lunes, 12 de septiembre de 2005

El tren de vida del Rey Harald de Noruega


El tren de vida del Rey Harald de Noruega

Aunque no hace mucho sufrió dos operaciones a corazón abierto y otra de cáncer de próstata, el Rey Harald ha vuelto a incorporarse tras pasar sus vacaciones en Mallorca a sus obligaciones constitucionales con una vitalidad que ha dejado asombrado a todo el Reino. Sin tomarse un respiro, este enérgico monarca impulsado por su sentido del deber cumple con un programa oficial intenso que implica presidir los Consejos del Reino, celebrar audiencias y realizar todos los trabajos de regente ante los aspavientos de sus médicos, que le aconsejan tomar las cosas con calma.

Hace unos días, este Rey de su tiempo, quien a pesar de que a sus 68 años lleva un tren de vida de chico joven, visitaba Suecia. El motivo era celebrar el «Centenario de la Unión», cuando Noruega recobró su soberanía y dejó de pertenecer al Reino sueco. Acompañado por su esposa Sonja y su hijo Haakon (Mette-Marit no pudo asistir por problemas de salud), el Monarca navegó en su barco «Norge» rumbo a Estocolmo para asistir a varios eventos incluidos en el programa.

El Rey Harald tampoco faltó a las citas importantes del viaje. Asistió a la cena de gala en Palacio, la inauguración de una exposición en el Castillo de Mälså donde se entrenó la Policía noruega durante la II Guerra Mundial, acción de gracias en la Iglesia de la Princesa Marta y a una recepción a la colonia noruega que vive en este país. Quizá demasiados actos para un monarca con mala salud de hierro.

La revolución del amor

Harald de Noruega, uno de los personajes, sin duda, más rebeldes de las Casas reales europeas, fue el primer Heredero que impulsó con éxito la revolución del amor en la Corona.

Tras once años de noviazgo con una burguesa sin una sola gota de sangre azul, huelgas de hambre y la firme decisión de anteponer su amor ante los derechos de Estado, el entonces Kronprins fue capaz de convencer a su real progenitor, al Parlamento y al pueblo de que para ser feliz, necesitaba esposar a la dulce Sonia. Así, tras protagonizar un escándalo en toda regla que puso en jaque a la Monarquía y llenó de estupor al mundo entero, el 29 de agosto de 1968 consumó en Oslo el primer matrimonio monargático en una casa real nórdica.

Con buen humor

Desde entonces, Harald V, que en 1991 ciñó la Corona, siempre amado por su pueblo, vuelve a ocupar el número uno de la lista de populares del país. Con el buen humor que le caracteriza, asegura al referirse a su salud que está «en buena forma», que su único problema es «dejar de fumar» y que sus anteriores operaciones de cáncer y de corazón «ya son historia».

El monarca, tras sus vacaciones en Mallorca, sigue desoyendo a sus médicos, que le han aconsejado una vida tranquila.
 
Fuente: ABC
 

domingo, 11 de septiembre de 2005

El Príncipe Enrique se sincera por su cumpleaños



Los televidentes británicos tendrán la oportunidad el próximo jueves de conocer más de cerca a Enrique de Inglaterra, el hijo díscolo del príncipe de Gales cuyas juergas y desmanes han sido famosos en el reino. El menor de los Windsor concederá ese día, con motivo de su 21. º cumpleaños, una entrevista a la cadena Sky en la que previsiblemente será interrogado sobre la desgraciada elección de un disfraz de nazi para acudir a una fiesta - una foto que irritó al país- y sobre sus dificultades para adaptarse a la férrea disciplina militar a la que vive sometido desde su ingreso en la academia de Sanhurst el pasado mayo.

Los asesores de Clarence House, la residencia oficial del heredero, han dejado claro que la cadena no facilitará a Enrique un cuestionario previo, por lo que el entrevistado está abierto a que la emisión aborde cuestiones delicadas, como el recuerdo de su madre, Diana de Gales, fallecida en un accidente automovilístico cuando el príncipe sólo tenía 12 años. Uno de los puntos más calientes de la entrevista puede ser la relación que Enrique mantiene desde hace dos años con la rubia Chelsy Davy, una joven zimbabua cuyo padre mantiene estrechos lazos comerciales con el denostado régimen de Robert Mugabe. Precisa-mente la pareja acaba de concluir unas idílicas vacaciones en el delta del Okavango (Botsuana), en compañía de catorce amigos sudafricanos, jóvenes ricos y ociosos cuya influencia no es contemplada con buenos ojos desde palacio. El príncipe está a punto de heredar 8 millones de euros, el legado de su bisabuela, la reina madre, y fuentes de la familia real han dejado translucir su temor a que Enrique, mal asesorado, se lance al despilfarro de su fortuna, estimada en total en unos 40 millones de euros. Algunos de sus amigos han confirmado que el cadete Windsor no es aficionado a los entrenamientos en Sanhurst y ha depositado sus sueños en la adquisión del local favorito de su novia en Ciudad del Cabo, el All Bar Bone.

Especulaciones al margen, Buckingham celebra el ingreso de Enrique en la edad adulta con la emisión de una edición limitada de monedas de 5 libras que ya son motivo de persecución de los coleccionistas. El aludido, entre tanto, se prepara la emisión que ha despertado cierta controversia por el descarte de la BBC. Quizá una venganza de Carlos de Inglaterra, que no soporta al corresponsal real de la cadena pública - "ese hombre horroroso"-, ni le perdona que insinuara en televisión que el matrimonio con Camila podía ser ilegal.

Fuente: La Vanguardia

Alberto de Mónaco cree que la madre de su hijo le engañó



El príncipe Alberto II de Mónaco afirma haber haber sido "engañado", sin nombrarla, por la madre su hijo natural, sobre su paternidad involuntaria, en una entrevista que ayer publicaba el diario International Herald Tribune.

Tras suceder en el trono a su padre, el finado príncipe Rainiero, el nuevo soberano monegasco reconoció públicamente, el 6 de julio, que era el padre de Alexandre, un niño de dos años, fruto de su relación con Nicole Coste, una ex azafata francesa oriunda de Togo.

"Fue un periodo muy difícil para mí", dice el príncipe, y ante la pregunta de si lo engañaron para hacerlo padre, responde: "Sí, creo que me engañaron". Alberto II precisa que sólo ha visto a su hijo una sola vez, tras las revelaciones de Nicole Coste a la prensa, "debido a la actitud hacia mí" de la madre.

Sobre otras demandas de reconocimiento de paternidad que le incumban, el príncipe afirma que no conoce "ninguna que pueda ser verdad". Y sobre su largo celibato, Alberto II, de 47 años, confiesa que hallar una esposa que será comparada a su madre, la princesa Grace le ha dado "miedo", a él "y a numerosas mujeres" que él ha conocido, "lo que las ha alejado".

