sábado, 15 de diciembre de 2007

Felicitación navideña de los Príncipes




Los Príncipes de Asturias posan en los jardines de la Zarzuela junto a sus hijas, las Infantas Leonor y Sofía, para felicitar la Navidad y el Año Nuevo. (Casa Real)

¿Necesaria o agotada? La Monarquía en la cuerda floja

Días atrás publiqué una reseña del libro "La Monarquía necesaria" favorable a la Institución. Ahora copio este texto más crítico escrito por Nuño Vallés en El Confidencial.
 

En los últimos tiempos parece habérsele perdido el respeto a la Corona. Las muestras de desafección a la Corona se ven por doquier. Las banderas republicanas en las manifestaciones contra el apoyo español a la guerra de Iraq fueron una muestra de ello y, más recientemente, el desafío de la revista satítica El Jueves o la quema de retratos del Rey en Cataluña. Cuando parecía que la misión de don Juan Carlos -respecto de la Corona- estaba cumplida, empiezan a vérsele grietas. Esta misión, según el decidido monárquico y periodista angloespañol Tom Burns Marañón, era hacer inteligible la institución para sus súbditos.

¿Qué quiere decir con inteligibilidad de la Monarquía? Para facilitarse las cosas, señala que la Monarquía es incomprensible racionalmente y, por tanto, se hace inteligible por familiar. De hecho, en numerosas ocasiones vacía y aleja el concepto de Monarquía refiréndose a ella como parte del "mobiliario" de un país. Y un mueble puede sernos perfectamente familiar, hasta sentimentalmente apreciado, pero es difícil enfadarse con él mientras no estorbe y sirva. Esto casa con su teoría de la Monarquía necesaria: es necesaria en cuanto que útil, e históricamente se ha demostrado su utilidad. Al menos, esto trata de demostrar a lo largo de siete capítulos en los que repasa diacrónicamente el proceso desde la Monarquía constitucional de Cánovas hasta la Monarquía constitucional actual de don Juan Carlos. Sincónicamente, compara el modelo actual con los anteriores de Alfonso XII y XIII y, remotamente, con la Corona británica que para Burns es el modelo de Monarquía perfecta, cuya descripción paradigmática dio Walter Bagehot pensando en la reina Victoria.

Este modelo no fue imitado por Alfonso XIII, quien prefirió mirarse en su abuela; sí, aquélla que, como él, fue expulsada del trono y del país. Don Juan Carlos comprendió que, para alcanzar la Corona y recuperar sus privilegios dinásticos, debía diseñar una Institución útil, comprendió que debía crear una relación de necesidad respecto de sus súbditos. Aquí se revela al actual Borbón como una persona inteligente y estratega, que durante años simuló ser tonto y dócil -y con éxito- pero que, una vez hubo recabado toda la legitimidad posible -con las dificultades añadidas del salto sucesorio y la contradicción de jurar fidelidad a los Principios del Movimiento para luego abogar por la devolución de las libertades secuestradas-, desmontó, con prudencia y manga ancha, el sistema franquista y posibilitó la implantación de la democracia más o menos funcional. Eso siempre y cuando el lector confíe en los puntos de vista que Burns da por válidos, los de Areilza y Powell del Rey como motor o piloto de la Transición.

El autor se remite al consenso para no demostrar este axioma básico en su ensayo; pero no deja de ser cierto que, junto a las voces neorrepublicanas que empiezan a escucharse -que el Rey cumplió en el momento de la Transición pero que, una vez asentada la democracia ha dejado de ser útil y, por tanto necesario-, hay otras que ponen en duda las cualidades de pilotaje del Monarca -y que éste, como mucho, habría sido un pasajero de business que se limitó a no hacer el melendi-. Realmente, lo que interesa ahora tanto a la Coroana como a la ciudadanía no es el repaso histórico de la constitución de la Monarquía parlamentaria que se extiende a lo largo de siete capítulos, sino lo que apunta en el octavo. Es decir, que aunque aceptemos que hasta hoy la Monarquía ha sido necesaria, la cuestión es si todavía lo es y si lo será el el futuro. Y estas preguntas, bien las deja en el aire -como advierte en la Introducción-, bien las responde con dogmas de fe que, seguramente por falta de espacio, deja sin desarrollar. Aunque el ensayo está escrito con el pulso firme de un buen periodista, no creo que don Juan Carlos -y menos aún don Felipe- haya encontrado aquí el panegírico que necesita.

LO MEJOR: La fluidez del texto.

LO PEOR: Pasa de puntillas por la reflexión más importante: el presente y el futuro de la Institución.

Los Reyes felicitan la Navidad con una foto con sus ocho nietos

Los Reyes, con sus ocho nietos. (Foto: Casa Real)
 
EFE

MADRID.- En un año que ha estado marcado por los sobresaltos en la Casa Real, los Reyes han elegido para felicitar la Navidad una fotografía en la que aparecen con sus ocho nietos posando en los jardines del Palacio de la Zarzuela.

Don Juan Carlos y Doña Sofía han iniciado el envío de la tradicional tarjeta de felicitación que llega siempre por estas fechas a los representantes de los distintos sectores sociales a los que el Monarca quiere expresar su afecto en estos días.

El Rey aparece de pie vestido con atuendo informal, como el resto de la familia, mientras que la Reina está sentada en uno de los bancos del jardín de su residencia sosteniendo en brazos a la menor de sus nietos, la Infanta Sofía.

A la derecha de Doña Sofía está la primogénita de los Príncipes de Asturias, la Infanta Leonor, con una blusa de flores y un pantalón rosa, arropada por su primo mayor Juan Valentín Urdangarín.

Al otro lado de la Reina se sienta sonriente y vestida de azul con un gran lazo del mismo tono en el pelo, Victoria Federica de Marichalar junto a su hermano mayor Felipe Juan Froilán.

Delante de ellos y sentados sobre cojines en el suelo se puede ver a los otros tres hijos de la Infanta Cristina e Iñaki Urdangarín: Miguel, Irene y Pablo Nicolás.

El año pasado los Reyes recurrieron a un paisaje nevado de su residencia para felicitar estas fiestas, mientras que en la Navidad de 2005-2006 enviaron un fotomontaje de ellos dos con sus nietos.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Primer Relevo de la Guardia Real en el Palacio de Oriente



MADRID.- A las 11.00 horas de la mañana se han establecido los cuatro puestos de la Guardia Real ante la Puerta del Príncipe en el Palacio de Oriente. Un acto que ha constituido el primer Relevo semanal de la Guardia Real, que se realizará a partir de ahora todos los miércoles.

La Guardia Real lleva más de 10 años realizando el Relevo Solemne de la Guardia Real los primeros miércoles de cada mes, recordando el que se hacía diariamente durante los reinados de Alfonso XII y Alfonso XIII. En él participan más de 400 efectivos y 100 caballos en unos 40 minutos de duración.

En su afán por recuperar y mantener el mayor número de tradiciones, las Tropas de la Casa Real han decidido retomar el Relevo en la Puerta del Príncipe todos los miércoles. Una tradición ya consolidada en otros países como Inglaterra, Dinamarca o Grecia.

Tal y como ocurrirá cada miércoles, a las 11.00 horas de esta mañana se han establecido cuatro puestos de la Guardia Real en la puerta principal del Palacio de Oriente, dos puestos de centinelas a pie y dos puestos de centinelas a caballo.

Desde el interior del Palacio han salido 12 Guardias Reales acompañados por un pífano (una especie de flauta) y un tambor. Siguiendo las órdenes de un cabo, han formado y se han establecido los dos puestos a pie, regresando el resto de la formación al interior del edificio.

