
Los Reyes, acompañados de la Infanta Doña Cristina y de Doña Pilar, hermana de Don Juan Carlos, todos vestidos de luto, fueron recibidos en la Plaza de España de la localidad por la consejera de Salud de la Junta, María Jesús Montero, quien representaba al presidente andaluz, Manuel Chaves, de visita en Galicia, y por el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón, así como por otras autoridades civiles y militares.
Centenares de vecinos aplaudieron la llegada de los Reyes, que recibieron honores militares, y de sus familiares, a quienes acompañaron hacia la iglesia parroquial de Santa María Magdalena donde se celebraron la misa 'corpore insepulto' y posterior entierro en la intimidad.
Antes del funeral, el Rey pasó revista a la compañía de honras mixta formada por unidades de guarnición de Sevilla, mientras sonaba la marcha 'El Viejo Marino', dedicada al padre de Don Juan Carlos, el Conde de Barcelona.
Representantes de la Hermandad de la Santa Caridad abrieron el cortejo fúnebre, y, los Reyes, tras el féretro portado por la Guardia Real y envuelto con la bandera de España, acompañaron a la iglesia al viudo, Pedro de Orleans y Braganza, seguidos de las Infantas Cristina y Pilar y del resto de familiares de la fallecida, quien recibió honores de Infanta.
A las puertas de la iglesia, el cortejo fue recibido por el cardenal de Sevilla, quien destacó que Esperanza de Borbón, 'la Infanta' como era conocida entre los vecinos, daba 'ejemplo de su sencillez' y de 'su capacidad de compartir con el pueblo'.
En el funeral y posterior entierro en una cripta de la tía de Don Juan Carlos, estuvieron presentes, entre otras personalidades, el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, el escritor Antonio Burgos, la diputada Soledad Becerril, los condes de Peñaflor y Beatriz de Orleans, así como representantes de distintas hermandades como la de Villamanrique, a la que Esperanza de Borbón estaba muy vinculada.
Tras las exequias, el cardenal de Sevilla recordó a los periodistas la 'piedad, humildad' y 'sencillez llena de elegancia' de la fallecida, quien 'más allá de su nobleza daba ejemplo de sencillez y de compartir con el pueblo'.
Añadió que, durante el funeral el Rey se mostró 'emocionadísimo', ya que Esperanza de Borbón estaba 'muy unida' a la madre del monarca, Doña María de las Mercedes, y don Juan Carlos 'ha revivido lo que significó su madre para él'.
Esperanza de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, hermana de la madre del Rey, falleció el lunes a los 91 años en su casa de esta localidad, a consecuencia de dolencias debidas a su avanzada edad.
Nacida el 14 de junio de 1914, era hija del infante Carlos de Borbón y de Luisa de Orleans y el 18 de diciembre de 1944 contrajo matrimonio en Sevilla con Pedro de Orleans y Braganza.
Fuente: Terra
jueves, 11 de agosto de 2005
Los Reyes asisten en Villamanrique al funeral por Doña Esperanza
Los condes de Wessex esperan su segundo hijo

El príncipe Eduardo, hijo menor de Isabel II, y su esposa Sophie serán padres por segunda vez, revelaba ayer el Daily Mirror adelantándose al anuncio oficial de palacio de Buckingham.
Los condes de Wessex esperan con "increíble alegría" la llegada del bebé, que será el noveno en la línea de sucesión al trono, y ya están buscando niñera.
Sophie Rhys-Jones, de 40 años, temía las dificultades de un nuevo embarazo tras el historial de complicaciones médicas sufridas en el pasado: a finales del 2003 dio a luz prematuramente a su hija Louise después de ser hospitalizada por una hemorragia interna que mermó seriamente su salud.
Dos años antes, la condesa ya había tenido que ser evacuada de urgencia en helicóptero por un embarazo extrauterino que obligó a practicarle transfusiones de más de dos litros de sangre.
miércoles, 10 de agosto de 2005
Anécdotas de Doña Esperanza y Villamanrique
La estrecha vinculación que Doña Esperanza y su familia mantuvieron con Santa Ángela y las Hermanas de la Cruz se hizo patente ayer al ser amortajado su cuerpo con el sencillo hábito de estameña parda del Instituto de la Cruz.
A media mañana de ayer, dos hermanas llegaron al Palacio en el coche del duque de Segorbe, esposo de María Gloria de Orleáns, procedentes del convento de Sevilla. Ellas fueron las encargadas de amortajar el cadáver de Doña Esperanza.
La vinculación de la familia de Borbón y Orleáns con las Hermanas de la Cruz es muy antigua. Se inició con la amistad de Santa Ángela con la Infanta Doña Luis Fernanda, duquesa de Montpensier, bisabuela de Doña Esperanza. Su madre, la Infanta Doña Luisa, hija de los Condes de París, conoció a Santa Ángela en el Palacio de San Telmo y con sus hijas las Infantas Isabel Alfonsa de Borbón y Borbón y Doña Dolores, Doña María de las Mercedes y Doña Esperanza de Borbón Orleans visitaba frecuentemente la Casa Madre.
El cronista oficial de Villamanrique de la Condesa, José Zurita Chacón, relataba ayer una entrañable anécdota: «Tras fundarse el Asilo de San Felipe de las Hermanas de la Cruz en tiempos de Sor Ángela, ésta visitó el palacio, donde Doña Luisa le dijo «rece usted y bendiga a Esperanza, que está enfermita», y la Santa le contestó: «no se preocupe usted, porque esta niña va a ser fuerte, robusta y de mucha salud»».
Fuente: ABC
El Rey expresa su compromiso con Galicia al nuevo presidente

El rey Juan Carlos expresó ayer al presidente gallego, Emilio Pérez Touriño, su pleno apoyo y compromiso con el desarrollo de Galicia, así como su disponibilidad para mantener una presencia activa de la Casa del Rey en la comunidad gallega, durante la audiencia que le concedió ayer en el Palacio de Marivent.
Touriño fue recibido en la residencia veraniega de la familia real a las 11.30 de ayer, una semana después de su toma de posesión como sucesor de Manuel Fraga. Según el protocolo habitual, el Rey recibió a su invitado en la puerta del edificio y le felicitó por su nombramiento. Don Juan Carlos bromeó después con los reporteros gráficos sobre el lugar idóneo para que ambos posaran ante las cámaras.
Según un comunicado emitido por la presidencia gallega después de la visita, que duró cerca de una hora, Touriño informó al Rey de la composición del nuevo gobierno gallego del PSdeG-PSOE y el BNG, y comunicó a don Juan Carlos que su primer objetivo será la creación de empleo de calidad y el impulso al desarrollo tecnológico.
Touriño aprovechó la visita para dar al Rey el pésame por el fallecimiento, la noche anterior, de su tía, doña Esperanza de Borbón-Dos Sicilias y Orleans.
martes, 9 de agosto de 2005
TRIANA PARA UNA INFANTA DIFUNTA
Escribía Borbón con B de Brasil y Triana con T de trono imperial entre las palmeras de su palacio de Villamanrique. Que era mucho más Villamanrique de la Condesa, de la Condesa de París, cuando Doña Esperanza iba de amazona en las viejas fotografías de reales giras campestres por Gato. La Historia de España y de Francia en una sola pieza, las flores de lis de Montpensier y de San Telmo en quien recibió de su padre, el Infante Don Carlos, ese amor por las cosas de Sevilla, del Rocío, de Andalucía. De España
Doña María de las Mercedes y Doña Esperanza eran para Sevilla antes de la guerra civil las niñas del Infante Don Carlos. Aquel Infante Don Carlos sevillano y popular, que con el título del Reino que más le gustaba tomar cañas en la Feria era con el Marqués de las Cabriolas, moyatoso cobrador de seguros de La Previsión Española. Aquel Infante Don Carlos, capitán general en el palacete de La Gavidia, a quien el Comité Republicano, tras el 14 de abril de 1931, ya con Don Alfonso XIII camino del destierro, visitó en su casa de La Palmera:..—Don Carlos: aunque hayamos echado al Rey, y usted sea un Borbón, usted y Doña Luisa, y las niñas, y el Infante Don Carlitos, se pueden quedar aquí, que no les va a pasar nada, porque usted sabe lo que les queremos los sevillanos
A pesar de aquel respeto de los sevillanos que rendían los honores de la tricolor ante la flor de lis, Don Carlos y Doña Luisa, y Don Carlitos, y las niñas, marcharon al destierro. Años trágicos pasaron antes que pudieran volver a Sevilla. Años tristes, en los que Don Carlitos murió en el frente y lo enterraron en la cripta de su Hermandad de Pasión. Cuando la parte más sevillana de la Familia Real regresó, se alojaron en el Hotel Inglaterra. Los sevillanos les habían llenado de nardos sus cuartos. En el cuarto de un hotel de Roma iba a morir Don Alfonso XIII y en el cuarto de un hotel de Sevilla, con un balcón abierto a la alegría con palmeras y coches de caballos de la Plaza Nueva, la ciudad volvía a recibir a la Institución Monárquica: a Don Carlos, a Doña Luisa y a aquellas dos niñas tan sevillanas, que habían estudiado con las Irlandesas en la calle Palmas, y que, como en un romance, estaban llamadas a ser la una Reina de España y la otra, Princesa del Brasil.
