viernes, 14 de septiembre de 2007

Un cuarto de siglo sin la princesa que reinventó Mónaco

Un cuarto de siglo sin la princesa que reinventó Mónaco
 
Mateo Sánchez Cardiel (Efe).-

El 14 de septiembre de 1982, Grace Kelly, una singular mujer que ganó un Óscar de Hollywood y luego se coronó princesa, murió en un accidente de tráfico en la sinuosa carretera que conduce a Montecarlo. Un cuarto de siglo después de aquel trágico suceso, la esposa de Rainiero de Mónaco vuelve a inspirar exposiciones, a acaparar portadas y su figura continúa envuelta en un aura de misterio.

Pocos pueden presumir de que su belleza y popularidad hayan levantado un país entero, pero ese fue el caso de Gracia Patricia Kelly que, aunque fascinó al público en los años cincuenta como Grace Kelly, se convirtió en mito como princesa Gracia de Mónaco.

El pequeño principado mediterráneo ya ha comenzado su ronda de homenajes a la añorada princesa que puso en el punto de mira mundial un escaso territorio -apenas 200 hectáreas- con aspiraciones turísticas convencionales para encumbrarlo como punto de encuentro de la alta sociedad y del lujo pero también como centro de juego, gracias a sus afamados casinos, del derroche y de la especulación inmobiliaria.

En el Grimaldi Fórum de Montecarlo -donde la actriz y princesa ha dado nombre a una avenida, un teatro y dos zonas ajardinadas- desde el 12 de julio se expone 'Los años de Grace Kelly', muestra en la que se sigue su trayectoria desde que la princesa fuera una niña de familia nueva rica de Filadelfia -donde nació en 1928- hasta su papel de madre de lo hermanos más codiciados por el papel couché: Carolina, Alberto y Estefanía Grimaldi.

Esta última viajaba con ella la noche en la que Grace redondeó para siempre su condición de leyenda, cuando un ambiguo accidente truncó su vida, a los 52 años, y pese a los esfuerzos de los médicos del hospital al que fue trasladada y que, irónicamente, llevaba su nombre. Las carretera escenario de su triste final era, además, la misma que había ayudado a levantar su mito como escenario de una de sus secuencias más icónicas, al lado de Cary Grant, en la película Atrapa a un ladrón (1955).

Quintaesencia de la sofisticación

En aquel film, Kelly había explotado una imagen que se adhirió a ella para siempre: la de la quintaesencia de la sofisticación, forjada en una belleza espectacular, en una gracilidad heredada de los cuerpos atléticos de sus padres -remero olímpico él, gimnasta ella- y en una actitud situada en la intersección de lo gélido con lo volcánico.

Ese es el espíritu que, 25 años después de su muerte, permanece casi intacto, inmune a biografías no oficiales que afirman que, en la intimidad, Grace Kelly fue despiadada, calculadora y tendente al alcoholismo. Así, la revista Life le dedicará la portada del número que sale a la venta en estas fechas y en el que muestra fotos inéditas que le fueron tomadas, en plena apoteosis de su belleza, por su fotógrafo oficial, Howell Conant.

Además, la propia familia Grimaldi ha preparado, en colaboración con la casa de subastas Sotheby's, una exposición con joyas, vestidos y fotografías de Grace que permanecerá abierta del 15 al 26 de octubre en Nueva York. Entre las piezas más codiciadas estará el Óscar que la actriz ganó en 1954 por La angustia de vivir, un premio que la historia negra de Hollywood reza que fue otorgado como despedida y que, según la legendaria y viperina columnista cinematográfica Hedda Hopper, hundió para siempre los ánimos de Judy Garland, favorita ese año por Ha nacido una estrella.

La película -durante cuyo rodaje Kelly vivió un apasionado romance con William Holden- no figura entre las cintas más recordadas de su filmografía y, en realidad, Grace nunca consiguió que sus trabajos interpretativos recibieran los mismos elogios que su belleza física. Kelly había empezado como secundaria en importantes producciones de los años cincuenta, como Solo ante el peligro, de Fred Zinnemann, y Mogambo, de John Ford -por la que fue candidata al Óscar como mejor actriz de reparto-, pero no fue hasta que Hitchcock se cruzó en su camino cuando se aseguró el paso a la inmortalidad en términos estrictamente cinematográficos.

Tras cerrar su etapa con Ingrid Bergman y probar suerte con Marlene Dietrich y Anne Baxter, el mago del suspense encontró en la soterrada y lánguida sensualidad de Grace Kelly la máxima expresión de sus obsesiones y, tras la experiencia de Crimen perfecto, el director británico la enroló en sus siguientes proyectos. El tándem dio como resultado la obra maestra La ventana indiscreta, en 1954, y la citada comedia de intriga Atrapa a un ladrón, en 1955, ambientada en la Costa Azul y cuyo rodaje solidificó su relación con el príncipe Rainiero, al que conoció en el Festival de Cannes de 1954.

La boda del siglo

Tras intervenir en títulos menores como El cisne o Alta sociedad, Grace Kelly anunció su retirada como consecuencia de su compromiso con Rainiero y que le convirtió en protagonista de la que ha sido considerada como "boda del siglo" -junto con la del príncipe Carlos de Inglaterra y Lady Di- y que, celebrada el 19 de abril de 1956 en la catedral monegasca de San Nicolás, fue retransmitida para las televisiones de todo el mundo con una tremenda repercusión mediática -y económica- para el Principado.

Grace, entonces, canceló su participación en Mi desconfiada esposa, de Vincente Minnelli, y desoyó las llamadas de su amigo Hitchcock, que quiso que protagonizara Marnie la ladrona pero se encontró con la oposición del pueblo de Mónaco, reticente a permitir que su princesa interpretara en la pantalla a una cleptómana. Así, su principado sólo se extendería a las revistas de estilo y moda, como musa de firmas como Givenchy -que diseñó su vestuario para su encuentro con la familia Kennedy en 1961- o como portadora del "Kelly", bolso de Hermès que tomó su nombre.

Y es que la suya fue, desde entonces, la tarea de gran anfitriona y perfecta consorte, de madre elegante e impecable bañista de la costa monegasca. Un papel no siempre fácil con el que Grace tuvo que asumir que había caído "en Gracia"...

viernes, 7 de septiembre de 2007

Primer día de guardería de la futura Reina de España

viernes, 31 de agosto de 2007

"Fue, sencillamente, la mejor madre del mundo y la extrañamos"

 

Londres. (EP/AP).- Londres. (AFP).- Gran Bretaña conmemoró el décimo aniversario de la muerte de Diana de Gales con varias ceremonias, entre ellas una misa a la que asistió la familia real y un servicio religioso que congregó a admiradores de la carismática princesa frente al palacio de Kensington, su residencia en Londres.

Los príncipes Guillermo, de 25 años, y Enrique, de 22, hijos de Carlos de Inglaterra y Diana de Gales, encabezaron la ceremonia en la capilla de la Guardia Real, cerca del palacio de Buckingham, en la que recordaron con gran emoción a su madre, muerta hace diez años en un accidente en París, junto con su pareja, Dodi Al Fayed.

"Guillermo y yo podemos dividir nuestra vida en dos partes. Los años en que fuimos bendecidos con la presencia física de nuestra madre y nuestro padre. Y luego, estos diez años desde que murió nuestra madre", dijo Enrique, en la misa, en presencia de sus abuelos, la reina Isabel II y el Duque de Edimburgo.

"Ella fue, sencillamente, la mejor madre del mundo y la extrañamos", agregó el príncipe, que rindió tributo al "incomparable amor por la vida" de Diana."Hizo feliz a tanta gente. Queremos que sea recordada así", agregó el joven príncipe en su conmovedor tributo a su madre, en el que evocó recuerdos personales y describió a la princesa como su "guardián, amiga y protectora".

En el servicio religioso, que congregó a unas 500 personas invitadas por Guillermo y Enrique, brilló por su ausencia Camila, la segunda esposa del príncipe Carlos, que desistió de asistir tras fuertes críticas del público, la prensa y de amigas íntimas de la popular princesa."La casa real sigue siendo incapaz de organizar un acto relacionado con Diana sin provocar controversia", opinó Eva Bogdan, del Círculo de Amigos de Diana, una de las asociaciones creadas para conservar viva la imagen y memoria de la princesa de Gales.

En la ceremonia oficial participaron el primer ministro, Gordon Brown, su predecesor, Tony Blair y el cantante Elton John, así como miembros de la familia Spencer y una hermana de Dodi al Fayed, que fue invitada por los príncipes.Al mismo tiempo, unos centenares de fieles seguidores de Diana celebraron un pequeño servicio religioso frente a las rejas del hermoso palacio de Kensington, donde vivió la princesa y donde sus admiradores habían depositado ramos de flores, poemas, fotos, odas y recuerdos.

"Estoy aquí porque Diana me parecía tan linda, tan buena y generosa. Nunca habíamos visto a alguien de la familia real tan cerca de su pueblo", dijo Anne Martin, una londinense que todos los años deposita flores frente al palacio de Diana, en el aniversario de la muerte de la princesa."Habría sido una reina excelente. ¡Qué fiasco fue todo eso, qué lástima!", se lamentó.

Numerosos actos recuerdan a Diana a los 10 años de su muerte

Fotos y notas en las puertas del Palacio Kensington, donde se celebró la vigilia. (Foto: EFE)
 
EDUARDO SUÁREZ (corresponsal)

LONDRES.- El Palacio de Kensington no era esta madrugada más que un puñado de luces en la lejanía. Diez años después de la noche en la que Dodi y Diana se estrellaron contra el pilar número 13 del túnel del Alma, sólo unos elegidos han podido pasar esta noche en vela junto al Palacio de Kensington, la casa de la Princesa desde 1981 hasta el día de su muerte.

Desde este viejo caserón de ladrillo, donde nació y vivió durante largos años la Reina Victoria, salieron hace una década los restos mortales de Lady Di camino de la Abadía de Westminster. Velas y ramos de flores traídos por personas de todo el mundo velaron el cuerpo de la Princesa la noche antes de su funeral. Hoy algunas flores cubren parcialmente la verja de Kensington, pero los admiradores las dejaron allí durante el día. Esta noche las autoridades sólo han permitido el paso a los más allegados, amigos de Diana y miembros de sus ONG que participan en una vigilia privada a la que no pueden asistir las personas de a pie.

Algunos fans de la Princesa acudieron con la esperanza de poder pasar la noche recordándola, junto al palacio en el que vivió y educó a sus hijos. Es el caso de dos iraníes, que merodeaban por los alrededores de Kensington. Una vive y trabaja en el condado de Buckingham –nada que ver con el palacio- y la otra había venido expresamente de Teherán para recordar a Diana. "Es muy popular allí", asegura, "la gente normal en Irán no tiene satélite, pero hay fotos, revistas y hay mucha gente que la admira". "Volveremos mañana, las puertas están cerradas y no queremos que nos detenga la policía", dice su amiga, preocupada por la psicosis terrorista que ha complicado este verano la vida a miles de musulmanes en el Reino Unido.
Camila se va sin Carlos camino del Mediterráneo

Un solo acto oficial recordará el fallecimiento de Diana de Gales. Será un oficio religioso en la capilla de la guardia de los Wellington Barracks, la iglesia a la que está adscrita el regimiento de los hijos de la Princesa. El acto –que se celebrará a las 12 del mediodía (a la una, hora española)- se ha visto envuelto en la polémica después de que Camila decidiera finalmente no acudir a él, pese a haber sido invitada por los Príncipes Guillermo y Enrique.