A continuación han aparecido en escena seis guardias reales a caballo, que al igual que sus compañeros han formado y establecido los dos puestos de centinelas a caballo.

Una vez establecidos los puestos en la Puerta del Príncipe, se irán sucediendo los relevos de los centinelas hasta las 14.00 horas. Cada 30 minutos los centinelas de a pie y cada hora los centinelas a caballo. Estos últimos, además, se desplazarán por delante de la fachada del Palacio cada 15 minutos, sin coincidir con el relevo de los puestos.

La región madrileña constituye así un nuevo atractivo turístico, impulsado por el Gobierno regional y la Cámara de Comercio. "Cerraremos este año con un incremento en turismo cercano al 10%, tres veces por encima de la media nacional. Es una tendencia que se mantiene desde hace dos años y esperamos que iniciativas como ésta contribuyan a aumentar los visitantes a nuestra región", ha señalado Concha Guerra, la viceconsejera de Cultura y Turismo.

El Rey agradece la colaboración de Sarkozy contra ETA

El Rey ha agradecido hoy a Francia su colaboración en la lucha contra el terrorismo ante el presidente Nicolas Sarkozy, quien a su vez ha subrayado el compromiso permanente de ayuda a España en esa materia. Ésta es una de las conclusiones del almuerzo de trabajo que hoy han mantenido en París Don Juan Carlos y Sarkozy, en el que también han repasado algunos asuntos de interés internacional, como la situación en el Magreb y en los territorios palestinos.

El viaje del monarca a París estaba programado hace tiempo y ha sido la devolución del gesto amistoso que el Rey tuvo con Sarkozy el 31 de mayo, cuando le invitó a cenar en La Zarzuela al término de su primera visita como presidente, quince días después de asumir la Jefatura del Estado.

Aunque prevista tiempo atrás, la presencia de Don Juan Carlos ha cobrado una significación especial porque tiene lugar unos días después del atentado mortal contra dos guardias civiles en Capbreton (sur de Francia) y la posterior detención de dos etarras presuntamente implicados en el crimen.

En este contexto el Rey ha agradecido la ayuda francesa, con la particularidad de que en el encuentro estaba también la ministra francesa del Interior, Michèle Alliot-Marie. Sarkozy ha dejado claro que está decidido a continuar con la cooperación en materia antiterrorista.

Cuarenta etarras detenidos por Francia

El pasado fin de semana Sarkozy dijo explícitamente en Lisboa que "los enemigos de la democracia española lo son también de Francia", en alusión a los terroristas. En lo que va de año las fuerzas del orden francesas han detenido a cuarenta presuntos etarras.

La presencia de los respectivos ministros de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos y Bernard Kouchner, ha permitido también que en el almuerzo se hablara de otras cuestiones. Así, se pasó revista a algunos temas de interés bilateral, con vistas a la cumbre hispano-francesa que tendrá lugar el 10 de enero en territorio francés.

En el encuentro se habló del Tratado de la Unión Europea, que será firmado mañana en Lisboa por los Veintisiete, antes de abordar cuestiones internacionales.

Tanto Sarkozy como Don Juan Carlos tuvieron oportunidad de dialogar ayer con el presidente argelino Abdelaziz Buteflika, tras el doble atentado en Argel que costó la vida a decenas de personas y hoy ambos han analizado la situación creada en ese país.

En este punto los dos Estados están comprometidos a trabajar conjuntamente para ayudar a los países del Magreb a hacer frente al terrorismo. También han hablado de la conferencia internacional de donantes para los territorios palestinos que tendrá lugar el 17 de diciembre en París y en la que España quiere hacer una contribución sustancial.

Un ambiente cordial y amistoso

Don Juan Carlos llegó a la residencia del jefe del Estado francés a las 13.15 locales (12.15 GMT) para un almuerzo que se prolongó durante una hora y cuarto. El ambiente fue cordial y amistoso y Sarkozy descendió las escaleras de acceso al Palacio del Elíseo y bajó hasta el patio para recibir a su invitado español, al que acompañó hasta el coche a la salida.

A su llegada, Don Juan Carlos había pasado revista a un destacamento de la Guardia Republicana y abrazado al presidente francés, del que se despidió de la misma manera, mientras que antes de marcharse besó a Alliot-Marie y a Kouchner.

A los ateridos periodistas que le esperaban en el patio el Rey les lanzó un simpático "Il fait froid là bas" ("Hace frío ahí"), antes de introducirse en el coche.

lunes, 10 de diciembre de 2007

¿Tiene futuro la Monarquía española?

 
Por Florentino Portero

Tom Burns vuelve a las librerías, y eso es una excelente noticia. Historiador de formación (estudió en Oxford con Raymond Carr) y periodista de vocación y oficio (fue durante muchos años el corresponsal permanente en España del Financial Times), es un excelente conocedor tanto de nuestra historia como de nuestra vida política: suya es una de las obras imprescindibles para profundizar en las interioridades de la transición de la Dictadura a la Monarquía parlamentaria: la trilogía Conversaciones sobre la derecha, Conversaciones sobre el socialismo y Conversaciones sobre el Rey.

La deriva independentista de los nacionalismos, el auge del republicanismo en la izquierda española y las críticas al Rey desde posiciones liberal-conservadoras han colocado la cuestión monárquica sobre el tablero de la actualidad política. Burns ha asumido el reto que suponía todo ello para su doble condición de historiador y periodista, y lo ha resuelto con la finura intelectual a que nos tiene acostumbrados.

El lector se dejará llevar por la buena prosa, el interés del texto y los aciertos analíticos. Sin embargo, echará en falta temas que, por corrección política, por no querer desviarse de los temas centrales o porque envió el texto a la imprenta antes de que se produjeran determinados hechos, el autor no ha incorporado a la narración.

La Monarquía necesaria no es un libro de historia, sino un ensayo. No obstante, la narración histórica ocupa más de la mitad de sus páginas, si bien de forma instrumental. Burns recurre al pasado para entender el presente, y analiza errores de monarcas o políticos para comprender cómo hemos llegados hasta aquí y cómo y por qué los españoles tenemos una determinada imagen de la Corona. No espere el lector encontrar la historia de la Monarquía reciente, pero no le sobrará una línea si busca comprender la situación actual.

España es una nación, si es que todavía lo es, en la que escasea el sentimiento monárquico. Si hoy la Corona es una institución fuerte, se debe a que los españoles, y en particular las fuerzas políticas, la consideramos útil. Ésta es la clave para entender las continuas referencias al juancarlismo. Reconocemos nuestra deuda con el Monarca, que facilitó considerablemente la transición a la democracia y fue fundamental en la contención del golpe de estado de febrero del 81, pero sólo el paso del tiempo puede restablecer en la sociedad el sentimiento promonárquico que tiempo ha existió.

Para la izquierda, la república es la forma natural de gobierno. La Corona trabó una gran relación con Felipe González, pero la nueva izquierda de Zapatero va más allá. Como señala Burns, su reivindicación de la "memoria histórica" apunta a la glorificación de la II República y a la denuncia del origen autoritario de la entronización de Don Juan Carlos. Las banderas republicanas ondean en las manifestaciones de la izquierda, y el sentimiento pro-republicano es alentado desde el Gobierno.

Para algunos nacionalistas, la Corona es útil en la medida en que sirve para superar el marco constitucional y establecer un nuevo vínculo desde el reconocimiento de la soberanía. Pero otros no la quieren ni para eso. Hoy, los nacionalismos apuntan claramente a la independencia, un escenario en el que no está claro qué papel, si es que alguno, puede representar la Monarquía.

Como dice Burns, la derecha ha sido la que más ha apoyado a la Monarquía y la que mejor ha comprendido su función constitucional: dar continuidad a un pasado de siglos y representar unos principios y valores que están en la base de nuestro sistema de convivencia.

