimentarios. 

El mito va más allá, y sugiere que su madre –una ex azafata de British Airways– la matriculó en la escocesa Universidad de Saint Andrews cuando se enteró que el príncipe iba a estudiar allí. Y a partir de entonces dejó que Cupido hiciera su trabajo. Una misión muy fácil, tratándose de una joven alta, delgada, de buena planta, piernas largas, ojos verdes grisáceos y muy inteligente, que participó en un desfile amateur de moda con una gasa que revelaba un elegante conjunto de ropa interior negra y, sobre todo, su muy bien proporcionada carne. En ese momento quedó echada la suerte no sólo de Big Willie –como Kate llama cariñosamente a su prometido–, sino también de la realeza británica y de sus súbditos.

A diferencia de Diana, todo apunta a que Kate –mucho más fría y calculadora y que ha jugado perfectamente sus cartas– sabe en lo que se ha metido, y no le importa. Y en lo que se ha metido es una familia compleja y disfuncional como tantas otras, y en una vida bajo el microscopio de la prensa mundial y de los paparazzi, sin apenas privacidad, con una agenda llena de actos sociales y galas caritativas, al lado de un marido que con un poco de suerte cumplirá los votos de fidelidad y no habrá heredado los genes adúlteros que tiene tanto por parte de su padre (que prosiguió su relación con Camilla Parker-Bowles estando casado) como de su madre (Diana, en consecuencia, tuvo una serie de affaires, y hay quienes sostienen que su segundo hijo, Enrique, guarda un sorprendente parecido con uno de sus amantes). 

Pero lo que sea, será en el futuro. De entrada, la flamante princesa –que mira con considerable recelo al cuarto poder y ya ha tenido algún encontronazo con los periodistas– va a gozar de una considerable protección, negociada directamente por su marido y por la reina con los directores de los grandes periódicos nacionales. La ubicación exacta del cottage (casita de campo) del norte de Gales donde va a instalarse con Guillermo, cerca de la base militar en la que sirve, es del más estricto secreto de sumario, y agentes de seguridad patrullarán las carreteras y los campos adyacentes para que nadie ose ni siquiera pensar en acercarse y sacar fotos (hasta a las ovejas que pincelan el pastoril paisaje se les va a exigir firmar una cláusula de confidencialidad, dicen las malas lenguas). Los dependientes de los establecimientos comerciales de Blaenau Festiniog, el pueblo más cercano a su casa y donde la feliz pareja irá a comprar la comida y los utensilios domésticos, han sido ya investigados por los servicios de inteligencia, y se han comprometido a no informar nunca de su presencia. 

Aunque se trata de un producto de las clases medias por antonomasia, Kate Middleton encaja perfectamente por carácter y educación en el mundo exclusivo de la nobleza. Viste de manera muy conservadora para su edad, hasta el punto de que algunos comentaristas han criticado su estilo (una combinación de prendas de establecimientos baratos como Topshop y otros más caros como Jigsaw) de "insípido". Su obsesión es no desentonar. Siempre aparece en las fotos perfectamente maquillada, lo mismo por la mañana temprano que a altas horas de la madrugada después de una noche de juerga y varias visitas a clubs nocturnos como Boujis, su favorito en South Kensington. Igual que ocurría con Diana, todo lo que toca ha empezado a convertirse en oro, como el vestido azulón que llevaba el día del anuncio del compromiso, que desapareció en cuestión de horas de los almacenes Harvey Nichols. El vestido valía quinientos euros.

La futura princesa Catherine, nacida el 9 de enero de 1982 en el Royal Hospital de Reading (condado de Berkshire), es una obsesa del control y de la imagen y ejerce una considerable autodisciplina, ya sea a la hora de los estudios (obtuvo notas bastante mejores que su prometido en la universidad, y le persuadió de que no arrojara la toalla el primer año) o de mantener una estricta dieta e ir regularmente al gimnasio para conservar su privilegiada figura. Con su hermana menor, Pippa, tiene en este sentido una relación de competencia, y sus amigas sugieren que ahora presume de estar ella más delgada. 

Aunque su madre ha sido criticada por algunas pequeñas vulneraciones de las formas y tener un lenguaje "poco refinado", Kate cayó con el pie derecho en la casa de los Windsor. No sólo robó el corazón de Guillermo, sino que conquistó la simpatía de la reina Isabel, mucho menos exigente con ella de lo que fue con Diana tras aprender las lecciones que condenaron el matrimonio al escándalo, el fracaso y finalmente la tragedia. 

Siempre le pareció una chica "muy correcta", apropiada para ser la esposa de su nieto y número dos en la línea de sucesión al trono, educada y que sabe comportarse. Isabel no dudó en prestar el castillo de Balmoral a los novios para que pasaran en solitario los fines de semana (con un montón de mayordomos y sirvientes, eso sí) cuando estudiaban en la cercana Universidad de Saint Andrews. Para no ser menos, Carlos y Camilla también les hicieron una copia de las llaves de su residencia londinense de Clarence House, donde cuentan desde hace tiempo con sus propios aposentos privados. 

