domingo, 24 de abril de 2011

La Familia Real en la Misa de Resurrección

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La Reina, Doña Sofía, los Príncipes, Don Felipe y Doña Letizia, acompañados de sus hijas, las Infantas Sofía y Leonor, y las Infantas Elena y Cristina, han asistido hoy en la Catedral de Mallorca, en Palma, a la tradicional misa del Domingo de Pascua, que se ha celebrado a las 12 de la mañana y ha sido oficiada por el obispo de Mallorca, Jesús Murgui.

A pesar del viento que ha azotado Palma toda la mañana, unas quinientas personas se han congregado en los alrededores de la Catedral y han esperado para dar la bienvenida a la Reina y a sus hijos con aplausos y gritos de "viva la Reina", "guapa" y "vivan los Príncipes de Asturias".

El obispo de Mallorca, Jesús Murgui, portando la mitra y el báculo, ha recibido a las puertas de la Catedral primero a la Reina Sofía, que vestía un traje de chaqueta azul marino con estampado floral, y, posteriormente, a la Infanta Cristina, con vestido naranja, y la Infanta Elena, con traje de chaqueta gris oscuro.

Posteriormente han saludado también al obispo el Príncipe Felipe y la Princesa Letizia, que lucía un pantalón azul marino, blusa estampada y chaqueta color beige.

Las protagonistas han sido un año más las dos pequeñas que, como ya es habitual, iban con distintos vestidos aunque ambas de flores. La Infanta Leonor con una rebeca gris a tono con el fondo del vestido de flores rosas mientras que la Infanta Sofía combinaba tonos fuxias en vestido y rebeca.

El Rey, trabajando en La Zarzuela

Como ya informó días atrás la casa del Rey este año Don Juan Carlos no ha asistido a la ceremonia para realizar trabajo de despacho en el Palacio de la Zarzuela para preparar la visita oficial a España que realizarán desde mañana, lunes, hasta el miércoles el Emir del Estado de Catar y su esposa, la Jequesa Mozah Bint Nasser.

Una vez más y, a diferencia de lo que sucedió otros años, como en 2006 y en 2008, no coincidirá en Mallorca toda la Familia Real, con motivo de las vacaciones de Semana Santa.

viernes, 22 de abril de 2011

Fallece en Estoril la Princesa Teresa de Orleans y Braganza

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ABC

Su Alteza Real la Princesa Teresa de Orleans y Braganza, bisnieta del último Emperador del Brasil, Dom Pedro II, ha fallecido en su residencia de Estoril a los 91 años. Con ella desaparece una generación de Princesas marcada por la distinción, el saber estar y la elegancia de los tiempos pasados. Teresa de Orleans y Braganza, conocida en su entorno como «Doña Teté», era una persona muy querida en Portugal y estaba muy unida a la Familia Real española, tanto por razones de parentesco como de amistad, sobre todo con la Condesa de Barcelona. En cuanto Su Majestad el Rey fue informado de su fallecimiento, envió un telegrama de pésame a la familia Orleans y Braganza, a la que también transmitió su condolencia mediante una llamada telefónica.

Nacida en Boulogne-Billancourt (Francia) y bautizada como Teresa María Teodora Micaela Gabriela Rafaela Gonzaga, era la quinta hija de los Príncipes Pedro e Isabel Orleans y Braganza. Su hermano mayor, Don Pedro Gastón, aspirante al Trono del Brasil, era tío político del Rey. Don Pedro se casó en 1944 en la Catedral de Sevilla con la Princesa Doña María de la Esperanza de Borbón-Dos Sicilias, hermana de Doña María de las Mercedes, madre de Don Juan Carlos.

Amigos en el exilio

A la Princesa Doña Teresa la muerte le sobrevino el pasado lunes en su casa de Estoril, muy próxima a «Villa Giralda», donde la Familia Real española vivió sus últimos años en el exilio. En esos tiempos dolorosos ambas familias estrecharon su amistad y Doña Teresa llegó a convertirse en íntima amiga de la Condesa de Barcelona. Una amistad que continuaron después sus hijas, las Infantas Doña Pilar y Doña Margarita.

La hermana mayor de Teresa, Isabel, se casó con Enrique de Orleans, Conde de París, y su hermana Francisca con Duarte Nuño Duque de Braganza, Jefe de la Casa Real de Portugal y padre del actual pretendiente, Duarte Pío de Braganza.

Durante su juventud, circularon rumores que la convertían en prometida de algunos Príncipes Herederos europeos, pero finalmente Teresa de Orleans contrajo matrimonio en 1957 con un industrial español, Ernesto Martorell Calderó, de quien enviudó en 1985 y con quien tuvo dos hijas: Elizabeth, cuyo padrino de bautizo es el Rey, y Nuria.

Su vida transcurrió entre Francia, Brasil y Portugal, y era frecuente su presencia en las grandes ceremonias reales, entre ellas la boda de los Príncipes de Asturias, celebrada en mayo de 2004, o más recientemente en la del Príncipe Jean de Orleans y Filomena de Tornos, que tuvo lugar en Senlis (Francia) en 2009. La última vez que se la vio en público en España fue en enero de 2008 del brazo del Rey, en Villamanrique de la Condesa (Sevilla), donde se ofició el funeral por su hermano Don Pedro de Orleans.

El año pasado, la Princesa Teresa de Orleans y Braganza reunió a su familia en Portugal con motivo de su 90 cumpleaños. «Nuestra tía Teresa —dijo entonces el Duque de Braganza— ha sido durante toda la vida un ejemplo de coraje y de coherencia. Toda una vida de dedicación a los más necesitados».

La reina Isabel II celebra su 85 cumpleaños

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La reina Isabel II de Inglaterra ha celebrado hoy su 85 cumpleaños. Y lo ha hecho asistiendo a la ceremonia del Jueves Santo en la Abadía de Wewstimster, el mismo lugar en el que la próxima semana contraerá matrimonio su nieto el príncipe Guillermo y su prometida Kate Middleton. La reina, que nació el 21 de abril de 1926, ha acudido a la misa vestida con un abrigo azul turquesa y un sombrero a juego. Tras asistir al oficio y como marca la tradición, la soberana ha distribuido limosneras rojas o blancas a personas ancianas, como forma de reconocer sus servicios a la Iglesia y la comunidad.

La ceremonia ha servido de aperitivo para la que tendrá lugar el próximo 29 de abril con motivo de la boda del príncipe Guillermo y Kate Middleton. Sin ir más lejos, la Casa Real británica ha confirmado hoy que la reina ya ha dado su consentimiento formal al enlace, como manda la Ley de Matrimonios Reales de 1772. El documento dice: "Sepan que hemos consentido y por la presente indicamos nuestro consentimiento al matrimonio entre nuestro más amado nieto, el Príncipe Guillermo Arturo Felipe Luis de Gales, K.G., y nuestra fiel y querida Catherine Elizabeth Middleton".

viernes, 15 de abril de 2011

Bautizo Real en Dinamarca

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Libertad Digital

Los príncipes herederos Federico y Mary de Dinamarca han bautizado a sus dos hijos mellizos, nacidos el pasado enero, como Vicente y Josefina, en una ceremonia celebrada en la iglesia de Holmen de Copenhague ante unos 300 invitados, según ha informado Efe.

Felipe de Borbón, que no acudió a la ceremonia, es uno de los padrinos del príncipe Vicente, mientras que la princesa Marie de Dinamarca ejercerá como madrina de su sobrina. A cada uno de los príncipes, que ocupan el cuarto y el quinto puesto en la línea sucesoria al trono danés, les fueron asignados seis padrinos y madrinas.

Vicente Federico Minik Alejandro, su nombre completo, lució el mismo vestido con el que fueron bautizados su abuela, su padre y sus dos hermanos mayores, el príncipe Christian, de cinco años, e Isabella, de cuatro.

Su hermana, Josefina Sofía Ivalo Matilde, vistió un traje que perteneció a su bisabuela, la reina Ingrid, y que no había sido usado hasta ahora.

Vicente y Josefina, nacidos el pasado 8 de enero, son los hijos tercero y cuarto de Federico y Mary, quienes se conocieron durante los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y contrajeron matrimonio en abril de 2004.

jueves, 14 de abril de 2011

Especiales Boda Real

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A pocos días del enlace del Príncipe Guillermo y Kate Middleton, algunos periódicos y revistas dedican especiales sobre la Boda Real.
Algunos enlaces de interés:

Web oficial de la Boda Real
Especial de Hola
Especial de El Mundo

lunes, 11 de abril de 2011

El Presidente de Israel recibe a los Príncipes de Asturias

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El Mundo

Bajo un sol radiante, el presidente de Israel, Simón Peres, ha recibido a los príncipes de Asturias en el jardín de la modesta casa de la Jefatura del Estado israelí. Un grupo de niños ha acompañado al octogenario presidente cantando el famoso himno bíblico 'La paz sea contigo' ('Eveno Shalom ha alejem').

