lunes, 3 de agosto de 2020

El futuro del pasado

Fernando Vallespín
El País

La historia juzgará el lugar que en ella haya de ocupar la figura de don Juan Carlos, lo importante es verificar que las instituciones que él tanto contribuyó a construir pueden ser capaces de sobrevivir a su lado más oscuro.

El problema con la evaluación precipitada de figuras históricas como el rey Juan Carlos es la ausencia de la necesaria perspectiva temporal. Falta que el tiempo vaya dejando su poso para que el juicio que quepa emitir sobre el personaje pueda dar cuenta del auténtico papel que desempeñó en cada momento. Todo se complica, además, cuando ese juicio debe elevarse, como ahora es el caso, en plena vorágine periodística sobre sus escándalos. Pero a veces los hechos hablan por sí mismos: la abdicación, primero, en plena crisis económica; luego, el distanciamiento del actual Rey de las operaciones de su padre en Suiza, que significaron su renuncia a la herencia y la retirada de la asignación que le competía a don Juan Carlos como rey emérito; y, ahora, la decisión de irse a vivir fuera de España. Son tres actos concluyentes que se corresponden con actuaciones a las que implícitamente se atribuye una responsabilidad del afectado y, por tanto, es difícil que pueda funcionar aquí la presunción de inocencia en sentido convencional. Entre otras razones, porque la dimensión de las faltas es de naturaleza ético-política, con independencia de que también puedan ser perseguibles judicialmente. Ya se verá hasta dónde llega la inviolabilidad constitucional del rey emérito una vez que no está en ejercicio de su cargo.  

El Rey que ensombreció el final de un reinado de éxito

Almudena Martínez-Fornés
ABC

Seis años después del anuncio de su abdicación, el Rey Don Juan Carlos vive uno de los momentos más difíciles y tristes de su vida. Su largo reinado será recordado en los libros como uno de los mejores, según historiadores tan rigurosos como Juan Pablo Fusi, que lo ha calificado como «un gran momento en la historia de España». Sin embargo, los errores personales de los últimos años amenazan con ensombrecer su figura, eclipsar todo lo logrado y amargarle sus últimos años de vida. Confinado en La Zarzuela por el Covid, lo que de verdad apena a Don Juan Carlos es no ser recordado por sus contemporáneos como él siempre quiso.

Hasta que empezaron a aflorar los errores, su biografía había sido la que le hubiera gustado escribir a cualquier Jefe de Estado, y hubo un tiempo en el que así se lo reconocían dentro y fuera de España. El viejo Rey se ganó a pulso su enorme prestigio personal, pero inexplicablemente años después él se ocupó de desgastarlo, sin que nadie consiguiera salvar a Don Juan Carlos de sí mismo. Rodeado desde niño por adultos y consejeros que le marcaban el paso, Don Juan Carlos había aprendido a buscar válvulas de escape y a romper los cercos que le imponían. Había desarrollado una rebeldía natural que nadie conseguía controlar. Con su encanto personal, su personalidad arrolladora y la fascinación que producía, el Rey conseguía lo que se proponía.

El Rey Juan Carlos anuncia que abandona España

El Rey Don Juan Carlos I ha trasladado a su hijo, Don Felipe, que ha tomado la decisión de abandonar España, según ha informado este lunes el Palacio de La Zarzuela. Don Juan Carlos ha comunicado esta decisión al Rey en una carta en la que le expone su "meditada decisión de trasladarme, en estos momentos, fuera de España". Una decisión que toma "con profundo sentimiento, pero con gran serenidad", afirma. También recuerda que "siempre ha querido lo mejor para España y para la Corona". Ante la decisión adoptada por Don Juan Carlos, el Rey ha transmitido a su padre «su sentido respeto y agradecimiento».

Ademas, en este momento crítico, el Rey ha querido «remarcar la importancia histórica que representa el reinado de su padre, como legado y obra política e institucional de servicio a España y a la democracia". Don Felipe también ha remarcado "los principios y valores sobre los que ésta se asienta, en el marco de nuestra Constitución y del resto del ordenamiento jurídico», según señala un comunicado de La Zarzuela.

Don Juan Carlos ha tomado esta decisión después de varios meses de presiones por parte del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para que dejara de vivir en la residencia oficial. El Ejecutivo empezó con estas presiones tras la publicación de varias informaciones, según las cuales, Don Juan Carlos habría recibido una donación en 2008 de 65 millones de euros procedentes del Rey de Arabia Saudí, que luego él regaló a su ex amiga Corinna Larsen, y había tenido cuentas en el extranjero que presuntamente no habría declarado a Hacienda.

En cuanto se conocieron estas informaciones, el actual Rey, Don Felipe, adoptó el pasado 15 de marzo una serie de medidas contundentes y sin precedentes. Entre otras decisiones, el Monarca retiró a su padre la asignación anual de los Presupuestos Generales de la Casa del Rey y compareció ante notario para expresar su renuncia a la herencia de fondos que no fueran transparentes. Además, Don Juan Carlos había abandonado un año antes, en junio de 2019, toda actividad pública.

Sin embargo, hace un mes fuentes del Gobierno empezaron a pedir al Rey, a través de filtraciones a la prensa, nuevas medidas para alejar aún más a Don Juan Carlos. Entre estas, se pedía que Don Juan Carlos abandonara el Palacio de La Zarzuela y que se le retirara el título de Rey.

Ante esta situación, ha sido Don Juan Carlos quien ha tomado voluntariamente la decisión no solo de abandonar el Palacio de La Zarzuela, donde ha vivido desde 1962, sino también España.

viernes, 31 de julio de 2020

Al exilio: así cayó Alfonso XIII

Son las 9 de la noche del 14 de abril de 1931. Un hombre alto y delgado, que adorna su rostro con un bigote para distraer la atención que reclama su colgante labio inferior, sale del Palacio Real de Madrid por una puerta secreta que va a dar al Campo del Moro, la antesala de la Casa de Campo. Es un rey sin trono. Acaba de abandonar su cargo, aunque no ha renunciado a su título porque, como les ha dicho a sus pocos leales antes de dejar el palacio, no puede renunciar a unos derechos que son históricos, de los cuales algún día tendrá que rendir cuentas. ¿Ante quién? Ante la propia historia.  

jueves, 30 de julio de 2020

Monarquía parlamentaria o caos

Agustín Valladolid

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la República Italiana ha tenido doce titulares. La edad media de los presidentes italianos en el momento de acceder al cargo es de 72,3 años, y subiendo. Los que más edad tenían cuando tomaron posesión del antiguo palacio papal del Palazzo del Quirinale fueron el socialista Sandro Pertini, que lo hizo con 82 años, y el comunista Giorgio Napolitano, con 81. El actual, Sergio Mattarella, fue elegido en febrero de 2015 con 74 años y acaba de cumplir los 79. Italia siempre ha entendido el valor político de la gerontocracia. Personas de contrastado prestigio, de comportamiento casi siempre intachable que ya no tienen nada que perder, que no le deben nada a nadie, y cuya principal aspiración es pasar a la historia por haber prestado un buen servicio a su país. Fue precisamente el más joven en ocupar el sillón que estrenara provisionalmente Alcide de Gasperi en 1946, el democristiano Francesco Cossiga (57), el de gestión más polémica y cuestionada. (...)