El autor apunta bien a un problema que ha surgido en los últimos años y que pone en evidencia la visión que los españoles tenemos de la Institución. Tanto la izquierda, durante la guerra de Irak, como la derecha, en su reacción al giro pro-nacionalista del Gobierno y a las negociaciones con ETA, han exigido al Rey unos gestos contra el Ejecutivo que en buena ley no le corresponden. La crispación pone en duda la "utilidad" de la Monarquía.

Burns tiene razón en lo fundamental, pero caben algunas matizaciones; incluso, en determinadas ocasiones, cabe hacerlas sin dejar de seguir sus propios argumentos.

Tanto el Rey como Felipe González buscaron mantener unas relaciones de buen entendimiento porque a ambos les interesaba. Por lo que respecta a Don Juan Carlos, pretendía alcanzar con el socialismo español un entendimiento definitivo que diera estabilidad a la Monarquía. Para ello, fue más allá de lo aconsejable en su relación personal con aquél. Se generaron vínculos, hipotecas, que han situado al Monarca en una posición delicada.

La derecha comprende y asume mejor la Monarquía, decíamos. Pero la Monarquía es una cosa y el juancarlismo, otra. Burns analiza muy bien cómo Don Juan Carlos no es sólo un monarca constitucional. Su fuerza proviene de no haberlo sido. El Rey fue un actor político relevante y exitoso. De ahí su popularidad. Pero de ahí también comportamientos impensables en Isabel de Inglaterra.

El compadreo del Rey con los políticos de su generación llegó a incomodar a Adolfo Suárez, que trabajó tanto con el monarca autoritario como con el constitucional. En mayo de 1984, quien escribe estas líneas escuchó a Suárez decir: "Hay que proteger al Rey de sí mismo", en referencia a la tendencia de éste a ir más allá de su papel constitucional, algo por otra parte comprensible, dada su biografía.

Hoy, Don Juan Carlos resulta igualmente incómodo para los españoles más jóvenes que creen en la Monarquía parlamentaria y no valoran, sino que temen, los referidos compadreos. El embarazo crece cuando se salen a la luz comportamientos del Monarca en cenas con empresarios que, si en España la Justicia funcionara correctamente, llevarían algunos años en la cárcel.

Su Majestad acabó con la corte de aristócratas, pero con el tiempo ha ido formando otra, aún más peligrosa, en la que, con escasa discreción, en el doble sentido de la palabra, hace confidencias políticas poco afortunadas. Si a esto añadimos el viejo tema del insuficiente control de las cuentas de la Casa Real y el miedo a que el Monarca pueda ser objeto de chantaje político, podemos entender mejor la creciente preocupación que cunde en el ámbito liberal-conservador.

El incidente con el presidente Chávez ha llenado páginas de periódicos, pero quedó fuera de este libro por razones cronológicas: ya estaba en imprenta. Dudo que a Burns, como a muchos de nosotros, le haya gustado ver a nuestro Rey señalando con el dedo a otro jefe de Estado mientras le preguntaba por qué no se callaba. Podemos entender la situación y la reacción, pero ése no es el papel del Monarca. En este asunto, la derecha ha amparado al Rey; no así la izquierda. El incidente ha sido aprovechado para lanzar un duro golpe a Don Juan Carlos desde las páginas del diario gubernamental, es decir, desde el flanco que más ha cuidado el Monarca.

Para Burns, el gran reto de la Monarquía es la cuestión territorial. Es cierto; tanto, que otras cuestiones han acabado convergiendo sobre este problema. El giro dado por Zapatero al transformar el Partido Socialista de jacobino en nacionalista de donde toque, no sólo ha alimentado las tendencias centrífugas, también y sobre todo ha colocado a la Constitución en el disparadero.

La cuestión territorial ya es mucho más. Pone sobre el tapete los principios del sistema de convivencia. ¿Qué hará la Corona? ¿Podrá sobrevivir? Éstas son las grandes preguntas. Y recuérdese que la misión de la Monarquía es tratar de integrar, pero no a cualquier precio.

TOM BURNS MARAÑÓN: LA MONARQUÍA NECESARIA. PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA CORONA EN ESPAÑA. Planeta (Barcelona), 2007, 251 páginas.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

La Princesa, «Hija Adoptiva» de Ribadesella

La Princesa, «Hija Adoptiva» de Ribadesella
 
La Princesa de Asturias ha sido nombrada hoy "Hija Adoptiva" de Ribadesella, localidad donde Doña Letizia pasaba las vacaciones de verano junto a su familia.
Acompañada de Don Felipe, la Princesa ha recibido un pergamino confeccionado por las monjas del Monasterio de San Pelayo de Oviedo con este título honorífico.
Se lo ha entregado el alcalde de Ribadesella, Ramón Canal Tirador, en el acto que se celebrara en la Casa Municipal de Cultura con la presencia del presidente del Principado de Asturias, Vicente Álvarez Areces.
Tras esta ceremonia, la Princesa inaugurará un monolito que da su nombre al Paseo Marítimo y desde allí visitarán la zona del muelle que está adornada con murales del dibujante Antonio Mingote y que narran la historia de Ribadesella, informaron a Efe fuentes del Palacio de la Zarzuela.
Para terminar, Don Felipe y Doña Letizia, que no viajan acompañados por sus hijas las Infantas Leonor y Sofía, asistirán a una "espicha" o tradicional degustación de sidra y productos típicos asturianos en el polideportivo de Ribadesella, al que están invitados medio millar de vecinos.
La abuela paterna de Doña Letizia, Menchu Álvarez del Valle, reside en Sardéu, pequeña localidad del concejo de Ribadesella, donde la Princesa sigue acudiendo en compañía de su esposo para disfrutar de las tierras asturianas.
Ribadesella ya contó con Doña Letizia para que pronunciara el pregón de las fiestas de julio de 1999 cuando era una joven periodista y todavía no conocía personalmente al Príncipe.
El pasado 24 de octubre la Princesa también recibió el título de "Hija Predilecta" de Oviedo, ciudad donde nació hace 35 años y donde pasó su infancia antes de trasladarse a Madrid.
Ese día la Princesa aseguró que en Oviedo aprendió a amar y a admirar a Asturias y a España entera y expresó su deseo de visitar pronto el Principado con sus hijas, las infantas Leonor y Sofía.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Emotivo y solemne último adiós al guardia civil asesinado por ETA a tiros en Francia

Tristeza y emoción en el funeral por Raúl Centeno presidido por los Reyes y los Príncipes

ELMUNDO.ES | AGENCIAS

MADRID | CAPBRETON.- La tristeza, el dolor y la solemnidad han marcado el funeral de Raúl Centeno, el joven guardia civil asesinado por la banda terrorista ETA en Capbreton (Francia).

El funeral ha estado presidido por los Reyes, que acompañados por los Príncipes de Asturias y visiblemente emocionados, se acercaron a los familiares y allegados del fallecido para darles el pésame. Tanto don Juan Carlos como el Príncipe Felipe hablaron este sábado telefónicamente con Rubalcaba, para expresarle su más "profunda" condena y rechazo del atentado y pedirle que trasmitiera su pésame, solidaridad y apoyo tanto a los familiares del fallecido como del herido.

Uno de los momentos más emotivo fue el traslado del féretro desde a capilla ardiente. Acompañados por la marcha fúnebre de Chopin, los compañeros de Raúl Centeno portaron el féretro con sus restos hasta el lugar donde el vicario general del Arzobispado castrense, monseñor Ángel Cordero Cordero, ofició la ceremonia.

