sábado, 20 de agosto de 2005

Funerales de Estado por 17 héroes españoles

España ha despedido con los máximos honores en una emotiva ceremonia, a sus 17 compatriotas que murieron en acto de servicio en el nombre de España defendiendo la paz y la libertad en Afganistán.



Los Reyes, acompañados de los Príncipes de Asturias, han presidido el funeral de Estado por los 17 militares españoles fallecidos el pasado martes en Afganistán. A su llegada han dado su pésame a los familiares de las víctimas ante los más de 200 asistentes. Poco después, los 17 féretros han hecho entrada en el patio central del Cuartel General del Ejército, en Madrid, tras lo cual ha comenzado la misa, oficiada por el arzobispo castrense Francisco Pérez. A la ceremonia también han asistido el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, la vicepresidenta, Teresa Fernández de la Vega, los ministros de Defensa, Interior, Justicia, Exteriores y Agricultura, el jefe de la oposición, Mariano Rajoy, la cúpula militar y decenas de familiares de los fallecidos.

En la homilía el arzobispo castrense, Francisco Pérez González, destacó que «la vocación del militar está al servicio de la seguridad, de la libertad y de la paz» y elogió los sólidos principios humanos de los fallecidos, uno de los cuáles había dicho a su madre: "si alguna vez muero, querida madre, no te apenes y sigue siendo feliz".

Pérez González añadió que "cuando el corazón es noble, cuando la vida se ofrece por ideales grandes, cuando se basa en sólidos principios humanos y cristianos todas las energías estarán al servicio del bien común, que en último término es servicio generoso y solidario al ser humano".
El arzobispo también se refirió al momento en que el avión que transportaba los cadáveres de los militares llegó a Madrid y dijo que "cuando mirábamos todos al cielo, en el aeropuerto militar de Getafe, esperando el avión que transportaba los féretros de los diecisiete valientes militares, ellos que habían sido acompañados por el señor ministro de Defensa, altos mandos del Ejército, suboficiales y militares... que durante más de diecisiete horas estuvieron surcando los aires, todos sentimos la presencia sin vida de aquellos que, con honores, fueron agasajados".

"Para esta tierra -señaló- dejaron de vivir y surcaron otros aires pues ellos siguen viviendo otra experiencia". "Ellos ya no nos pertenecen porque son total propiedad de Dios". El arzobispo expresó su intención de que sus palabras fueran "un canto de agradecimiento a la vida, y a aquellos que han sabido dar lo mejor de sí por los demás", y se dirigió a los familiares "de estos hijos o esposos o hermanos" para decirles que "nuestra presencia no colmará lo que ansía y desearía vuestro corazón: `tenerlos vivos entre vosotros!. No os los podemos devolver a la vida, pero sí que os puedo asegurar que ellos ya están en la vida que es eternidad".

También dirigiéndose a las familias, Pérez González dijo ser consciente de las muchas preguntas que se habrían hecho y de que "tal vez nunca habíais visto una noche tan oscura. Y en la oscuridad no se ve nada, parece como si Dios os hubiera abandonado. Pero no, Dios está más presente en vosotros porque vuestro dolor es su dolor", y añadió: "queridos familiares, todos los españoles os abrazamos". Finalmente, el arzobispo castrense transmitió a los familiares la cercanía del Papa Benedicto XVI, "profundamente apenado al conocer la dolorosa noticia del accidente aéreo", y también "de todos los obispos españoles que están en Colonia, con el Papa, en la Jornada Mundial de la Juventud, de modo especial de los arzobispos de Madrid, Sevilla, Oviedo y Santiago de Compostela de donde sois cada uno de vosotros".

El arzobispo castrense transmitió a los familiares la cercanía del Papa Benedicto XVI, "profundamente apenado al conocer la dolorosa noticia del accidente aéreo", y también "de todos los obispos españoles que están en Colonia, con el Papa, en la Jornada Mundial de la Juventud, de modo especial de los arzobispos de Madrid, Sevilla, Oviedo y Santiago de Compostela de donde sois cada uno de vosotros".

Al finalizar la misa, celebrada en un silencio emotivo, el Rey Juan Carlos colocó una a una las Cruces del Mérito Militar otorgadas a título póstumo a los 17 militares caídos. En el caso del sargento Alfredo Francisco Joga, lo hizo acompañado por su viuda, la también sargento Susana Pérez Torres, destinada en Afganistán.



A continuación se celebró el acto de homenaje a los fallecidos, en la que han participado compañeros de la Fuerza de Maniobra del Ejército de Tierra, en la que están encuadradas las unidades a las que pertenecían los militares fallecidos.

En la despedida final del acto oficial, grupos de soldados retiraron los féretros en una marcha solemne. Los restos de los fallecidos serán trasladados a sus respectivas localidades para ser enterrados o incinerados. Así, por la tarde se oficiarán en la localidad sevillana de Alcalá de Guadaira los funerales del capitán David Guitar y de los soldados Pedro Fajardo y José Manuel Moreno, quienes habían nacido y vivido en este municipio. Una portavoz del Ayuntamiento de Alcalá de Guadaira ha informado de que por expreso deseo de las familias no habrá un funeral conjunto.

Los familiares han soportado con entereza el acto, aunque algunos han sufrido desvanecimientos y han tenido que ser atendidos por los servicios sanitarios.



Todas las instituciones presentes

La delegación del PP estaba encabezada por su presidente, Mariano Rajoy, acompañado por el secretario general de los populares, Ángel Acebes y el portavoz de este partido en el Congreso, Eduardo Zaplana. El secretario de organización del PSOE, José Blanco, presidió la delegación socialista, y el coordinador general Gaspar Llamazares, la de IU. Representantes del PNV, Esquerra Republicana de Catalunya, CiU y Coalición Canaria también se encontraron presentes.
Otras personalidades que estuvieron en las exequias son los presidentes de Galicia, Emilio Pérez Touriño; Andalucía, Manuel Chaves; y Madrid, Esperanza Aguirre, ya que los cuarteles a los que pertenecían los fallecidos están en estas autonomías. Asimismo, el comandante supremo de las fuerzas de la OTAN en Europa, el general James L. Jones, y el secretario general adjunto de la Alianza Atlántica, el italiano Alessandro Minuto Rizzo, asistieron pues los 17 militares muertos formaban parte de la Fuerza de Asistencia para la Seguridad de Afganistán (ISAF), aprobada por la ONU y bajo mando de la OTAN.

Tres de los soldados heridos en el helicóptero que marchaba detrás del siniestrado y que tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia recibirán probablemente hoy el alta médica en el hospital Gómez Ulla.

viernes, 19 de agosto de 2005

El Papa se encuentra con los jóvenes en Alemania




Los Reyes de España serán recibidos en audiencia privada por el Papa Benedicto XVI el próximo 5 de septiembre, en el marco de la que será la primera visita oficial de los Reyes al Pontífice.
Don Juan Carlos y Doña Sofía ya tuvieron ocasión de intercambiar un primer saludo con el Papa el pasado 24 de abril, con motivo de la ceremonia de inicio de su Pontificado.

Posiblemente esta visita oficial sirva para limar asperezas por las tensas relaciones entre la Iglesia y el Gobierno español por la legislación contraria a la familia aprobada en los últimos meses.

El Papa empezó ayer su primera visita oficial. Cumpliendo con la promesa de su antecesor, Benedicto XVI preside las XX Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebran en Alemania, su país natal.

También se ha anunciado que el próximo país que visitará el Papa, el primero por decisión propia, será Polonia, lugar de origen de Juan Pablo II.

El Papa invita a los jóvenes en Colonia a "servir sin reservas a Cristo, cueste lo que cueste"

L D (EFE) "Os invito a que os esforcéis estos días a servir sin reservas a Cristo, cueste lo que cueste. El encuentro con Jesucristo os permitirá disfrutar interiormente la alegría de su presencia viva y vivificante, para testimoniarla después en vuestro entorno. Que vuestra presencia en esta ciudad sea el primer signo de anuncio del Evangelio mediante el testimonio de vuestro comportamiento y alegría de vivir", dijo el Papa a los jóvenes congregados a la orilla del río.

Durante su mensaje, leído por el Pontífice en idiomas diferentes (alternando párrafos en alemán, inglés, francés, español e italiano), saludó especialmente a los jóvenes "venidos de Oriente, que esperan, sin saberlo, que aparezca en su cielo la estrella que los conduzca a Cristo" y a los que "no han recibido el bautismo".

El Pontífice instó a los jóvenes a recobrar en estos días "la experiencia vibrante de la oración como diálogo con Dios". "Quisiera decir a todos insistentemente: abrid vuestro corazón a Dios, dejad sorprenderos por Cristo. Dadle el 'derecho a hablaros' durante estos días. Abrid las puertas de vuestra libertad a su amor misericordioso. Presentad vuestras alegrías y vuestras penas a Cristo", añadió.

Recorrido en barca

Sus palabras fueron pronunciadas frente al embarcadero de Poller Rheinwiesen, en el río Rhin. El Papa participó en la tarde de este jueves en una navegación a lo largo de 10 kilómetros, a bordo del barco "RheinEnergie", de 90 metros de eslora. Benedicto XVI viajaba sentado en una silla en la popa del barco y rodeado por 60 jóvenes de todas las nacionalidades, vestidos con trajes tradicionales.

Una orquesta a bordo con un coro tocó durante el trayecto y los jóvenes entonaron cantos. El barco del Papa estaba escoltado por otros cinco barcos, que representaban los cinco continentes y en los que viajaban algunos jóvenes, así como unos 40 cardenales y obispos de todo el mundo. Durante el recorrido, el Papa se levantó varias veces para saludar a los cientos de miles de jóvenes que llevaban horas esperandole a la orilla del río.