España se quedó fuera del Plan Marshall y de los aires de libertad que inundaron Europa tras la derrota del Eje. Italia nos saca una ventaja de 35 años en términos de ejercicio democrático, por muy imperfecto que este haya sido en determinados tramos de su historia reciente. Italia tiene banquillo de sobra para surtir con garantías las necesidades del sistema republicano. España no. Nos queda mucho para plantearnos en serio un cambio de régimen. Ni tenemos banquillo, ni, lo que es mucho peor, contamos con la clase política capacitada para liderar un cambio de tamaña naturaleza. Cualquier intento que se diera hoy en esa dirección sería suicida. Porque no es verdad, no podemos engañarnos. Los que con mayor ahínco fuerzan el debate no tratan de sustituir a la Monarquía por la República, sino por el vacío. Y lo saben. El objetivo no es promover de forma ordenada un referéndum constitucional, sino ante la dificultad de un pacto de lealtad entre los grandes partidos, bloquear a Felipe VI y acelerar el descrédito de la Corona para provocar un desierto institucional que acabaría desembocando en una monumental crisis de Estado. (...)

No hay que negar la evidencia; el asunto es grave y podría serlo más si se entorpece la acción de la Justicia, única salida compatible con la reparación eficaz de los graves desperfectos ocasionados y requisito imprescindible para la reposición de la que para muchos ha dejado de ser una verdad sin matices: que Felipe VI no es Juan Carlos I.    

Hay que dejar actuar a la Justicia, pero no solo. En un momento de extraordinaria gravedad económica y social, cuando el desempleo amenaza con excitar aún más la ya de por sí natural tendencia de los extremos hacia la práctica desaforada de la demagogia; cuando crecen las dudas entre nuestros socios sobre la capacidad de la gris clase política española para gestionar con eficacia el maná de los 140.000 millones, y la creciente polarización política anuncia el definitivo extravío de toda cordura, el mayor peligro es el que acarrea la tentación de romper viejos consensos y utilizar banderas e instituciones para soslayar la responsabilidad de cada cual en lo que podría llegar a ser nuestro mayor fracaso colectivo desde 1936.

Pedro Sánchez y Pablo Casado pueden discrepar en todo lo que estimen conveniente, pero no en esto. No tienen derecho a hacerlo. Son jóvenes y les falta la experiencia, pero deben cerrar este capítulo y hacer una defensa conjunta y contundente de la Corona. Porque no hay banquillo. Porque no hay alternativa. O, mejor dicho: porque la alternativa es el caos. 

miércoles, 15 de julio de 2020

Asedio y defensa de la Monarquía

Guillermo Gortázar 
El Español 

La ofensiva contra la Constitución de 1978 está llegando a su punto culminante. El objetivo es la piedra angular del edificio: la Corona. Lo que está en juego es la libertad, la democracia y la continuidad de España como Nación.

Se trata de un proceso de derribo constitucional, iniciado poco antes de 2004, implementado por Zapatero, escamoteado por Rajoy y acrecentado por y durante el gobierno Sánchez-Iglesias. Un empeño rupturista que nos conduce a la quiebra de la convivencia política de los españoles.

El presidente de Gobierno tiene la obligación constitucional de defender todas las instituciones y la más importante, en una monarquía parlamentaria, es la Corona. Sin instituciones no hay democracia ni seguridad jurídica. Espero que la próxima mayoría política, alejada de la inestabilidad que genera el componente comunista y sectario de este gobierno, devuelva las aguas a su cauce.

Las monarquías parlamentarias caen por tres motivos: una derrota militar incontestable, corrupción o incumplimiento constitucional. Ninguno de los tres supuestos afectan en España a la Institución ni a su titular, Felipe VI. De ahí el ataque a Don Juan Carlos tratando de arrastrar a la Corona; estamos ante un ataque a Don Felipe en la persona de su padre.

En el balance político (y ya Historia) del anterior monarca está presente el intento de pasarle factura por agravios del pasado junto con un proyecto político alternativo republicano federal, que apoyan la extrema izquierda y los separatistas por cuanto es la antesala del reconocimiento de una soberanía "compartida".

A la espera de un esclarecimiento de los hechos por vía judicial, hasta Don Juan Carlos tiene derecho a la presunción de inocencia. El ataque al prestigio de un Rey sale gratis con toda clase de invenciones y hasta insultos desde la inmunidad parlamentaria o desde los medios de comunicación por cuanto el Monarca no puede ni debe rebajarse a contestar a tertulianos o confidentes sobre supuestas irregularidades.

El ejemplo más revelador fue la condena por "enriquecimiento ilegítimo" de Alfonso XIII, que el abuelo de Don Juan Carlos tuvo que soportar desde 1918 hasta su muerte en 1941.

Poco después de proclamada la II República, el 14 de abril de 1931, el gobierno republicano hizo una auditoria exhaustiva sobre los bienes privados de Don Alfonso y el dictamen demostró la honradez del Monarca. El socialista Indalecio Prieto y Manuel Azaña ocultaron el dictamen exculpatorio que, finalmente, vio la luz en 1986. El Congreso de los Diputados republicano, instituido en tribunal de justicia, en noviembre de 1931, condenó al Rey y expropió todos sus bienes privados.

En relación al donativo a Don Juan Carlos se tardará igualmente muchos años en conocer una versión que se aproxime a la verdad de lo sucedido. Una donación en sí misma no constituye delito. El relato final será obra de historiadores que dispongan de documentos fehacientes de fuentes contrastadas y alejados de las versiones apasionadas o interesadas.

Este episodio de la disposición de una donación de Arabia Saudí se compadece mal con la versión del New York Times, el 28 de septiembre de 2012, que informaba de la inmensa fortuna de Don Juan Carlos, que el periódico estimaba en 2.300 millones de euros.

Los enemigos de la estabilidad institucional han repetido hasta la saciedad esa información del periódico norteamericano sobre la "inmensa fortuna" de Don Juan Carlos. Ahora, esa cifra se ha olvidado por ser desmesurada y absurda (entre otras cosas incluía entre sus propiedades el Palacio Real) y los fabuladores se centran en el culebrón de una aventurera extranjera.

Sea cual sea el veredicto final de este tema de la donación saudita tengo la seguridad de que en el balance de su largo reinado, a Don Juan Carlos se le juzgará más por su generosidad y cumplimiento de la Constitución que como un gobernante infausto. Los cuarenta años de su reinado son sin duda, nacional e internacionalmente, los mejores de España en todo un siglo.

Don Juan Carlos, teniendo todo el poder en 1975, no dudó en restituirlo a la soberanía nacional, si bien el poder ejecutivo, desde 1977, es el que se ha encargado en acrecentar su preponderancia sobre todos los demás; en la crisis constitucional del 23-F de 1981, don Juan Carlos frenó un golpe de Estado que nos habría hecho retroceder una década y, desde 1982, el Rey cumplió el sueño de Alfonso XIII de que socialistas moderados gobernaran en una monarquía parlamentaria al igual que en el resto de monarquías europeas que eran, y son, un modelo de democracia, estabilidad y continuidad histórica.