"Bienvenidos a Israel en nombre de todos los niños de Israel", ha leído un niño en castellano. Un niña, llegada también hace un año de Madrid ha ofrecido un ramo de flores a la princesa Letizia. Los niños se han encogido de hombros al ser preguntados si sabían quién era don Felipe. Los príncipes y el presidente se han reído al oírlo.

Al término de la ceremonia, que se ha desarrollado en la entrada de la sede presidencial con los honores propios de la visita de un jefe de Estado, el Príncipe de Asturias y Peres se han reunido en una entrevista a la que ha asistido la ministra española de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez.

Los Príncipes de Asturias han llegado a Israel justo en el momento en el que judíos y palestinos se afanan por evitar una nueva guerra abierta. Don Felipe y doña Letizia inician este lunes su gira por Oriente Próximo tras un fin de semana en el que han muerto 19 palestinos- seis de ellos civiles- y casi 70 han sido heridos.

Los enfrentamientos entre Israel y Gaza -los más sangrientos desde la operación militar israelí 'Plomo Fundido' en las navidades de 2008- se recrudecieron el pasado jueves. Ese día, las milicias armadas palestinas protegidas por Hamas lanzaron un cohete desde la franja de Gaza contra un autobús escolar. Un adolescente israelí de 16 años resultó herido.

El ataque desencadenó la ira de Israel, que ha bombardeado Gaza durante todo el fin de semana. Apenas dos horas antes del aterrizaje de los Príncipes en Tel Aviv, el mediador de la ONU en la zona, Robert Serry, negociaba con líderes palestinos e israelíes para alcanzar un alto el fuego.

Pernoctan en el hotel King David

Los Príncipes hicieron noche en Jerusalén en el histórico hotel King David, antigua sede del Mandato Británico casi destruido el 22 de julio de 1946 en un atentado del Irgun, el movimiento terrorista de liberación judía, que asesinó entonces a casi 100 personas.

Aquí, en Jerusalén, la situación es de calma total: es sólo en el sur del país, en las localidades cercanas a Gaza en las que algunos israelíes han sufrido crisis nerviosas tras el lanzamiento de cohetes desde la franja.

Sin perfil político ni económico

La presencia de los Príncipes en Israel no tiene un marcado perfil político ni económico: no visitarán los lugares santos, como la Explanada de la Mezquita, ni mantendrán reuniones con destacados representantes de la potencia tecnológica que es Israel hoy día.

Eso es lo que habría querido la diplomacia israelí. Los Príncipes se limitarán a visitar el Yad Vashem (el museo del Holocausto), parada obligatoria de todo representante extranjero que pase por Israel. También irán al Museo de Israel y al centro Isaac Rabin en Tel Aviv.

El Gobierno israelí está en Jerusalén, que no es reconocida internacionalmente como capital del Estado judío. Las embajadas se encuentran en Tel Aviv.

Don Felipe se entrevistará el martes con el primer ministro, Benjamin Netanyahu, que estos días lee con atención un plan de paz israelí diseñado por un grupo de destacados militares y espías. El plan incluye el reconocimiento de dos Estados y la firma de tratados de paz con Siria y Líbano.

Visita a Ramala

El gesto más político de este viaje tendrá lugar el martes en Ramala, la capital de Cisjordania, donde gobierna Fatah, la facción palestina liderada por Mahmud Abás. El líder de la Autoridad Nacional Palestina recibirá a don Felipe y ofrecerá un almuerzo a la delegación española.

La gira finaliza el jueves en Jordania, donde los reyes Abdalá y Rania les ofrecerán una cena privada.

miércoles, 6 de abril de 2011

La boda Lego de Kate y Guillermo

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El Mundo

Tazas, postales, cervezas etiquetadas con su foto, vajillas, clones del anillo de pedida , monedas conmemorativas... Todo 'merchandising' es poco para la boda real del año y ahora también tienen sus figuras Lego.

El Príncipe el príncipe Guillermo y Kate Middleton ya se han casado, por lo menos en su versión en miniatura expuesta en el parque temático Legoland Windsor en Londres, que se adelanta a las imágenes que todo el mundo podrá ver el próximo 29 de abril.

En esta recreación, Kate y Guillermo rompen con la tradición al besarse delante de la multitud que se ha reunido ante el palacio, en lugar de hacerlo en el balcón, como Carlos y Diana lo hicieron en su día.

No falta detalle, los novios, la familia real de Inglaterra en el balcón de Buckingham Palace, los invitados (entre ellos, Victoria Beckham luciendo un avanzado estado de gestación y Elton John), la guardia, los paparazzi, y la multitud, ansiosa por ver el beso.

Casi 200.000 piezas han sido utilizadas para recrear la esperada boda real británica sobre 330 metros cuadrados del parque que celebra su 15 aniversario.

martes, 5 de abril de 2011

Charlene Wittstock se convierte al catolicismo

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La prometida del príncipe Alberto II de Mónaco, Charlene Wittstock , se ha convertido al catolicismo antes de su matrimonio religioso, que se celebrará el 2 de julio en el Principado, segun ha comunicado el Palacio monegasco. Sin conversión al catolicismo, la Constitución monegasca impedía que Wittstock, de confesión protestante, pudiera acceder al trono del Principado.

"La señorita Charlene Wittstock, que profesa la fe cristiana, ha sido admitida, por decisión libre y personal, a la comunión plena en la Iglesia Católica", señala el comunicado, el mismo día en el que se han dado a conocer algunos detalles de la boda.

Hasta el anuncio de su boda, la nadadora sudafricana respetó las reglas protocolarias del pequeño Estado mediterráneo situado al sureste de Francia, que le impedían asistir a la fiesta nacional de Mónaco y a la ceremonia de la Santa Devota, patrona del Principado, al no formar oficialmente parte de la familia del soberano. Desde entonces, sin embargo, se ha visto a la pareja -a la que separan 20 años, Alberto acaba de cumplir 53- participar en diversos eventos oficiales dentro y fuera del Principado. Estos días se encuentran de visita oficial en Irlanda.

La boda civil, el 1 de julio -primero de los dos días declarados festivos en el Principado- correrá a cargo del oficial del registro civil de los soberanos, Philippe Narmino, a las cinco de la tarde. La ceremonia religiosa se celebrará al día siguiente y, aunque se llevará a cabo en el patio de honor del Palacio, el público que acceda al recinto podrá presenciarlo gracias a unas pantallas gigantes. La oficiará el arzobispo de Mónaco, Bernard Barsi.

Después del matrimonio civil, está prevista una recepción multitudinaria para los monegascos, pocas horas después de que los novios se hayan dado el "sí" en la ceremonia civil en la Sala del Trono del Palacio. Después de la recepción se celebrará un concierto gratuito del músico francés Jean-Michel Jarre, de unas dos horas de duración y que contendrá los habituales efectos de luz y sonido de los eventos del artista. Se habilitará transporte público para monegascos y visitantes puedan desplazarse al concierto.

viernes, 1 de abril de 2011

Bienvenido, Charles

ABC

RECONOZCAMOS que la de Carlos de Inglaterra es, cuando menos, una personalidad sugerente. Sometido al severo foco de ser heredero de la Corona británica desde la blanda edad de cinco años, el hombre al que nadie quiso comprender cuando iba ampliando la distancia con la mágica Diana de Gales, el tipo al que todos censuraban acudiendo al chiste fácil de sus orejas o al chascarrillo de las muchas barreras que le quedaban por saltar para poder reinar, el Príncipe al que se le adjudicaba el injusto daguerrotipo de indolente o desocupado —nadie está nunca desocupado en la Casa Real inglesa—, ha acabado por configurar en su persona la esencia concentrada del perfecto británico: guasón e impertérrito a la vez, elegante y extravagante cuando quiere, inquieto intelectual e inasequible conservador, encajador infatigable y paciente heredero. Es el Príncipe que más lleva esperando su ascensión al Trono y el que más invectivas ha tenido que leer o escuchar desde los medios de comunicación británicos —especialmente crueles—, lo cual no le ha hecho perder el gesto: odia a la prensa, a buen seguro, pero lo hace desde ese encanto perfumado con el que un británico de clase puede odiar algo. Carlos de Windsor hubo de asumir una vertiginosa pérdida de popularidad merced a su crisis matrimonial con la «Princesa del Pueblo», amén de un estofado caldo de pitorreo desde que se supo que el amor de su vida era una mujer de corte estético bien distinto al de la bella Diana, pero de la que confesaba sentirse tan enamorado como para olvidarse de la realidad que le circundaba a todas las horas del día. No obstante todo ello, supo combinar el interés dinástico con su contumaz deseo y, finalmente, hizo suya oficialmente a la mujer que durante un tiempo hubo de pasear por la corte esquivando salivazos y soportando un inagotable catálogo de bromas de mal gusto. Ahí está, sin embargo, permanentemente condenado a la espera, merced a la buena salud de una monumental Reina a la que el pueblo

británico sabrá añorar con los años.