Todo ello le pareció a la señorita Middleton demasiado maravilloso para dejarlo escapar, por muchas que sean las inconveniencias y la persecución de la prensa. Ya se le ha asignado su propio equipo de guardaespaldas, del que forman parte dos mujeres policía apodadas –por la vieja serie de televisión– Cagney and Lacey.

Kate no conoció lo que es el acoso de los medios, las veinticuatro horas del día y de la noche, hasta que abandonó junto con su futuro marido el campus de la universidad después de la graduación. Una foto de la pareja esquiando en una estación suiza en el 2005 fue un simple preludio de lo que se le venía encima cuando se trasladó a vivir a un piso de un millón de euros en la elitista Kings Road de Londres que le regalaron sus padres (ex empleados de aerolínea que descubrieron una mina de oro con una empresa de organización de fiestas infantiles, e hicieron suficiente fortuna como para enviar a su hija al exclusivo colegio de Marlborough). 

Sólo perdió los nervios en una ocasión, cuando se vio rodeada de un enjambre de paparazzi con motivo de su veinticinco cumpleaños, en medio de insistentes rumores sobre un anuncio de compromiso que todavía tardaría años en producirse. Es un tema muy sensible para Guillermo, que echa a los periodistas la culpa de la muerte de su madre en el Pont de l'Alma de París. La amenaza de querellas permitió a la casa real alcanzar un acuerdo con los diarios y las revistas para que dejaran de fotografiarla en la vida cotidiana. 

A partir de entonces, los paparazzi se conformaron con retratarla cuando acompañaba a su novio a las bodas de otros y, finalmente, junto a la propia Isabel II en diciembre del 2006, cuando Guillermo se graduó como oficial en la academia militar de Sandhurst y Kate acudió al acto con su madre. El esnobismo de cierta aristocracia se cebó con Carole Middleton y su supuesto "comportamiento inapropiado" en cuestiones de protocolo con la reina. Los críticos volvieron a la carga al poco tiempo, cuando la pareja rompió su relación, y el hijo mayor de Carlos y Diana descubrió las juergas y las alegrías de la soltería, y en una fiesta se le vio con los ojos vidriosos por el alcohol y tocando los pechos de una estudiante brasileña (que no perdió un segundo en contar la historia con todo lujo de detalles). Un conciliábulo de la familia real llamó al orden a Guillermo, y su propia abuela se convirtió en abogada de Kate, explicándole que estaba dejando escapar a la chica ideal para el papel de princesa y futura reina. 

La rápida reconciliación permitió a la señorita Middleton –un apellido que en inglés antiguo quiere decir "la granja de en medio"– atar muy corto a su futuro esposo, un valor añadido en la casa de los Windsor en vista de los antecedentes. También lo es que su perfil no responda al de una mujer moderna e independiente con aspiraciones profesionales, porque su vida de los últimos años ha consistido básicamente en permanecer en la antesala del compromiso real. Quizá no represente a las mujeres de su tiempo, pero se trata de una persona segura de sí misma, que siempre ha sabido lo que quiere y ha dado los pasos para conseguirlo. Los hechos hablan por sí solos.

sábado, 4 de diciembre de 2010

De la monarquía hispánica a las cortes de Cádiz

POR PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO
ABC
 
La mejor forma de sobrellevar esta inmisericorde crisis económica es buscar el espíritu benefactor y hasta taumatúrgico del arte. El arte puede sanarnos un alma atribulada por la desazón y el temor. Nada mejor para escapar a las malhadadas noticias sobre la caída de los mercados financieros, el desmantelamiento del tejido empresarial, el galopante desempleo, la ausencia de competitividad, la reducción de las prestaciones sociales, la falta de productividad y la quiebra de algunas instituciones y administraciones públicas, que echarnos literalmente en los brazos salvadores del arte. Tenía razón Nietzsche cuando esgrimía, en El crepúsculo de los dioses, que «el arte es el gran estimulante para vivir». Y a tal efecto les recomiendo una de las excelentes exposiciones que pueden disfrutarse en la capital de España, y que me temo no está recibiendo la atención que se merece, más centrada —no lo voy a recriminar, pues son asimismo espléndidas— en las retrospectivas sobre Renoir y Rubens en el Museo del Prado, y en los fondos de la Duncan Phillips en la Fundación Mapfre. Me refiero a La Pintura de los Reinos, que puede verse también en el Museo del Prado y en el Palacio Real. Una ocasión para satisfacer dos necesidades. Una, académica, vinculada al conocimiento de la mejor Historia de España; de la Historia de España con mayúsculas y de verdad. La historia de la Corona y de los Virreinatos americanos. En palabras de su comisario, el hispanista Jonathan Brown, la Exposición es «un gran regalo para los españoles, que en general no son conscientes del inmenso potencial de creación cultural que tuvo España». Otra, estética, en aras del pertinente sosiego del alma y de un ponderado equilibrio de unos ánimos entristecidos; el arte como instrumento de atemperar las dificultades y las penas. Una pintura dominada por las ideas de la Contrarreforma y el Barroco católico. En resumidas cuentas, el arte como mejor marañonianaterapéutica.