La Infanta Doña Esperanza no olvidaba aquel olor de los nardos del Hotel Inglaterra. Cuando en la mañana del 15 de agosto, como una manriqueña más, con su bata de cretona, sus gafas de sol y su abanico, iba a ver a la Virgen de la Familia, a la Virgen de los Reyes, el olor de los nardos le recordaba aquel regreso del destierro. Cuando Doña Esperanza, junto a su querido Don Pedriño, estaba lejos, en Brasil, que para ella estaba un poquito más lejos que Triana, que el Rocío y que Villamanrique, la humedad de flamboyanes y mangos del palacio de Parà le traía a veces el olor de esos nardos. El recuerdo de su Sevilla. A la que ella le ponía el nombre de Triana y el verde de un Simpecado.
Yo ahora estoy viendo a Don Pedriño y a Doña Esperanza con su Hermandad de Triana, jóvenes, camperos, por la Raya, camino del Rocío. Emperadores con el pueblo andaluz. Don Pedriño, ecologista, amante de la Naturaleza, enamorado del campo, se sabe el nombre de todos los lirios silvestres que van pisando las carretas, Doña Esperanza va vestida de gitana y el empaque de su realeza convierte los volantes en manto imperial. Doña Esperanza ahora hace la presentación con Triana. Lleva la vara en el estribo. Huele a nardos. Como olieron en el pasado mes de junio, en una tarde de campanas y banderas de España, en Villamanrique, cuando Doña Esperanza, amazona del tiempo irreparable en una silla de ruedas, inauguraba la nueva casa de la Guardia Civil. Era la última vez que, tan imperial, tan soberana, la más hondamente sevillana y refinadamente popular de los Borbones se encontraba con el pueblo. Ahora trasminan a crisantemos de Triana para una infanta difunta estos inmarcesibles nardos de la sevillanía de Doña Esperanza. De aquella niña a la que su padre, el Infante Don Carlos, le enseñó a querer a una Sevilla a la que ella le puso el nombre de Triana, le puso el color del Rocío, le puso el olor de unos nardos. Sencillamente España.
In memoriam Doña Esperanza de Borbón, tía del Rey
Murió anoche, a los 91 años, en su palacio de Villamanrique de la Condesa
La princesa fallecida, tía de S.M. el Rey, había estado ingresada la pasada semana en la clínica Sagrado Corazón de Sevilla, debido a diversas afecciones relacionadas con su avanzada edad.
Doña Esperanza Rocío Amalia Rainiera de Borbón y Orleans nació en Madrid el 14 de junio de 1914 y era hija del infante Don Carlos de Borbón y de Doña Luisa de Orleans, princesa de Francia, con quien Don Carlos contrajo matrimonio tras el fallecimiento de su primera esposa, Doña María de las Mercedes de Borbón y Habsburgo, Princesa de Asturias —con quien había tenido dos hijos, Alfonso e Isabel Alfonsa—. En su segundo matrimonio, Don Carlos tuvo otros cuatro hijos: Carlos, Dolores, María de las Mercedes —madre de S.M. el Rey— y Esperanza.
Desde muy pequeña su vida había estado íntimamente vinculada a Sevilla.
Fuente: ABC
lunes, 8 de agosto de 2005
Realeza en Framenors
Realeza en Framenors
F. X. MONTESA I MANZANO
PRESIDENTE DE LA SOCIETAT D´ESTUDIS PERE EL CERIMONIÓS
Me gustaría hacer unas precisiones al artículo dedicado al convento de Framenors firmado por Lluís Permanyer. Los miembros de la familia real que tuvieron sepultura en Framenors fueron: Alfons II, Leonor de Aragón, reina consorte de Chipre y Jerusalén (hija del infante don Pere, conde de Prades); Constança de Sicília, viuda de Pere II el Gran; Alfons III, y sus hijos, los infantes Frederic y Jaume (este último no era hijo del "príncipe Don Jaume" como sostiene Permanyer). Por lo que hace referencia al infante don Pere, hijo del Ceremonioso, fue trasladado junto con su abuelo Alfons III en 1369 al convento de Framenors de Lleida, siguiendo las últimas voluntades del monarca. Recibieron también sepultura en Framenors de Barcelona las reinas Maria de Chipre, viuda de Jaume II el Just, y Sibila de Fortià, viuda de Pere III el Cerimoniós.
Tras la demolición del convento franciscano, los restos de Alfons II, los infantes Frederic y Jaume, así como las reinas Constança de Sicília, Maria de Chipre y Sibila de Fortià, fueron trasladados el 20 de abril de 1852 a la catedral de Barcelona, y dispuestos en unas urnas de mármol, sufragadas por la reina Isabel II, las cuales fueron colocadas en la capilla de los Mártires del claustro de la seo barcelonesa, donde permanecieron hasta el 13 de octubre de 1998, fecha en la que se trasladaron al interior de la catedral, donde pueden hoy admirarse en el muro de la nave lateral del Evangelio.
En otro orden de cosas, cabe decir que en Catalunya y Aragón no hay más príncipe que el de Girona, título reservado al heredero de la Corona e instituido por Ferran I en 1414, de modo que los demás miembros de la real familia poseen el de infantes/ as de Aragón.
El gran convento de Framenors
Lluís Permanyer
La Vanguardia, 23/7/2005
En lo que hoy es la plaza de Medinaceli,
existía en el siglo XIII una capilla de la
familia Cardona y el sencillo hospital
de peregrinos puesto bajo advocación
de san Nicolás de Bari. La tradición quiere que
un Francisco de Asís enfermo de cuidado sanara
allí en 1211, lo que le llevó a fundar; Jaume I
y los consellers colaboraron en la empresa.
Primero fue puesto en pie el convento, principiado
ya en 1214, con un claustro chiquito
adosado; era el primero de los franciscanos en
España y con el tiempo llegó a devenir el más
importante de Catalunya. Le fue cedida en seguida
la aludida capilla. Construyeron una iglesia,
consagrada en 1247 por san Luis, obispo
de Tolosa. Mandaba la austeridad: las celdas
eran desnudas y en una de ellas figuraba esta
inscripción: Cella fratis Francisci de Assissio.
La comunidad no cesaba de aumentar y se impuso
la ampliación.
Una iglesia más amplia fue culminada en
1297. Un claustro gótico mucho mayor y de
primorosa arquitectura fue construido en
1349; con el tiempo llegó a ser tan alabado como
el de Santa Caterina. La ciudad le cedió los
terrenos de lo que hoy es el Gobierno Militar,
con el fin de acoger el huerto. Así pues y en primera
línea de mar, aquel conjunto abrazaba
desde la Rambla hasta la actual plaza de Medinaceli.
Tal cercanía suponía riesgo en caso de
tormenta; de ahí, a tenor de lo contado por la
crónica, que un golpe de mar causara en 1500
sensibles daños en el cenobio. Las ayudas recibidas
por donantes y los consellers permitieron
su reconstrucción inmediata.
En 1752 se procedió a poner en pie el tercer
claustro. Pese a que la comunidad constaba como
mínimo de un centenar y medio de frailes,
las posibilidades económicas del cenobio permitían
contratar artistas de renombre; tal fue
el caso del acreditado pintor Antoni Viladomat,
quien ejecutó veinte grandes óleos sobre
tela, inspirados en la vida del reverenciado santo
fundador, hoy conservados en el Museu Nacional
d'Art de Catalunya. También era muy
alabado el fino cincelado del púlpito, así como
la escalera que le daba acceso; buena prueba de
ello fue que, al sufrir el fuego destructor, un anticuario
francés no dudó en hacerse con este
singular conjunto.
Tal era el prestigio del convento de Sant
Francesc, popularmente denominado por los
ciudadanos como Framenors, que se convirtió
en lugar ambicionado como última morada.
Resultaría enojoso relatar la de nobles y gente
muy principal que recibió allí enterramiento.
Baste dejar constancia de los pertenecientes a
la realeza: reina de Chipre, Leonor d'Aragó;
Constança de Sicília, viuda de Pere III; Alfons
III; Jaume d'Aragó, comte d'Urgell, hijo de Jaume
II; infante don Fadrique, hijo del príncipe
de Aragón, don Jaume; e infante Pere, hijo de
Pere III.
La revuelta, que prendió al tomar por excusa
la insoportable mansedumbre de todo el ganado
soltado en el día de Sant Jaume de 1835 en
la plaza de la Barceloneta, se cebó en el poder
representativo del clero: conventos e iglesias.
Por la cercanía con el Torín, la multitud enfebrecida
no tardó en llegar a Framenors, que
prendió como una tea. Los daños fueron de tal
calado, que no se tomó en consideración reconstruirlo.