Entretanto ha tenido que leer en titulares sensacionalistas que es gay, que padece Alzheimer, que sufre halitosis, que se vende a empresas como Porcelanosa (¡como si la Corona británica necesitase algo de la admirable Porcelanosa!) o que es un rancio nada amigo del progreso. A todo ello ha ofrecido, impertérrito, su impagable media sonrisa. Recientemente, la biblia de los progres isleños, el periódico The Guardian, tituló a toda plana una airada proclama: «Carlos: cállate o dimite». No busquen razones de fondo o una airada proclama republicana: todo lo desencadenó el hecho de que el Heredero, poco amigo de los armatostes que venden como arte los gurús de la «arquitectura moderna» —responsables de tantas salvajadas—, había mostrado su disconformidad con un pegote de cristal y acero del «intocable» Richard Rogers en pleno centro histórico de Londres. Por otra parte, su defensa del medio ambiente y su conciencia peleona por una ecología razonable no ha recibido, sorprendentemente, el beneficio que se aplica a todo aquél que esgrime argumentos conservacionistas frente a los amigos del vendaval del progreso.

Anteayer, estoico e imperturbable, encajó una educada y adecuada referencia a Gibraltar que le lanzó el Príncipe de Asturias —él, que equivocó su primer viaje de bodas visitando la Roca— y contestó en un esforzado español mostrando su felicidad por visitar España. Sus seguidores, entre los que me cuento, estamos encantados de recibir la visita de un tipo con clase y trajes cruzados de solapa antigua, que sostiene como nadie el vaso de whiskey y que sabe meter las manos en el bolsillo de la chaqueta sin que éstos se deformen. Sea bienvenido, Charles.

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jueves, 31 de marzo de 2011

El Príncipe insta a solucionar el «contencioso» de Gibraltar

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ABC

«Hago votos para que nuestras autoridades avancen en la solución del contencioso histórico bilateral que aún sigue pendiente». Con estas palabras terminó el brindis que el Príncipe de Asturias dirigió durante la cena de gala que anoche ofreció al Príncipe de Gales y a su esposa en el Palacio Real. Sin mencionarlo expresamente, Don Felipe se refirió al conflicto de Gibraltar, que pronto cumplirá tres siglos. El Heredero de la Corona hizo estas declaraciones ante los más de cien invitados que asistieron a la cena, entre ellos, las ministras de Exteriores y de Ciencia. En el estreno de los Príncipes como anfitriones oficiales, no estaba el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

En el brindis, Don Felipe también animó a estrechar aún más las relaciones bilaterales y tuvo un recuerdo emocionado para su bisabuela la Reina Victoria Eugenia, nieta de la Reina Victoria de Inglaterra, y para su abuelo, el Conde Barcelona, «quien en tiempos difíciles disfrutó de la hospitalidad británica».

El Príncipe de Gales, por su parte, no hizo alusión alguna a Gibraltar. Destacó la intensidad de las relaciones bilaterales, dijo que a pesar de las diferencias, España y Reino Unido nunca han perdido «el respeto y la admiración mutuas» y terminó sus palabras en español.

Con la cena de gala terminó una jornada en la que los Príncipes de Asturias se estrenaron como anfitriones y en la que quisieron dejar claro que ellos no son los Reyes. Por ello, marcaron diferencias, pero sin restar los máximos honores a sus invitados, el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornualles. Don Felipe y Doña Letizia acudieron, poco antes de las dos de la tarde al Palacio de El Pardo,en cuya fachada ondeaba ya el guión del Príncipe de Gales. Símbolo del máximo nivel que se ha querido dar a esta visita oficial es que Carlos de Inglaterra y su esposa pernoctan en la residencia oficial de los jefes de Estado extranjeros que visitan España.

Los Príncipes de Asturias recibieron a sus invitados a pie de coche. Don Felipe dio dos besos a Doña Camila y la besó la mano, igual que hizo Don Carlos con Doña Letizia. Sonaron los himnos nacionales, con las salvas de honor de fondo, y el Príncipe de Gales y el de Asturias pasaron revista a la compañía de honor de la Guardia Real. Minutos antes de que llegaran los invitados, uno de los militares cayó desvanecido y los Príncipes estuvieron pendientes de él hasta que se aseguraron de que estaba recibiendo asistencia.

Después de presenciar un breve desfile de la Guardia Real, los Príncipes de Asturias acompañaron a sus invitados al interior del Palacio y abandonaron el lugar. También salió el Príncipe de Gales, quien se dirigió a la Puerta del Sol para reunirse con un grupo de empresarios y trasladarse, después, a la residencia del embajador británico, antes de asistir a la cena que le ofrecieron los Príncipes.

Diferentes a los Reyes

Fue en el Palacio Real donde los Príncipes marcaron sus diferencias, ya que la cena no se celebró en el comedor de gala, donde las presiden los Reyes, sino en el Salón de Columnas. Otra diferencia fue la etiqueta de la cena: en las que ofrecen los Reyes los caballeros suelen ir de frac y anoche la recomendación era esmoquin y vestido largo para las señoras. Tras recibir al Príncipe de Gales y a la Duquesa en el salón Teniers, los dos matrimonios pasaron a la saleta Gasparini para recibir a los invitados. Entre ellos, la duquesa de Alba, el duque de Aliaga, el marqués de la Romana, el hijo del duque de Wellington, en cuya finca pasarán el fin de semana, y la cantante Estrella Morente.

Discurso del Príncipe de Asturias

miércoles, 30 de marzo de 2011

El Príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles inician hoy su primer viaje oficial a España

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Madrid. (EUROPA PRESS).- El Príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles inician este miércoles su primera visita oficial a España con el objetivo de reforzar los lazos comerciales entre los dos países y en la que los Príncipes de Asturias se estrenarán como anfitriones llevando el peso de la visita, que durará tres días.

El Príncipe Carlos y su esposa serán recibidos por Don Felipe y Doña Letizia este miércoles en el Palacio Real de El Pardo, tras lo cual el hijo de Isabel II mantendrá un encuentro con inversores españoles que han emprendido proyectos relacionados con la economía sostenible en Reino Unido, como es el caso de Iberdrola con sus parques eólicos.

La reunión tendrá lugar en la sede de la Comunidad de Madrid, por lo que su presidenta, Esperanza Aguirre, acompañará al Príncipe de Gales en este acto al que se ha invitado a más de 150 personas.

Según el embajador británico en España, Giles Paxman, "en estos tiempos de crisis económica, es crucial aumentar el comercio y la inversión entre Reino Unido y España para así crear más trabajo y fomentar el crecimiento económico".

Con esta visita, destaca el diplomático, se generarán oportunidades para los empresarios de ambos países de "encontrar nuevas formas de ampliar sus operaciones internacionales" y con ello "impulsar la recuperación económica".

Cena de gala

La primera jornada de la visita, que culminará el viernes en Sevilla, se cerrará con la cena de gala que los Príncipes de Asturias, en su calidad de anfitriones, ofrecerán al Príncipe de Gales y a la duquesa de Cornualles en el Palacio Real.

El papel de Don Felipe y Doña Letizia como anfitriones durante toda una visita oficial de un príncipe heredero constituye toda una novedad que debe enmarcarse en la asunción progresiva de mayores funciones por parte del Príncipe de Asturias.

Aunque Don Felipe y Doña Letizia han ejercido este papel de forma puntual en algunas visitas de príncipes herederos, acompañándoles por ejemplo en ciertas actividades en lugar de los Reyes, nunca antes han hecho de anfitriones de una forma tan completa como la que se ha programado para esta visita.

La imagen de los Príncipes presidiendo una cena de gala en el Palacio Real sólo tiene un precedente y se debió a circunstancias excepcionales, cuando el Príncipe en mayo de 2010 tuvo que sustituir al Rey, convaleciente de su última operación, en la cena ofrecida a los jefes de Estado que participaban en una cumbre entre la UE y América Latina.

Reunión con Zapatero

Ya el jueves, el Príncipe de Gales tiene previsto reunirse el jueves con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez, antes de visitar, acompañado por Don Felipe, al Centro de Tecnología de Repsol en Móstoles.

Mientras, la Princesa de Asturias acompañará a Camilla Windsor a la escuela de perros guía de la ONCE en Boadilla del Monte, prevista para la misma hora.

Ese mismo día, los duques de Cornualles mantendrán un almuerzo privado con los Reyes y los Príncipes de Asturias en el Palacio de la Zarzuela y por la noche asistirán a un concierto benéfico en el hotel Ritz organizado por la Asociación hispano británica, dedicada a mejorar las relaciones bilaterales entre ambos países.

Asimismo, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, entregará la llave de oro de la capital al Príncipe Carlos.

El viernes pondrán rumbo a Sevilla, donde visitarán el Ayuntamiento y el Príncipe de Gales participará en un acto con empresarios españoles que exportan sus productos a Reino Unido, además de asistir a una jornada organizada por la Fundación Tres Culturas sobre la convivencia entre diferentes culturas, mientras su esposa recorrerá el Museo del Flamenco, por el que ha mostrado interés.