La prensa ha acusado a su esposo, el Príncipe Carlos, de haberse empecinado en que ella asistiera pese a que nueve de cada 10 británicos consideraba inapropiada su asistencia. Al parecer, el incidente ha generado una fuerte discusión dentro de la pareja hasta tal punto que el vespertino 'Evening Standard' revelaba que Camila se irá de vacaciones con varias amigas y sin su esposo al Mediterráneo. Quizá se vaya al yate del millonario griego John Latsis, donde ya estuvo el pasado mes de mayo.

Al funeral asistirán unos 500 invitados. Entre ellos estará el primer ministro, Gordon Brown, sus antecesores –Tony Blair y John Major- y representantes de organizaciones benéficas ligadas a la Princesa. Están invitados 30 miembros de la Familia Real, aunque algunos –como Andrés, de viaje en Tailandia- ya han excusado su asistencia. Otros, como la Princesa Ana, que no tragaba a la difunta, han dejado en el aire su asistencia al no responder a la invitación. Estarán por supuesto la Reina y su esposo, el Duque de Edimburgo y una representación de la farándula que incluirá a los cantantes Cliff Richards y Elton John y al fotógrafo Mario Testino, autor de las fotografías más celebradas de la Princesa.

Mohamed al Fahyed montará su propia parafernalia en los almacenes Harrods de los que es propietario. Allí se guardarán dos minutos de silencio a partir de las 11 de la mañana -12 hora española- por las muertes de Dodi y Diana y se venerarán las estatuas que el dueño mandó erigir para ellos dentro del edificio.

Varios oficios religiosos se celebrarán en distintos puntos del Reino Unido. Los más importantes tendrán lugar en la catedral de Manchester y en Bristol. También en Althorp, donde se encuentra la casa solariega de la familia Spencer, rendirán un homenaje a Diana. Será una celebración privada en la que participarán familiares, amigos y algunas ONG'S.

Sabino Fernández Campo reivindica el deber del Rey de poner orden en las reformas estatutarias

Alfredo Muñiz

El Confidencial

Las recientes declaraciones del ex jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campo, recogidas por el diario La Nueva España, han provocado un auténtico revuelo. El general retirado insiste en que una de las principales funciones del Rey es advertir por dónde pueden ir las cosas ("aunque de forma discreta y anticipada"), critica la política antiterrorista de Zapatero y reclama al Gobierno que aclare en que va a ceder con ETA. Por último, y ante la grave situación en que se encuentra España "con el peligro de desmembración" (según palabras del ex consejero) no entiende el concepto de Rey republicano.

Ahora, economistas de renombre, catedráticos de la judicatura e ilustres filósofos toman partido sobre dichas apreciaciones. Todo surge como consecuencia de la participación del ex jefe de la Casa del Rey en los cursos de La Granda que comenzaron el pasado 23 de julio. Fernández Campo se vio obligado a suspender su conferencia inaugural por problemas de salud, padecía una neumonía. Tras recuperarse de la enfermedad se incorporó con más energía que nunca y las reacciones no se han hecho esperar.

Por un lado, el premio Príncipe de Asturias de Economía Juan Velarde junto con el filósofo Gustavo Bueno (autor de Zapatero y el pensamiento Alicia. Un presidente en el País de las Maravillas ), toman partido a favor del conde de Latores. Dichos intelectuales defienden que "las autonomías son el error de la Constitución". Velarde habla sin tapujos: "Las autonomías rompen el mercado y el Estado no puede funcionar con esa espada de Damocles". Por su parte, Bueno dedica un amplio capítulo de su libro a abordar el tema y la ambigüedad de la palabra autonomía identificada con nacionalidades.

En cuanto a las facultades del Rey, Bueno considera que "el Rey debe intervenir cuando tiene fuerza" y aclara que ahora tiene poco poder. Mientras que Velarde opina: "Mejor dejemos las cosas como están…".

Por otro lado, el veterano general expresa su preocupación por el revisionismo histórico que exalta el republicanismo. Sabino rememora los años vividos en la II República y recuerda que desembocó en una guerra civil. A la postre, aconseja dar a la juventud una información fidedigna de lo ocurrido. El profesor Bueno dedica en su libro un capítulo a Franco y explica que la República no fue una Caperucita Roja que llevaba alimentos a su abuelita España y que el lobo no se tragó a la nación española.

Progreso espectacular de las "provincias polvorientas"

En el otro lado de la balanza, el catedrático de Derecho Constitucional Francisco Bastida defiende que "el café para todos sirvió para aliviar las tensiones y fue ideado por la derecha". El jurista considera que "el Rey no tiene ninguna legitimidad democrática para influir en política, aunque vaya en contra de su ideario". Ramón Punset, también catedrático de Derecho Constitucional, defiende igualmente la organización territorial autonómica al considerar que: "Las viejas provincias polvorientas han tenido un progreso espectacular". Respecto al papel del Monarca es "mediar, aconsejar, ayudar, apoyar y sugerir…", según el experto.

En medio del debate surge la voz conciliadora de León Francisco Sosa Wagner quien da parte de razón a ambos bandos. El catedrático de Derecho Administrativo considera que aunque el estado autonómico no fue un error, en la actualidad es mal interpretado y no está de acuerdo con las reformas estatutarias.

martes, 7 de agosto de 2007

Vacaciones en Mallorca

Posado de la Familia Real al completo en Mallorca. (Vídeo de Antena 3 TV).

jueves, 2 de agosto de 2007

El Rey y Zapatero despachan en Marivent

Zapatero y Don Juan Carlos se saludan en Palma de Mallorca. (Foto: EFE)
 
AGENCIAS

PALMA DE MALLORCA | BARCELONA.- El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el Rey Juan Carlos se han reunido en el Palacio de Marivent, en Palma de Mallorca, para repasar la actualidad nacional e internacional, con especial atención a los incendios forestales en las islas Canarias y el gran apagón que sufrió Barcelona hace 10 días.

El jefe del Ejecutivo se trasladó a la residencia estival de los Reyes procedente de la base aérea de Son Sant Joan, donde previamente se reunió con el presidente de Baleares, Francesc Antich.

A su llegada a Marivent, el jefe de la Casa del Rey, Alberto Aza, acompañó a Zapatero hasta la entrada del Palacio, donde fue recibido por Don Juan Carlos. Ambos posaron para los medios gráficos en las escaleras durante unos minutos y después accedieron al interior.

Estaba previsto que el presidente del Gobierno ofreciera una conferencia de prensa al término de la reunión, pero ésta ha sido anulada.

Se trata del primero de los dos despachos que celebran habitualmente en verano los jefes del Estado y del Ejecutivo. El segundo se celebrará previsiblemente a finales de agosto.

miércoles, 1 de agosto de 2007

El Rey pone a punto el nuevo 'Bribón'

El Rey toma el timón al inicio de una jornada marinera. Foto: QUECA CAMPILLO

El Periódico
 
•  Don Juan Carlos estrena en Mallorca la 15° versión del velero de competición, un prodigio construido en Valencia
 
Las fotos que suelen aparecer publicadas del Rey a la caña del Bribón están tomadas desde tierra u otra embarcación. Las que componen este reportaje, no. Son imágenes captadas a bordo del nuevo barco del Rey, el Bribón XV, que Don Juan Carlos ha estrenado este año. El velero es un Transpac 52 (TP52), la modalidad que ha recibido el apelativo de ser la fórmula 1 del mar.
Los TP 52 son barcos grandes, rápidos y relativamente fáciles de navegar, aunque conseguir el rendimiento óptimo resulta muy difícil. Muchos años llevaba el Rey intentando situar su Bribón en los primeros puestos de las competiciones náuticas. Tras examinar las causas junto al armador, José Cusí, se tomó la decisión de construir un nuevo barco capaz de competir con los mejores TP52. Era triste tener que jubilar al antiguo, que no llevaba dos años en el mar, pero no se podía esperar más. La tecnología también se ha instalado en los veleros y un detalle marca la diferencia.
La valentía ha dado sus frutos a juzgar por los resultados. El nuevo Bribón XV fue botado solo 13 días antes del comienzo de la Breitling Medcup, circuito que reúne a los mejores veleros de la categoría y que durante cuatro meses recorren las aguas del Mediterráneo en las distintas regatas oficiales. Cuatro ensayos, un comienzo dubitativo y un resultado espectacular. Ganador del Trofeo Alicante y liderato en la general.

En nueve semanas
Construido en tan solo nueve semanas, tiempo récord, en el astillero King Marine de Valencia, la base del Bribón XV es de sandwich de fibra de carbono, lo que permite, a pesar de su gran tamaño --15,85 metros de eslora y más de 7.000 kilos de peso-- una gran facilidad de movimiento.
A bordo, la navegación es una delicia. Si el viento, además, es favorable, el rendimiento todavía es mayor. Y es que el estudio Judel-Vrolijk ha optimizado el diseño de este nuevo barco para navegar con viento entre 12 y 15 nudos de intensidad y adaptado a las condiciones de la ola del Mediterráneo.
Cualquier pequeño contratiempo puede suponer la pérdida de una prueba. Todas las mañanas, antes del comienzo de la regata, se reúnen en torno a la mesa los encargados de las velas --en total es obligatorio contar con 25 velas, la mayor de ellas no puede superar los 91,51 metros cuadrados-- y el director de táctica.
Terry Hutchinson, tras analizar el parte meteorológico, decide con los trimmers --Ignacio Triay, Lars Borgström y Hartwell Jordan-- qué velas suben al barco y cuáles se quedan. "Es como elegir el tipo de ruedas en un coche de fórmula 1 pero con diferencias. Las carreras se pueden parar si llueve y cambiar el neumático. Aquí si sopla más viento del que se anunciaba puedes perder mucho tiempo. Es más emocionante", asegura Triay, para quien la tripulación es fundamental.
Y es que las características de los TP52 no permiten grandes innovaciones. Tras la buena participación del Bribón XV en Alicante, llegó la 13ª regata Breitling disputada hace apenas dos semanas en Puerto Portals. Allí, Juan Carlos conoció el nuevo barco, al que examinó y dio el visto bueno. El primer día no fue muy bien ya que al concluir las tres primeras mangas solo consiguieron el 15° puesto. En esa ocasión, el Caixa Galicia hizo un trabajo perfecto.

Cuarta posición
Los ajustes y el buen trabajo en días posteriores de la tripulación, formada además por Marcel Van Triest; Antonio Cuerva, Gabriel de Llano y Pablo Arrarte controlando los molinillos de la cuerda; Romain Trouble en la proa; Fabrice Blondel en el mástil; y Pablo Braquehais y Alberto Viejo, en el piano, permitieron al Bribón remontar hasta concluir sexto. En la general del circuito, bajaron al tercer lugar. No hay tiempo para las lamentaciones. La Copa del Rey, incluida en la Breitling Medcup, arrancó para los Transpac 52 ayer. El lunes, en la jornada de entrenamientos, el barco patroneado por el Rey llegó primero. Los resultados de ayer lo sitúan en cuarto lugar. El desenlace, en el Trofeo de Hyères, Francia, en septiembre.
 

martes, 31 de julio de 2007

Vacaciones de la Familia Real

 
Reporta fotográfico de El País sobre las vacaciones de la Familia Real
 
 
 

El bautizo de mar de Sofía

La Princesa de Asturias sostiene a la pequeña Sofía en sus brazos. (Foto: REUTERS)
 
EFE

PALMA DE MALLORCA.- La Infanta Sofía, la segunda hija de los Príncipes de Asturias, ha vivido este martes, recién cumplidos los tres meses, su primer paseo en barco en aguas de la bahía de Palma.