sábado, 10 de septiembre de 2005

Recepción Real a los presidentes autonómicos

Los Reyes y los Príncipes de Asturias almorzaron con los presidentes autonómicos

Los Reyes, acompañados de los Príncipes de Asturias, almorzaron hoy en el Palacio Real con los presidentes de las comunidades autónomas, que han participado esta mañana en el Senado en la II Conferencia de Presidentes.
  La mayoría de los invitados llegó al Palacio Real pasadas las 16.30 horas, con más de dos horas de retraso sobre el horario previsto para el almuerzo (14.15 horas) debido a que la cumbre autonómica se prolongó más tiempo del previsto inicialmente, como ya ocurrió en la primera celebrada en octubre del año pasado.
  En primer lugar, pasadas las 16.00 horas llegó el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, seguido poco después por todos los presidentes de Autonomías y Ciudades Autónomas, quienes ofrecieron ruedas de prensa en el Senado al término de la reunión.
  Al almuerzo también asistieron el vicepresidente segundo y ministro de Economía, Pedro Solbes, y el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla.
Los Reyes y los Príncipes recibieron a los invitados en el salón Gasparini.
  El presidente del Gobierno inició la línea de saludos seguido de Solbes y Sevilla, y de los presidentes autonómicos en el orden que marca el protocolo, por antig~edad de constitución de la Autonomía.
  Tanto el presidente del Gobierno, como los mandatarios autonómicos aprovecharon este momento para expresar sus disculpas por el retraso.
  En un ambiente relajado, los Reyes y los Príncipes aceptaron entre bromas y risas las disculpas ofrecidas por sus invitados con quienes pasaron a la saleta oficial Tenniers, donde se tomó la foto oficial con los Reyes en el centro.
  A la derecha de Don Juan Carlos estaba el Príncipe de Asturias y, a continuación, el presidente del Gobierno; mientras que a la izquierda de la Reina y de la princesa de Asturias se situó el lehendakari, Juan José Ibarretxe.
  Antes de pasar al almuerzo, los Reyes y los Príncipes conversaron animadamente con sus invitados, momento que aprovecharon los presidentes del País Vasco, Murcia y Valencia para despedirse de la Familia Real ya que, por motivos de agenda, no se quedaron al almuerzo.
  Una vez en el comedor de diario del Palacio Real, que preside un cuadro de Isabel II, obra de Winter Halten, se sirvió un almuerzo compuesto por menestra de verduras, lubina al horno y gratinado de chocolate con helado de pistacho.
  El Rey presidió el almuerzo con el presidente del Gobierno a su derecha y el de la Generalitat, Pascual Maragall, a su izquierda. En frente de don Juan Carlos se encontraba la Reina, flanqueada por el presidente de Galicia, Emilio Pérez Touriño, y el de Andalucía, Manuel Chaves.
  El presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, de situó a la derecha de Don Felipe; mientras que el del Principado de Asturias, Vicente Alvarez Areces, lo hizo a su izquierda.
  La Princesa de Asturias almorzó entre el vicepresidente Solbes y el presidente de La Rioja, Pedro Sanz.
 
Fuente: Efe

viernes, 9 de septiembre de 2005

Moneda conmemorativa del Príncipe Harry


Una moneda de cinco libras puesta en circulación por la Real Casa de la Moneda Británica para conmemorar el 21 cumpleaños del príncipe Harry, el menor de los hijos del príncipe Carlos de Inglaterra. La reina Isabel II autorizó la acuñación de la moneda para celebrar el aniversario de su nieto, el próximo 15 de septiembre. Unas monedas similares se crearon en 2003 con motivo del 21 cumpleaños de su hermano mayor, el príncipe Guillermo.

martes, 6 de septiembre de 2005

Visita de los Reyes al Papa




Los Reyes reiteran al Papa en Castelgandolfo la invitación para que visite España

El Pontífice «no se mostró contrario a asistir» al Encuentro Mundial de la Familia que se celebrará en Valencia el próximo verano, afirmó Don Juan Carlos

JESÚS BASTANTE
ABC

MADRID. Sus Majestades los Reyes fueron recibidos ayer por Benedicto XVI en su residencia veraniega de Castelgandolfo. El encuentro, el primero que el Pontífice celebra con representantes de casas reales, fue definido como «muy cordial» por Don Juan Carlos, quien permaneció durante media hora a solas con el Santo Padre. Durante la visita, el Rey le transmitió oficialmente la invitación a visitar nuestro país realizada por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, concretándola en el Encuentro Mundial de la Familia que tendrá lugar en Valencia el próximo verano. Benedicto XVI «no se mostró contrario a asistir», señalaron los Reyes a la prensa tras el encuentro, aunque tampoco confirmó que vaya a hacerlo.

Don Juan Carlos y Doña Sofía fueron recibidos en el patio de ingreso al palacio por el prefecto de la Casa Pontificia, monseñor James Harvey, y después conducidos hasta el despacho donde les esperaba el Papa. La audiencia se celebró en italiano, aunque la Reina comentó que Benedicto XVI y ella habían intercambiado algunas palabras en castellano y en alemán -lengua materna del Pontífice-. A la salida, Doña Sofía comentó que el Papa «es algo más reservado que Juan Pablo II», pero «muy cariñoso, simpático y con un gran sentido del humor».

Relaciones inmejorables

Aunque la relación entre la Corona española y la Santa Sede es inmejorable, la de ayer fue la primera ocasión en que los Reyes visitaban el palacio de Castelgandolfo, a 30 kilómetros de la Ciudad Eterna. Tras el encuentro, el Papa llevó a Sus Majestades a uno de los balcones de la residencia veraniega, donde pudieron disfrutar de las vistas del lago de Albano. Si bien Don Juan Carlos y Doña Sofía ya habían saludado al Pontífice el 24 de abril, con motivo de la misa de entronización de Benedicto XVI, ésta era la primera visita oficial de los monarcas al nuevo Papa.

La Casa Real confirmó ayer a este diario que los Reyes «salieron muy satisfechos», e informó de que, al concluir la recepción, hicieron entrega al Pontífice de un facsímil del Beato de San Millán de la Cogolla, escrito en el siglo X en mozárabe y románico. El Papa entregó a los monarcas un rosario y una medalla conmemorativa del período de Sede Vacante, de edición limitada, en la que aparece la figura del camarlengo, el cardenal español Eduardo Martínez Somalo, quien llevó las riendas de la Santa Sede entre el fallecimiento de Juan Pablo II y la proclamación de Benedicto XVI.

La «criatura» de los Príncipes de Asturias

Además de la posible visita del Papa a España, los Reyes comentaron que también dialogaron con Benedicto XVI del presente «y el futuro» de la Familia Real, en especial en lo referente al hijo de los Príncipes de Asturias, a quien el Pontífice llamó cariñosamente «la criatura».

Asimismo hablaron sobre la vista del Pontífice a Colonia para las Jornadas Mundiales de la Juventud. Benedicto XVI comentó, según explicó el Rey, que durante el viaje «los españoles se reconocían fácilmente» entre los cientos de miles de jóvenes debido a las explosiones de júbilo cada vez que se hablaba en español o se hacía referencia a ellos. No se hizo ninguna alusión a temas relacionados con la política interna del país o cuestiones internacionales.

El Papa no dijo que no...

NO dijo que sí, pero tampoco dijo que no. Las puertas de España siempre estarán abiertas al Papa, aseguraron ayer Sus Majestades los Reyes tras ser recibidos en audiencia privada por Benedicto XVI en su residencia veraniega de Castelgandolfo. Aunque es difícil, podría suceder que el Papa recogiera el guante e hiciese un hueco en su agenda para participar en el Encuentro Mundial de Familias que el Vaticano ha organizado en Valencia el próximo verano. La especial relación de nuestros Monarcas con el sucesor de Pedro, desde Pablo VI a Juan Pablo II (amigo personal de Don Juan Carlos), se vio de nuevo reflejada en los gestos amistosos de Benedicto XVI a los Reyes durante el encuentro, que se desarrolló en la más absoluta cordialidad. Pese a los crecientes conflictos Iglesia-Gobierno en nuestro país (que oficialmente no se abordaron durante la audiencia), las relaciones entre la Corona y la Santa Sede continuarán siendo inmejorables. Prueba de ello fue el inusitado gesto que muestra la imagen: el Pontífice hizo entrar a los Reyes en sus habitaciones personales, y les mostró las impresionantes vistas del lago Albano desde la terraza papal del palacio.

La hora del Heredero (y 2)

Los méritos para ser rey

Desde una discreta posición institucional, el Príncipe se prepara para la sucesión. EL PAÍS ha indagado en su pensamiento y en los obstáculos que tendrá que sortear.

Por Antonio Caño – El País

Don Felipe va asumiendo poco a poco responsabilidades institucionales, aunque todavía de escasa visibilidad. La mayoría de los españoles no conocen aún qué estilo y qué ideas puede aportar el Príncipe. Él siempre ha sabido que la herencia se la tendrá que ganar a pulso, así como la simpatía y el respeto de sus compatriotas, en un momento lleno de dificultades.

Apunto de acabar ya su formación académica, en la primavera de 1995, el Príncipe se reunió con la prensa española en Washington para conversar sobre sus planes de futuro y algunos problemas de la actualidad de entonces. Don Felipe habló con una espontaneidad que sorprendió a los periodistas, y las declaraciones resultaron polémicas porque algunas referencias suyas a la corrupción política, tema de gran impacto en aquel momento en España, fueron interpretadas por algunos columnistas como exculpatorias de la conducta de los gobernantes de la época. El Príncipe vinculó el clima de escándalo político con el efecto multiplicador de los medios de comunicación. Sus palabras fueron recibidas con críticas violentas en algunos sectores -se llegó a decir que no estaba a la altura del país en el que iba a reinar y que llevaba demasiado tiempo fuera de España- y don Felipe comprendió de repente que el trabajo que tenía por delante como Príncipe heredero no sería el apacible paseo del que disfrutaban los miembros de otras casas reales al abandonar la Universidad de Georgetown.