En efecto, la Exposición La Pintura de los Reinos es una oportunidad para acercarnos al arte de la Monarquía hispánica. Aquella Monarquía que forjaba, durante el Imperio español de los siglos XVI y XVII, la representación artística más importante del mundo. Ahora que se habla tanto de la internacionalización, de la macluhiana aldea global, La Pintura de los Reinoses una ocasión para aproximarnos —al hilo de sus ciento veinticinco piezas— a la que podríamos calificar como la primera muestra de arte global de la Historia: el arte de la Monarquía hispánica. Del arte creado en la España peninsular, pero también del arte elaborado en la América española. De zambullirnos en el arte español, en su sentido más amplio, lo que era tanto como decir europeo y americano. Un arte hispánico por sus orígenes y fines, pero universal por su extensión y pretensiones. Un arte que iba de la peruana Cuzco a la flamenca Amberes, de las ibéricas Madrid y Sevilla hasta la azteca México y la filipina Manila. Estamos, pues, ante la primigenia exteriorización del arte universal. La lectura nacionalista de la historia del arte, de contornos impermeables y cerrados, no aparece en Europa hasta la derrota de las tropas de Napoleón y el Congreso de Viena. El nacionalismo político, que salvaguardaba la identidad propia, frente a las frustradas aspiraciones uniformadoras bonapartistas, requería de una pintura nacional. Una realidad que se consolida en Europa con la I Guerra Mundial. Unas expresiones artísticas globalizadas que se adelantaban ¡más de trescientos años! a la mundialización artística.

Los artistas de la Monarquía hispánica erigieron un arte universalizado antes del advenimiento cosmopolita de los pintores impresionistas, de los revolucionarios cubistas y del expresionismo abstracto. En suma, unos adelantados a su tiempo y a la modernidad. Un arte que se redefinía diariamente, matizaba a conveniencia, se reinterpretaba según el lugar, se transformaba con el tiempo y se acomodaba a las especificidades de cada territorio dentro del paraguas común de una Monarquía compuesta, diferenciada y plural. Lo que se constata, por ejemplo, en la visualización de la representación del poder: dominada mayoritariamente en la América peninsular por la omnipotente figura del Rey, en la América española —dada la limitación de los mandatos de los virreyes— exaltaba, por contra, la atemporal jerarquía eclesiástica. Una diversidad que alcanzaba, asimismo, a cada uno de los territorios. Poco tenía que ver el mantenimiento de la herencia precolombina en las ciudades del Perú, con la mayor europeización en el Nuevo Mundo. O las disimilitudes evidentes entre Manila y Potosí. Sirva como ejemplo la disparidad compositiva y de factura entre el majestuoso Retrato de Moctezuma de Antonio Rodríguez y la piadosa Comunión de santa Teresa de Juan Martín Cabezalero. Un acierto, por tanto, el ciclo de conferencias que ha organizado la Real Academia de la Historia y el reciente libro de Hugh Thomas con el título El Imperio español de Carlos V. Ya lo adelantaba Stevenson: «El arte es un juego, pero hay que jugar con la seriedad de un niño que juega».

Una Monarquía hispánica que disfrutaba —dependiendo de sus territorios en Nápoles, Flandes, Castilla y Aragón, Nueva España, Quito, Perú— de sus particulares ordenamientos, leyes e instituciones políticas, como de sus plurales artistas, motivos y significados. Una Monarquía compuesta y descentralizada en su ordenación político-territorial, y compuesta y descentralizada en sus manifestaciones artísticas según los Estados de aquí y de allí, según los gustos de unos y de otros. En una Monarquía donde conviven el centro y la periferia, los elementos centrípetos pero también las tensiones centrífugas, las herencias comunes y los legados desemejantes, la mayor internacionalización, pero asimismo la exaltación de lo particular. Donde hay identidades propias y dispares, pero simultáneamente compartidas y leales al Rey. Nadie escapa a esta liturgia homogénea, pero diversa: ni monarcas, ni nobles, ni validos, ni virreyes, ni clero, ni el pueblo. Una Monarquía hispánica forjada desde la mezcolanza, la yuxtaposición, el intercambio, la simbiosis. Una Monarquía, por tanto, globalizada, única y plural, donde conviven sincréticamente las Vírgenes sevillanas de Murillo y las Vírgenes mejicanas de Guadalupe, los ángeles pintados en Bruselas y en Manila, los retratos de los Virreyes de Perú y los gobernantes de Filipinas. La Exposición, permítanme una metáfora politológica, sería la prueba de un constitucionalismo flexible y elástico. Un constitucionalismo que se acomoda, sin sobresaltos, de forma sosegada y tranquila, a las singulares circunstancias de cada hecho, negocio o relación. Un constitucionalismo que bebería en las fuentes de Bryce en su obra Constituciones rígidas y flexiblesy en la noción de elasticidad constitucional. Así las cosas, hemos de ir aquí obligatoriamente más allá de Flaubert, cuando señalaba descreídamente que «la moral del arte consiste en su belleza misma».