Junto a sus Majestades, numerosos miembros de la política quisieron dar su último adiós al agente asesinado. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el líder del PP, Mariano Rajoy, el secretario general, Ángel Acebes, o el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, fueron algunos de los asistentes. Durante el funeral se ha impuesto al agente fallecido la Cruz al Mérito de la Guardia Civil con distintivo Rojo, así como la Medalla de Oro de la Policía Nacional.

Una vez fuera del recinto, un grupo de unas cincuenta personas, que observaban la salida de las diversas autoridades, han insultado al jefe del Ejecutivo, gritando: "sinvergüenza" y "traidor", entre otras cosas. Esas mismas personas han increpado y dirigido insultos también a algunos de los ministros que iban abandonando la Dirección General del Instituto Armado.

Sin embargo, los exaltados aplaudieron con fuerza la salida de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y dirigieron vítores a Mariano Rajoy y al Rey. También dedicaron aplausos al presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Francisco José Alcaraz.

Los restos del agente llegaban a las 11.00 horas a la base aérea de Getafe, donde era recibido por más de 200 compañeros de la Benemérita. Los ministros de Interior y Defensa, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Antonio Alonso, respectivamente, el director general de la Guardia Civil, Joan Mesquida, el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, le esperaban al pie del avión.

Emotivo y solemne último adiós al guardia civil asesinado por ETA a tiros en Francia

http://videos.abc.es/informaciondecontenido.php?con=3217

ELMUNDO.ES | AGENCIAS

MADRID | CAPBRETON.- La tristeza, el dolor y la solemnidad han marcado el funeral de Raúl Centeno, el joven guardia civil asesinado por la banda terrorista ETA en Capbreton (Francia).

El funeral ha estado presidido por los Reyes, que acompañados por los Príncipes de Asturias y visiblemente emocionados, se acercaron a los familiares y allegados del fallecido para darles el pésame. Tanto don Juan Carlos como el Príncipe Felipe hablaron este sábado telefónicamente con Rubalcaba, para expresarle su más "profunda" condena y rechazo del atentado y pedirle que trasmitiera su pésame, solidaridad y apoyo tanto a los familiares del fallecido como del herido.

Uno de los momentos más emotivo fue el traslado del féretro desde a capilla ardiente. Acompañados por la marcha fúnebre de Chopin, los compañeros de Raúl Centeno portaron el féretro con sus restos hasta el lugar donde el vicario general del Arzobispado castrense, monseñor Ángel Cordero Cordero, ofició la ceremonia.

Junto a sus Majestades, numerosos miembros de la política quisieron dar su último adiós al agente asesinado. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el líder del PP, Mariano Rajoy, el secretario general, Ángel Acebes, o el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, fueron algunos de los asistentes. Durante el funeral se ha impuesto al agente fallecido la Cruz al Mérito de la Guardia Civil con distintivo Rojo, así como la Medalla de Oro de la Policía Nacional.

Una vez fuera del recinto, un grupo de unas cincuenta personas, que observaban la salida de las diversas autoridades, han insultado al jefe del Ejecutivo, gritando: "sinvergüenza" y "traidor", entre otras cosas. Esas mismas personas han increpado y dirigido insultos también a algunos de los ministros que iban abandonando la Dirección General del Instituto Armado.

Sin embargo, los exaltados aplaudieron con fuerza la salida de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y dirigieron vítores a Mariano Rajoy y al Rey. También dedicaron aplausos al presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Francisco José Alcaraz.

Los restos del agente llegaban a las 11.00 horas a la base aérea de Getafe, donde era recibido por más de 200 compañeros de la Benemérita. Los ministros de Interior y Defensa, Alfredo Pérez Rubalcaba y José Antonio Alonso, respectivamente, el director general de la Guardia Civil, Joan Mesquida, el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, le esperaban al pie del avión.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Los Herederos de los Herederos

Reportaje en ABC sobre los Herederos de los Herederos de las Monarquías.
 
 
 

sábado, 24 de noviembre de 2007

Juramento del Rey

Con la intención de avanzar con las nuevas tecnologías, esta semana he abierto un nuevo canal en Youtube donde recopilaré vídeos relacionados con la Monarquía.

El primer vídeo está dedicado al juramento de Don Juan Carlos I como Rey de España del que el jueves se conmemoró el 32 aniversario.


viernes, 23 de noviembre de 2007

El Rey, una trayectoria ejemplar

ABC

Hace 32 años que Don Juan Carlos accedió a la condición de Jefe del
Estado en un país conmocionado por la muerte de Franco y la
incertidumbre social. El Rey se convirtió en el auténtico piloto «del
cambio» y fue protagonista decisivo de una Transición modélica desde
un régimen autoritario a una democracia constitucional, que ha situado
a España -de manera ya irreversible- en el lugar que le corresponde en
la Unión Europea y en el mundo. Así lo reconocen los historiadores y
estudiosos de la ciencia política en las universidades del más alto
nivel. Legalidad y legitimidad se reúnen en una figura excepcional que
ha logrado transmitir en todas partes la imagen de una España moderna
y atractiva. Han cambiado muchas cosas desde 1975 en los ámbitos
político, económico y social, y nadie puede negar con criterios
estrictamente objetivos que la España de hoy ha mejorado
sustancialmente. Más allá de la coyuntura política, nuestro país
cuenta con empresas de primera fila internacional, la emigración ha
dejado paso a la inmigración y nuestra presencia cultural, deportiva y
de calidad de vida ofrece perfiles muy favorables.
La Corona es un factor determinante de equilibrio y moderación, porque
Don Juan Carlos y Doña Sofía, así como el resto de la Familia Real,
cumplen de forma ejemplar las funciones que les atribuye la
Constitución. En este contexto, sólo ciertos sectores minoritarios y
marginales, alentados a veces de forma irresponsable, mantienen una
campaña de hostilidad que la inmensa mayoría social contempla con
desprecio y, a veces, con indignación. El Rey de España ha reforzado
en las últimas semanas esa valoración muy positiva por parte de los
ciudadanos que le atribuyen todas las encuestas. La histórica visita a
Ceuta y Melilla ha sido un éxito en todas sus dimensiones. La frase
«¿por qué no te callas?», dirigida al dictador populista de Venezuela
en la reciente cumbre iberoamericana, ha dado la vuelta al mundo como
prueba de firmeza y energía en la defensa del interés nacional. El
reconocimiento general acerca de las virtudes personales e
institucionales del Monarca viene avalado por la opinión unánime de
las personalidades más relevantes de nuestra vida pública. En este
sentido, el anterior presidente del Gobierno, José María Aznar,
reiteraba ayer en los micrófonos de Punto Radio su opinión muy
elogiosa hacia la figura del Rey, en un ejercicio impecable de la
responsabilidad que incumbe a un ex presidente del Gobierno en
momentos delicados para el funcionamiento de las instituciones. Los
españoles debemos a Don Juan Carlos una contribución determinante al
establecimiento de la democracia y una defensa arriesgada de la
libertad de todos en el 23-F. La gran mayoría de la sociedad es
consciente de los desvelos del Rey en favor de la nación y los
devuelve en forma de gratitud, respeto y afecto. Las voces muy
minoritarias de uno y de otro signo deben quedar reducidas a la ínfima
dimensión que les corresponde en una jornada de celebración por este
feliz aniversario.

jueves, 22 de noviembre de 2007

El Rey, el más barato de los Jefes de Estado europeos

El Confidencial

Mantener a la monarquía nos cuesta a cada español 19 céntimos de euro al año. Un precio irrisorio comparado con el que pagan otros países europeos por sus jefes de Estado. El caso más sangrante es Italia, donde la presidencia de la República, institución encabezado por Giorgio Napolitano, dilapida cada año 235 millones de euros de los presupuestos. Dividido entre los 58 millones de personas que viven en Italia, el coste anual es de algo más de 4 euros por italiano.