En esa misma charla en la capital de Estados Unidos el Príncipe ya dijo que era consciente de que debería ganarse el trono día a día, adaptarse a las necesidades de los ciudadanos de su tiempo; y éste ha sido, probablemente, desde entonces, el principio básico de su pensamiento.

¿Qué otras ideas han influido en el Príncipe en estos años? ¿Cuáles son sus puntos de vista sobre los problemas que preocupan a la sociedad? ¿Qué tipo de Rey podemos esperar? Oficialmente, el Príncipe no tiene ninguna ideología. Conoce los límites constitucionales y se ha manifestado siempre como un gran admirador de la comunión entre Corona y sociedad alcanzada durante el reinado de don Juan Carlos. Su oficio le exige respetar las ideas de todos y mantener en secreto las suyas, pero es innegable que el Príncipe tiene sus propias ideas.

La agenda de trabajo

Dicen sus colaboradores que las ideas del Príncipe se reflejan en su agenda de trabajo. Bajo ese prisma, la agenda de don Felipe desde el final de su periodo de formación ha consistido en recorrer todas las comunidades autónomas españolas con mensajes de integración y representar a España en numerosos actos institucionales en el extranjero, principalmente en América Latina.

El Príncipe, por supuesto, tiene ideas; ideas que debate discretamente con su círculo íntimo de amistades y, a veces, con su familia y algunos dirigentes políticos de mayor confianza. Pero ha sido educado y ha terminado por asumir que su idea más valiosa es, como lo expresa una fuente de la Casa Real, la de "mantener un panel amplio de pensamiento, abierto, una posición de debate constante, sin comprometerse con opciones concretas". Don Felipe ha sido educado en la tolerancia, y basta compartir cinco minutos de conversación con él para apreciar que sabe comprender todos los puntos de vista y ponerse en el papel de su interlocutor.

Del conjunto de conversaciones mantenidas para la elaboración de este reportaje podría, no obstante, extraerse una serie de principios, "casi genéticamente heredados", en palabras de uno de sus colaboradores, que conforman la base del pensamiento del Príncipe:

- La Monarquía será lo que los españoles decidan que sea.

- Su obligación es mantener con vida la Corona y entregar a su hijo el trono que reciba de su padre. Pero sabe que la institución monárquica está registrando una profunda evolución. Son tiempos de cambio para todos y la institución que no lo entienda está condenada a desaparecer.

- Su papel será el que la Constitución del momento defina.

- España es una nación, la nación española se llama España.

- Posee un sentido familiar arraigado, un concepto tradicional de la importancia del núcleo familiar.

- Ha sido educado, en parte con formación militar, sobre la base de la disciplina personal y el sentido del deber.

Un sistema consolidado

Con este armazón de valores y principios, el Príncipe tendrá en algún momento que conquistar, no sólo el afecto de los ciudadanos, sino su voluntad de mantener vigente al Rey como jefe de Estado. En el pasado, se ha especulado a veces con el relevo en el trono como un posible momento en el que replantear la forma de Estado. Con el transcurso del tiempo esa posibilidad prácticamente ha desaparecido. La opción republicana sólo figura entre los objetivos de algunos partidos políticos minoritarios, e incluso en estos casos se trata más bien de un propósito casi retórico o a muy largo plazo.

Ésta es la impresión al respecto de algunas personas consultadas para este reportaje. "La Monarquía es un modelo muy asentado en España. Fuera de España la Corona es una institución reconocida de la España moderna": Rodrigo Rato, director gerente del Fondo Monetario Internacional. "La Monarquía española es la más sólida y la más respetada de Europa": Miquel Roca, ponente constitucional, ex diputado y ex secretario general de Convergencia Democrática de Cataluña. "En un país con muy poca pasión por los símbolos de unidad, la Monarquía es un valor de referencia determinante": Manuel Marín, presidente del Congreso de los Diputados. "La Monarquía no es un episodio que empieza y acaba con Juan Carlos. No detecto ni un atisbo de pulsión republicana, nunca lo he visto en mi organización": Cándido Méndez, secretario general de la Unión General de Trabajadores. "Es la institución que representa por excelencia lo que hoy es España": Jaume Matas, presidente de la Comunidad de Baleares.

El presidente de Portugal, Jorge Sampaio, explica su visión sobre el papel de la Monarquía desde los intereses de un vecino de España: "Nosotros queremos la estabilidad institucional en España. La unidad de España es un sentimiento que nosotros tenemos. La Monarquía es un garante de la unidad de España. No digo que sea el único, pero sí un garante de la unidad. A nosotros nos importa mucho que España funcione muy bien".

La vinculación del papel institucional de la Monarquía con la unidad de España aparece de forma reiterada cada vez que se contempla el futuro de la Corona. Éste va a ser, sin duda, uno de los grandes desafíos de don Felipe. La Casa Real no se siente muy cómoda en el papel que algunos, acuciados por las tensiones territoriales actuales, quieren atribuirle como custodio de la integridad nacional. No es que no crea en ese valor, sino que no quiere la exclusividad en su defensa. En términos generales, el estilo de esta Casa Real es el de evitar el protagonismo, mucho más cuando se refiere a cuestiones de Estado de gran relevancia y muchísimo más cuando se refiere a asuntos que corresponden al ámbito de decisión de los políticos.

En palabras de Rato, "no hay una sola institución que represente en solitario la unidad de España, por suerte para los que creemos en España". "Entre las representaciones de la unidad de España, la Corona está incluida de forma muy especial, pero también los están las Cortes Generales y otras muchas instituciones públicas y también privadas".

Roca advierte que "sería un gran error intentar darle a la Corona un papel especial en el futuro sólo porque España profundice más en el Estado autonómico". "Sería contraproducente intentar que en el futuro la Monarquía asuma ningún tipo de papel mediador, conciliador o cosas de ese tipo. Frente a cualquier tipo de inestabilidad política", añade Roca, "lo que hay que ofrecer es la estabilidad de la institución".

Desde su perspectiva de nacionalista catalán, Roca cree, además, que "para Cataluña es mucho más conveniente una Monarquía que un presidente de República que tuviera que responder a mayorías coyunturales y estuviera interesado en captar el voto de las mayorías".

Un difícil papel para el futuro

Estabilidad es también la gran aportación que le reconoce a la Monarquía un destacado líder financiero que prefiere no ser mencionado. Estabilidad necesaria para el progreso y difícil de conseguir con un presidente de República, desde ese punto de vista, en un país poco proclive a generar figuras de amplio consenso. "Para el establishment económico, la democracia ha sido una fuente de estabilidad y confianza, gracias a la Constitución y a la Monarquía. Nuestro sistema político, de mayorías relativas, no está diseñado para la estabilidad. La Monarquía le aporta un plus de estabilidad que resulta imprescindible para la actividad económica. Esto es todavía más importante en un momento en que los dos grandes partidos se están separando, en el que la sociedad se está dividiendo". Garantizada la estabilidad, de acuerdo a este criterio, "la Monarquía podría sobrevivir en un sistema confederal dentro de su papel de equilibrio de poderes".

El príncipe de Asturias no concibe, desde luego, su papel futuro circunscrito a la función institucional de equilibrio de poderes. Cuando don Felipe piensa en los desafíos futuros de un monarca piensa también en qué papel podría tener en asuntos como la inmigración, el choque cultural, la adaptación social al desarrollo científico o los riesgos ecológicos.

Efectivamente, en un tiempo de cambio como el actual es difícil anticiparse a saber qué servicio puede prestar a España el futuro Rey, máxime cuando ni siquiera se vislumbra el tiempo de la sucesión. Pero el Príncipe se va preparando mientras tanto para responder, básicamente, a lo que se le pida que haga. "Hoy el papel de la Corona", opina Rato, "está más vinculado al respaldo de la imagen de España en el mundo, a impulsar la creación en todos los ámbitos la imagen de una España creativa y dinámica". Miquel Roca cree que "al futuro Rey se le pide calor, apoyo, pero nada más". "Tiene que no entorpecer", añade, "no tiene que jugar un papel a favor de nadie, pero nadie tiene que interpretar tampoco que está en contra".