Recuerdo a Juan Pablo II

En un momento de su discurso, Joseph Ratzinger quiso recordar con emoción al "tan querido por todos" Juan Pablo II, explicando cómo "tuvo la idea brillante de convocar a los jóvenes de todo el mundo para celebrar juntos a Cristo" y destacando el dialogo que Karol Wojtyla mantuvo siempre con ellos.

"Este gran Papa supo entender los desafíos que se presentan a los jóvenes de hoy y, confirmando su confianza en ellos, no dudó en incitarlos a proclamar con valentía el Evangelio y ser constructores intrépidos de la civilización de la verdad, del amor y de la paz", afirmó Benedicto XVI, añadiendo que ahora le toca "recoger esta extraordinaria herencia espiritual que nos dejó el Papa Juan Pablo II".

El Papa realizó una comparación entre el viaje de los Reyes Magos y el actual viaje de los jóvenes y les indicó "que la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía", invitándoles así a participar en el sacramento.

Después, el Papa siguió su navegación hasta el embarcadero Hohenzollernbrucke de Colonia para visitar la catedral de la ciudad donde, según la tradición, están las reliquias de los Reyes Magos. "Ahora me haré peregrino hacia la catedral de Colonia para venerar allí las reliquias de los Santos Magos. Estas reliquias no son más que el signo frágil y pobre de lo que ellos fueron y vivieron hace tantos siglos. Cuando la Iglesia nos invita a venerar los restos mortales de los mártires y de los santos, no olvida que, en definitiva, se trata de pobres huesos humanos, pero huesos que pertenecían a personas en las que se posó la potencia trascendente de Dios", dijo el Papa que se despidió así de los jóvenes hasta la vigilia de este sábado por la tarde.


El Papa vuelve a casa

Libertad Digital

Hace unos días, un corresponsal en el Vaticano del rotativo turinés La Stampa decía del Papa Benedicto: “Se mueve con paciencia, prudencia y delicadeza, pero se mueve y hace mucho más de lo que percibimos”. Así han sido los cien primeros días de Pontificado de un Papa a quien su predecesor le ha dejado el listón muy alto. A su ritmo, como buen alemán, de manera pausada, metódica y juiciosa, Benedicto XVI ha comenzado a dar las primeras pinceladas de un papado que ya empieza a ser conocido en los círculos religiosos como el papado de la Paz. En esencia, y no es poco, el Papa Ratzinger ha continuado con la labor iniciada por Juan Pablo II. Los ejes que se ha marcado giran en torno al ecumenismo, al diálogo entre religiones, a la evangelización de un occidente que transita por el laicismo y, sobre todo, a la búsqueda de un mundo que viva en paz.

La vigésima Jornada Mundial de la Juventud que dio comienzo ayer en la ciudad de Colonia va a ser el bautismo de fuego del nuevo Papa y su primer baño de multitudes. Es la primera vez que Joseph Ratzinger viaja a su país natal desde que fue elevado a la cátedra de San Pedro y es su debut personal ante el numeroso público que suele congregarse en las jornadas juveniles que nacieron al calor del anterior Papa, entusiasta convencido de el poder de los jóvenes. Las autoridades alemanas han previsto una ingente afluencia de peregrinos –en torno a 500.000-, la mayor parte jóvenes llegados de todo el mundo atraídos por el singular magnetismo que, desde Wojtyla, tiene el Santo Padre para los católicos que no pasan de la veintena. El poder de convocatoria de Benedicto XVI ha quedado fuera de toda duda. Es un Pontífice querido por su Iglesia tal y como podía verse ayer en las riberas del Rin, pobladas por miles de jóvenes jaleando la barcaza en la que el Papa realizó un pequeño recorrido hasta la célebre catedral de la ciudad.

El hombre que antes de ser Papa era la eminencia gris del Vaticano se ha revelado como un Padre sereno en la forma pero contundente en el fondo. Confía en el poder de su mensaje y en su comunidad que es, en última instancia, la encargada de transmitirlo. Su fuerza radica en el vigor de sus argumentos, en su sólida formación teológica y en lo claras que parece tener las cosas. En tiempos de mudanza y de zozobra espiritual como los que vivimos, un referente moral como Ratzinger es necesario. Así lo han entendido cientos de miles de jóvenes, entre los que se encuentran muchos llegados desde España. Una generosa embajada de la juventud católica europea que se ha acercado hasta la vieja capital de Renania para estar cerca de su Papa y recibir un mensaje que siempre va cargado de esperanza. Tras la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia el pontificado de Benedicto encara el futuro con optimismo renovado porque, y a la vista de todos ha quedado, ni es ultraconservador ni es impopular. Sus detractores deberían dejar de mirarse el ombligo y abrir los ojos a la realidad, aunque duela.

Documentos y discursos de la XX Jornada Mundial de la Juventud

jueves, 18 de agosto de 2005

España recibe a sus 17 héroes



A primera hora de la madrugada despegaba de la base aérea española en Afganistán, el avión Hércules de las Fuerzas Armadas que transportaba los féretros de los 17 soldados muertos en acto de servicio por España.
Especialmente emotiva la imagen de la sargento Susana Pérez Torres portando el féretro de su compañero de armas y esposo, sargento Alfredo Francisco Joga.

El avión ha aterrizado en la base aérea de Getafe, Madrid, a la hora del crepúsculo. A los acordes del himno a los caídos “La muerte no es el final”, han sido recibidos por el Rey, el Príncipe y el Presidente del Gobierno. Se ha rezado un responso como preludio de los funerales de estado que se tributarán el próximo sábado.

Dolor, admiración y sobre todo gratitud son los sentimientos comunes de un pueblo que despide a sus soldados que han sido fieles al juramento que un día empeñaron: “Todo por la patria”.

miércoles, 17 de agosto de 2005

Vacaciones familiares en Mallorca



El pasado domingo pudo verse en aguas de la bahía de Palma de Mallorca una de las imágenes más esperadas de este verano: la de la Familia Real al completo en la proa del yate «Fortuna». Esperada, en primer lugar, por parte de Don Juan Carlos y de Doña Sofía, que pudieron compartir, por primera vez en mucho tiempo, una jornada festiva con toda la familia, ejerciendo de padres y de abuelos orgullosos y felices, con los Príncipes de Asturias, los Duques de Lugo y sus hijos, y los Duques de Palma de Mallorca y sus hijos.

Esperada también por parte de los reporteros gráficos, que a lo largo de este mes de agosto han estado presentes en la Isla, y esperada igualmente por parte de los residentes en el Archipiélago, que desde hace años aguardan siempre con ilusión la llegada y la estancia de la Familia Real en el Palacio de Marivent.



En estos últimos días, sólo habían permanecido en Mallorca los Reyes y los Duques de Palma de Mallorca -la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín-, con sus hijos, Juan, Pablo, Miguel e Irene. A ellos se sumaron el pasado fin de semana los Duques de Lugo -la Infanta Elena y Jaime de Marichalar-, con sus hijos, Froilán y Victoria, y los Príncipes de Asturias, Don Felipe y Doña Letizia.

Todos ellos se encontraban el pasado domingo a bordo del «Fortuna», junto con la princesa Irene de Grecia, Cristina de Borbón-Dos Sicilias y su marido, Pedro López Quesada.

La Familia Real pasó la mayor parte de la jornada del domingo en la hermosa isla de Cabrera, considerada como Parque Nacional marítimo-terrestre desde 1991. Cabrera es la única de las cinco islas mayores de Baleares en donde no reside nadie en la actualidad, si bien es un enclave visitado diariamente por parte de turistas y, en los meses de invierno, por parte de escolares. La pasada semana fue visitada, curiosamente, además de por la Familia Real, por una representación del Consistorio de la capital balear, presidida por la alcaldesa de Palma de Mallorca, Catalina Cirer. Esta visita tuvo lugar el pasado miércoles.

En ambos casos, hubo coincidencia en la elección hecha para disfrutar de un buen y tradicional almuerzo en una jornada de verano: una paella. Sin embargo, así como el pasado miércoles hubo mal tiempo en parte del Archipiélago, y por ello ninguno de los ediles del Ayuntamiento palmesano pudo nadar en alguna de las hermosas calas de Cabrera, el pasado domingo el tiempo acompañó, y los más pequeños pudieron nadar y disfrutar de las transparentes aguas de la isla.

Por la tarde, el «Fortuna» volvió de nuevo a Palma de Mallorca y la Familia Real regresó al Palacio de Marivent, donde permanecerá hasta finales de este mes de agosto.

Regata Conde de Barcelona

Tradicional regata en homenaje al gran marino Don Juan de Borbón.

A prueba de tempestades

Pilar de Borbón es de las que aguanta el tipo. A pesar de que hace algunos años un juez le obligó a derribar su casa mallorquina, la hermana del Rey sigue veraneando en la isla con algunos de sus hijos y nietos. Ayer, con su hijo Bruno y su nuera Bárbara Cano se acercó a ver los veleros de época que a partir de hoy compiten en la regata Conde de Barcelona que se celebra cada año en honor y recuerdo de don Juan de Borbón.



Doña Pilar, que cumplió 69 años el pasado 30 de julio, veraneó durante años en una casita mallorquina ubicada en Palma frente a Puerto Pi a pocos metros de Marivent. Un buen día, el propietario de la casa situada detrás de la de doña Pilar planteó una demanda urbanística alegando que la hermana mayor del Rey había levantado unos metros la casa y le impedía las vistas. Doña Pilar no presentó ni un recurso para que nadie pensara que en caso de ganarlo se le había dado un trato de favor y no solo derribó una parte, sino toda la casa. Lo curioso del caso es que el vecino que la demandó compró el terreno y levantó un edificio de mayor altura aún de la que tenía la casa primitiva. Y ahí está el nuevo edificio, situado en una zona privilegiada, sin que nadie se haya preguntado qué intereses había detrás de la orden de derribo que acató doña Pilar.

