miércoles, 9 de agosto de 2006

Familia Real, pleno al quince

Esta vez la lluvia no estropeó el momento, el Príncipe regresó a tiempo de su viaje relámpago a Colombia y la Familia Real pudo ser fotografiada al completo en los jardines de Marivent. Desde que nació la Infanta Leonor, la de ayer fue la cuarta ocasión en la que los quince miembros de la Familia se reunían ante la Prensa.
La primera fue con motivo del bautizo de la primogénita de los Príncipes, la segunda en la misa de Resurrección (también en Palma) y la tercera, durante el encuentro con el Papa en Valencia. Ayer, no había ningún motivo especial. Los Reyes, sus hijos y sus nietos recibieron a la Prensa en un ambiente informal y relajado, en plenas vacaciones, aunque no todos disfruten al cien por cien de éstas, ya que sobre todo Don Juan Carlos, pero también Doña Sofía y Don Felipe, compaginan su trabajo con el descanso y el mar.
Aunque las previsiones meteorológicas amenazaban con chubascos, al final las nubes descargaron antes de la cita, justo cuando la Familia Real almorzaba al aire libre y tuvo que ponerse a cubierto. «Nos hemos librado de la lluvia», dijo después el Rey a los periodistas. Y es que, como los interiores de la residencia de los Reyes son reducidos, se había previsto un plan alternativo en los salones del Palacio de La Almudaina.
Pero no hizo falta. Los primeros en salir fueron los Reyes con Felipe (Froilán) y les siguieron los demás. Don Felipe y Doña Letizia, con su hija, la Infanta Leonor, en brazos, que no paró de hacer carantoñas a su abuelo, ni de recibirlas de todos los demás. Doña Elena y Jaime de Marichalar, con su hija, Victoria. Y los Duques de Palma, con sus tres hijos varones y la pequeña Irene en brazos, a la que hasta entonces no se había visto en todo el verano, y sus ojos profundamente azules acapararon la atención.
El milagro de que los siete niños aguantaran en su sitio para la foto de familia apenas duró unos segundos y, enseguida, los más mayores empezaron a corretear y jugar mientras Doña Cristina pedía a su hijo Juan que no se hiciera una segunda brecha y la Reina trataba de convencer a Miguel de que se reincorporara al grupo familiar, que abandonó para sentarse en otro parterre. «¿Estás cómodo?», le preguntó el Rey.

lunes, 7 de agosto de 2006

Copa del Rey, arriando velas

 
Las de ayer serán las últimas imágenes que nos lleguen este verano de la Familia Real, al menos en las regatas, ya que anoche terminó, con la entrega de premios en el Castillo de Bellver, la XXV Copa del Rey Camper Agua Brava, que se disputó la pasada semana en la bahía de Palma. Esta vez, Don Juan Carlos se ha tenido que conformar con entregar los trofeos (sin recibir ninguno), ya que su velero, el «Bribón», ha quedado en una nada envidiable posición.
Pero la jornada de ayer, que se presentó fresca y tormentosa, permitió disfrutar de unas entrañables imágenes de la Reina haciendo carantoñas a la menor de sus nietas, la Infanta Leonor, mientras ambas esperaban, a bordo del «Fortuna», que empezara la última prueba de las regatas, en la que participan más de cien embarcaciones. Junto a ellas estaba la Princesa de Asturias, vestida de blanco, igual que su hija, pero con bermudas. Nieta y abuela se divertían, mientras decenas de fotógrafos captaban el momento desde sus respectivas lanchas.
En la cubierta del yate también se encontraba el Duque de Lugo, con sus hijos: Felipe de Marichalar (Froilán), quien mostró una admirable capacidad de recuperación, ya que en su frente no quedaba ni rastro de la brecha del viernes, y Victoria, que se exhibía feliz sentada cual mascarón de proa, como la protagonista de «Titanic». A bordo del «Fortuna» también se encontraban los patrocinadores de la Copa del Rey, Mariano y Enrique Puig, por Agua Brava, y Lorenzo Fluxá, por Camper.
La Infanta Doña Elena, sin embargo, prefirió embarcarse en el velero «Siemens», el que finalmente ganó, y recordar así sus tiempos de regatista. Con este fin, acudió por la mañana al Real Club Náutico de Palma, acompañada por su marido e hijos, y después de saludar a algunos amigos, posó con la tripulación del velero; el presidente de Vocento, Santiago de Ybarra, que también es consejero de Siemens, y su esposa, Mercedes Baptista, quienes después siguieron la competición desde un espectacular velero.
Felicitaciones para Doña Elena
Ya por la tarde, cuando los barcos regresaron a sus amarres, una vez terminada la regata, la tripulación ganadora, con Doña Elena incluida, no paró de recibir felicitaciones de los demás regatistas, entre ellas la del Príncipe de Asturias. Mientras, a bordo se brindaba con cava por la victoria en un ambiente completamente festivo, en el que la tradición incluye el chapuzón del patrón del barco.
A partir de ahora y después de la sobreexposición ante los medios de comunicación que ha protagonizado la Familia Real en lo que llevamos de verano (ya fuera de día o de noche), lo que se espera es que la Prensa inicie su retirada y los Reyes, los Príncipes y los Duques de Lugo y de Palma puedan terminar sus vacaciones en un ambiente más íntimo y tranquilo.
De momento, sólo está prevista una excepción, que será mañana por la tarde, cuando la Familia Real al completo pose ante los fotógrafos en el Palacio de Marivent. Para entonces, el Príncipe de Asturias ya habrá regresado de su viaje relámpago a Colombia, a donde se trasladó anoche para asistir hoy a la toma de posesión del reelegido Álvaro Uribe. Esta es la segunda vez que Don Felipe ha tenido que cruzar el océano Atlántico en los últimos diez días, ya que a finales de julio se desplazó a Perú para representar a España en la investidura del también reelegido Alán García.
Entre los compromisos institucionales y los familiares, cada vez resulta más difícil reunir a los quince miembros de la Familia Real, pero todo está preparado para que mañana coincidan los Reyes, los Príncipes de Asturias, con su hija, Leonor; los Duques de Lugo, con sus dos hijos, y los Duques de Palma de Mallorca, con sus cuatro hijos.
Y es que pocos veranos han generado una colección de imágenes de la Familia Real tan numerosa como éste. Sobre todo, si se compara con la Copa del Rey del año pasado, en la que Don Felipe no participó para estar más cerca de su esposa, entonces embarazada, y de la que Don Juan Carlos se tuvo que ausentar para viajar a Arabia Saudí y asistir a los funerales del difunto Rey Fadh.
POR ALMUDENA MARTÍNEZ-FORNES FOTOS: ERNESTO AGUDO

martes, 1 de agosto de 2006

Isabel II, vestida para la historia

Poco dada a exhibir sus propios vestidos y joyas personales, la Reina de Inglaterra ha cedido gran parte de su histórico vestuario para organizar una exposición pública en el interior del Palacio de Buckingham en el marco de las celebraciones de sus 80 años, cumplidos el pasado 21 de abril.
«Vestir para la ocasión» reúne ochenta modelos de trajes largos, creados entre la década de 1940 y la actualidad, la mayor parte de ellos diseñados por sus tradicionales modistas: los británicos Norman Hartnell y Hardy Amies. La colección se completa con medio centenar de joyas personales, algunas heredadas de la Reina Madre.
La exposición, abierta hasta el 24 de septiembre, ocupa un gran espacio en el interior del Palacio, en el ala destinada a los Apartamentos de Estado, donde está la Sala del Trono y demás salones de recepciones, que cada verano se abren para la visita del público. Se trata de la mayor muestra nunca celebrada con vestidos y joyas de Isabel II, que dispone de un amplio vestuario debido a sus largos años en el Trono y sus frecuentes viajes al extranjero, muchos obligados por su condición de Cabeza de la Commonwealth.
Precisamente, esos viajes a antiguos territorios de la Corona condicionaron algunos de los modelos, con el fin de introducir dibujos, colores y emblemas propios de esas naciones. Así empezó a hacerlo el primer modista de Isabel II, Norman Hartnell, que ya había comenzado a vestirla antes de que en el año 1952 sucediera como Monarca a su padre, Jorge VI.
Muchos de los vestidos de noche de Isabel II llevan la firma de Hartnell. Uno de los más tempranos es un vestido de terciopelo negro que evidencia la influencia de Christian Dior. A pesar de ese toque francés, la Reina de Inglaterra siempre ha elegido a diseñadores británicos para su guardarropa, de forma que a Hartnell, que vistió a la Soberana en los años 40 y 50, siguió Hardy Amies, responsable del vestuario durante parte de los años 50 y durante la década de los 60.
En los 70 adquirió protagonismo el modista John Anderson, y desde entonces se han sucedido como diseñadores, además del propio Anderson, Stewart Parvin, Angela Kelly y Alison Pordum. Todos ellos han mantenido las líneas sobrias deseadas por Isabel II, aunque con frecuentes engarces de pequeñas piedras preciosas en función de la solemnidad de los distintos eventos para los que fueron pensados.
Entre las joyas también expuestas destacan la Vladimir Tiara, que la Reina Madre adquirió de la Gran Duquesa Vladimir, tía del zar Nicolás II, y los broches que contienen tallas del famoso diamante Cullinan.
La exposición «Vestir para la ocasión» reúne ochenta modelos de trajes largos, creados desde 1940 a la actualidad, que la Reina ha ido incorporando a su vestuario durante sus muchos años en el Trono de Inglaterra