Don Juan Carlos es el único político relevante español que en cuarenta años ha pedido perdón por sus errores y los ha pagado con una abdicación que es un profundo desgarro personal. Por todo ello, merece respeto y no mezclar lo que es una clarificación de hechos y presuntas responsabilidades personales con la ofensiva republicana de extremistas impresentables que nos retrotrae a lo peor de nuestra historia del siglo XX.

jueves, 9 de julio de 2020

Para defender la democracia, proteger al Rey Felipe VI

Justino Sinova
El Español
 
El autor desmiente que los valores republicanos sean los propios y exclusivos de la democracia, une a la Monarquía el destino de las libertades en España y lamenta las campañas contra la Corona.

Cuando estos días Felipe VI y Letizia se acercan a la gente, en un plan de comunicación y presencia preparado en La Zarzuela, suelen surgir de entre los espectadores dos vítores: un tradicional "Viva el Rey" y un añadido "Viva España". Es una novedad que no ha pasado inadvertida, y que es producto de esa intuición popular que aflora espontáneos afectos y temores.

En este caso, lo significativo no es lo primero, los afectos, las cortesías que los Reyes suelen recibir en las calles, sino lo segundo, los temores, las desazones provocadas por inauditos aspectos de la gestión política, que la gente percibe y traduce apelando al nombre de la nación. Es una intuición certera lo de unir Rey y España, que se traduce en la necesidad de conjurar un riesgo y afianzar la normalidad.

Felipe VI y España equivalen a jefe del Estado y democracia, porque la democracia española descansa en la Jefatura del Estado desempeñada por el monarca y depende de la continuidad de la Monarquía. No se escandalicen quienes sienten la república como sinónimo de libertad, porque las formas de gobierno son accidentales. Hay repúblicas que actúan como dictaduras: China, Cuba, Venezuela… Hay Monarquías que ejercen como democracias: Gran Bretaña, Suecia, Noruega… y España.

Uno de los simulacros que más se repite entre nosotros es que necesitamos la república para asegurar la libertad de la gente, cuando un simple repaso a nuestra historia evidencia el fracaso de las dos experiencias republicanas y, en especial, los déficits democráticos de la segunda, la de 1931.

Hay obsesión por blandir el enunciado "valores republicanos" como compendio de las libertades y los derechos fundamentales propios de la democracia. En el caso español es un concepto que significa lo contrario pues la II República se dotó de una Constitución votada por la izquierda, rechazada por la derecha y anulada en la práctica al agregarle la llamada ley de Defensa que incluía unas medidas de represión política incompatibles con un sistema de libertades.

Esos valores mal llamados republicanos son los contenidos en la Constitución de consenso de 1978 impulsada por la Corona, que protege todos los derechos y libertades propios de las más consumadas democracias. Es una precisión histórica y cabal que la actual Monarquía española ampara un sistema más justo, más liberal y más humano que el de la II República.

Por eso, defender la democracia en España requiere empezar por proteger la Monarquía, operación nada fácil ahora que los enemigos del Rey se han infiltrado en los más altos escenarios políticos. El verbo infiltrar ha gustado siempre mucho a los comunistas porque define uno de sus principales ardides, el de penetrar en las instituciones, lo que algunos llaman entrismo sin éxito lingüístico -la RAE no ha llegado a aceptarlo- pero sí estratégico.

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viernes, 19 de junio de 2020

Un Rey ejemplar en tiempos duros

Editorial de El Mundo

"Una Monarquía renovada para un tiempo nuevo". Es lo que prometió Felipe VI cuando hace hoy seis años fue proclamado Rey por las Cortes tras un modélico relevo al frente de la Corona que significó un verdadero pacto de Estado entre las principales fuerzas políticas de nuestro país: PP y PSOE. Entonces el Parlamento aún no estaba tan fragmentado. Se encontraba al frente del Gobierno Mariano Rajoy, quien hoy subraya en nuestras páginas que aquella operación supuso la renovación del pacto constitucional, con el mismo espíritu que había alumbrado la Transición que dio paso a nuestro actual régimen de libertades. El Rey Juan Carlos, que había pilotado con tanto acierto aquel complicado proceso, abdicaba y daba paso a su hijo en un momento en el que la Corona necesitaba un nuevo empuje, recuperar prestigio y avanzar en transparencia y ejemplaridad. Y todo manteniendo su papel fundamental en el vértice de nuestro sistema institucional. Porque la Monarquía no es una institución ornamental. Es, por un lado, símbolo de la continuidad y de la unidad nacional que garantiza a todos los españoles sus derechos constitucionales, y a la vez es el árbitro imprescindible que asegura el correcto funcionamiento de las instituciones.

Esa doble función la está cumpliendo sin tacha Don Felipe, con la rectitud y neutralidad que se le exige. En sus seis años de reinado ha impulsado profundos cambios en la Corona para cumplir la promesa de su proclamación, incluidas la remodelación de la Familia Real y la aplicación de estrictas normas de transparencia. Está al frente, sin duda, de una "Monarquía renovada". Y en un «tiempo nuevo» y muy convulso, en el que Felipe VI se ha enfrentado a desafíos graves: el primer año de bloqueo político, un proceso golpista en Cataluña -para cuya desarticulación fue decisiva su intervención, algo que no le perdonan los independentistas- o la actual pandemia. En estas duras circunstancias, el Rey ha ejercido su rol con acierto notable y gran prudencia.

La Monarquía se ve zarandeada también por distintos escándalos que implican a Don Juan Carlos. Cabe subrayar la enérgica reacción del actual Rey, para quien no caben "conductas no ejemplares". Pero solo a un necio se le escapará que la campaña de acoso contra la Corona, que incluye el bastardo intento de hacer pagar al hijo los errores del padre, busca dinamitar nuestro actual marco constitucional. Porque el Monarca es el aval de su permanencia. Y no sería tan inquietante ese plan si sus promotores no se sentaran hoy en el Consejo de Ministros.

Felipe VI, seis años Rey

Monográfico de ABC para conmemorar el sexto aniversario de la proclamación del Rey.

Felipe VI se vuelca en reparar la imagen de España en el exterior

El Mundo

Aquel 19 de junio de 2014, en el Congreso y las calles de Madrid los hombros de unos chocaban con los de otros. Besos, saludos, abrazos, gritos, euforia y cero distancia social. Este viernes, seis años después, esa muchedumbre permanece desplazada por una realidad de mascarillas y distanciamiento social.

Felipe VI, en el sexto aniversario de su coronación, afronta su tercera crisis desde que accedió al trono: la reputacional por la investigación sobre los negocios de Don Juan Carlos, el desafío independentista de Cataluña y el coronavirus.

La noche en la que España entraba en estado de alarma, Felipe VI repudió a su padre. Le retiró su asignación pública y renunció a su herencia -gesto simbólico- tras destaparse nuevas investigaciones periodísticas que lo vinculaban a fondos opacos y que, incluso, relacionaban al propio Felipe VI como posible beneficiario.