Desde entonces, la hermana del Rey, tras un par de veranos de ausencia para asimilar el asunto, veranea en una tranquila urbanización alejada de Palma. Hace vida independiente a la de sus ilustres familiares y no se la suele ver en el Fortuna como a otros parientes reales. En eso se parece a su padre, ya que don Juan llegaba casi todos los veranos a Palma y prefería quedarse a bordo de su velero Giralda,que amarraba en el Club de Mar, en vez de instalarse en Marivent. Por la tarde, en la cubierta, el Conde de Barcelona recibía a sus amigos y repetía el ritual del dry martini, del que disfrutaba incluso en los tiempos en los que su enfermedad le impedía beber. El Giralda,que la familia real donó a la Armada tras la muerte de don Juan, es uno de esos veleros de época que resisten los embates y las tempestades como algunas personas con una vida más difícil de lo que parece.

Fuente: Mariángel Alcázar - La Vanguardia

La verdad sobre el matrimonio de los Príncipes de Dinamarca

En este blog no se suelen incluir noticias de crónica rosa pero considero que esta noticia es importante debido a los comentarios despectivos que ha recibido el Príncipe Joaquín de Dinamarca por supuesta infidelidad a su esposa.

Esta semana la prensa danesa ha demostrado que esos rumores eran falsos.

Muy mala prensa para Alexandra de Dinamarca

Después de que medio mundo sufrió con la dulce princesa Alexandra, que tuvo que divorciarse del príncipe Joaquín de Dinamarca, incapaz de soportar más tiempo su alcoholismo, resulta ahora que el benjamín de la Reina Margarita II —que recibió el apodo de «Prins Pinsam» (el príncipe deplorable)— era en realidad la víctima.

Ante el estupor general, se asegura ahora que Joaquín ahogó sus penas en alcohol y que bebió para olvidar las continuas infidelidades de su «amante esposa», las fugas de ésta, y el total desinterés que sentía la hongkongniana por el lecho marital. La prensa escandinava sin excepción, que no ahorra calificativos despectivos e hirientes sobre «Alex» («la china ardiente», «una oriental con ganas de sexo»), daba ayer detalles sobre los adulterios de la princesa y su gusto por los chicos jóvenes. Bajo el título «Sandheden skall frem» (algo así como «Que triunfe la verdad»), el diario «Ekstra Bladet» explicaba que su pareja, Martin Jorgensen, quince años más joven que la princesa, no es una novedad ya que es el amante de ésta desde hace dos años.

El citado diario también destacaba la caballerosidad de Joaquín al hacer pública su separación el 16 de septiembre, asumiendo el papel de la parte culpable para salvaguardar la figura materna.

Otros rotativos, como el «Expressen», hablan de una campaña de desacreditación hacia Alexandra, «ayer santa y hoy golfa», con objeto de mejorar la maltrecha figura del príncipe Joaquín.

Fuente: ABC

Palabras de reconocimiento a 17 hombres valientes

Llegan por doquier las palabras de duelo por los 17 soldados españoles que han perdido su vida en acto de servicio en el nombre de España.

El Papa Benedicto XVI ha declarado sentirse "profundamente apenado" y ha pedido a Dios que conceda consuelo "a cuantos lloran la lamentable tragedia".


Imagen del soldado Pedro Fajardo Cabeza pocos días antes de su muerte en acto de servicio.


Estos son algunos de los artículos y editoriales publicados en los periódicos españoles.

Héroes sin partido

POR BENIGNO PENDÁS

PROFESOR DE HISTORIA DE LAS IDEAS POLÍTICAS

ABC

Ante todo, dolor. Después, admiración. Siempre, gratitud. La tristeza limita la capacidad de reflexión. La sociedad del riesgo no conoce tregua veraniega. He aquí la hora final en esta vida terrena para diecisiete héroes españoles: personas de carne y hueso, con su nombre y apellidos, con su familia y amigos, incluso en esta época dominada por la soberbia estadística. Una sociedad sanamente constituida tiene que afrontar las tragedias con madurez, nunca con indiferencia. Aunque la política (espejo, como siempre de la vida) se complace con crueldad en la paradoja. Accidente o ataque, el orden de los factores no altera el producto. Si accidente, como parece, ¿quién no ha pensado en el Yak? Si agresión, como algunos dicen, surgen de inmediato las sombras del Irak y del 11-M. ¿Qué hacemos en Afganistán? Corremos sin sentido para regresar al mismo punto de partida. Tiene razón Claudio Magris: «Es posible que Heráclito esté equivocado; siempre nos bañamos en el mismo río». Así pues, examen para el Gobierno; dilema -ético y político- para la oposición; incógnita para los ciudadanos. Esta vez, igual que las anteriores, el sentido común impone una única solución razonable. España necesita dar prioridad a la política sobre el partidismo. La patria no son ellos ni somos nosotros. No es, ni mucho menos, propiedad de quien gobierna al día de la fecha en esta sucesión efímera que llamamos democracia. Otros países -muy pocos para ser sinceros- lo consiguen. Nosotros lo logramos mal que bien durante la Transición. También ahora debe ser posible.

Contexto internacional. Irak concentra el ruido y la furia pero Afganistán sigue en la retaguardia. Ecos de la resistencia talibán. Sólidas bases de AlQaida. Criminales disfrazados con el rótulo inmerecido de «señores de la guerra». La primera decisión de Bush tras el 11-S no estaba exenta de riesgo. Porque, según viejas páginas de geopolítica, EE.UU. es una talasocracia imbatible, pero sufre graves carencias cuando trata de ocupar militarmente un territorio. Los afganos son el mejor ejemplo de aquella inteligente doctrina de Toynbee sobre el estímulo de los «Hard Countries». Los ancianos que dirigían el Kremlim en su fase terminal no eran aventureros, sino políticos responsables. El Ejército Rojo enterró su nombre y su fama en aquella tierra infernal porque los soviéticos eran conscientes de los peligros del Islam radical. La mitad de los musulmanes del mundo vive en Asia. En las fronteras de ese país se concentran potencias nucleares y gigantes demográficos. No hablamos de ridículos debates identitarios. Allí se ubica hoy día la «isla del mundo», en sentido estratégico: no es baladí determinar quién controla ese paraje desolado que nos golpea desde su inocuidad aparente desde la pantalla de televisión.

¿Qué hacen entonces nuestros soldados? Respuesta concluyente: sitúan a España en el lugar que le corresponde, a la altura de esta época desquiciada de la que pocas alegrías podrán rescatar los futuros historiadores. «Recuerdos del porvenir» se llama, en un estupendo sin sentido, la taberna que pinta Alejo Carpentier al borde mismo de la selva tropical, justo al otro extremo del mundo. España debe estar al lado de sus aliados naturales en el marco de la OTAN y de la Unión Europea. Debería estar en otros sitios, según creo, pero hoy no es el día para ese tipo de debates. Aquí o allá, las Fuerza Armadas cumplen su misión de forma modélica. Una sociedad «decente» (antes de Zapatero lo decían los conservadores americanos) se muestra por definición orgullosa de sus ejércitos. Solo los dogmáticos, algunos simplemente tontos, repiten una y otra vez el rancio discurso antimilitarista. Digamos, pues, la verdad en voz alta y clara. Se trata de profesionales bien preparados, con sentido del deber y alta capacidad técnica. Gozan del máximo respeto en los organismos internacionales. Resisten con holgura la comparación con sus colegas extranjeros. Se dejan la vida en el empeño, como es notorio. Merecen, pues, no solo el esfuerzo presupuestario que ahora se anuncia con un cierto alarde teatral. Debe también multiplicarse la cultura de defensa y la consideración social de la profesión. Las Fuerzas Armadas son, en su realidad actual pieza nuclear de la España constitucional porque participan junto a sus iguales en la lucha por una causa justa. Venturosa novedad, después de un aislamiento que ha resultado demasiado largo.

Lección para sectarios, sean inocentes o malintencionados, que de todo hay. La realidad no cambia aunque se contemple desde el optimismo antropológico. Ha salido trágico este verano de 2005. Guadalajara y Roquetas; ahora, los helicópteros.... Deslinde entre lo ingenuo y lo malévolo. Ironías del destino. Desengaño acerca del mundo feliz que nos esperaba. Comprendo que la tentación de pasar factura es difícil de resistir. Pero ha reaccionado con acierto el Partido Popular y Rajoy presenta esa sobriedad institucional que es propia de una oposición digna en momentos complicados. Véase, cómo no, el ejemplo británico tras el 7-J. Zapatero ha vuelto a tiempo a su despacho, pero no hacía falta poner énfasis en la identificación de los cadáveres «con plenas garantías». Es elemental, y reabre una polémica que nos llevará por mal camino. Siempre el presidente del Gobierno debe precisar las palabras y modular el tono, pero mucho más cuando se trata de una declaración institucional. Se agolpan los desafíos en torno al ministro Bono. Ahora tiene que demostrar su talla política. En la investigación, por supuesto. También con decisiones de alcance retroactivo. Aprendamos de los errores. Sobriedad en los gestos, transparencia absoluta, apoyo a las familias sin minucias burocráticas. Caso Yak. La responsabilidad política se extingue con el juicio del cuerpo electoral, inapelable en democracia. La responsabilidad jurídica, sí y cuando procede, es cuestión de jueces y tribunales sometidos únicamente al imperio de la ley. Pero la política de Defensa es y debe ser una política de Estado. Diré algo más: debe ser una política patriótica. Igual sucede con la Corona: el Rey, téngase presente, es jefe supremo de las Fuerzas Armadas, según la sabia decisión constituyente. Como debería ocurrir, sin pretexto alguno, respecto del terrorismo y de la arquitectura territorial. Política, en fin, en el sentido más noble, que deja espacios exentos de la controversia -por supuesto legítima- entre los partidos en otras múltiples materias.