domingo, 23 de julio de 2006

La primera regata de la Infanta Leonor

La Infanta Leonor fue ayer la protagonista indiscutible de la nueva jornada que se vivió en Puerto Portals, en el marco de la Regata Breitling-Illes Baleares, que finaliza hoy. Sobre las once de la mañana, la Reina y Doña Letizia llegaron a la plazoleta del puerto junto con la pequeña, que un día antes, el viernes por la tarde, ya había disfrutado del paseo por las calles de Palma de Mallorca de la mano de su abuela, y junto a su madre, cómodamente, en su carrito de bebé.
La imagen del paseo se repitió también ayer por la mañana, y en esta ocasión el carrito fue conducido no sólo por Doña Sofía, sino también por la Princesa de Asturias y por Don Felipe, que acompañó a su hija hasta el amarre del «Aifos».
Foto de familia
Don Juan Carlos, que también se encontraba ya en el puerto deportivo, se sumó por unos instantes al paseo y, a petición de los medios gráficos desplazados hasta la zona, posó junto con Doña Sofía, los Príncipes de Asturias y la Infanta Leonor, en un ambiente distendido y marcado por las bromas y el buen humor. Para la Infanta, fue éste su primer encuentro con Puerto Portals, y desde aquí despidió a su padre, el Príncipe de Asturias, con su manita diciéndole adiós, mientras él embarcaba en el «Aifos» y ponía rumbo al campo de regatas. A continuación, fue el Rey quien subió a bordo del «Bribón».
Minutos después, la Reina, Doña Letizia y la pequeña Leonor subieron al «Somni» para seguir el inicio de la regata. Doña Sofía estuvo leyendo un cuento a la pequeña, que la Infanta ojeó también con mucha atención, quizás porque en él había peces y el dibujo de un mar muy azul, como el que ella misma estaba contemplando.
Cena en San Carlos
El «Aifos» y el «Bribón» pasaron junto al «Somni» y hubo un nuevo y cariñoso intercambio de saludos. Posteriormente, y tras disfrutar de esta mañana tan marinera, Doña Sofía, la Princesa de Asturias y la pequeña regresaron al Palacio de Marivent.
Por la noche, estaba previsto que la Familia Real acudiese al castillo militar de San Carlos, con motivo de la cena que tradicionalmente tiene lugar cada año en honor de todos los regatistas, patrones y patrocinadores de la Regata Breitling.
En principio, hoy será un día también festivo para la Familia Real, que la próxima semana tiene en su agenda varios actos importantes y compromisos ineludibles. El Rey viajará mañana a Marruecos, donde mantendrá un almuerzo privado con el Rey Mohamed VI. También mañana, los Príncipes de Asturias se desplazarán hasta el municipio mallorquín de Sa Pobla, donde recibirán la medalla de oro del Ayuntamiento de la localidad. Está previsto que en los próximos días lleguen a Mallorca los Duques de Lugo y los Duques de Palma.
La pequeña despidió al Príncipe con su manita diciéndole adiós, mientras Don Felipe embarcaba en el «Aifos»

sábado, 15 de julio de 2006

Adolfo Suárez, entre la memoria y la esperanza

Por MARCELINO OREJA AGUIRRE (*)

| LA TERCERA DE ABC |

... La realidad es que fue el gran protagonista de una transición política, que arrancó a España de la incertidumbre de un regreso en la historia y la abrió a la concordia...
HACE treinta años, el mes de julio, tras la designación de Adolfo Suárez por el Rey como presidente del Gobierno, la transición democrática cobró un especial impulso y se iniciaron los pasos que culminarían en 1978 con la aprobación de la Constitución.
Pocos días antes Suárez, aún Ministro, pronunció en las Cortes un discurso para presentar el proyecto de Ley de Asociaciones. En sus últimas palabras, antes de una cita de Machado, mencionó una frase que hizo fortuna y que pocos podíamos imaginar que constituía todo un programa político que más tarde pudo poner en práctica desde la cabeza del ejecutivo: «elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es simplemente normal».
Su discurso tomaba pie en las palabras del Rey el día de su proclamación, cuando definió el horizonte de nuestra convivencia como «una Monarquía democrática, en cuyas Instituciones, había un lugar holgado para cada español». Suárez, ante unas Cortes elegidas bajo el Régimen anterior, reclamaba «un cambio sin riesgo, una reforma profunda y ordenada, el pluralismo político, una Cámara elegida por sufragio universal, las libertades públicas de expresión, reunión y manifestación». Explicaba su propósito de interpretar lo que el país deseaba, aceptando la incitación de la realidad social para configurarla como realidad jurídica y política. Pedía, sencillamente, acomodar el derecho a la realidad, hacer posible la paz civil por el camino del diálogo, que sólo es posible entablar con todo el pluralismo social, dentro de las Instituciones representativas.
Este discurso de Suárez, que enlaza con la voluntad del Rey -auténtico motor del cambio- de abrir el paso a una democracia, explica su designación como Presidente del Gobierno, una decisión bien madurada en los años anteriores y que revela el acierto de la elección por alguien que le conocía bien y apreciaba las condiciones que en él concurrían: clara visión sobre los cambios que debían introducirse, capacidad de decisión en momentos difíciles, excepcional simpatía y gran confianza en sí mismo lo que le daba una extraordinaria seguridad que transmitía, a políticos, profesionales, o ciudadanos en general que quedaban cautivados por la fuerza de sus argumentos y la firmeza de sus convicciones.
En Suárez convergieron, desde la primera hora, presencias y ausencias, sospechas y apoyos, desconfianzas e ilusiones. Se llegó a juzgar su designación de «inmenso error» en un famoso artículo de un diario nacional; pero la realidad es que fue el gran protagonista de una transición política, que arrancó a España de la incertidumbre de un regreso en la historia y la abrió a la concordia y la esperanza.
Su programa político se inspiró, en gran medida, en normalizar lo que la opinión pública consideraba normal y elevar a categoría la idea del consenso, superando las miradas al pasado, para buscar entre todos una España de paz, justicia, libertad y democracia. Por eso propuso al Rey, desde los primeros Consejos de Ministros, una amplia amnistía aplicable a todos los delitos de motivación política o de opinión, la legalización de los partidos, la regulación democrática de los derechos y libertades, la vuelta a España de los exiliados de 1939 y la celebración de elecciones libres.
El 30 de julio, el Gobierno celebró un Consejo de Ministros en La Coruña donde se aprobó el proyecto de amnistía y a partir de entonces, Suárez se dispuso a urdir la estrategia para la reforma, sobre la base de que ésta había que hacerla desde la ley. Junto con Torcuato Fernández Miranda, presidente de las Cortes, estudió las distintas alternativas para el desarrollo y redacción de una norma que articulara la transformación legal del Régimen. El 10 de septiembre, el Gobierno aprobó el texto que fue presentado por Suárez aquella tarde a través de TVE, afirmando: «Tenemos confianza de que nada de lo que espera el pueblo español en el futuro, puede ser más difícil de superar que lo que ya ha sido resuelto en el pasado. No hay que tener miedo a nada. El único miedo racional que nos debe asaltar, es el miedo al miedo mismo». El 16 de noviembre el proyecto de ley se discutió en las Cortes con dos excelentes discursos de Miguel Primo de Rivera y Fernando Suárez. Este último, en una magistral intervención, rebatió que las Leyes Fundamentales no fueran modificables, afirmando que quien tenga confianza en que sus deseos coinciden con los del pueblo no debe poner reparos a que el pueblo se manifieste. El referéndum se celebró el 15 de diciembre con un resultado favorable del 94,2 por ciento de los votos emitidos.
El eco que la aprobación de la ley recibió en la prensa extranjera fue muy positivo: desde el «New York Times» que tituló «Asombrosa victoria de Adolfo Suárez» a «The Guardian», «Viva España democrática», y «Le Monde», «Las Cortes nombradas por el Dictador han enterrado al franquismo».
Adolfo Suárez quiso siempre potenciar todo aquello que podía unir, actuar de cara al futuro próximo, más que con los ojos puestos en el pasado, huir de querellas y disensiones y ponerse de acuerdo sobre unos cuantos principios e ideas fundamentales. Su preocupación fue limitar la línea de división y estaba convencido del error que significaba utilizar anacrónicamente motivaciones emocionales sobrepasadas o pretender respuestas sociales con gestos o actitudes de otros tiempos.
La paz y la convivencia, la aceptación del prójimo diverso, la necesidad de un cierto olvido para comenzar una historia común nueva, fueron el presupuesto que los españoles aportamos a la transición. Sabíamos que era urgente trabajar por la reconciliación final de nuestro pueblo y se creó un acuerdo básico, independientemente de nuestros orígenes y nuestras vivencias personales.
Lo que rechazamos, desde un principio, fue utilizar la memoria histórica como un instrumento de deslegitimación del adversario político y fuimos muchos los que desde la emoción y el respeto de nuestras propias vivencias personales, no vacilamos en mirar hacia el mañana, dejando a los historiadores que hicieran su tarea, que la escriban y que la revisen, que investiguen en los archivos, pero sin mezclarla con sentimientos. Porque sentimientos tenemos todos y son perfectamente legítimos y respetables y pobre de aquel que haya endurecido su corazón y borrado los recuerdos. Pero son precisamente éstos los que nos obligan, como decía Hanna Arendt, al perdón y a la promesa. El perdón, que para los cristianos forma parte de nuestro patrimonio. Bueno es recordarlo en esta época en que tanto se quieren extirpar los sentimientos religiosos; y la promesa que postulamos es para buscar una convivencia que contribuya solidariamente a construir el futuro desde la libertad, esa libertad que nace, crece y se diversifica en sus expresiones, a la vez que se unifica en su raíz personal.
El recuerdo de Adolfo Suárez, en estos días del aniversario de su designación, debe servirnos de memoria de lo que fue una ilusión compartida por millones de españoles y también una esperanza para seguir adelante. Y debemos hacerlo con audacia, pero sin poner en peligro la estabilidad política, social y económica y sin poner en juego la continuidad de nuestra nación. De ninguna manera caigamos en la tentación de resucitar las dos Españas, porque como en los versos del poeta, una de ellas puede helarnos el corazón.
España es todo lo que ha sido; su herencia es todo lo que han hecho sus hijos en todos y cada uno de sus siglos. Recuperemos el espíritu de la transición y sigamos trabajando por la paz y la concordia de los españoles. Sobre todo alejemos cualquier tentación de ruptura y desmembración que podrían hacer tabla rasa de lo que han sido logros importantes de estos últimos treinta años.
Mantengamos la memoria y con ella la esperanza. Y no dejemos en el olvido el mensaje de Adolfo Suárez que debe seguir vivo después de estos treinta años: «Elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es simplemente normal».
 