Una larga espera

Hasta que ese momento llegue pueden transcurrir años durante los que el Príncipe corre el riesgo de deteriorar su imagen en el desarrollo de una función poco clara y poco útil a los ojos de los ciudadanos. Por eso la principal obsesión en estos momentos en el palacio de la Zarzuela es mantenerle ocupado, irle transfiriendo poco a poco competencias y responsabilidades sin mermar, al mismo tiempo, la autoridad del Rey. "Es un empleado de esta casa, un trabajador al que hay que dar empleos adecuados", dice un funcionario de la Casa Real. Lo cierto es que el Príncipe está ocupado: pasa horas en su oficina, despacha con su padre, discute los problemas actuales con personas de distinto signo y realiza numerosos viajes de representación. El problema es conseguir darle visibilidad y sentido de utilidad a esa actividad. Y para ello se han sugerido muchas ideas, como buscarle algún tipo de función en áreas sociales o de respaldo a la familia. Pero casi todas las sugerencias se estrellan con el riesgo de cruzar el delicado margen de la polémica política.

Manuel Marín está estudiando con la Casa Real buscarle al Príncipe alguna misión vinculada al Congreso como depositario de la soberanía popular. "Es bueno que la Corona y el Parlamento colaboren más frecuentemente", afirma. Y Enrique Iglesias, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo y futuro secretario de las Cumbres Iberoamericanas, sugiere una mayor responsabilidad del Príncipe en la relación con América Latina. "Conoce muy bien lo que pasa en América Latina. Es una persona informada que conoce los desequilibrios sociales en América Latina y que, por supuesto, defiende los intereses de España en esa región". "Yo creo", añade Iglesias, "que estaría muy feliz en ampliar un poco más el área de presencia de la Corona en todo lo que sean puentes de comunicación entre España y América Latina".

En el campo internacional, Jorge Sampaio invita también al Príncipe a desarrollar un área de especiales relaciones con Portugal, un ámbito que, aunque corresponde lógicamente al Gobierno, requiere una atención distinta a otros asuntos diplomáticos por razones geográficas e históricas.

Lo más importante, a juicio de los responsables de su agenda, es evitar dar la impresión de que el Príncipe se está paseando. El futuro de la Monarquía se ve, probablemente, más amenazado por los errores que puedan cometerse en la imagen de los miembros de la familia real que por los desafíos rupturistas o republicanos.

"Las amenazas contra el Príncipe pueden venir más de su propio comportamiento que de fuerzas externas", considera Cándido Méndez. Manuel Marín coincide con ese criterio: "El mayor riesgo para la Monarquía en el futuro sería que la familia real se comportara como otras familias reales menos modélicas. ¿Alguien ha visto alguna vez a la reina Isabel de Inglaterra expresar una emoción?". Jaume Matas no descarta que, a medida que se acerque al trono, la prensa sensacionalista aumente su interés por la vida privada del Príncipe. "Pero eso no es lo importante", añade, "los problemas que tenga en los periódicos dan igual, lo importante es que no los tenga en la calle. La respuesta popular es lo que cuenta y eso es lo que hay que cuidar".

Ganar el corazón de los españoles

Los escándalos, las ausencias en los momentos en que se le requiera, la frialdad y la distancia pueden tener un efecto mucho más letal para el futuro Rey que las manifestaciones en contra de la Monarquía. El ámbito de aceptación está muy bien marcado. "Al aprobarse la Constitución, el Rey cedió la mayoría de sus poderes a la soberanía popular", explica Roca. "Como contraprestación, la soberanía popular optó por la Monarquía parlamentaria como forma de gobierno. Por tanto, sería injusto decir que la Monarquía es sólo hereditaria; tiene mucho de un acuerdo contractual".

El resto, la simpatía y el reconocimiento de los españoles, es algo que, como él ha dicho muchas veces, tiene que ganarse. Cándido Méndez cuenta que su padre, un viejo republicano y sindicalista, exhibió siempre en lugar preferente de su casa su foto con el Rey. Estaba orgulloso de esa foto porque simpatizaba con el Rey, a pesar de sus propias ideas políticas. Durante muchos años ésa ha sido, obviamente, la clave de la convivencia entre la Corona y los ciudadanos, tal vez la clave de la convivencia entre los españoles.

Cuando don Felipe nació, el 30 de enero de 1968, su padre era un desconocido a las órdenes de Franco a quien muy pocos querían ver como Rey. Muchos menos hubieran apostado a que el nuevo vástago llegaría a reinar. Casi 38 años después nacerá otro heredero que, tanto sea hombre o mujer, tendrá de momento despejado el camino hacia el trono.

Requiem para un monárquico ilustre

El sábado 3 de septiembre falleció un buen patriota y monárquico Don Luis de Ussía, Conde de los Gaitanes, padre del periodista Alfonso Ussía.
 
Don Luis fue siempre leal al padre del Rey y servidor de la Corona.
 
Desde septiembre de 1975 fue presidente del Gabinete de Información del Conde de Barcelona. Según declaró en una entrevista publicada en Tele-Express, su labor consistía fundamentalmente en velar por una información libre de rumores, demasiado extendidos en la época.
 
En junio de 1993, tras la muerte de Don Juan, Don Juan Carlos le concedió la Grandeza de España al título de Conde de los Gaitanes, heredado de su padre en febrero de 1956, en honor a la estrecha colaboración mantenida.
 
Luis de Ussía afirmó siempre que era muy difícil disociar la economía de la política. Aunque la mayor parte de su vida profesional estuvo asociada a Minero Siderúrgica de Ponferrada, Luis de Ussía prestó sus conocimientos empresariales en los consejos de Sevillana de Electricidad, Fenosa y Seat, además el Banco Central.
 
Descanse en paz un gran servidor de la Corona.
 

lunes, 5 de septiembre de 2005

Audiencia del Papa a los Reyes de España

Los Reyes invitan al Papa a venir a Valencia para el Encuentro de la Familia 


SSMM los Reyes transmitieron hoy a Para Benedicto XVI la invitación a España del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y del presidente de la Comunidad Valenciana, Gerardo Camps, para que asista al Encuentro Internacional de la Familia que se celebrará en Valencia en agosto de 2006, y el Pontífice no descartó su asistencia, según señaló el Rey Juan Carlos al término de la audiencia que, acompañado por la Reina Sofía, le concedió el Santo Padre en su residencia veraniega de Castelgandolfo.

Por su parte, La Reina comentó que el Papa "es algo más reservado que Juan Pablo II" pero "es muy cariñoso, simpático y con un gran sentido del humor". 

El encuentro duró unos 30 minutos y se realizó en italiano, aunque la Reina comentó que había intentado hablar con el Santo Padre algunas palabras en alemán --lengua materna de Joseph Ratzinger-- y el Papa también dijo alguna palabra en español a los Reyes.

Esta ha sido la primera visita oficial de los Reyes al nuevo Papa, si bien Don Juan Carlos y Doña Sofía ya tuvieron ocasión de intercambiar un primer saludo con el Pontífice el pasado 24 de abril, con motivo de la ceremonia de inicio de su pontificado.

En la historia de los encuentros entre los Reyes y los Pontífices, destaca la relación con Juan Pablo II, con quien se encontraron en 15 ocasiones, siendo la última durante el viaje de dos días de Juan Pablo II a Madrid el 3 y 4 de mayo de 2003. También los Reyes fueron recibidos en Roma por Pablo VI en 1977 y el 3 de septiembre de 1978 en la ceremonia de inicio de Pontificado de Juan Pablo I. El 21 de octubre de ese mismo año asistieron a las ceremonias de proclamación de Juan Pablo II.

Fuente: ABC

La hora del Heredero (1)

El País inicia hoy una serie dedicada al Príncipe Felipe. Desde este blog, al estar dedicado a la Monarquía,  trataremos de recopilar todas las entregas, manteniendo un enlace con la página web de El País.
 

Al cumplirse 30 años de la restauración monárquica y a pocas semanas del nacimiento del próximo heredero, EL PAÍS traza un perfil político de la figura que representa el futuro de la Corona. Don Felipe se presenta como un hombre listo para ejercer la responsabilidad que le espera. De carácter distinto a su padre, pero bien preparado, paciente y prudente.