Al término de su visita oficial, el Príncipe de Gales y la duquesa de Cornualles se trasladarán a la finca del duque de Wellington en Íllora (Granada), donde pasarán el fin de semana con una agenda privada.

Carlos de Inglaterra y su esposa llegarán a España dentro de una gira que incluirá también Portugal y Marruecos y que persigue como objetivos potenciar las relaciones comerciales del Reino Unido con estos países, fomentar la cooperación en materia de lucha contra el cambio climático y reforzar los lazos culturales, entre otros asuntos.

Esta será la décima visita oficial del Príncipe a España, pero la primera de la duquesa de Cornualles.

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sábado, 19 de marzo de 2011

Muere la hermana del Príncipe Rainiero de Mónaco

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Vanitatis

La princesa Antoinette, hermana mayor de Rainiero de Mónaco, que falleció este viernes a los 90 años, tuvo una vida intensa y extremada donde sus historias sentimentales con romances complicados, amores prohibidos y pasionales se conjugaron con conspiraciones para apartar a Rainiero del trono monegasco.

En aquellos años locos la tía traidora aducía que el hermano no estaba capacitado para dirigir el Principado porque estaba más interesado en montar su zoo y coleccionar coches y, además, no tenía descendencia. Junto a su segundo marido, pretendía convertirse en regente hasta que su hijo Cristian de Massy alcanzara la mayoría de edad. No funcionó la estrategia y durante años vivió en un simulado exilio porque también pretendió minar la vida de Grace Kelly, a la que acusaba de no saber educar a sus hijas.

La princesa no quería saber nada de esa cuñada malvada que se dedicaba a lanzar rumores contra ella y contra las hijas. En su caso, era más ficción que realidad, y en el de las niñas Grimaldi, más realidad que ficción. Carolina primero y después Estefanía fueron alumnas aventajadas de la tita en su vertiente amorosa.

Antoinette, como en el tango, tuvo tres maridos a los que no envenenó con unas cuantas gotas de cianuro en el café como cantaba Massiel, pero tampoco los aguantó. Fue la primera princesa europea que tuvo tres hijos siendo soltera de ese primer cónyuge, tenista de profesión. Esa querencia por el deporte la heredó Carolina, cuyas fotografías en top less con el argentino Guillermo Vilas dieron la vuelta al mundo.

Tras su segundo divorcio, el hermano la perdonó y la permitió volver al Principado. Impuso sus condiciones y una de ellas era que no mantuviera relación alguna con el poder y se dedicara a obras sociales. Hubo un tercer marido, bailarín para más señas, del que quedó viuda al poco de casarse. Las maledicencias se desataron pero, en este caso, Antoinette se mostró públicamente desolada.

Su historia vital no tuvo desperdicio. Con los años se calmó y se convirtió en una dulce ancianita con vestidos de fiesta imposibles y cortados por el mismo patrón. Lo único que variaba era la tonalidad, y un año aparecía de gasas azules y al siguiente el mismo estilismo pero en verde, y así año tras año posando en la foto oficial junto al resto de la familia Grimaldi.

Uno de los capítulos más sugerentes de su vida fue cuando se lió con un apuesto caballero, réplica de Cary Grant en Atrapa a un ladrón. Y, como sucedía en la película, en los fastos de la boda de su hermano con la actriz Grace Kelly (era la protagonista femenina de la cinta), desaparecieron joyas de las invitadas que no las habían depositado en la caja fuerte del hotel. Nunca se pudo demostrar la intervención del novio de Antoinette en la sustracción. O, seguramente, la policía monegasca prefirió pasar página por orden expresa del principe Rainiero. Antoinette vivió intensamente una vida casi de culebrón.

domingo, 27 de febrero de 2011

El Rey que quiso evitar la guerra

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Hace 70 años, en una habitación del Gran Hotel de Roma, el Rey Alfonso XIII agonizaba rodeado de su familia a 1.300 kilómetros de su patria. La última noche de su vida la había pasado bastante tranquila, hasta el punto de que los médicos creyeron apreciar una ligera mejoría. Su esposa, la Reina Victoria Eugenia, que había viajado desde Lausana para estar a su lado en el trance, y sus hijos se disponían a salir. Tenían previsto asistir a los funerales del marqués de las Torres de Mendoza, secretario del Rey, que había fallecido recientemente.

Eran las diez y media de la mañana y, de repente, Alfonso XIII sufrió un ataque cardiaco. Avisado el doctor Frugoni, le administró dos inyecciones de adrenalina, pero el Rey no se recuperó, y el médico pidió a la familia que pasara a la habitación. El padre López dio la Extremaunción y el Santo Viático al Rey moribundo, que conservó la lucidez hasta el final. Sólo tenía 55 años, pero parecía que había vivido mucho más.

Nacido Rey como Heredero póstumo de Alfonso XII, en plena adolescencia (17 años) accedió al Trono de una nación que atravesaba uno de los periodos más turbulentos de su historia. Llama la atención, por lo acertado de la premonición, lo que aquel joven Rey escribió en su diario en 1902: «En este año me encargaré de las riendas del Estado, acto de suma importancia tal y como están las cosas, porque de mí depende si ha de quedar en España la Monarquía borbónica o la República... Yo espero reinar en España como Rey justo. Espero, al mismo tiempo, regenerar a la Patria...» Y esa fue su meta durante 28 años, en los que en España se sucedían los acontecimientos a un ritmo trepidante: la Semana Trágica, los asesinatos de Canalejas y de Dato, la huelga revolucionaria de 1917, la guerra de Marruecos, la Dictadura, tres atentados contra su persona (uno el día de su boda)...

Sin «el amor de mi pueblo»

Es posible que el Rey recordara en su lecho de muerte su vida en España, de donde partió la noche del 14 al 15 de abril de 1931, después de que se proclamara la República de una forma peculiar: por la vía de hecho, sin ningún mandato popular. En las elecciones municipales del 12 de abril los monárquicos obtuvieron un mayor número de concejales que los republicanos, pero éstos triunfaron en 41 de las 50 capitales de provincia, y el Rey lo interpretó como un fracaso. «Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo», manifestó Alfonso XIII en un mensaje de despedida que sólo ABC publicó al día siguiente. «Quiero apartarme de cuanto sea lanzar a un compatriota contra otro en fratricida guerra civil», agregó antes de partir al exilio.

Pero la salida del Rey no contuvo la ola de violencia que se estaba extendiendo por España. Por el contrario, el nuevo Gobierno provisional alentó el anticlericalismo y la violencia contra los monárquicos, y el 11 de mayo, en un solo día, se quemaron seis iglesias en Madrid y 18 centros católicos en el resto de España. En ese clima de confrontación, el 28 de junio se celebraron unas elecciones que dieron un triunfo rotundo a la Conjunción republicano-socialista. Cinco años después, Alfonso XIII contemplaba desde el exilio cómo se desangraba España en una guerra civil que él había tratado de evitar.

Poco antes de que el Rey expirara, su hijo, Don Juan de Borbón, en quien había abdicado el 15 de enero de 1941, le había jurado que no descansaría hasta que sus restos reposaran para siempre en su patria, en el Monasterio de El Escorial, que su antepasado, Felipe II, había mandado construir para cumplir, también, un encargo de su padre, Carlos I: crear un Panteón para la Dinastía. Pero aún tuvieron que pasar 39 años y muchos acontecimientos para que el Conde de Barcelona pudiera cumplir el mandato paterno.

«Majestad, misión cumplida»

Durante ese tiempo, Alfonso XIII descansó en la capilla de San Diego de Alcalá, en el templo español de Santiago y Montserrat, en Roma. Casi cuarenta años después, con el cáncer enroscado a la garganta y la fiebre de 40 grados quemándole los ojos, Don Juan entregó los restos mortales de su padre al prior del Monasterio de El Escorial, tras pedir la venia a su hijo, el Rey Don Juan Carlos. Alfonso XIII había regresado a España por el mismo camino por el que había partido hacia el exilio, desde el puerto de Cartagena. En el monasterio Don Juan se cuadró ante su hijo y le dijo: «Majestad, misión cumplida».

sábado, 5 de febrero de 2011

Isabel II cree 'conmovedora' la película sobre su padre

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La reina de Inglaterra, Isabel II, dio luz verde a la película que retrata la figura de su padre, 'El discurso del rey', la máxima favorita para los Oscar, ha explicado el guionista, David Sindler, a la BBC.

La reina vio antes de su estreno el drama histórico en el que su compatriota Colin Firth encarna a su padre, el rey Jorge VI y dio su visto bueno. Comentó que la película le pareció "conmovedora" y que la sentía como un "último honor", según relata Seidler.

La película retrata a un hombre tímido que tiene que superar sus problemas de tartamudez para insuflar coraje a una nación que se aboca a la guerra. Un singular médico le ayudará a solucionar el problema ante los micrófonos. En la película, la reina aparece de niña.