(*) de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas

jueves, 6 de julio de 2006

Benedicto XVI en España

ABC
 
LA inminente visita de Su Santidad Benedicto XVI constituye, en sí misma, un acontecimiento histórico, como todo viaje pastoral del Papa. La ciudad de Valencia y el Gobierno autonómico que preside Francisco Camps están volcados en asegurar la mejor organización para los actos del Pontífice, que no escaparán -ni deben hacerlo- al luto por la muerte de los 41 pasajeros de la línea 1 del metro, cuya memoria será imborrable para todos los fieles que acudan al Encuentro Mundial de la Familia.
Sin embargo, este primer viaje del Papa a España perdería todo su significado espiritual si quedara preterido el mensaje de defensa de la familia con el que Benedicto XVI se dirigirá en Valencia a cientos de miles de católicos. Es una visita pastoral en la que el Papa quiere reiterar el valor de la familia no sólo en las enseñanzas de la Iglesia Católica, sino también como factor imprescindible del desarrollo humano y de la estabilidad social. El curso de los acontecimientos ha hecho que esta visita a España coincida con un debate agresivo y hostil por parte de ciertos grupos sociales hacia lo que intencionadamente llaman «familia tradicional», es decir, la que se basa en la relación conyugal entre hombre y mujer. El empeño con el que se están reproduciendo estos ataques, animados por la implantación del matrimonio homosexual -cuya ley se encuentra pendiente de recurso ante el Tribunal Constitucional-, desvela, sin embargo, la dimensión universal del concepto cristiano de familia, pues demuestra su fortaleza histórica al mismo tiempo que lo minoritario de sus alternativas. Eso que llaman «familia tradicional» no es otra cosa que la opción natural y espontánea con la que el hombre y la mujer han organizado su responsabilidad como padres, su asistencia recíproca y su inserción en la sociedad. Por supuesto, toda orientación sexual es respetable y ha de encontrar en el ordenamiento jurídico los instrumentos necesarios para remover las discriminaciones injustas. Pero la familia y el matrimonio, por su propia naturaleza, trascienden la individualidad para entrar de lleno en la realidad social y procreativa del hombre y de la mujer. La familia basada en el matrimonio heterosexual no es un artefacto religioso ni una imposición legal. Antes bien, expresa, más y mejor que ninguna otra institución humana, la autonomía del orden natural del ser humano en la organización de su desarrollo vital.
Por eso, Benedicto XVI está plenamente asistido de la fuerza de la fe que comparten cientos de millones de creyentes, pero también del valor de la experiencia para defender el modelo de familia que se ha acreditado, por sí solo y a lo largo de la historia de la humanidad, como el más ajustado a la realidad humana y al que la Iglesia ha elevado por encima de las limitaciones personales para asignarle una vocación trascendente. Este primer viaje de Su Santidad a España es una gran oportunidad para reafirmar el valor de la familia en la sociedad moderna.

martes, 4 de julio de 2006

Los Reyes presiden el funeral por las 41 víctimas de Valencia

Los Reyes presidieron hoy en la Catedral de Valencia el funeral por las víctimas del accidente del metro, ocurrido ayer, en que perdieron la vida 41 personas, y a cuyos familiares Sus Majestades Don Juan Carlos y Doña Sofía consolaron personalmente.
Más de mil personas asistieron dentro del templo a la ceremonia religiosa, mientras que en los alrededores de la catedral otros cientos siguieron a través de pantallas gigantes la misa, oficiada por el Arzobispo de Valencia, Agustín García Gasco.
El arzobispo dijo a los familiares de las víctimas, que ocupaban la nave central del templo, que cuenten con el "apoyo y amor" de familias "de todo el mundo" y les transmitió la cercanía del Papa que les "recuerda y reza" por ellos.
Durante la homilía, el arzobispo de Valencia pidió a los familiares que no se queden "solos en su dolor" y que "abran sus corazones" a todos aquellos que quieren ayudarles, ya que "el futuro de felicidad no es un sueño".
Reconoció que en estos momentos "los sentimientos son tan intensos que las palabras parecen insuficientes para difundir un mensaje de esperanza", si bien "reconocer el sufrimiento" es reconocer la "capacidad de amor".
El arzobispo de Valencia se preguntó "cómo pudo Dios tolerar este excesos de destrucción", y admitió que "humanamente, lo único que se puede decir es que la vida es frágil"; así como que la muerte es un "misterio" ante el cual "sucumbe la razón".
Los Reyes se situaron a la izquierda del altar mayor y detrás de ellos en una línea de bancos estaban el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su esposa, Sonsoles Espinosa, los presidentes del Congreso, Manuel Marín, y de la Generalitat, Francisco Camps, y la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá.
Asistieron también al funeral los ministros de Economía, Pedro Solbes, y de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, y los presidentes del Tribunal Constitucional, María Emilia Casas, y del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, Francisco José Hernando.
El secretario general del PP, Mariano Rajoy, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, y el coordinador general de IU, Gaspar Llamazares, siguieron también el acto religioso al que también han acudido delegaciones de varias comunidades autónomas y ayuntamientos.
Los dos ex presidentes de la Generalitat: el portavoz del PSOE en el Senado, Joan Lerma, y el portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, estuvieron también al funeral.
El fraile servita Emilio Cruz, capellán del hospital Doctor Pesset Aleixandre y que sobrevivió ayer al accidente, participó en el funeral en el que el arzobispo fue asistido por seis obispos.
Al finalizar el oficio religioso, el Rey y la Reina, se dirigieron a la nave central del templo, donde los familiares de las víctimas, muchos de ellos llorando y con gestos de sufrimiento, recibieron palabras de cariño y gestos de afecto de los Reyes, que fueron despedidos con aplausos, al igual que a su llegada.
Don Juan Carlos y Doña Sofía siguieron las honras fúnebres en el lateral del Evangelio a los pies del altar, en cuyas grandes columnas de entrada estaban las fotos de Benedicto XVI y Juan Pablo II, ante la cercanía de la visita del Papa que llegará a Valencia el próximo sábado.
La ceremonia comenzó a las siete en punto, después de que los Reyes, que llegaron al templo cinco minutos antes, fueran recibidos por las autoridades eclesiásticas y civiles.
Antes de abandonar la catedral, casi hora y media después, el Rey y la Reina se detuvieron a saludar al Gobierno y al resto de autoridades, momento que aprovecharon para pedir al presidente Camps y a la alcaldesa Barberá, que transmitan sus más cariñosos saludos y su deseo de una pronta recuperación a los heridos, que se encuentran repartidos en distintos hospitales.

Los Reyes inauguran el nuevo Teatro Auditorio de El Escorial

 
El Escorial (Madrid). (EUROPA PRESS).- Los Reyes y el resto de los asistentes a la inauguración del nuevo Teatro Auditorio de El Escorial guardaron un minuto de silencio, en señal de duelo por los 41 fallecidos en el accidente del metro de Valencia.

La Comunidad de Madrid, organizadora del evento, decidió también suspender el vino español y la quema de fuegos artificiales que estaban previstos al término del concierto, en solidaridad con las familias de los muertos y los heridos en el descarrilamiento de la capital del Turia.

Don Juan Carlos y Doña Sofía, que fueron recibidos con aplausos, siguieron desde el patio de butacas, después de que se escuchara el himno nacional y se guardara el minuto de silencio, el concierto de música clásica de la Orquesta y Coro del Maggio Musicale Fiorentino.

Dirigidos por Ricardo Muti, ofrecieron partituras de Verdi, con fragmentos de óperas de tema español, como Don Carlo, en cuyo argumento se alude a San Lorenzo de El Escorial.

Los Reyes accedieron al interior del recinto después de contemplar las vistas desde el mirador frente a la entrada del auditorio y de descubrir una placa conmemorativa de la inauguración de este teatro, con capacidad para 1.500 personas, el segundo más grande de la Comunidad de Madrid.

A su llegada al teatro, Don Juan Carlos y Doña Sofía fueron saludados por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, acompañada de gran parte de su equipo de Gobierno.

Asistieron también al acto la ministra de Sanidad, Elena Salgado, el presidente del Tribunal Supremo, Francisco Hernando, y los alcaldes de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, y de El Escorial, Lorenzo Fernández, entre otras autoridades, así como representantes de la cultura y de otros sectores sociales.

El festival de verano que se inicia hoy incluirá la presencia en El Escorial de directores como Sir Colin Davis, o la bailarina Tamara Rojo, que ofrecerá con The Royal Ballet Covent Garden "Romeo y Julieta".

La programación de este verano cuenta con un presupuesto de algo más de tres millones de euros, mientras que la inversión en el Auditorio ha rondado los 65 millones.

El nuevo teatro tiene 25.000 metros cuadrados, distribuidos en diez plantas, ocho de ellas soterradas tras excavarse en la roca, y dispone de la mejor dotación técnica escénica después del Teatro Real de Madrid, según el encargado de poner en marcha el festival, Jorge Cullá. El objetivo es incluir festivales en verano, Semana Santa y Navidad, además de la programación regular.