Otras monarquías europeas, como la británica o la sueca, significan un coste para el contribuyente mucho mayor que la Casa del Rey de España, la cual se llevó 8,28 millones de euros de los últimos Presupuestos. Siguiendo una tradición de transparencia de años, la Reina de Inglaterra publica sus cuentas en Internet e incluso paga el IVA de forma voluntaria. Según los últimos datos ofrecidos, Isabel II y su familia cuestan a los ciudadanos de Reino Unido 55 millones de euros anuales. Esta cantidad es algo más reducida que la de unos años antes, cuando todavía no se había puesto en marcha el apretón de cinturón decretado por la hierática Reina británica. Gracias a los últimos recortes, Isabel II ha conseguido que la cantidad que sus súbditos pagan para mantener la Corona baje del euro anual y se sitúe en 92 céntimos.

Uno de los reyes más caros es el monarca sueco, Carlos Gustavo, que les cuesta a los contribuyentes de este país escandinavo 10,5 millones de euros al año. Considerando que la población de Suecia es de 9 millones de personas, el desembolso individual de cada sueco para sostener a su monarca es de 1,16 euros al año. Esta cantidad es tachada por algunos como obscena, teniendo en cuenta el desproporcionado amor del Rey Carlos Gustavo por dilapidar el dinero en automóviles de lujo. Su exuberante colección de Porsches y Ferraris es calificada de "excesiva" por la prensa sueca, que preferiría un monarca más humilde y menos ostentoso.

Los Saboya exigen 260 millones al Estado italiano

Pese al respaldo de los italianos a su Presidencia de la República y su concepto de la monarquía como algo arcaico, cuando echan cuentas y se comparan con otros países europeos… entonces los números duelen. Cada año que pasa, Giorgio Napolitano y su séquito, que incluye decenas de palacios y más de 4.300 empleados, cuestan más a los contribuyentes. Las promesas de contener el gasto siempre quedan en papel mojado, ya que el crecimiento del presupuesto es imparable. Este último ejercicio, en el que el recorte de los gastos de la política ha sido un debate constante en el Parlamento y en la sociedad, la factura de Napolitano ha subido un 3%.

A pesar del elevado coste de la Presidencia de la República, son escasísimos los italianos que verían con buenos ojos una vuelta a la monarquía, la cual caería en manos de los Saboya, la antigua familia real de Italia. Ésta ha vuelto a saltar a la actualidad porque ha solicitado al Estado italiano que le pague 260 millones de euros, sin contar los intereses, por los bienes que les fueron confiscados cuando nació la República italiana. Así lo pretenden Víctor Manuel de Saboya y su hijo, Manuel Filiberto, quienes regresaron a Italia en 2002 después de más de 50 años de exilio.

martes, 20 de noviembre de 2007

El Rey se desgasta (y por cierto, bien)

DARÍO VALCÁRCEL
ABC

Si hubiera callado, muchos españoles lamentarían hoy el silencio del Rey. ¿Callar, aceptar? ¿Cuál sería el debate, pro y contra, en el restringido círculo, Rodríguez Zapatero, Moratinos, el secretario de la Casa, el propio Rey, responsable de medir la salida, meramente binaria, de la trampa? El Rey se dirige al presidente de Venezuela, cinco palabras, para pedir respeto al turno español (Rodríguez Zapatero era interrumpido una y otra vez por el presidente venezolano). Espere usted, aguarde su turno… Inútil. Hablara o no el Rey habría cometido un error, según los observadores hostiles. ¿No es excesivo? Juan Carlos I es un reflexivo jefe de Estado. Pero la vida obliga a veces al cálculo instantáneo. Hugo Chávez no contestó a la pregunta del Rey, nada interrogativa. Esperó tres días para decir, con un extraño tono, como de matón de barra de bar, Ah, menos mal que no le oí... si llego a oírle, le respondo le contesto allí mismo… Etcétera.

En 1998 dejamos constancia del respeto inspirado de muchos españoles por el democrático desembarco de Chávez en el poder. Hoy, la reforma de la Constitución parece más que sospechosa. Pero no escribimos hoy sobre el futuro. Es el pasado español, el siglo anterior, lo que nos interesa. No entramos, por eso, en el precio del barril ni en la estabilidad del militar-presidente, quizá fragilizado por sus tres millones de barriles diarios.

El profesor Santos Juliá escribía el 17 de noviembre sobre el Rey. Juliá es uno de los republicanos más reflexivos y civilizados de España, académico ejemplar. Por eso a algunos lectores nos pareció destemplado el tono de su artículo de El País, incomprensiblemente irónico (Rey taumaturgo, quizá en homenaje a Marc Bloch, resistente fusilado por la Gestapo en 1944). Al comienzar la transición, 1976, el Rey hablaba en Washington, ante el Congreso: «La monarquía hará que, bajo los principios de la democracia, se mantenga en España la paz social y la estabilidad política»... y añadía: «Según los deseos libremente expresados del pueblo español».

José María Areilza era ministro de Asuntos Exteriores. Antiguo embajador de Franco, rupturista desde 1964, abogaba por una transformación radical de la derecha española hacia la democracia. El padre del Rey, quizá desconocido por historiadores incompetentes, ha llenado 35 años con su resistencia al general Franco: exiliado, insistió tozudamente, inteligentemente, en la única Monarquía posible. La Corona había de promover la reconciliación de los españoles, cruelmente divididos por la guerra de 1936. La institución monárquica no proponía la democracia como salida sino como solución pactada al gran problemas español, la división de la guerra civil. Estos principios no se defendían en nuestros días, sino en tiempos distintos. En 1941, Don Juan hacía sus (en el exterior) resonantes declaraciones a The Observer, gran semanario británico. Hitler había conquistado casi toda Europa continental. Franco mandaba al frente ruso la División Azul. Roosevelt esquivaba a Churchill, empeñado en empujarle a la guerra. Don Juan tenía 28 años. El Rey, su hijo, va a cumplir 70. El agua ha corrido bajo los puentes. No se puede presentar al Rey como mero nieto de Alfonso XIII. Como si su padre no hubiera existido. Como si la república, la guerra civil, la dictadura de los años de plomo no hubieran pasado por la historia. Don Juan navegó como pudo, con carlistas y liberales, nacionalistas y socialistas. Con muchos, muchísimos franquistas, a bordo, frecuentemente encubiertos. Pero mantuvo la dignidad de la institución heredada de Alfonso XIII y se fue al otro mundo, creemos, si no con tranquilidad (los jóvenes a la maniobra, los mayores al timón) con una sensación no del todo mala sobre su propio deber. Estas frases pueden parecer huecas a algunos lectores, otros sin embargo saben que no lo son. Don Juan aguantó no sólo aquel terrible tirón sino otros muchos: en el plano personal (una hija ciega, un hijo muerto en accidente, una tensión casi contínua entre el dictador y él, un hombre bastante internacional, bastante culto, extraordinariamente avisado y cumplidor de su deber). Decidido a aguantar, aguantar y aguantar, solo con su herencia histórica, que el general, sin embargo, no le podría quitar.

En las largas conversaciones de Estoril Don Juan se reía, necesitaba reirse. Explicaba cómo dos trasabuelos, padre e hijo, Carlos VII y Luis XI, habían conseguido por fin la unidad de Francia entre 1420 y 1480 (Carlos VII, decía Mitterrand, presidente entonces, el más grande de los franceses modernos). Volvía una vez y otra sobre Luis XI, aquel hombre feo, pequeño, algo jorobado pero extremadamente capaz, cabalgando sin cesar por Turena y Aquitania. Eran tiempos difíciles, ironizaba Don Juan. Perdón, volvamos: un Rey constitucional no debe entrar en un debate como el de Chávez y Rodríguez Zapatero. Pero se trataba de un caso extremo, en el que se jugaba, perdonen, el nombre de España. El Rey creyó, certera o equivocadamente, que su deber era salir a la palestra, por mucho que pudiera ser el desgaste.