Ya lo manifestaba la Constitución de Cádiz de 1812 en su artículo 1: «La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios». La Exposición reiterada es una buena manera de conocer nuestro pasado, el mejor arte de los siglos XVII y XVIII, y de conmemorar —tras la fragmentación de la Monarquía hispánica— los procesos de independencia americana. Nos permite refrendar —como decía el pintor Manuel Viola— que «el objetivo final del arte es mostrar los tejidos internos del alma». En este caso, de la Monarquía hispánica, de nuestra historia y de su mejor arte.

martes, 23 de noviembre de 2010

La boda del príncipe Guillermo será el 29 de abril en Westminster

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Agencias

Ya hay fecha para la boda del año sólo una semana después del anuncio de compromiso. El próximo 29 de abril el príncipe Guillermo de Inglaterra y su prometida, Kate Middleton, contraerán matrimonio en la abadía de Westminster. Un día 29 (de julio de 1981), también se casaron los padres del príncipe, Carlos y Diana.

Los costes de la boda (la misa, el banquete, la música, las flores, la decoración y la luna de miel) correrán a cargo de la familia real y de la familia Middleton, mientras que los gastos de seguridad serán pagados por el contribuyente británico.

Por su parte, Downing Street, residencia oficial del primer ministro británico, David Cameron, ha anunciado que el día de la boda, que cae en viernes, será festivo en Inglaterra y Gales, mientras que el Gobierno escocés tendrá que decidir si hace lo mismo.

El lugar de sus abuelos

El secretario privado del príncipe Guillermo, Jamie Lowther-Pinkerton, ha señalado que la pareja ha elegido la Abadía de Westminster (donde se casaron la reina Isabel II y el duque de Edimburgo en 1947) por su "extraordinaria belleza" y su "intimidad", a pesar de su gran tamaño.

"En un emplazamiento vinculado históricamente a la Familia Real porque ha sido durante mucho años iglesia real", agregó Lowther-Pinkerton al dar detalles de la boda en St.James, palacio contiguo a Clarence House, residencia oficial del príncipe Carlos.

Según explicó el secretario privado, los responsables de preparar la boda han tenido en cuenta la difícil situación económica por la que atraviesa el Reino Unido. "Todas las partes que preparan la boda, no sólo el príncipe Guillermo y la señorita Middleton, quieren asegurar que hay un equilibrio entre una jornada de alegría y la actual situación económica", agregó el secretario privado. "Por eso, la Familia Real y la familia Middleton se harán cargo de la boda", añadió.

El hijo mayor de Carlos de Inglaterra y Lady Di, fallecida en 1997, afirmó hace algún tiempo que calculaba que se casaría cuando tuviese 28 o 29 años, aunque posteriormente aseguró que no sería tan pronto. Finalmente, acertó con la edad.

El primogénito de Carlos de Inglaterra y la fallecida Lady Di contó que aprovechó un viaje "romántico" a Kenia realizado el pasado mes para preguntar a la que ha sido su pareja durante los últimos ocho años si quería casarse con él.

El enlace se está convirtiendo ya en todo un acontecimiento de Estado. Se prevé, por ejemplo, que la boda reporte a la economía británica unos 620 millones de libras (unos 730 millones de euros).

Un obispo destituido

Por otro lado, el obispo de la Iglesia Anglicana Peter Broadbent ha sido destituido por sus "comentarios profundamente ofensivos" sobre el futuro matrimonio, al que auguró no más de siete años de duración.

Así lo ha anunciado el obispo de Londres, Richard Chartres, quien en un comunicado ha declarado además estar "horrorizado" por las afirmaciones vertidas por Broadbent hace unos días en su página de Facebook, donde expresó su contrariedad por la boda real. Broadbent, obispo de Willesden (en el noroeste de Londres), fue destituido de sus funciones públicas "hasta próximo aviso".

"Al igual que la mayor parte del país, comparto la alegría por la noticia del compromiso", subrayó el obispo de Londres, quien ha hablado con la familia real sobre el asunto. "He tenido la oportunidad de hablar con el obispo Peter sobre cómo fue que hizo esos comentarios y me ha hecho constar que se disculpa sin reservas".