El Príncipe prudente
 
El Príncipe prudente

Don Felipe es todavía una figura enigmática para la mayoría de los españoles. Distintas personalidades contribuyen aquí a desvelar algunos aspectos esenciales de su carácter
 
 

Casi nadie reparó en la escena transcurrida a mediados del pasado mes de mayo en Ciudadela, en la isla de Menorca. Una veintena de jóvenes identificados por cierta simbología anarquista esperaba en una esquina el paso del príncipe Felipe, de visita en algún edificio próximo, mientras gritaban insultos contra él. Al verlos, don Felipe se detuvo y les extendió la mano. El primero de ellos, seguramente sorprendido, la estrechó casi instintivamente. El segundo, más preparado ya para su reacción, rechazó el saludo al tiempo que repetía eslóganes contra el Príncipe y contra la Monarquía. Los servicios de seguridad se habían encontrado ya un día antes, en la universidad de Palma de Mallorca, con un incidente similar, que, como éste, atribuyeron a un pequeño grupo radical y al que también restaron toda importancia.

Lo cierto es que, al menos desde una perspectiva política, no la tenía. Mucho menos si se compara con las multitudes que aclamaron al Príncipe y a su esposa, doña Letizia Ortiz, en esa gira oficial de comienzos de primavera por la Islas Baleares, ocurrida sólo unos días después del anuncio oficial del próximo nacimiento del primer hijo de la pareja, y como tal, heredero directo al trono de España. Esa noticia había hecho crecer enormemente la expectación en torno al Príncipe. Decenas de periodistas se habían sumado a cubrir los actos institucionales del viaje. Cientos de personas se concentraban en los puntos de paso del feliz matrimonio en busca de las primeras huellas de embarazo en ella y de los primeros gestos de orgullosa paternidad en él. Era lógico. Al fin y al cabo, el nacimiento del heredero será el hecho más importante anunciado por don Felipe desde que él mismo, siendo todavía un niño de 10 años, se convirtiera formalmente en el heredero constitucional de la Corona. Con su descendencia, el Príncipe cumple con la primera obligación del más alto representante de una monarquía: prolongarla.

Un ciclo decisivo para la estabilidad
La mayoría de la gente que lo aclamaba en Baleares no reparaba, sin duda, en todo el valor institucional de aquellos momentos. Estaban allí seguramente atraídos por el enorme gancho popular de don Felipe y doña Letizia, fuertemente alimentado con ocasión de su boda, en mayo de 2004, y hábilmente dosificado y sostenido hasta el presente.

Tampoco los jóvenes radicales que se distinguían de la satisfacción general serían, probablemente, conscientes de toda la profundidad y simbología que encerraba el gesto del Príncipe de dirigirse, también a ellos, en búsqueda, no de respaldo, sino de mutua aceptación.

Pero unos y otros, los entusiastas que aclamaban a la pareja, casi exclusivamente por el hecho de ser simpáticos, sencillos y felices, y los jóvenes críticos, que trataban al Príncipe como un reflejo del establecimiento político, estaban siendo el reflejo de la compleja realidad en la que don Felipe se tiene que ganar el aprecio como futuro rey de España. Seguramente ninguno de los que le apoyaban en Baleares era un activista monárquico en defensa de sus ideas. Tampoco esos pequeños grupos que se pronunciaban en su contra estaban expresando un rechazo preciso a la Monarquía como forma de gobierno. La Monarquía no es hoy motivo de debate en España. Podría decirse que ni siquiera es objeto frecuente de reflexión. Pero, cuando aproximadamente en dos meses nazca el que será el próximo príncipe heredero y el próximo Rey, se estará dando continuidad a un ciclo del que dependen aspectos determinantes para la estabilidad de España. Es, por tanto, una buena oportunidad para preguntarse sobre el papel de la Corona y sobre las condiciones de quien ocupará el trono tras la muerte o abdicación del rey Juan Carlos, que cumplirá en enero 68 años.

EL PAÍS ha trasladado esas preguntas a distintas personas en posiciones de liderazgo en diferentes ámbitos con el propósito de obtener un reflejo, al menos aproximado, del estado de opinión dominante. Los miembros de la Casa Real española están educados en el convencimiento de que tienen que ganarse su puesto cada día con el reconocimiento mayoritario de la población. Pero también son conscientes de lo importante que es la visión de los líderes políticos, económicos y sociales. El tema, de entrada, no resulta cómodo para la mayoría de los personajes que cada día aparecen en los telediarios y en los titulares de los periódicos. Algunos de ellos han rechazado participar en este reportaje, otros lo han hecho protegidos en el anonimato y todos han medido sus palabras hasta límites infrecuentes en su actividad. Justificado, quizá, por la precariedad y controversia de su reinstitución tras la muerte de Franco, los asuntos de la Corona siempre han sido considerados en España como delicados, mucho más de lo que lo considera la propia Casa Real. Es más fácil hablar sobre el papel de la Monarquía con el propio Príncipe que con cualquier político español.

Lo explica en parte Miquel Roca, uno de los padres de la España constitucional: "El mejor servicio que se puede hacer a la Monarquía es hablar poco de ella. La Monarquía nació como solución a un problema en la medida en que no generara otros problemas; ésa es la condición tácita". "El gran compromiso del Príncipe", añade, "es que como rey siga y aplique el ejemplo de su padre".

Condiciones de un hombre tranquilo
¿Posee hoy don Felipe, con 37 años, condiciones para cumplir con ese compromiso? Por lo que respecta a su formación y carácter, quienes le conocen no dudan de que sí. El presidente del Congreso, Manuel Marín, quien en su anterior cargo de vicepresidente de la Comisión Europea fue, de alguna manera, tutor del Príncipe durante su tiempo de instrucción en los asuntos europeos en Bruselas, afirma que don Felipe "demuestra que ha trabajado mucho intelectualmente y que ha recibido una educación de gran disciplina personal". "Por Bruselas han pasado", recuerda Marín, "otros miembros de casas reales y, sin querer mencionar a nadie en particular, puedo decir que don Felipe está al mejor nivel. Entiende perfectamente el factor de la integración europea como un elemento central del Reino de España. Está perfectamente preparado para ser jefe de Estado".

Todas las personas que han tenido contacto personal o profesional con él lo describen como un hombre ordenado, detallista, meticuloso, reflexivo y prudente. Analiza los hechos desde tantos puntos de vista que puede llegar a parecer aburrido o dubitativo, pero prefiere correr ese riesgo que el de resultar tajante o autoritario. Siempre está dispuesto a sacrificar la brillantez en aras del rigor. Antes que cautivar con gestos, opta por convencer con argumentos y con razones. "Muestra un gran interés por los temas que se le presentan, aunque sean complicados asuntos comerciales. Enseguida se nota que se ha leído los papeles que le han pasado", recuerda Rodrigo Rato, ex vicepresidente del Gobierno y actual director gerente del Fondo Monetario Internacional. "Al verle trabajar con empresarios o con miembros de Gobiernos extranjeros", añade, "he ido viendo cómo ha ido madurando. Ha adquirido mucha experiencia, se le nota que ha ido ganando seguridad en sí mismo".

Enrique Iglesias, ex ministro de Uruguay, ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo y flamante secretario general de las cumbres iberoamericanas, ha coincidido en numerosas ocasiones con el Príncipe en tomas de posesión de presidentes latinoamericanos y otros actos oficiales. En su opinión, el Príncipe es "una persona que sabe oír, sabe preguntar y tiene una gran discreción sobre sus propias opiniones, una persona muy equilibrada, con mucho sentido común, muy cerebral al expresar sus opiniones y con mucho respeto a la opinión de los demás". En el ámbito de su trabajo común, Iglesias ha descubierto en el Príncipe "una inquietud por interrogarse permanentemente por los grandes temas de América Latina, una gran vocación por todo los latinoamericano".

Cándido Méndez, el secretario general de la Unión General de Trabajadores, destaca la sensación que transmite don Felipe de ser un hombre que "puede entender mis problemas". Y lo hace, según Méndez, "porque cree en lo que hace, no es un actor, es un gran profesional de la Monarquía".