"La gran sorpresa" será, a juicio de Cullá, la ópera contemporánea "Experimentum Mundi", un espectáculo de Giorgio Battistelli, "muy singular y que llama la atención" pues está pensado para 16 artesanos, 5 voces femeninas, percusionista y actor, que se podrá ver los próximos 6 y 7 de julio.

El festival tampoco olvida las conmemoraciones con conciertos en torno a Mozart, Arriaga y Vicente Martín y Soler, que interpretará la Orquesta Sinfónica de Galicia. Mozart también estará presente con "La flauta mágica", con la London Symphony Orchestra, dirigida por Sir Colin Davis y con dirección escénica de Daniele Abbado (20, 22 y 24 de julio).

Los aficionados al repertorio "wagneriano" podrán escuchar el 19 de julio a la Orquesta de París que, dirigida por Christoph Eschenbach interpretará, en versión concierto, "Siegfried".

La Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, con José Ramón Encinar, presentará un concierto "muy peculiar y pensado para el entorno", con piezas sobre El Escorial y la Corte de Boccherini, Luciano Berio, Tomás Marco y Cristóbal Halffter, entre otros.

Esta misma formación musical, dirigida por Miguel Roa, cerrará el programa con «Noche de Verano en la Verbena de la Paloma», un espectáculo de la directora madrileña Marina Bollaín, estrenado en 2002 en Berlín.

lunes, 3 de julio de 2006

Bodas de plata en Luxemburgo

Bodas de plata de los grandes duques de Luxemburgo
Los grandes duques de Luxemburgo, Enrique y María Teresa , celebraron el sábado sus bodas de plata, además de con una recepción diurna, con una cena de gala en el castillo de Berg. A esta cita sí acudió una infanta española, doña Elena , vestida con un espectacular traje rojo brillante y acompañada de su marido, Jaime de Marichalar , que lucía unos coquetos zapatos de lazo. La familia real búlgara también se amplió de la tarde a la noche con la presencia del rey Simeón y su esposa, Margarita , así como de su hijo Kyril y Rosario Nadal , que lució un vestido de gasa con bodoques. Otra de las casas reales que enviaron más representantes por la noche que durante el día fue la belga, ya que a la reina Fabiola se le sumó su sobrino, el príncipe Felipe, y su esposa, Matilde , que llevaba un conjunto en blanco y negro con la falda de vuelo, y un recogido goyesco.

Enrique y María Teresa Mestre -cubana que vivía desde pequeña exiliada en Nueva York- se conocieron siendo estudiantes y se casaron en febrero de 1981.

Aunque su relación siempre pareció perfecta, hace unos años la propia María Teresa confesaba los problemas sufridos con su suegra, la gran duquesa Josefina Carlota, que la rechazaba por ser plebeya. Pese a los avatares y las crisis, el matrimonio se ha mantenido hasta cumplir los 25 años de casados. En este tiempo han tenido cinco hijos: Guillermo de Luxemburgo (el heredero), Félix (quien sin casarse ya los ha hecho abuelos), Luis, Alejandra y Sebastián .

Adolfo Suárez, hace 30 años

JAIME LAMO DE ESPINOSA

Catedrático y ex ministro de UCD
ABC
 
HACE treinta años, tal día como hoy, Adolfo Suárez era designado presidente del Gobierno. Hace treinta años, tal día como hoy, el Rey se jugaba su historia y la de España a un tiempo apostando por una persona de su generación a la que conocía bien, confiaba en sus capacidades y sabía que llevaría a cabo el proyecto de hacer una España de y para todos los españoles. Y hace treinta años, tal día como hoy, España comenzaba una nueva andadura.
Cuando, tras la deliberación preceptiva del Consejo del Reino, nada fácil como demuestran las notas manuscritas del propio Torcuato Fernández Miranda, éste afirmó: «Llevo al Rey lo que me ha pedido», el Rey dispuso de la terna y halló en ella el nombre deseado: Adolfo Suárez. A partir de aquí sólo quedaba la designación.
Adolfo esperó esa tarde en su casa, acompañado por su hijo Adolfo -el resto de la familia estaban fuera de Madrid-, la llamada del Rey, algo inquieto a medida que pasaban los minutos. Cuando por fin se produjo, acudió a la Zarzuela. Adolfo contaba que el Rey le gastó una pequeña broma, le esperó semiescondido tras una cortina, por lo que al entrar en el despacho no lo vio de inmediato. Cuando éste apareció con una amplia sonrisa, Adolfo no tuvo ya la menor duda. Escuchó de Don Juan Carlos las palabras esperadas, dijo el famoso «ya era hora» y preguntó si tenía alguna instrucción. El Rey sacó una nota manuscrita, fechada en Segovia en 1969, en la que parece que ambos habían escrito lo que hoy llamaríamos una «hoja de ruta» hacia la democracia. «¿Recuerdas este papel? Pues ese es tu trabajo».
Era Suárez, entonces, un hombre persuasivo, seductor y de palabra fácil en la proximidad, pensamiento estratégico acentuado, sereno y reflexivo, en nada impulsivo, con una conciencia de España y de su destino muy alejada del pensamiento oficial de la época - su discurso defendiendo la democracia el 9 de junio lo confirma- y gran sentido del Estado. Un hombre que sabía que el cambio debía ser «de la ley a la ley», que anteponía por encima de todo su lealtad al Rey - cuya relación estaba llena de afectos y complicidades- y que tenía la necesaria ambición política como para afrontar retos y riesgos sin importarle las consecuencias.
Adolfo llega a La Moncloa en julio de 1976 y sale de ella cuatro años y medio después, tiempo en el que despliega una actividad sin igual, movilizando personas, grupos, aglutinando ideas y partidos, restañando heridas y abriendo puentes nuevos.
Había recibido un sistema político reglado por leyes del régimen anterior, prácticamente intacto, pero cuando dimite España cuenta con una Constitución moderna que es un gran pacto de convivencia; disfruta de una Monarquía parlamentaria asentada en la legalidad constitucional y en la legitimidad dinástica tras la renuncia del Conde de Barcelona; acudir a las urnas se ha convertido en un acto simplemente normal; el sistema de partidos está consolidado; la libertad de asociación sindical es total; se han saneado las haciendas locales; los españoles prácticamente han enterrado los fantasmas de la vieja guerra civil, sólo subsiste el hacha amarilla del terror enroscada por una serpiente; no existe ningún preso político en las cárceles españolas; el camino hacia la Comunidad Europea está expedito, y las autonomías, con estatutos ampliamente consensuados y refrendados, comienzan su caminar.
Esa es su obra, no pequeña. Pero si la obra fue grandiosa, no lo es menos la forma de llevarla a cabo, el talante de su construcción, los modos en la realización, la búsqueda permanente de acuerdos, de consenso, con todos, esa suma de posibilismo, realismo, consenso y conciliación y planeando por encima de todo ello una enorme dignidad en el sentido del Estado y en el ejercicio del poder.
Dignidad del Estado que alcanza su cénit la noche del 23-F cuando Adolfo Suárez -y no olvidemos a Manuel Gutiérrez Mellado- aventuró la vida en defensa de la libertad. Defensa en la que fue definitivo el apoyo del Rey, que salvó la cosa pública mientras que el Gobierno y el Parlamento permanecían aprisionados. Aquel 23-F el Rey salvó el Estado democrático y Suárez la dignidad de las instituciones políticas.
Pero quizás lo que resume mejor su causa del honor se encuentra en este párrafo de su discurso de dimisión: «Trato de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad...hacia España, cuya vida libre ha de ser el fundamento irrenunciable para superar una historia repleta de traumas y frustraciones; ... a la Corona, a cuya causa he dedicado todos mis esfuerzos por entender que sólo en torno a ella es posible la reconciliación de los españoles y una Patria de todos, y lealtad si me lo permiten, hacia mi propia obra».
A esta dignidad hay que añadir después la de sus silencios. Hasta que desgraciadamente la enfermedad le aprisionó, Adolfo marcó durante años su presencia con la sonoridad de sus silencios. Nadie oyó una palabra suya contra sus viejos adversarios, incluso cuando ha sido aludido con injusticia o infamia. Un silencio que no hay que interpretarlo como indiferencia. Y además ha prestado su apoyo a cuantos presidentes le han sucedido.
Desde entonces yo he visto siempre en Adolfo al hombre que ha reñido dos grandes batallas, la política y la humana, y que ha ganado ambas gracias a muchas virtudes en él siempre destacadas, pero sobre todo una: su humanidad. Sin embargo, la batalla de estos últimos años comenzó a perderla cuando dos grandes apoyos en su vida -Amparo y Mariam- (otro es Adolfo hijo) desaparecieron. Ahí se rompió su fortaleza y desde entonces permanece ensimismado en un mundo misterioso sin lugar ni tiempo.
Pero el tiempo le ha ido devolviendo a Suárez en forma de nueva identificación todo el amor que el pueblo español comprendió que le debía. Frente a las amarguras del poder ha venido después el reconocimiento a su obra, a su persona y a su lealtad al pueblo español. Nadie ha sentido más a España que el hombre que tanto hizo por la creación de un sólido Estado de derecho. Desde hace mucho Adolfo Suárez no «está» en la política española pero «es», forma parte de la política española y constituye un referente indiscutible e indiscutido, un ejemplo o modelo de un modo de hacer política.
Suárez es hoy, más que nunca, uno de esos españoles preclaros, que contribuyeron a que España se uniera, dialogara, encontrara el lugar que le correspondía, intentando lograr un equilibrio entre el centro y la periferia, geográfica y política. Su gran acierto fue caminar hacia la reforma, síntesis entre la ruptura y el inmovilismo, armonizando los intereses -todos- de una sociedad que anhelaba un sistema nuevo con la práctica y el ejercicio real de los derechos y deberes de una democracia, pero sin traumas. Y en esa tarea contó con el apoyo indiscutido de los restantes partidos políticos. Aquello, la Transición, no fue fruto del miedo de nadie sino del deseo de todos de olvidar y construir, de mirar el mañana más que el ayer, dehacer una España para todos sin exclusión alguna.
Hoy, cuando se conmemora el treinta aniversario de aquel nombramiento que cambió a España, creo que vale la pena rendir homenaje a esa gran persona que ya no puede explicarnos cuán apasionante y fructíferos fueron para él y para muchos más -de su partido y de los demás- aquellos años. Desde entonces han pasado, sin duda, los treinta mejores años de nuestra historia en todos los órdenes. Y en muy buena parte son su obra y España se lo debe a él.
 