Según publicó la prensa británica el pasado fin de semana, Broadbent calificó a los miembros de la monarquía británica de "mujeriegos". "Los Windsor y sus antecesores no tienen un buen historial de permanecer en matrimonios. No los conozco, y no me corresponde celebrarlo. Sólo desearía que no tuviéramos que pagarla", dijo al referirse a la boda.

Los príncipes de Asturias, recibidos en Perú con honores de Estado

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MARIANGEL ALCAZAR
LA VANGUARDIA

El presidente de Perú, Alan García, ha recibido a los Príncipes de Asturias con honores de Estado por partida doble. En la ceremonia oficial de bienvenida, don Felipe ha cruzado el patio de armas del palacio presidencial a través de una alfombra roja, flanqueada por un regimiento de los húsares de Junín, que le han rendido honores mientras doña Letizia, por una confusión en el protocolo, daba un rodeo por un lateral junto al resto de la comitiva oficial de los Príncipes. Alan García ha saludado al Príncipe en el acceso al palacio e inmediatamente ha empezado a sonar el himno de España, sin esperar a doña Letizia que ha llegado minutos más tarde. Tras escuchar los himnos de ambos países, Alan García ha corregido el error protocolario y, tras saludar a doña Letizia con un beso en la mano, le ha ofrecido el brazo para bajar de nuevo al patio de armas y acompañarla en un camino de ida y vuelta, mientras la guardia de honor rendía honores a la Princesa.

Los Príncipes de Asturias han iniciado con esta ceremonia oficial su primer viaje oficial a Perú. Tras colocar una ofrenda floral ante el monumento a los próceres que en el siglo XIX lucharon por la independencia de la corona española, don Felipe y doña Letizia fueron recibidos por Alan García en el palacio presidencial, situado en la plaza de Armas símbolo del poder colonial en la época del virreinato. Alan García ha mantenido una reunión con don Felipe, mientras doña Letizia ha sido atendida por Josefina García, hija del presidente, que ejerce de primera dama tras la separación de sus padres. García, casado durante más de 30 años con Pilar Norés, anunció recientemente su separación tras asumir públicamente la existencia de un hijo extramatrimonial.

El encuentro entre el presidente peruano y el Príncipe de Asturias ha sido calificado por ambas partes de "cordial, franco y afectuoso". Alan García ha agradecido el apoyo de España a Perú en la consecución de un acuerdo con la Unión Europea y también el papel que juegan las empresas españolas en el desarrollo del país. El Príncipe ha recordado que España es el primer donante y el primer inversor en Perú y ha transmitido al presidente peruano un saludo personal del Rey, con quien García se verá la próxima semana en el marco de la Cumbre Iberoamericana que tendrá lugar la ciudad argentina de Mar de Plata. Los Príncipes han regalado al presidente peruano un cuadro titulado Las dos orillas y García ha obsequiado a don Felipe con un bastón de mando incaico. Tras el encuentro con el mandatario peruano, los Príncipes se han trasladado a la sede del congreso, donde fueron recibidos por el presidente del parlamento, César Zumaeta, a quien don Felipe ha agradecido la acogida brindada por el gobierno y el pueblo peruano en su primera visita oficial al país.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El Rey que reconcilió a las dos Españas

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ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS

ABC

«HOY comienza una nueva etapa de la historia de España». Desde que el Rey pronunció esta frase en su primer mensaje a los españoles hasta hoy han transcurrido 35 años que constituyen el más largo periodo de paz civil, progreso y libertad de nuestra historia reciente. Un periodo sin precedentes solo ensombrecido por el látigo asesino de ETA y, más recientemente, por una grave crisis económica que amenaza con convertir en un paréntesis esta etapa de prosperidad.

Hasta aquel 22 de noviembre de 1975 y durante el último siglo y medio la historia de nuestro país había sido la de media España contra la otra media, el fracaso de la convivencia entre españoles de ideas enfrentadas. Pero aquel día Don Juan Carlos habló de un futuro distinto al afirmar que quería ser el Rey de todos los españoles, por encima de las diferencias políticas. La Corona ofrecía un horizonte de concordia y reconciliación a una España que había abandonado el subdesarrollo, pero que afrontaba su futuro con una mezcla de esperanza y temor. Había deseos de libertad, pero temían poner en peligro el desarrollo que había empezado en los años 60.