El ser humano busca la certeza absoluta con empeño digno de mejor suerte. Pero sería inútil apuntarse al optimismo, dejándose llevar por el dolor de los primeros momentos. Ataque o accidente, este caso traerá secuelas: dentro del Gobierno, en la institución militar, entre el Gobierno y la oposición. Por ahora, vamos a llorar -si nos dejan- a esta minoría de héroes que prefiere asumir deberes antes que reclamar derechos y renuncia al bienestar hedonista que perseguimos con ardor. Son, en sentido orteguiano, los mejores. Las lecciones, me temo, las vamos a aprender a medias, en el mejor de los casos. Lo terrible es que habrá más víctimas, más desgracias, más atentados, en esta guerra por fragmentos que afecta al núcleo duro de nuestro dilema existencial. «Las reglas del juego han cambiado», decía hace unos días Tony Blair. Muchos esperan el regreso de vacaciones para no dejarle respirar. La sombra de la sospecha extenderá su huella en cada actuación pública de los responsables. Se medirán las palabras con obsesión enfermiza. Las alusiones malintencionadas ocuparán el puesto de los conceptos claros y precisos. Un colectivo equívoco («los muertos» «las víctimas», «los afectados») borrará de la frágil memoria colectiva el recuerdo personal del capitán y de sus soldados. Muertos en acto de servicio, en defensa del honor de una sociedad que, ojalá sepa -por una vez- estar a la altura de las circunstancias. «Suerte y hasta pronto», Dios mío, decían las pancartas de despedida...

Un acto de entrega

LA VANGUARDIA

Diecisiete militares españoles fallecieron ayer en Afganistán al caer el helicóptero Cougar en el que viajaban en Herat, al oeste del país. La OTAN habló en un primer momento de accidente, pero el ministro de Defensa, José Bono, no descartó en su comparecencia urgente antes de desplazarse a la zona que el helicóptero hubiese sido el objetivo de "un ataque exterior". Se trata, en todo caso, del segundo siniestro más grave de la historia de la participación española en misiones de paz tras el del Yak-42, el 26 de mayo del 2003, en el que murieron 62 militares que regresaban de Afganistán cuando el avión ucraniano en el que viajaban se estrelló en Trebisonda (Turquía).

En esta ocasión, el accidente se produjo cuando el helicóptero participaba en una operación, que culminaba ayer mismo, de integración de las fuerzas españolas dentro de la misión que la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF) tiene encomendada por la ONU en Afganistán. En concreto, la misión de los militares españoles es garantizar la seguridad en las elecciones parlamentarias afganas, previstas para el 18 de septiembre, en los llamados equipos provinciales de reconstrucción (PRT, en sus siglas en inglés) con la participación de unos 10.000 soldados de 37 países. Se trata, en consecuencia, de una operación militar en un escenario considerado de alto riesgo,como prueba el hecho de que éste es el tercer accidente de un aparato de este tipo en lo que va de año. Otros dos helicópteros, ambos de Estados Unidos, han caído en Afganistán: en junio rebeldes talibanes derribaron un Chinook (16 soldados muertos) y en abril otros quince militares y tres civiles fallecieron al estrellarse otro helicóptero por las malas condiciones meteorológicas.

Gobierno y oposición, en este contexto, han coincidido en expresar sus condolencias a las fuerzas armadas y a los familiares de los fallecidos en el accidente, y en la voluntad de esclarecer con celeridad y serenidad las causas del siniestro. El líder del PP, Mariano Rajoy, optó por ofrecer apoyo y unidad, mientras su portavoz parlamentario, Eduardo Zaplana, añadía que su partido nunca haría responsable de la tragedia al Gobierno ni a su presidente y que jamás utilizaría "las artes que hayan podido utilizar otros", en alusión implícita al caso del Yak-42. Se trata de una referencia innecesaria, y no sólo por las circunstancias distintas de ambos siniestros, sino por la conveniencia de no reeditar ahora otra polémica partidista.

Es de esperar que la ajustada reacción del ministro Bono, que ha anunciado que comparecerá en el Congreso, y la declaración institucional del presidente Zapatero, que ha recordado que se trata de una misión humanitaria y de paz avalada por el Parlamento, propicien un cierre de filas de las fuerzas democráticas sin prejuicio de que se esclarezcan en paralelo todas las circunstancias del siniestro. La credibilidad de la política exterior, máxime después de la retirada española de Iraq, pasa por mantener la presencia militar en la fuerza multilateral de Afganistán, que, como recordaba ayer Duran Lleida, presidente de la comisión de Exteriores del Congreso, "es fruto de un compromiso responsable con la comunidad internacional, a través de las Naciones Unidas, y con las organizaciones supraestatales de las que España forma parte".

Los 17 militares caídos ayer en un acto de entrega, en palabras de Zapatero, han dado su vida para consolidar el frágil proceso de paz en Afganistán iniciado tras las presidenciales del año pasado, las primeras en treinta años. El presidente Karzai necesita del apoyo internacional para conseguir que la esperanza abierta con la caída del régimen de los talibanes se traduzca en la consolidación de un Estado democrático. Karzai, apodado el alcalde de Kabul porque su poder no va más allá de los arrabales urbanos de la capital, necesita de esa presencia para controlar a los señores de la guerra que mandan en las diversas regiones, hacer frente a los reductos talibanes y rescatar la economía del círculo vicioso de la miseria y el opio. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, ha pedido reiteradamente una mayor contribución militar para "allanar el camino a una estabilidad duradera en el país y en la región". Ésta sigue siendo la misión del ejército español.

En defensa de la libertad y la paz

EL PAÍS

Diecisiete militares españoles murieron ayer en Afganistán al "desplomarse" por causas aún desconocidas el helicóptero en el que viajaban. Los militares realizaban en Afganistán tareas de ayuda a la pacificación y estabilización bajo mandato de las Naciones Unidas, y en el marco de un amplio esfuerzo internacional por construir en aquel país un Estado democrático y viable que ponga fin a su larga y trágica historia de tiranías y violencia. Así lo recordó ayer, en una declaración institucional, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que interrumpió sus vacaciones para despachar en Madrid sobre el trágico suceso con el ministro de Defensa, José Bono.

Aún cuesta a muchos compatriotas comprender los retos que afrontan las democracias en este tormentoso comienzo de siglo y por qué obligan a misiones que puedan llevar a nuestros soldados a "morir defendiendo la libertad y la paz tan lejos de nuestras fronteras", en expresión del presidente del Gobierno. Pero es un hecho incontrovertido, ya que gran parte de las amenazas a la seguridad de nuestros ciudadanos se gestan en lugares remotos del globo en los que el nuevo terrorismo internacional ha establecido sus santuarios y bases, y donde tiraniza a las poblaciones locales. Ayudar a que se establezcan en esos Estados regímenes democráticos respetuosos con el derecho internacional es parte del esfuerzo necesario para una paz estable.

Este Gobierno cumplió con su promesa de retirar a las tropas españolas de Irak por considerar que la ocupación de aquel país es una guerra ilegal por no contar con un mandato de las Naciones Unidas. Pero dejó claro desde un principio que participaría en las operaciones internacionales que considerara ajustadas a la legalidad, y lo ha demostrado con la presencia continuada en Afganistán, ampliada ahora para la preparación de las elecciones legislativas previstas para el día 18 de septiembre próximo.

A nadie se le oculta que este tipo de misiones que llevan a cabo los militares tiene considerables riesgos, tanto de accidentes como de ataques por parte de esas fuerzas que tratan de impedir a toda costa que se implanten la ley, el orden y los derechos humanos en los territorios que dominaban o intentan dominar. Actualmente hay en Afganistán en torno a 850 soldados españoles integrados en la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de Afganistán (ISAF), que cuenta con un contingente que ronda los 10.000 hombres de 36 países.

El ministro de Defensa, José Bono, partió ayer mismo hacia Afganistán para hacerse cargo personalmente de las tareas de rescate e identificación de los cadáveres, que tanto él como el presidente insistieron en que estarían marcadas por la "escrupulosidad" y se harían con certeza y seguridad. Resulta claro que no puede ser de otra manera cuando sigue viva la memoria del lamentable episodio de oscurantismo y desinformación habido tras la otra gran tragedia sufrida por nuestra misión en Afganistán que fue el accidente aéreo del Yakovlev en Trebizón (Turquía), en el que murieron 69 militares españoles en mayo de 2003. Se les debe a los militares fallecidos y a sus familiares.

Es de esperar también que, por respeto a ellos y a su dolor, todos desistan de intentar explotar políticamente esta tragedia. Las palabras del líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, mostrando su apoyo incondicional a las FF AA y rechazando de antemano cualquier utilización política de la tragedia inducen a albergar la esperanza de que así será.



Artículos publicados en La Razón:

¡Oh capitán, mi capitán!