Ya renglón seguido apareció la plaza
de Medinaceli.
domingo, 7 de agosto de 2005
Especial Época: 30 años de Reinado
Siempre entendió Fernández Campo la sinceridad como un requisito exigido al asesor leal. Profesor de silencios elocuentes y maestro de confidencias entre líneas, ahora instalado en la atalaya de una lúcida ancianidad -87 años de prudencias calculadas-, Sabino, don Sabino, rememora con un punto de amargura las circunstancias que motivaron su destitución, tan brusca como escasamente explicada, y advierte de la necesidad de que el monarca ejerza con eficacia su papel moderador.
"Porque conviene no olvidar que la ejemplaridad de la Transición pivotó en torno a la figura del Rey, motor del cambio, equilibrador e intermediario entre las partes" -dice-; "aunque muchos parecen estos días interesados en resucitar una ruptura que creíamos superada".
-¿Se refiere al revisionismo del actual Gobierno respecto a la Guerra Civil, el consenso logrado en la Transición y, de paso, la Monarquía?
-Sí. Exactamente a eso me estoy refiriendo. Siempre cito el último párrafo de aquel mítico discurso de Luis Gómez Llorente -en representación del PSOE, un discurso pronunciado en las Cortes cuando se discutía la Constitución- como símbolo de la Transición; entonces, los socialistas renunciaron a su republicanismo en beneficio de la democracia y del entendimiento entre los españoles. Ahora también se hace necesario ese sacrificio de una parte de las ideas de cada uno para unirse a las del otro.
-¿Está ejerciendo estos días el monarca su papel de garante de la unidad de España como lo hizo durante la Transición?
-Si analizamos la Constitución, el Rey tiene muy pocas facultades e iniciativas, pero sí un poder moderador, una facultad de ejemplaridad, que cuanto más se ejerce, mejor.
-Determinados sectores denuncian los silencios de Don Juan Carlos frente a la ofensiva de los nacionalismos. ¿Está el Rey demasiado callado?
-He dicho muchas veces que ese poder moderador -que consiste en arbitrar y velar por el regular funcionamiento de las instituciones- o se ejerce de antemano, o no tiene razón de ser; si al Rey le presentan una ley aprobada por las Cortes, no le queda más remedio que firmarla o marcharse.
Pero si el Rey tiene la autoridad suficiente -porque su conducta es ejemplar, porque está enterado de los asuntos y, por lo tanto, puede exponer las consecuencias desfavorables de los mismos-, debe ejercer ese poder y esa autoridad de antemano, en los despachos con el presidente, con los ministros, con los presidentes de los altos organismos, como el Tribunal Constitucional o el Consejo de Estado... Esa labor sería muy necesaria para evitar que llegara a producirse el caso de tener que sancionar una ley que no es de su conformidad.
-¿Respecto a la reforma del Estatuto catalán, ¿sería ya demasiado tarde?
-En esta fase ya no cabe el poder moderador.
-¿Ha existido entonces dejación de responsabilidad respecto a la unidad de España por parte de Don Juan Carlos?
-Yo eso no lo diría jamás, porque conozco su españolidad, así como su interés por los asuntos de Estado y por la propia institución monárquica. A lo mejor no ha tenido armas suficientes, o si las ha ejercido, no lo sabemos; o si ha tratado de utilizarlas, no lo ha conseguido.
Pero insisto: cuando se empezó a hablar, por ejemplo, de la ley de matrimonios homosexuales, si se consideraba que no era conveniente o que podían otorgarse a los gays los mismos derechos sin que el valor de las palabras -que es muy grande- llegase a indignar a una parte de la población, el Rey podía haber influido antes de que la norma llegase al Parlamento. Quizá lo intentó y nosotros lo ignoramos.
-Como jefe de una dinastía católica, ¿no podría haber abdicado durante unas horas, al estilo Balduino?
-Por una parte, España es ahora un estado aconfesional; por otra, lo de suspender temporalmente sus funciones puede servir de símbolo, significación, de que moralmente él no coincide con el contenido de esa ley -como fue el caso del rey Balduino-, pero no deja de ser un poco absurdo: "No lo firmo porque me doy de baja pero sigo siendo el Rey..."
Durante la fase de elaboración de la Constitución de 1978, yo mismo, en conversaciones con el entonces presidente de las Cortes, Antonio Hernández Gil, sugerí buscar una fórmula para evitar que el Rey se convirtiese en una máquina de firmar en caso de que, por motivos morales u otros, no estuviera de acuerdo con alguna disposición legal -como se preveía en otras constituciones anteriores-.
Por Maite Alfageme. Más información en la edición en papel de la revista Época.
Fue la noche más larga del monarca. Y la más importante; tanto, que marcó un antes y un después en su reinado.
Se preparaba para jugar un partido de squash en La Zarzuela cuando le avisaron de que unos guardias civiles habían tomado las Cortes. De inmediato, cambió la raqueta por el teléfono y no lo soltó hasta casi entrada la media noche. Eran las 6.20 de la tarde del 23 de febrero de 1981.
A esa hora, se votaba en la Carrera de San Jerónimo la investidura de Calvo Sotelo como presidente del Gobierno, tras la dimisión de Suárez. Fue cuando Tejero irrumpió con sus hombres en el Hemiciclo, subió a la tribuna de oradores y pronunció una frase que de haber tenido el teniente coronel acta de diputado en vez de tricornio y galones, hubiera pasado a los anales del parlamentarismo español como una de las más célebres: "¡Se sienten, coño!".
La orden, acompañada de tiros al aire, fue acatada sin discusión por el cuerpo parlamentario en bloque, salvo Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado, quien se enfrentó valerosamente con los asaltantes. Una vez controlada la situación, Tejero anunció a la Cámara que obedecía "órdenes del Rey y del general Milans del Bosch, capitán general de Valencia". Era la primera vez que la figura del monarca salía de boca de uno de los conjurados.
Sin noticias de Juan Carlos
Gabriel Cisneros, uno de los padres de la Constitución, ocupaba aquella tarde su escaño en el Congreso cuando entró Tejero, como un Pavía del siglo XX, pero sin caballo. "Sentí miedo físico, pero no temor político", dice. "Era todo tan anacrónico, iba tan a contrapelo del sentir de los españoles, que aquello no podía triunfar". En cuanto a si el Rey podía estar entre bambalinas, moviendo los hilos del complot, Cisneros es tajante: "Nunca lo pensé. Otra cosa es que lo pensaran algunos de los conspiradores".
¿Algunos? O todos, como sostiene Javier Dusmet, capitán adscrito a la Brigada Acorazada Brunete cuando el 23-F. "De todo me enteré sobre la marcha. Unas horas antes, mi amigo el comandante Pardo me lo contó. Me dijo que se trataba de un golpe de timón para reorientar la situación. No hay que olvidar, entre otras cosas, que ETA mataba un día sí y otro también, y que a los cadáveres se les sacaba por la puerta de atrás para enterrarlos.
Acepté embarcarme en la aventura porque Pardo me dijo que además de Milans, estaba el Rey. Me lo creí porque Pardo estaba convencido. Y no sólo él, sino el resto", dice Dusmet refiriéndose a los militares que tomaron parte.
Los escépticos de las versiones oficiales ven en las casi siete horas transcurridas desde la toma del Congreso por Tejero hasta la alocución televisada del Rey el signo de que el monarca era el capitán indiscutible de la cuadrilla conjurada. Según los amigos de la teoría de la conspiración, el Rey se habría dirigido a la nación cuando vio que las posibilidades de éxito de la asonada eran remotísimas. Pero hay testigos de la actuación de Don Juan Carlos aquella noche que desmontan, punto por punto, esta teoría. Como Jesús Picatoste, periodista que grabó para TVE el mensaje del Rey ordenando a los golpistas deponer su actitud.
"¡Echando leches para televisión!"
Sostiene Picatoste que lo ocurrido el 23-F no se puede interpretar sólo con el análisis sesudo de documentos: "Ha de primar el testimonio de las fuentes directas". Para el periodista, bastarían algunos matices para "perfilar" el talante con que se afrontó la crisis en La Zarzuela. Entonces, ¿hizo el Rey cuanto pudo por retrasar su mensaje? "No.
Se habría ganado tiempo si en Zarzuela hubieran dispuesto de los medios necesarios para emitir en directo. Por otro lado, mi equipo y yo no pudimos abandonar Prado del Rey, tomado por los golpistas, hasta eso de las nueve, cuando nos lo ordenó sigilosamente nuestro director, Fernando Castedo.
Al llegar a Palacio, la grabación se demoró hasta cerca de las 12 porque las circunstancias lo aconsejaron: el Rey seguía al habla con los capitanes generales, lo que demuestra que si hubiera estado detrás no podría haberlo tenido más fácil: hubiese bastado una orden suya". ¿Era el monarca un manojo de nervios? "Para nada. Sabía perfectamente lo que hacía. Contagiaba serenidad. Ni siquiera en los minutos previos a la grabación perdió su sentido del humor. Bromeaba con el Príncipe a costa de mi apellido".