domingo, 25 de junio de 2006

Memoria y Monarquía

Editorial ABC
 
UN inquietante y cada vez menos sutil revisionismo sectario y rupturista emerge con progresiva nitidez del programa de recuperación de la «memoria histórica» puesto en marcha por la izquierda con la complaciente anuencia de un Gobierno que utiliza a sus socios como coartada para un plan en el que no resulta difícil atisbar mucho más que una discutible reivindicación unilateral de las víctimas de la Guerra Civil. La proposición de ley aprobada el viernes en el Congreso, en la que se declara a la II República como referencia histórica de la actual democracia española, insiste con peligrosa recurrencia en obviar el papel de la Monarquía como factor de estabilidad y legitimación de este largo y fecundo periodo de concordia civil y política, y viene a establecer un discurso ideológico que, lejos de hacer justicia histórica, falsifica de manera patente la identidad real de nuestro pasado colectivo.
Tras el escandaloso ninguneo con que la izquierda y los nacionalistas zanjaron en febrero la conmemoración de la intentona golpista del 23-F, saltando por encima de la evidencia decisiva de que fue Don Juan Carlos quien atajó definitivamente la sublevación, la iniciativa sobre la memoria histórica abunda en el mismo doloso error de concepto. Y no sólo porque minimiza el papel de la Corona como promotora de la ingeniería política que desmanteló el régimen de Franco para sustituirlo por un sistema de libertades constitucionales, sino porque sitúa en la República -sin el menor atisbo de reconocimiento de su manifiesto fracaso entre graves desórdenes de convivencia civil- la referencia de legitimidad del actual orden democrático.
Siquiera por un mínimo rigor historiográfico, el recorrido democrático de la España de los dos últimos siglos no puede efectuarse ignorando el peso de la Corona en nuestras experiencias constitucionales. No sólo por su esencial aportación a la Carta Magna de 1978, sino por otros hechos esenciales que el Gobierno parece querer borrar de manera deliberada: la Constitución de 1876, base del turnismo de la Restauración; la patriótica petición de colaboración con la República efectuada por Don Alfonso XIII en mayo de 1931, a través de las páginas de ABC, o el Manifiesto de Lausana con el que Don Juan de Borbón solicitó en 1945 el establecimiento de un régimen democrático, lo que valió al tiempo la hostilidad de Franco y la consideración y el respeto de una izquierda que ahora parece olvidar su propio ADN histórico.
El afán por situar en la República el origen legítimo de la democracia vigente salta, además, por encima de la realidad indiscutible de que el Rey no abdicó en 1931, sino que resignó poderes a favor del nuevo régimen sobrevenido de manera abrupta y no reglada a partir de unas elecciones locales derivadas en pronunciamiento popular. Esa resignación fue lo que permitió la restauración monárquica de 1975, dando paso a un proceso, el de la Transición, de restablecimiento de las libertades civiles y políticas que ha permitido el periodo democrático más relajado, más largo y menos conflictivo de las dos últimas centurias.
Existen razones sobradas para abrazar, más allá del mero accidentalismo, la causa monárquica, seña de identidad esencial de este periódico durante su historia centenaria. La Monarquía constitucional del 78 ha resuelto de manera palmaria cuestiones históricas accidentadas, como la religiosa, la agraria o la militar; ha propiciado la plena integración en Europa y ha dado paso a un modelo de organización territorial plural y descentralizado que sólo recientemente ha comenzado a zozobrar, por mor de la arriesgada agenda de un Gobierno poco juicioso. La Corona representa, según la Constitución felizmente vigente, la unidad y permanencia del Estado, y sólo desde la irresponsabilidad se puede ignorar o minimizar esta crucial referencia de estabilidad histórica.
Las omisiones dolosas contenidas en el programa revisionista de la izquierda dan sentido a un nuevo impulso de la militancia monárquica que ABC, en consonancia con su trayectoria histórica, se siente dispuesto a abanderar en la medida de sus posibilidades y en plena coherencia con sus principios fundacionales. Y ello porque, frente a la manipulación con que se pretende reescribir a conveniencia una historia que olvida el papel histórico de la Monarquía constitucional, creemos firmemente que la mayoría de los españoles se identifica con la Corona como garantía y referente democráticos, mucho más que con las instituciones de diseño que el Gobierno y sus aliados propician a través de operaciones torticeras de intencionalidad rupturista y desestabilizadora.

sábado, 17 de junio de 2006

Celebración del 80 cumpleaños de la Reina Isabel II

La Reina Isabel II y su esposo, el Duke de Edimburgo.
 
 
La reina Isabel II de Inglaterra celebró hoy oficialmente en Londres su octogésimo cumpleaños con un paseo en carroza, un pomposo desfile militar y una espectacular exhibición de 49 aviones de guerra que sobrevolaron el palacio de Buckingham.

Decenas de miles de personas, entre ellos muchos turistas pertrechados de cámaras fotográficas, ocuparon el centro de la capital y vitorearon a la Reina con gritos de " ¡Hey, hey, hurra! " .

Aunque la Soberana nació un 21 de abril, su cumpleaños se festeja de manera oficial un sábado de junio para aumentar las posibilidades de que haga un buen día, de modo que el público pueda ser partícipe.

El normalmente desapacible clima londinense se portó hoy bien con Isabel II, ya que brilló el sol en el suntuoso desfile militar conocido como " Trooping the Colour " , que data del siglo XVIII y se distingue por el paseo de la bandera de la Guardia Granadera.

La Reina, la monarca más longeva de Europa, ha asistido anualmente a ese acto solemne durante sus 54 años de reinado a excepción de 1955, cuando se suspendió por una huelga nacional.

Isabel II, junto a su esposo, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, hizo el tradicional recorrido por el Mall -la señorial calle que une la plaza de Trafalgar y el palacio de Buckingham- en un faetón de marfil perteneciente a la reina Victoria (1819-1901) .

Vitoreada por la muchedumbre, la Reina, ataviada con un vestido de seda con motivos florales, una chaqueta púrpura y una pamela a juego, recorrió el Mall acompañada de gran parte de la Familia Real.

A caballo y uniformados, dos de los hijos de la Reina escoltaron a su madre: el príncipe Carlos, heredero al trono y coronel de la Guardia Galesa, y la princesa Ana, coronel del batallón " Blues and Royals " de la Guardia Real.

Por delante de " Su Majestad " desfiló uniformado y en una carroza su nieto, el príncipe Enrique, de 21 años y tercero en la línea de sucesión a la Corona, quien es miembro de los " Blues and Royals " .

Enrique, segundo hijo del príncipe Carlos, iba sentado junto a su tío, el príncipe Andrés, duque de York y tercer hijo de Isabel II, y sus primas, las princesas Beatriz y Eugenia.

Por contra, el hermano de Enrique, el príncipe Guillermo, de 23 años y segundo en la línea de sucesión al trono, se perdió el acto por sus obligaciones en la prestigiosa academia militar de Sandhurts, donde aspira a convertirse en oficial.

Tampoco acudió Camilla, duquesa de Cornualles y esposa del príncipe Carlos, quien está de luto por la reciente muerte de su padre.

Atravesado el Mall, la comitiva llegó al palacete de la guardia montada, el " Horse Guards Parade " , donde la Reina pasó revista a los 1.100 soldados de la guardia real que participaron en el " Trooping the Colour " vestidos con uniforme de gala y el típico morrión negro.

Después de la ceremonia, la Familia Real regresó al palacio de Buckingham para saludar desde el balcón principal a la multitud, que ovacionó a la Jefa de Estado agitando banderitas británicas, al tiempo que se dispararon 41 salvas de cañón en su honor.

A continuación, la realeza y el gentío alzaron la vista para contemplar el vuelo de 49 aviones de la Fuerza Aérea Británica, entre ellos aparatos legendarios como el caza Spitfire y otros más modernos como el Eurofighter Typhoon, el avión de combate europeo.

" La exhibición aérea fue maravillosa, absolutamente espectacular " , dijo la pensionista Muriel Hart, de 75 años y admiradora de la Reina, quien disfrutó de " un día muy emocionante " .

Como colofón, una banda interpretó el himno nacional, el " God save the Queen " ("Dios salve a la Reina") , mientras un contingente de 400 soldados intercaló tiros al aire con balas de fogueo.

La celebración por el cumpleaños de Isabel II empezó el pasado día 15 con una misa en la londinense catedral de San Pablo, a la que asistieron unas dos mil personas, entre ellas el primer ministro británico, Tony Blair, y famosos como el cantante Cliff Richard.

Isabel II ofreció ese día un almuerzo y reflexionó sobre la vejez con una frase jocosa muy llamativa, dada su habitual sobriedad.