Todos los soldados eran valientes

La muerte no es un acontecimiento de la vida. Es otra cosa. Dicen que los militares han de estar preparados para la muerte. Pero este puñado de diecisiete hombres jóvenes que ayer perdieron la vida en Afganistán no pensaban en la muerte. Seguro. Pensaban, trabajaban, luchaban y hasta han muerto por la vida. Por la vida de los demás, por la vida de esas mujeres afganas que ni siquiera saben que están vivas. Por la vida de esos niños que desconocen el gesto de la sonrisa. Por la vida de un pueblo que intenta sentirse vivo. En Afganistán, en Iraq, en Bosnia, en Haití...siempre ha sido así. Oh capitán, mi capitán, conducías el helicóptero junto a dieciséis soldados valientes en busca del sendero donde se bifurcan la libertad y la tiranía, la vida y la muerte. Una entrega vocacional y apasionada, que no aguarda más recompensa que la de rescatar del horror y el olvido a los desterrados, a los humillados, a los maltratados, a los que pierden todas las guerras, a los que cada noche se envuelven entre las sábanas sucias del pavor. Siempre fue esa vuestra misión. En escenarios ardientes como la lengua del infierno o gélidos como el vientre de la bestia. Oh capitán, mi capitán, tienen que suceder tragedias como las de ayer para que una sociedad anestesiada dedique al menos unos instantes al recuerdo y la alabanza de estas misiones de héroes, de estos sacrificios extraordinarios. Quizá, sí, los dioses hacen que los hombres sufran para que las generaciones posteriores tengan algo que cantar. Oh capitán, mi capitán, estas muertes que hoy lloramos harán ver, sin duda, de otra manera, el ejercicio diario de una raza aparte, de unos soldados que, al fin y al cabo, arriesgan su vida por algo tan elemental como esa paz que emana, ardorosamente, de la mirada de un niño al que muy pocos osan mirar.

Españoles sin fronteras

Jesús CUADRADO
Teniente General retirado

Diecisiete soldados de España han muerto en Afganistán, diecisiete españoles que participaban en el trabajo que más puede dignificar a un ser humano. Estaban ayudando a construir un mínimo futuro para los más pobres de la Tierra. Sirva este escrito-homenaje para contribuir a que los españoles conozcan qué hacen nuestros soldados tan lejos de casa. Hace quince días, un grupo de parlamentarios comprobamos, sobre el terreno, el funcionamiento de las misiones de paz que España desarrolla en Afganistán. En la ciudad de Quala i Now, con una población viviendo en las condiciones más desoladoras que se puedan imaginar, ¿qué preocupaba a nuestros militares? Una vez conseguido un mínimo clima de seguridad, las palabras más repetidas por el humanísimo coronel Veiga eran agua potable, medicinas, electricidad... Sepan los españoles que diecisiete soldados de España han muerto cuando trabajaban en nuestra mayor operación humanitaria en el exterior. Pudimos comprobar cómo los militares españoles habían creado un clima de confianza en la población afgana, cómo habían logrado que los vieran como a amigos que estaban allí para ayudar. El cumplimiento de esta condición imprescindible para el éxito de la misión tenía que ver, sin duda, con su excelente preparación y capacidad de sacrificio. Los líderes locales veían en estos españoles tan especiales una oportunidad de paz, sin la que no es posible construir nada, tras casi 25 años de guerra. Hoy, con diecisiete soldados muertos en el más noble acto de servicio, los españoles deben saber esto; nos lo dijeron aquellos pobres afganos de Quala i Now y tenemos la obligación de contarlo. Las Naciones Unidas identifican a los Estados fallidos, como Afganistán, como la mayor causa de pobreza en el mundo, y también como uno de los factores más decisivos de inseguridad. Hace semanas, el Parlamento mostró su acuerdo para una nueva misión de apoyo a las elecciones legislativas de septiembre. La sociedad española, por mediación de su Parlamento y de su Gobierno, decidió enviar a nuestros soldados allí donde no hay agua potable, ni un Estado que merezca tal nombre. Estaban donde les dijimos que estuvieran y hoy diecisiete soldados de España han muerto. Diecisiete de los mejores de entre nosotros. No hay consuelo posible. Sólo quiero contribuir a que se conozca cuánto les debemos.

Sangre española

Luis Feliu Ortega Teniente General retirado

Una vez más, las misiones de paz de nuestras fuerzas armadas se han cobrado un tributo de vidas humanas, y una vez más ha sido Afganistán, ahora con diecisiete militares españoles muertos cuando trataban de asegurar unas elecciones libres y en paz. En un mundo a veces tan dominado por el materialismo, y donde las ambiciones de poder alientan los odios entre comunidades, los enfrentamientos, la violencia, el egoísmo, la incomprensión y el terrorismo, puede parecer un contrasentido la presencia de tropas españolas en misiones de paz. Existe también la tentación de pensar que simplemente han muerto porque ése era el riesgo de su profesión. Pero yo, que he tenido el honor de mandarlos, yo, que he convivido con ellos en distintas misiones, sé muy bien de su entrega y de su generosidad, que va mucho más allá del estricto cumplimiento del deber. Nuestros militares se han entregado con ilusión y abnegación a estas tareas desde que allá por el año 92 comenzó el envío de contingentes. Primero los paracaidistas y después los legionarios, tropas de élite y entonces las únicas voluntarias, rivalizaron en su generosa entrega. Yo he visto cómo los «fieros», temidos y a veces denostados legionarios, los que algunos creían que sólo servían para matar, eran capaces de arriesgar sus vidas para que llegara la ayuda humanitaria, para que en los hospitales no faltara la necesaria medicina o para poder hacer sonreír a un niño. Yo he visto después a todos los soldados de las distintas unidades y contingentes tratar de evitar los enfrentamientos, los crímenes, los atropellos. No les he visto combatir, eso no fue necesario, pero sí les he visto decididos cuando en legítima defensa han tenido que usar sus armas siempre de forma proporcionada y disciplinada. No, su muerte no es ni puede ser inútil. Éstos, como el resto de sus compañeros, deben hacernos reflexionar sobre la necesidad de acabar con toda clase de violencia y de sufrimientos. Aunque ya retirado y, por lo tanto, ajeno al servicio activo, quiero unirme a todos ellos comprendiendo hasta lo más hondo el profundo dolor que deben sentir sus mandos y sus compañeros y sobre todo sus familias. A ellos quiero repetirles que dar la vida por la paz y por los semejantes es de las cosas más grandes que un ser humano puede hacer, y que aunque nadie podrá devolverles a sus seres queridos, nadie podrá compensarles esta pérdida tan sensible que, «aunque la pena les alcance... piensen que la muerte no es el final». Con un fuerte abrazo a todos ellos.

«Quizá nacieron para morir tan lejos»

María MENÉNDEZ Viuda del comandante Novo, fallecido en el accidente del Yak-42

El 24 de enero de 2002, S.M. Rey presidió en la Base Aérea de Zaragoza el acto de despedida al primer contingente rumbo a Afganistán. «Nunca desde hace más de un siglo, tropas españolas habían sido destacadas tan lejos», señaló Don Juan Carlos al mencionar la dificultad logística que implica desplegar a más de 6.000 km. a nuestras tropas. Soy la viuda del Comandante Novo, fallecido en Turquía a su regreso después de cuatro meses en Afganistán. De nuevo se me encogió el corazón al oír la fatídica noticia, el primer pensamiento fue para las familias, madres, esposas, hijos... nadie mejor que nosotros, las llamadas familias del Yak-42, podemos entender lo que estarán sintiendo, sus sentimientos contradictorios, su desgarro, sus preguntas, otras 17 familias destrozadas. Yo opino como Su Majestad que nuestros soldados están demasiado lejos. Ellos cumplen con su deber y lo hacen como el que más, pero desde la humildad me pregunto si es necesario que nuestros soldados tengan el triste récord de ser el segundo país del mundo con mayor número de bajas aliadas que han derramado su sangre por Afganistán, tras los estadounidenses... no lo sé, quizás sí, quizá estos 79 héroes nacieron para dar su vida por los demás. Han pasado dos años y dos meses, desde la muerte de 62 de ellos y aún continúo sin creérmelo, cuando como hoy veo nuevamente las imágenes del accidente del Yak, recordándolo en todas las cadenas, nadie podrá jamás saber qué siento, es indescriptible. Yo sé bien que mi marido daba su vida por cada uno de los españoles, y al final la dio. Él y muchos militares como él (no todos) son una raza aparte y duele mucho que España no les corresponda como se merecen. Ayer llegué de Polonia (país maravilloso) y ver todos los monumentos a los caídos que tienen, repletos de vida con flores frescas y velas encendidas después de tantos años me hizo reflexionar, y preguntarme: ¿Qué pasa por el corazón de los españoles?, ¿qué damos por los nuestros? Sólo desearía en estos momentos poder dar un abrazo a las familias de estos 17 héroes, y pido a quien corresponda que no cometan errores con ellos y que los traten como lo que son, familiares de gentes que dan sus vidas en nombre de esta España. Sé que ahora se identificará sus cuerpos correctamente, con medios que hace dos años tenían y no usaron. Sé que será todo diferente, ya he escuchado cómo llamó un General a cada familia, las nuestras se enteraron por los medios, pero el dolor tan desgarrador será el mismo que el nuestro, salvando la excepción de que los nuestros no fueron derribados por un misil, ése es su riesgo, más cuando vuelven a casa después de una gran labor humanitaria, porque aquellos que deberían velar por ellos les proporcionaron como medio de transporte un «ataúd volador» y con esa indignación viviremos para siempre. Espero que estas 17 familias lo tengan todo claro, verdad y transparencia (aquella que aún reclamamos nosotros). A todos los que sufrís con desgarro esta tragedia pensar que el destino ha hecho que los 17 se reúnan con los 62, y saldrán a su encuentro con una luz como hacían en las patrullas nocturnas, para abrazarles y enseñarles el camino como durante su vida siempre hicieron. Que Dios os tenga en su Gloria.