Y llegó el momento de la grabación. Juan Carlos, de capitán general, sin maquillaje ni retoques, para ahorrar tiempo. Y el mensaje que se tiene que grabar dos veces, porque en la primera el monarca se ha tropezado con una palabra y porque no viene mal una copia de seguridad. "¿Ahora?", le pregunta el Rey a Picatoste. "¡Ahora!", le responde éste, "¡pues echando leches para Televisión Española!".
El mensaje del Rey emitido a la 1.15 de la madrugada sentenció el golpe. Era cuestión de horas que Milans ordenase en Valencia regresar a sus carros a los acuartelamientos, que Tejero se entregase a las puertas de las Cortes y que se destapara el doble juego del general Armada, que había pasado la tarde-noche del 23-F poniéndole una vela al Rey y otra a los golpistas. De todas formas, hacía horas que el levantamiento había ido perdiendo fuelle.
La hoja de ruta diseñada por los espadones contemplaba la toma del Congreso y el levantamiento de las capitanías generales. De ser así, sólo Tejero y Milans habrían cumplido su parte. En la División Acorazada Brunete, el capitán Dusmet no cabía en sí de indignación. "Sabíamos que los capitanes generales tenían noticia del asunto y ahora pretendían que todo quedara en que un pirado, que sería Tejero, había montado un pitote en el Congreso. Pues no señor, no lo íbamos a permitir. Por eso, cuando ya estaba todo perdido, el comandante Pardo, tres capitanes y yo cogimos una compañía de la Policía Militar y nos encerramos con Tejero en el Congreso, para que quedara constancia de que el Ejército también estaba. Durante el viaje en el Jeep, oímos el discurso del Rey y dijimos: ?¡Hombre, otro que se echa para atrás?".
El alto sentido de la lealtad le costó a Dusmet dos años de cárcel, durante los que él y sus compañeros de pronunciamiento hablaron largo y tendido. "La conclusión a la que llegamos fue que se trató de una operación orquestada por manos siniestras para consolidar la democracia y la Corona. Y pensamos ?pues mira, de algo ha servido?. O sea, que no nos pareció mal del todo", dice Dusmet con una carcajada.
De republicanos a juancarlistas
Conspiración o no, el 23-F marcó un antes y un después en el reinado de Juan Carlos. Dice Cisneros que esa noche, "el hemisferio izquierdo de la vida política, que hasta ahora lo había tolerado, como mucho, vio al Rey como lo que era: el garante de los derechos y libertades públicas". Así, Carrillo cambió el guasón "Juan Carlos el Breve" con que se refería al monarca por un respetuoso "Don Juan Carlos".
Muchos se acostaron republicanos y se levantaron juancarlistas, reeditando así la idea de la legitimación de ejercicio en detrimento de la de origen. La izquierda olvidó que Juan Carlos era el sucesor de Franco "a título de Rey" y que había jurado los Principios Fundamentales del Régimen, y empezó a verlo como el "Rey de todos los españoles", viejo delirio borbónico hecho realidad.
En definitiva, la del 23-F fue para el Rey la noche de la alternativa. Y a pesar de que, a petición del público, dio la vuelta al ruedo, hubo aficionados en los tendidos que le dijeron no con el dedo, moviendo ostensiblemente el brazo de lado a lado. Los sigue habiendo. No ya porque sospechen de su proceder el 23-F, sino porque piensan que esa noche Juan Carlos sacó unas oposiciones a monarca y se tumbó cómodamente a verlas venir, como si la Corona y el trono no hubiera que ganárselos día a día. Con el sudor de la frente.
Por Gonzalo Altozano.
Tal vez, dicen, en ese momento el Rey puede sugerir, aconsejar a los políticos sobre la forma más conveniente de formar mayorías para el interés común, en caso de que nadie tenga mayoría absoluta y existan varias posibles combinaciones. Pero ésa es una interpretación.
Lo cierto es que, una vez constituido un Gobierno, las relaciones entre La Zarauela y La Moncloa son necesarias, y parece muy conveniente que sean las mejores posibles. Pero no siempre ha sido así, ni con todos los presidentes del Gobierno, ni con un mismo presidente en todo el tiempo de su mandato. Al pasar de lo que dicen los papeles a la realidad de las personas con nombre y apellidos, las cosas cambian.
Hasta ahora, Don Juan Carlos ha tenido que convivir con seis presidentes del Gobierno: Carlos Arias Navarro (1975-76), Adolfo Suárez González (1976-81), Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo (1981-82), Felipe González Márquez (1982-96), José María Aznar López (1996-2004) y José Luis Rodríguez Zapatero (2004-?).
La relación con Arias, presidente heredado de Franco, nunca fue buena; no había eso que ahora llaman química entre los dos; y como todavía estábamos sin Constitución, el Rey hizo saber al país que Arias no frenaría el proceso hacia la democracia. Lo hizo de un modo curioso: otorgó una entrevista a Arnaud de Borchgrave, del semanario Newsweek, y éste, aun sin poner las palabras entre comillas, contó que el Rey le había dicho que Arias era un unmitigated disaster, un desastre sin paliativos. Los medios españoles se encargaron del resto, al recoger la entrevista. Arias dimitió, y el Rey le otorgó el título de marqués.
"Lo que me ha pedido"
Don Juan Carlos tuvo mucho protagonismo en la designación de Suárez. Era verano de 1976. La designación del presidente del Gobierno seguía aún los métodos del franquismo. Tras reunirse el Consejo del Reino (una docena de personas relevantes del régimen), ofreció al Jefe del Estado una terna, y éste elegía a uno de los tres propuestos.
El truco del mecanismo consistía, obviamente, en colocar en la terna el nombre querido por el Rey. De esta labor se encargó el entonces presidente de las Cortes, Torcuato Fernández-Miranda, quien, al término de la reunión, no pudo reprimir un punto de vanidad en ese instante de gloria, y anunció: "Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que me ha pedido". El nombre -y posterior elección- de Adolfo Suárez fue una sorpresa morrocotuda.
El entendimiento entre el Rey y Suárez fue perfecto en los primeros tiempos del mandato de éste. Pero a medida que la relación entre la UCD y el PSOE se fue agriando, también se deterioró la relación Rey-presidente del Gobierno. No trascendían los detalles, pero era visible que Don Juan Carlos tenía muchas ganas de ser el Rey de una España con Gobierno socialista.
Se ha escrito mucho sobre las tiranteces entre La Zarzuela y La Moncloa en esa época. Suárez tomó la decisión irrevocable de dimitir, con independencia de si al Rey le parecía bien o no; y probablemente le parecía mal o, cuando menos, generador de un riesgo alto de desestabilización: en sectores militares era patente un descontento que arrancaba de la legalización del Partido Comunista.
Leopoldo, 'el Breve'
Leopoldo Calvo-Sotelo tuvo un mandato muy breve, llamado además a servir de preparación de la espectacular victoria socialista de octubre de 1982. Pero en el año y medio mal contado en que ocupó La Moncloa rindió dos importantísimos servicios a España, que no se le han agradecido lo bastante: el juicio contra los responsables del golpe del 23 de febrero de 1981, y el ingreso de España en la OTAN. Dos hechos irreversibles que nos han librado de no pocas posibilidades creativas de algunos de sus sucesores.
Los 13 años y medio de Gobiernos de Felipe González consolidaron la ausencia del Rey de toda capacidad de influencia regia en la política. La sensación era que González animaba al Rey a tomar parte en cualquier acontecimiento al que fuera invitado, siempre que fuera lejos de España y no tuviese nada que ver con la política.
Hasta tal punto llegó la cosa, que persona muy próxima al Rey comentaba amargamente a sus íntimos que "los socialistas están poniendo al Rey tan alto, tan alto, que ya apenas se le ve". Pero la relación Rey-González, pequeños roces y meteduras de pata resonantes aparte (como el discurso que dieron a leer al Rey que incluía párrafos enteros de un artículo publicado meses atrás por González), pasará como una relación fluida, aunque no tanto como la que el Rey mantuvo con el vicepresidente Alfonso Guerra, con quien despachó en algunas ocasiones en ausencia de González.
Don Juan Carlos estaba encantado con Guerra, con fama de enfant terrible, que en cuanto entraba en La Zarzuela era el más encantador interlocutor de Su Majestad.
Con José María Aznar, la relación ha sufrido altibajos. Siempre afable, siempre más que correcta, pero sin química, al menos a los ojos de la opinión pública. Los ocho años de aznarato han sido, en este sentido, neutros, al menos en lo que se refiere a las consecuencias de una relación personal que ni ha tenido la intimidad de los primeros años de Suárez, ni la complicidad de los años de González.
Ahora empieza la era Rodríguez, cuya duración no se sabe cuál será. Algunas iniciativas del Gobierno han colocado al Rey en posición incómoda, como la ley que equipara el matrimonio a las coyundas homosexuales. Cuando la llamada ley del aborto de 1985, los Reyes visitaron Roma poco antes de su aprobación y se entrevistaron con el Papa.