Un hecho inédito del que pasó página volcándose en dar un giro a la imagen de la Corona: contactos, reuniones, cercanía... con todos los sectores afectados e implicados en la lucha contra el coronavirus.

GARAMENDI: "MODERACIÓN INSTITUCIONAL"

Pero más allá de la puesta en escena comunicativa, la figura del monarca emerge en la trastienda, en las reuniones y llamadas cuyo contenido no trasciende completamente, para asumir un papel crucial a la hora de restaurar la imagen de España, deteriorada en el extranjero a consecuencia del impacto de la pandemia.

Así lo atestiguan las personas que han estado en contacto con el Rey durante la pandemia, al que conceden un rol determinante para impulsar la reactivación y generar de nuevo confianza en el mercado internacional.

"El papel del Rey durante la pandemia ha sido fundamental, ya que contar con una institución estable y que trasciende lo político como la Monarquía española ha contribuido a aportar moderación e institucionalidad en un momento de tanta dificultad", considera Antonio Garamendi, presidente de la CEOE.

"De cara a la reconstrucción, nadie duda de que España tiene por delante el reto de explicar fuera de nuestras fronteras que el país está preparado para retomar la actividad y recibir desde inversiones a turistas. Para ello, el magnífico papel de Don Felipe VI como embajador seguro servirá para acelerar y consolidar ese proceso", añade Garamendi.

"Su figura es importante para generar unidad ante un esfuerzo común donde hay que aunar fuerzas y esfuerzos públicos y privados", apunta Pablo López Gil, director general del Foro de Marcas Renombradas Españolas, una alianza estratégica público-privada de las principales empresas españolas.

LÓPEZ GIL: "EMBAJADOR DE LA IMAGEN DE ESPAÑA"

"La figura del Rey es importante hacia dentro, pero también hacia el exterior. Es importante en este momento recuperar la confianza a nivel internacional para atraer turismo, inversiones, talento... Su figura siempre ha sido fundamental desde una perspectiva institucional y política, y también desde el punto de vista económico y empresarial. Es uno de los principales embajadores de la imagen de España y de sus intereses económicos y empresariales", ahonda López Gil.

Ese trabajo de revertir una deteriorada proyección exterior del país es clave a corto plazo. Máxime cuando España vuelve a la nueva normalidad la próxima semana y abre fronteras el domingo. "Es un gran defensor de la marca España en todo el mundo. Sus mensajes han sido claros y efectivos, una colaboración de extrema utilidad", resalta Carlos Garrido, presidente de la Confederación Española de Agencias de Viajes (CEAV).

"Cualquier iniciativa contará siempre con el respaldo, apoyo y afecto de la Corona, firmemente comprometida y entregada a la proyección de España hacia el exterior y a la defensa de los intereses generales", dijo este juevesFelipe VI en el acto de presentación de la campaña Spain for Sure. Más contundente fue hace unos días cuando hizo un claro llamamiento al turismo internacional: "España es un destino turístico seguro y de calidad".

Esa labor de proyección internacional de España, de restañar el daño provocado por el impacto de la tragedia, ha transitado toda la actividad de Felipe VI durante la pandemia. Ha protagonizado más de 19 audiencias, 84 videoconferencias, 141 llamadas telefónicas... para conocer de primera mano el impacto y la labor de todos los sectores: sanitario, económico, social.

CONTACTOS EN EL EXTRANJERO

Y, sobre todo, ha dialogado con 12 jefes de Estado de América, Asia, Europa y el Área Mediterránea -el presidente de EEUU; el emperador de Japón; la reina de Inglaterra y el príncipe Carlos; el rey de Marruecos; el rey de Jordania; y los presidentes de las repúblicas de Portugal, Alemania, Austria, Israel, Túnez y Georgia-.

A estas llamadas se suman también los contactos con los máximos dirigentes de organizaciones multinacionales: António Guterres, secretario general de Naciones Unidas; Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud; Rebeca Greenspan, secretaria general Iberoamericana; y Zurab Pololikhasvili, secretario general de la Organización Mundial del Turismo.

"Su Majestad ha demostrado su compromiso ineludible con la defensa de nuestras instituciones, la estabilidad y el desarrollo económico y social de España, especialmente en los momentos más difíciles. Su papel será clave para forjar los consensos necesarios para cohesionar y movilizar a los españoles en un proyecto compartido e ilusionante de recuperación económica y social", expone el presidente del Círculo de Empresarios, John de Zulueta.

Quienes han conversado con el Rey destacan la cercanía mostrada y el conocimiento de la materia correspondiente, "hasta de problemas puntuales de subsectores". "En medio de esta crisis sanitaria, el Rey nos llamó, se preocupó por el sector ovino y nos escuchó", cuenta José Antonio Asensio, gerente del Consorcio de Promoción del Ovino. 

La Corona y la democracia en España

Tomás Salas

ABC


El paso de un sistema político autoritario a una democracia no se da en España, como en otros países, en forma de ruptura, sino de reforma legal. Aquella famosa fórmula atribuida a Fernández Miranda, «de la ley a la ley», resume bien el espíritu de este cambio histórico. En efecto, las Leyes Fundamentales dan paso a la Ley para la Reforma Política y, de ahí, al actual statu quo. No hubo ruptura. Ni siquiera hubo unas Cortes Constituyentes que hicieran un debate abierto sobre la Constitución, como sí lo hubo en la II República que, por otra parte, tampoco fue un modelo de rigorismo legalista. A veces me he preguntado si hombres como Fernández Miranda, Fernández de la Mora o

 López Rodó, los que impulsaron el paso a la Monarquía y lo que se llamó la «institucionalizacion del Régimen» (establecer unas instituciones y leyes que le dieran al sistema una solidez y continuidad más allá del personalismo) querían una democracia como la que hay hoy en España. Me parece que no. Aquel largo proceso se resume en el título de las memorias de López Rodó: «La larga marcha hacia la Monarquía». Lo que todos estos hombres buscaban -incluido Carrero, el máximo valedor de todos ellos- era la restauración de la Monarquía en España. La democracia podía ser la parte adjetiva, pero la parte sustantiva de este cambio era la Corona.

Y llegó está restauración: algo, más que difícil, casi milagroso. Algo a contrapelo de la tendencia universal hacia la república. Basta mirar un mapa político en el siglo XVIII y otro a principios del siglo XX; y comprobar cuántas cabezas coronadas han quedado en el transcurso de un par de siglos. La Corona en España (que los hombres como Carrero concebían como tradicional, católica y orgánica) hereda a las leyes del Régimen (la Ley de Sucesión es de 1947, no se trató de una ocurrencia de última hora), de donde proceden, y, evidentemente, las competencias de la Jefatura del Estado.

Finalmente, se desarrolló un proceso vertiginoso que llevó a España a un modelo de democracia occidental. Este proceso, legal y políticamente, no podía surgir de otro lugar que de la Corona, que acumula los poderes casi absolutos de la Jefatura del Estado. Fue voluntad de Don Juan Carlos I abrir el camino que conocemos como Transición: nombramiento de Suárez, Ley de Reforma Política, acercamiento a las izquierdas (incluyendo los comunistas) y a los nacionalistas, etcétera. Se hace una política de gestos que es sumamente significativa. En 1978 los jóvenes Reyes visitan Argentina y se reúnen con la colonia de emigrados en Buenos Aires; a la primera persona que saludan (puede buscarse fácilmente en la red esta foto histórica) es a la viuda de Manuel Azaña, de la que reciben un emocionado abrazo (seguro que hay muchos españoles jóvenes que no conocen esta foto y que, seguramente, desconocen quién fue Azaña).