Seidler explicó que ya quiso abordar este tema hace 30 años, pero la entonces viuda del monarca, la 'reina madre', se opuso. Le pidió que no hiciese la película porque el recuerdo todavía le resultaba muy doloroso, dijo el guionista, de 73 años.

"Y ahora que la película se ha escrito, se ha rodado con mucho amor y con mucho respeto y admiración, el hecho es que su majestad lo ha reconocido y eso es increíblemente satisfactorio", comentó Seidler.

'El discurso del rey' opta a 12 Oscar, entre ellos el de mejor guión y el de mejor actor.

lunes, 31 de enero de 2011

Don Felipe, Príncipe Constitucional

POR PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO
ABC

NUESTRO sistema político se asienta felizmente, transcurridos más de treinta años de esta España constitucional, con el devenir de los tiempos. Una circunstancia que inviste a la Constitución, y a los poderes y órganos del Estado, del poso institucional y del respaldo ciudadano que el tiempo brinda a las obras humanas. Hoy conmemoramos una fecha dotada de especial significación: el veinticinco aniversario del Juramento de la Constitución por Don Felipe de Borbón, en sesión extraordinaria, solemne y conjunta de las Cortes Generales, un 30 de enero de 1986, de conformidad con el artículo 61.2 de nuestra Carta Magna. En dicho precepto se afirma: «El Príncipe heredero, al alcanzar la mayoría de edad, y el Regente o Regentes al hacerse cargo de sus funciones, prestarán el mismo juramento, así como el de fidelidad al Rey». Ese mismo juramento no es sino el referido al Monarca: «El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes, y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas» (artículo 61.1). Pocas veces la prestación de un juramento disfruta pues de tal relevancia: la promisoria adhesión de Don Felipe al vigente orden constitucional. Detengámonos en su trascendencia político-constitucional.

D Primera: constitucional. La Monarquía parlamentaria se asienta en la legitimidad histórica —«La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica» (artículo 57. 1)—; pero, sobre todo, en la legitimidad legal-racional normativa, la característica de los regímenes constitucionales. Una Constitución erigida sobre la idea de la soberanía nacional —«La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado (artículo 1. 2)—, basamento del principio democrático, donde el Rey ya no es un órgano soberano, sino un poder constituido, el titular de un órgano constitucional: la Corona. Una Corona sometida a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico (artículo 9.1). Nada queda del Rey como Princeps legibus solutus y menos de L´Etat c´est moi. En el proceso de racionalización de la Monarquía parlamentaria, el adjetivo es sustantivo; la Monarquía parlamentaria no es una forma de Estado, como en las Monarquías absolutas, sino una forma de gobierno. No es casual, en suma, lo prescrito en el artículo 56.1 CE: «El Rey ejerce… las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes». Una realidad que es predicable de la Corona, del Monarca y, por ende, de Don Felipe, como Príncipe heredero. Si bien, mientras que el origen del juramento del Rey se encuentra —puntualiza Torres del Moral— en una práctica pactista del Antiguo Régimen (el Monarca juraba fidelidad a sus súbditos, pero éstos hacían lo mismo respecto al Rey, fijándose derechos y deberes para ambas partes), el del Príncipe heredero es más propio de los nuevos tiempos, de los regímenes constitucionales. Los Parlamentos eran entonces los que juraban fidelidad al Heredero; hoy es el Heredero, en forma inversa, quien lo hace ante las Cortes Generales. Un juramento que carece, no obstante, de efectos constitutivos o declarativos del statusy condición de Príncipe heredero. No crea titularidades, obligaciones, ni derechos. No asigna efectos atributivos a la titularidad del Heredero, que ya lo era desde antes. Se es Heredero en virtud del principio sucesorio definitorio de la Monarquía, y de naturaleza ordinariamente automático, nunca por el juramento. Estamos ante un compromiso, ante una fórmula de integración, ante una garantía moral, ante una condición, eso sí, para cumplir las funciones constitucionales.

Si el Monarca jura, al momento de su proclamación, desempeñar sus funciones, guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas, la lógica constitucional invita a que el Príncipe heredero, al alcanzar la mayoría de edad —dieciocho años (artículo 12 CE)—, preste semejante juramento. Y decimos semejante, porque a los mentados contenidos se añade el de fidelidad al Rey, consecuencia de la condición de Don Juan Carlos como titular de la Corona. «Fiel y obediente —decía la Constitución de 1812— al Rey».

Segunda: histórica. El juramento de Don Felipe es una constante, dentro de las competencias no legislativas de las Cortes Generales, a lo largo del constitucionalismo: desde Cádiz (1812) hasta la Constitución de la Restauración (1876). Nuestras Constituciones han previsto, en el mismo precepto, el juramento del Príncipe heredero, junto al del Rey y la Regencia. La única matización se producía en la Constitución de Cádiz: por un lado, se pormenorizaba su forma y contenido; y, por otro, se prescribía su prestación antes de la mayoría de edad. Aunque, y este sí es un hecho relevante —reseña Jorge de Esteban—, es la primera vez desde el inicio de nuestra Monarquía constitucional en el siglo XIX, que un Príncipe heredero ha cumplido dicha exigencia. Una razón para regocijarnos, por lo que explicita de acomodación del texto de la Constitución a la realidad política del país. Un juramento que se reproducirá, en su día, cuando Don Felipe sea proclamado Rey, no por, sino antelas Cortes Generales.

Tercera: simbólica. Los símbolos, como demostró García Pelayo, satisfacen una función integradora y exteriorizadora del compromiso de los órganos del Estado, en este caso del Heredero de la Corona, con la Constitución, con los demás órganos del entramado institucional y con los ciudadanos. De esta suerte, el juramento de Don Felipe expresó su explícita adhesión a los principios y valores constitucionales.

La reseñada naturaleza del juramento de Don Felipe se resaltó en el Acuerdo del Consejo de Ministrosde 27 de diciembre de 1985, que tomaba conocimiento de su inmediata mayoría de edad, y solicitaba la constitución de una sesión extraordinaria y conjunta de ambas Cámaras de las Cortes Generales: de un lado, su dimensión jurídica, en tanto que «acto de naturaleza constitucional que se proyecta sobre el conjunto de las instituciones estatales y, muy particularmente, sobre los restantes órganos constitucionales»; y, de otro, una faceta simbólica, pues «son las Cortes Generales, como representantes del pueblo español, del que emanan todos los poderes del Estado y en el que reside la soberanía nacional, quienes hayan de recibir compromiso de tanta relevancia». Una obligación, recuerda Óscar Alzaga, que se remonta a Alfonso VI que, sin heredero masculino, trató de facilitar el acceso al trono de su hija Doña Urraca; y a Alfonso VIII, en vida de su padre Sancho III, que recibía el homenaje de las Cortes, poniendo coto a las aspiraciones de su tío Fernando II de León. Por más que las circunstancias de hoy son muy distintas: en la época preconstitucional el juramento buscaba remediar la inseguridad jurídica en materia sucesoria, lo que requería que el Heredero fuera reconocido como tal en vida del Rey; en la actualidad manifiesta, en cambio, su inequívoco compromiso con el ordenamiento constitucional.

El entonces presidente de las Cortes Generales, Gregorio Peces-Barba, resaltó lúcidamente el citado perfil del juramento, al dirigirse a Don Felipe: «Estáis simbolizando vuestro sometimiento al Derecho, vuestra aceptación del sistema parlamentario representativo, vuestro compromiso de servicio a las instituciones y a los ciudadanos y vuestra lealtad al Rey». En suma, ¡celebramos un cumpleaños constitucional! ¡El de un Príncipe constitucional!

Vídeo reportaje del día del juramento

«Es hora de reparar la injusticia histórica a Don Juan de Borbón»

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ABC

Perseguido y calumniado en la época de Franco, y silenciado después en la Transición, el padre del Rey sigue siendo un desconocido para la mayoría de los españoles, a pesar de que jugó un papel fundamental en la restauración de la Monarquía como elemento de reconciliación y democracia. «Es hora de ayudar a reparar tan tremenda injusticia histórica», afirma Pedro Carvajal, hijo de Francisco Carvajal, conde de Fontanar, consejero e íntimo colaborador de Don Juan.

Testigo desde niño de su historia, a través de sus padres y del círculo más próximo al Conde de Barcelona, Carvajal acaba de publicar la biografía más cercana del padre del Rey, «La travesía de Don Juan» (Temas de hoy), cuyo título es la metáfora de «la azarosa vida de un marino que llegó a buen puerto, aunque no fuera ese el puerto que esperaba». Lo que distingue este libro de las otras biografías del Conde de Barcelona es que ayuda a descubrir el lado más humano del padre del Rey con testimonios y anécdotas inéditas. Pero esta obra es también un homenaje a aquel grupo de monárquicos que acompañaron a Don Juan en su travesía, unidos por el deseo de llevar la reconciliación y la democracia a España.