No se sabe de qué hablarían, pero lo cierto es que todas las veces que Juan Pablo II vino a España dispensó un trato afectuoso a los Reyes. Ahora, con la reforma del Código Civil, El Confidencial Digital ha contado que al día siguiente de su aprobación, La Zarzuela pidió audiencia a Benedicto XVI, pero la apretada agenda del Papa no la ha permitido. Estamos empezando; sólo llevamos un año de Rodríguez.
Por Ramón Pi.
viernes, 5 de agosto de 2005
El Rey expresa sus condolencias por la muerte del monarca saudí
Según fuentes diplomáticas, el Rey no viajó inmediatamente a Arabia Saudí tras la muerte del rey Fahd porque según el protocolo árabe, los mandatarios con los que se mantiene una relación más amistosa son recibidos más tarde para poder dedicarles mayor atención.
Así lo acredita la visita de Don Juan Carlos que fue invitado a almorzar por el nuevo Rey Abdalá.
Además, Don Juan Carlos tenía intención de abandonar Arabia Saudí por la tarde pero aceptó la cordial invitación de cenar por el nuevo príncipe heredero.
Por cierto, el Ministro de Exteriores sí abandonó el país como estaba inicialmente previsto y se puso a su disposición un avión de la Casa Real Saudí.
Crónica de ABC:
El Rey Don Juan Carlos ha expresado hoy personalmente sus condolencias al nuevo monarca saudí, Abdalá bin Abdelaziz, por el fallecimiento de su hermano el rey Fahd, ocurrido el pasado lunes
Don Juan Carlos visitó al rey Abdalá en uno de los palacios reales de Riad, donde coincidió con la delegación estadounidense encabezada por vicepresidente, Dick Cheney
Su Majestad el Rey, que inicialmente tenía previsto regresar hoy mismo a la isla de Mallorca, donde pasa las vacaciones de verano y de donde partió de madrugada rumbo a Riad en un avión de la Fuerza Aérea Española, aceptó la invitación a cenar del príncipe heredero, Sultán Bin Abdelaziz, quien tenía deseos de intercambiar puntos de vista con el monarca
Según fuentes diplomáticas, el ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Angel Moratinos, regresó a España en un avión cedido por la Casa Real saudí
El Rey llegó al aeropuerto de Riad pasado el mediodía, poco después de la comitiva estadounidense en la que, además de Cheney, viajaban el ex presidente George Bush y el ex secretario de Estado Colin Powell, quienes en 1991 dirigieron la coalición militar internacional que, partiendo de Arabia Saudí, desalojó a las tropas del dictador iraquí, Sadam Husein, del emirato de Kuwait
Ambas comitivas se desplazaron a uno de los palacios del nuevo soberano saudí a la afueras de la capital, donde tras el saludo protocolario al rey Abdalá, le expresaron sus condolencias por el fallecimiento del rey Fahd, con quien Don Juan Carlos mantenía una vieja amistad
El nuevo príncipe heredero, que hasta ahora ocupaba la cartera de Defensa, decidió invitar a cenar a Don Juan Carlos para poder tener tiempo de abordar la situación de las relaciones familiares y los asuntos de interés bilateral
Según informó un portavoz de la Casa del Rey, ambos aprovecharán la ocasión para intercambiar puntos de vista sobre asuntos internacionales como la actual situación en Palestina o Irak. Las mismas fuentes explicaron que la invitación del príncipe heredero era atribuible al intenso trabajo diplomático desplegado por Arabia Saudí para atender a todos los mandatarios y delegaciones extranjeras que han acudido a Riad en los últimos días para expresar sus condolencias por el fallecimiento del rey Fahd
Don Juan Carlos mantuvo contactos telefónicos con el nuevo soberano de Arabia Saudí y con otros miembros de la familia real de este país, una vez conocida la noticia del fallecimiento del rey Fahd. Además, envió un telegrama de condolencia en su nombre, en el nombre del Gobierno y del pueblo de España a la familia real saudí
Desde el pasado lunes, numerosos jefes de Estado y de Gobierno han visitado la capital saudí con el mismo objeto, entre ellos varios europeos, incluidos el presidente de Francia, Jacques Chirac, o el príncipe Carlos de Inglaterra
Las autoridades saudíes han reforzado en los últimos días las medidas de seguridad en Riad, donde además de la visitas de dignatarios extranjeros, se han celebrado, como en las demás ciudades de Arabia Saudí, ceremonias especiales en las que los saudíes expresaron su adhesión al nuevo monarca
A pesar de que hoy, viernes, es el día de oración para los musulmanes, la capital saudí vive una intensa actividad política, después de que los dirigentes locales y líderes religiosos concurrieran el miércoles y el jueves en la tradicional "Mubaia", ceremonia en la que muestran su adhesión al nuevo rey
El soberano saudí ofreció un almuerzo al Rey de España al que también asistieron Dick Cheney, George Bush y Colin Powell, y las respectivas comitivas.
jueves, 4 de agosto de 2005
Pervivencia del Estado en la España constitucional
POR PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO RECTOR DE LA UNIVERSIDAD REY JUAN CARLOS ABC ... El Estado no es hoy, en consecuencia, sustituible. El reto no es, por ello, su defenestración, sino ser capaces de conformar su perfil, definir sus cometidos y optimizar su eficiencia... LOS tiempos presentes no son el mejor momento para la reivindicación del Estado. Quedan lejanas las formulaciones -de Maquiavelo a Bodino-, que no sólo buscaban la justificación de esta entonces nueva forma de organización política, sino que ensalzaban sus ventajas frente a las realidades políticas de la Antigüedad, la polis griega y la civitas romana, y el Imperio medieval. Incluso las construcciones clásicas, desde el absolutismo, como en Hobbes, hasta las liberales o radicales, de Locke o Rousseau, son interpretadas de manera desconfiada. Ocurre que a los horrendos excesos totalitarios del siglo pasado -el «Holocausto» del nacionalsocialismo alemán, el dirigismo cultural del «Libro del Estado» del fascismo italiano y el «Gulag» del comunismo stalinista- ha seguido el auge de ciertos movimientos que auspician el desmantelamiento del Estado en beneficio de una sacrosanta sociedad civil. Para llegarse, por sus defensores más conspicuos, a atisbar alternativos modelos de organización, a reclamar la superación de las categorías estatales y a pedir su sustitución por otra ordenación de la vida pública. Pues bien, en este contexto adverso, me gustaría romper una lanza a favor de la indispensable pervivencia del Estado. Nadie me tiene que convencer, pues no es necesario, de la efectividad de los postulados liberales o descentralizadores en las sociedades modernas, pero de ahí a impulsar la aniquilación nihilista de todo lo que lleve el marchamo de Estado, hay un salto, no sólo lógico, que también, sino social y político que no puedo compartir. Así, por ejemplo, y aunque es verdad que no corren los mejores tiempos para la Constitución europea, tras la negativa de los referenda en Francia y Holanda, su artículo 1 dispone con claridad que «La presente Constitución, que nace de la voluntad de los ciudadanos y de los Estados de Europa...». Y de aquí mi satisfacción por el último libro de Francis Fukuyama, La construcción del Estado. Hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI, donde se ponen al descubierto los desaciertos de una política de demolición sistemática del Estado. Se ha pasado con ligereza de un deseable adelgazamiento de las dimensiones de un Estado hipertrofiado, a la constatación de una peligrosa debilidad estructural. ¡Y es que es más importante la construcción de la idea de Estado de Derecho en el desarrollo de la economía de mercado, que las políticas propias de privatización! El modelo a seguir se encontraría así a medio camino entre los excesos ineficaces de un mal entendido Estado del Bienestar y un desacertado liberalismo radicalizado. La razón es obvia: el Estado sigue siendo necesario. El Estado, y no otra pretendida entidad política, permanece velando en un Estado de Derecho por la seguridad y libertad personal. ¡Qué más se puede pedir! Pero es que además, el progreso económico no es factible -los países de África e Iberoamérica así lo atestiguan- sin un Estado que sirva de esqueleto sustentador; que dote a la sociedad civil de una infraestructura institucional, que permita el afianzamiento de la economía de mercado, que aborde la educación, que haga real la igualdad de oportunidades y que garantice sus derechos más básicos. El Estado no es hoy, en consecuencia, sustituible. El reto no es, por ello, su defenestración, sino ser capaces de conformar su perfil, definir sus cometidos y optimizar su eficiencia. Las incontrovertibles reivindicaciones de mantenimiento del orden y de la seguridad pública, de respeto ineludible al principio de legalidad, de innegociable calidad en la gestión de las Administraciones, de una ambicionable reforma de la justicia, de inaplazables revisiones fiscales más integrales, de democrático impulso de la participación ciudadana y de consecución de mejores cotas de justicia social, sólo son posibles desde la acción, vigilante o transformadora, del Estado. Todos hemos tenido ocasión de vislumbrar las amenazas que acechan a Estados débiles o fragmentados. Me refiero a la extensión de los conflictos sociales, a la desvertebración política, al quebranto económico de los pueblos desgobernados, al auge de la corrupción política, a la lacra del terrorismo internacional -tan próxima tras la barbarie del pasado 7 de julio en Londres-, a la violación de los derechos fundamentales, a los altos niveles de analfabetismo, etc. Y si esto es así con carácter general, también algo debe decirse, aunque el contexto es obviamente muy otro, respecto de la conveniencia de preservar un mínimum de Estado, en el sentido estricto del término, pues las Autonomías, aunque se olvide, también forman parte de él, en la España constitucional. Una España constitucional asentada en la Nación española, la única que reconoce la Constitución de 1978, y organizada políticamente desde hace más de quinientos años sobre un único Estado: el Estado español. Es cierta, nadie lo discute, la profunda transformación habida en los últimos años -el Estado de las Autonomías- que ha puesto fin, con el generoso reconocimiento de las diferentes «nacionalidades y regiones que la integran» (artículo 2 de la Constitución española), a un exacerbado y triste centralismo autoritario. Pero un proceso, claro está, que se ha erigido sobre la creciente asunción de competencias por las Comunidades Autónomas en detrimento de las hasta hace poco absolutas e intangibles potestades del Estado. Un Estado que resguarde la continuidad de nuestros valores compartidos y de una cohesión nacional en materias como la política internacional, el modelo educativo, la organización judicial, el sistema sanitario y el orden fiscal. Un Estado que tutele el principio de unidad jurídico y económico imprescindible. Un Estado que ampare la igualdad de derechos y deberes en todo el territorio nacional. Un Estado que asegure unas prestaciones sociales comunes. Un Estado, en fin, capaz de respaldar una política de coordinación y solidaridad interterritorial entre los pueblos de España (Preámbulo y artículo 2 de la Constitución). Unas reflexiones que resultan ineludibles tras el rechazo hace unos meses por el Congreso del secesionista Plan Ibarretxe, la llegada a la Cámara Baja de la reforma del Estatuto de la Comunidad Valenciana y la preocupante discusión de la reforma estatutaria en Catalunya. Algo que en la España constitucional hemos de resguardar dado el proceso de descentralización y la salvaguardia de unos referentes coparticipados e integradores. Cuidado, ahora en pleno debate estatutario, con modelos de financiación insolidarios, con ficticios derechos históricos para desplegar inconfesables políticas, con un fraudulento uso del artículo 150. 2 de la Constitución para vaciar de competencias al Estado, con la modificación directa de leyes orgánicas o con el blindaje y atribución de falsas competencias excluyentes. Sin olvidar su peligroso desmantelamiento, en este caso desde el propio Estado, a través de la promulgación de desordenadas leyes sectoriales en materias de educación, justicia, función pública o hacienda. En palabras de Nicolás Maquiavelo, quién mejor para referirse a lo stato, «si se conocen anticipadamente los males que pueden después manifestarse... quedan curados muy pronto».