Se puede argumentar que hubo condicionamientos y presiones tanto internas como internacionales; sin duda que las hubo y que fueron muy importantes. Se puede argumentar que los niveles de desarrollo en España en 1975 exigen ya un cambio político. Todo esto es cierto, porque los hecho políticos ocurren en un contexto histórico y social, no en un tubo de ensayo. Todo esto es cierto, pero...

Pero la voluntad política partió formalmente de la Corona y de la persona que la encarnaba. Muchos dirán que el sistema monárquico en España no tiene otra legitimación que estar recogido en la Constitución del 78 y aprobada en referéndum. Yo pienso que la realidad es el proceso contrario: la Constitución y el sistema democrático derivan de la Corona y, de forma menos inmediata, de la Ley de Sucesión que, paradójicamente, la misma Constitución deroga. La correa de transmisión de la antigua a la nueva ley fue esta vetusta institución, renacida en España en los años 70, de forma atípica y casi milagrosa y cuyo futuro se presenta incierto -aunque apasionante.

domingo, 14 de junio de 2020

La ejemplaridad del Rey en medio de una tormenta perfecta

Almudena Martínez-Fornés

ABC


Don Felipe cumplirá el próximo viernes seis años como Rey, y lo hará bajo un estado de alarma y en unas circunstancias políticas, económicas, sociales, sanitarias y personales muy excepcionales. El aniversario llega en medio de una tormenta perfecta, agitada por el deseo de algunos ministros del Gobierno de acabar con la Monarquía y el sistema democrático de 1978, algo que varios de ellos ya han insinuado en público y que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no ha querido desmentir.


Nunca, hasta ahora, había habido un gobierno formado por socialistas y comunistas, ni en Monarquía ni en las Repúblicas. Sin embargo, la Legislatura arrancó con aparente normalidad. Sánchez y sus 22 ministros prometieron «lealtad al Rey y guardar y hacer guardar la Constitución», y el día de la Apertura Solemne, el pasado 3 de febrero, todos sus miembros, incluidos los republicanos, se sumaron en el Parlamento a uno de los aplausos más largos que ha recibido el Rey, de casi cuatro minutos de duración.


Un par de meses después, empezaron las insinuaciones de ministros como Pablo Iglesias o Alberto Garzón, criticando la formación militar del Rey o haciendo apología de la República, a las que siguieron las de Juan Carlos Campo, que llegó a hablar el pasado miércoles en tres ocasiones de «crisis constituyente» en el Congreso de los Diputados. Estos comentarios se sumaron a la hostilidad que los socios separatistas del Gobierno venían mostrando hacia la Corona como símbolo de la unidad del Estado.


Mientras que los independentistas catalanes ven en Don Felipe al hombre que acabó con su ensoñación secesionista de 2017, y no se lo perdonan, los separatistas de Bildu ven también en el Rey a quien siempre ha estado del lado de las víctimas del terrorismo que ellos siguen sin condenar. De hecho, Don Felipe y Doña Letizia quisieron que el primer acto de su reinado fuera precisamente con todas las víctimas del terrorismo.

A las críticas se añade una larga cadena de plantones y ninguneos por parte del jefe del Ejecutivo y al intento de silenciar al Rey en la etapa más grave de la democracia, con más de 40.000 muertos, según el Instituto Nacional de Estadística, por la pandemia del Covid-19, y en medio de una ruina económica y un pesimismo generalizado.


Un hecho llamativo es que Sánchez nunca ha defendido al Rey de las críticas recibidas por parte de sus socios, ha llegado tarde a citas con Don Felipe en varias ocasiones y le ha sustituido en actos propios de jefes de Estado, como fue la Cumbre del Cambio Climático. Además, no asistió al debut de la Princesa de Asturias en Oviedo, como hizo Leopoldo Calvo-Sotelo cuando se estrenó el Heredero de la Corona en 1981. Y tampoco acompañó a la Familia Real en Barcelona, durante la primera visita oficial de la Heredera de la Corona a Cataluña en medio de protestas separatistas.

Los partidarios de derrocar el actual sistema son conscientes de que Don Felipe es un Rey difícil de atacar, pues en su caso se une a un comportamiento institucional impecable, la autoexigencia -hecha pública el día de su proclamación- de mantener «una conducta íntegra, honesta y transparente». Y porque en los seis años de su reinado ha adoptado numerosas medidas para convertir a la Casa del Rey en una de las instituciones más transparentes de España. Entre ellas, la prohibición de que los miembros de la Familia Real puedan trabajar en empresas públicas o privadas, la adopción de un régimen jurídico para los regalos, cuyo valor no puede superar los usos de cortesía; un exigente código de conducta para los empleados de la Casa del Rey y el sometimiento voluntario de las cuentas a una auditoría pública.


Además, Don Felipe no ha perdido ocasión para renovar ese compromiso con la honestidad: «Es preciso que las acciones del Rey se guíen por la ejemplaridad y la dignidad, por la integridad, la capacidad de sacrificio y la entrega sin reservas a España», insistió hace un año, en la celebración del quinto aniversario de su reinado.

En cambio, los opositores a la Monarquía creen haber encontrado un balón de oxígeno en las supuestas cuentasde Don Juan Carlos en el exterior, asunto con el que pretenden desprestigiar a la Corona y allanar su camino hacia la demolición del sistema, a pesar de que ha propiciado la mejor etapa de la historia de España.


Sin embargo, en el terreno de la ejemplaridad, Don Felipe juega en casa. A diferencia de los políticos, que tienden a tapar las irregularidades de sus compañeros de filas, el Rey ya ha demostrado que a él no le tiembla la mano cuando tiene que elegir entre el afecto familiar y la ejemplaridad de la Corona. Lo hizo en 2011, aún siendo Príncipe de Asturias, cuando marcó distancias con su cuñado, Iñaki Urdangarin; lo volvió a hacer en 2015, cuando revocó el Ducado de Palma de Mallorca, concedido a su hermana, la Infanta Cristina, y lo repitió el pasado 15 de marzo, cuando hizo pública la ruptura con su padre.

Don Felipe impuso su condición de Rey a la de hijo y, una vez más, tomó unas medidas muy dolorosas pero necesarias para preservar la autoridad moral de la Institución que encarna: la renuncia en su nombre y en el de su hija, la Princesa de Asturias, a cualquier herencia que no fuera transparente y ejemplar, y la retirada de la asignación anual a su padre.