El bautizo de mar de la pequeña se ha producido a bordo del barco 'Somni', donde viajaba con su abuela, la Reina, su madre, la Princesa de Asturias, y su hermana mayor, Leonor, de 22 meses.

Doña Sofía y la Princesa y las dos hijas de ésta se trasladaron en barco a varias millas de la costa de Palma para presenciar la regata de la segunda jornada de la XXVI Copa del Rey de Vela en la que participan el Rey, en el velero 'Bribón', y Felipe de Borbón, embarcado en el 'CAM'.

Antes de que empezara la prueba, que se retrasó alrededor de una hora, el 'Somni' se acercó al campo de regatas.

En la bañera del barco estaban sentadas la Reina y la Princesa, vestidas con los polos de la competición, y pendientes de la Infanta Leonor que, atenta a todo lo que ocurría a su alrededor, se quitaba constantemente la gorra rosa que le protegía del sol.

Letizia Ortiz, al ver las embarcaciones en las que iban algunos medios de comunicación, entró en el camarote y salió con la pequeña Sofía en brazos. Estaba completamente dormida. Ni el sol, ni las olas, ni la expectación que causó la consiguieron despertar. Parece que el nombre del barco, 'Somni', sueño en catalán, hizo efecto en la pequeña.

La Princesa estuvo pendiente en todo momento de su segunda hija, a quien evitaba que le diera el sol y le colocaba el gorrito blanco que la protegía. A su lado, la Reina hacía lo mismo con Leonor, que seguía quitándose el suyo.

Esta es la tercera vez que se ve públicamente a la Infanta Sofía, y la primera del verano mallorquín, después de las imágenes del bautizo en el Palacio de la Zarzuela, el pasado 15 de julio, y su presentación el 4 de mayo en las puertas de la clínica madrileña donde nació el 29 de abril.

Junto al 'Somni' pasó el 'CAM', con el Príncipe a la caña. Don Felipe saludó con la gorra en la mano a sus hijas, su esposa y su madre. También se acercaron a ver al Rey que, a los mandos del 'Bribón', se preparaba para el comienzo de la regata.

domingo, 29 de julio de 2007

Boda en la Familia Real Inglesa

Habemus boda en Buckingham Palace, pero no es uno de los hijos de Carlos de Inglaterra quien pasa por el altar, sino su primo Peter Phillips, hijo de la princesa Ana de Inglaterra. El joven contraerá matrimonio con su novia canadiense Autumm Kelly, de 31 años, según ha informado la casa real británica, que todavía no ha confirmado la fecha del enlace. Peter Phillips, de 29 años y nieto mayor de la Reina, conoció a su novia, de 31, durante el Gran Premio de Fórmula Uno de Montreal del 2003, y actualmente vive con ella en una cabaña en los terrenos de la residencia campestre de su madre, en Gloucestershire.

sábado, 28 de julio de 2007

Nuevo récord de Isabel II

Nuevo récord de Isabel II
 
Asus 81 años, la Reina de Inglaterra sigue acumulando récords. Es el primer Monarca reinante en poder celebrar el sexagésimo aniversario de su boda. Aunque aún quedan unos meses hasta la fecha del 20 de noviembre, Su Majestad ha querido anticiparse a la fecha con una exposición en el Palacio de Buckhingham, abierto en verano a los visitantes, con el vestido y las joyas que llevó en aquella ocasión y parte de regalos que recibió.
La tiara real puede no ser muy del agrado de alguna fotógrafa norteamericana, de acuerdo con las palabras que recientemente tuvieron Isabel II y Annie Leibovitz, pero la Reina guarda un especial aprecio hacia la que sostuvo en la cabeza el día de su boda, cuando tenía 21 años. Hecha de diamantes que pertenecieron a la Reina Victoria, fue uno de los regalos que recibió de la Reina Madre para el casamiento.
En una vitrina, la tiara corona un velo de cuatro metros, inspirado en un dibujo de Botticelli sobre la Primavera y que pretendía simbolizar el renacimiento después de la guerra, algo muy apropiado para aquel 1947.
El velo cubre parte del vestido de novia, un rico tejido de seda adornado por Normal Hartnell, modisto de la Corte desde 1938, con pequeños cristales y diez mil diminutas perlas. Junto a él está el uniforme de teniente de la Royal Navy llevado por el príncipe Felipe, tal como ambas figuras aparecieron en aquel día ante el altar de la Abadía de Westminster.
La entonces Princesa Isabel fue obsequiada con 2.500 presentes, no todos objetos de oro y plata. Entre los regalos había 500 cajas de piñas, una lavadora eléctrica, una nevera, 76 pañuelos, 30 bufandas, 148 pares de medias, 38 bolsos, 24 pares de guantes y 16 camisones. Pero la exposición se ahorra tan prosaicos agasajos para centrarse en objetos de mucho más valor, entregados por personalidades como Mahatma Gandi, el Papa Pío XII, el presidente chino Chiang Kai Chek y el presidente norteamericano Harry S. Truman: porcelanas, broches, pendientes y alguna que otra tiara más.
No sólo es un recuerdo de lo material. La muestra también contiene vídeos documentales de la boda, que reflejan el entusiasmo popular con que se celebró.
«No podemos encontrar palabras para expresar lo que sentimos, pero al menos podemos ofrecer nuestro agradecimiento a los millones de personas que nos han dado este inolvidable acompañamiento en la entrada de nuestra vida matrimonial», dijo la Princesa Isabel cuando partía de luna de miel con su esposo hacia la residencia escocesa de Balmoral.
POR EMILI J. BLASCO
AP

lunes, 23 de julio de 2007

Fallece el último rey de Afganistán, Mohamed Zahir Shah

AGENCIAS

KABUL.- El último rey de Afganistán, Mohamed Zahir Shah, ha fallecido a los 92 años de edad a consecuencia de una larga enfermedad, anunció el presidente del país, Hamid Karzai.

Karzai lo ha anunciado en una rueda de prensa convocada por sorpresa sin especificar razón alguna.

Shah reinó en Afganistán desde 1933 hasta que fue destronado en 1973 por un golpe de Estado. A partir de ese momento se exilió en Italia hasta 2002, momento en que regresó a su país tras el derrocamiento del régimen talibán.

De la gran asamblea de consejeros, la Loya Yirga (asamblea de notables), recibió el título de "padre de la nación", pero en los últimos años el ex monarca no desempeñó ningún papel a nivel político y siempre dejó claro que no deseaba una restauración monárquica.

El rey Zahir desempeñó un importante papel al aglutinar a varios sectores de la población afgana implicados en la reconstrucción del país tras la caída del régimen talibán.

De etnia pastún, al igual que los talibanes, Mohamed Zahir Shah nació el 15 de octubre de 1914 en la capital afgana, donde cursó estudios, además de en Francia.

Con tan sólo 19 años accedió al trono después de que su padre, Nadir Shah, que sólo reinó tres años, fuera asesinado en 1933 por un estudiante hazarí.

El rey Zahir abrió una etapa de modernización tras la Segunda Guerra Mundial, en la que Afganistán fue un país neutral, y durante su reinado se promulgó la primera Constitución de la historia del país , que se aprobó en 1964.

El 17 de julio de 1973, mientras se encontraba en Italia recibiendo atención médica, el monarca fue derrocado por un golpe de Estado orquestado por su primo y cuñado, el ex primer ministro Mohammed Daud .

Daud proclamó la República y expulsó al rey, que se tuvo que exiliar en Roma y abdicar un mes más tarde.

Permaneció en el exilio italiano hasta 2002, cuando regresó a Kabul para inaugurar de la Loya Jirga que escogió a Hamid Karzai como presidente del país.

Casado con Homaira Shah, tuvo nueve hijos.

domingo, 15 de julio de 2007

El pasado regresa (El Rey, intérprete de la Nación)


ES característico de la política frívola desatender el pasado inmediato, ignorarlo, para crear la virtualidad de una felicidad social recuperada y sólida. Tal hace el Gobierno de Rodríguez Zapatero al esquivar, no sólo el enfrentamiento a los problemas más trágicos que surgen en el devenir colectivo, sino también las efemérides que nos explican como sociedad democrática. Escribió Ortega en La rebelión de las masas que «el pasado es por esencia revenant. Si se le echa, vuelve, vuelve irremediablemente. Por eso, su única auténtica separación es no echarlo. Contar con él. Comportarse en vista de él para sortearlo, para evitarlo. En suma, vivir a la altura de los tiempos con hiperestésica conciencia de la coyuntura histórica». El filósofo aconseja vivir, pues, con una conciencia sensible y dolorosa del momento presente y encarar lo que sucedió como condicionante de lo que ahora somos y nos ocurre.
Hace diez años se produjo el asesinato más bestial de los perpetrados por la banda terrorista ETA. Aquel crimen se comportó como una muesca imperecedera en la historia reciente de España y, sin embargo, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha acomodado su agenda evitando la «hiperestésica conciencia de la coyuntura histórica» y se ha hecho invisible e inaudible en la rememoración -diez años ya- del brutal atentado contra Miguel Ángel Blanco. Mientras buena parte del Gabinete se solazaba en Galicia a propósito del lanzamiento -mera repetición de otro anterior incumplido- de un paquete de medidas tecnológicas, Ermua recordaba -con los socialistas lejos de la familia de la víctima y sin representación del Ejecutivo- al joven que ETA asesinó el 12 de julio de 1997.
Y he aquí que cuando la omisión institucional horadaba la moral democrática de millones de ciudadanos, aparece el Rey y, de nuevo, interpretando a la Nación, con el lenguaje que la gente entiende y quiere que se emplee, recuerda el terrible evento «con especial emoción» volviendo a condenar el «muy cruel y cobarde asesinato» perpetrado a manos «de la execrable barbarie terrorista». No es una casualidad que el Jefe del Estado -dotado de un particular sentido de la oportunidad propio de un estadista- venga a cubrir la banalidad de determinada clase política. Cuando la adscrita al socialismo de Rodríguez Zapatero desmantela la Transición democrática y todos sus valores, Don Juan Carlos sale al paso para, también en nombre de la Nación, pronunciar el pasado 14 de junio un memorable discurso en el que reivindica de esta forma todo lo que ahora muchos ponen en almoneda: «La voluntad de armónica convivencia en libertad y concordia para poder edificar un futuro mejor y para todos marcó la adopción de nuestra Constitución. Una Constitución para una gran Nación. Una Constitución moderna, producto del más amplio consenso logrado entre los españoles y que nos ha proporcionado el más largo período de estabilidad, progreso y prosperidad en libertad de nuestra compleja historia constitucional».
Frente a los que con desprecio de las previsiones constitucionales reclaman del Rey comportamientos inadecuados que incluirían injerencias reales en las políticas gubernamentales, Don Juan Carlos cumple su misión ejerciendo la función de conciencia crítica de la sociedad española mediante el manejo de conceptos políticos y morales permanentes -Constitución, libertad, Nación, barbarie terrorista-, y con mensajes de oportunidad que se comportan como referencias pasadas -sean las primeras elecciones democráticas, sea el asesinato de Miguel Ángel Blanco- que sirven para aleccionar a políticos y ciudadanos. Este estatuto de la Jefatura del Estado -imposible si fuese España un Estado republicano- convierte al Rey en el intérprete de la Nación que encuentra en su persona y en la de los miembros de la Familia Real -en particular en los Príncipes de Asturias cuya segunda hija, la Infanta Sofía, será bautizada hoy- el alivio al peor de los sectarismos y el sosiego frente a la tergiversación y el maniqueísmo político que nos estrangula.
Cuando el sistema político entero parece atacado de una provisionalidad alarmante, mientras la cohesión interna se cuartea con iniciativas legislativas que quiebran principios de eficiencia y de solidaridad -véase la Agencia Tributaria de Cataluña-, cuando desde la tozudez roma se insiste en reformular iniciativas fracasadas -Ibarretxe persiste en su «plan», por ejemplo-, mientras la colisión social se produce en unos términos históricamente inéditos en democracia -la Iglesia contra el Gobierno y éste contra aquella- y, en fin, cuando las palabras se emplean como coartadas y rompen el pacto de entendimiento que el lenguaje incorpora, el Rey se proyecta -así lo prevé la Constitución- como «símbolo de la unidad y permanencia del Estado». Y, sorteando cualquier modo de partidismo, Don Juan Carlos encarna en su actitud y traslada con sus palabras un nítido recado de estabilidad y de vigilancia sobre la única ortodoxia política que nos puede rescatar de la confusión: la exactitud de los conceptos, la advertencia sobre nuestros éxitos, el lamento acerca de nuestros fracasos pasados y el recuerdo de lo que debemos hacer y cómo debemos comportarnos para que el mal pretérito no regrese y nos envuelva otra vez en hostilidades y enfrentamientos estériles.
Hubo un tiempo -los años ochenta- en los que se teorizó acerca de la legitimidad de ejercicio que acumulaba la figura de Don Juan Carlos a propósito de su decisivo papel en el frustrado golpe de Estado de 1981. Tal debate académico traía causa de una supuesta insuficiencia de legitimación que sometería a la Corona a una cierta fragilidad. Aquel debate se superó y, aunque algunos recalcitrantes suponen que el Rey o el Heredero deben opositar a la Jefatura del Estado de manera constante, lo cierto es que cuando el sistema de 1978 ha entrado en una forma de crisis progresiva y el socialismo gobernante manifiesta sin recato su malestar hacia la transacción sobre la que se basó el pacto constitucional, la Monarquía parlamentaria emerge como la máxima garantía de solidez del sistema y como ultima ratio de la conciliación nacional.
El Rey -en tanto que institución- incorpora precisamente la memoria histórica colectiva porque al hilo de los avatares de la Corona -que hoy abraza a todas las opciones políticas y sirve a la causa nacional del entendimiento y la unidad- se puede seguir y comprender el relato de España en su totalidad, sea en sus sombras como en sus luces. La Monarquía es el espinazo nacional y el Rey el intérprete de la Nación, porque cuando todo pasa -y en democracia, lo contingente fluye y se desvanece- permanece la Corona.
España no se rompe, la Nación no es discutible, el terrorismo es barbarie y vivir a la altura de los tiempos con «hiperestésica conciencia de la coyuntura histórica», como aconsejaba Ortega hacerlo, son afirmaciones que, hoy por hoy, nos remiten a la Jefatura del Estado que con perspicacia, reflexión y sensatez está cumpliendo su función constitucional, consiguiendo así que el Monarca se mimetice con el Estado al lograr lo que el filósofo madrileño afirmaba -también en La rebelión de las masas- al escribir que «El Estado es, en definitiva, el estado de la opinión: una cuestión de equilibrio, de estática». Y es difícil discutir que es el Rey el que sintetiza el «estado de la opinión» en ejercicio derivado de sus funciones constitucionales. Afortunadamente.
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS
Director de ABC