«El exilio les purificó»

El libro se gana la credibilidad del lector desde las primeras páginas. Empieza con un análisis crítico y honesto del Reinado de Alfonso XIII y un relato detallado del ambiente palaciego y cortesano de principios del siglo XX, alejado de las preocupaciones de los españoles y en el que se despreciaba a los intelectuales. «Quien malcriaba a Alfonso XIII era su tía la Infanta Isabel, la Chata. Cuando su madre, la Reina María Cristina, le iba a regañar, ella le decía: "Tu, hijo, haz lo que quieras que para eso eres Rey de España"», cuenta Carvajal. Por varias circunstancias, como la influencia de la Reina Victoria Eugenia y su etapa en la Marina inglesa, «Don Juan salió limpio de esas historias, pero además el exilio purificó a la Familia Real. Hubo un antes y un después. Cambió radicalmente», afirma el autor.

La biografía relata con detalle el despertar de la vocación marina en Don Juan, de la que no había precedentes en la familia. Cómo le sorprendió la proclamación de la República en la Escuela Naval de San Fernando, de donde tuvo que salir por sus propios medios. Su etapa en la Marina inglesa, el exilio en la Roma de Mussolini, en Lausana y en Portugal; la austeridad de «Villa Giralda», la traición de los Aliados en plena Guerra Fría, la intervención de Don Juan el 23-F, con sus llamadas al Rey desde Estoril, y la enorme generosidad que llevó al Conde de Barcelona a sacrificarse para salvar la Dinastía. Parte de los hechos que se relatan han sido cotejados con Doña Pilar, hermana del Rey, testigo de muchos de los acontecimientos que se describen.

Según Carvajal, Don Juan «ya tuvo conciencia de que Franco le había hurtado la Corona cuando, en la entrevista en el Azor, acepta que su hijo viniera a estudiar a España. También lo sabía la Reina Victoria Eugenia, quien en 1948 dijo: "Juanito ha sido muy generoso, pero puede que con ello se haya jugado la Corona"».

El libro relata «momentos muy duros entre Don Juan y Don Juan Carlos» y lo hace con tanto detalle que resulta «totalmente comprensible la actitud de ambos». Cuenta Carvajal que «hay un momento en que Don Juan Carlos le dice a su padre, con toda la razón: "Papá: o yo, o ni tú ni yo". Y Don Juan ya sabía que era así».

Para Carvajal, «su figura es un elemento clave para entender la Transición. Si no hubiera existido Don Juan ni sus monárquicos, los juanistas —que querían una Monarquía constitucional frente a la dictadura—, todo habría sido diferente, incluido el Rey. Si Don Juan Carlos es un profundo demócrata, lo es gracias al ambiente que recibió en su casa desde niño. Pero lo más importante de esta historia es que la Corona estuvo a la altura de las circunstancias y sirvió para la reconciliación a los españoles y el regreso de la democracia», subraya.

La presentación de «La travesía de Don Juan», que pretende ser también un homenaje a su figura, se celebrará el próximo viernes a las 12 horas en un curioso lugar: el Cuartel General de la Armada (Juan de Mena, 7) de Madrid y en ella intervendrá, entre otros, Jaime Carvajal, compañero de estudios y amigo de Don Juan Carlos.

Dispuesto a reinar, pero sin prisa

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ABC

Sin prisa por ser Rey, pero dispuesto a asumir con toda responsabilidad la Jefatura del Estado cuando llegue el momento. Una sucesión que todos desean lo más lejana posible por el afecto a Don Juan Carlos, pero que se abordará en su día con la normalidad propia de la Institución monárquica, que tiene garantizada la continuidad de la Jefatura del Estado.

Así es como afronta el Príncipe de Asturias su 43 cumpleaños. Una fecha especialmente importante porque hoy también se cumplen 25 años de su mayoría de edad y de la jura de la Constitución ante las Cortes Generales del Reino. Cinco lustros en los que Don Felipe se ha estado preparando para reinar y en los que también ha ido marcando un rumbo y ha mostrado su forma de hacer las cosas.

Con motivo de este aniversario, la Casa de Su Majestad el Rey convocó a principios de esta semana a un grupo de periodistas. A la reunión en el Palacio de La Zarzuela se acercó el Príncipe de Asturias, quien compartió algunas reflexiones con los informadores sobre su situación institucional y personal, 25 años después de haber asumido ese compromiso.

El Rey quiere normalidad

A Don Felipe se le ve satisfecho con la labor que realiza como Heredero de la Corona, lo que, unido a su formación, le ha aportado unos cimientos muy sólidos para asumir la Jefatura del Estado con toda responsabilidad cuando lo marque el destino. Una cuestión que el Rey también quiere que se aborde con normalidad y previsibilidad.

En la reunión, los portavoces del Palacio de La Zarzuela aseguraron en varias ocasiones que no hay ninguna aceleración del proceso de relevo ni ninguna operación de abdicación en marcha. Ni siquiera, impaciencia, insistieron, pues el Príncipe está muy satisfecho con la labor que está realizando. Como prueba de que no hay ningún proceso de sucesión, recordaron las palabras que dirigió el Rey en su último mensaje de Navidad: «Sigo y seguiré cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España. Es sin duda mi deber, pero también mi pasión». Además, reiteraron que Don Juan Carlos superó con éxito hace meses el problema de salud por el que fue operado de un pulmón el pasado 8 de mayo.

Pilar de la Monarquía

En cualquier caso, consideran que es positivo recordar en este aniversario que el Heredero de la Corona está dispuesto y a la orden para asumir esa responsabilidad cuando llegue la hora. Si hace 25 años Don Felipe dio un paso más en la continuidad dinástica con su juramento de acatamiento a la Constitución y fidelidad al Rey, ahora el Príncipe reitera su disposición a ceñirse la Corona cuando llegue el momento. Lo cierto es que, hasta ahora, apenas se ha hablado con naturalidad de la sucesión, porque con frecuencia va unida a un hecho doloroso. Sin embargo, se trata de un pilar básico de la Monarquía, que aporta estabilidad y continuidad de forma automática y evita el vacío en la Jefatura del Estado.

Precisamente, la intervención quirúrgica practicada el año pasado al Rey y su posterior convalecencia llevó a Don Felipe a asumir actos a los que Don Juan Carlos no pudo asistir. Fue algo excepcional, breve y transitorio, pero que puso de manifiesto la capacidad de la Institución para resolver esa situación de forma tranquila, sin sobresaltos ni alteraciones.

Esta efeméride también ha servido a la Casa del Rey para mirar hacia atrás y hacer balance de la preparación que ha recibido Don Felipe como futuro Rey. En Zarzuela consideran que el Príncipe recibió una formación adecuada para la función que está llamado a realizar y que acertaron en su enfoque quienes la diseñaron, junto con el Rey, tanto en el terreno académico como militar.

Una educación que, por un lado, es la más específica que jamás haya recibido un Monarca español y, por otro, está en sintonía con la que han recibido los jóvenes de su generación. Además de conseguir el equilibrio entre la formación académica y la militar, su preparación fue completada con cursos en instituciones europeas y visitas de trabajo a casi todas las instituciones públicas de relevancia.

Ahora también se considera un acierto la decisión que se adoptó hace quince años, en 1996, cuando Don Felipe finalizó los estudios y se integró plenamente en la función pública al servicio de los intereses de España. De esta forma se dotó de contenido la actividad del Heredero de la Corona cuya función no está descrita en la Constitución. La Carta Magna apenas dice nada de las funciones propias del Príncipe de Asturias. Únicamente el artículo 59.2 prevé que el Heredero podrá ejercer la regencia en caso de inhabilitación del Rey reconocida por las Cortes Generales.

Sin precedentes

Aunque sus circunstancias eran muy distintas de las de sus antecesores, tampoco existían precedentes recientes en los que inspirarse, pues Alfonso XIII nació Rey y tanto Don Juan como Don Juan Carlos vivieron una situación peculiar como Herederos de la Corona española. Cuando se debatía sobre su futuro, Don Felipe ya tenía una idea muy clara que en seguida empezó a llevar a la práctica: «Ser Heredero no significa estar a la espera. Ser Heredero es prepararse para ser Rey», afirmaba. Y así lo ha venido haciendo el Príncipe desde que terminó su formación.

Desde 1996, ha realizado más de 200 viajes al exterior; entre ellos ha asistido a la toma de posesión de 57 jefes de Estado iberoamericanos, ha recibido a cerca de 20.000 personas y ha pronunciado más de 900 discursos. Además, ha mantenido contacto con 95 jefes de Estado que han visitado España y con los de la mayoría de los países a los que él ha viajado.

Un valioso bagaje

Esta labor como Heredero de la Corona le ha llevado a acumular unos contactos y un bagaje que se consideran una experiencia muy valiosa y que le han convertido en un extraordinario embajador de los intereses de España y en promotor de los valores positivos y culturales de nuestro país, señalan en Zarzuela. En otras palabras, el Príncipe es un eficaz instrumento de la política exterior de España.