Estas decisiones habían sido formalizadas hace un año ante notario, y el Rey tuvo que hacerlas públicas el pasado 15 de marzo, justo al día siguiente de que empezara el estado de alarma por la pandemia. Ese fin de semana habían arreciado las presiones y el intento de chantaje de los abogados de Corinna Larsen, que se encuentra acorralada judicialmente y trataba de implicar al Rey en una oscura operación. Su plan consistió en filtrar a la prensa que Don Felipe era beneficiario de dos fundaciones con cuentas en el exterior, algo que, si se hizo, fue sin su conocimiento ni consentimiento, según declaró el Rey ante notario.

Fue hace un año, por tanto, cuando se produjo la ruptura entre el Rey y su padre, que acabó retirándose dos meses después de la vida pública. Desde entonces, solo han coincidido en público en el funeral de la Infanta Doña Pilar, que falleció el pasado mes de enero. Nada ha trascendido sobre la relación personal entre padre e hijo, pero ambos saben que, por encima de los afectos familiares, está la pervivencia de la Institución. Una vez más, se ha impuesto en la familia el sentido dinástico.


El caso de Don Juan Carlos ha vuelto a resurgir esta semana, cuando la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, decidió trasladarlo al Tribunal Supremo, dada su condición de aforado. En principio, el pago que se investiga, de cien millones de dólares procedente del Reino de Arabia Saudí, se produjo supuestamente en agosto de 2008, por lo que un posible delito habría prescrito. Pero, además, las investigaciones solo podrán afectar a la actividad posterior a su abdicación, que se hizo efectiva el 18 de junio de 2014. Encuentren o no posibles infracciones, lo que está claro es que la investigación de la Fiscalía contribuirá a dañar la imagen de Don Juan Carlos y, por extensión, la de la Corona.

Además, con el fin de explotar al máximo esta oportunidad de erosionar a la Monarquía, Unidas Podemos presentó el pasado jueves en el Congreso de los Diputados una petición para crear una comisión de investigación sobre «las relaciones diplomáticas y comerciales entre España y Arabia Saudí y su vínculo con instituciones y empresas españolas y sus efectos sobre el erario público». Obviamente, el nombre de la comisión es un eufemismo para eludir los controles y poder abrir un debate sobre Don Juan Carlos y la Monarquía.


A pesar de estos hechos inquietantes, las relaciones entre La Zarzuela y La Moncloa siguen siendo aparentemente fluidas, al menos al máximo nivel: Pedro Sánchez continúa despachando semanalmente con el Rey, aunque durante la pandemia lo ha hecho por vía telemática; los ministros acompañan a Don Felipe y le informan de los asuntos de Estado con la normalidad habitual, aunque la mayoría acuden sin papeles a las reuniones, como si fueran de visita, y en las intervenciones oficiales del Jefe del Estado no se aprecia, hasta ahora, un cambio impuesto en sus discursos.


Visitas a Comunidades autónomas


Aunque soplen vientos adversos, Don Felipe y Doña Letizia han continuado con su labor institucional, adaptada a las nuevas circunstancias. Y en estos tres meses de confinamiento y alarma, a golpe de teléfono, de videoconferencia y de reuniones reducidas, han conseguido contactar con prácticamente todos los sectores de la sociedad española: casi 300 entidades y más de mil personas. La actividad de los Reyes ha tenido poca repercusión en los medios de comunicación, de manera que ha sido necesario un mayor esfuerzo para tratar de llegar al mayor número de ciudadanos.


A medida que se ha ido suavizando el confinamiento, Don Felipe y Doña Letizia han ido ampliando su presencia exterior y, en cuanto las circunstancias lo permitan, empezarán una gira por Comunidades. De hecho, la semana del 22 de junio tienen previsto viajar a Canarias, donde su presencia puede producir un «efecto llamada» a la tan necesaria llegada de turistas. Y el 1 de julio el Rey viajará a la frontera de Portugal, a la altura de Badajoz, para reabrirla en un acto oficial junto al presidente del país vecino, Marcelo Rebelo de Sousa, en presencia de los dos jefes de Gobierno, Sánchez y António Costa. También quieren ir a Cantabria.

Las aguas están tan revueltas que no solo los republicanos están mirando a La Zarzuela. En las redes sociales circulan desde hace semanas peticiones de particulares para que el Rey intervenga en política, como si el Jefe del Estado tuviera competencias para corregir los resultados de las urnas o de las votaciones parlamentarias. Y si algo está claro es que Don Felipe es «un Rey constitucional», como dijo él mismo el día de su proclamación, por lo que no cometerá el error de entrar en política. Muestra de este estado de ánimo es el hecho de que una asociación pro guardia civil viera un tricornio en la solapa de Don Felipe, y lo interpretara como un gesto de apoyo al Instituto Armado tras las polémicas destituciones del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, cuando lo que el Rey llevaba en la chaqueta era el botón de la Orden de Carlos III.

En este clima de alta tensión, Don Felipe cumplirá seis años de un reinado especialmente difícil, en el que ha tenido que afrontar un bloqueo político de once meses de duración, un vacío legal en la Constitución ante la ausencia de un candidato con apoyos a la Presidencia del Gobierno, atentados terroristas en Barcelona y Cambrils, un referéndum separatista ilegal, cuatro elecciones generales, ocho rondas de consultas para proponer un presidente, un cambio de gobierno sobrevenido por una moción de censura, un Ejecutivo integrado por socialistas, republicanos y comunistas, y una pandemia que ha dejado más de 40.000 muertos y una ruina económica.


En seis años, Don Felipe ha conocido a casi medio centenar de ministros y a decenas de líderes de partidos, algunos de los cuales han desaparecido con la misma fugacidad con la que surgieron. Y todo ha transcurrido con la incansable refriega política como banda sonora del reinado de un Rey empeñado en defender una España «en la que cabemos todos». Un Rey que no se cansa de advertir que «España no puede ser de unos contra otros», que «debe ser de todos y para todos» y que «la imposición de una idea o un proyecto de unos sobre la voluntad de los demás españoles solo nos ha conducido en nuestra historia a la decadencia».


Democracia y libertad


Si algo ha definido a Don Felipe como Rey en estos primeros seis años de reinado ha sido su defensa de la democracia y la libertad. Eso es lo que hizo el 3 de octubre de 2017, cuando cortó en seco la ensoñación separatista y excluyente catalana, que había cruzado la línea roja de la ley. En aquel momento, ninguno de los tres partidos constitucionales -PP, PSOE y Ciudadanos- era favorable a aplicar el artículo 155 de la Constitución, y el Gobierno de Mariano Rajoy no quería asumir en solitario su aplicación.

En seis minutos de discurso, Don Felipe cortó el delirio separatista, borró la sensación de vacío de poder y dejó claro a la comunidad internacional que España seguía considerando a Cataluña parte de su territorio. Además, su mensaje devolvió el ánimo y la esperanza a muchos españoles, y a muchos catalanes que cinco días después desbordaron por primera vez las calles de Barcelona con banderas españolas y demostraron que hay otra Cataluña posible.