La Infanta Sofía recibe el bautismo en los jardines del Palacio de La Zarzuela

Los Príncipes, con sus hijas y la Reina.(Foto: POOL)

ELMUNDO.ES | AGENCIAS

MADRID.- La segunda hija de los Príncipes de Asturias y octava nieta de los Reyes la Infanta Sofía ha sido bautizada en los jardines del palacio de la Zarzuela con su abuela materna, Paloma Rocasolano, y Konstantin de Bulgaria, Príncipe de Vidin, como padrinos.

Los Reyes y el resto de la Familia Real, así como más de un centenar de invitados asistieron a la ceremonia, que ha sido oficiada por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela.

Sus padrinos han sido la madre de Doña Letizia, Paloma Rocasolano, y el príncipe de Vidin, Konstantin-Assen, hijo de Simeón de Bulgaria, quien fuera primer ministro de la República, informó la Casa Real.

Doña Letizia, que tuvo durante todo el acto a su hija en brazos, la estrechó con ternura y le acarició al tiempo que tuvo que atender a su hija mayor que, un par de veces, intentó ocupar el lugar de su hermana.

La Infanta Elena, que estuvo junto a la Princesa de Asturias y acompañada por su hija Victoria Federica, tuvo detalles muy cariñosos tanto con Doña Letizia, como con su sobrina.

Felipe Juan Froilán Marichalar y Borbón, muy consciente de ser el nieto mayor de Don Juan Carlos y Doña Sofía, permaneció serio y atento durante el bautizo de su prima más pequeña.

La ceremonia de bautismo de Sofía de Todos los Santos ha durado aproximadamente 45 minutos y ha culminado con una celebración privada de la familia y los amigos invitados.

Sesión fotográfica previa

Justo antes del oficio religioso, los familiares de la pequeña Sofía posaron en una sesión fotográfica para el álbum familiar.

Tras las fotos, los Príncipes de Asturias se acercaron a conversar con los periodistas y enseñarles a la niña, la segunda aparición pública desde que salió de la clínica donde nació el pasado 29 de abril.

La Infanta Sofía, con unos ojos azules muy abiertos, posó en brazos de su madre, la Princesa Letizia quien dijo que la pequeña pesa más que su hermana Leonor, la primogénita de los Príncipes.

Durante la sesión fotográfica, Leonor estuvo pendiente de su hermana mientras la sostenía en brazos, primero su padre, Don Felipe, y después su abuela, la Reina Sofía.

Los Reyes y los Príncipes recibieron en el salón a las principales autoridades del Estado invitadas al bautizo encabezadas por la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega; los presidentes del Congreso, Manuel Marín, y del Senado, Javier Rojo; así como los del Tribunal Constitucional, María Emilia de las Casas, y del Supremo, Francisco Hernando, además del equipo médico que atendió a Doña Letizia en el alumbramiento.

Como ocurrió en el bautizo de su hermana, la Infanta Leonor, primogénita de los Príncipes de Asturias, el arzobispo castrense, monseñor Francisco Pérez González, auxilió a Rouco Varela durante la ceremonia.

El bautizo ha reunido a la Familia Real al completo, la familia de los Reyes y de la Princesa de Asturias, así como una amplia representación de las altas instituciones del Estado, autoridades de la Casa de su Majestad y el personal médico que atendió a Letizia en el parto, encabezado por el doctor Luis Recasens.

Sólo cambia el lugar

La Infanta Sofía ha recibido el bautismo con dos meses y medio de vida, la misma edad con la que fue bautizada su hermana a las 13:10 horas del 14 de enero de 2006.

Su hermana la Infanta Leonor fue bautizada en el vestíbulo de la residencia de los Reyes, como ocurrió con el Príncipe de Asturias el 8 de febrero de 1968, y las Infantas Elena y Cristina. En esta ocasión, y debido también a que el verano lo permite, la Infanta Sofía recibe las aguas traídas del río Jordán por los monjes agustinos en los jardines de Zarzuela, igual que sus primos Miguel e Irene, hijos de los Duques de Palma.

La Infanta viste el traje de cristianar que fue utilizado para los bautizos del Rey, el Príncipe de Asturias y las Infantas Leonor, Elena y Cristina, además de los otros seis nietos de los Reyes.

martes, 19 de junio de 2007

El bautizo de la Infanta Sofía será el domingo 15 de julio en el Palacio de la Zarzuela

EFE

MADRID.- La Infanta Sofía, segunda hija de los Príncipes de Asturias y octava de los nietos de los Reyes, será bautizada el domingo 15 de julio en el Palacio de la Zarzuela, con Paloma Rocasolano, abuela materna, y Kostantin de Bulgaria, príncipe de Vadin, como padrinos.

Como ya ocurrió con su hermana mayor, la Infanta Leonor, que nació el 31 de octubre de 2005 y fue bautizada el 14 de enero de 2006, el encargado de cristianar a la niña será el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, en una ceremonia estrictamente familiar, que tendrá lugar por la tarde.

La niña, que nació el pasado 29 de abril, llevará el faldón que vistieron su abuelo, el Rey; su padre, Don Felipe; sus tías, las Infantas Elena y Cristina; y su hermana.

Recibirá el sacramento en la pila de Santo Domingo de Guzmán con agua del río Jordán.

domingo, 17 de junio de 2007

Miles de personas aclaman a Isabel II en la celebración oficial de su 81 cumpleaños

La reina de Inglaterra y su familia observan una exhibición aérea desde el balcón principal del palacio de Buckingham. Foto: AP / ALASTAIR GRANT
 
EFE
LONDRES

Miles de personas han aclamado hoy en Londres a la reina Isabel II en la celebración de sus 81 años, que consistió, como manda la tradición, en un colorido desfile militar que culminó con una vistosa exhibición de aviones de guerra.

Aunque la soberana nació un 21 de abril, su cumpleaños se festeja de manera oficial un sábado de junio para aumentar las posibilidades de que haga un buen día, de modo que el público pueda ser partícipe.

El impredecible clima londinense se portó bien con la Reina durante casi toda la ceremonia, que terminó, sin embargo, bajo una lluvia torrencial.

1.100 soldados

Unos 1.100 soldados participaron en la parada conocida como Trooping the Colour (Agrupamiento de los colores), que data del siglo XVIII, cuando se ordenaban los soldados, antes de la batalla, por banderas o colores según su rango.

La Reina, la monarca más longeva de Europa, ha asistido anualmente a ese acto solemne durante sus 55 años de reinado a excepción de 1955, cuando se suspendió por una huelga nacional.

Isabel II, junto a su esposo, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, hizo el tradicional recorrido por el Mall -la señorial calle que une la plaza de Trafalgar y el palacio de Buckingham- en un faetón de marfil que data de 1842.

Ataviada con un traje de color lima a juego con un sombrero, Isabel II recorrió el Mall acompañada por detrás de otros miembros de la Familia Real.

Carlos y Ana, a caballo

A caballo y uniformados escoltaban a la soberana dos de sus hijos, el príncipe Carlos -heredero al trono- y la princesa Ana, así como su primo, el duque de Kent.

También siguieron los movimientos de Isabel II el príncipe Guillermo, hijo mayor de Carlos, que vistió de uniforme (no en vano es subteniente del Ejército); Camilla Parker Bowles, segunda esposa del heredero a la Corona; el príncipe Andrés (tercer hijo de la Reina) y sus dos hijas, las princesas Beatriz y Eugenia.

Sin el príncipe Enrique

La ausencia más notable fue la del príncipe Enrique, también subteniente del Ejército, que se encuentra de maniobras en Canadá.

Atravesado el Mall, la comitiva llegó al palacete de la guardia montada, el Horse Guards Parade, donde la Reina pasó revista a los 1.100 soldados que participaron en el Trooping the Colour vestidos con uniforme de gala y el típico morrión negro.

Blair y Thatcher

Entre los dignatarios que asistieron al acto destacaron el primer ministro británico, Tony Blair, y su esposa, Cherie; la ministra de Asuntos Exteriores, Margaret Beckett, y la exjefa de Gobierno conservadora Margaret Thatcher.

Después de la ceremonia, la Familia Real regresó al palacio de Buckingham para saludar desde el balcón principal a la multitud, que ovacionó a la Jefa de Estado agitando banderitas británicas.