La otra «guerra» de los soldados de la paz

Militares españoles destinados a labores de seguridad o de auxilio a la población en zonas de conflicto explican a LA RAZÓN sus experiencias, los recursos para sobrellevar la lejanía del hogar y cómo se ganan el cariño de los civiles

Javier López
Madrid- Hace calor, mucho calor. El sudor resbala incesantemente por el rostro, la única parte del cuerpo que no está cubierta por el uniforme de campaña. Pero el calor es una sensación más placentera que la inseguridad que supondría desprenderse del pesado chaleco antibalas. Bajar la ventanilla tampoco es aconsejable, por lo menos en esta zona, donde el riesgo de recibir una granada de mano late en cualquier parte del escarpado camino. Sensaciones que se repiten, con mayor o menor frecuencia, entre los militares consultados por LA RAZÓN destinados a zonas de conflicto en misiones de seguridad o ayuda humanitaria. Sensaciones como la de un soldado destinado en Kabul, donde «hacía 35 grados, y dices que agradable, porque es la temperatura normal a las ocho de la mañana». Y las necesidades, tanto en Kabul como en Serbia, son siempre las mismas, pues la guerra no atiende a «banalidades» culturales. Lo fundamental, «comida, agua, los niños... Todo el mundo se preocupa por los niños. Todo lo hacen por los niños». Aunque nada es desdeñable, ojalá fuese el único problema en estos lugares, donde «el instinto de supervivencia es lo que prima. Eres tú, tu familia y tus amigos, y parece que el resto son tus enemigos. Que lo demás no vale nada. En guerras así parece que la vida no tiene valor. Vienes de España con tus conceptos de amistad, de nación... Y parece que entras en la Edad Media, donde no hay valor por la vida para ellos». La misma impresión que supone ver, «que el pueblo está lleno de minas». Y no hay ningún rastro que vaticine dónde están colocadas. «Cuando había una zona por la que han pasado dos bandos cada uno ha dejado recuerdos para que, cuando pase el otro, se encuentre una sorpresa». Sin embargo, las guerras en Oriente Medio no impiden a los soldados españoles romper radicalmente con sus hábitos de vida. No renunciar, por ejemplo, al placer que supone tomarse una cerveza, aunque «en el día libre no hay opción, por las medidas de seguridad y las amenazas de terroristas, de irse a tomar algo a los bares de Kabul». Así que el bar se monta en el campamento. La misma acción de irse de compras también cambia un poco, ya que «organizas mercadillos en el propio campamento. Te venían a la puerta y hacían intercambios con la población quien no podía salir del cuartel». A fin de cuentas, a menudo hay sitio para la hospitalidad en detrimento de la hostilidad, donde «siempre que pueden te intentan invitar a un té, pero corres el riesgo de cogerte una diarrea. Si no estás acostumbrado al agua de allí, son un laxante total». Recuperar los colegios. Casi siempre, la misión del militar español en operaciones humanitarias hace que se involucre en mayor medida de lo debido, sobre todo en el contacto con la población. «Hay mucha vocación de recuperar los colegios, para que los niños salgan de la inercia de ver siempre a sus padres con armas. De ver como han robado el tendido eléctrico montado por una ONG. De ver la guerra toda su vida. Depende del barrio de Kabul, ya que hay algunos sitios donde la guerra acabó hace tiempo y en otros donde terminó ayer». Y esa dedicación la aprecian los lugareños, sobre todo cuando hay atentados contra las tropas humanitarias. «La gente no te mira diciendo que eres el enemigo, sino intentando explicarte que no han sido ellos».

Ingenio a la sombra de la necesidad

Los campamentos militares asentados en las zonas de conflicto no suelen contar más que con lo imprescindible, pero esto no impide que los soldados se las ingenien para disfrutar de las comodidades occidentales. Combatir el calor, por ejemplo, es uno de los litigios más difíciles de solventar, así que «la caja del camión se recubría con un plástico o con algún material impermeable. Luego se llenaba de agua y... a refrescarte». Lo mismo sucede con la comida. «Si alguien era de Valencia, él hacía una paella porque se intentaba hacer una comida especial los domingos». A fin de cuentas, la cuestión es acostumbrarse a la rutina, aunque «la vida allí, en sí misma, es dura. Hay locutorios, con unas diez cabinas telefónicas, para un contingente de unas 150 personas. También había internet y, a veces, se montaba un pequeño gimnasio para hacer deporte». Lo que prima en estas «zonas francas» donde conviven contingentes de diversos países es el «intercambio de culturas», tanto con los habitantes como con otros militares. «En la universidad se daban clases de español y ahí se conseguían a los intérpretes». Las modas también imperan «como las marchas nórdicas de 20 kilómetros». O comprar en el mercadillo «telas, artesanía, siempre regateando». La impotencia también sale a relucir cuando hay un ataque, porque «a pesar de que tienes capacidad de respuesta y de defenderte, tienes que quedarte quieto y esperar en el bunker».

martes, 16 de agosto de 2005

Honor y gloria a los que dieron su vida por España

 
 
 
 
Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que, aunque morimos, no somos
carne de un ciego destino.
Tú nos hiciste. Tuyos somos.
Nuestro destino es vivir
siendo felices contigo,
sin padecer ni sufrir.
Siendo felices contigo,
sin padecer ni sufrir.

Cuando la pena nos alcanza,
por un hermano perdido.
Cuando el adiós dolorido,
busca en la fe su esperanza.
En tu palabra confiamos
con la certeza que Tú:
ya le has devuelto a la vida,
ya le has llevado a la luz.
Ya le has devuelto a la vida,
ya le has llevado a la luz

 



Durante el acto de homenaje a los que dieron su vida por España, se realiza la lectura de los siguientes textos:

Lo demandó el honor y obedecieron,
lo requirió el deber y lo acataron;
con su sangre la empresa rubicaron
con su esfuerzo la Patria engrandecieron.

Fueron grandes y fuertes, porque fueron
fiieles al juramento que empeñaron.
Por eso como valientes lucharon,
y como héroes murieron.

Por la Patria morir fue su destino,
querer a España su pasión eterna,
servir en los Ejércitos su vocación y sino.

No quisieron servir a otra Bandera,
no quisieron andar otro camino,
no supieron morir de otra manera.

Posteriormente, el sacerdote procede a la siguiente lectura:

¡Oh Dios!, Padre nuestro y amigo de los hombres,
que premias con generosidad los actos nobles de tus criaturas:

A cuantos hicieron oblación de sus vidas en el servicio de España,
concédeles tu amistad y el premio de la vida eterna.
Y a nosotros, los que caminamos aún aquí en la Tierra,
españoles de diversas creencias religiosas y concepciones de la vida,
ayúdanos a estar unidos en la construcción de la paz y de la justicia.

Por Jesucristo Nuestro Señor.
Amén.
 
 
Listado de soldados que han muerto en el nombre de España en acto de servicio en Herat (Afganistán):
 

Miembros de la FAME. Base de El Copero (Sevilla)

  • Capitán David Guitar Fernández

  • Brigada Juan Morales Parra

  • Sargento Alfredo Francisco Jodar

  • Soldado Pedro Fajardo Cabeza

  • Soldado José Manuel Moreno Enríquez

Regimiento Aerotransportable número 29 de Pontevedra

  • Teniente Javier González Hernández

  • Sargento José González Bernardino

  • Cabo Daniel Abreu Fernández

  • Soldado Diego González Blanco

  • Soldado Diego Prado López

  • Soldado Isaac Calvo Piñeiro

  • Soldado Jesús Casal Rivera

  • Soldado José Antonio Martínez parada

  • Soldado Iván Vázquez Núñez

  • Soldado Gonzalo de Rey Nazada

  • Soldado Pedro San Martín Pereira

  • Soldado Pablo Iglesias Sánchez

Mueren 17 militares españoles en un accidente de helicóptero en Afganistán

 
[foto de la noticia]

Un helicóptero del Ejército español se ha desplomado en una zona cercana a la localidad afgana de Herat. A bordo del aparato viajaban diecisiete personas. El Ministerio de Defensa ha confirmado que no hay supervivientes mientras que fuentes diplomáticas citadas por EFE afirman que se trata de un accidente durante un vuelo táctico. Otro aparato que volaba junto con el siniestrado tuvo que realizar un aterrizaje de emergencia.
 
El aparato siniestrado es un "Cougar HT-21 UL" de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET), una aeronave de transporte medio de 4.500 kilos de carga útil y capacidad para 23 pasajeros. De fabricación francesa, alcanza una velocidad de crucero de 222 kilómetro por hora, con una autonomía de vuelo de 4,3 horas.
 
Un Super Puma Cougar de las Fuerzas Armadas. (Foto: EFE)
 
 
España participa desde 2002 en la misión de seguridad en Afganistán a disposición de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de Afganistán (ISAF), desplegada bajo mandato de la ONU y en la que participan unos 10.000 soldados de 37 países. Actualmente hay unos 850 soldados españoles desplazados allí y con base en Herat (al oeste del país), desde donde realizan labores para velar por la seguridad de Afganistán ante las elecciones parlamentarias que se celebrarán el próximo 18 de septiembre.
 
S.M. el Rey don Juan Carlos ha sido informado por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y por el ministro de Defensa, José Bono, del accidente.
 
Según informaron a Efe fuentes de la Casa del Rey, tanto los Reyes como los Príncipes de Asturias y el resto de la Familia Real se encuentran "profundamente impresionados y consternados" por el trágico acontecimiento, y siguen muy de cerca las informaciones que van llegando sobre el suceso.
 
Fuente: ABC, El Mundo, Libertad Digital.
 