El mensaje de Cuba


Esa misma defensa de la democracia y la libertad volvió a hacerla en La Habana el pasado noviembre, cuando se convirtió en el primer Rey de España que realizaba una visita de Estado a Cuba. Enviado por el Gobierno de Sánchez, antes de la coalición con Podemos, Don Felipe no pudo reunirse con la oposición, pero el Rey habló ante el dictador Miguel Díaz-Canel como ningún otro mandatario había hecho antes en la isla: «Los españoles hemos aprendido que es en democracia como mejor se representan y se defienden los derechos humanos, la libertad y la dignidad de las personas, y los intereses de nuestros ciudadanos», le dijo al dictador. «La fortaleza que la democracia otorga a sus instituciones es la que permite el progreso y el bienestar de los pueblos». «Los cambios en un país no pueden ser impuestos». Un mensaje que no solo es aplicable a Cuba.

La Corona, acosada; Sánchez, pasivo

Editorial ABC

En la semana del sexto aniversario del acceso de Felipe VI a la jefatura del Estado, la situación de la Corona española vive la insólita situación de que el propio Gobierno de la Nación es la principal fuente de los ataques que recibe. El antimonarquismo de los dos socios principales de PSOE, es decir, Unidas Podemos y ERC, no solo es un hecho notorio para todos los ciudadanos, sino un elemento aglutinador de las fuerzas de extrema izquierda y separatistas. El derrocamiento del Rey es un objetivo programático común que anima un concreto plan de derogación del orden constitucional, ante lo cual Pedro Sánchez asiste como un Nerón ante la Roma incendiada, dejando hacer, que es tanto como animar. Para la extrema izquierda, la Corona representa la vigencia en España de una democracia parlamentaria de base liberal, un sistema que estos comunistas de viejísimo cuño, como Iglesias, Montero o Echenique, no aceptan porque son incapaces de asumir una organización política basada en la libertad individual. Para los separatistas, la Corona es, como dice la Constitución, el símbolo de la unidad y permanencia del Estado que quieren desmembrar. Los antisistema están, ahora, en el sistema, de la mano de Sánchez y con el aquietamiento de partidos que, como Cs, habían nacido para evitarlos y marginarlos del Gobierno de España.

Los silencios de Sánchez ante los ataques de sus ministros comunistas al Rey no son un gesto de prudencia, ni una forma de marcar distancias frente a ellos, sino una omisión calculada y expresiva de su deslealtad con la Jefatura del Estado. La ejemplaridad que está demostrando Don Felipe, un Rey extraordinario como avala su infatigable trabajo durante toda esta pandemia para estar cerca de los españoles, no bastan. La Corona precisa el apoyo expreso del Gobierno. Pero como heredero del frentismo que implantó Rodríguez Zapatero en el PSOE, en 2003, con el Pacto del Tinel y el revisionismo histórico, Sánchez consiente la escalada antimonárquica porque, en el fondo y en la forma, comparte la repelencia de la extrema izquierda hacia el pacto constitucional de 1978. Por eso, mantiene de vicepresidente a un activista del montón que justifica caceroladas contra la Monarquía, firma acuerdos nocturnos con los custodios de ETA y alimenta constantemente su relación con Esquerra Republicana. La aparatosa, inútil e ilegal decisión de Delgado de encargar a un fiscal del Supremo que investigue a Don Juan Carlos -a quien solo puede investigar un magistrado de la Sala Segunda- ha sido la última incorporación al programa coral que desarrolla la izquierda para dañar el último bastión de la concordia constitucional, que es la Corona. El cambio de régimen es el programa cada día menos oculto y avanza a paso firme a lomos de una progresiva desconstitucionalización de la vida pública.

viernes, 15 de mayo de 2020

El Rey: "Hay que generar esperanza, pero no podemos bajar la guardia"

Almudena Martínez-Fornés
ABC

"Hay que generar esperanza, sí, tenemos que tener una ilusión por que esto termine y pronto, pero no podemos relajarnos ni bajar la guardia". Este es el mensaje que el Rey ha transmitido este jueves desde el Centro Nacional de Emergencias, donde ha destacado el valor de "los testimonios de todas las personas que han visto de cerca" los efectos del Covid. "Los que estáis trabajando diariamente en la emergencia sabéis bien de lo que hablamos", ha afirmado.

Don Felipe ha visitado este jueves el Centro Nacional de Seguimiento y Coordinación de Emergencias (Cenem), en Madrid, y desde allí ha mantenido una videoconferencia con los responsables de protección civil de toda España, a quienes ha envíado un mensaje de "ánimo, gratitud y reconocimiento".

"Podemos ver un horizonte con un poquito más de luz, ya hay zonas de España en fase 1, pero no podemos olvidar que sigue habiendo una situación de emergencia, que personas siguen perdiendo la vida, que sigue habiendo un riesgo de contagio importante", ha añadido.

Durante la visita, el Rey ha estado acompañado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; la subsecretaria del Ministerio del Interior, Isabel Goicoechea, y el director general de Protección Civil, Leonardo Marcos. Y en la reunión participaron los 19 representantes de los centros del 112, de la Unidad Militar de Emergencias (UME), de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Cruz Roja Española y del Departamento de Seguridad Nacional (DSN).

Desde una sala de multiconferencias se ha realizado una conexión con los 19 directores generales de Protección Civil, que coordinan las emergencias en las 17 Comunidades Autónomas y en las dos Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla, además del jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), el general Luis Manuel Martínez Meijide; el director general del Departamento de Seguridad Nacional (DSN), Miguel Ángel Ballesteros; el secretario general de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), Carlos Daniel Casares; y el presidente de Cruz Roja Española, Javier Senent. Desde que se declaró el estado de alarma, Protección Civil se encuentra bajo el mando del ministro del Interior.

El 112 de todos los 112 de España

Posteriormente, el Rey ha visitado la Sala de Operaciones del CENEM, que es el 112 de los 112 de España. Allí ha conocido en detalle el funcionamiento del centro que controla todas las emergencias en España y ha recibido las explicaciones de los responsables operativos: subdirector general de Prevención, Planificación y Emergencias, Jefa de Sala y coordinador, así como de los operadores y técnicos que están hoy en el seguimiento de las emergencias, reflejadas en la multipantalla de la Sala de Operaciones.

El CENEM se constituye en Centro de Coordinación Operativa en las emergencias de interés nacional, que son aquellas que por su especial gravedad son dirigidas por el ministro del Interior.

sábado, 9 de mayo de 2020

Isabel II emula a su padre 75 años después para recordar el fin de la II Guerra Mundial


"Hoy damos gracias a Dios por un gran acontecimiento. Hablando desde la ciudad más antigua del Imperio británico, castigada por la guerra, pero ni un solo momento abatida o desalentada, hablando desde Londres, os pido que os unáis a mí en este acto de acción de gracias. Alemania, que arrastró a la guerra a Europa entera, ha sido finalmente vencida". Con estas contundentes frases el rey Jorge VI inició, el 8 de mayo de 1945, el discurso con el que anunció el final de la Segunda Guerra Mundial que había comenzado seis años antes. Lo hizo en la radio. 75 años después le tocaba el turno a su hija Isabel II, actual reina de Inglaterra, eso sí, a través de la televisión y de las redes sociales, a fin de conmemorar esta fecha tan significativa.