Juan Carlos I es nieto de Alfonso XIII. Pero es hijo del Conde de Barcelona, el hijo de Alfonso XIII, heredero de sus derechos, padre de Juan Carlos I. Una cosa es el exilio, otra la clandestinidad. Don Juan no hizo ruido, pero —perdón por usar el devaluado verbo— reclamó a Franco el reconocimiento de la línea legítima, sucesora de Alfonso XIII: y lo consiguió. Antes del fin de la Segunda Guerra mundial supo probablemente que no reinaría. Pero defendió la inequívoca juridicidad de su dinastía. Y al defender su deber defendía también los derechos de su hijo, su nieto…

No puede hacerse la historia a saltos. No dirijimos este reproche al profesor Juliá, más joven que el firmante de estas notas y sin embargo maestro. No debemos borrar, diría un francés, grandes paneles de la historia, años de resistencia moral, también física. Para no pocos europeos, este extraño Rey, que fue Rey y no reinó, consiguió forzar la mano de Franco, contra lo que se escribe en la historia banal, hasta lograr que su hijo fuera investido. Investido por unas Cortes ficticias, poco o nada respetadas, pero investido. Se vuelve como se puede, escribía un legitimista francés, La Tour, en 1880. En julio de 1969 Franco estaba enfermo, desinteresado de casi todo, excepto del Real Madrid en televisión (blanco y negro). El general había perdido su fría condición, furia terrible.

En julio de 1969 tres astronautas americanos, Armstrong, Collins y Aldrin, desembarcaban en la Luna. Recordamos algunas palabras, no muchas, del comunicado del Conde de Barcelona, difundido en la prensa europea y americana, prohibidas (en 1969) en España: Sigo creyendo necesaria la pacífica evolución del sistema vigente hacia rumbos de apertura y convivencia democrática, única garantía de un futuro estable para nuestra patria… Durante los últimos treinta años me he dirigido a los españoles para exponerles lo que considero esencial en la futura Monarquía: que el Rey lo sea de todos los españoles, presidiendo un estado de derecho. Que la Institución funcionara como instrumento de la política nacional al servicio del pueblo, por encima y al margen de los grupos y sectores que componen el país. Y junto a ello, la representación popular, la voluntad nacional presente en todos los órganos de la vida pública, la sociedad manifestándose libremente en los cauces establecidos de opinión; la garantía integral de las libertades colectivas e individuales, alcanzando con ello el nivel de Europa occidental, de la que España forma parte… Son palabras que hoy pueden parecer aparentes lugares comunes. Pero tenían entonces una inexplicable potencia. Eran una bomba pacífica, una bomba de inteligencia y sentido común. El proceso se aceleró de modo imparable. Han pasado 38 años. Quizá no sea inútil recordar a Don Juan de Borbón. Nacido en La Granja de San Ildefonso, Segovia. Exiliado desde los 17 años. Oficial de la marina de Su Majestad británica, con vigencia de su nacionalidad española, excepción de 1932. Exiliado hasta 1977. Regresado a España para renunciar a favor de su hijo, el actual Rey. Muerto de cáncer en Pamplona, España, a los 79 años.

Bodas para la eternidad

EMILI J. BLASCO
La unidad en torno a la Monarquía protagonizó ayer la solemne celebración de Acción de Gracias por los 60 años de matrimonio de Isabel II y su esposo, el Duque de Edimburgo. En la Abadía de Westminster estuvieron todos los miembros de la Familia Real —el príncipe Guillermo hizo una de las lecturas del servicio religioso—, y los líderes de los partidos políticos, incluido el de los independentistas escoceses.
Fue un tributo a la solidez que el duradero matrimonio ha aportado a la institución monárquica y a la continuidad histórica del Reino Unido. «Algunas parejas tienen que vivir más que otras a la completa luz de la publicidad. En la actualidad somos más conscientes que nunca de las presiones que eso supone», indicó el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, que agradeció el ejemplo de la Reina y su marido.
Entre los dos mil invitados a la ceremonia se encontraban diez parejas que también se casaron el 20 de noviembre de 1947, con las que Isabel II y el príncipe Felipe departieron unos instantes. Ambos celebrarán hoy sus bodas de diamante en Malta, isla en la que vivieron entre 1949 y 1951 mientras el Duque de Edimburgo desarrollaba su carrera en la Royal Navy, en la que ingresó al comenzar la Segunda Guerra Mundial.
Entre las anécdotas que podrán recordar de aquel día de hace sesenta años está el regalo de 131 pares de medias de nailon, algo bien preciado en tiempos de austeridad económica, y de quinientas latas de piñas llegadas de un rincón de la Commonwealth, entre miles de presentes enviados desde todo el mundo. También hubo una máquina de coser, una aspiradora, una máquina de pelar patatas y una esponja de baño.
Al nacionalizarse británico para la boda, el príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca adoptó el apellido de Mountbatten, que correspondía a los parientes ingleses de la familia de su madre. El sentimiento antialemán tras la guerra aconsejó evitar la presencia en el casamiento de los familiares germanos del novio, así como de sus hermanas, que estaban casadas con alemanes.
Ante de que comenzara la ceremonia de 1947 hubo que comprobar la posición de los micrófonos de la BBC, pues en la boda real de 1934 la cruz procesional golpeó el micrófono que pendía sobre las escaleras del altar.
El Duque de Edimburgo tuvo dos despedidas de soltero, una abierta a la Prensa y otra en privado con sus amigos del Belfry Club. Los recién casados pasaron su luna de miel en Inglatera y Escocia. Desde entonces, el príncipe Felipe ha acompañado a Isabel II a todos los viajes por la Commonwealth y a las visitas públicas dentro del Reino Unido.

Bodas de diamante de Isabel II y el duque de Edimburgo

Isabel II en un acto religioso en la abadía de Westminster
 
LONDRES (AFP) — La reina Isabel de Inglaterra, de 81 años, y Felipe de Edimburgo, de 86, celebran este martes sus bodas de diamante viajando a la isla de Malta, en el Mediterráneo, donde hace 60 años pasaron su luna de miel.

El viaje a esa pequeña isla, en ruta a la reunión de la Mancomunidad, en Uganda, será la etapa más personal de estas celebraciones del aniversario de 60 años de casados.

La pareja real viajará a Valletta, la capital de la isla, hacia 17h00 GMT del martes. A su llegada van a pasear en un jardín de la ciudad, indicó el palacio de Buckingham.

Se sabe que Isabel II, que se casó muy enamorada del teniente Felipe Mountbatten, un primo lejano, guarda un buen recuerdo de esa isla, donde pasó la luna de miel y vivió un tiempo, cuando el príncipe estaba estacionado allí.

El lunes, el aniversario de diamante congregó unas 2.000 personas para un servicio religioso, lleno de cantos, pompa y tradición, en la Abadía de Westminster, donde el 20 de noviembre de 1947 la princesa de 21 años subió al altar del brazo de su padre, Jorge VI.

La pareja asistió el domingo por la noche a una cena ofrecida por el príncipe Carlos de Gales, para celebrar este aniversario.

Isabel de Inglaterra es la primera monarca del Reino Unido que celebra 60 años de matrimonio.