miércoles, 3 de agosto de 2005
El legado del rey Fahd
THE WALL STREET JOURNAL EUROPE - 03/08/2005
En el estricto plano político, la muerte del rey Fahd acarreará escasas consecuencias: su sucesor, el príncipe heredero Abdallah, ya gobernaba de hecho el país desde que el rey Fahd sufrió un infarto en 1995 y no parece que se produzcan sobresaltos. Desde el punto de vista histórico, sin embargo, la muerte del rey representa una ocasión para trazar el declive de Arabia Saudí, un declive tan abrupto como fue en su día su ascenso desde su condición de tranquilo remanso beduino a la actual superpotencia petrolera. Cuando el rey Fahd recibió el poder de manos de su hermano Jaled, Arabia Saudí era uno de los países más ricos del mundo, pero desde entonces su PIB ha caído alrededor de dos tercios mientras que su población se ha triplicado. Tal situación es atribuible, en parte, a las fluctuaciones del mercado petrolero, pero este factor no hace más que enmascarar el hecho de que el país no ha diversificado su economía.
En el reinado de Fahd, además, hay que anotar su apoyo económico al islamismo radical y a diversos grupos terroristas aparte de la ayuda económica a las madrazas y al wahabismo con los resultados conocidos. La ironía es que tales iniciativas no le han ahorrado a la monarquía saudí ser el blanco de las iras de los yihadistas...
En numerosas necrológicas se alude estos días a las buenas relaciones del rey Fahd con Estados Unidos, y en particular a la decisión del monarca de autorizar la presencia de tropas estadounidenses en suelo saudí en 1990 destinadas al conflicto del Golfo. No obstante, en realidad el gesto obedeció a la amenaza de la invasión iraquí.
Desaparecido el rey Fahd, la tarea principal estriba en lograr que Arabia Saudí aborde seriamente el amplio abanico de las preocupaciones e intereses estadounidenses y no sólo los relativos al petróleo. Porque en ello le va también su propia supervivencia al reino saudí.
Comentario en la muerte del Rey Fahd
El triste legado de un rey
O sea que el anciano fue enterrado ayer a las afueras de la capital saudí, Riad, en un cementerio del desierto sin monumentos conmemorativos. La estricta tradición wahabí -a la que, por supuesto, pertenece también ese otro saudí mucho más afamado, Ossama Bin Laden- prescribe que no haya estatuas, lápidas ni losas. Así pues, dejaron a Fahd sobre la arena del desierto, con la cabeza tocando la tierra, lo cubrieron y allí yacerá por toda la eternidad. Ni siquiera una piedra señalará su emplazamiento.
¡Ojalá alguno de nuestros grandes dirigentes tolerase semejante humildad -aunque fuese con menos ostentación- en su muerte!
El rey Fahd de Arabia Saudí ha muerto tras 22 años en el trono. Su sucesor, el príncipe heredero Abdallah, ocupó ayer oficialmente su lugar. Sin embargo, el viejo rey murió en realidad en 1995, cuando una embolia lo dejó discapacitado, le paralizó la mente y le confundió los sentidos: el Guardián de los Dos Lugares Sagrados, a sus 82 años, pedía a menudo al servicio que sirvieran café a los huéspedes musulmanes durante el Ramadán, cuando está prohibido beber y comer nada durante el día.
De hecho, su hermanastro, el príncipe heredero Abdallah, venía siendo rey desde entonces y, ahora, cuando tiene más de 80 años, seguirá "aferrándose al poder", como dice el cliché. Otro hermanastro -todos estos hermanastros reflejan la ascendencia beduina de la monarquía saudí-, el príncipe Sultan Bin Abdelaziz, es el nuevo príncipe heredero. Y ya cuenta con 77 años. Quienes afirman que la familia real saudí está encabezada por ancianos anquilosados no carecen de razón... pero quizá se quedan cortos. Igual que su gigantesco vecino petrolero del norte, Irán, Arabia Saudí se ha convertido en una necrocracia: el gobierno de, con y para los muertos.
Llevábamos años diciendo que Fahd fallecería: en su enorme palacio familiar de Andalucía (él sabía, claro está, que esa región formó una vez parte de un refinado imperio árabe); en alguno de sus esplendorosos y absurdos aviones a reacción, con sus interiores diseñados a imitación de una tienda árabe; o en esa piscina tristemente famosa. Los funcionarios insisten en que padecía una neumonía y fiebres muy altas, que todo lo demás eran "especulaciones maliciosas", lo cual quiere decir que todo era cierto.
Sin embargo, ése fue el hombre que creó las legiones árabes contra la invasión soviética de Afganistán en 1979, cuando, como bien sabemos, Ossama Bin Laden ocupó el papel de príncipe porque los verdaderos príncipes de Fahd -un total de 7.000, entre oficiales y extraoficiales- preferían los bares de Mónaco o las putas de París a empuñar una espada por la religión cuyos dos lugares más sagrados, La Meca y Medina, se encontraban en su país.
También fue el mismo rey Fahd quien llevó al golfo Pérsico -y más adelante a los estadounidenses- la ira de Ossama Bin Laden y su Al Qaeda al pedir a Estados Unidos que enviase tropas para proteger la tierra del Profeta tras la invasión de Kuwait emprendida en 1990 por Saddam Hussein. Su destino podría haber sido el de morir antes en un asesinato; pero era difícil asesinar a un hombre que ya está muerto.
Fue el rey que vertió sus enormes arcas en los fondos de la guerra de Saddam Hussein contra Irán, eludiendo diligentemente mencionar a los 60.000 soldados y civiles iraníes que murieron gaseados durante ese conflicto, con la esperanza de que la Bestia de Bagdad (que era amigo nuestro en aquel entonces, huelga decir) pudiera derrocar a aquella otra bestia mucho más temible, el revolucionario ayatolá Ruhola Jomeini.
Cuando Saddam llegó a Kuwait, Fahd le escribió una carta en la que le recordaba lo mucho que habían contribuido los saudíes en su cruenta guerra contra Irán. "Oh, gobernante de Iraq -escribió Fahd-, el reino entregó a su país 25.734.469.885 dólares con 80 centavos". Analizando esa cantidad, una vez calculé que la cifra dada por los cortesanos de Fahd se equivocaba en un dólar y un centavo. Por otro lado, los banqueros de Fahd calculaban haber gastado 27.500 millones de dólares en pagar a Estados Unidos por la liberación de Kuwait; un poco más de lo que le habían pagado a Saddam.