" Como dijo una vez (el actor) Groucho Marx: 'Todo el mundo puede envejecer. Lo único que tienes que hacer es vivir lo suficiente " , comentó la Reina, al arrancar las risas de los comensales.

miércoles, 14 de junio de 2006

Christie's subasta en Londres joyas de la princesa Margarita

La Vanguardia

Madrid (Agencias).- La casa de subastas Christie's de Londres subastará 192 joyas pertenecientes a la princesa Margarita, hermana de la reina Isabel II de Inglaterra.

Una de esas joyas que se ofrece al mejor postor en la casa de subastas Christie's de Londres, es la tiara fabricada por Garrard para Florence, Lady Poltimore, la esposa del segundo Lord Poltimore y Tesorero de la Reina Victoria entre 1872 y 1874. La joya podría alcanzar un precio de entre 150.000 y 200.000 libras (entre los 225.000 y los 300.000 euros).

La casa de subastas londinense también sacará a subasta nueve magistrales obras de Joaquín Sorolla (1862-1923), entre las que se encuentra "Pescadora Valenciana" con un precio estimado entre 1.444.000-2.200.000 euros.

Con motivo de esta subasta dedicada a la pintura española del Siglo XIX, Christie's organiza en Madrid y posteriormente en Barcelona una exposición con las obras más destacadas de la sesión "Pintura Europea del Siglo XIX", que se celebrará en su sede de King Street.

Otras de las obras que serán subastadas son: Playa de Biarritz (1906), Niña en la playa (1904), Playa de Biarritz Figuras (1906) , Asturias. Faenando en la playa,Niños en el mar. Playa de Valencia (1908), Retrato de José Artal (1905), Pescador en su barca y Bacante.

En la jornada de hoy, Christie's también sacará a venta pública obras de los pintores , Anglada Camarasa, Eliseo Meifren, y Francisco Miralles además de dos centenares de lotes de pintura austríaca, alemana, francesa, holandesa, italiana y escandinava.

martes, 13 de junio de 2006

60 aniversario del Rey de Tailandia

Embajadora real en el «país de la sonrisa»

PABLO M. DÍEZ
DESDE Noruega a Japón pasando por Holanda, Mónaco, Jordania y hasta la isla de Tonga, representantes de 25 monarquías de todo el mundo se dieron ayer cita en Bangkok para festejar los 60 años que lleva ya en el trono el Rey Bhumibol Adulyadej de Tailandia, el soberano más veterano del planeta, por delante de Isabel II de Inglaterra. Ejerciendo una vez más de embajadora de excepción de España, Su Majestad la Reina Doña Sofía acudió al espectacular desfile fluvial que tuvo lugar en el río Chao Phraya de la capital tailandesa, donde 2.000 remeros navegaron con 52 embarcaciones profusamente decoradas con motivos budistas hasta el imponente Templo del Amanecer y bajo la atenta mirada de decenas de miles de enfervorizados súbditos. Por decimocuarta vez desde que Bhumibol ascendió al trono el 9 de junio de 1946, la moderna y caótica megalópolis asiática que es Bangkok, plagada de rascacielos y con diez millones de habitantes, revivió todo el esplendor del antiguo reino de Siam, al recuperar esta vieja tradición que data del período Ayutthaya (1350-1767). Sin duda, un momento histórico para el «país de la sonrisa», en el que España, una vez más, ha vuelto a presentar a su mejor embajadora.

sábado, 10 de junio de 2006

Treinta años después

MANUEL ORTIZ
ABC

EL 9 de junio de 1976 Adolfo Suárez, a la sazón Ministro Secretario General del Movimiento, defiende ante las Cortes el proyecto de Ley Reguladora del Derecho de Asociación Política. Una semana antes S. M. el Rey Don Juan Carlos de Borbón, en sesión extraordinaria del Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica ratifica -ante un foro de máximo relieve internacional- que el camino de España hacia la democracia no tiene marcha atrás. El jueves 1 de julio de 1976 Don Juan Carlos llama a Carlos Arias para pedirle su dimisión y el 4 de julio de ese mismo año, se hace público el nombramiento de Suárez como presidente del Gobierno.

Tuvieron que ocurrir muchas cosas, improbables todas y cada una de ellas, para que Torcuato Fernández Miranda pudiera pronunciar su conocida frase: Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que me ha pedido. En ese momento el inesperado prodigio se había consumado y Suárez era ya el próximo presidente del Gobierno. Que, además, Suárez lograra llevar a buen puerto la transición política puede considerarse, cuando menos, asombroso.

Alfonso Osorio cuenta que Adolfo Suárez pasará a la historia como el hombre que estuvo en el lugar preciso a la hora justa. Y eso es así porque para hacer la transición política -y dejando aparte el papel impulsor y arbitral del Rey- era necesario alguien que tuviese inteligencia suficiente, conocimiento adecuado, capacidad de diálogo, paciencia infinita, modales exquisitos y simpatía arrolladora y esas cualidades, todas juntas, no las teníamos ninguno de los otros políticos en presencia en 1976, concluye Osorio.

El texto constitucional que marcó el espíritu de la transición, es decir nuestra Constitución de 1978, nace de un difícil consenso; es fruto de un pacto laborioso que implicó renuncias y sacrificios de todas las fuerzas políticas, pero que dejó un esperanzador horizonte de futuro, sin vencedores ni vencidos. Sin el apoyo del Partido Socialista Obrero Español y del Partido Comunista Español, este pacto no hubiera sido posible. Los dos jugaron a fondo un papel patriótico y responsable.

Treinta años después nos encontramos ante un panorama de crispación impropio de un sistema democrático consolidado y maduro. La partitocracia es un requisito imprescindible para el funcionamiento normal de la democracia, para la alternancia en el poder de las diversas fuerzas políticas y para el necesario control del Gobierno. Los intentos de destruir como sea a la oposición o al Gobierno, son radicalmente antidemocráticos y forman parte de nuestros más siniestros demonios familiares o alienígenos. ¿Quién nos iba a decir que el olvidado Rafael Santa Ana, que escribió un Manual del perfecto canalla, (editado, por cierto, por la Biblioteca de Educación Cívica) y que constaba de un curso preparatorio y otro de perfeccionamiento, (Madrid, Imprenta Alemania 1916) podría llegar a ser el autor de cabecera de algunos descarriados?

Vivimos acontecimientos de singular importancia en nuestra historia política; quiero decir en la historia política de España y de nosotros, los españoles. El Estatuto de Cataluña y el alto el fuego permanente anunciado por ETA se suceden en el plazo de veinticuatro horas. Luego vendrá el Estatuto de Andalucía concebido como coartada para dar amparo al Estatuto catalán, generalizando el disparate.

El Estatuto de Cataluña reivindica el concepto de nación para la autonomía catalana y, en mi opinión, ello implica una colisión frontal con el artículo 2 de la Constitución española. En efecto el artículo 2 no ofrece el menor resquicio a la ambigüedad cuando afirma que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles.

Un alto el fuego permanente es, por su propia naturaleza, una contradicción en los términos. Sea bienvenida la paz si es la paz lo que se anuncia con el corazón limpio y a cara descubierta, pero es difícil imaginar que así sea. «Impulsar un proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos que como pueblo nos corresponden» es la explícita reivindicación del comunicado etarra. Se trata, pues, de un intento de escamotear de nuestra convivencia política el inalterable fundamento que la sustenta y que es, justamente, la nación española.

Para modificar nuestra Constitución es requisito imprescindible recuperar el espíritu de concordia, reeditar el consenso que existió en 1978. La Constitución no puede ser un trágala, una imposición de la mitad de los españoles a la otra mitad y, por supuesto, lo que los españoles no hemos consensuado en 1978 ni hoy, no puede imponerse por la vía torticera de la modificación de los Estatutos de Autonomía.

Naturalmente hago estas observaciones como un llamamiento al espíritu de concordia que Suárez supo crear entre nosotros. Han transcurrido ya casi treinta años desde la Constitución del 78 y es posible que hoy, los españoles o sus dirigentes políticos, o ambos a la vez, vean molinos de viento donde yo gigantes, o gigantes donde yo molinos de viento. Aún más atrás nos queda el inquietante recuerdo del siglo XIX, con sus numerosas y variopintas constituciones y en el que, según nos enseña la historia, la mayoría malvivió en una España en venta. Gerald Brenan nos dice al hablarnos de los antecedentes de esa terrible guerra civil sobre la que se hace hoy tanta literatura: En España, el principal problema ha sido siempre el de alcanzar un equilibrio entre un Gobierno central eficaz y los imperativos de la autonomía local. El lacónico diagnóstico de Brenan, desgraciadamente, sigue siendo válido hoy.

Una generación de españoles, dirigidos por Adolfo Suárez, creyó enterrar para siempre los demonios familiares de este «viejo país ineficiente» como calificó Jaime Gil de Biedma a nuestra España. Si el poeta tenía razón, nuestro mal gobierno no es accidente transitorio, sino una condición metafísica, un estado místico del hombre / la absolución final de nuestra historia.

Quizá la historia, como quería Vico, se repita siempre y nosotros fuimos ingenuos al intentar cambiarla. Quizá. Pero hoy nos queda la esperanza de que la convivencia es posible, aunque sólo sea porque los españoles hemos aprendido a odiarnos sin matarnos.

MANUEL ORTIZ
Primer secretario de Estado para la Información y portavoz del Gobierno de Adolfo Suárez

miércoles, 7 de junio de 2006

La Infanta Leonor encomendada a la Virgen de Atocha


El príncipe Felipe de Borbón, la princesa Letizia Ortiz y su hija, Leonor, este miércoles.
 