Después de su breve estadía en Malta, Isabel II y Felipe viajarán a Kampala, donde se han dado cita el miércoles los líderes de los países de la Mancomunidad, en una reunión que estará centrada en la situación en Pakistán.

El Rey: «No estoy triste»

ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS. MADRID.
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Su Majestad el Rey volvió a hacer gala ayer de su habitual sentido del humor y, en tono divertido, afirmó que no está «triste» y que su estado de ánimo es el de siempre, tanto estos días en Madrid como hace diez días en Santiago de Chile, cuando se celebraba la Cumbre Iberoamericana. Durante el vino que se sirvió en el Museo del Prado, tras la inauguración de una exposición de Velázquez, Don Juan Carlos mantuvo una conversación informal con un grupo de periodistas y bromeó sobre lo que se había publicado respecto a su estado de ánimo.
Cuando los informadores le preguntaron cómo estaba, el Rey respondió que para qué iba a hablar si cuando va a decir algo ya lo han adelantado los periódicos. Este comentario dio paso a que Don Juan Carlos aclarara que no está triste. De esta forma, negó las informaciones publicadas por algunos diarios que aseguraban que el Rey estaba triste tras los últimos acontecimientos, como la separación (de hecho, no de derecho) de los Duques de Lugo o los ataques a España del presidente venezolano, Hugo Chávez.
Don Juan Carlos destacó que siempre ha encajado los acontecimientos con filosofía. También dijo que había estado cenando recientemente con el ex ministro de Interio, José Luis Corcuera e invitó a los informadores a preguntar a cualquiera de los comensales si el Rey había dado alguna muestra de tristeza en esa cena.
Lo cierto es que en el Reinado de Don Juan Carlos ha habido momentos mucho más difíciles que los actuales en los que, de verdad, el Rey se desvelaba de madrugada y no podía conciliar el sueño por las preocupaciones. Así ocurrió hace treinta años, cuando los secuestros de Antonio María Oriol y del teniente general Villaescusa, o hace treinta y uno, cuando parecía que el Gobierno de Arias Navarro intentaba frenar el proceso de democratización. Episodios que nada tienen que ver con la actualidad.
La conversación del Rey con los periodistas se produjo después de que Don Juan Carlos y Doña Sofía inauguraron la exposición de Velázquez en medio de una inusitada expectación, provocada porque en ese acto coincidieron por primera vez los Reyes con su yerno Jaime de Marichalar, después de que se anunciara la pasada semana «el cese temporal de la convivencia conyugal» de los Duques de Lugo. Una separación que fue acordada hace diez días, y no hace tres años, como algún medio ha publicado, y que no ocasionará ningún gasto al contribuyente, ya que Jaime de Marichalar nunca ha cobrado ni cobrará de las arcas del Estado. El Duque cuenta con sus propios ingresos, además de las rentas que le produce el patrimonio inmobiliario que le dejó una tía en herencia.
Cariñoso saludo al Duque
Decenas de periodistas y fotógrafos a los que nunca se suele ver en actos culturales ni de la Familia Real se desplazaron ayer hasta el Museo del Prado con la intención de contemplar el encuentro de los Reyes con su yerno. Sin embargo, el saludo se produjo fuera de las cámaras en el vestíbulo de la pinacoteca, donde aguardaban a los Reyes los miembros del Real Patronato del Museo del Prado, prestamistas de los cuadros expuestos y los autores del catálogo. Entre ellos, se encontraba el Duque de Lugo, en su condición de presidente de la Fundación Axa Winterthur, patrocinadora de la muestra.
Los Reyes saludaron a cada uno de los presentes y a Jaime de Marichalar le dieron dos besos, tanto Don Juan Carlos, que además le dio un abrazo, como Doña Sofía. El Duque de Lugo también estrechó la mano de la Reina e hizo el ademán de besársela. Fue un saludo cariñoso y sencillo, el habitual entre unos suegros y su yerno. Y este gesto se volvió a repetir después en la despedida.
Todo el grupo visitó la exposición, y Marichalar aguantó estoicamente el peso de las miradas y los comentarios durante el recorrido. Cuando la comitiva llegó al salón en el que aguardaba la prensa, los Reyes posaron ante «La fragua de Vulcano» y las cámaras, tras fotografiarles, se giraron 180 grados para enfocar al Duque de Lugo, que discretamente se había quedado detrás.
Cuando terminó la inauguración de la exposición, Don Juan Carlos se desplazó al restaurante Casa Lucio, de la Cava Baja, donde le aguardaba, desde hacía veinte minutos, el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton. Ante la sorpresa de los demás comensales ambos almorzaron mano a mano los tradicionales huevos estrellados mientras abordaban los asuntos de actualidad. Después, el Rey recibió en La Zarzuela a los demás participantes en la asamblea del Club de Madrid, que reúne a más de 40 ex jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Treinta años como Príncipe

ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNÉS. MADRID.
ABC
 
«Esta cruz significa también tu cruz. Tu cruz de Rey». 1 de noviembre de 1977. Un niño de nueve años escucha seriamente las palabras que su padre le dirige ante cientos de personas en la pequeña ermita asturiana de Covadonga. Es el Heredero de la Corona desde dos años antes, cuando Don Juan Carlos fue proclamado Rey, pero ese día recibe el título de Príncipe de Asturias, junto con los de Príncipe de Gerona y Príncipe de Viana, correspondientes a los primogénitos de los Reinos de Castilla, Aragón y Navarra, cuya unión formó en el siglo XVI la Monarquía española.
La ceremonia se convirtió en un homenaje del pueblo asturiano a Don Felipe, que acudió acompañado por sus padres, los Reyes, y sus hermanas, las Infantas Doña Elena y Doña Cristina. Toda la Familia Real se desplazó en un coche conducido por el propio Don Juan Carlos hasta la histórica basílica.
Allí, después de visitar la mítica cueva para rezar ante la Virgen, todos asistieron a una misa en la basílica del Real Sitio, en la que se oró a Dios para que los españoles acertáramos a convivir en la reconciliación. Tras la entrega a Don Felipe del título de Príncipe de Asturias y la venera acreditativa de tal distinción, el Rey pronunció un discurso en el que destacó la misión integradora de la Monarquía. Entre otros mensajes, transmitió, dirigiéndose a su hijo, los siguientes:
«Esa Cruz de la Victoria que llevas sobre el pecho es, efectivamente, una victoria que hemos de conquistar todos los españoles. Una victoria sobre el egoísmo y la ambición. Sobre la incultura y la ignorancia. Sobre el atraso y la pobreza. Sobre la pereza y la disgregación. Sobre la incomprensión y las diferencias negativas. Una victoria que es preciso conseguir y consolidar cada día». «Esa Cruz -añadió- , no es rica porque esté compuesta de piedras y esmaltes, sino porque significa, ni más ni menos, la solidaridad de todos los españoles y su voluntad de sobrevivir como nación. Su voluntad de seguir con orgullo su camino, con el mismo orgullo con que un día iniciaron aquí, en estas montañas, su identidad nacional».
 
«Esa Cruz es tu cruz de Rey»
«Esa Cruz significa también tu cruz. Tu cruz de Rey, la que debes llevar con honra y nobleza, como exige la Corona: ni un minuto de descanso, ni el temblor de un desfallecimiento, ni una duda en el servicio a los españoles y a sus destinos. En esa obra bien hecha, en esa voluntad de superación, yo quiero que tú, Príncipe de Asturias, te sientas entrañable y crucificado». «Esa Cruz te exige a ti y a todos los españoles, cuyas generaciones jóvenes representas, cumplir siempre con lo que España os pida y de vosotros espera». «Yo te pido -prosiguió Don Juan Carlos-, en nombre de los españoles, que nunca decaigas. Y te lo pido aquí, en Asturias, sobre los riscos de Covadonga y ante esa Virgen «pequeñina y galana» que es la instancia amorosa y alta de todos los asturianos».
Algún día, cuando Don Felipe sea proclamado Rey, regresará a esta misma ermita con la Infanta Leonor para entregarle su título de Princesa de Asturias.