Cada año, Don Felipe realiza una media de 320 actos oficiales, una velocidad de crucero que tiene previsto mantener a corto plazo, aunque en los últimos tiempos ha incorporado algunas actividades nuevas, como las audiencias militares, que complementan a las que concede el Rey. También han ganado profundidad algunos de sus discursos, como los que pronuncia en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias y en algunos actos de la Fundación Príncipe de Girona. Además de estas dos instituciones, Don Felipe es presidente de honor de la Fundación Codespa, del Real Instituto Elcano y de la Asociación de Periodistas Europeos.

A pesar de mantener este ritmo de actividad, en algunos sectores sigue extendida la idea de que el Príncipe no es suficientemente conocido por la opinión pública. Sin embargo, en Zarzuela se considera que Don Felipe no tiene que estar presente diariamente en los medios de comunicación, como les ocurre a los políticos. El Príncipe está convencido de que mantener su ritmo de trabajo es el camino para llegar en las mejores condiciones al momento de la sucesión.
Personas muy próximas a Don Felipe subrayan que el Príncipe siempre ha cumplido el papel constitucional que le corresponde a la Corona. Nunca ha suscitado polémicas ni conflictos, jamás ha roto la neutralidad política ni ha invadido competencias y siempre ha colaborado con el Rey.

Volcado en sus hijas

Un capítulo trascendental en la vida del Heredero de la Corona fue su matrimonio con Doña Letizia y el nacimiento de sus dos hijas, las Infantas Leonor y Sofía. Desde el punto de vista institucional la llegada al mundo de las dos niñas supuso la continuidad de la Dinastía. Pero también permitió descubrir nuevas facetas personales del Príncipe de Asturias. Don Felipe se ha revelado como un hombre profundamente preocupado por la formación de sus hijas, cuya educación desea que se aproxime a la de los demás niños. También ha insistido en la defensa de la privacidad de las Infantas y en su deseo de pasar con ellas el mayor tiempo posible.

Hasta ahora, el Príncipe se ha referido en muy pocas ocasiones al día en en el que sea proclamado Rey, pero lo que sí ha adelantado es una «vocación de continuidad» rotunda y firme con el modelo de Monarquía de Don Juan Carlos y Doña Sofía, «aunque las circunstancias serán diferentes y también las personas», dice. Don Felipe aplicará su propio estilo y personalidad, pero su deseo es que la Corona siga siendo «una institución útil al servicio de España y respetada y querida por todos los españoles».

domingo, 16 de enero de 2011

Juan Carlos, el hombre de la mirada triste

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¿Cómo fue la relación entre don Juan y don Juan Carlos antes de saber quién de los dos sería posiblemente el rey de España? ¿Generó conflicto entre ellos? ¿Qué peso tuvo Franco en la educación de don Juan Carlos? ¿Cómo se tomó la decisión de que fuese don Juan Carlos rey y no don Juan? ¿Abdicó don Juan, hijo y padre de reyes, voluntariamente? El periodista Abel Hernández aporta un rayo de luz a la relación entre Don Juan y el actual Rey de España en Don Juan y Juanito, un libro que tiene la llave de la España que nunca fue y que pudo ser.

Pregunta: ¿Qué hay de cierto y de mito en la relación de don Juan Carlos con su padre?

Respuesta: Hay de verdad que hubo mucho conflictos. Franco había eliminado a don Juan como candidato al trono, y éste no esperaba que su hijo participara en la exclusión. Fue un trago muy duro para los dos. Don Juan sentía que su hijo le traicionaba entre comillas, que se llevaba mejor con Franco que con él…pero nunca se rompió la relación entre ellos, a diferencia de lo que a veces se comenta. En 1966, el Rey doña Sofía habían sido invitados a una importante reunión en Estoril a la que declinaron en el último momento acudir. Don Juan montó en cólera y dijo cosas horribles, pero María de las Mercedes siempre fue el hilo conductor en la relación entre ambos. Don Juan soñaba con España, pero Juan Carlos la vivía.

P: ¿Le llegó a perdonar Don Juan esa especie de traición por parte de su hijo a la que se refiere?

R: Sí. Me consta, por los diferentes testimonios a los que he acudido para documentarme, entre los que se encuentra el de la infanta Pilar, que estaba muy orgulloso de su hijo. Al final, se dio cuenta de que aquella situación que tanto dolor le había ocasionado se resolvió de la mejor forma que se pudo hacer, aunque tuviera que abdicar a favor de su hijo. Además, murió feliz al comprobar que su Juanito cumplió con su proyecto político: dejar fuera de la Monarquía el Movimiento y convertirse en el rey de todos los españoles. Y además ser querido por su práctica totalidad.

P: Esta teoría se reforzaría  con aquellas imágenes de Don Juan Carlos en las que aparece llorando en el entierro de su padre

R: Aquel momento fue muy intenso. El Rey lloraba, entiendo yo, porque se le acumulaba todo lo vivido: el enorme sacrificio que había hecho para esto separándose de su familia a los 10 años, la ausencia de su padre, de su madre, la muerte de su hermano... A pesar de que don Juan llegó a utilizarle como un instrumento político en la pugna con Franco, como pelota de pimpón entre Estoril y el Pardo. No hay personaje más dramático que él en el siglo XX. No llegó a entrar en la Tierra Prometida.

P: ¿Con quién se llevaba mejor el Rey? ¿Con su padre o con su madre?

R: Desde el punto de vista humano, con su madre. La primera persona a la que llama tras su nombramiento es a María de las Mercedes antes que a Don Juan. Cuando no podía hablar con él se ponía a llorar.

P: Pilar Eyre afirma en su libro María La Brava que la madre del Rey se refugió en el alcohol cuando murió en circunstancias trágicas su hijo Alfonso, ¿es cierto?

R: Yo creo que sufrió una gran depresión a raíz de este suceso, que se desarrolló un Jueves Santo de una forma tremenda. Siempre se sintió culpable por haberles dejado jugar con la pistola. Además, este acontecimiento coincide con la muerte de su madre y la menopausia. Yo pienso que a raíz de esto, según testimonios cercanos, el Rey ha tenido una mirada muy triste y nostálgica toda la vida. Es imposible borrar algo así.

P: ¿Cuál era la verdadera relación de Don Juan Carlos con Franco?

R: Aquí tuvo mucho que ver la reina Sofía a quien conoció en 1960 en las Olimpiadas. Le dijo que se tenía que llevar bien con él, porque era quien tenía la llave hacia la Monarquía. Hasta el punto de que en aquella reunión de 1966 en la que don Juan se enfadó mucho con el Rey, ella le convenció para que mintiese a su padre y fueran a ver a Franco a El Pardo, que les vigilaba de cerca. Por eso creo que el papel de la Reina es muy importante. Ella había vivido una situación similar con la salida de su hermano Constantino del poder en Grecia y sabía qué pasos se debían seguir y cuáles no.

P: ¿Qué papel desempeña doña Sofía en este proceso?

R: El de una mujer conservadora, pero muy realista. No se le ha hecho justicia, pero ella se negó a irse a vivir a Estoril como pretendía don Juan, por eso a Franco le gustaba tanto la Princesa. Hay mujer como Amparo Illana que han contribuido de una forma absoluta al devenir de nuestro país.

P: ¿Don Juan Carlos también ha tenido muchos conflictos con su hijo?

R: Claro, como en todas las familias. Lo que no quita el afecto entre padre e hijo. La diferencia es que el Príncipe se lo tendrá que trabajar como hizo su padre para ser querido y respetado por los españoles, un pueblo que no brilla por sus ideales sobre la Monarquía. He hablado alguna vez con el Príncipe y sé que está técnicamente mejor preparado que su padre. Es un hombre fiable, gracias, en parte, a la influencia de su madre. No veo riesgo grave de que, cuando pase algo, no logre convertirse en el rey de España.

P: ¿Qué pensaría don Juan de la situación actual de la Monarquía y de la boda del príncipe Felipe y Letizia?

R: Da la impresión que tanto él como don Juan Carlos hubiesen preferido otra solución a la boda con Letizia, periodista y divorciada. Creo que no habrá rechazo, salvo que en la familia haya graves peligros internos que puedan influir negativamente en la Jefatura de Estado.

viernes, 7 de enero de 2011

La Pascua Militar

José Antich
La Vanguardia

Como es tradición, la celebración de la Pascua Militar en el Palacio Real sirvió para marcar la reanudación del curso político y el fin de las vacaciones navideñas. En este caso, además, el acontecimiento que presiden los Reyes ha venido precedido de las palabras de don Juan Carlos durante su mensaje de Navidad, y que ya han merecido más de una reflexión, en las que reiteraba su voluntad de continuar "cumpliendo siempre con ilusión" sus funciones constitucionales "al servicio de España". "Es mi deber, pero también es mi pasión", agregó el Monarca en tal ocasión. Ha valido la pena el interés mediático que han merecido las palabras de don Juan Carlos, pese a que desde que asumió la jefatura del Estado, en 1975, ha ejercido el cargo con dedicación y pasión. Más tarde, al encuadrarse sus funciones en la Constitución de 1978 y quedar definido en el artículo 1.3 que la forma política del Estado español es la monarquía constitucional, su papel institucionalizador y moderador ha resultado evidente cada vez que ha sido necesario. En momentos como los actuales, en que España tiene en demasiadas ocasiones una visión cainita que impide grandes acuerdos, el Rey juega con la habilidad y la astucia que le proporcionan la edad y la experiencia en su papel primordial. El paso de los años nos ha permitido conocer su actuación determinante en asuntos como el 23-F de 1981, las relaciones exteriores y, de una manera fundamental, su labor con Estados Unidos, Marruecos, Latinoamérica o las monarquías del golfo Pérsico, o bien su determinación ante los diferentes presidentes del Gobierno. En estos momentos de crisis económica, además, el Rey ejerce un papel cohesionador y estimulante. De ahí la admiración y el respeto que le profesa de una manera muy amplia la sociedad española.