Una multitud recibe a los Príncipes y a su hija Leonor en la madrileña Basílica de Atocha
 
EFE

MADRID.- Los Príncipes de Asturias han cumplido con la tradición y han encomendado la protección de su primogénita, Leonor, a la Virgen de Atocha. La niña, que entró en la basílica en brazos de su madre, fue recibida por una multitud de personas que quería tocar a la pequeña.

Esta tradición de la Familia Real española que se remonta al siglo XVII, y también fue cumplida por los Reyes con sus tres hijos a los pocos días de sus nacimientos.

Los Príncipes llegaron a las 11.15 horas al templo, situado en la madrileña Avenida Ciudad de Barcelona, próxima al Paseo del Prado, donde fueron recibidos por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, y por los frailes dominicos José Martín y Manuel Santos, priores del convento y provincial, respectivamente.

También esperaban unas 300 personas que les aplaudieron y mostraron su cariño y respeto antes de entrar al templo. Ya en el interior, sonó la música del órgano y el ruido de los aplausos de más de 200 fieles que pudieron entrar en la basílica.

Una vez frente al altar y ante la Virgen, ataviada con el manto que llevaba la reina Isabel II cuando sufrió un atentado, el cardenal de Madrid bendijo a la pequeña, imponiendo las manos sobre ella.

Durante este acto, la primogénita de los Príncipes, que llevaba un faldón blanco y una cruz que colgaba de su cuello, se mostró muy inquieta y curiosa.

Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia fue, tras el rezo de la Salve, cuando Felipe de Borbón y Letizia Ortiz ofrecieron a la Infanta Leonor elevándola conjuntamente ante la Virgen.

Antes de salir del templo, los asistentes se despidieron de la pequeña y de sus padres, que en todo momento estuvieron sonrientes y haciendo carantoñas a la pequeña, con un "Viva la Infanta Leonor" y un "Viva los Príncipes".

Una vez en el exterior, el Príncipe, que salió de la Basílica con la niña en sus brazos, y su esposa posaron relajados y emocionados ante los medios gráficos, para, a continuación, despedirse de los allí presentes.

Nuestra Señora de Atocha fue proclamada protectora de la Familia Real y de la Monarquía española en 1643 por Felipe IV, aunque esta devoción se remonta al rey Alfonso VI en el siglo XI, en el que se calcula que fue construido el primer templo.

lunes, 5 de junio de 2006

Disparates

MÀRIUS CAROL

La Vanguardia

El diario londinense The Sunday Times ha anunciado la aparición de un libro titulado Duque del riesgo: Genio y figura del príncipe Felipe, que recoge sesenta años de meteduras de pata de Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II de Inglaterra. La obra resulta una antología del disparate. La compilación incluye dislates diplomáticos, como cuando, representando a la soberana en la ceremonia en la que Kenia se independizaba oficialmente del Reino Unido, le dijo al nuevo dirigente del país, Jomo Kenyatta, justo antes de arriar la bandera británica: "¿Está seguro de que quiere hacer esto?". Su capacidad para ofender culturas ha tenido momentos altamente apreciados, como cuando se refirió a los ojos de los chinos como ranuras, a los húngaros como barrigudos y a los vestidos de los nigerianos como pijamas.

El marido de Su Graciosa Majestad ha debido aspirar, a lo largo de toda una vida, ser tanto o más gracioso que la reina. Sólo así se entiende que lo único que se le ocurriera comentar, al serle presentada la Asociación Británica de Sordos mientras en el escenario tocaba un bullicioso grupo caribeño, fuera: "¿Sordos? Con esta banda no me extraña que estéis sordos". O que soltara ante distinguidas personas que si un hombre abre la puerta del coche a una dama "es porque el coche o la mujer son nuevos". Y el libro sigue así de suculento hasta la página trescientas.

Por cierto, Felipe de Edimburgo pertenece a una familia de sangre azul por los cuatro costados, como lo atestigua su apellido Mountbatten. Es hijo de la princesa Alicia y el príncipe Andrés, hijo del rey Jorge I de Grecia. Es decir, pedigrí, todo.

La noticia ha aparecido en la prensa al mismo tiempo que un incidente menor, una ráfaga de viento en San Roque que levantó por un momento la falda tableada de la princesa de Asturias. Ello no sólo ha servido para que una televisión y alguna revista se recreara en la imagen, sino también para que presuntos expertos en monarquías atacaran a Letizia Ortiz argumentando que esas cosas le ocurren porque es nieta de un taxista. En dos años la princesa ha dado muestras de una prudencia infinita y de un saber estar indiscutible más allá de su origen o condición.

El currículum del duque de Edimburgo contrapuesto a la biografía de la princesa de Asturias demuestra que la calidad de las personas no está predeterminada por linaje o su alcurnia, sino por su educación y su cultura. Uno puede entender que para ganarse la vida en eso del periodismo la gente utilice cualquier argumento por falaz que sea. Pero de un golpe de aire sacar una conclusión rotunda es puro clasismo, miseria humana.
 

Los Reyes presiden la apertura de la exposición 'Picasso. Tradición y vanguardia'

Los Reyes y Zapatero, ante el 'Guernica'. (Foto: A. Cuéllar)
 
MILA TRENAS (EFE)

MADRID.- Los Reyes de España, acompañados por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y su esposa, Sonsoles Espinosa, han inaugurado este lunes la exposición 'Picasso. Tradición y Vanguardia', en la que se exponen más de 100 obras del artista malagueño en la doble sede del Museo del Prado y el Reina Sofía.

En la muestra, abierta al público a partir del día 6, los dos grandes museos nacionales aúnan esfuerzos para rendir homenaje al artista cuando se cumple el 25 aniversario de la llegada del 'Guernica' a España y se conmemoran los 125 años del nacimiento del pintor, nombrado hace 70 años director del Prado, cargo del que no llegó a tomar posesión.

A su llegada al Museo del Prado, donde Picasso se ha 'reencontrado' con los más clásicos, los Reyes fueron recibidos por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón y por los presidentes de la Fundación Winterthur, Jaime de Marichalar, y de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, José García de Velasco, patrocinadores de la muestra.

También estuvieron los presidentes de los patronatos de los dos museos, Rodrigo Uría y José Manuel Urgoiti; los directores de los museos, Miguel Zugaza y Ana Martínez de Aguilar, junto a patronos y otras personalidades.

Además, estaban presentes numerosos propietarios de las obras llegados de todo el mundo, quienes han hecho posible que muchas de las creaciones de Picasso se vean por primera vez en España. Es el caso de 'Tres músicos', que únicamente se ha expuesto en Europa en dos ocasiones, la última hace casi 40 años.

La inauguración contó también con la presencia de miembros de la familia Picasso. Entre estos estaban sus hijas Paloma y Maya, que iba acompañada de su hija, a la que explicó con entusiasmo detalles de 'El Guernica'.

Acudió también la nuera del artista, Christine Ruiz-Picasso, quien, poco antes de la llegada de los Reyes al Prado, confesó estar "impresionada" ya que para ella es "una emoción sentimental muy fuerte" que la dejaba sin palabras el poder contemplar este encuentro de Picasso con maestros como Velázquez, Goya, El Greco, Zurbarán, entre otros. "Es una emoción muy fuerte que tengo que ir asimilando".

Esta emoción también pudo contemplarse al entrar en la galería central del Prado en los rostros de los Reyes, quienes escucharon las explicaciones de los comisarios de la muestra, Carmen Giménez y Francisco Calvo Serraller. La Reina, a la que se pudo escuchar que la exposición "es maravillosa", contempló con mirada experta cada una de las obras.

Acompañados por los invitados, entre ellos el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, la baronesa Thyssen-Bornemisza y la ex ministra de Cultura Pilar del Castillo, los Reyes se situaron en uno de los puntos clave de la exposición, en el que la serie de 'Las Meninas' de Picasso se encuentra con la obra maestra de Velázquez en un diálogo sin precedentes en el que también son protagonistas las obras que ambos artistas dedicaron a la infanta Margarita.

Tras la visita al Museo del Prado, los Reyes se trasladaron al Museo Reina Sofía donde la exposición pone todo el énfasis en el compromiso moral del artista con la realidad, centrándose en la grandeza del 'Guernica', excepcional desde el punto de vista artístico y como icono universal por excelencia de denuncia de todas las catástrofes bélicas acontecidas.

En la sala principal, se establece un eje irrepetible al situar, frente a frente, el 'Guernica' y la emblemática obra 'El 3 de mayo de 1808. Los fusilamientos de la Moncloa' (1814), de Goya, las dos imágenes más rotundas de la iconografía universal que muestran el padecimiento de los inocentes.

Durante el recorrido por las dos sedes, Don Juan Carlos felicitó a los comisarios por cómo se habían integrado las obras, permitiendo apreciar cómo la pintura de Picasso armoniza perfectamente tanto en el Prado como en el Reina Sofía y manifestó su satisfacción porque se haya podido organizar una exposición como ésta.

El Rey afirmó que le había gustado mucho como funcionan 'Los fusilamientos del 3 de mayo', de Goya, frente al 'Guernica', y, aunque él ya conocía prácticamente todos los cuadros que se exhiben en la exposición, le parece un gran logro que puedan contemplarse juntos.

Las más de cien obras de Picasso, que forman un recorrido irrepetible, se han reunido para recordar aquel día de 1981 en que llegó el 'Guernica' a España procedente del Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde se encontraba confiado temporalmente por el propio artista.