Otro líder extranjero, el presidente de Portugal, Jorge Sampaio, muy próximo a la familia real, afirma que el Príncipe "muestra en privado una formación significativa, adecuada para su tiempo". En comparación con su padre, Sampaio estima que "son dos generaciones diferentes". "Como amigo de ellos", añade el presidente de Portugal, "puedo decir que el Príncipe combina muy bien las mejores cualidades de su padre y de su madre". La comparación con el Rey es uno de los asuntos que condicionan la percepción que se pueda tener del Príncipe. ¿Es mejor o peor que don Juan Carlos? ¿Mejor formado intelectualmente? ¿Menos espontáneo y comunicativo? ¿Pueden llegar a competir? De las conversaciones mantenidas para elaborar este reportaje puede deducirse que el Rey y el Príncipe tienen diferentes condiciones personales y que, aunque don Felipe valora y pretende prolongar el ejemplo de su padre en cuanto a la capacidad de adaptar la Corona a los valores de la sociedad española actual, lo peor que podría hacer es tratar de imitar sin más el estilo de don Juan Carlos. "No tiene por qué parecerse al Rey", asumen en la Casa Real.

Jaume Matas, presidente de Baleares, cuenta que, por supuesto, antes de invitar al Príncipe a la visita oficial a su comunidad autónoma pidió permiso al Rey, que lo aceptó de inmediato. "Es una comparación odiosa, como todas, pero no lo tiene fácil el Príncipe", dice Matas. "El Rey tiene una personalidad que arrolla. El Príncipe es distinto, es como es. Existe una diferencia de preparación entre ambos. Por ejemplo, las preguntas que hace el Príncipe no las haría el Rey, las del Rey serían quizás más prácticas".

Responsable, como su madre
El diplomático Inocencio Arias, que también ha tenido ocasión de trabajar junto al Príncipe durante años, manifiesta su punto de vista sobre la influencia familiar en el carácter del heredero: "Es muy responsable e interesado en los temas, como su madre".

No es el único que destaca la cercanía del Príncipe al carácter tímido y reflexivo de su madre, en cierta contraposición el más extrovertido e intuitivo de su padre. Un psicoanalista pagaría por indagar en la personalidad de un individuo educado desde niño para ser rey por un padre y una madre poderosos, influyentes, pero de estilos distintos. ¿Quién ha influido más? ¿Hacia quién manifiesta mayor lealtad? Obviamente, éste es uno de esos asuntos delicados que rodean a la Casa Real y sobre los que nadie quiere hablar. Pero, en todo caso, tampoco es el más importante. "La gente lo va a valorar como jefe de Estado y como rey de España, nada más", creen en el palacio de la Zarzuela.

Por encima de disquisiciones sobre diferencias de carácter y cuestiones de personalidad, lo importante es si don Felipe será capaz de heredar el respaldo conquistado personalmente por su padre. Manuel Marín responde a esta inquietud: "Siempre se ha dicho que los españoles no son monárquicos, sino juancarlistas. Yo estoy seguro de que la gente va a ser felipista en el futuro. Porque los españoles han aprendido que hay referencias que nos interesa conservar y una de ellas es la Monarquía y la familia real. Esta familia real es un valor de referencia social, una familia agradable, reconocida, que ha sabido integrarse en los grandes problemas del país, una familia que ha sido capaz de emocionarse en las desgracias y felicitarse en las alegrías, una familia que no ha provocado escándalos. Como sucesor de esa familia, la gente se va a hacer felipista".

Un elemento importante para que la gente se haga felipista es el carácter del futuro Rey. La Casa Real ha tardado mucho en lanzar, desde el punto de vista del marketing social, la imagen del Príncipe. En su día se desechó la idea de crear una casa del príncipe y se demoró demasiado lo que un funcionario de Zarzuela llama "la puesta en valor" de don Felipe. La consecuencia fue que, a los 30 años, cuando la mayoría de las personas tienen ya independencia y trabajo, don Felipe era todavía un muchacho en formación. Abundaron en esos años rumores sobre romances y se perfiló una imagen de frivolidad que duró hasta su boda.

Dos peligros: frialdad y frivolidad
Frivolidad y frialdad son los dos males detectados en La Zarzuela como las peores amenazas contra la imagen del Príncipe. Al margen de que en su caso, como en otros muchos, la timidez puede confundirse con frialdad -"El Príncipe no es frío en su relación con los demás, al contrario, tiene atractivo personal, una sonrisa agradable y un buen lenguaje corporal", asegura Rato-, la boda con doña Letizia ayuda a resolver ambos problemas al mismo tiempo. En parte el de la frialdad -"todos somos más simpáticos cuando somos felices", describe, casi poéticamente, uno de los colaboradores de don Felipe-, pero, sobre todo, el de la frivolidad.

En palabras que algunos de los consultados utilizan en privado, doña Letizia lo sacó del pijerío. Con argumentos más elaborados, Miguel Roca dice: "Tengo confianza en el Príncipe por varias razones: ha recibido la formación correcta, ha sabido mantener un área de privacidad con dignidad y, desde mi punto de vista, además, con su boda demostró un gran coraje personal". Manuel Marín opina lo siguiente: "Su vocación de adaptarse a la sociedad quedó demostrada con la elección de quien ahora es su mujer". Un representante del mundo de las altas finanzas que prefiere no ser mencionado asegura que, en el campo en el que él personalmente se mueve, la elección de doña Letizia sólo fue discutida por un sector de la derecha que nunca ha aceptado la Monarquía y por los nobles, molestos por el hecho de que el Rey no haya creado una corte. En el polo social opuesto, Cándido Méndez, al que no sería exagerado reconocer como uno de los mejores observadores de las emociones nacionales por disponer de una organización con 600 sedes y miles de secciones sindicales repartidas por toda España, recuerda que no recibió ni un solo reproche por acudir a la boda del Príncipe. "Al contrario, fue visto como un gesto de reconocimiento de la Monarquía a nuestra organización", afirma Méndez.

La boda, vienen a decir las personas interrogadas, humanizó al Príncipe. "Lo puso a mi nivel", exclama, entre risas, Marín. "El futuro rey de España está casado con una divorciada y el presidente del Congreso de los Diputados está casado con una divorciada".

La humanización del Príncipe, en el sentido del acceso a su vida personal, resulta, en todo caso, para algunos de los responsables de su imagen, un arma de doble filo. El papel de doña Letizia es estudiado, desde ese punto de vista, con el máximo cuidado. Doña Letizia es considerada en la Casa Real como una mujer con grandes condiciones para ejercer sus responsabilidades -"una profesional, en el sentido de que sabe lo que cuesta triunfar en tu profesión"-, aunque inexperta aún. Es difícil conocer con precisión el grado de influencia que ejerce sobre el Príncipe, fuera del lógico y, a veces, trascendental, que se produce entre los miembros de cualquier pareja. Pero, viéndoles actuar juntos, resulta evidente que la antigua periodista es una referencia constante en la mirada del Príncipe, con quien ha desarrollado esa complicidad que revela un mundo compartido. "La Princesa le ha dado seguridad personal y conexión con la gente", cree Jaume Matas, seguramente el presidente autonómico que más tiempo los ha visto juntos. De la sintonía de ese tándem dependerá en buena medida la capacidad del futuro rey Felipe VI de sintonizar con los ciudadanos.

 

viernes, 2 de septiembre de 2005

Los prolegómenos de la democracia

Durante dos meses, La Vanguardia ha publicado una serie de reportajes que se basan en el estudio del contenido de centenares de documentos secretos, la mayoría desconocidos, recientemente desclasificados por los Archivos Nacionales de Estados Unidos, relacionados con la época franquista.

 

Publicamos aquí dos de las entregas dedicadas al nombramiento de Don Juan Carlos como sucesor a título de Rey y la impresión que tenían los norteamericanos sobre el futuro de España.

 

Y don Juan Carlos aceptó ser el sucesor

 

En marzo de 1968 el Príncipe explicó las interioridades de la sucesión al embajador de EE. UU. que volvía a Washington

 

Don Juan Carlos se sintió triste y pensativo y luego estuvo de acuerdo en que, si no había alternativa, su hijo debía rechazar la sucesión   

 

Eduardo Martín De Pozuelo

29/08/2005

 

Como no podía ser de otra forma, el personaje español que más interés despertó en los gobiernos de Estados Unidos desde comienzos de los años sesenta fue don Juan Carlos. De hecho, no hay conversación o detalle acerca del actual monarca que no figure en algún documento secreto archivado en EE. UU., como el memorándum de conversación de 4 de abril de 1968. El caso es que inmediatamente antes de abandonar su cargo en España, el embajador Duke fue recibido por el Príncipe que no dejó pasar la oportunidad de transmitir a EE. UU. su visión de la compleja transición que se empezaba a adivinar. Es obvio que el Príncipe sabía que todo lo que dijera a Duke llegaría en breve a la Casa Blanca, tal como ocurrió.