A continuación, la realeza y el gentío alzaron la vista para contemplar el vuelo de aviones de la Fuerza Aérea Británica, aunque la lluvia torrencial que ya caía sobre Londres acabó desluciendo la ceremonia.


jueves, 14 de junio de 2007

El Rey pide «cohesión y unidad» para acabar con la lacra del terrorismo

El Rey Juan Carlos ha pedido hoy en el Congreso, durante la celebración del trigésimo aniversario de las elecciones de 1977, "diálogo sincero" y la necesaria "cohesión y unidad" para alcanzar un objetivo "tan vital" e "irrenunciable" como es acabar con la "abominable lacra" del terrorismo.
Don Juan Carlos ha cerrado con sus palabras la conmemoración del trigésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas tras el franquismo, el 15 de junio de 1977, en un acto celebrado en el Congreso de los Diputados, donde el Rey ha acudido acompañado por la Reina y el Príncipe.
Los Reyes y don Felipe fueron recibidos a su llegada por el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero; los presidentes del Congreso, Manuel Marín, y del Senado, Javier Rojo, así como los portavoces y miembros de las mesas de ambas cámaras.
En su discurso, don Juan Carlos se refirió a la situación creada tras la ruptura de la tregua por parte de ETA y no dudó en dirigirse a los centenares de invitados para lanzar un nítido mensaje: "El futuro depende de nosotros".
"Tenemos la capacidad de conducir y liderar el camino hacia un futuro cada vez mejor", sostuvo el Monarca, quien animó a "buscar la unidad y el entendimiento, basados en el diálogo sincero" ante las grandes cuestiones que afectan al Estado, entre ellas el terrorismo.
Advierte sobre las divisiones
Recordó en este sentido el deber moral contraído con las víctimas y sus familiares y advirtió de que "divisiones y desencuentros no pueden ser compañeros de ruta de una gran Nación como España".
La transición política, continuó, es ejemplo "para el mundo" y "estímulo" de los propios españoles, que "siempre respaldarán a sus instituciones y Fuerzas de Seguridad en esa lucha".
Treinta años después de aquellas primeras elecciones, el Rey sigue creyendo con todas sus "fuerzas" "en España y en los españoles", así como en el valor "de presente y de futuro" que representa "el preciado marco de convivencia" que sustenta la Constitución.
Al hilo de lo anterior, expresó su confianza en el futuro amparado por la Carta Magna, "en el que todos tienen su lugar", que debe ser generoso y solidario y que alcance a todos los ciudadanos en todos los pueblos, ciudades y comunidades autónomas.
Elogio especial a Adolfo Suárez
Tuvo también palabras de elogio para los principales actores de la transición, cuyo legado, añadió, "ha permitido evitar duros y estériles enfrentamientos en el normal desarrollo" de la vida política española. Hizo mención especial en este capítulo a la "destacada labor y personalidad" del ex presidente Adolfo Suárez, lo que levantó emotivos aplausos por parte de los asistentes.
Con anterioridad, Manuel Marín ensalzó en su intervención la figura del Rey en la transición española, porque, argumentó, don Juan Carlos abanderó el deseo de libertad y democracia que ambicionaban los españoles.
Después de que se proyectara un vídeo sobre el papel de la Corona en la recuperación de la democracia, Marín justificó este homenaje en la necesidad de recordar lo que se hizo "entre todos" y, "por méritos propios", lo que hizo la Corona y el Rey. "Felicidades, don Juan Carlos", dijo el presidente de la Cámara Baja, quien también homenajeó a los miembros de las Cortes Constituyentes, a los políticos de aquella generación y a la forma de hacer política "en aquellos momentos tan difíciles".
La lluvia obligó a cambiar la agenda
Pese a que Marín se encomendó a Santa Clara -a la que envió dos docenas de huevos y una limosna de 80 euros- para que la meteorología acompañara y la ceremonia pudiera celebrarse en la plaza de las Cortes, tal y como estaba programado, la lluvia no tuvo clemencia y cayó en Madrid durante toda la tarde.
Eso obligó a modificar a última hora los planes, de manera que los centenares de invitados se acomodaron en el hemiciclo del Palacio del Congreso, desde donde pudieron seguir por pantallas de televisión el recorrido que los Reyes y el Príncipe de Asturias efectuaron por la exposición "Prensa y Parlamento. 1977-2007".
Ya en el Salón de Pasos Perdidos del antiguo Palacio, saludaron al único ex presidente del Gobierno que asistió, Leopoldo Calvo Sotelo, así como a los ex presidentes del Congreso y del Senado, a los 7 ponentes de la Constitución y a los 17 parlamentarios de la actual legislatura que lo fueron también en la Constituyente.
Entre los cerca de 600 invitados se encontraban protagonistas de la transición y de las primeras elecciones democráticas tras 40 años de dictadura, como Manuel Fraga, Alfonso Guerra, Miquel Roca, Santiago Carrillo o Marcelino Camacho.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Tres años de la boda de los Príncipes

 
Reportaje fotográfico de El Mundo

El Rey, elegido el «español de la Historia»

El rey Don Juan Carlos ha sido elegido esta noche, entre 100 personalidades, como "el español de la historia", en una lista en la que se encuentra acompañado, entre los diez primeros puestos, por su mujer, la reina Doña Sofía y su hijo, el Príncipe Don Felipe.
La Monarquía ocupa, según esta encuesta realizada a más de 3.000 ciudadanos y presentada anoche en el programa de Antena 3 TV "El español de la historia", un puesto más que destacado en la historia de España, hasta el punto de situar, entre los siete primeros puestos a los reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía, y a su hijo, Don Felipe.
En este sentido, destacan también la reina Isabel la Católica, situada en el puesto número 11, Doña Letizia en el 15 o Alfonso X el Sabio en el 18.
Los primeros diez puestos de la encuesta, presentada por los periodistas Matías Prats y Susana Griso, señalan, asimismo, la importancia que los españoles han otorgado a personajes clave de la Transición democrática, como el propio rey o los ex presidentes del Gobierno Adolfo Suárez, en 5º puesto, y Felipe González en el número 10.
También el mundo de las artes está representado en los primeros puestos con el autor del libro más conocido de la literatura española, Miguel de Cervantes, en el puesto número 2, y uno de los pintores más conocidos y reconocidos fuera de nuestras fronteras, Pablo Picasso, en el número 8.
En tercer puesto, la persona a la que debemos el descubrimiento de América, Cristóbal Colón, en el 6º el científico y premio nobel Ramón y Cajal, y en el 9º la escritora santa Teresa de Jesús.
El mundo de la política ha tenido una representación importante en esta lista de "el español de la historia". Así, vemos cómo varios presidentes del Gobierno han sido, para los españoles, algunas de las personas más importantes de nuestra historia.
El más votado de ellos: Adolfo Suárez, primer presidente de la democracia, que, en palabras del ex ministro de Defensa José Bono, "supo llevar a cabo la Transición democrática esquivando los ataques de sus adversarios, que no siempre fuimos templados".
Tras él, Felipe González en el número 10, por delante de su compañero de partido, el actual jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, en el número 16 y lejos, muy lejos de su sucesor en el Gobierno, José María Aznar, que se encuentra en el puesto número 36.
A la final de este peculiar concurso llegaron 50 personalidades del mundo de las artes, la ciencia, el cine, la televisión, los toros, el deporte, la empresa, la literatura y la filosofía, el espectáculo, la religión y la política, además de figuras históricas.
Poco a poco, los espectadores pudieron conocer el nombre y orden en que los 3.000 ciudadanos habían elegido al personaje más famoso de la historia de España y así, se conocieron también distintas anécdotas sobre las votaciones.
De este modo, sabemos que Dalí, que finalmente ocupó el número 14 en esta lista, fue la figura más votada en Cataluña, mientras que el rey Alfonso X el Sabio ha recibido el apoyo de los votantes más jóvenes.
En este sentido, los datos que arroja la encuesta, demuestran cómo las personas más jóvenes han preferido apoyar a personajes históricos, mientras que las personas de más edad han optado por los protagonistas de la Transición democrática.
Este programa ya se ha emitido con anterioridad en otros países europeos y en EEUU donde el ex presidente Ronald Reagan resultó ser el personaje más votado, mientras que en Francia lo fue el ex presidente Charles De Gaulle, en Alemania el canciller Konrad Adenauer, y en Portugal, acompañado de una gran polémica, el dictador Antonio Oliveira Salazar.

viernes, 18 de mayo de 2007

Despertando rencores

MANUEL RAMÍREZ
Catedrático de Derecho Político
ABC

EL 22 de noviembre de 1975, tiene lugar la solmene sesión de Cortes en la que Don Juan Carlos de Borbón asume la Corona del Reino, tal como desde antaño estaba previsto. Se han producido momentos en los que de todo ha habido: alegrías de unos, lágrimas de otros y... serenidad. Esto último constituyó el factor más importante para la gran tarea que el país afrontaba, sobre todo por la existencia y sensatez de la clase media aparecida en décadas anteriores y reacia a cualquier clase de choque violento como ocurrió en 1936. El valiente discurso del nuevo Monarca, todavía pronunciado ante los llamados procuradores de las Cortes emanadas de la hasta entonces denominada «democracia orgánica», causa lógicas molestias entre ellos. Hasta el final, muchos habían apostado por lo que precisamente el mismo Franco nunca apostó: que habría un franquismo sin Franco. El titulado «Caudillo por la gracia de Dios» sabía muy bien que «aquella gracia» (al fin y al cabo derivada del triunfo en una guerra, algo que nadie podía heredar) terminaría cuando también terminase su propia vida. De diferentes e incluso ideológicamente opuestas fuentes, es conocida la última y única petición que el falleciente hace todavía al Príncipe cuando éste le visita en el Hospital: «lo único que pido a Su Alteza es que mantenga la unidad de España». Parecía importarle poco todo lo demás. Y el ilustre visitante así lo prometió.

De aquí que el aludido discurso estuviera pensado y pronunciado para otros destinatarios: la totalidad de los españoles. Esto no empaña ni mucho menos dos importantes gestos del ya Rey. No decir nunca una palabra contra quien, a la postre, había instaurado la Monarquía en su persona y distinguir a la viuda y a la hija del fallecido con los títulos de Señora de Meirás y Duquesa de Franco, respectivamente. Aunque no lo parezca, mucho hay de afán conciliador en ambos gestos.

Y por ello, no para el pasado que no había que remover ni mucho menos continuar o resucitar, sino para aquel difícil presente y para un ilusionante futuro (son expresiones del Rey) va dirigido el contenido de sus palabras que hoy parece voluntariamente olvidado por algunos. «Que todos entiendan con generosidad y altura de miras que nuestro futuro se basará en un efectivo consenso de concordia nacional». Ha aparecido la palabra clave para lo que luego serán los hechos: concordia entre todos los españoles. Vencedores y vencidos. De dentro y de fuera. Es el momento de la reconciliación que tenía que borrar para siempre las huellas tanto de una sangrienta guerra civil, cuanto de los largos años que a ella siguieron.