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'PICASSO. TRADICIÓN Y VANGUARDIA'. Fecha: del 6 de junio al 3 de septiembre de 2006. Lugar: Museo del Prado y Museo Reina Sofía. Precio: Entrada por venta anticipada con reserva de día y hora: 9 euros. Entrada conjunta (Museo del Prado – Museo Reina Sofía) por venta anticipada: 16 euros. Domingo, entrada gratuita. Venta de entradas: En taquilla, 902 400 222 y El Corte Inglés ( www.elcorteingles.es).

domingo, 4 de junio de 2006

El aspirante al trono de Serbia pide restaurar la monarquía

El príncipe Alejandro promete seguir el ejemplo del rey Juan Carlos

El pretendiente a la corona de Serbia pidió ayer la restauración de la monarquía en este país tras la separación de Montenegro. Utilizó el caso español y la figura del rey Juan Carlos I como "excelentes ejemplos" de lo que debe hacer el país. La opción monárquica, sin embargo, es muy minoritaria en Serbia y tiene escaso respaldo político.


LA VANGUARDIA

El pretendiente al trono serbio, el príncipe Alejandro Karayoryevic, pidió ayer la restauración de la monarquía en Serbia, después de que los ciudadanos de Montenegro optaran por la independencia en el referéndo del domingo pasado. Y puso como ejemplo que imitar la restauración monárquica en España, con la figura de don Juan Carlos.

"Ha llegado la hora de que nosotros los serbios nos dediquemos por completo a Serbia", declaró el príncipe Alejandro en una rueda de prensa celebrada el miércoles en Belgrado, y agregó: "Éste es un buen momento para el ordenamiento de Serbia según su propia medida. Y esa medida es la monarquía". También se mostró a favor de "la monarquía constitucional de Serbia" que edificaría un Estado "digno, fuerte, en paz consigo mismo y con los vecinos". En este sentido, deseó a los montenegrinos "paz, democracia y felicidad", pese a lamentar su separación de Serbia.

Pocos partidos políticos abogan en Serbia por la restauración de la monarquía, opción respaldada apenas por un 10% de la población. "Miremos al Reino Unido, Suecia, Holanda, Bélgica y España", señaló al recalcar la estabilidad en que viven esas monarquías. "España es un excelente ejemplo. Un país que tras décadas de dificultades la monarquía, con el rey Juan Carlos al frente, llevó a la senda del éxito y el prestigio", agregó Alejandro.

Opinó que la monarquía aseguraría a Serbia el camino más rápido hacia la Unión Europea, atraería nuevas inversiones y ayudaría al crecimiento económico, e insistió en que la corona refuerza la democracia. Apeló al fin de las divisiones y a la unidad política, a un debate "democrático maduro en interés de Serbia" y al establecimiento de objetivos "claros y realistas" para que el país vaya adelante y se convierta en una nación moderna y respetada.

El príncipe Alejandro Karayoryevic nació el 17 de julio de 1945 en la suite de un hotel de Londres que fue proclamada territorio yugoslavo para que no perdiera sus derechos dinásticos. Su padre, Pedro, fue el último rey del país, del que marchó en 1941 a causa de la invasión de la Alemania nazi, y su abuelo, Alejandro, reinó con mano de hierro hasta su asesinato, en 1934. Es bisnieto de Zorka, hija del rey de Montenegro Nicolás I Petrovic y esposa del rey serbio Pedro I Karayoryevic, que formó en 1918 el Reino de los Serbios, los Croatas y los Eslovenos, varios años más tarde denominado Yugoslavia.

La dinastía de los Karayoryevic reinó en Yugoslavia hasta la abolición de la monarquía por el comunista Josip Broz Tito, quien proclamó la República, de la que fue presidente vitalicio desde 1945 hasta su muerte, en 1980. El príncipe se instaló en el palacio de sus antepasados en Belgrado en el 2001, después de que la familia real recuperase por un decreto del Gobierno el derecho a residir en el complejo palaciego del lujoso barrio residencial de Dedinje, aunque hasta ahora no se le han restituido sus propiedades.

jueves, 1 de junio de 2006

Cien años del atentado que ensangrentó una boda real

El 31 de mayo de 1906, un anarquista lanzó una bomba a Alfonso XIII

Juan Antonio Pérez Mateos
La Razón
 
Hace dos años, el 11 de marzo, España queda estremecida por el terrorismo en la estación de Atocha de Madrid. Tres meses después, el 22 de mayo de 2004, contrae matrimonio Don Felipe de Borbón con Doña Letizia Ortiz. Bisnieto de la Reina Victoria Eugenia y ahijado suyo, protagoniza un enlace regio, el primero de esta índole en España tras el de su bisabuelo el Rey Alfonso XIII con su madrina y bisabuela el 31 de mayo de 1906, única boda real en la España del siglo XX, enlace manchado, trágicamente, por el terror del anarquismo.
   Mayo es un mes clave en la vida de Alfonso XIII, hijo de Alfonso XII y de María Cristina de Habsburgo. Nace un 17 de mayo de 1886 y esta misma fecha, en 1902, es proclamado Rey ante Las Cortes. Viajero y castizo, ha de garantizar la continuidad dinástica. Maura y otras personalidades, incluida su madre, buscan una pretendiente. Ante la cantidad de fotografías de princesas que le muestra al Rey, éste dice: «Yo no me caso con una fotografía», y comienza su periplo en busca de una novia.
   Catolicismo. La elegida será la princesa inglesa Victoria Eugenia de Battenberg. Conocida como Ena, ella es la preferida, a pesar de los bandos y las candidatas. La madre se inclina por princesas centroeuropeas, lo mismo que los conservadores. Los liberales verían con buenos ojos esta elección. No así la extrema derecha española, por su religión anglicana. Ena tendrá, por tanto, que convertirse al catolicismo.
   Alfonso XIII sufre un atentado en París en 1905 y después visita Inglaterra. En el palacio de Buckingham, durante una cena de gala, le atrae una chica rubia y delgada, de ojos azules. El flechazo acaba de surgir. Don Antonio Maura, el embajador Mandas y la emperatriz Eugenia de Montijo, madrina de Ena, «atan» el enlace con la nieta preferida de la Reina Victoria: «¡Una princesa -le aconsejará siempre su abuela- no debe quejarse nunca!». Ena lo llevará hasta la tumba. La pareja comienza el romance con una correspondencia de postales escritas en francés, lengua en la que se comunican. Nacida en Balmoral en 1887, inteligente y moderna, llega con dieciocho años a un país atrasado. Así que trae un aire nuevo a la Corte, la moderniza en colores -avezada al negro y a los lutos-, las mujeres se pintarán los labios y se fuma más de un cigarrillo.
   Pedida en Biarritz por el Rey en la Villa Mauriscot, plantan un olivo, símbolo de felicidad. Desde el palacio donostiarra de Miramar y mediante un telegrama, Alfonso XIII le dice a su madre que se ha comprometido con Ena, quien conocerá una España campesina y retrasada, la de los «males de la patria» de Costa, ante el sueño regeneracionista del Rey. Cuando llega a Madrid, descubre el único hotel existente: el actual París, conocido como «La Fonda». Después surgen el Palace y el Ritz y Madrid se moderniza. Son días de vino y rosas, y España espera el enlace regio. Antes, Ena abjura de su religión anglicana en la capilla del palacio de Miramar, ceremonia que llevará clavada como una espina. Deja atrás su país y llega a la frontera. En el puente del Bisadoa, el Rey le dice: «Ya estás en suelo español».
   Muerta en el exilio en Lausana, nunca olvidaría el largo camino en ferrocarril hasta llegar al apeadero madrileño de El Plantío, y su paso por las estaciones de las ciudades españolas, así como el «¡Viva la Reina!» en la estación de Valladolid; recibimientos clamorosos de gente que quiere contemplar su belleza.Y su marcha en una carroza desde El Plantío hasta El Pardo, escoltada a caballo por el Rey y el Infante Don Carlos. También la comunión temprana del día 31 de mayo de 1906, cuando Madrid es una fiesta, en Palacio casi ni se duerme y veintidós carrozas más las de los nobles están prestas para el cortejo nupcial más fastuoso que se ha visto en España. Después de comulgar y firmar el día anterior las capitulaciones, la pareja desayuna café con churros.
   Ambiente dantesco. Ena se viste en el antiguo Ministerio de Marina, junto al actual Senado. El Rey la espera impaciente en la puerta de la iglesia de Los Jerónimos. Al parecer, él y su madre han recibido un escrito anónimo de un posible atentado. Sin embargo, ese retraso se debe a que el presidente del Consejo de Ministros, Segismundo Moret, se ha quedado dormido. Ena tampoco olvidaría la entrada solemne en Los Jerónimos, templo elegido por el Rey para recorrer Madrid por sus calles principales y ante los representantes de las Cortes europeas.
   Su futura esposa camina hacia el altar sola, delante de su madre, la princesa Beatriz, y de la Reina Cristina, en una ceremonia oficiada por el entonces primado de Toledo, el cardenal Sancha. El machadiano «Madrid, rompeolas de todas las Españas», festivo y adornado, bullanguero, no conoce una estampa tan especial y sorprendente. Cuando la carroza real llega al número 88 de la calle Mayor de Madrid, junto a la puerta del restaurante Baliñas -hoy el tan popular Casa Ciriaco-, el reloj marcaba las dos menos cuarto de la tarde. Fue en ese momento cuando el anarquista Mateo Morral lanza, envuelta en flores, la fatídica bomba desde dieciocho metros de altura. Todo transcurre en sólo unos segundos y el ambiente es dantesco. Hubo muertos y heridos. La carroza real queda salpicada de cristales. El Rey consuela y serena a la Reina. Durante el terrible atentado, el cochero resulta herido y un caballo muerto. Por eso, los Reyes pasan a otra carroza: «A Palacio, despacio, muy despacio», ordena el Rey en medio de la confusión. Al momento, en Palacio saben que los Reyes están bien, que han salvado sus vidas. Al llegar, Alfonso XIII comenta que son «gajes del oficio». Veintitrés muertos y más de cien heridos convierten un día feliz en una tragedia.