lunes, 12 de septiembre de 2005

El tren de vida del Rey Harald de Noruega


El tren de vida del Rey Harald de Noruega

Aunque no hace mucho sufrió dos operaciones a corazón abierto y otra de cáncer de próstata, el Rey Harald ha vuelto a incorporarse tras pasar sus vacaciones en Mallorca a sus obligaciones constitucionales con una vitalidad que ha dejado asombrado a todo el Reino. Sin tomarse un respiro, este enérgico monarca impulsado por su sentido del deber cumple con un programa oficial intenso que implica presidir los Consejos del Reino, celebrar audiencias y realizar todos los trabajos de regente ante los aspavientos de sus médicos, que le aconsejan tomar las cosas con calma.

Hace unos días, este Rey de su tiempo, quien a pesar de que a sus 68 años lleva un tren de vida de chico joven, visitaba Suecia. El motivo era celebrar el «Centenario de la Unión», cuando Noruega recobró su soberanía y dejó de pertenecer al Reino sueco. Acompañado por su esposa Sonja y su hijo Haakon (Mette-Marit no pudo asistir por problemas de salud), el Monarca navegó en su barco «Norge» rumbo a Estocolmo para asistir a varios eventos incluidos en el programa.

El Rey Harald tampoco faltó a las citas importantes del viaje. Asistió a la cena de gala en Palacio, la inauguración de una exposición en el Castillo de Mälså donde se entrenó la Policía noruega durante la II Guerra Mundial, acción de gracias en la Iglesia de la Princesa Marta y a una recepción a la colonia noruega que vive en este país. Quizá demasiados actos para un monarca con mala salud de hierro.

La revolución del amor

Harald de Noruega, uno de los personajes, sin duda, más rebeldes de las Casas reales europeas, fue el primer Heredero que impulsó con éxito la revolución del amor en la Corona.

Tras once años de noviazgo con una burguesa sin una sola gota de sangre azul, huelgas de hambre y la firme decisión de anteponer su amor ante los derechos de Estado, el entonces Kronprins fue capaz de convencer a su real progenitor, al Parlamento y al pueblo de que para ser feliz, necesitaba esposar a la dulce Sonia. Así, tras protagonizar un escándalo en toda regla que puso en jaque a la Monarquía y llenó de estupor al mundo entero, el 29 de agosto de 1968 consumó en Oslo el primer matrimonio monargático en una casa real nórdica.

Con buen humor

Desde entonces, Harald V, que en 1991 ciñó la Corona, siempre amado por su pueblo, vuelve a ocupar el número uno de la lista de populares del país. Con el buen humor que le caracteriza, asegura al referirse a su salud que está «en buena forma», que su único problema es «dejar de fumar» y que sus anteriores operaciones de cáncer y de corazón «ya son historia».

El monarca, tras sus vacaciones en Mallorca, sigue desoyendo a sus médicos, que le han aconsejado una vida tranquila.
 
Fuente: ABC
 

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