Discurso del Rey

sábado, 1 de enero de 2011

El rumbo de la monarquía: del carisma de Don Juan Carlos a la institucionalización

José Antonio Zarzalejos
El Confidencial

Los pasajes más significativos del mensaje navideño del Rey, escasamente glosado editorialmente por los medios de comunicación, fueron, sin duda, los que aludían a su voluntad de seguir "cumpliendo siempre con ilusión mis funciones constitucionales al servicio de España" porque para Don Juan Carlos esa misión "es  mi deber, pero es también mi pasión", y la mención expresa al Príncipe de Asturias por su "activo apoyo".

A lo largo del pasado año hemos observado por primera vez a un Don Juan Carlos intervenido quirúrgicamente en un pulmón de una tumoración benigna pero no inocua de la que ha experimentado una recuperación lenta y trabajosa. Hemos pasado de un Rey dinámico, dicharachero y sonriente, a un monarca al que se le nota la pesadez de los años en su forma de moverse y de comportarse. En definitiva, hemos percibido a un Jefe del Estado cansado tanto por la convalecencia como por la consciencia de que el tiempo no transcurre en balde y, con el país en marasmo, hay que abordar la definitiva institucionalización de la monarquía para que navegue en la historia próxima de España sin necesidad de titulares excepcionales.

La especial idoneidad de Don Juan Carlos

La Corona, institución que encarna la Jefatura del Estado, con unas muy concretas funciones constitucionales,  tiene desde 1975 un titular dotado de atributos políticos y personales que le procuran una perfecta idoneidad para las responsabilidades que ejerce. Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, nieto y bisnieto de reyes e hijo del Conde de Barcelona -mal llamado por la cortesanía Juan III para zaherir al vástago que recibió el mandato del franquismo, revalidado luego por la Constitución de 1978- ha sido y sigue siendo un rey carismático, es decir, atesora una especial capacidad para atraer y hasta fascinar, que así define el diccionario de la RAE el carisma. Ese carisma reside en el depósito de sapiencia dinástica que acumula, pero también y quizá sobre todo, en un comportamiento patriótico que los ciudadanos calibran muy bien al otorgar a la monarquía una alta valoración. Hasta en los célebres papeles de Wikileaks se hace referencia al Rey como un hombre que siempre se situará con los intereses de España. Más allá del 23-F y de su decisiva intervención y mucho más acá de las publicaciones -unas verosímiles y las más, fantasiosas- que atribuyen al Jefe del Estado conductas privadas o públicas cuestionables, Don Juan Carlos ha obtenido el respeto general. Y como muestra vale un botón: los medios de comunicación -hasta los más críticos con la Monarquía y su titular-evitan, salvo excepciones, hacerse  eco de la riada de rumores,  maledicencias y medias verdades acerca del Rey y de su entorno.

Don Juan Carlos ha cometido, sin duda, algunos errores. Pero son tantos y tan importantes sus aciertos -y en particular, el mantenimiento de la instancia que representa en el ámbito de sus funciones constitucionales- que el carisma del Rey se acrecienta a medida que se le observa más débil y más cansado. Consciente -porque el monarca es un hombre lúcido- de que esa sensación se extiende en la opinión pública, ha querido subrayar que sigue al frente de su encargo constitucional no sólo en cumplimiento de un deber sino porque hacerlo es para él "una pasión". Ese sentimiento pasional del Jefe del Estado es más necesario que nunca porque la institución que encarna se dirige a una profunda transformación que ha de cuajar en el Príncipe de Asturias que carece de los atributos carismáticos de su padre aunque atesore ventajas sin comparación histórica: es el heredero de la Corona más preparado en todos los sentidos, con experiencia política, con un acervo de contactos internacionales de primer orden y, como hemos podido observar, entregado por completo a la misión constitucional que le espera. Pero Don Felipe no tendrá -afortunadamente- un 23-F para legitimarse; ni habrá sido el monarca de la restauración, ni del impulso a la democracia después de cuarenta años de franquismo, ni el hombre experimentado que transitó por una infancia difícil y una juventud convulsa, ni el Príncipe que se casó por razones de Estado sino sentimentales y emocionales, ni, en fin, el heredero que podrá sustituir los vacíos constitucionales que afectan a la monarquía como lo ha hecho y lo hace su padre a base de buen sentido e instinto. No porque no los tenga, sino porque en el futuro la sociedad española se adherirá de forma mayoritaria a la monarquía, pero no a la carismática sino la institucionalizada.

La abdicación está descartada

Algo se ha hecho en ese sentido. La Corona ha ganado en verticalidad -se concentra en los Reyes y en los Príncipes de Asturias, extrayendo del foco a las infantas y familiares colaterales-, sus intervenciones políticas están más medidas y profesionalizadas y la Casa del Rey, como estructura de apoyo a la Jefatura del Estado, aun disponiendo de más recorrido, ofrece al Rey y al Príncipe una cobertura cada vez más atinada. Sin embargo, la imposibilidad política actual de modificar la Constitución (artículo 57) para suprimir la prevalencia en la sucesión del varón sobre la mujer -¿qué ocurriría si los Príncipes de Asturias tuvieran un hijo?- y la ausencia de una Ley Orgánica, también prevista en la Carta Magna, que regule todos los aspectos que afectan a la sucesión, son vacíos graves. Además, deben consolidarse usos y costumbres -como sucede en otras monarquías europeas- que aquí aún se mueven en el terreno del voluntarismo: cómo se engarzan los pronunciamientos del Rey con la política del Gobierno constitucional; hasta qué punto el monarca dispone de auctoritasefectiva -no hablamos de potestas- en designaciones y nombramientos más allá de los que le corresponden en el ámbito de su Casa; cual es la manera en que  el Rey y el Príncipe han de utilizar los idiomas cooficiales en España y tantas otras cuestiones que van conformando un corpus que confiere entidad constitucional y consuetudinaria a la Monarquía.

Los avatares por los que han transitado algunos miembros de la Familia Real en su vida privada y miembros de la familia del Rey -conceptos distintos el primero y el segundo- en referencia a actividades profesionales, alguna excesiva sobreexposición mediática de la Princesa de Asturias en soportes informativos que disminuyen su dimensión institucional en la medida en que su figura queda vinculada a aspectos banales, son circunstancias que han de corregirse. Porque siendo menores sirven para que desde fundamentalismos de derecha -que reclaman al Rey intervenciones que serían inconstitucionales- o de izquierda -que hacen gala de un republicanismo nostálgico y radical-, se rentabilicen contra el Rey y la institución.

 Mientras Don Juan Carlos reine -y a tenor de lo que afirmó el Rey, confirmó la Reina en un reciente libro y dadas las circunstancias por las que atraviesa el país, la abdicación está descartada- se mantiene un pacto o una convención implícita basada en el carisma y los méritos del monarca. Cuando falte, esa protección voluntariamente asumida por muchas instancias políticas, sociales y mediáticas dejará de existir. Por eso, impulsar la plena institucionalización de la Corona que ha de sustituir en el futuro el reinado carismático de Don Juan Carlos, es más necesario que nunca.

 Es urgente, porque aunque el Rey siga siéndolo pasionalmente y cuente con el "activo apoyo" del Príncipe de Asturias, el tiempo transcurre con un Gobierno -el actual- que no ha trabajado lo exigible la proyección de la Jefatura del Estado y no  ha evitado al monarca desgastes innecesarios. Porque ¿desde hace cuántos meses no se produce un visita de Estado a España o de los Reyes a otros Países?, ¿hay precedente de que el Rey no sea acompañado por el presidente del Gobierno a la última cumbre iberoamericana? ¿De cuando el Rey ha de salir en defensa del presidente del Gobierno exigiendo silencio en público a otro jefe de Estado como ocurrió con Chávez?

 Muchos ciudadanos perciben -percibimos- que el Rey merece, tanto en su indisimulado cansancio como en su pasional entrega, una seguridad institucional para la monarquía que los vaivenes de nuestra construcción constitucional no le han deparado todavía en la medida que aconseja la estabilidad de la institución y de la propia forma de Estado. Y esa situación añade un riesgo más a los muchos que no acechan.