 

jueves, 11 de agosto de 2005

La España oficial y la España real

POR MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA
DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS
ABC


Creíamos algunos -entre los que me encontraba- que con la Transición de 1977-78 se había puesto fin a la separación entre la España oficial, esa de los políticos y los administradores de la cosa pública, y la España real, aquella de los ciudadanos que se afanan por salir adelante en sus tareas privadas. Pero nos equivocamos. Ahora, igual que ocurrió en la mayor parte del siglo XX, la España oficial se ha distanciado de las preocupaciones que se sienten en las calles y en las plazas de España.

Los gobernantes hablan en un lenguaje propio de ellos, pero no es el que diariamente sirve para expresarse a los ciudadanos comunes. En las instituciones centrales del Estado y en las instituciones de las Comunidades Autónomas se discute prioritariamente sobre unos asuntos que apenas interesan a los gobernados. Son dos maneras paralelas de discurrir que, como sucede con las líneas paralelas de la geometría, nunca se encuentran.

En la España oficial es ahora tema de debate la reforma de la Constitución y la reelaboración de los Estatutos de las Comunidades Autónomas. Se lanzan propuestas descabelladas, como el denominado Plan Ibarretxe y esa otra sugerencia, que sería la destrucción de España, patrocinada por Esquerra Republicana de Cataluña. Según las encuestas más fiables son cuestiones que interesan a una minoría de ciudadanos. Pero esto se olvida en los círculos políticos de poder. Como escribía ayer Edurne Uriarte en este periódico, se trata de un juego, «un juego político, desagradable a veces, pero inocuo para nuestras vidas».

Grave, en cambio, es que determinadas resoluciones judiciales parezcan absurdas, contrarias y opuestas a la razón, dadas las contradicciones internas que contienen o la ausencia de fundamentos medianamente sólidos. El deterioro de la imagen de la Justicia sería definitivo si, ante medidas incomprensibles, la gente se habituara a comentar: «¡Cosas de jueces!».

Hace más de noventa años, don José Ortega y Gasset pronunció un discurso en el que varias de sus apreciaciones son de actualidad. Se refería el gran maestro al contraste, muy acusado en 1914, entre dos Españas «que viven juntas y que son perfectamente extrañas: una España oficial que se obstina en prolongar los gestos de una edad fenecida, y otra España aspirante, germinal, una España vital, tal vez no muy fuerte, pero vital, sincera, honrada, la cual, estorbada por la otra, no acierta a entrar de lleno en la historia». He aquí, según Ortega, «el hecho máximo de la España actual, y todos los demás no son sino detalles que necesitan ser interpretados bajo la luz por aquél proyectada».

El 24 de junio de 1967 me atreví yo a recordar el discurso de Ortega en una de mis colaboraciones semanales en la revista «Destino». El divorcio entre las dos Españas era de una clase distinta, pero continuaba la separación.

«Una mínima minoría española -escribí- interesada en lo que se dice y se decide sobre el inmediato futuro de la nación. El resto, la inmensa mayoría, apartada por completo de la res publica, sin prestar oído a los procuradores. La España real, como hace medio siglo, en contraste con la España oficial».

Mi comentario se apoyaba en el debate habido en las Cortes sobre tres proyectos de ley que debían ser importantes: el de libertad religiosa, el de representación familiar y el de Movimiento. Tendrían que haber atraído la atención del gran público, pero casi nadie en 1967 se interesaba por lo que se hacía y deshacía en las Cortes franquistas.

Recuerdo ahora que lo que yo observé en «Destino» no fue del agrado del Gobierno. El ministro de Información ordenó abrir el correspondiente expediente sancionador, alegando que sólo existía una España, real y oficial, en torno al Caudillo. Nos castigaron.

A estos dos divorcios registrados en la historia española del siglo XX hemos de añadir un tercero, que es el que ahora, a principios del XXI, tenemos delante. Los políticos actuales -insisto- dedican sus horas de trabajo a discutir temas que apenas inquietan a los gobernados. En la calle no se pide la destrucción de una Constitución que nos ha proporcionado un cuarto de siglo de convivencia en libertad, ni tampoco se pretende una modificación total de la organización territorial de España. Las reformas aconsejables de algunos componentes del «bloque de constitucionalidad» (el texto de 1978 y los Estatutos de Autonomía) son retoques tan concretos y limitados que no exigen la dedicación exclusiva de todos los gobernantes, los nacionales y los autonómicos.

El español medio tiene conciencia de que las circunstancias vitales del año 2005 no son las del año 1977. Ahora somos y convivimos de otra forma. La revolución en las técnicas de comunicación, por ejemplo, exige que la tabla constitucional de los derechos se amplíe. La libertad informática tiene que regularse y ampararse adecuadamente.

Pero sería un disparate incluir en cada Estatuto una relación de derechos fundamentales propios de los ciudadanos de la Comunidad, y no extensibles a los españoles de las otras nacionalidades o regiones. Este ha sido el error de la propuesta valenciana. Los Estatutos no son pequeñas Constituciones, con sus partes dogmáticas (relativas a los derechos y libertades) y sus partes orgánicas (en las que se establecen los poderes y las relaciones entre ellos). Los Estatutos emanan, como fruto de los poderes autonómicos, de la Constitución, que es única en toda España.

Es indiscutible que el Senado debe convertirse en una Cámara con presencia real en la vida española. A nadie le puede parecer mal que se estudie su revisión.

Sin embargo, el camino de las reformas de los Estatutos es el que se transita preferentemente por quienes forman la España oficial (con dificultades -hay que subrayarlo- y sin saber cuál será la estación de llegada, en la mayoría de los casos). A la revisión de la Constitución (tarea lógica previa) se presta menos interés. Y el ciudadano gobernado se lamenta de la desatención por los asuntos que realmente a él le importan.

Una España oficial y una España real. La contraposición se acentúa con la diferencia notable entre la opinión pública y la opinión publicada. Alguna vez me he referido al asombro que experimentó un amigo mío, diplomático de un país iberoamericano, al llegar a España y tener unas primeras versiones de lo que aquí ocurría por algunos medios de comunicación. Era la opinión publicada que pronto pudo comprobar que no coincidía con la auténtica opinión pública.

Son varios (y diferentes) los motivos de los divorcios de 1914, 1967 y 2005. Pero las separaciones las hubo y las hay. Terrible fue la caracterización de Ortega, que nos gustaría recordar sólo como algo del pasado: «La España oficial consiste en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar unos Ministerios de alucinación».

Yo quiero ser optimista. Y así como en 1967 éramos pocos los que estábamos persuadidos del advenimiento de un régimen democrático, una vez muerto Franco, hay que esperar confiados en la pronta finalización del presente divorcio.

Los Reyes asisten en Villamanrique al funeral por Doña Esperanza




Los Reyes, acompañados de la Infanta Doña Cristina y de Doña Pilar, hermana de Don Juan Carlos, todos vestidos de luto, fueron recibidos en la Plaza de España de la localidad por la consejera de Salud de la Junta, María Jesús Montero, quien representaba al presidente andaluz, Manuel Chaves, de visita en Galicia, y por el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón, así como por otras autoridades civiles y militares.

Centenares de vecinos aplaudieron la llegada de los Reyes, que recibieron honores militares, y de sus familiares, a quienes acompañaron hacia la iglesia parroquial de Santa María Magdalena donde se celebraron la misa 'corpore insepulto' y posterior entierro en la intimidad.

Antes del funeral, el Rey pasó revista a la compañía de honras mixta formada por unidades de guarnición de Sevilla, mientras sonaba la marcha 'El Viejo Marino', dedicada al padre de Don Juan Carlos, el Conde de Barcelona.

Representantes de la Hermandad de la Santa Caridad abrieron el cortejo fúnebre, y, los Reyes, tras el féretro portado por la Guardia Real y envuelto con la bandera de España, acompañaron a la iglesia al viudo, Pedro de Orleans y Braganza, seguidos de las Infantas Cristina y Pilar y del resto de familiares de la fallecida, quien recibió honores de Infanta.

A las puertas de la iglesia, el cortejo fue recibido por el cardenal de Sevilla, quien destacó que Esperanza de Borbón, 'la Infanta' como era conocida entre los vecinos, daba 'ejemplo de su sencillez' y de 'su capacidad de compartir con el pueblo'.

En el funeral y posterior entierro en una cripta de la tía de Don Juan Carlos, estuvieron presentes, entre otras personalidades, el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, el escritor Antonio Burgos, la diputada Soledad Becerril, los condes de Peñaflor y Beatriz de Orleans, así como representantes de distintas hermandades como la de Villamanrique, a la que Esperanza de Borbón estaba muy vinculada.

Tras las exequias, el cardenal de Sevilla recordó a los periodistas la 'piedad, humildad' y 'sencillez llena de elegancia' de la fallecida, quien 'más allá de su nobleza daba ejemplo de sencillez y de compartir con el pueblo'.

Añadió que, durante el funeral el Rey se mostró 'emocionadísimo', ya que Esperanza de Borbón estaba 'muy unida' a la madre del monarca, Doña María de las Mercedes, y don Juan Carlos 'ha revivido lo que significó su madre para él'.

Esperanza de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, hermana de la madre del Rey, falleció el lunes a los 91 años en su casa de esta localidad, a consecuencia de dolencias debidas a su avanzada edad.

Nacida el 14 de junio de 1914, era hija del infante Carlos de Borbón y de Luisa de Orleans y el 18 de diciembre de 1944 contrajo matrimonio en Sevilla con Pedro de Orleans y Braganza.