 

El 28 de marzo de 1968, don Juan Carlos recibió a solas en la Zarzuela a Angier Biddle Duke, embajador de Estados Unidos en España que iba a ser sustituido por Robert F. Wagner. Duke llegó al palacio sobre las seis de la tarde y el diálogo se prolongó durante cincuenta minutos.

 

El encuentro, según explicó Duke a Washington, transcurrió como sigue: "Tras un intercambio de observaciones personales, mencioné mis otras visitas de despedida como embajador y comenté que había mantenido una conversación de media hora con el Jefe del Estado. El príncipe Juan Carlos reparó en esta última observación, pasando a señalar que sus conversaciones con Franco solían ser siempre de la misma duración. Dijo que Franco le había tratado de forma paternonal, aconsejándole siempre de manera muy amistosa y afable, aunque sin expresarse en realidad de forma concluyente. En consecuencia, añadió Juan Carlos, en ningún momento llegó a saber con precisión en qué situación se hallaba él desde el punto de vista político. Por una parte, Franco le indicó que se comportara como un hijo leal pero, por otra parte, y más reciente, Franco le había insistido en la circunstancia de que Juan Carlos tenía ahora treinta años, era persona plenamente independiente acerca de sus propias decisiones y en caso de proponerse un objetivo determinado, debía efectivamente esforzarse por alcanzarlo".

 

Según Duke, Juan Carlos le contó que le había respondido a Franco "que, si se le daba alternativa al respecto, estaba claro que el primero era su padre (en la línea sucesoria) y que, por tanto, no seguiría el consejo de Franco de rivalizar por el mismo puesto".

 

El Príncipe explicó a Duke a continuación que, no obstante, "tal vez no sería preciso afrontar elección o alternativa alguna" ya que le había dicho a Franco -dijo Juan Carlos-que "la solución del problema sucesorio se hallaba en manos del Jefe del Estado antes de su muerte ya que en caso contrario la monarquía nunca regresaría a España. Él había apremiado a Franco a cumplir esta promesa mientras viviera".

 

Don Juan Carlos añadió que Franco, en respuesta a lo anterior, le había preguntado si, en caso de ser él el elegido, aceptaría el cargo de sucesor. "Juan Carlos dijo a Duke que le había respondido afirmativamente que si Franco, el Consejo de Regencia, las Cortes, etc, le querían y no existía ninguna otra alternativa, él aceptaría" y recalcó al embajador "que sentía que en tales circunstan-cias su deber consistiría en aceptar el llamamiento y que no podía rechazarlo".

 

Don Juan Carlos explicó que cuando su padre, Don Juan, se encontraba en España "para el bautizo de su hijo Felipe, le había contado sus conversaciones con Franco y que le había dicho a su padre que si se le ofrecía elección personal, era una cuestión, pero que, si de hecho era designado mediante el proceso constitucional previsto, no veía más alternativa que la de cumplir con su deber. Su padre -dijo don Juan Carlos-se había sentido al principio de algún modo conmocionado, luego triste y pensativo y, finalmente, declaró mostrarse de acuerdo en que si no mediaba otra alternativa, don Juan Carlos no debería rechazar la sucesión. Su padre -reiteró don Juan Carlos-coincidía en que si él rechazaba el llamamiento, probablemente España no recurriría al padre y la monarquía nunca volvería. Sin embargo, don Juan, aun mostrándose de acuerdo sobre la cuestión, había afirmado que personalmente pensaba que Franco casi con seguridad no designaría efectivamente a don Juan Carlos como sucesor. Al respecto, el Príncipe explicó

 

"que su padre creía que Franco no anunciaría elección alguna antes de su muerte".

 

El heredero le preguntó a Duke cómo veía la sucesión. "Respondí -relató Duke-que pensaba que si Franco moría inesperadamente sin haber adoptado medidas sobre la sucesión se abriría una fase de conmoción y expectación social y política en cuyo contexto quienes se hallaran en posesión de los auténticos resortes e influencia se inclinarían probablemente por dar cumplimiento a lo apuntado; es decir, a llamar a Don Juan al trono". Aunque Juan Carlos no descartó que la opción apuntada por el embajador pudiera acabar siendo realidad, el entonces Príncipe recordó a Duke, siempre según los documentos desclasificados, que su padre estaba exiliado y que ello suponía una dificultad objetiva para captar las realidades políticas de España.

 

Entonces Duke le preguntó si no creía que las "Fuerzas Armadas, preocupadas por la salvaguarda de la ley y el orden, presionarían en favor de una solución rápida, nítida y concluyente" y si no pensaba también que, basándose en el mismo impulso, las mismas Fuerzas Armadas retornarían a la solución apuntada, la solución legal.

 

Don Juan Carlos creía que era posible, pero añadió que no se hallaba en absoluto convencido de que las Fuerzas Armadas en bloque fueran a avanzar en tal dirección. "Indudablemente -dijo-algunos de los dirigentes más veteranos tenderían a avanzar por esta vía, pero -añadió-las Fuerzas Armadas crecían. Sin explicar esta observación, don Juan Carlos prosiguió para señalar que por desgracia tal circunstancia era el motivo de que para Franco resultase de la máxima importancia designarle a él ahora", aunque, no obstante, no se había comprometido. "No había dicho sí -explicó el futuro Rey-pero tampoco había dicho no". Pero el Príncipe juzgaba que Franco necesitaba resolver la cuestión, acudir a las Cortes y anunciarle a él como sucesor al trono.

 

Don Juan Carlos le dijo a Duke que el modelo de sucesión debía pasar por nombrar un presidente de gobierno, en este caso Carrero Blanco, y en otoño anunciarle como sucesor a la Jefatura del Estado, pero lamentó la resistencia de Franco a dar su conformidad a un plan con arreglo a un calendario. Según le comentó a Duke, el Príncipe pensaba que si Franco muriera sin nombrarle su sucesor, la monarquía no tendría nada que hacer aunque su padre le daba vueltas a la idea de un referéndum para elegir sucesor, que "evidentemente no funcionaría".

 

Casi al terminar don Juan Carlos le dijo al embajador que cuatro mandos militares de alta graduación habían acudido a hablar con él expresándose en términos tan extremadamente críticos de Franco y el régimen que se había visto obligado a pedirles que guardaran silencio al respecto. El Príncipe le dijo que los militares estaban muy descontentos por la inactividad y falta de dinamismo del gobierno, e inquietos ante el futuro.

 

La opinión de Estados Unidos

"No hay que minusvalorar a Juan Carlos"

 

Iñaki Ellakuría

29/08/2005

 

La apreciación que se tenía en la Administración norteamericana del príncipe Juan Carlos oscilaba dependiendo del político o el funcionario que la formulara. Por un lado, estaban los que veían al futuro rey como un joven preparado para asumir sus responsabilidades; y, por otro, estaban los que le consideraban básicamente como un "joven simpático y seductor".

 

De este último parecer era el embajador norteamericano en España, Angier Biddle Duke, quien tras su encuentro con don Juan Carlos el 28 de marzo de 1968, destacó que el príncipe "entró bien dispuesto y con gran ánimo e interés a debatir las relaciones con su padre y con el Jefe del Estado" y que "desplegó en todo momento un seductor sentido del humor y, pese a la seriedad de las cuestiones abordadas, no pareció darse excesiva importancia en ningún momento".

 

Para Duke, "a diferencia de su padre, parecen asustarle o al menos parece alejarse de los debates de gran trascendencia y entidad, cuestiones de principio o de orden teórico; prefiere centrarse en los métodos y los medios más que en los fines. No contestó a varias oportunidades que le di para que opinara sobre cuestiones políticas de actualidad tales como Gibraltar, las bases militares y las relaciones entre EE. UU. y España en general". Este comportamiento para Duke traslucía "una cierta actitud de total candidez". Aunque alertó que podría ser una estrategia y que sería erróneo "minusvalorar al príncipe Juan Carlos tan sólo por dar esa impresión de ser un joven simpático y abierto".