Era la primera vez que los españoles oían una afirmación similar en boca del Jefe del Estado. Aunque sus palabras fueron recibidas con escepticismo por una parte de la sociedad española, pronto les siguieron los hechos. Tras la celebración, año y medio después, de las elecciones democráticas, el 6 de diciembre de 1978, los españoles acudieron a votar la primera Constitución de la historia sometida a referéndum popular —las anteriores solo las aprobaron las Cortes— y la única que ha contado con el consenso y la aceptación de todos, desde la derecha conservadora al Partido Comunista.
Hasta entonces los españoles no habían sabido acordar un marco político y jurídico de convivencia en el que se desarrollaran en paz las discrepancias que se producen en el seno de cualquier sociedad viva.

Estos siete lustros de paz civil, estabilidad y progreso sin precedentes han borrado de la memoria colectiva la historia turbulenta de la España contemporánea, cuyo último coletazo fue el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Esa noche el Rey volvió a demostrar que era el primer defensor de la democracia. Atrás quedaban cuatro guerras civiles, cinco magnicidios, decenas de atentados, cerca de 200 pronunciamientos militares y golpes de Estado, siete Constituciones sin consenso (la de 1876 solo tuvo el de la burguesía y no supo incluir después a las clases trabajadoras); 142 presidentes de Gobierno se sucedieron a lo largo de 142 años, la mayoría sin llegar a cumplir un año de mandato; privación de libertades y vidas condenadas al exilio o a la intolerancia. «No podíamos repetir los errores del pasado. De ahí que apostáramos por el respeto mutuo, la tolerancia, la reconciliación y la concordia», explica el Rey, convencido, desde el primer momento, de que «la normalidad democrática era inaplazable».

Como consecuencia de esos más de cien años de inestabilidad y violencia, en los años 30 del siglo pasado casi la mitad de la población española era agrícola y el 44% de sus habitantes (58,2% de las mujeres) eran analfabetos. Los campesinos cobraban sueldos de miseria y la renta media de los españoles era solo el 40% de la que tenía un alemán de la época. En cuanto se dieron las condiciones de estabilidad y paz social, España abandonó su retraso secular y experimentó un proceso de modernización, democratización y europeización sin precedentes. A modo de ejemplo, en 1975 España apagaba su última locomotora de vapor y, 35 años después, está a la cabeza del mundo en kilómetros de alta velocidad. La esperanza de vida ha aumentado siete años y hasta la estatura media de los varones ha subido siete centímetros por la mejora de la nutrición.

Una extraordinaria transformación protagonizada, sin duda, por el pueblo español, pero en cuyos inicios jugó un papel esencial una generación de políticos que supo encauzar ese proceso con inteligencia y generosidad y en plena sintonía con las aspiraciones de los ciudadanos. En comparación con los 142 presidentes de Gobierno en 142 años de etapas anteriores, el Reinado de Don Juan Carlos se ha caracterizado por la estabilidad y por una tranquila alternancia democrática en la que solo se han producido cinco cambios de jefes del Ejecutivo en 35 años, de los que el PSOE ha gobernado veinte, el PP ocho y el centro, seis.

Aprender del pasado

Tras esta historia de éxito, en los últimos años se ha producido un deterioro de la convivencia política, especialmente entre los dirigentes, lo que sumado a una crisis económica cuyo fin no se atisba, ha dibujado un horizonte poco esperanzador. Igual que hizo hace 35 años, la Corona ha marcado el camino y ha apuntado a la lección de responsabilidad histórica que dieron los dirigentes políticos de los años 70, cuando fueron capaces de resolver una crisis institucional dentro de una grave crisis económica. «No nos podemos permitir que las legítimas diferencias ideológicas resten energías al logro de los consensos que piden nuestros ciudadanos», afirma el Rey. «Está en nuestras manos —añade el Príncipe— demostrar que los españoles de hoy no sólo aprendimos aquella gran lección de responsabilidad nacional, sino que podemos volver a ser ejemplo de capacidad y de superación».

Artículos publicados en ABC con motivo del 35 aniversario de la proclamación del Rey:

35 años al servicio de España

35 años de estabilidad

El Rey más cercano a los españoles

Embajador ante el mundo

Ultima ratio

La maravillosa innovación monárquica

Tres días de noviembre: de Franco a Don Juan Carlos I

Amplio despliegue el que dedica La Gaceta este domingo a los "tres días que cambiaron España", tal y como titula el especial en el que repasa, con apoyo de fotografías y documentos inéditos hasta ahora, cómo España pasó "de la agonía" del franquismo, y del propio Generalísimo, a "la Monarquía".

Entre los documentos que muestra La Gaceta podemos ver el "borrador manuscrito" que escribió el todavía Príncipe Juan Carlos antes de presidir su primer Consejo de Ministros como Jefe de Estado en funciones. Fue durante la enfermedad de Franco el 9 de agosto de 1974.

También destaca la reproducción del telegrama que el Conde de Barcelona, Don Juan, envía desde Francia al ya proclamado Rey, su hijo Don Juan Carlos. Sorprende por escueto y frío. Al menos ésta es la sensación que destila: "QUE DIOS TE BENDIGA Y BUENA SUERTE ABRAZOS PADRE".