Fuente: Terra

Los condes de Wessex esperan su segundo hijo



El príncipe Eduardo, hijo menor de Isabel II, y su esposa Sophie serán padres por segunda vez, revelaba ayer el Daily Mirror adelantándose al anuncio oficial de palacio de Buckingham.

Los condes de Wessex esperan con "increíble alegría" la llegada del bebé, que será el noveno en la línea de sucesión al trono, y ya están buscando niñera.
Sophie Rhys-Jones, de 40 años, temía las dificultades de un nuevo embarazo tras el historial de complicaciones médicas sufridas en el pasado: a finales del 2003 dio a luz prematuramente a su hija Louise después de ser hospitalizada por una hemorragia interna que mermó seriamente su salud.

Dos años antes, la condesa ya había tenido que ser evacuada de urgencia en helicóptero por un embarazo extrauterino que obligó a practicarle transfusiones de más de dos litros de sangre.

miércoles, 10 de agosto de 2005

Anécdotas de Doña Esperanza y Villamanrique

La estrecha vinculación que Doña Esperanza y su familia mantuvieron con Santa Ángela y las Hermanas de la Cruz se hizo patente ayer al ser amortajado su cuerpo con el sencillo hábito de estameña parda del Instituto de la Cruz.

A media mañana de ayer, dos hermanas llegaron al Palacio en el coche del duque de Segorbe, esposo de María Gloria de Orleáns, procedentes del convento de Sevilla. Ellas fueron las encargadas de amortajar el cadáver de Doña Esperanza.

La vinculación de la familia de Borbón y Orleáns con las Hermanas de la Cruz es muy antigua. Se inició con la amistad de Santa Ángela con la Infanta Doña Luis Fernanda, duquesa de Montpensier, bisabuela de Doña Esperanza. Su madre, la Infanta Doña Luisa, hija de los Condes de París, conoció a Santa Ángela en el Palacio de San Telmo y con sus hijas las Infantas Isabel Alfonsa de Borbón y Borbón y Doña Dolores, Doña María de las Mercedes y Doña Esperanza de Borbón Orleans visitaba frecuentemente la Casa Madre.

El cronista oficial de Villamanrique de la Condesa, José Zurita Chacón, relataba ayer una entrañable anécdota: «Tras fundarse el Asilo de San Felipe de las Hermanas de la Cruz en tiempos de Sor Ángela, ésta visitó el palacio, donde Doña Luisa le dijo «rece usted y bendiga a Esperanza, que está enfermita», y la Santa le contestó: «no se preocupe usted, porque esta niña va a ser fuerte, robusta y de mucha salud»».

Fuente: ABC

El Rey expresa su compromiso con Galicia al nuevo presidente




El rey Juan Carlos expresó ayer al presidente gallego, Emilio Pérez Touriño, su pleno apoyo y compromiso con el desarrollo de Galicia, así como su disponibilidad para mantener una presencia activa de la Casa del Rey en la comunidad gallega, durante la audiencia que le concedió ayer en el Palacio de Marivent.

Touriño fue recibido en la residencia veraniega de la familia real a las 11.30 de ayer, una semana después de su toma de posesión como sucesor de Manuel Fraga. Según el protocolo habitual, el Rey recibió a su invitado en la puerta del edificio y le felicitó por su nombramiento. Don Juan Carlos bromeó después con los reporteros gráficos sobre el lugar idóneo para que ambos posaran ante las cámaras.

Según un comunicado emitido por la presidencia gallega después de la visita, que duró cerca de una hora, Touriño informó al Rey de la composición del nuevo gobierno gallego del PSdeG-PSOE y el BNG, y comunicó a don Juan Carlos que su primer objetivo será la creación de empleo de calidad y el impulso al desarrollo tecnológico.

Touriño aprovechó la visita para dar al Rey el pésame por el fallecimiento, la noche anterior, de su tía, doña Esperanza de Borbón-Dos Sicilias y Orleans.

martes, 9 de agosto de 2005

TRIANA PARA UNA INFANTA DIFUNTA

Por ANTONIO BURGOS
ABC


Escribía Borbón con B de Brasil y Triana con T de trono imperial entre las palmeras de su palacio de Villamanrique. Que era mucho más Villamanrique de la Condesa, de la Condesa de París, cuando Doña Esperanza iba de amazona en las viejas fotografías de reales giras campestres por Gato. La Historia de España y de Francia en una sola pieza, las flores de lis de Montpensier y de San Telmo en quien recibió de su padre, el Infante Don Carlos, ese amor por las cosas de Sevilla, del Rocío, de Andalucía. De España

Doña María de las Mercedes y Doña Esperanza eran para Sevilla antes de la guerra civil las niñas del Infante Don Carlos. Aquel Infante Don Carlos sevillano y popular, que con el título del Reino que más le gustaba tomar cañas en la Feria era con el Marqués de las Cabriolas, moyatoso cobrador de seguros de La Previsión Española. Aquel Infante Don Carlos, capitán general en el palacete de La Gavidia, a quien el Comité Republicano, tras el 14 de abril de 1931, ya con Don Alfonso XIII camino del destierro, visitó en su casa de La Palmera:..—Don Carlos: aunque hayamos echado al Rey, y usted sea un Borbón, usted y Doña Luisa, y las niñas, y el Infante Don Carlitos, se pueden quedar aquí, que no les va a pasar nada, porque usted sabe lo que les queremos los sevillanos

A pesar de aquel respeto de los sevillanos que rendían los honores de la tricolor ante la flor de lis, Don Carlos y Doña Luisa, y Don Carlitos, y las niñas, marcharon al destierro. Años trágicos pasaron antes que pudieran volver a Sevilla. Años tristes, en los que Don Carlitos murió en el frente y lo enterraron en la cripta de su Hermandad de Pasión. Cuando la parte más sevillana de la Familia Real regresó, se alojaron en el Hotel Inglaterra. Los sevillanos les habían llenado de nardos sus cuartos. En el cuarto de un hotel de Roma iba a morir Don Alfonso XIII y en el cuarto de un hotel de Sevilla, con un balcón abierto a la alegría con palmeras y coches de caballos de la Plaza Nueva, la ciudad volvía a recibir a la Institución Monárquica: a Don Carlos, a Doña Luisa y a aquellas dos niñas tan sevillanas, que habían estudiado con las Irlandesas en la calle Palmas, y que, como en un romance, estaban llamadas a ser la una Reina de España y la otra, Princesa del Brasil.

La Infanta Doña Esperanza no olvidaba aquel olor de los nardos del Hotel Inglaterra. Cuando en la mañana del 15 de agosto, como una manriqueña más, con su bata de cretona, sus gafas de sol y su abanico, iba a ver a la Virgen de la Familia, a la Virgen de los Reyes, el olor de los nardos le recordaba aquel regreso del destierro. Cuando Doña Esperanza, junto a su querido Don Pedriño, estaba lejos, en Brasil, que para ella estaba un poquito más lejos que Triana, que el Rocío y que Villamanrique, la humedad de flamboyanes y mangos del palacio de Parà le traía a veces el olor de esos nardos. El recuerdo de su Sevilla. A la que ella le ponía el nombre de Triana y el verde de un Simpecado.

Yo ahora estoy viendo a Don Pedriño y a Doña Esperanza con su Hermandad de Triana, jóvenes, camperos, por la Raya, camino del Rocío. Emperadores con el pueblo andaluz. Don Pedriño, ecologista, amante de la Naturaleza, enamorado del campo, se sabe el nombre de todos los lirios silvestres que van pisando las carretas, Doña Esperanza va vestida de gitana y el empaque de su realeza convierte los volantes en manto imperial. Doña Esperanza ahora hace la presentación con Triana. Lleva la vara en el estribo. Huele a nardos. Como olieron en el pasado mes de junio, en una tarde de campanas y banderas de España, en Villamanrique, cuando Doña Esperanza, amazona del tiempo irreparable en una silla de ruedas, inauguraba la nueva casa de la Guardia Civil. Era la última vez que, tan imperial, tan soberana, la más hondamente sevillana y refinadamente popular de los Borbones se encontraba con el pueblo. Ahora trasminan a crisantemos de Triana para una infanta difunta estos inmarcesibles nardos de la sevillanía de Doña Esperanza. De aquella niña a la que su padre, el Infante Don Carlos, le enseñó a querer a una Sevilla a la que ella le puso el nombre de Triana, le puso el color del Rocío, le puso el olor de unos nardos. Sencillamente España.

In memoriam Doña Esperanza de Borbón, tía del Rey

Murió anoche, a los 91 años, en su palacio de Villamanrique de la Condesa

[foto de la noticia]
S.A.R Doña Esperanza de Borbón y Orleans, Princesa Imperial de Brasil, falleció anoche, a los 91 años de edad en su palacio de Villamanrique de la Condesa, localidad sevillana a la que había estado muy ligada.

La princesa fallecida, tía de S.M. el Rey, había estado ingresada la pasada semana en la clínica Sagrado Corazón de Sevilla, debido a diversas afecciones relacionadas con su avanzada edad.

Doña Esperanza Rocío Amalia Rainiera de Borbón y Orleans nació en Madrid el 14 de junio de 1914 y era hija del infante Don Carlos de Borbón y de Doña Luisa de Orleans, princesa de Francia, con quien Don Carlos contrajo matrimonio tras el fallecimiento de su primera esposa, Doña María de las Mercedes de Borbón y Habsburgo, Princesa de Asturias —con quien había tenido dos hijos, Alfonso e Isabel Alfonsa—. En su segundo matrimonio, Don Carlos tuvo otros cuatro hijos: Carlos, Dolores, María de las Mercedes —madre de S.M. el Rey— y Esperanza.

Desde muy pequeña su vida había estado íntimamente vinculada a Sevilla.

Fuente: ABC