Se dirigía a la nación en plena crisis sanitaria por el coronavirus, cuando gran parte del mundo se encuentra confinado a fin de evitar que la pandemia siga propagándose. Era la segunda vez que lo hacía en un mes, aunque por motivos ciertamente distintos. Mientras que a principios de abril habló a los ciudadanos británicos para transmitirles un mensaje de esperanza y agradecer a los trabajadores esenciales todo su esfuerzo, en esta ocasión Isabel II trasladaba mentalmente a la nación 75 años atrás, en una suerte de homenaje dedicado no solo a los combatientes del conflicto bélico, sino también a su progenitor.


viernes, 24 de abril de 2020

Carta abierta al Rey de España

Rosa Díez

La ex diputada pide amparo a Felipe VI frente a quienes intentan destruir la democracia  

Majestad,
En este momento solo tengo un carné, el más preciado de todos los que he tenido: el de ciudadana del Reino de España.
Soy hija de socialistas republicanos, ambos militantes de las Juventudes Socialistas en Santander (así se llamaba Cantabria) cuando estalló la Guerra Civil.
Mi padre fue apresado unos meses antes de acabar la guerra y estuvo confinado en un campo de concentración hasta que finalizó, momento en el que fue trasladado a la cárcel de Larrínaga (Bilbao), donde pasó largos años de prisión tras conmutarle la pena de muerte a la que había sido condenado.
Mi madre lo siguió cuando fue trasladado a la cárcel de Larrínaga. Y paró en un pueblo a 15 kilómetros de Bilbao en el que encontró trabajo en una fábrica que hacía sacos de yute. Allí esperó a que saliera mi padre de la cárcel, allí se quedaron a vivir, allí nacimos mis dos hermanos y yo, allí están enterrados mis padres, allí hemos criado a nuestros hijos.
Mi padre nos habló mucho a mis dos hermanos mayores y a mí de la guerra, de lo que pasaron, de lo que sufrieron, de lo que perdieron... Aprendimos con él la importancia de la amistad, de la protección entre distintos; aprendimos que hay gente buena y mala en todos los lugares, en todos los bandos. Mi padre nunca quiso ganar la guerra con efectos retroactivos; él nos contaba su historia, siempre lo decía, para que ésta no se repitiera en nosotros, sus hijos.
Como le decía, mi padre era socialista y republicano. Se enroló desde el primer momento -a pesar de que acababa de casarse- para defender la República. Pero no fue al frente a defender la República sólo, ni principalmente, porque él era republicano sino porque la República era el orden legalmente constituido y defender la República era, por tanto, defender la democracia.
Sin que las situaciones sean ni mucho menos homologables, usted sabe que durante muchos años ha habido muchos españoles que en el País Vasco han arriesgado su seguridad y hasta su vida -sobre todo nuestros escudos, que venían de otros lugares de España para protegernos- para proteger esa Constitución que en 1978 nos hizo ciudadanos a todos los españoles y proclamó que la forma política del Estado español es la Monarquía Parlamentaria.
Nunca le preguntamos a quien caminaba a nuestro lado frente al totalitarismo etarra si era de derechas o de izquierdas, si era liberal o radical, si era monárquico o republicano. Éramos todos ciudadanos, defendíamos nuestros derechos, nuestras libertades, las que la Constitución proclama y las que la leyes han de tutelar de forma efectiva.
Le escribo esta carta porque quiero pedir la protección del jefe del Estado en un momento en el que observo que hay personas dispuestas a aprovechar esta grave situación que atraviesa España para cuestionar lo más sagrado que recoge nuestra Constitución: la libertad y la igualdad, en todos sus extremos y de todos los españoles.
Le escribo esta carta porque quiero llamar su atención sobre el riesgo de que el sistema del 78 sea una víctima más de la pandemia; no será con menos democracia, con menos libertades, anulando la separación de poderes, con menos igualdad... como saldremos de la triple crisis en la que está inmersa España.
Le escribo esta carta porque soy hija de un republicano del que aprendí que lo primero es la democracia y después todo lo demás; le escribo para decirle que aunque las circunstancias son otras, mi compromiso de defender el orden constitucional y la democracia -puesto en práctica durante muchos años en tierra hostil- no ha cambiado ni un ápice. Le escribo esta carta porque quiero pedirle que no escatime esfuerzos dentro de sus competencias constitucionales para defender el orden constitucional. Y, finalmente, le escribo para asegurarle que no entiendo otra manera de defender la ciudadanía y la Constitución que mostrar lealtad a la figura del jefe del Estado, o sea, a usted. Es la que yo le expreso.
Sin otro particular, reciba un cordial saludo.

Lectura del Quijote

La Princesa de Asturias y su hermana, la Infanta Sofía, han participado este jueves en la lectura del Quijote que organiza el Círculo de Bellas Artes, que en esta ocasión ha sido virtual.  

Mensaje de la Princesa Leonor y la Infanta Sofía por la crisis del covid-19

La Casa Real ha hecho público un vídeo de la Princesa de Asturias y de la Infanta Sofía en el que las hijas del Rey Felipe VI y de la Reina Letizia recuerdan a los niños que están sufriendo el confinamiento, dan las gracias a todas las personas que están ayudando a luchar contra la pandemia y desean que este problema pase pronto. 


jueves, 16 de abril de 2020

Los Reyes felicitan a Margarita II de Dinamarca en su 80 cumpleaños

Rafael Muñoz
RTVE 

La reina Margarita no imaginó que celebraría su 80 cumpleaños encerrada en su palacio. Este año, debido a la pandemia del coronavirus, no saldrá al balcón a saludar pero no le faltará el cariño de su pueblo porque se espera que los daneses salgan a sus balcones para cantarle. Más cambios. La reina recibe flores cada cumpleaños pero ahora ha pedido a la gente que se las envíe un ramo a los muchos conciudadanos mayores que tienen dificultades en este momento. Además, en la web de la casa real se ha habilitado un espacio para que quien quiera envie una felicitación, ya sea un saludo, un dibujo o una fotografía.  

Hoy ha recibido muchas felicitaciones, la mayoría virtuales, pero entre ellas destaca una en especial, la que le han enviado los miembros de las casas reales de Europa. En el vídeo, compartido en la cuenta de Youtube de la casa real danesa, vemos, entre otros a los reyes de Suecia, Noruega, Holanda y España. ¡Y todos la llaman Daisy! El mismo apodo que tenía su abuela, Margarita de Connaught.


jueves, 9 de abril de 2020

Isabel II lanza un mensaje de esperanza: 'Unidos y decididos, lo superaremos'


Desde que dio comienzo la crisis sanitaria, Isabel II se instaló en el castillo de Windsor junto a su marido, el duque de Edimburgo. Esta fortaleza ha servido ahora como escenario para la grabación de un histórico discurso de cuatro minutos y medio de duración en el que la reina ha abordado la situación que vive actualmente el Reino Unido a causa del coronavirus. Desde la White Drawing Room -estancia en la que podían grabar manteniendo la distancia de seguridad- y vestida de verde, el color de la esperanza, la monarca ha agradecido el esfuerzo de todos los sanitarios y otros trabajadores esenciales, ha reconocido la dificultar de los tiempos que vivimos y ha invitado a los ciudadanos a mantener "la disciplina, el buen humor y el compañerismo que caracterizan a este país".