A las palabras siguieron los hechos que avalaban el contenido de esta nueva etapa de nuestra historia política. Amplísima amnistía en que tuvieron su alcance los condenados por el régimen anterior. Reconocimiento, contra la voluntad de algunos, del Partido Comunista. Y, sobre todo, la figura de un hábil político llamado Adolfo Suárez que conduce el cambio sin fisuras alarmantes. No lo olvidemos: se ha sabido conectar con el deseo y el sentimiento de la mayor parte de la sociedad española. La que, en feliz término de Julián Marías, se caracterizaba, sobre todo, por su noluntad, por lo que no quería: ni vuelta atrás, ni nuevos enfrentamientos, ni nada que pusiera en peligro lo adquirido en años anteriores. Y esa gran nueva clase y ese «no querer» está muy todavía ahí, permitiendo y colaborando en el desarrollo de nuestra democracia, a pesar de sus evidentes defectos. El 18 de noviembre de 1976 se aprueba en las Cortes la Ley para la Reforma Política que suponía la autodisolución de las mismas y el camino para llegar a las elecciones de 1977 (¡misterioso silencio al cumplirse ahora los treinta años de la misma!). Muy poco después (15 de diciembre) el pueblo español respalda con muy sólida mayoría esta Ley mediante referéndum convocado al efecto. El régimen político de Franco ha terminado.

Y los españoles caminan, mirando al futuro y empeñados en el logro de una Constitución de consenso, nuevamente respaldada en otro referéndum. Y aquí hay que hacer una apostilla. Ni antes, ni durante el proceso constituyente se habló de reparar nada. En el gran pacto de nuestra transición, la revancha no podía tener lugar. Todos estaban de acuerdo. Y con esta ejemplar muestra de «asumir» (que no supone olvidar, ni dejar de investigar), se suceden las meritorias empresas con los gobiernos de UCD. El muy largo tracto de un PSOE dirigido por Felipe González que no se enfrentó con ningún sector de la sociedad a pesar de aciertos y desaciertos (lo de Maravall con la Universidad no se perdonará nunca). Y, en fin, la etapa de gobierno del Partido Popular.

Pero, de pronto, se ha vuelto a una de las nocivas constantes que tanto ha dañado siempre nuestro caminar político. La de resucitar el pasado y convertirlo en pieza de discordia en la actual contienda como arma arrojadiza. La ventura se nos torna preocupación.

Y lo que todos, repetidas veces, habían decidido dejar atrás, quizá esperando que el paso del tiempo ofreciera la necesaria distancia para un análisis desprovisto de pasiones en unos y otros, se trae a un muy peligroso primer plano. La sociedad no ha cambiado en sus auténticos deseos. Más aún: el país anda ya poblado de nuevas generaciones que hasta desconocen los detalles de un ayer con cuya resurrección nada bueno puede venir. Porque al resucitar se cae en las falsas generalizaciones y, por supuesto, en las verdades a medias. ¿A qué se ha debido el empeño en una «memoria» que todavía no tiene la entidad temporal como para ser llamada «histórica»?

La apelación a la historia no se puede hacer desde lo que todavía puede escocer y hasta dividir. Ni la historia ni la política que de ella se derive pueden tener como gestores la ira o el rencor. Por eso no estaba en el discurso regio con el que hemos comenzado estas líneas y contra el cual camina sin reparo esta vuelta atrás. Y por eso tampoco se quiso incluir en el contenido de una transición que, de haber tenido como baluarte el escudriñar en ese inmediato pasado, sencillamente no habría sido posible. Y creo que ni entonces, ni ahora. Hace falta mucho tiempo para comprender y asumir. Y ese paso del tiempo es el que traerá mesura para unos y para otros.

Como lo que aquí predico es tiempo, mesura y, sobre todo, objetividad en la valoración, no voy yo a caer en estas líneas en el recuento de lo que hicieron mal unos y otros. Sí: también otros. Y como la escalada de reproches si se hace desde esta ira y ese rencor citados, pueden no resultar fiables, vuélvase, como testimonios directos, a la lectura de «Las causas de la guerra de España» del gran Manuel Azaña o a la de «La guerra civil en la frontera» de Pío Baroja. Ambos padecieron muy de cerca, sufriendo con ello, lo que ahora quiere resucitarse sin la distancia y con el prejuicio. Y ninguno de los dos habló nunca de fascismo, totalitarismo, genocidios o llamada a la revancha. Más bien a todo lo contrario. Bien sabían que lo de asumir, incluso dejando atrás jirones de desgracias en ciudades y en pueblos (esto último poco estudiado y producto de nuestra ancestral envidia), requería algo más que talante: requería también talento. Y muy posiblemente lo segundo sea más importante que lo primero a la hora de atreverse a retomar la página de nuestro inmediato pasado. Que, claro está, puede convertirse, ¡una vez más!, en doloroso presente. Y para todos.

martes, 15 de mayo de 2007

«¡Majestad, por España, todo por España! ¡Viva España, viva el Rey!»

Una de las imágenes de la Transición que ha quedado grabada de manera más clara en la memoria de los españoles es la de Don Juan de Borbón cuadrándose ante su hijo, el Rey, e inclinando la cabeza, tras haber renunciado a sus derechos dinásticos en favor de Don Juan Carlos. Era el 14 de mayo de 1977 y treinta años después resuenan todavía las palabras con que acompañó ese gesto: «¡Majestad, por España, todo por España! ¡Viva España, viva el Rey!».
La emoción había embargado a Don Juan mientras hablaba. Su voz tembló, incluso, en algunos momentos. Un reducido grupo de personas -miembros de la Familia Real, allegados a Don Juan y representantes institucionales- asistía al acto en el Palacio de la Zarzuela, conscientes de la importancia de lo que estaban contemplando. Juan III había subrayado su amor a España y su defensa de la Monarquía en un Estado de Derecho durante treinta y seis años, desde la muerte de su padre, Alfonso XIII. Fueron años de franquismo y destierro en los que no faltó el desencuentro de Don Juan con su hijo, cuando Don Juan Carlos aceptó ser designado por Franco como sucesor de su régimen, al margen de las leyes dinásticas españolas.
Pero por encima de ello, la generosidad y el sentido de Estado de Don Juan permitió alejar cualquier tipo de sombras de legitimidad tras la proclamación de su hijo como Rey de España. Ya Don Juan había hecho saber a su hijo que, por el bien de la democracia y de la institución monárquica en España, renunciaba a sus derechos, sin ningún tipo de reservas. Pero su abdicación formal no se produjo hasta aquel acto del Palacio de la Zarzuela, al que deliberadamente las autoridades políticas, todavía presas de muchos temores al pasado, no habían querido dar un mayor relieve. Así se expresó Don Juan: «Instaurada y consolidada la Monarquía en la persona de mi hijo y heredero Don Juan Carlos, que en las primeras singladuras de su Reinado ha encontrado la aquiescencia popular claramente manifestada y que en el orden internacional abre nuevos caminos para la Patria, creo llegado el momento de entregarle el legado histórico que heredé y, en consecuencia, ofrezco a mi Patria la renuncia de los derechos históricos de la Monarquía española, sus títulos, privilegios y la Jefatura de la familia y Casa Real de España, que recibí de mi padre, el Rey Alfonso XIII, deseando conservar para mí, y usar como hasta ahora, el título de Conde de Barcelona. En virtud de esta mi renuncia, sucede en la plenitud de los derechos dinásticos como Rey de España a mi padre el Rey Alfonso XIII, mi hijo y heredero el Rey Don Juan Carlos I».
Don Juan había esperado a que se convocaran las primeras elecciones democráticas sin restricciones de ningún tipo para asegurarse de que la democracia que había preconizado durante cuarenta años se asentaba en España. Su gesto, valorado entonces desde todos los sectores políticos, fue adquiriendo grandeza con el paso del tiempo y, en numerosas ocasiones, tanto en público como en privado, Don Juan Carlos ha reconocido y agradecido la labor y la actitud de su padre, cuyos restos mortales yacen hoy en el Pudridero del Real Monasterio del Escorial a la espera de ser llevados al Panteón de los Reyes de España.

¿Una fecha en el olvido?

Expresidente del Congreso
ABC
 
Hay fechas en la historia de los pueblos que sin razón aparente aparecen como desdibujadas o arrinconadas en el olvido. Una de ellas es, sin duda, la del 14 de mayo de 1977, es decir, hace ahora treinta años, un mes antes de las primeras elecciones democráticas generales en libertad, celebradas en España el 15 de junio de 1977.
Este olvido pudiera tener, sobre todo, razones de corte ideológico y ceguera política que explicaría esta desmemoria histórica. En el primer tercio del siglo XX, la Monarquía, como institución, fue bastante cuestionada y gran parte de los intelectuales se inclinaban a desconocerla, bien criticándola directamente por considerarla anacrónica con los tiempos que se vivían y, sobre todo, por entender que la raigambre republicana tenía una cierta aureola de progresismo y modernidad.
En los círculos políticos más progresistas como el Ateneo de Madrid y otras instituciones se criticaba duramente la actitud vacilante, cuando no favorable, del Rey Alfonso XIII a la dictadura del general Primo de Rivera. Al terminar sus días esta etapa dictatorial que fue más bien benigna, si se la compara con el posterior franquismo, fueron muy pocos los hombres políticos que alzaron su voz en defensa de la institución monárquica.
Así llegó por unos y por otros el 14 de abril de 1931. En mis recuerdos infantiles, ese día se asocia con la incompresible expulsión de los jesuitas de España. Fue en «Indauchu» en el colegio bilbaíno en el que se me abrió la vida más allá de las paredes del hogar y pude iniciarme en valores culturales, religiosos y vitales. La verdad es que la llegada de la república no fue, en un principio, traumática, incluso en muchos tuvo aires de júbilo. Recuerdo una mañana en la bilbaína calle de donde residía, cómo arrojaban por la ventana todos los muebles de un centro monárquico para alimentar con ellos una pira jubilosa y llameante como ritual de la nueva tolerancia. Como sortilegio para evitar, quizá, la crispación política. También tengo aquí mi recuerdo particular, en el tranvía en el que me dirigía una mañana al colegio cuando se me arrancó una pequeña cruz que llevaba en la solapa. No sé si me asombró y desconcertó más este desaforado ataque o el hecho de que ninguno de los viajeros hiciese nada -¿por miedo?, ¿por cobardía?, ¿por indiferencia egoísta?- para evitar el atropello que se cometía con un niño de 7 años.
¡Que paren el mundo, quiero bajarme! Yo sentí de niño el valor de ese apotegma, como tantos otros niños de mi época, que no teníamos hacia dónde volver los ojos, ya que, aun reconociendo que en todas partes -blancos, azules y rojos- se dieron gestos de valor, de dignidad humana, de gallardía, pronto entendí que el futuro de mi patria no podía estar en la victoria y la derrota de una de las dos partes en conflicto. Que ganase quien ganase, media España sería víctima de la otra media. Y esa rebeldía me llevó a enfrentarme con las gentes de mi entorno.
Muy pronto, en el año 1942, se publican en el Journal de Geneve, unas declaraciones de Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, heredero de la dinastía histórica, que debieron parecer muy negativas a Franco y a los vencedores, pero que a mí y a un grupo de jóvenes -en principio, reducido- nos abrieron las ventanas del futuro. En 1945, el manifiesto de Lausanne venía a completar el ideario del que, desde entonces, nos alimentaríamos un, cada vez más numeroso, grupo de monárquicos democráticos, aunque es bien sabido que tal postura no evitaría ciertas persecuciones, encarcelamientos y, sobre todo, unas campañas críticas desaforadas en los medios de comunicación contra quienes no aceptaran la ciudadanía privilegiada del franquismo.
Así aprendimos lo que luego se extendería como gozosa mancha de aceite en el espíritu de la Transición: el valor de la concordia, el consenso y el diálogo. Hoy, cuando la concordia parece estar de nuevo en peligro, resulta que, curiosamente, una gran parte de los revisionistas actuales de la «memoria histórica» no habían nacido y pretenden traer al presente los recuerdos del pasado. A ese pasado como espejo de la democracia, ignorando la realidad de lo ocurrido y solicitando un reconocimiento de las injusticias cometidas.
De ahí que a muchos nos parezca no solo superfluo, sino poco aconsejable, volver a despertar los demonios de nuestros enfrentamientos pretéritos. Bien está el justo reconocimiento a las víctimas, pero eso no debe llevarnos a reclamar reivindicaciones que serían tanto como iniciar inventarios odiosos de un pasado que, como antes decía, confiamos sinceramente en que no volverá.
Pero, recordando al 14 de mayo de 1977, es oportuno señalarlo como precedente del artículo 57 de nuestra Constitución al reconocer los derechos dinásticos históricos. Ya nos hemos referido en alguna ocasión, el tamiz de un silencio casi total sobre un hecho que justifica en sí mismo -si es que se cree en la Monarquía como institución- la continuidad de la dinastía que ha consolidado la democracia en España.
No se trata de acudir a los historiadores, eruditos de nuestro paso por la Historia con monarcas más o menos discutibles en su trayectoria, sino de que, por mucho que quieran olvidarlo algunos políticos con resabios inconfesados, si Don Juan Carlos I fue Rey de España por decisión del general Franco, la Monarquía democrática se la ganó con su actitud. De conformidad con su padre, el Conde de Barcelona, quien desde niño le enseñó a respetar esos valores de reconciliación y convivencia que tanto necesitamos.
La cesión de los derechos de Don Juan y la aceptación emocionada de su hijo fue algo más que un acto familiar en el palacio de la Zarzuela. Padre e hijo se sintonizaron no sólo en el abrazo paterno filial, sino en el entendimiento de lo que debía ser la España a que se aspiraba. Era el legítimo Rey de todos los españoles a los que podía exhortar y reclamar paladinamente «que todos entiendan, con generosidad y altura de miras que nuestro futuro se basará en un efectivo consenso de concordia nacional». Y así ha sido durante todos estos años, a pesar de problemas y desencuentros. Por eso, el signo que encarna el 14 de mayo de 1977 adquiere de nuevo tanto valor. Una vez más, la Historia parece reclamar a la Monarquía como institución dinástica. Una vez más, parece apelar a su alta magistratura. Si en otros momentos -por ejemplo el 23-F-, la Historia reclamó y obtuvo de ella su papel moderador, ahora reclama su papel integrador inexcusable.
No quería terminar sin el recuerdo al presidente de un Gobierno socialista, Felipe González, quien consiguió para Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, el título de Rey después de muerto y, por ello. está enterrado en el panteón de los Reyes españoles. La dinastía es algo más que una simple persona, aunque ésta sea de una calidad y grandeza como la que ha demostrado nuestro Rey. Debemos confiar en que sus sucesores sabrán mantener este mismo espíritu de libertad y concordia nacional. Es cierto que España como nación atraviesa por momentos graves en que parece ponerse bajo riesgo su integridad.
Ese gesto, que honra al presidente González, debería impulsar a quienes hoy le sustituyen en el Gobierno a tener capacidad para consolidar la institución monárquica en una función integradora de los pueblos de España, consiguiendo, de verdad, que acabe la violencia y el terrorismo, para que entre todos podamos decir una vez más que la Monarquía española ha hecho posible la convivencia libre y pacífica de todos los españoles sin distinciones de ninguna clase.
Creer en la Monarquía es estar dispuesto a ayudar al Rey en esta tarea. Quizá nos jugamos más de lo que suponemos.
 