Fueron Fahd y los pakistaníes quienes, en nombre de Estados Unidos, ayudaron a armar a las milicias de Afganistán contra la Unión Soviética, y quienes -indignados por las disputas heredadas de los vencedores- respaldaron al ejército wahabí del mulá Omar y sus eclesiásticos campesinos con pretensiones de superioridad moral, los talibanes. Con Fahd, el reino saudí invirtió millones en las madrazas de Pakistán que de nuevo han saltado a los titulares después del 7 de julio. Los talibanes (igual que algunos de los terroristas suicidas de Londres) eran un auténtico producto del wahabismo, la estricta fe islamista pseudorreformista del Estado de Arabia Saudí fundada en el siglo XVIII por el clérigo Mohamed Ibn Abd Al Wahab.
A los periodistas les gusta afirmar que el wahabismo es oscurantista,pero no es cierto. Abd Al Wahab no fue un gran pensador ni un gran filósofo, pero, para sus seguidores, era casi un santo. Combatir contra los musulmanes que habían pecado era parte obligada de su filosofía, ya fueran los desviados musulmanes chiíes de Basora -a quienes intentó convertir en vano al islam suní (lo echaron a patadas)- o los árabes que no seguían su propia interpretación exclusiva de la unidad musulmana.
Sin embargo, Abd Al Wahab también proscribió cualquier rebelión contra los gobernantes. Su ortodoxia amenazaba a la casa de Saud de nuestros días a causa de la corrupción de ésta, pero al mismo tiempo aseguraba su futuro, puesto que prohibía toda revolución. La familia reinante saudí -el rey Fahd se encontraba en el centro de esta ironía en pleno siglo XX-, pues, adoptó la única fe que podía a la vez protegerla y destruirla.
Por eso, hablar en la Arabia Saudí actual de "tomar medidas contra el terror", de proteger los derechos de las mujeres o de disminuir el poder de la policía religiosa no son más que bobadas.
Todavía no ha sido explorado por completo el papel de Arabia Saudí -bajo el gobierno nominal de Fahd- en los crímenes contra la humanidad del 11 de septiembre del 2001. Mientras que destacados miembros de la familia real -en especial el entonces príncipe heredero Abdallah, que nunca estuvo tan convencido como Fahd del acierto de la política exterior estadounidense en Oriente Medio- expresaron la conmoción y el espanto de rigor, tal como se esperaba de ellos, no hicieron ningún intento por examinar la naturaleza del wahabismo y su desprecio inherente por toda representación de la actividad humana y de la pérdida de vidas.
La destrucción de los dos budas gigantes de Bamiyan a manos de los talibanes en el año 2000, así como el vandalismo en el museo de Kabul, encajaba a la perfección con su sabiduría teocrática. Igual que las Torres Gemelas del World Trade Centre, podría argumentarse. En 1820, las tan veneradas estatuas de Dhu Khalasa, que databan del siglo XII, fueron destruidas por wahabíes. Sólo unas semanas después de que el profesor libanés Kamal Salibi insinuara, a finales de la década de 1990, que unas antiguas aldeas judías en lo que es la actual Arabia Saudí podían haber constituido escenarios de la Biblia, Fahd envió excavadoras para destruir los antiquísimos edificios de esas poblaciones. Las autoridades religiosas saudíes destruyeron cientos de estructuras históricas de La Meca y Medina en nombre de la religión, y antiguos funcionarios de las Naciones Unidas condenaron el derribo de edificios otomanos en Bosnia por parte de un organismo de ayuda saudí respaldado por el gobierno de Fahd, que afirmaba que eran "idolátricos".
De manera que tanto hablar de príncipes inquietos y de posibles rivalidades entre hermanastros ahora que Fahd ha muerto tiene una especie de falsa importancia. La sociedad saudí no es una sociedad moderna -ni podrá serlo- en el sentido que le damos nosotros a la palabra mientras el wahabismo siga en el poder. No obstante, debe permitirse su continuidad... para proteger al rey. Y, puesto que Arabia Saudí cada vez es un país más pobre, las autoridades wahabíes y la policía religiosa tienen cada vez más fuerza.
Asimismo, puesto que cada vez dependemos más de los saudíes para que nos suministren petróleo, cada vez callamos más todo lo que va mal en ese reino. Nuestra política para con Arabia Saudí es ahora exactamente la misma que en Irán en 1979, antes de la caída del sha. Según el genial periodista estadounidense Seymour Hersh, cuando el príncipe Sultan era gobernador de Riad dijo una vez, durante una conversación telefónica interceptada por los estadounidenses, que el rey Fahd no sabía lo que sucedía durante un vuelo internacional. "Es prisionero del avión -comentó-. Igual que toda la familia real saudí."
© The Independent Traducción: Laura Manero Jiménez / REUTERS
martes, 2 de agosto de 2005
Funerales del rey Fahd de Arabia Saudí
RIAD.- Una nutrida representación de líderes árabes y extranjeros participa ya en Riad en las ceremonias funerarias por la muerte del rey Fahd, fundador de la Arabia Saudí moderna.
Mandatarios de Oriente Próximo, como los presidentes de Egipto, Hosni Mubarak, Irak, Yalal Talabani, la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, Afganistán, Hamid Karzai, Pakistán, Pervez Musharraf, o Argelia, Abdelaziz Buteflika, confirmaron que llegarán hoy a la capital saudí.
Desde Occidente, llegarán para mostrar sus condolencias representantes de la nobleza europea, como el príncipe Carlos de Inglaterra y dignatarios del viejo continente como el presidente francés, Jacques Chirac.
Pese a que fue decretado hoy un día de luto oficial por la muerte de Fahd, España no ha enviado todavía a ninguna delegación oficial a la ceremonia. Fuentes de la Casa Real han informado de que el Rey don Juan Carlos, actualmente de vacaciones en Mallorca, tiene previsto acudir al país en las próximas horas, cuando las autoridades saudíes determinen la organización de su llegada y el calendario de los actos previstos a partir de ahora.
Ceremonia austera
Las exequias de Fahd no siguen el patrón de otras ceremonias celebradas en el mundo árabe. Están siendo austeras y carecen del lujo y el boato en el que se ha forjado la epopeya de este rey con fama de noble y justo.
El cuerpo del soberano fue trasladado desde el Hospital Rey Faisal a la mezquita del Imán Turki bin Abdala envuelto en un paño de tela marrón -la tradicional 'abaya' árabe- sobre una tabla de madera que transportaron sus hijos y colocado en medio de la mezquita.
La estricta y radical interpretación del Islam que rige en Arabia Saudí, conocida como 'wahabismo', proscribe cualquier tipo de funeral de Estado y recomienda un acto sencillo en una mezquita y el entierro en un fosa, envuelto el cuerpo con un simple sudario blanco.
Los principios del 'wahabismo' también prohíben que la sepultura quede marcada, ya que considera que todos los musulmanes regresan igual al polvo, haya sido como haya sido su tránsito por el mundo terrenal.
Así, Fahd quedará enterrado, como sus predecesores en el trono, en una parcela anónima del cementerio Al-Oud, vecino a la capital de su reino.
Antes de ello, poco después de la oración de la tarde, un muecín ha recitado en su memoria varios versículos de El Corán, el libro sagrado de los musulmanes, y ha entonado formulas funerarias de alabanza y súplica a Dios para que acoja su alma en el paraíso.
Especial seguridad
La ceremonia, combinada con la asistencia de líderes árabes y extranjeros, ha obligado a redoblar las medidas de seguridad en la ciudad, y en especial en torno al aeropuerto, la mezquita Turki bin Abla y el propio cementerio, prácticamente tomados por las fuerzas especiales.
Tras el acto fúnebre, el nuevo rey, Abdala, de 81 años, y su príncipe heredero, Sultán Abdelalziz, de 77 años, comenzarán a recibir las condolencias en el palacio del gobernador de Riad, Salman bin Abdelaziz, hermano del rey fallecido y hermanastro del nuevo soberano.
Miles de ciudadanos saudíes han comenzado, igualmente, a llegar a Riad para participar el miércoles en la denominada "mubaia", una ceremonia de carácter tribal en la que el pueblo aprueba la elección del nuevo monarca, le felicita y expresa su confianza en que tenga un feliz gobierno.
lunes, 1 de agosto de 2005
El Rey recibe al presidente del Gobierno
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, llegó esta tarde al Palacio de Marivent, en Palma, para celebrar su primer despacho ordinario de agosto con el Rey Juan Carlos.
Rodríguez Zapatero llegó al recinto del palacio en coche procedente de la base aérea de Son Sant Joan, a la que llegó esta tarde desde Madrid.
A continuación, el jefe de la Casa del Rey, Alberto Aza, acompañó a José Luis Rodríguez Zapatero hasta la entrada del Palacio de Marivent, donde fue recibido por Don Juan Carlos.
El jefe del Estado y el jefe del Ejecutivo posaron unos minutos para los medios gráficos y después accedieron al interior del palacio, donde despacharán.