La Gaceta ha accedido asimismo a las fotos nunca vistas de Franco, el Rey y el Príncipe Felipe, así como al borrador del discurso de proclamación de Juan Carlos I de Borbón, con apuntes de su propio puño y letra.

Precisamente la ceremonia de proclamación fue una de las más cuidadas por la Casa Real y el propio Rey, a través de la "operación Alborada", cuyos documentos secretos desvela ahora el diario de Intereconomía. Se celebró el 27 de noviembre de 1975. La Gaceta señala que dichos documentos revelan el interés de la Familia Real por demostrar en dicha ceremonia que España había cambiado. "Hasta España se había desplazado la mayor concentración de mandatarios internacionales que nuestro país había visto nunca", apunta el diario.

Además, destaca que "aquel día parecía que la barrera histórica de los Pirineos había desaparecido". También dice que "la Casa del Rey facilitó al pueblo español que pudiera participar de esta jornada de exaltación al Monarca".

Llama especialmente la atención la lectura de los tres folios en los que el Príncipe Juan Carlos preparó el Consejo de Ministros que presidió el 9 de agosto de 1974. Franco se encontraba convaleciente en el Pazo de Meirás y Arias Navarro propuso que el Príncipe de España tutelara la reunión como jefe de Estado en funciones.

El documento gráfico de La Gaceta muestra tres folios manuscritos con anotaciones, tachados y subrayados del puño y letra del propio Juan Carlos Primero cuando aún era príncipe.

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martes, 16 de noviembre de 2010

Vocación de servicio

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Ramón Pérez Maura
ABC

Cuando murió Diana de Gales el 31 de agosto de 1997 no fueron pocos los que dieron por finiquitada con ella la Monarquía británica. Trece años después parece claro que con su muerte -propia de una pobre niña rica dispuesta a disfrutar de todos los privilegios que le daba su matrimonio, mas rebelde contra todas las ataduras que ese vínculo forzaba- se cerró una etapa que fue extremadamente dañina para la institución monárquica. Como reza el último verso del soneto de Cervantes ante el túmulo de Felipe II en Sevilla, “fuese y no hubo nada”. El anuncio de la boda de su hijo primogénito, que por la sangre de su padre es segundo en la línea de sucesión a la corona británica, puede contribuir a revivir el apagado recuerdo de la que Elton John bautizó como la Rosa de Inglaterra.

El Príncipe Guillermo de Inglaterra ha sido educado para ser un día Rey en los cinco continentes –en su condición de Rey de Inglaterra y cabeza de la Commonwealth será Soberano, entre otros países, de Canadá o de Australia. Sabe bien, por haberlo sufrido más que nadie, lo que supuso el erróneo matrimonio de sus padres. Para él como hijo y para la institución a la que está llamado a servir. El reto de su matrimonio no es sólo el de ser capaz de formar una familia unida –que ya es mucho- sino el de demostrar que con las lecciones aprendidas en su propia casa ha sido capaz de escoger a la mujer adecuada para ser Reina de Inglaterra.

Si se mantienen las disposiciones vigentes, Kate Middleton sucederá a Isabel II en el tratamiento de Reina de Inglaterra, aunque no en la plenitud del título. Isabel Il es reina titular y Kate lo será como consorte. Y si se cumplen las previsiones sucesorias, la Duquesa de Cornualles, mujer del Príncipe de Gales, no ostentará el título de Reina como tampoco ha querido emplear el de Princesa de Gales como muestra de respeto a la difunta Diana. Claro que, cuando murió Diana eran muchos los que decían que Carlos no podría casarse nunca con Camilla. Pero su matrimonio en 2005 no fue nada controvertido y contribuyó a consolidar la imagen pública del heredero. Quién sabe. Es posible que las razones que llevaron a anunciar entonces que la nueva Duquesa de Cornualles no ostentaría nunca el título de Reina de Inglaterra puedan considerarse hoy caducas.

En todo caso los Windsor abren hoy una nueva etapa. Décadas de la dinastía sobreexpuesta a los medios de comunicación plantean la difícil cuestión del papel que los británicos esperan de su Monarquía. Pero, sobre todo, demuestra el valor de la señorita Middleton. Diana intentó servirse de los medios de comunicación y acabó muriendo mientras huía de ellos. Una triste metáfora de su vida. Y para estar dispuesto a enfrentarse a ese acoso mediático el resto de su vida hay que estar muy enamorado y tener mucha vocación de servicio. Si no, no hay nada que compense lo que espera a quien no ha sido preparado para lo que ahora tiene por delante.