lunes, 14 de mayo de 2007

Tony Blair y "The Queen"

Lluis Foix
 
Gran Bretaña es el más viejo país constitucional del mundo, pero no tiene Constitución. Ha vivido dentro de un orden aristocrático y democrático al mismo tiempo. Es el más liberal de los pueblos y, a la vez, el más conservador. Es un pueblo que obedece con docilidad las leyes pero se levanta ferozmente contra quienes pretenden vulnerarlas.

A Tony Blair le salió muy de dentro hoy cuando proclamaba que Inglaterra es el país más grande de la tierra. Lo dijo en su distrito electoral, un barrio que había sido minero y del que ha sido diputado durante casi veinte años.

Dejaré para otro momento la valoración de los diez años de gobierno Blair. Diré, simplemente, que toda su gestión queda embrutecida por la gran mancha de la guerra de Iraq que no la podrá borrar de su biografía.

Me refiero a las formas de la democracia inglesa que son tan importantes como el fondo. La democracia es también estilo, saber hacer las cosas, seguir las tradiciones incorporando de nuevas, observar escrupulosamente el "timing".

Blair dejará de ser primer ministro el 27 de junio. Pero observando todas las formas. Me ha parecido muy apropiado que la noticia la diera a sus propios electores de distrito. Son los que le dan legitimidad y los que le han votado siempre.

Luego lo dirá al Parlamento donde se le rendirán todos los tributos, incluso los de aquellos que han sido sus adversarios y enemigos políticos dentro y fuera de su partido.

Les aconsejo que dediquen un par de horas a ver la película "The Queen" y el papel sublime que hace Helen Mirren. Si la han visto ya, convendrán conmigo que la escena en la que el joven Blair, tembloroso y humilde, se presenta ante la Reina es de un gran cinismo y, a la vez, de una observación estricta de las reglas de juego.

Isabel II le aturde de entrada diciéndole que en aquella silla se han sentado todos los primeros ministros británicos pidiendo autorización para formar gobierno. Desde Winston Churchill a Margaret Thatcher, Harold Macmillan, Harold Wilson, James Callaghan, John Major y, por supuesto, Tony Blair.

El poder no lo tiene la Reina sino el primer ministro de turno. Lo único que conserva la Corona son las formas, el boato, la representación y, en definitiva, la piedra angular de todo el sistema.

Siglo tras siglo, la Monarquía ha ido cediendo poder al Parlamento y al Gobierno. Tanto por no hacer uso de él como por la aprobación de leyes que se lo han ido revocando. La Corona conserva, sin embargo, la prerrogativa de arbitrar entre el Parlamento democrático y su comité ejecutivo, conocido también como gobierno.

Tony Blair saldrá el 27 de junio de su residencia en direcciónal palacio de Buckingham, en un coche cuyo corto recorrido será transmitido en directo al mundo entero. Pasará un buen rato, el coche saldrá de palacio, reemprendrá su camino de vuelta a Downing Street y, allí, en el número 10, de pie y con las televisiones enfocándole dirá que acaba de presentar la dimisión a la Reina.

Son prerrogativas teóricas. Ya se sabe que la Reina no podrá pasar por encima de las decisiones del primer ministro que tiene la legitimidad que le otorga la mayoría del Parlamento.

La Reina tiene obligación de aprobar todas las leyes que hayan sido votadas en los Comunes. Se ha dicho incluso que tendría que firmar su propia sentencia de muerte si así lo aprobara el Parlamento, en los escasos supuestos en los que está contemplada.

Cortar la cabeza a los reyes ha sido habitual en la historia de Europa. Shakespeare nos habla de ello. Carlos I y Jaime II fueron ejecutados públicamente.

La Corona es depositaria de las más viejas ceremonias, los hábitos y símbolos de la antigüedad, las procesiones suntuosas, la pompa, la circunstancia y las dignidades. Incluso en los atribulados tiempos que ha vivido Isabel II, precisamente en los mandatos de Blair.

La Monarquía ejerce una gran seducción sobre las clases sencillas. No manda pero cautiva a un pueblo que conduce por la izquierda, se ha liberado del sistema métrico decimal, habla la lengua más extendida por el Planeta y, entre otras cosas, inventó el fútbol.

El conservadurismo inglés no es vetusto sino inteligente. Conserva lo viejo añadiendo todas las novedades que vengan. Con tantas formas conservadas no me extraña que sea el único país europeo, junto con Suecia, que no haya sufrido un solo golpe de Estado ni revoluciones que lo trituran todo para construir desde cero.

Admirable, aunque ridículo a veces, el pueblo inglés.

45 aniversario de la boda de los Reyes de España

 
Especial reportaje de la revista Hola

Dos «gentlemen» reales

Al más puro estilo inglés. De esta forma participaron los Príncipes Enrique y Guillermo de Inglaterra en el desfile anual que la Asociación de Antiguos Oficiales de Caballería lleva a cabo cada 13 de mayo en el Hyde Park de Londres.
Como si de los conocidos personajes de «Tintín», Hernández y Fernández, se tratara, los hermanos hicieron un homenaje a la indumentaria tradicional que siempre ha caracterizado a su país.
Los Príncipes fueron los protagonistas de este desfile solemne al que cada año asisten alrededor de 2.000 antiguos oficiales. Este acto, cuya tradición se remonta a la Primera Guerra Mundial -cuando el traje, el bombín y el paraguas representaban la forma más apropiada de vestir- lleva celebrándose durante 83 años.
Después de la conmoción que ha causado en los británicos el hecho de que el Príncipe Enrique pueda ir a luchar a Irak y la reciente ruptura del Príncipe Guillermo con su prometida Kate Middleton, esta celebración colmada de pompa y protocolo supuso, sin duda, un descanso para los amantes de la corona británica.
Por ello, tanto el Príncipe Enrique -que abandonó por un día el uniforme de subteniente con el que últimamente suele aparecer en las imágenes- como su hermano Guillermo no dudaron en vestir sus mejores galas gracias a los trajes sobrios, los bombines negros y los paraguas propios de todo británico de postín.
Atrás queda el escándalo que se formó hace dos años cuando el Príncipe Enrique apareció disfrazado con un uniforme nazi. La celebración, un año más, de este homenaje a los antiguos oficiales llenó de elegancia y distinción a los hijos del Heredero de la Corona.
 