 

 

 

"Venga a verme sin avisar al ministro"

 

En agosto de 1969, Juan Carlos convocó al embajador de EE. UU. para explicar al detalle como se había producido la sucesión

 

Don Juan Carlos explicó al embajador Hill que parte del dolor que sentía su padre se debía a la pésima actuación de Areilza   

 

Eduardo Martín De Pozuelo

30/08/2005

 

“He vuelto a quedar impresionado por el interés e inteligencia de Juan Carlos, así como por su plena conciencia sobre las limitaciones políticas que representa su actual situación. Muestra cierta candidez, pero lo atribuyo a su juventud y falta de experiencia política práctica. Juan Carlos puede sobrevivir o no a las tensiones de la España posfranquista, pero en cualquier caso estoy seguro de que intenta, por su propio esfuerzo y recursos, modernizar la política española y es de esperar que, en su momento, gobernar España".

 

Esta es la conclusión a la que llegó Robert C. Hill, embajador de EE. UU. en Madrid de la era Nixon que en agosto de 1969 fue citado por el príncipe Juan Carlos, quien sin perder tiempo, en 45 minutos, explicó al representante norteamericano sus planes de futuro una vez nombrado sucesor. Hill escribió a Washington inmediatamente tal como, es de suponer, deseaba don Juan Carlos que sucediera.

 

"A invitación suya, he visitado hoy al Príncipe Juan Carlos en el Palacio de la Zarzuela", comienza el informe de Hill en el que dice haber encontrado al Príncipe "sincero, deseoso de hablar acerca de cuestiones relacionadas con su nombramiento como Príncipe de España, y de los planes para el futuro inmediato". Hill mostró a don Juan Carlos un modelo del Apolo XI Eagle y y otro de un F-100 de parte del presidente Nixon y el Príncipe le dijo que se dirigiría por carta directamente al presidente.

 

Tras las salutaciones de rigor entraron inmediatamente en materia. Don Juan Carlos relató que muchos monárquicos le habían dicho que don Juan era su elección de preferencia, a lo que don Juan Carlos respondió: "Era también la mía".

 

El Príncipe relató entonces la cronología que Hill recogió con precisión con estas palabras: don Juan Carlos "había solicitado ser recibido por Franco en audiencia en abril pero aún no había sido recibido cuando fue a ver a sus padres a Estoril en junio. En Estoril le dijo a su padre que Madrid hervía de rumores de que Franco proyectaba nombrarle a él, Juan Carlos, heredero al trono; rumores reforzados por ciertos ministros del gobierno que preguntan al Príncipe por sus planes para el verano. El Príncipe manifestó a su padre que ambos, en su opinión, sabrían de las intenciones de Franco más o menos al mismo tiempo".

 

Sobre este punto don Juan Carlos aclaró a Hill que pensaba que Franco no le hubiera puesto en un brete informándole antes a él y obligándole así, en cierto modo, a mantener un secreto frente a su padre. Luego el Príncipe explicó que cuando su madre visitó Madrid a finales de junio aún no tenía ninguna indicación sobre el asunto y elogió doña María de las Mercedes y habló de su influencia en las relaciones con su padre.

 

El 14 de julio, según don Juan Carlos en versión recogida por Hill, don Juan le telefoneó. El Príncipe informó a su padre que aún no había tenido noticias de Franco pero que los rumores aumentaban. La mañana del 15 de julio El Pardo llamó a don Juan Carlos para una audiencia aquella misma tarde. En la audiencia Franco le comunicó que le nombraría Príncipe de España y sucesor el 22 de julio. El 16 de Julio la carta de Franco infor-mándole de la decisión fue entregada a don Juan.

 

Don Juan Carlos explicó a Hill que su padre se encontraba muy dolido, pero como persona pragmática aceptaría la situación a su debido tiempo. El Príncipe de España achacó parte del problema de su padre a la omisión del conde de Motrico en mantener a don Juan al día sobre los rumores y acontecimientos en Madrid. También le explicó que don Juan creía que su hijo sabía de las intenciones de Franco desde el principio y en todo momento, extremo que don Juan Carlos negó.

 

"Es evidente - escribió Hill- que a Juan Carlos le desagrada Motrico y cree que aconsejó mal a su padre. El Príncipe contó sobre Motrico que dejó la embajada española en París hace cinco años explicando a todo el mundo que le habían prometido un alto cargo gubernamental (quizá el de presidente) en los años 60. Sólo cuando el nombramiento no se produjo, Motrico, amargado con el régimen, contactó con don Juan en Estoril ofreciéndose a trabajar para él. El Príncipe no disimula sus sentimientos en el sentido de que don Juan hubiera estado mejor aconsejado de haber rechazado el ofrecimiento de Motrico (José María de Areilza)".

 

El Príncipe le dijo a Hill que sentía que debía mirar hacia el futuro y no al pasado, que sabía que "la monarquía no es popular,y de que le corresponde la tarea de edificar una monarquía moderna y que efectivamente funcione, con el apoyo popular". "Yo me adherí enérgicamente a la necesidad del apoyo popular desde mi propia experiencia en política en EE. UU. y añadí respetuosamente que pensaba que Juan Carlos debería dedicarse intensamente a granjearse la simpatía y apoyo de la juventud española y la clase trabajadora", escribió Hill. Don Juan Carlos preparó de hecho su discurso ante las Cortes - el primer discurso en un foro importante - mirando al futuro, no al pasado y consideró la ovación a la Princesa Sofía al abandonar el edificio de las Cortes como una indicación del apoyo hacia él, más ilustrativa que la ovación registrada inmediatamente después de su discurso cuando compartió el estrado con Franco.

 

El Príncipe consideraba con franqueza que la imagen de España en el extranjero se había centrado demasiado tiempo en la persona del Generalísimo y anunció que él y la princesa tenían previsto visitar las principales capitales del mundo para proyectar la imagen de la nueva España. En cuanto a sus planes inmediatos "consisten en viajar a La Coruña, donde Franco pasa sus vacaciones, la semana próxima para quedarse allí hasta el 9 de agosto". Don Juan Carlos le reveló al embajador que no sabía lo que haría en La Coruña y que aún no le habían pedido que se sentara en el Consejo de Ministros.

 

En cuanto a la relación con EE. UU. don Juan Carlos se mostró ilusionado y una vez más jugó por libre. "Me dijo que le llamara cuando quisiera para tratar de cuestiones importantes, sin pedir permiso a Asuntos Exteriores. Si pregunta (me dijo) se limitarán a decirle que no saben nada al respecto y si lo desaprueban me dirán (a mí) simplemente que no debata tales temas con usted en la próxima ocasión". Y, el Príncipe pidió a Hill ser incluido en cualquier reunión informativa dada por miembros de la Administración sobre el próximo viaje de Nixon.

 

 

Preparando la sucesión

Los consejos estadounidenses al futuro Rey

 

Iñaki Ellakuría - 30/08/2005

 

La embajada de EE. UU. en Madrid envió a la Secretaría de Estado norteamericano en agosto de 1969 un informe secreto con información sobre las conversaciones entre el embajador norteamericano en Madrid, Robert C. Hill, y el príncipe Juan Carlos. La Casa Blanca quería saber qué España se iba a encontrar tras la muerte del dictador.

 

Hill aconsejó al futuro Rey sobre cómo debía actuar de cara a suceder en la jefatura de Estado al generalísimo.Así lo explicó en el informe: "Añadí respetuosamente que pensaba que el príncipe Juan Carlos debería dedicarse intensamente a granjearse la simpatía y apoyo de la juventud española y la clase trabajadora".

 

De sus palabras se desprende que a la Casa Blanca le interesaba cuidar a don Juan Carlos e informarle de las futuras actuaciones respecto a España de Washington: "Debatí mis planes para los próximos dos meses con el Príncipe -escribió Hill-y mencioné que estaría en Washington para discusiones a nivel político acerca de las bases conjuntas hispanonorteamericanas a principios de septiembre".

 

Otra vez surgió el tema de los pactos militares. Hill explicó como había hablado con el Príncipe sobre el tema, "al que le dije que se trata de un período especialmente delicado en lo concerniente a las bases y que confiaba en que cualquier declaración de altos funcionarios sobre el tema tendría en cuenta esta consideración. El Príncipe entendió la cuestión y se mostró de acuerdo con este punto de vista".