El anillo de Kate Middleton, «heredado» de Lady Di



Tras el anuncio hecho hoy oficial de que el príncipe Guillermo de Inglaterra contraerá matrimonio en 2011 con su novia Kate Middleton, todos los ojos curiosos miraban hacia el dedo anular de la futura princesa. Y ella, ataviada con un bellísimo traje azul petróleo, ha mostrado esta tarde la joya. El color del traje no había sido escogido al "tuntún"; de hecho, compaginaba perfectamente con el azul del zafiro central del anillo de compromiso, salpicado de brillantes.

Se trata de la misma sortija de compromiso que lució la malograda Diana de Gales (como muestra la imagen, tomada en 1996 en un acto en el Ballet londinense), algo que forma parte de los empeños del propio príncipe William como que la ceremonia coincida con el trigésimo aniversario del enlace de sus padres, a pesar de que aquel matrimonio no acabó bien, como es por todos conocido. Será la próxima primavera o verano. El príncipe lo ha hecho para "recordarla", porque según ha expresado: "Es mi manera de asegurarme de que mi madre no se pierde el día de hoy y toda la emoción". El segundo en la línea de sucesión al trono británico sella así su amor con una joya muy especial para él.

El príncipe Guillermo y su prometida se casarán en primavera o verano del año próximo en Londres, después de ocho años de discreto noviazgo. Así lo ha anunciado hoy en un comunicado Clarence House, la residencia y despacho oficial del príncipe Carlos de Gales, heredero de la Corona británica y padre del novio, sin especificar más detalles de la que sin duda será la boda del año.

Prometidos desde octubre

Guillermo y Kate, ambos de 28 años, se prometieron oficialmente -aunque sin hacerlo público- este octubre durante unas vacaciones en Kenia, tras lo cual el príncipe buscó la bendición de su abuela, la reina Isabel II, para casarse, y pidió formalmente la mano de su prometida al padre de ésta, Michael Middleton. Según la BBC, Guillermo entregó entonces a su novia el anillo de compromiso de su madre, la difunta princesa Diana, para mostrarlo hoy al pueblo británico y a los ojos del mundo. Se conocieron en 2001 cuando los dos estudiaban Historia del Arte -aunque él acabó finalmente Geografía- en la Universidad de Saint Andrews en Fife (Escocia), donde además compartieron piso durante cuatro años.

La pareja vivirá en el norte de Gales, donde el príncipe sirve en una unidad de la Real Fuerza Aérea del Reino Unido (RAF) después de graduarse como piloto de rescate el pasado septiembre.

Con esta boda, Kate Middleton -apodada últimamente por la prensa "waity Katie" ("la paciente Katie")-, que es de clase media alta, se unirá a la lista de mujeres sin sangre azul que se han casado con príncipes británicos, entre ellas Sophie Rhys-Jones, esposa del príncipe Eduardo (hijo menor de Felipe de Edimburgo e Isabel II), o Sarah Ferguson, ex mujer del príncipe Andrés. Otras mujeres que llegaron a la Casa Real sin ser princesas, aunque sí eran miembros de la aristocracia, fueron la propia Diana de Gales, de la familia Spencer, o Camilla Parker Bowles, esposa actual del príncipe Carlos.

Sesión fotográfica


Amplia información en The Daily Telegraph

El príncipe Guillermo y Kate Middleton se casarán en 2011

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Agencias

El príncipe Guillermo, segundo en la línea de sucesión a la corona británica, se casará con su novia Kate Middleton el año próximo, según ha informado Clarence House, residencia oficial del príncipe Carlos.

El compromiso se produjo el mes pasado durante unas vacaciones en Kenia. El comunicado dice: "El Príncipe de Gales se complace en anunciar el compromiso del príncipe Guillerno y Catherine Middleton. La boda tendrá lugar en la primavera o el verano del año que viene en Londres".

Además, añade que el príncipe ha informado a su abuela, la reina Isabel II, y a los miembros más cercanos de su familia, además de pedir permiso al padre de su ya prometida.

Tras la boda, "la pareja vivirá en el Norte de Gales, donde el príncipe Guillermo continuará su servicio en la Royal Air Force".

Guillermo, de 28 años, conoció a Middleton, también de 28, mientras los dos estudiaban en la Universidad de St. Andrews (Escocia), en 2001. Llevan juntos ocho años, aunque en 2007 rompieron y estuvieron separados durante varios meses.

El hijo mayor de Carlos de Inglaterra y Lady Di, fallecida en 1997, afirmó hace algún tiempo que calculaba que se casaría cuando tuviese 28 o 29 años, aunque posteriormente aseguró que no sería tan pronto. Finalmente, acertó con la edad. La ceremonia coincidirá con el 30 aniversario de la boda de sus padres.

El primer ministro británico, David Cameron, ha dicho a través de su portavoz que desea lo mejor a su pareja y que está "encantado". Por su parte, el líder laborista, Ed Miliband, ha asegurado que "todo el país les deseará la felicidad".