viernes, 11 de mayo de 2007

Las cosas del Rey

ABC
 
EL Rey no hace declaraciones. En determinados momentos solemnes, fija su opinión conciliadora mediante discursos medidos al milímetro y bendecidos por el Gobierno de turno. Como mucho, comenta aspectos de la actualidad en la intimidad de los corrillos. Como parece sensato, de la misma manera que el Jefe del Estado evita manifestarse en aspectos concretos que supongan ponerse de parte de alguna facción de opinión, también los contertulios evitan publicar de forma entrecomillada las conversaciones informales que se produzcan en ese contexto. Que yo recuerde, siempre ha sido así. Pero, por lo que se ve, los tiempos cambian.
Con motivo de unas palabras que ahora se sacan de quicio a cuenta del proceso de paz en el Ulster, parte de la prensa española ha transmitido la sensación de que el monarca apoya manifiestamente las negociaciones que Rodríguez Zapatero ha mantenido con ETA y las concesiones que su gobierno ha venido realizando a la banda terrorista y su entorno.
Volvemos a lo de siempre: el Rey no ha dicho eso que dicen que ha querido decir, pero de la misma forma que hay que atenerse a la literalidad de sus palabras, también hay que hacer referencia al patinazo que supone no tener en cuenta con quién se juega los cuartos. No se le puede acusar, entiendo, de partidario, pero sí de imprudente al no calibrar la posible manipulación que pueden sufrir expresiones coloquialmente informales ante lápices afilados. Don Juan Carlos se ha alegrado de que en Irlanda del Norte se dejen de matar dos bandos históricamente enfrentados; todos los demás, también. Don Juan Carlos cree que los gobiernos están legitimados para intentar acabar con el terrorismo mediante conversaciones sin concesiones políticas; todos los demás, también. Don Juan Carlos observa, no obstante, las severas diferencias de ambos procesos; todos los demás, también.
¿Dónde está el problema? En que es muy sencillo quedarse sólo con la segunda de las premisas y evitarle la condición de las concesiones. Una vez manifestó lo manifestado, les faltó tiempo a los propagandistas del zapaterismo para instar a poner en marcha la multicopista y desvelar impúdicamente las frases sueltas de una conversación. Como consecuencia de unos titulares que bien parecen ser extraídos de un discurso oficial, queda la sensación de que el Rey le acaba de dar un masaje al Gobierno y un capón a la oposición, lo cual no se corresponde con la larga experiencia de un hombre que pensará lo que quiera, pero que ha sido siempre lo suficientemente habilidoso como para no meterse en jardines innecesarios. Jardines que tiene prohibidos, por cierto.
Curiosamente, como consecuencia de asignarle al Rey el apoyo a la negociación con ETA, aquellos que pasean exclusivamente la bandera republicana en cada ocasión que se manifiestan -sea cual sea la excusa para hacerlo- y que una y otra vez le niegan el derecho siquiera a decir lo bonito que está el día, han acudido jubilosos a celebrar sus palabras y a aplaudir su supuesta adhesión a la causa con un fervor que provoca, como poco, alipori.
Supongo que el Monarca tendrá bien en cuenta quiénes son los que hoy le aplauden entusiasmados: exactamente aquellos que quieren convertir a su persona en «ciudadano Juan Carlos» y enviarlo al exilio. Son los mismos que reaccionan irritados cuando exalta la unidad de España o hace llamadas al futuro común de sus gentes. Son los mismos que buscan cualquier excusa para demostrar su nulo aprecio por la institución que representa y por el trabajo realizado por ésta a lo largo de estos años de relativa estabilidad. Los mismos que evocan ese supuesto pasado idílico de la República, y los mismos que cuestionan la legitimidad de origen de su reinado. Es sabido lo que le gusta al Rey un republicano, especialmente si puede ganarle para la causa del juancarlismo merced a su borboneo prodigioso, pero al igual que debe tener en cuenta ante quién expone sus pareceres, no estaría de más que supiese a quién contenta con las manifestaciones que le manipulan.
Los que ahora le loan van a lo que van, con lo que sería bueno no darles ni un solo metro de ventaja.

miércoles, 9 de mayo de 2007

El Rey ensalza el acuerdo de paz en el Ulster

El Rey ensalza el acuerdo alcanzado por católicos y unionistas en el Ulster

AGENCIAS | MADRID

El Rey Don Juan Carlos ha ensalzado hoy la foto en prensa del acuerdo alcanzado en Irlanda del Norte y que ha permitido la formación de un Gobierno integrado por católicos y unionistas. También ha dicho que este tipo de procesos son largos y que, en todo caso, hay que intentarlo.

Don Juan Carlos ha visitado la sede de la Dirección General de la Guardia Civil acompañado de toda la cúpula del Ministerio del Interior y, al término del acto, se detuvo a charlar unos instantes con los periodistas.

Tras departir animadamente sobre el nacimiento de su nieta, se le consultó si se le podía preguntar por cuestiones de actualidad y enseguida se abordó el tema de ETA, a lo que respondió que él está por encima y que de eso se encarga el Gobierno. A continuación, se refirió en tono elogioso al primer ministro británico, Tony Blair, y a la importancia de la foto aparecida en la prensa del acuerdo de Gobierno en Irlanda del Norte.

Don Juan Carlos ha calificado de muy importante la imagen aparecida en la prensa del acuerdo de Gobierno y ha incidido en que ha costado diez años. El monarca añadió que hay que intentarlo, antes de concluir que puede salir bien o no, momento en el que se encogió de hombros. Cuando fue preguntado por un periodista si había "paralelismos" con el caso de España, don Juan Carlos respondió que no es igual.

martes, 8 de mayo de 2007

Isabel II vuelve a la Casa Blanca

 
Washington (EP/AP).- Con fanfarrias y 21 salvas de artillería el presidente estadounidense, George W. Bush, recibió hoy a la reina Isabel II de Inglaterra en la Casa Blanca mientras unos 7.000 invitados abarrotaban la parte sur del recinto presidencial. La ceremonia oficial incluía un desfile militar, toques de fanfarria y las 21 salvas de cañón protocolarias.

La anécdota de la recepción la protagonizó el presidente Bush, quien afirmó que la reina ha cenado con diez presidentes estadounidenses y colaborado en las conmemoraciones del bicentenario del inicio de la Revolución Americana, "un bicentenario celebrado en 17...". El presidente estadounidense se percató enseguida de su error y corrigió la fecha, 1976. Bush bromeó tras su error afirmando que la reina "acaba de lanzarme una mirada como sólo una madre puede lanzársela a su hijo".

Bush destacó también que Estados Unidos, Reino Unido y sus aliados permanecen unidos en Iraq y Afganistán en la guerra contra el terrorismo. "Nuestro trabajo ha sido duro. Los frutos de nuestro esfuerzo son difíciles de ver para muchos, pero nuestro trabajo es el camino más seguro a la paz. Su majestad, aprecio su liderazgo durante estos momentos de peligro y decisión", afirmó Bush.

La jefa del Estado británico destacó que esta es su quinta visita a Estados Unidos. "Es el momento de tomar los réditos de la amistad que nos une, de sentirnos orgullosos de sus fortalezas sin nunca darlos por seguros. Y es el momento de mirar hacia adelante, renovar conjuntamente nuestro compromiso para un mundo más próspero, seguro y libre", afirmó.

Bush y su esposa, Laura, recibieron a la monarca inglesa, que llegó junto a su marido, el príncipe Philip, ante la Casa Blanca. Ambas parejas intercambiaron saludos antes de comenzar la recepción oficial.

El acto oficial incluía un desfile militar y una exhibición de la Fuerza Aérea, además de una marcha de cuerpos militares antiguos ataviados con uniformes como los que llevaban durante la guerra de independencia librada entre el Ejército Continental de George Washington y el Ejército británico.

La Casa Blanca albergará la primera cena de gala de su presidencia en honor a la reina británica. A esta ceremonia, que estará amenizada por el virtuoso del violín Itzhak Perlman, acudirán un total de 134 invitados.

La visita de Isabel II a la Casa Blanca se enmarca dentro de la gira oficial de seis días que la reina británica realiza por Estados Unidos, un país que no visitaba desde 1991, durante el mandato presidencial de George H. W. Bush, el padre del actual presidente. Isabel II llegó el sábado por la noche a la base aérea de Andrews, desde donde fue trasladada a la Casa Blair, residencia de los invitados presidenciales.

viernes, 4 de mayo de 2007

Los Príncipes de Asturias salen de la clínica con la Infanta Sofía

Los Príncipes, con Leonor y Sofía. (Foto: AFP)
 
ELMUNDO.ES | EFE

MADRID.- Los Príncipes de Asturias han salido a las 18.10 horas de la clínica Ruber con su nueva hija, la Infanta Sofía, y con su primogénita, la Infanta Leonor.

"Queremos ser los mejores padres para ellas", ha asegurado Don Felipe. En referencia al día de la salida de la clínica, ha bromeado: "Viene muy bien que haya sido un viernes".

Letizia Ortiz, por su parte, ha señalado que "Sofía es un nombre precioso" y que a a ambos les hacía "mucha ilusión que se llamara como la Reina".

Durante la primera aparición pública de la Infanta Sofía, que nació el pasado domingo, su hermana Leonor se ha mostrado sonriente, con gestos tiernos, y al final se ha despedido de los presentes con la mano.

La salida de la clínica se produce en una tarde soleada y ante más de 300 periodistas y curiosos que llevaban horas esperando para ver a la octava nieta de los Reyes, muchos de ellos con cámaras de fotos en la mano.

Los estadounidenses se ponen al día en protocolo para recibir a Isabel II

 
 
EFE

WASHINGTON.- La reina de Inglaterra visita la antigua colonia y los estadounidenses han desempolvado los manuales de protocolo para no olvidar detalles como que los sombreros, poco populares a este lado del charco, no se deben utilizar tras caer la tarde.

Esa es una de las reglas de etiqueta compiladas en la página oficial de Tim Kaine, el gobernador del estado de Virginia, primera parada de la gira de seis días que la reina Isabel II y su esposo, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, realizan por la costa este de Estados Unidos.

La lista protocolaria recuerda a unos estadounidenses poco amigos de las formalidades que, al menos en Gran Bretaña, cuando la reina deja de comer durante un ágape, el resto también debe hacerlo.

Además, cuando Isabel II entra en una habitación todo el mundo se pone en pie, aunque, en contra de lo que pueda parecer, las reverencias son prescindibles y "es aceptable", llegado el caso, el socorrido apretón de manos.

Los que todavía alberguen dudas sobre cómo proceder en caso de toparse con la realeza pueden llamar a una "línea caliente" habilitada para la ocasión.

Ese esfuerzo informativo podría permitir que no se repita el aprieto que pasó el presidente Ronald Reagan (1981-1989) cuando en la Casa Blanca sirvieron una taza de té al príncipe de Gales, durante una visita oficial, al estilo americano y dejaron la bolsita dentro del recipiente.

La anécdota de Reagan salió a relucir este miércoles tras la publicación de extractos de sus diarios.

Numerosos simpatizantes

Por lo demás, el entusiasmo suscitado por la visita real era visible en las afueras de la legislatura de Richmond, la capital de Virginia, donde se dieron cita desde primera hora de la mañana más de un centenar de seguidores para conseguir un buen sitio desde el que observar a la soberana de 81 años cuando se desplace esta tarde a pie hacia el Capitolio.

Tras su llegada, la soberana y su esposo participaron en una breve recepción en la mansión del gobernador.

Finalizado el ágape, la pareja se desplazó al Capitolio donde fueron cumplimentados por los jefes de ocho tribus indígenas, que interpretaron una danza tradicional para rendir tributo a la representante de la corona británica.

La reina se dirigió, a continuación, a la Asamblea General de Virginia.

400 años de Jamestown

La pareja real ha viajado a EEUU para conmemorar el 400 aniversario del asentamiento de Jamestown, que se celebra oficialmente la próxima semana.

Isabel II y el duque de Edimburgo visitarán el viernes el enclave, sede de la primera colonia británica con carácter permanente fundada en 1607 sobre el río James.

Los festejos en torno al aniversario de Jamestown, que según la cadena de televisión CNN costarán unos cinco millones de dólares y que serán financiados por fondos públicos y privados, se centrarán, por primera vez, en las tres culturas que coincidieron en Jamestown: ingleses, indios nativos y africanos.

Se trata, según el diario 'The Boston Globe', de un "cumpleaños difícil" dado el carácter agridulce de la "conquista de América".

El rotativo recuerda las complejas relaciones entre indios y británicos, que culminaron en un intento de masacre por parte de los nativos en 1622 y fueron seguidas por posteriores represalias de los colonos.

"La historia está llena de paradojas y Jamestown es un recordatorio de la ambición, la violencia y la opresión que forman tanta parte de esta civilización como la lucha por los derechos humanos de los que los estadounidenses se vanaglorian hoy", dice el 'Globe' en un editorial.

Además de la visita a Virginia, la agenda de la reina incluye el Derby de Louisville, en Kentucky, una gira por el Centro Espacial Goddard de la Nasa en Maryland y sendas visitas a un hospital de niños en Washington y al Memorial de la II Guerra Mundial.

La soberana será recibida el lunes en la Casa Blanca por el presidente de EE.UU., George W. Bush, y asistirá a una cena de gala en su honor en la residencia oficial.