Un Principado para asegurar la sucesión

LUIS SUÁREZ FERNÁNDEZ
ABC

El Principado de Asturias se crea en las Cortes de Bribiesca de 1388. El objetivo que entonces se persigue es doble: por una parte, asegurar la sucesión en la Corona dando al Heredero las rentas necesarias para que mantenga su propia casa; y, lo segundo, establecer en la Corona una dualidad entre la plena potestad que corresponde al Rey y la sucesión que es propia del Heredero. Se llama Principado porque de esta manera goza en exclusiva del título más alto que puede tener la nobleza, por encima de duques, marqueses o condes. Por esa misma razón, se establece que sea título único, que nadie más pueda usar este título. El primer Príncipe de Asturias, los primeros Príncipes de Asturias, fueron Enrique III y su esposa, Catalina de Lancaster, que era nieta del Rey Pedro I. De ahí la conveniencia de la dualidad. Como no tuvieron hijos en edad suficiente -Juan II nace unos meses antes de morir su padre-, el Principado quedará vacante entre 1407 y 1444.

¿Por qué Asturias?

La primera pregunta que el historiador se hace es por qué Asturias y no otro señorío, como en Francia, o como en Cataluña, o como en Inglaterra. La razón es bien clara: Asturias es el origen de la Monarquía, y Oviedo significa, dentro de ésta, esa mezcla de unidad política y de santidad representada por las reliquias de la Cámara Santa. A todo esto se hace referencia.

En 1444, Enrique, que va a ser Enrique IV, reclama para sí la entrega del Principado. Entonces se formaliza el hecho de que no se trata simplemente de un título, sino que es algo más que esto: es una condición fundamental para compartir las funciones de la Corona. Así se sigue haciendo hasta hoy. El Principado no es meramente un honor: es una función, es una obligación, es también la colaboración de la Monarquía en la defensa de las libertades del Reino. En 1468, cuando Isabel la Católica es reconocida Heredera, reclama para sí y luego para su esposo, Fernando, el título y la condición de Príncipes de Asturias. Van más lejos: en las Cortes de Toledo de 1480 definen con claridad lo que debe ser la función del Principado, y así se lo entregan a su hijo Juan, que no llega a reinar porque muere prematuramente.

De este modo, durante treinta años el Principado queda en una situación como de vacante, pero Carlos V otorga a su hijo y heredero, Felipe, poderes mucho mayores de los que nadie había tenido hasta entonces en el oficio. Felipe, prácticamente, gobierna toda España y también los reinos de América desde su condición de Príncipe una vez instalado en Valladolid. La Casa de Borbón completará la fórmula con un defecto, que es la Ley Sálica, que elimina a las mujeres. Pero esta Ley Sálica será abolida primero en las Cortes de 1788 y luego por el Rey Fernando VII en 1831, de modo que en España una mujer puede ser Princesa de Asturias, como lo será en su día Leonor sin dificultad jurídica de ninguna clase.

Hubo un momento sumamente difícil, a finales del siglo XVIII, cuando Godoy recibió el título de Príncipe, cosa que significaba una ruptura con la doctrina seguida hasta entonces en España. De ahí el enfrentamiento del futuro Fernando VII con el primer ministro. Pero todo esto forma parte de lo anecdótico.

La Monarquía española, que ha madurado más que otras monarquías europeas, ha dado un paso muy decisivo al establecer esa dualidad Rey-Príncipe que garantiza que en ningún momento falte esa autoridad suprema de la que dependen la unidad de España, el respeto de las leyes y, en definitiva, las libertades.

Caluroso homenaje al Rey de la clase política y la sociedad civil catalanas

ÁNGEL MARÍN. BARCELONA
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Los máximos representantes de la sociedad civil catalana recibieron ayer, con un cálido aplauso que sonó a modo de desagravio, a Su Majestad el Rey Don Juan Carlos después del sonado incidente con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, pero, sobre todo, por la quema de fotografías de los Reyes en Cataluña. La flor y nata de la economía, cultura y política catalana, excepto los líderes de ERC e ICV, arropó al Monarca en la entrega del III premio internacional Conde de Barcelona al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.
Don Juan Carlos entró al Monasterio de Pedralbes acompañado por el propio galardonado, el presidente de la Generalitat, José Montilla, la ministra de Vivienda, Carmen Chacón y el arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach.
El Rey abogó, en su intervención, por «una Europa fuerte y con sólidas políticas comunes» porque es «la mejor respuesta que podemos dar a la globalización, que supone un reto, pero también una oportunidad».
Sobre la figura del laureado, Don Juan Carlos resaltó que Durao Barroso «ha conducido con acierto la nave» de la Comisión Europea, que es una institución «clave» en el entramado comunitario. «Ha sabido gestionar con una sabia mezcla de habilidad y realismo, de liderazgo y sana ambición europeísta», apuntó el Rey tras mostrar su esperanza por la «nueva etapa» de la UE que se abre con el Tratado de Lisboa, que se firmará el próximo día 13 de diciembre en la capital portuguesa.
En cuanto al premio otorgado por la Fundación Conde de Barcelona, creada en honor a su padre, Don Juan Carlos resalto «el acierto» del jurado en la elección del presidente de la Comisón Europea con motivo del 50 aniversario de Tratado de Roma. Para el Monarca, el premio a Durao Barroso es un reconocimiento a la institución europea que preside y, por ello, recoge «el sentir mayoritario de la sociedad catalana y del resto de España» y su «anhelo compartido por una Europa cada vez más unida, que actúe como factor de desarrollo, de igualdad y de solidaridad». Después de recibir el galardón de manos de Don Juan Carlos, el presidente de la Comisión Europea alabó la vocación europeísta del Rey de España y recordó que su «empeño personal en el proyecto europeo, lo convirtió en un proyecto nacional». Tras reiterar su admiración por «la apuesta inequívoca de la Monarquía española por Europa», Durao Barroso explicó que el Tratado de Lisboa aportará «más eficacia en a la hora de tomar decisiones, más coherencia en términos de política exterior y más democracia» a la UE.
Unas horas antes de recibir el III premio internacional Conde de Barcelona, el dirigente portugués dijo que entendía la actitud del Rey y del presidente del Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero, ante el presidente de Venezuela, aunque mostró su esperanza en que el incidente «no contamine las relaciones» con Amércia Latina. «Si hugo Chávez quiere respeto, tiene que respetar a los otros y no tiene por qué descalificar a los otros. Eso no es correcto», dijo Durao Barroso.
Maragall y Rato, entre otros
Al acto, organizado por el patronato de la Fundación Conde de Barcelona, acudieron numerosas personalidades, como el ex presidente catalán Pasqual Maragall, el dirigente del PP y ex presidente del FMI Rodrigo Rato, el ex presidente del COI Juan Antonio Samaranch, el histórico dirigente de CiU e ilustre abogado Miquel Roca o el ex presidente del PPC y recién nombrado presidente de Vueling, Josep Piqué.
Artur Mas y Josep Duran Lleida encabezaron la nutrida representación de CiU, mientras que Rafael Luna y Alberto Fernández lo hicieron en nombre del PP catalán. Entre el público destacaba también la presencia de financieros y empresarios como Ricard Fornesa, Josep Oliu, José Manuel Lara o Leopoldo Rodés, el arquitecto Ricard Bofill, el escritor Baltasar Porcel o el periodista Luis del Olmo, entre otros.