Don Juan Carlos llevaba una corbata negra en señal de duelo por la muerte del Rey Fahd de Arabia Saudí, con el que le unía una estrecha amistad. Fuentes del Gobierno explicaron que Rodríguez Zapatero informará al Rey de los tres objetivos de contenido económico previstos por el Ejecutivo para la actual y la siguiente legislatura.
Las mismas fuentes señalaron que estos objetivos son situar la tasa de paro española por debajo de la media europea al final de la legislatura, conseguir que la deuda pública no supere el 40 por ciento del PIB y, para la próxima legislatura, lograr la convergencia con la renta per cápita europea.
Este es el primero de los dos despachos que celebran habitualmente en agosto el Rey y Rodríguez Zapatero y se prevé que el segundo sea a finales de mes.
Rodríguez Zapatero, quien hoy recibió en el Palacio de la Moncloa a la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, comienza mañana sus vacaciones de verano, que este año pasará en la isla canaria de Lanzarote.
Fuente: EFE/Palma
El sucesor Abdala, conservador y panarabista
EFE
RIAD.- Abdala bin Abdelaziz, Príncipe heredero de Arabia Saudí desde 1982, hermanastro del recién fallecido rey Fahd y heredero del trono, nació en 1924 en Arabia Saudí. Ha sido hasta ahora vicepresidente primero del gobierno y tiene orientaciones distintas a las del rey Fahd, sobre todo en lo que se refiere a la política exterior, en la que se muestra más conservador y panarabista.
A casi todos los efectos ha llevado las riendas del reino desde hace diez años, cuando Fahd sufrió un accidente cerebrovascular, y se ha mostrado crítico no sólo con Israel, sino también con la presencia de Siria en el Líbano.
En los últimos años ha sido recibido en dos ocasiones por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en la finca de éste en Texas.
En cuestiones religiosas se muestra más devoto que su difunto hermanastro, y es el único de la familia Saud del que se conocen contactos con la oposición integrista saudí, aunque ha aplicado una mano de hierro frente a los militantes islámicos.
Es hijo del rey Saud, lo mismo que el rey Fahd, si bien tienen distinta madre.
Un puesto interino
Según la nueva constitución a la muerte del monarca ocupará el trono "interinamente" pero posteriormente el más "apto" de los hijos o los nietos de Abdelaziz, creador de la dinastía de los Saud, será designado rey, sin que se precise el modo en que debe ser elegido.
En 1962 fue nombrado jefe de la Guardia Nacional e inició una tarea de reorganización y desarrollo del ejército saudí, equipándolo con armas modernas.
El ejército saudí acreditó su capacidad durante la llamada guerra de liberación de Kuwait en 1991, en la que intervinieron también varios países occidentales, especialmente Estados Unidos.
En 1975 fue nombrado por el rey Jaled (hermano del rey Fahd) vicepresidente segundo del Consejo de Ministros, cargo por el que presidía en algunas ocasiones el Consejo y que se añadía a sus responsabilidades como jefe de la Guardia Nacional.
El rey Fahd le designó príncipe heredero y le nombró por real decreto vicepresidente del Consejo de Ministros en 1982.
Abdala ha desempeñado un destacado papel en la resolución de discrepancias surgidas entre los Estados árabes, en su reconciliación y en sus esfuerzos por aproximarlos.
El 1 de enero de 1996 el rey Fahd le cedió el control de los asuntos de Estado mediante un decreto, un mes después de ser hospitalizado el monarca como consecuencia de un derrame cerebral, en diciembre de 1995.
Con esta decisión, el rey Fahd traspasaba interinamente a su hermanastro el cargo de vicepresidente, ya que el monarca ocupa además ese puesto y preside la reunión semanal del gabinete saudí.
Esta medida se basa en la Ley Fundamental del reino, promulgada en 1992 por el rey Fahd, que otorga al soberano el derecho de ceder sus poderes al príncipe heredero. Ha sido la primera vez que en esta ocasión se ha puesto en ejecución la Ley Fundamental del reino.
Mientras el monarca saudí trata de estrechar las relaciones del país con Occidente, especialmente con EEUU a pesar de la oposición de algunos miembros de la familia real, el príncipe Abdala defiende una política basada en estrechar los vínculos con los países hermanos árabes.
Crítico con su hermano
Fue precisamente el príncipe Abdala uno de los más críticos de la política saudí cuando el rey Fahd invitó a las tropas norteamericanas a establecerse en la misma Arabia que venera la santidad de La Meca y Medina. Con sus observaciones abrió un debate que se sigue manteniendo en el mundo de la política saudí.
En mayo de 1999 inició otra gira por seis países de Africa, Europa y Asia que forma parte de la política de Arabia Saudí para fortalecer sus relaciones con diversos países árabes y de otras zonas del mundo.
En junio de 1999 realiza una gira por Oriente Medio que comienza en Siria lo que es la segunda gira internacional del príncipe en menos de un año después de la que realizó en septiembre y octubre de 1998 por Reino Unido, Francia, Estados Unidos, Japón, China, Corea del Sur y Pakistán.
En febrero del año siguiente inició una gira por Oriente Medio para recabar apoyos para celebrar una cumbre árabe. En febrero de 2002 fue el artífice de un plan por el que el mundo árabe reconocería y normalizaría sus relaciones con Israel a condición de que ese país evacúe los territorios de Cisjordania y Gaza, que ocupó militarmente en la guerra de 1967, para la proclamación en ellos de un Estado palestino con capital en Jerusalén oriental. Se trataba de la segunda propuesta de paz de Arabia Saudí desde 1981, cuando el rey Fahd propuso a los Estados de la Liga Arabe, aunque sin mayor éxito, "reconocer" a Israel.
Sin embargo, meses después este plan fracasó al ser rechazado por un lado por el primer ministro israelí, Ariel Sharon, y también ante la incomparecencia en la cumbre de la Liga Arabe de Beirut (Líbano) de los principales líderes árabes, entre ellos los presidentes de Egipto y Siria, Hosni Mubarak y Bachar el Asad, el rey de Jordania Abdala II, y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasir Arafat, quien se encontraba confinado en Ramala por las autoridades israelíes.
En abril de 2002 viajó en representación de su hermanastro a Estados Unidos donde se entrevistó con el presidente norteamericano, George W. Bush, a quien pidió una firme actuación para que Israel retire sus tropas de Palestina.
En junio de 2003 patrocinó un simposio de diálogo nacional en el que participaron por primera vez representantes de la minoría musulmana chií hasta ese tiempo marginada de la actividad política.
Fallece el rey Fahd de Arabia Saudí
La Liga Árabe decide aplazar la cumbre prevista para el miércoles en Egipto
AGENCIAS
RIAD.- El Rey Fahd de Arabia Saudí, ha fallecido en el Faisal Specialist Hospital, donde estaba ingresado desde el pasado mes de mayo, según ha confirmado un comunicado de la familia real saudí. El príncipe heredero del país, Abdala bin Abdelaziz, ha sido nombrado nuevo monarca del reino, de acuerdo con el artículo cinco de la ley nacional.
"Con todo el pesar y la tristeza, la corte real en el nombre de su alteza el príncipe heredero Abdula bin Abdeleziz y de todos los miembros de la familia anuncia la muerte del siervo de los dos templos, rey Fahd bin Abdelaziz", señala la declaración, leída en la televisión estatal Saudi TV por el ministro de Información del reino.
El actual ministro saudí de defensa, Sultán Abdelaziz, ha sido proclamado nuevo príncipe heredero.
El funeral por el rey, que se encontraba enfermo desde 1995, tendrá lugar mañana en Riad. Pese a que muchos medios informaron en un primer momento de que Fahd tenía 83 años, las televisiones saudíes apuntan que tenía 84.
La Liga Árabe, que iba a celebrar su próxima cumbre a partir del 3 de agosto en Egipto, ha decidido aplazar la cita.
Inmediatamente después de confirmarse el deceso, las cuatro cadenas de televisión saudíes, además de los canales árabes internacionales por satélite, interrumpieron sus programaciones y comenzaron a emitir la recitación de El Corán, el libro sagrado de los musulmanes, en señal de duelo.
Ingresado en mayo
El rey Fahd, apartado del poder desde que en 1995 sufriera un derrame cerebral, había ingresado el pasado 28 de mayo en el hospital que lleva su nombre en Riad para someterse a diversas pruebas médicas.
Según fuentes no oficiales, el monarca sufría problemas respiratorios, tenía encharcados los pulmones, y había tenido que ser intervenido quirúrgicamente para practicársele una traqueotomía.
En las últimas semanas, las autoridades saudíes habían señalado que la salud del rey había mejorado y que se estaba preparando para abandonar el hospital.
El rey Fahd accedió al poder en 1982, y durante los años de su largo y próspero reinado se labró una fama de hombre de paz, al respaldar varias propuestas para hallar una solución final al conflicto entre árabes e israelíes.
Asimismo auspició los acuerdos que pusieron fin, en 1990, a la larga guerra civil libanesa.